El origen cósmico del oro


El Mundo

  • El astrónomo Rafael Bachiller nos descubre en esta serie los fenómenos más espectaculares del Cosmos. Temas de palpitante investigación, aventuras astronómicas y novedades científicas sobre el Universo analizadas en profundidad.

El oro, el platino y otros metales preciosos se crean en la colisión catastrófica de dos estrellas de neutrones como la observada recientemente en ondas gravitacionales y con numerosos telescopios de todo tipo. Así pues, las fuentes de ondas gravitacionales son, figurada y literalmente, unas auténticas minas de oro.

Recreación de la colisión de dos estrellas de neutrones A. SIMONNETNSF/LIGO/SONOMA

Revolución astrofísica

Como puntualmente informó Teresa Guerrero en EL MUNDO , el 16 de octubre pasado se anunció la primera detección inequívoca de la fusión de un par de estrellas de neutrones. La detección original la realizaron los observatorios de ondas gravitacionales LIGO (en Estados Unidos) y VIRGO (en Italia). LIGO ya había detectado la fusión de cuatro pares de agujeros negros y, gracias a ello, los líderes del experimento acaban de recibir este año el Premio Princesa de Asturias y el Nobel de Física.

Pero ésta es la primera vez que se detectaba claramente la fusión de dos estrellas de neutrones. Y lo que es aún más sobresaliente, además de las ondas gravitacionales, se ha detectado radiación electromagnética originada por el mismo fenómeno en todo el espectro: desde las ondas de radio hasta la radiación gamma, pasando naturalmente por el infrarrojo y la luz visible.

El fenómeno, designado GW170817, tuvo lugar el pasado 17 de agosto e, inmediatamente, fue comunicado a todos los observatorios del mundo. Tan solo dos segundos tras la detección gravitacional, un brote de rayos gamma fue detectado con los telescopios espaciales Fermi (NASA) e INTEGRAL (ESA) en una región en torno la galaxia elíptica NGC4993.

En la mayor campaña coordinada de observación de la historia de la astronomía, un gran número de telescopios terrestres y espaciales -entre los que se encontraban casi todos los mayores- apuntaron hacia esa zona del cielo. Se trataba de una búsqueda difícil, pues el área a explorar era unas 150 veces más extensa que la luna llena y se encontraba relativamente próxima al Sol, por lo que sólo era posible observarla en el óptico durante una hora tras el crepúsculo. Pero a pesar de ello, 11 horas después y en un intervalo de tan solo 90 minutos, media docena de telescopios de gran campo habían identificado la aparición de una nueva fuente luminosa en NGC4993 y, a continuación, los telescopios mayores (de menor campo) comenzaron observaciones detalladísimas de ese nuevo punto de luz. Entre ellos el Hubble, el VLT, ALMA, Gemini, el VLA y un largo etcétera.

Desde agosto hasta ahora, miles de astrónomos han estado trabajando en el análisis de las masivas observaciones. La conclusión es que el evento GW170817 se produjo mediante la fusión catastrófica de dos estrellas de neutrones cuya masa conjunta era de 2,8 veces la masa del Sol. Estas observaciones pioneras abren posibilidades completamente nuevas y están llamadas a originar una auténtica revolución astrofísica.

La génesis del oro y de otros elementos

Sabemos que el hidrógeno y el helio se formaron hace 13.800 millones de años, en el mismísimo Big Bang. Las primeras estrellas, constituidas exclusivamente por estos dos elementos, mediante las reacciones de fusión nuclear en sus interiores, fueron formando elementos más pesados como el carbono y el oxígeno. Pero por este proceso tan solo se pueden formar los elementos hasta el hierro. Para formar otros elementos más pesados, como el oro y el platino, se precisa de un ámbito en el que núcleos más ligeros sean bombardeados por neutrones libres. Los astrónomos llevan décadas investigando en qué condiciones astrofísicas puede tener lugar un proceso de este tipo.

Cuando dos estrellas de neutrones colisionan se origina una explosión mil veces más brillante que las de las novas corrientes, de ahí que este tipo de explosiones se hayan designado como kilonovas. Los gases expulsados en una kilonova a altísimas velocidades, de hasta el 30% la velocidad de la luz, poseen neutrones en gran abundancia y, por tanto, parecían lugares muy prometedores para la formación de núcleos más pesados que los del hierro. En los restos de la kilonova, los neutrones van desintegrándose convirtiéndose en protones (radiactividad beta), y estos dos tipos de partículas pueden combinarse entonces para formar núcleos atómicos que sufren el bombardeo del resto de los neutrones, llegando a formar así los elementos más masivos de la tabla periódica.

Las observaciones espectroscópicas realizadas con los mayores telescopios de ESO, como el VLT equipado con el instrumento X-Shooter, han revelado la presencia de oro, platino, plomo y tierras raras en la kilonova que siguió a GW170817. Se confirma así la teoría de que los elementos más pesados que el hierro se gestan en la evolución del material nuclear que es eyectado al espacio tras la fusión de dos estrellas de neutrones. Se conocen 16 estrellas de neutrones binarias en la Vía Láctea y, a partir de este número, se estima que se da una colisión catastrófica de este estilo cada 50.000 años aproximadamente. En cada colisión se crea una masa de oro tan grande como la masa de la Tierra, de donde se deduce que las colisiones entre estrellas de neutrones representan un fenómeno suficiente para crear todo el oro que observamos en el Universo.

