Tag Archive: Nueva Zelanda



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  • El cuaderno de George Murray Levick apareció gracias al deshielo de la zona de la base de Terra Nova
Hallan en la Antártida el diario de un explorador después de un siglo bajo el hielo

AFP | George Murray Levick

Durante un siglo ha permanecido perdido, congelado y olvidado en la Antártida uno de los diarios que escribió el naturalista George Murray Levick (1876-1956), durante la expedición que comandó el capitán Robert Falcon Scott entre 1910 y 1913.

Según informa el Antartic Heritage Trusth (Nueva Zelanda), el cuaderno apareció durante el deshielo de la primavera del año pasado en la zona de la base de Terra Nova que estableció Scott en 1911, y desde entonces los expertos de la citada sociedad han trabajado para restaurar el documento histórico, en cuyas páginas delanteras aparece con claridad el nombre del autor.

Así, el librito recoge escrito a lápiz las anotaciones, datos y comentarios de las fotografías que Levick obtuvo en cabo Adare hace más de cien años cuando que acompañó a Scott en la British Antarctic Expedition 1910 o Expedición Terra Nova, la tercera de las exploraciones británicas a la Antártida el siglo pasado.

«Es un descubrimiento fascinante. El diario es una pieza que faltaba del registro oficial de la expedición», señaló el director ejecutivo de Antartic Heritage Trust, Niguel Watson, a través de un comunicado de la institución.

Levick fue una de las seis personas que formaron el llamado Northern Party (grupo del norte) para pasar el verano austral de 1911-12 en cabo Adare y además sobrevivieron el invierno de 1912 en una cueva de hielo.

El diario, una vez restaurado, ha sido devuelto a la Antártida para acompañar a más de 11.000 objetos encontrados a lo largo de los años de las distintas expediciones que intentaron desentrañar ese continente.

Hallan un diario de la expedición Terra Nova perdido hace 100 años

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  • Un toxicólogo del Centro Nacional de Venenos de Nueva Zelanda ve en la planta «Veratrum album» la causa más probable de su fallecimiento en caso de conspiración
¿Mató un vino envenenado a Alejandro Magno?

abc | Alejandro Magno

Apenas tenía 32 años cuando Alejandro Magno falleció en el año 323 antes de Cristo en la ciudad de Babilonia, la capital de Mesopotamia (hoy Irak). Su súbita muerte tras doce días de agonía ha alimentado durante 2.000 años todo tipo de especulaciones sobre qué mató al conquistador más grande de todos los tiempos. ¿Murió de malaria? ¿De fiebre tifoidea? ¿Afectado por el virus del Nilo? ¿O fue envenenado?

Alejandro Magno padeció fiebre alta, escalofríos y cansancio generalizado unido a un fuerte dolor abdominal tras beber gran cantidad de vino en honor a Hércules, según relató entonces el historiador griego Diodoro.

El toxicólogo del Centro Nacional de Venenos de Nueva Zelanda Leo Schep cree que la causa más probable de su muerte fue el Veratrum album o eléboro blanco, una planta de las familias de las liliáceas que crece en el centro y sur de Europa. Los griegos antiguos utilizaban el extracto de raíz como purgante, para inducir el vómito. Bastaría una pequeña cantidad mezclada en la bebida de Alejandro Magno para haberle provocado los síntomas que describen los historiadores, a juicio del toxicólogo.

«De todos los venenos químicos y botánicos revisados, creemos que los alcaloides presentes en las diferentes especies de Veratrum, en el Veratrum album, en particular, eran capaces de matar a Alejandro Magno con síntomas comparables a los experimentados durante los 12 días de su enfermedad», señala la investigación de Shep publicada en la revista «Clinical Toxicology»

«El envenenamiento por Veratrum se da a conocer por la aparición repentina de dolor epigástrico y retroesternal, que también puede estar acompañado de náuseas y vómitos, seguidos de bradicardia e hipotensión con debilidad muscular severa. Alejandro sufrió características similares», continúa el estudio toxicológico, que concluye: «Si Alejandro Magno fue envenenado, Veratrum album es más plausible que el arsénico, estricnina y otros venenos botánicos».


