Miniguía del Rastro de Madrid


El Pais

  • Anticuarios, puestos curiosos y tabernas muy auténticas del mercadillo callejero

Un poco de todo en El Rastro de Madrid. / Marco Cristofori

El músico Patxi Andión, que vivió durante años en el torreón de las Galerías Piquer en Ribera de Curtidores, describió el Rastro de Madrid con aquello tan certero de: “Una dos y tres / lo que usted no quiera / para El Rastro es”. Eso sigue siendo hoy día: un gran mercado de pulgas y almoneda al aire libre, así como el mejor destino posible para los domingos y festivos por la mañana en Madrid (de 9.00 a 15.00 horas). Uno de los rincones más auténticamente alegres y populares de la ciudad.

La principal zona de puestos y tiendas se extiende entre tres plazas: Cascorro –puerta de entrada al mercado con puestos de bolsos, gafas, camisetas, abanicos–, General Vara del Rey –con tenderetes de ropa para aburrir, antigüedades, venta de minerales y fósiles –, o Campillo del Mundo Nuevo, donde venden absolutamente de todo: cómics, juegos de ordenador, antiguallas, carteles, discos, monedas, máquinas de coser… Entre estas plazas y la espina dorsal del Rastro, Ribera de Curtidores, se encuentra casi cualquier cosa. Sin olvidar otras calles menos concurridas como el callejón del Mellizo –con antigüedades y traperos–, Mira el Río Alta –con libros, cámaras de fotos, antigüedades–, o Carnero con interesantes traperos, almonedas y anticuarios–.

Anticuarios, almonedas y decoración

Cristal de Singulartmob.

El Rastro cuenta con importantes anticuarios y de un tiempo a esta parte, con excelentes tiendas de decoración donde triunfa el estilo Cuéntame. Lo más interesante siguen siendo las almonedas y anticuarios tipo trastero de toda la vida. Menos recomendables, algunos modernos showrooms con réplicas.

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Nuevas Galerías (Ribera de Curtidores, 12)

  • Salas. Tienen otro local en Carnero, 6. Anticuario especializado en alta época. Vende pintura del gótico al siglo XIX, escultura de época románica a barroca, plata, marfil, piezas europeas y españolas, mobiliario antiguo, bargueños, etc.
  • El Jueves. Local 19-20. Otro local en Galerías Piquer. Pepa Adrados de Llano, la dueña, ofrece una cuidada selección de piezas de los siglos XVIII, XIX y XX. Armarios y bibliotecas provenzales, y también mueble industrial y de oficio. Piezas de anticuario con valor decorativo.
  • Singulartmob. Locales 26 y 35. Recientemente inaugurado. Venden diseños de la segunda mitad del siglo XX, iconos del XXI y piezas originales, de época y bien conservadas. También piezas de jóvenes diseñadores.
  • Mercedes Cabeza de Vaca. Tienda 13. Famosa por sus muñecas de porcelana. También es almoneda con un poco de todo: encajes antiguos, lámparas, escritorios, cajas…
  • The Point. Buena selección y gusto. Tienen piezas únicas, objetos decorativos, mueble industrial, lámparas, espejos…
  • Castillo Encantado. Auténtica almoneda llena de misterio. Su dueño, el romano Valerio Fiaccavento, vende de todo: anillos, bolsos, sombreros, collares….

Galerías Piquer (Ribera de Curtidores, 29)

  • Berenis. Una de las mejores tiendas de antigüedades y decoración del Rastro. Elegante selección de muebles y objetos decorativos. Piezas escogidas. Buen gusto y respeto por las antigüedades.
  • Cele. Tienda 17, 18 y 19. Anticuario de alta época. Masivo despliegue de esculturas a la puerta del local. En la amplia muestra interior: cuadros y muebles de los siglos XVIII y XIX, tallas, esculturas, porcelana. Piezas de gran valor y calidad.
  • Living Retro. Tienda 45-56. Divertida tienda retro y vintage. Muebles, maniquíes, sillas, tocados de plumas, sombreros o ropa. Casi todo del siglo XX, con piezas art nouveau, art decó y diseños de los años 50, 60 y 70.
  • Tila Barrena. Local 39. Muy pequeño, en la parte alta. Sencillo, minimalista pero con una audaz selección de mobiliario y objetos decorativos. Piezas con alma y objetos con carácter.