Si usted, querido lector, posee un anillo de oro o platino, puede estar orgulloso de poseer un recuerdo de una fabulosa colisión estelar.

(*) Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (Instituto Geográfico Nacional) y académico de la Real Academia de Doctores de España

El pirata francés que capturó el monumental y exótico tesoro en oro de Hernán Cortés


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  • Jean Fleury destrozó a una flota española y se hizo con las riquezas enviadas por el conquistador al Rey de España, a pesar de que uno de los capitanes españoles perdió ambos brazos defendiéndose del ataque
 Retrato anónimo de Moctezuma II, que dio nombre a un teroso que poco tenía que ver con él

Retrato anónimo de Moctezuma II, que dio nombre a un teroso que poco tenía que ver con él

Francisco I, Rey de Francia y archienemigo de Carlos V, reclamó con insistencia ver el testamento de Adán, para comprobar si era cierto que le había dejado medio planeta en herencia a españoles y portugueses. El irónico comentario del monarca francés hacía referencia a la incapacidad que tenían otros países de Europa de acceder a los territorios americanos y al acuerdo entre Portugal y España, aprobado por un papa valenciano, Alejandro VI, para repartirse el nuevo continente. Frente al monopolio hispánico, el resto solo pudo interponer piratas.

La cifra ascendía a 44.979 pesos en oro, 3.689 pesos en oro bajo, 35 marcos y 5 onzas de plata, etc…

Jean Fleury fue uno de los primeros corsarios en poner sus zarzas en los intereses americanos. Como recuerda Carlos Canales y Miguel del Rey en su libro «Las reglas del viento: cara y cruz de la Armada española en el siglo XVI» (Edaf, 2010), hay quien sostiene que este corsario se llamaba en realidad Giovanni de Verrazzano y era hermano del famoso cartógrafo Hyeronymus, aunque por lo demás resulta misterioso su origen. Fleury fue piloto y comandante bajo las órdenes del armador Jean Ango durante el desarrollo de la Guerra de los Cuatro Años. Con sede en Normandía las actividades marítimas de Fleury se fueron extendiendo a través del Atlántico en busca de las rutas usados por los españoles para trasladar metales preciosos desde el Nuevo Continente. En una de sus incursiones, el francés tuvo un golpe de suerte que iba a cambiar su vida. Se topó con uno de los tesoros más grandes que han cruzado el Atlántico.

El tesoro de Montezuma

Mientras Hernán Cortés y sus hombres estuvieron alojados en el palacio de Axayácatl, en Tenochtitlán, se relata que descubrieron de forma accidental el tesoro de los mexicas. La riqueza hallada era imponente y prometía acabar con los problemas económicos de aquel grupo de conquistadores para siempre. No en vano, durante la Noche Triste una parte de este tesoro se perdió en los canales de la ciudad. La cantidad de oro se rebajó en esos días pero volvió a incrementarse con la conquista de Tenochtitlan un año después. Al final de sus campañas, Cortés separó el 20% de los tesoros reunidos, el llamado Quinto Real, para enviárselo al Rey de Castilla, Carlos, a modo de impuesto y muestra de su lealtad. La cifra ascendía a 44.979 pesos en oro, 3.689 pesos en oro bajo, 35 marcos y 5 onzas de plata, etc. El tesoro, mal llamado de Montezuma, estaba formado por máscara, collares, brazaletes, vasos, figuras de jade, perlas, aves, huesos de mamuts y tres jaguares.

Para Cortés era imprescindible que el tesoro llegara intacto a España, porque todavía se seguía juzgando en España si su actuación respecto al gobernador de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, había sido correcta. El extremeño necesitaba que Carlos V confirmara su autoridad en México y designó a los capitanes Alonso Dávila y a Antonio de Quiñones para trasladar el Quinto Real. Tres carabelas partieron al fin de San Juan de Ulúa con el objetivo de dirigirse directamente a España. No obstante, la expedición sufrió varios percances. Sin ir más lejos, los jaguares se liberaron y hubo que matarlos para evitar que hirieran de gravedad a varios marinos. En las Azores, Antonio Quiñones murió durante una riña amorosa y dejó a Dávila solo en el mando.

Fleury reunió una flota de seis barcos, tres de ellos con más de 100 toneladas, que suponían un escollo demasiado grande frente a la flotilla española

Al llegar rumores de que varios corsarios merodeaban el Cabo de San Vicente, como si supieran que a las costas españolas se aproximaba una pieza de calado, Dávila prefirió esperar a la armada de guardacostas de Andalucía. Francia y España se encontraban sumergidos en una nueva guerra en esos años y merecía la pena extremar la seguridad. Pero a pesar de los refuerzos españoles, Fleury reunió una flota mayor de seis barcos, tres de ellos con más de 100 toneladas, que suponían un escollo demasiado grande frente a la flotilla española dirigida por Domingo Alonso de Amilibia. En las proximidades del cabo de San Vicente se enfrentaron españoles contra franceses, en un duelo desigual donde solo el barco capitaneado por Amilibia resistió las acometidas francesas.

Francia aclama a Fleury

El barco de Amilibia fue arrasado, su capitán perdió sus dos brazos y vio como moría su hijo en la refriega. Amilibia, Alonso Dávila y otros importantes capitanes fueron llevados prisioneros a La Rochelle y permanecieron allí varios años. Pero no todos fueron tan valientes como Amilibia en aquella jornada, el capitán Martín Cantón evitó el combate y condenó a dos de las tres carabelas a caer en manos francesas. La tercera, dirigida por Juan de la Ribera, logró ocultarse en la isla de Santa María a la espera de que desde Sevilla enviaran ayuda. Al desembarcar en el Puerto de Santa María, sin embargo, el obispo Juan Rodríguez Fonseca, confiscó parte del tesoro debido a viejas enemistades con Cortés.

En Francia, un porcentaje del tesoro pasó directamente a las arcas reales, mientras que una parte se expuso al público en 1527 en una fiesta organizada en la mansión del armador Ango. Durante un tiempo, Fleury se convirtió en un héroe patrio. Así abrió el camino a toda una generación de corsarios y piratas que se lanzaron a por los tesoros hispánicos y a amenazar su monopolio, vigente desde 1522. Tanto es así que al Cabo de San Vicente los españoles comenzaron a llamarlo «El cabo de las Sorpresas». Sin embargo no vivió mucho para saborear esta edad dorada de la piratería.

A lo largo de su trayectoria como pirata, Fleury asaltó más de 150 barcos y arrasó la costa peninsular con relativa facilidad. En 1527, fue capturado tras un duro combate con cuatro naos vizcaínas. Una vez trasladado a Sevilla, el pirata fue ejecutado por orden directa del Emperador Carlos, siendo ahorcado en el puerto del Pico, en Colmenar de Arenas, Ávila.

Galeón San José: Hundido con el oro de la ‘Santa Cruzada’ y los impuestos del rey


El Mundo – JULIO MARTÍN ALARCÓN @Julio_M_Alarcon

  • Las cuentas de los funcionarios en Panamá, detallan los impuestos y bienes que embracó la flota
  • Hallamos en documentos del Archivo General de Indias las cuentas del tesoro hundido con el ‘San José’, que ya reclaman varios países
  • Según el registro realizado en Portobelo, Panamá, antes de partir a Cartagena, la flota que comandaba el galeón zarpó con un tesoro de 5.623.396 pesos
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El ‘San José’ se hunde por el fuego del ‘Expedition’ ILUSTRACIÓN: SAMUEL SCOTT

“Prozedidos de los trescientos y cincuenta mil ducados de la Avería del Sur que está obligado a pagar el comercio y consulado del Perú se han recaudado cincuentamil pesos en atención a la moratoria por el Virrey del Perú. Por la manera y monta todo el tesoro que vino y se ha agregado a S. M (Su Majestad), de estas consignaciones: un millónquinientos y cincuenta y tresmil seiscientos nueve pesos y reales y medio (…) Porquenta y perteneciente a la bula de la Santa Cruzada se reportan en este galeón ochenta y sietemil ciento y sesenta pesos y cincomil como favor a la partida de este (…) Porquenta se remiten en el galeóndos pozuelos de plata labrada con las piezas siguientes: una lámpara grande que pesa cientocuarentayocho marcos, un pelícano grande, tres pequeños…”.

Así es la relación de las únicas cuentas oficiales y documentadas que existen de las riquezas que transportó el galeón San José: la carga del tesoro que se hundió en Cartagena de Indias en 1708 y cuyos restos acaban de ser hallados en aguas colombianas.

El documento transcrito con el que arranca este reportaje lo conforman siete folios de apretada letra a pluma escrita por los funcionarios españoles en Portobelo, Panamá, fechados y firmados el 20 de mayo de 1708. Unas cuartillas cosidas a mano con posteridad y aprobadas con un sello en el que se lee la fecha de 1709, probablemente en Madrid.

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Uno de los folios con el detalle de la contabilidad de la ‘Avería del Sur’, el impuesto a los comerciantes.

El manuscrito original, rescatado por Crónica del Archivo General de Indias gracias a la colaboración de la subdirectora Pilar Lázaro, forma parte de las llamadasCartas cuentas de oficiales reales de 1559 a 1723, un legajo escurridizo que consta de cinco números y miles de páginas, el último de ellos, el perteneciente a la Caja de Portobelo de 1601 a 1723 donde se hallan los folios que describen lo que debió recoger la flota.

Es la contabilidad pormenorizada que los funcionarios del rey anotaron en el último puerto en el que amarró la Flota de Tierra Firme, que comandaba su nave capitana, el galeón San José, antes de ser atacadas por navíos ingleses cuando se dirigían a Cartagena de Indias.