Plaza General Vara del Rey

  • La Europea. Número 11. Una de las tiendas de decoración y antigüedades más bonitas del Rastro. Mobiliario antiguo e industrial. Iluminación y espejos. Todo muy cuidado y seleccionado con buen gusto.
  • La Recova. Número 7. Preciosa tienda con muebles y piezas decorativas de diseño del siglo XX. De calidad y bien de precio. Lámparas, sillas, vasos…. Objetos singulares y de diseño. Abundan piezas de los años 50, 60 y 70.

Calle Arganzuela

  • L.A. Studio (Calle Arganzuela, 18). Amplia zona de exposición. Mobiliario industrial, lámparas, sofás, mesas, espejos. Impresiona por sus dimensiones.
  • Lou & Hernández (Arganzuela, 13). Bonita tienda de decoración con muebles vintage.

Mercado Puerta de Toledo

  • En los soportales del mercado, los domingos de 10.00 a 14.00 horas puestos de antigüedades, objetos vintage, de colección y almoneda. En el interior, también durante la semana, 14 anticuarios, en su mayoría de alta época.

Otros puntos

  • El 8 (Mira el Río Alta, 8). Interesante anticuario. Objetos de comienzos del siglo pasado bien escogidos y cuidados: lámparas, espejos, sillas, sofás… art decó, contemporáneo y diseño retro.
  • Andrés Serrano (Carnero, 17). El ‘Vajillero’. Magnífica almoneda donde abundan las vajillas, pero también otras muchas cosas: sillas, sillones, cabeceros, muebles del siglo pasado… y todo tipo de objetos a cada cual más particular.

Libros, música y cómics

Libros del elefante de El Rastro.

En el Rastro también hay libros viejos, cómics, revistas, música, películas y videojuegos. Ramón Gómez de la Serna lo describió en su libro El Rastro, El Fary vendió aquí sus discos al comienzo de su carrera, Diego El Cigala cantó de niño en sus bares y Almodóvar rodó en sus calles Laberinto de pasiones.

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Libros

  • Plaza Campillo del Mundo Nuevo. Puestos con libros de viejo y de ocasión. También música, películas, cómics y revistas.
  • Libros Romo (Carnero, 19). Conocido librero de viejo. Vende libros antiguos, raros, curiosos y de segunda mano. Para coleccionistas y amantes de los libros insólitos.
  • Café librería Molar (La Ruda, 19). Cuidada selección de discos, fancines, publicaciones independientes, cómics y libros. En la planta baja realizan exposiciones. Buen rollo y acogedor.
  • Libros A. Hernández (Carnero, 12, esquina Mira el Río Baja). Libros de ocasión. Liquidaciones. Abundante selección. Baratísimo.
  • Juanito (Plaza General Vara del Rey, 8). Libros de segunda mano. Detrás de los puestos, en un lateral de la plaza.
  • El elefante del Rastro (Mira el Río Baja, 20). Solo abre los domingos en la calle.

Música

  • Discos Satélite (Ribera de Curtidores, 8). Amplia selección de vinilos.
  • Satanasa (Callejón del Mellizo, 6). Vinilos, pósters, ropa, objetos de todo tipo… pero, sobre todo, música.

Cómics

  • Cómic Hunter (Mira el Río Baja, 2). Cómics de segunda mano. Películas, tebeos y colecciones.

Restaurantes, bares y tabernas

Puerta del Malacatín.

El domingo a media mañana es perfecto para entretenerse buscando tesoros entre trastos y antiguallas, pero también para tomar cañas y picotear en las tabernas y restaurantes de la zona. Por especialidades, en El Rastro sobresalen los siguientes locales:

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  • Cocido: Malacatín (Ruda, 5). Uno de los mejores cocidos de Madrid. Toma su nombre de un mendigo de finales del siglo XVII que solía cantar en la que fuera tienda de vinos y aguardientes: “Tin, tin, tin, Malacatín tin,tin,tin”.
  • Boquerones: Cervecería Arganzuela (Arganzuela, 3). Los mejores boquerones en vinagre de todo Madrid. Cañas de Mahou bien tiradas y raciones de primera.
  • Caracoles: Casa Amadeo (Cascorro, 18). El lugar de los caracoles por antonomasia en el Rastro. Desde 1942 sirviendo uno de los caracoles más famosos de Madrid. Seriamente lleno los domingos.
  • Navajas: Cervecería Cruz. (Plaza de Cascorro). Clásico bar del Rastro desde 1970. Famoso por sus navajas a la plancha. Los domingos se pone a reventar. Excelentes chopitos, champiñones, oreja…
  • Sardinas: Bar Santurce (Pza. Gral. Vara del Rey). Famoso por su sardinas asadas. Una parada tradicional. No cabe un alma.
  • Tostas: El capricho extremeño (Carlos Arniches, 30). El sitio de las tostas del Rastro. A la puerta se forman unas colas gloriosas. Tostas de salmón, ensaladilla rusa, pechuga empanada, gulas con gambas, pulpo a la gallega…

Traperos, puestos y tienditas

Greco y botijo. / Mark Thomas

Lo mejor del Rastro, o al menos lo más auténtico, son sus traperos, como los del callejón de los Mellizos, Carlos Arniches o Carnero. Aquí encontramos los verdaderos chollos, desde velos de novia a picaportes. También resultan fascinantes algunos puestos y pequeñas tiendas a trasmano.

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  • El Puesto de Diego (Plaza General Vara del Rey). Fundas de almohada y manteles de Bélgica y Holanda.
  • Pedro el herrero (Plaza Cascorro). Frente al número 9 de Cascorro. Lámparas inverosímiles, bicicletas atril… antiguallas de reciclaje y fragua.
  • Santa Ana 14 (Santa Ana, 14). Impactante tienda de muñecas de porcelana, ropa antigua, de bebé, casullas…
  • Siete Mundos (Carnero, 10). Vestidos y telas antiguas. Trajes de época, cortinaje, encajes antiguos, mantelerías, sábanas, retales…

Coleccionismo militar, de oficina y otros

Silla de La Tapicera.

¿Buscas una medalla bélica?¿Una máquina de pinball? ¿Quieres regalar una máquina de escribir antigua o una radio? ¿Tienes una silla vieja a la que quieres dar una nueva vida?  En El Rastro es posible encontrar casi cualquier cosa, además muchos artesanos tienen aquí su taller.

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  • Objetos militares (Bastero, 17). Coleccionismo militar. Uniformes, medallas, fotografías, documentos, banderas…
  • Coleccionismo Militar Arganzuela (Arganzuela, 29). Parafernalia militar: Alfonso XII, República, Guerra Civil, División Azul, Primera y Segunda Guerra Mundial.
  • Antigüedades de oficina (Arganzuela, 29). Máquinas de escribir: Underwood, Hammond… y toda suerte de muebles y objetos de oficina.
  • Dreams (Bastero, 4). Coleccionista de juguetes y máquinas. Máquinas de videojuegos vintage, pinballs, futbolines… y artículos deportivos retro.
  • La Tapicera (Bastero, 10). Tienda y taller de tapicería de toda la vida pero con telas únicas, raras y curiosas.

A partir de las 14.00 horas el ambiente del Rastro comienza a languidecer y una hora después está todo muerto, pero siempre queda gente tomando algo en La Bicha (Arganzuela), en La cabra en el tejado (al final de la calle Santa Ana), o bebiéndose un mojito en el Bar San Tana (calle Santa Ana con la Ruda). Otra opción es concluir la visita en el imponente espacio público del Campo de la Cebada, situado en el solar del derribado polideportivo de La Latina. Aquí se organizan actividades y proyectos culturales, artísticos, deportivos… y los domingos suele haber (si el tiempo lo permite) música en directo de 12.00 a 15.30 horas.

Y ADEMÁS…

Los despojos de la Expo de Shanghái


El Pais

  • Paseo por lo que queda del recinto de la Exposición Universal de 2010

El Pabellón de España durante la exposición. / Zigor Aldama

Da pena caminar por el recinto de lo que fue la Exposición Universal de Shanghái. Nada más salir de la nueva estación de metro, ubicada al lado del pabellón de China -reconvertido en un museo de arte con poco tirón- lo primero que llama la atención es la falta de vida. Por estas calles caminaron sin descanso, hace tres años, hasta 73 millones de visitantes. Ahora, hay que aguzar la vista para encontrar algún ser vivo, y en las vacías carreteras de seis carriles, por las que circularon los vehículos eléctricos llamados a combatir la polución de la megalópolis, solo falta la típica bola de hierba empujada por el viento para acrecentar la sensación de estar en un desierto. De asfalto, eso sí.