Su encabezado, “Relación sumario de Real impuesto… y lo que de esto se remite a su Majestad en los galeones de la presente Armada del General Conde de Casa Alegre…”, explica los pagos de la “Avería del Sur” -el impuesto de la corona a los comerciantes-, la “Santa Cruzada” -impuesto para la Iglesia-, el “Salario de los Señores del Consejo”, “Posadas”, “Obras Pías” -aportaciones de particulares para la Iglesia- y los “Bienes de Difuntos” -las herencias con destino a España o recaudadas en caso de no haber descendencia-… Son los pesos y reales de a ocho, además de los objetos como diademas, cálices, lámparas -que describen en sus páginas detallando cada una de sus piezas y peso-, que ocupaban las bodegas de los galeones, la mayoría de estos últimos en concepto de aportaciones a la Iglesia.

Sin embargo, lo que consignan con minuciosidad los funcionarios en Portobelo está todavía lejos del total de riquezas que transportaban. A diferencia de lo que se conoce como el «Registro de Navío», el documento que la Casa de Contratación de Sevilla elaboraba para cada barco de las flotas que partían y llegaban a España y en el que se especifica todo lo que alojaba cada barco en sus bodegas, lo que ha sobrevivido son las cuentas de Portobelo, la relación de impuestos que se habían recaudado para el rey Felipe V, la Iglesia y otros organismos y que debía llevar la flota de regreso a España, pero que no incluye la mayor parte de los bienes de los particulares. El registro del San José se hundió casi con toda probabilidad con él.

Lo que sí se sabe es que las monedas de oro y plata, las joyas y los objetos valiosos se alojaban entre los dos barcos más poderosos de la flota, es decir, en los galeones que custodiaban el convoy: la capitana, el San José hallado ahora según las autoridades colombianas, y la almiranta, el navío gemelo, San Joaquín. Por ley se dividía a partes iguales, aunque la capitana, por ser la que dirigía la Flota de Tierra Firme, siempre cargaba un porcentaje algo mayor. Además de la gobernanta, el tercero de los navíos destinado a la protección del convoy y el única capturado por los ingleses, los mercantes que custodiaban son los que transportaban las mercancías con los bienes del galeón de Manila, procedentes de Filipinas, y las materias primas del Virreinato de Perú, que era prácticamente la extensión de toda Sudámerica entonces, a excepción del Brasil portugués.

Testigos del hundimiento

La mejor estimación de lo que no puede revelar el documento del Archivo General de Indias es el testimonio de los supervivientes y especialmente del San Joaquín que logró escapar del ataque inglés y consiguió resguardarse en el puerto de Cartagena de Indias. El navío conseguiría regresar a España tras un larguísimo periplo. No salió con destino a La Habana, la primera escala original de la Flota hasta el 17 de septiembre de 1711, en donde tuvo que esperar varios meses más hasta regresar por fin a Sanlúcar en 1712. Para entonces el almirante Villanuevaque comandaba el barco había fallecido, no sin antes escribir una carta al rey en el que hizo una estimación de las riquezas que transportaban ambos navíos antes del fatal hundimiento del San José.

Villanueva, tal y como recoge la investigadora Carla Rahn Philips en su obra The Treasure of the San José (el tesoro del San José), estimó que la plata ascendía a tres millones y el oro a más de cuatro, con la salvedad de que en el caso del oro no estaba seguro, porque reconocía que una gran cantidad era escondido por los particulares en baúles de ropa, escritorios, bolsas que llevaban siempre consigo… En total la cifra podía ascender a 12 millones de pesos (se ha llegado a hablar esta semana de que su equivalencia a moneda actual es de más de 15.000 millones de euros). Por otra parte, tras la batalla, los marineros de la Armada española apresados por los ingleses contaron a sus captores que, según sus impresiones y sumando la plata y el oro, se habían transportado en el San Joaquín entre cuatro y seis millones de pesos y una cantidad ligeramente mayor, entre cinco y siete millones en el San José.

Muchos de los tesoros consistían además en piedras preciosas de las que no hay registro. El propio Villanueva anotó al rey que no tenía constancia de qué había sido de una ” de una caja de perlas enviadas del Rio de La Hacha como parte del quinto real que correspondía a la corona”. Las perlas habían estado en posesión del conde de Casa Alegre, que las recibió en nombre del rey. Villanueva no pudo aclarar si Casa Alegre había dejado las perlas en Cartagena o si se las había llevado con la flota a Portobelo. De ser así, la caja con las perlas descansaría en el fondo del mar junto al San José y el propio conde. Lo que es incuestionable es que la Flota de Tierra Firme que partió de España en 1706 fue un completo fracaso.

La parte de la corona

El fabuloso tesoro que se disputan de distinta forma el actual Perú, Colombia y España oculta una realidad que apenas sale a la luz cuando la fascinación por los tesoros hundidos en el mar cautiva la imaginación. Cuando los restos de la azarosa flota llegaron por fin a España resultó que las cuentas del rey habían mermado dramáticamente: apenas recaudaron un millón y medio de pesos, el equivalente a un año, cuando habían transcurrido seis.

Los desastres, las reparaciones de las flotas maltrechas, los salarios, los retrasos y las cuentas pendientes, se llevaron una gran parte antes de llegar a España. Y el Virreinato de Perú gastaba hacia principios del siglo XVIII más de lo que ingresaba. Además de administrar las finanzas de una extensión enorme, Lima había sufrido un terremoto en 1687 que devastó la ciudad.

Las monedas relucen en el fondo pero no brillaron en la superficie. Las imágenes esta semana de cañones y vasijas en el fondo del mar despejan la leyenda de uno de los pecios más buscados por los cazatesoros de todo el mundo y abre una nueva polémica sobre a quién pertenece lo que se pueda recuperar.

Batallas legales

Sin que ni una sola pieza de oro o plata haya emergido aún, los gobiernos de tres naciones, además de la empresa Sea Search Armada, que ya dijo haber localizado el pecio hace tres décadas y que litiga con Colombia desde entonces, se han enzarzado en una disputa que amenaza con años de batallas legales, como ya ocurriera con el célebre tesoro de Nuestra Señora de las Mercedes. Colombia esgrime la territorialidad de sus aguas. España, la soberanía sobre lo que considera un buque de Estado, protegido por un convenio de la Unesco, que Colombia no ha suscrito. Y Perú, la procedencia de la plata, que en su mayor parte salió de las minas de Potosí.

En el fondo del mar yacen con el presumible oro y las joyas preciosas los marinos españoles que perecieron defendiendo la nave, y la gloria de un pasado colonial: la grandiosa empresa marítima del Imperio Español que recorría medio mundo basado en el monopolio comercial y la explotación y que se dilapidó con los siglos.

Cómo visitar los túneles del «tren del oro» nazi


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  • Este tren fue una «leyenda» durante décadas, un tren perdido y cargado de riquezas. Ahora parece hacerse realidad. Así es, así se puede conocer
Subterráneo de Osówka

Subterráneo de Osówka

La pequeña ciudad polaca de Walbrzych se ha convertido en pocas semanas en el centro del turismo del país y no precisamente por sus bellas callejuelas, el encanto de la plaza del mercado o el impresionante castillo Ksiaz, el tercero más grande de Polonia, sino más bien por el complejo de túneles construidos bajo sus montañas. El motivo, el hallazgo en uno de ellos del llamado «tren de oro» nazi, una «leyenda» de los años 70 que hablaba de un tren bloqueado en una vía muerta y cargado de riquezas que los alemanes habrían saqueado y ocultado en la zona.

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Ahora la leyenda parece hacerse realidad y aunque el tren en cuestión aún es un misterio para la gran mayoría de la población la verdad es que ya se están organizando rutas por los corredores secretos mandados construir por Adolf Hitler bajo las montañas de Walbrzych cuyo propósito a día de hoy sigue siendo uno de los mayores enigmas de Europa. Existen teorías que hablan que el llamado «Proyecto Riese» serviría para almacenar armas, como refugio antiaéreo, laboratorios secretos o quizá un futuro cuartel del mismo Hitler.

«Golden Tours»

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Para los amantes de la historia del Tercer Reich se ha puesto en marcha del 25 al 27 de septiembre los «Golden Tours» en la que, por 354 euros, se invita a descubrir el misterio que esconde Walbrzych. Los curiosos turistas disfrutarán de una visita por los túneles subterráneos de la ciudad y descubrirán los rincones secretos bajo el castillo de Ksiaz, la Vieja Mina o la ciudad subterránea de Osówka.

Subterráneos de Osówka

Subterráneos de Osówka

El viernes 25 los ávidos descubridores visitarán el castillo de Ksiaz y cenarán en su interior. Será el sábado cuando llegue el plato fuerte en el que se podrá elegir entre visitar la ciudad subterránea de Osówka (duración de 1,5 horas) o recorrer durante tres horas el «Proyecto Riese». El día se completa con la visita al mausoleo Totenburg y una cena en la antigua mina de la localidad.

Para el último día los organizadores aseguran que saldrán a buscar el «tren del oro» nazi y quién sabe, quizá descubran donde guardaba la riqueza el Tercer Reich.

El oro de León que ocultaba Hispania


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  • Los romanos se fueron con el metal precioso a otra parte hace dos mil años y no se sabía por qué hasta que un profesor de la Universidad de Salamanca acuñó el hallazgo. Se valió del láser de un avión para descubrir minas auríferas en el valle del Eria
Estanques y pozos: así es el sistema de canalización hidráulico de los romanos en el valle del Eria (León)

Estanques y pozos: así es el sistema de canalización hidráulico de los romanos en el valle del Eria (León)