A pesar de que su existencia estaba limitada inicialmente a los seis meses que duró el macroevento, organizado en superlativo para ser el más grande, el más caro y el más concurrido de la historia, varios pabellones todavía están en pie. La estupa que construyó Nepal, réplica de Swayambhunath en Katmandú, es ahora un esqueleto con la cabeza dorada, y los cúbicos espacios que ocuparon algunos países europeos languidecen con fachadas llenas de heridas y colores asesinados por el sol.

La única actividad de estos casi 3 kilómetros cuadrados de la zona de Pudong se concentra en unas pocas parcelas tomadas por grúas y habitadas por obreros que sorben ruidosamente sus sopas de fideos instantáneos. Así, es difícil adivinar cómo se cumplirán los objetivos marcados en el 12º Plan Quinquenal del Partido Comunista, que prevé convertir este lugar en el nuevo motor de crecimiento económico del centro financiero del país, y pretende llenarlo de infraestructuras dedicadas al arte, la cultura, el comercio y la tecnología.

De momento, además del nuevo Museo de Arte, solo están en uso el Mercedes-Benz Arena, donde se organizan algunos grandes conciertos, el pabellón de Arabia Saudí, cuyo presupuesto superó los 100 millones de euros para alcanzar el récord del más caro jamás construido, y algunos de los mastodontes de acero y cristal que albergan oficinas gubernamentales. No deben de estar muy concurridas, porque el personal de seguridad ronca en la garita. Eso sí, todo el recito está plagado de vallas que impiden el acceso al resto de los edificios.

También al que alojó el pabellón de España. Hay que caminar un buen trecho hasta llegar al ‘cesto’ de Benedetta Tagliabue, la punta de lanza de una gran participación española que también contó con la presencia de Madrid, Barcelona y Bilbao en espacios propios. El gobierno central gastó 72 millones de euros en su intento de promocionar la imagen del país en China. Y lo consiguió gracias a Miguelín, el muñeco gigante ideado por Isabel Coixet, que ahora hace las delicias de los visitantes en el Museo de la Expo, y gracias también al espectacular diseño del pabellón.

Las sinuosas formas del revestimiento vegetal, que creaban ideogramas chinos y formas diferentes según el ángulo desde el que se miraba el edificio, le dieron al recinto español la medalla de bronce de la Expo, un galardón que suponía el indulto de la obra de Tagliabue. Iba a convertirse en la referencia del mundo cultural español en China. Se especuló con su uso como sede del Instituto Cervantes, o como invernadero para empresas españolas.

Pero lo cierto es que, ahora, se lo come el moho. Las planchas de mimbre se caen a pedazos, y la hierba trepa por doquier. El sol ha ennegrecido el revestimiento, que estaba diseñado para soportar las inclemencias meteorológicas de seis meses, no de tres años. Y todavía no se ha decidido cuál será su uso. Fuentes del Consulado en Shanghái aseguran que las negociaciones van a buen ritmo, pero que no se puede confirmar nada. Por lo visto, es necesaria una gran inversión para que el edificio recobre la vida. Y España no va a poner un solo euro para hacerle el boca a boca y evitar un nuevo cadáver en la Exposición Universal.

Una librería en Madrid donde puedes no pagar


El País

  • En este nuevo establecimiento los libros son gratuitos; si quieres puedes contribuir con una ayuda o donando obras

El libro es, sin duda, el perfecto producto cultural anticrisis. No resulta demasiado caro y permite mucho tiempo de entretenimiento y formación, así que la ratio euros/hora sale bastante rentable, sin contar los demás beneficios que producen en el espíritu del lector. Y además, el libro no ha sufrido la brutal subida del IVA en la cultura. Pero, ¿y si hubiera una librería donde los libros fueran completamente gratuitos? ¿En qué cabeza cabe?

Puede parecer una locura, pero en eso consiste el proyecto Libros Libres (Covarrubias, 7, bajo derecha) que recientemente ha abierto sus puertas en el madrileño barrio de Chamberí. Un espacio pequeño y acogedor con las paredes repletas de libros donde uno puede presentarse y elegir los volúmenes que quiera. Aquí no hacen falta guardias de seguridad, alarmas o arcos magnéticos: todo es gratis.