En noviembre de 2014, Javier Fernández Lozano puso las minas del valle del Eria en el mapa. Lo hizo con un estudio, cuyo coautor es el profesor Gabriel Gutiérrez-Alonso, como él perteneciente al departamento de Geodinánima Interna de la Universidad de Salamanca, que encontró hueco en una prestigiosa publicación internacional, el «Journal of Archaeological Science». Y a partir de ahí, logró el eco que un hombre de la zona como el profesor Fernández Lozano, nacido en la población de Castrocontrigo, quería no solo para su abnegado trabajo, sino también para su tierra. La información que desvelaban en dicho análisis no era baladí: debajo de la frondosa vegetación que cubre como una sábana el valle leonés del Eria había un entramado minero, dotado de un complejo sistema de obras y canalizaciones hidráulicas, que fue importado por los romanos hace más de dos mil años desde Egipto directamente a Hispania. Y en ese mosaico de yacimientos se extraía el material dorado más valioso. Además de la importancia que tenía el hallazgo en sí, el profesor departe con ABC sobre otros dos valores en alza de la investigación: el empleo por primera vez en España para un trabajo geoarqueológico de la tecnología Lidar acoplada al sensor de un avión o un drone; y la conclusión de los verdaderos motivos por los que los romanos se fueron con el oro de León a otra parte.

Entre los siglos I y II d.C. los romanos abandonaron el distrito aurífero del Eria porque dejó de ser rentable. Tan sencillo como esto, a pesar de las diversas teorías que han aflorado en numerosos textos literarios acerca de que los romanos decidieron irse porque no tenían los recursos suficientes. O las obras necesarias para continuar con la extracción (por cianurización) del metal precioso.

Nada más lejos de la realidad, como ha demostrado el trabajo de los profesores de Geodinámica Interna. Hasta ahora, era el paraje leonés de Las Médulas el considerado como la mayor mina de oro a cielo abierto que se cobijaba en España del Imperio Romano, mas este análisis viene a demostrar que, aún más allá, se trata del mayor espacio en Europa dedicado a la extracción de oro si se tiene en cuenta que se extendió a kilómetros al sureste, hasta el valle del río Eria. Cómo se ha puesto luz sobre todas estas labores mineras es una de las grandes novedades del trabajo, y es que lo reveló la «visión» de un sistema láser llamado Lidar -Light Detection and Ranging-, que no es otra cosa que una tecnología adherida a un avión o un drone que escanea el terreno con la referencia geográfica que aportan estaciones de GPS terrestres. Lo que hace este sistema es emitir un haz de luz que llega hasta el suelo, rebota y nuevamente sube hasta el sensor del avión, permitiendo calcular la distancia exacta que hay desde el aeronave hasta la superficie terrestre.

Los datos que se obtienen se representan mediante nubes de puntos que gracias a un software se filtran de señales como árboles, edificios o vegetación que no se corresponde con la superficie, se «traducen» y permiten construir un modelo cartográfico más nítido donde se pueden examinar canales, embalses o canales. «En la actualidad seguimos investigando en la zona mediante el uso de datos Lidar de alta resolución obtenidos del Instituto Geográfico Nacional y vuelos fotogramétricos con drone que permiten restituir a partir de fotografías la superficie topográfica con alta resolución», comenta el profesor Fernández.

Es decir, a diferencia de una fotografía aérea o por satélite, que es lo que se había empleado hasta el momento en los trabajos de geoarqueología, esta tecnología permite «limpiar» de vegetación y otro tipo de «ruido» la imagen, con lo que los resultados son mucho mejores. En esta zona se descubrió todo el sistema de canalización hidráulica y desvío de dos ríos que usaban en el siglo I a. C. los romanos para extraer el oro de zona la zona de León, que en la actualidad se reparte entre Castrocontrigo y la cumbre de la Sierra del Teleno, incluso. Al vislumbrarse lo inconmensurable de la red de labores mineras que pusieron en marcha los romanos con tal de hacerse con unos gramos del metal situado en el grupo 11 de la tabla periódica, los investigadores dedujeron que no se habían ido de Hispania como se había citado por falta de obras, sistemas de transporte y acopio del agua, incluso de metodología para su almacenamiento, sino porque el oro ya escaseaba y se «mudaron» al norte de Italia, entre otras zonas. Lo sintetiza a la perfección Fernández Lozano: «El problema no era técnico; sino el valor del oro».

Tecnología usada en los 60 por la NASA

Lo más curioso de la tecnología Lidar es que había sido el bastón de la NASA ya en los años 60 para comprobar cómo retrocedía la banquisa del hielo en el Ártico, y su uso se ha implementado en la topografía, la cartografía catastral, incluso, según Javier Fernández, se han empezado a usar en las canteras, para calcular el deslizamiento de laderas en una montaña o también ayudaría para determinar en un momento dado el tiempo de evacuación que se necesita en una zona próxima a una capa magmática o volcán. Pero por vez primera sirve de soporte a la geoarqueología.

La intención ahora, una vez desvelada la importancia mayor si cabía de la zona aurífera, es diseñar un geoparque. «Estos pueblos se mueren -lamenta el investigador-, y hay que aprovechar estos trabajos para potenciarlos y darles el impulso que merecen». Sabedores de que esta etiqueta de la que gozan solamente una docena de áreas acotadas en la Península Ibérica «puede tardar en llegar entre cinco y diez años», los dos profesores de Salamanca están hablando con los ayuntamientos de las comarcas de la Valdería y la Cabrera Alta a los que atañiría el denominado «Proyecto Geoparque Valle del Eria». Fernández Lozano vislumbra el fomento del desarrollo rural, arqueológico, etnográfico y social que supondría para su zona la iniciativa, así como la protección óptima de todo el patrimonio arqueológico. El proyecto trataría de velar por los recursos, así como de la puesta en interacción y conocimiento del público de los diversos elementos que componen la riqueza geoarqueológica de esta zona amada por los romanos en su día. Según textos de Plinio el Viejo, el procurador encargado de realizar el seguimiento de la minería en la Hispania, como su enciclopedia «Historia natural», tras aprender las técnicas de almacenamiento y transporte de agua de los egipcios, los romanos las aplicaron para obtener hasta 20 toneladas de oro en el noroeste de Hispania, en depósitos de oro originales tales como los del valle leonés del Eria.

El Tesoro de la calle del Alcázar.Cuenca


Informes sobre Patrimonio Castilla la Mancha

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Un nuevo hallazgo arqueológico a veces puede cambiar la visión, la cronología o las características que venimos aplicando a los periodos o episodios históricos de nuestras ciudades o nuestros territorios. Cuando estos hallazgos son en metal precioso, tienen además ese atractivo popular, que a veces les valora en demasía frente a su valor documental o de objeto arqueológico propio de una etapa histórica. Sea una u otra la visión que apliquemos, el hallazgo producido durante la última campaña de excavaciones en la Plaza de Mangana de Cuenca, donde se asentaba la alcazaba islámica de la ciudad, ha supuesto la entrada en el museo de una buena colección de piezas de numismática pertenecientes al periodo comprendido entre los reinados de Fernando VI e Isabel II.

Se trata de un conjunto de monedas formado por 247 piezas de oro y una de bronce escondidas en una jarra de cerámica cuyo peso asciende a casi 6 kilogramos. La cantidad ocultada suponía 56.740 reales de vellón con 4 maravedíes, una suma considerable de dinero.

El hallazgo ocurrió en concreto en la Calle del Alcázar, en diciembre de 2009, bajo el suelo de yeso compactado de una estancia del siglo XVI que perduró hasta principios del siglo XX apoyada en la pared interior de la muralla.

Con motivo del Día Internacional de los Museos de 2010, el Museo de Cuenca quiso mostrar este tesoro instalado en una vitrina que reúne las mejores condiciones expositivas, asegurando su seguridad y unas condiciones medioambientales óptimas. Para ello recuperó una pequeña sala en la segunda planta del edificio del Museo de Cuenca de tal modo que queda inserta en la línea argumental de la exposición permanente.

Datación y Valor

La moneda más antigua del tesoro se emitió en 1758, durante el reinado de Fernando VI (1746-1759). Se trata de una moneda de 8 escudos, acuñada en la ceca de Lima (Perú); por otro lado las piezas más modernas son las emitidas durante el reinado de Isabel II (1833-1868). Corresponde a un grupo de 17 monedas de 80 y 100 reales emitidas entre los años 1837 y 1861, acuñadas en las cecas de Barcelona y Madrid.

El resto de monedas se emiten entre estos dos reinados. Las podemos agrupar de la siguiente manera:

  • 90 monedas emitidas entre los años 1769 y 1789 durante el reinado de Carlos III (1759-1788). Su valor es de 8, 4, 2 y 1 escudo de oro y 4 maravedíes de bronce, acuñadas en las cecas de Madrid, Sevilla, Popayán (Colombia), Potosí (Bolivia), Méjico, Santiago (Chile), Lima (Perú) y Nuevo Reino de Granada (Santa Fe de Bogotá, Colombia).
  • 99 monedas emitidas entre los años 1789 y 1808 durante la monarquía de Carlos IV (1788-1808) con un valor de 8, 4, 2 y 1 escudo, acuñadas en las cecas de Madrid, Popayán (Colombia), Santiago (Chile), Nuevo Reino de Granada (Santa Fe de Bogotá, Colombia), Lima (Perú) y Méjico.
  • 1 moneda de 80 reales emitida en el año 1809 y acuñada en la ceca de Madrid reinando José Napoleón (1808-1813).
  • 40 monedas de 8, 4, y 2 escudos y 80 reales, emitidas entre los años 1808 y 1826 Fernando VII (1808-1813-1823), acuñadas en las cecas de Sevilla, Madrid, Nuevo Reino de Granada (Santa Fe de Bogotá, Colombia), Santiago (Chile), Méjico, Lima (Perú) y Popayán (Colombia).

Como hemos anotado con anterioridad el tesoro pesaba 6 kilogramos y su valor ascendía a 56.740 reales de vellón con 4 maravedíes. Para poder valorar qué suponía esta cantidad en la vida real podemos echar un vistazo a lo que podíamos hacer entonces con ese dinero.