“Es un proyecto alejado de los vínculos económicos, puedes venir tengas dinero o no”, explica Alejando de León, uno de los promotores. “Queremos facilitar el acceso gratuito a la lectura y al cine [también tienen un videoclub en el que duerme un enorme oso panda de peluche]. Así los suscriptores no tienen ninguna ventaja sobre los no suscriptores. Los que no puedan permitirse pagar la suscripción, pueden venir igualmente”. La ayuda que piden es de 12 euros al año, es decir, un euro de nada al mes, lo que cuesta un café, que diría un político despistado. Como explican, no es necesario pagar si no se puede, pero hay gente solidaria que incluso decide ayudar con 50 o 100 euros. Por supuesto, también se puede colaborar donando libros, esta es una parte importante del flujo de volúmenes, o trayendo café, tarta o cualquier otra cosa rica. Necesitan 365 suscriptores para que el proyecto sea viable económicamente y continúe después del primer año de andadura. Y no va mal la cosa: en los primeros 12 días abiertos consiguieron más de 120 socios.

Una cosa que sorprende es la calidad de los libros que aquí se encuentran. Muchos de ellos fueron donados por fundaciones y editoriales, y no conforman el típico cementerio de libros sin interés y hechos polvo que se ven en otros locales con propuestas parecidas, como bares con bookcrossing en los que solo quedan residuos editoriales bastante tóxicos o destartaladas bibliotecas de asociaciones o centros sociales okupados. “La gente que viene no trae libros malos, trae libros interesantes, que piensan que pueden gustar a la gente, en buenas ediciones. No esos que nadie quiere tener en casa”, explica Elisa Ortega, otra de las promotoras. Libros de editoriales potentes, algunas novedades, y repartidos en diferentes secciones de Infantil a Poesía o Filosofía: “esta sección es continuamente reordenada por los estudiantes de filosofía que vienen, se ve que no soportan ver a Platón al lado de Ortega y Gasset…”, bromea De León.

Y es que la gente se entusiasma con este proyecto. Muchos se han ofrecido para trabajar voluntariamente en este espacio, donde uno puede además sentarse a leer en un mullido sofá o hacer consultas en un ordenador. La verdad es que es el lugar ideal para que se forme una espontánea tertulia de lectores habituales, como dice la leyenda que se forma en las buenas librerías en torno a un buen librero. Por lo pronto, los organizadores ya barajan la posibilidad de organizar talleres o proyecciones y abrir nuevas posibilidades para este espacio.

El proyecto está inspirado en The Book Thing of Baltimore, una gran librería gratuita en esta ciudad estadounidense. “Un hombre empezó recogiendo libros, los que consideraba buenos, y los vendía a unos 50 céntimos. Los guardaba en su garaje, pero tenía tantos que empezó a repartirlos de manera gratuita. Tanta gente se interesó por el proyecto que el garaje se le quedó pequeño y tuvo que mudarse a otro almacén. Ahora entran y salen de ese local miles de libros semanalmente. Se ha hecho muy famoso en la región”, explica Ortega. 150.000 libros por persona y día es el límite que se han puesto, en clave de humor, en The Book Thing.

En el caso madrileño, Libros Libres nació de la ONG Grupo 2013, un grupo de más de 100 voluntarios que se dedica a dar clases a niños con dificultades académicas (y de otros tipos) que sufren riesgo de exclusión social. En el extranjero colaboran con diferentes centros educativos, envían libros (dentro del proyecto Algo para leer, del que surgió la librería) y tienen a 125 niños becados en países como Nepal, Nicaragua, Colombia, etc.

¿Y qué piensa de esto el atemorizado sector librero y editorial? “Nosotros no nos vemos como competencia sino como complemento. Al final, la cultura genera más cultura, se fomenta el hábito de lectura. Algunas editoriales nos han donado libros y no hemos tenido quejas”, explican los libreros. Curiosamente Libros Libres se inauguró por las mismas fechas que se inauguró, con gran algarabía, el nuevo coloso de las librerías madrileñas, La Central de Callao.

Con la que está cayendo faltan las excusas para no pasarse por Libros Libres a liberar tus libros o a coger otros libros ya liberados. Y luego, a refugiarse a leer en un buen sofá mientras fuera el mundo se derrumba.