En 1780 el Corregidor de la ciudad cobraba 4.400 reales anuales, el archivero 794 reales y 24 maravedíes, el Guarda de la Sierra 1.430, una matrona 720 o un médico podía ganar 3.525 reales al año. El jornal diario era de 9 o 10 reales. La cesta de la compra de una familia de 4 personas ascendería a 2.000 reales anuales. Por un buen caballo se podían pagar hasta 1.200 reales. El salario de un brigadier del ejército era de 30.000 reales anuales, la pensión anual de una viuda de militar era de 1.800 reales. Una familia acomodada, tendría una renta de 10.000 reales anuales y un aristócrata rico podía tener una renta anual de 50.000 reales. Por documentos conservados de la época sabemos que en 1831 se podía comprar una casa en Cuenca por 22.000 reales. Con todos estos datos, podemos afirmar que el tesoro era de gran valor y que o bien pertenecía a una familia pudiente o a algún funcionario del gobierno.

Ocultación del Tesoro

Una vez datadas las monedas por su emisión, hemos de interpretar el por qué nos encontramos este tesoro oculto en una pared de la muralla escondido en una jarra de cerámica.

Entre mediados del siglo XVIII la primera mitad del siglo XIX la situación económica y social de Cuenca sufrió diferentes reveses. Por un lado, durante el siglo XVIII la ciudad contó con cierta actividad económica, destacando las fábricas de papel y paños que ayudó a su crecimiento; su población ascendía en 1789 a 7.815 habitantes. A comienzos del Siglo XIX, la invasión de los franceses entre 1808 y 1812 sometió a Cuenca a numerosos saqueos, pillajes y destrucciones. Para 1850, funcionaban varias fábricas de madera pero dos fuertes epidemias de cólera asolaron la ciudad en 1853 y en 1855, provocando un nuevo descenso demográfico. Asimismo en la primera mitad del Siglo XIX se inicia el proceso desamortizador que, desde 1836 hasta finales del Siglo, va a contribuir a la reforma jurídica de la propiedad de la tierra. Cuenca sufrió también las consecuencias de las desamortizaciones que crearon nuevos ricos entre burócratas, labradores y comerciantes que adquirieron los bienes desamortizados.

En el último tercio del siglo XIX, la ciudad contaba con alumbrado público, correo semanal, telégrafo, Instituto de Enseñanza Media y Escuela de Magisterio. Estas instituciones estaban dentro del actual casco histórico donde también se ubicaron la Diputación Provincial, la Hacienda Pública y el Gobierno Militar. En 1868, se produjo la revolución y el derrocamiento de Isabel II. En 1873 se proclamó la 1ª República, provocando un periodo de fuertes turbulencias y conflictos en la ciudad, con destructivas consecuencias. Entre los efectos devastadores para Cuenca se encuentra el comienzo de la Tercera Guerra Carlista. Así las tropas carlistas al mando del Coronel Santés, con 4.600 hombres aterrorizaron la provincia saqueando las poblaciones de Enguídanos y Cañete. Posteriormente durante los días 14, 15 y 16 de julio de 1874 se produjo el asedio, la ocupación y el saqueo de la ciudad. La ocupación fue terrible, registrándose las casas una a una y robando todas las cosas de valor, además del asesinato de treinta y cinco vecinos. En este ambiente de inseguridad y ante la exigencia de fuertes recaudaciones, alguien ocultó y enterró la jarra de vino con las monedas de oro. Es probable que el tesoro pudiera ser ocultado para evitar su confiscación, en el caso de que fuesen los ahorros de un particular, o en el caso de que fuera dinero público, pudo ser un funcionario quien puso a salvo estos caudales enterrándolos en el suelo de una vivienda.

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE EL HALLAZGO?

Este hallazgo permite conocer las políticas monetarias de la época en España y en las colonias americanas donde se acuñaba moneda de oro de ley y hacer un recorrido histórico de nuestra numismática desde la segunda mitad del siglo XVIII, hasta la segunda mitad del siglo XIX. Así permite conocer las reformas introducidas con el Rey Carlos III. En su reinado se retiraron acuñaciones de monedas antiguas y se emitieron nuevas con el busto real unificándose las monedas peninsulares con las americanas. En el siglo XIX se realizaron varias reformas monetarias. José Bonaparte intentó acercar los patrones monetarios a los franceses. Con Fernando VII se adoptó el sistema decimal y el real de vellón como unidad monetaria. Las leyendas en latín dieron paso al castellano. En 1823, se declaró de nuevo la moneda francesa de curso legal. En medio de esa gran deflación llegó al trono Isabel II, dejándose de acuñar las grandes monedas de oro, siendo la de dos escudos (80 reales de vellón) la de mayor valor en circulación. La reforma de 1848 hizo que la moneda de oro de 100 reales que sustituyese a la de 80 reales. En 1851 y 1861 se produjeron nuevos ajustes y se crearon monedas de oro de 40 y 20 reales. En 1864, se tomó como unidad de referencia el escudo de plata. La revolución de 1868 y la formación del Gobierno Provisional provocaron la retirada de las monedas con el busto y la leyenda de la reina, adoptándose un nuevo sistema monetario que tendrá a la peseta como unidad básica desde 1870 hasta el año 2001 en que se sustituyó por el euro.