ABC.es

  • Científicos confirman la veracidad de una vieja leyenda maorí sobre la existencia, en Nueva Zelanda, del Te Hokioi, un ave gigantesca capaz de precipitarse sobre un niño y llevárselo
El águila devoradora de hombres fue real

Aguila de Haast

Un equipo de investigadores de la universidad australiana de Nueva Gales del Sur acaba de publicar un estudio que confirma la veracidad de una vieja leyenda maorí sobre la existencia, en Nueva Zelanda, de un águila gigantesca y devoradora de hombres. La investigación aparece esta semana en The Journal of Vertebrate Paleontology.

La llamaban Te Hokioi, se extinguió hace cerca de 1.000 años y fue un depredador terrible. Era de color blanco y negro, con una cresta roja sobre su cabeza y las puntas de las alas teñidas de amarillo y verde. Esa es la descripción que Sir George Gray, uno de los primeros gobernadores de Nueva Zelanda, hizo del águila mayor que jamás haya existido. Los maoríes la respetaban y temían. Viejas leyendas transmitidas oralmente hablan de raptos de seres humanos y en el país abundan las pinturas del depredador en rocas y cuevas. Ahora, y tras una nueva y extensa investigación, los científicos creen que no se trata solo de una simple leyenda.

Su nombre científico es Harpagornis moorei y sus restos fueron descubiertos por primera vez en un pantano neozelandés por Juluis von Haast en 1870, motivo por el cual también se la conoce como “águila de Haast”. Sin embargo, por aquel entonces se pensó que se trataba de un carroñero, ya que su estructura ósea recordaba a la de un buitre, con capuchones sobre las fosas nasales para que la carne no obturase sus vías respiratorias mientras se alimentaba.

«Una máquina de matar»

Pero un nuevo examen de los restos con las técnicas más modernas ha arrojado resultados bien distintos. Y eso fue lo que hizo un grupo de investigadores del Museo de Canterbury y de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Las conclusiones fueron contundentes. El águila de Haast podía asestar golpes mortales a presas mucho mayores que ella, precipitándose desde el aire sobre sus víctimas a una velocidad superior a los 80 km. por hora.

La envergadura del depredador, con las alas abiertas, era superior a los tres metros, y su peso de unos 18 kg. Las hembras, mayores que los machos, doblaban en tamaño a las mayor de las águilas actuales. Y poseían unas garras mayores que las de un tigre. “Sin duda era capaz de precipitarse sobre un niño y llevárselo”, afirma Paul Scofield, responsable de zoología de vertebrados del Museo de Canterbury. “Y no solo tenía la habilidad de atacar con sus garras, sino que podía juntarlas y atravesar con ellas objetos sólidos, como una pelvis. Su diseño era el de una máquina de matar”.

Su presa preferida era el moa, un ave no voladora que habitaba en Nueva Zelanda y que podía llegar a los 250 kg. de peso y tener una altura de más de dos metros y medio. “En muchos yacimientos -asegura Scofield- los huesos de los moa muestran signos de haber sido atacados por estas águilas”.

En cuanto a zoología se refiere, Nueva Zelanda es un lugar único en el mundo. De hecho, no existen mamíferos naturales de esas tierras, ya que quedaron aisladas del resto de los continentes durante el Cretácico, hace más de 65 millones de años. Por eso, las aves ocuparon los nichos que en otros lugares pertenecen a los grandes mamíferos como los ciervos y los bóvidos. “El águila de Haast -explica Scofield- no fue solo el equivalente a un ave depredadora gigante. Fue el equivalente a un león”.

Se cree que estas rapaces gigantes se extinguieron hace cerca de mil años, tras la llegada de los humanos, que exterminaron a los moas. Los restos del águila de Haast son muy raros, porque nunca hubo muchas. Solo existieron en la isla sur de Nueva Zelanda y se cree que en ningún momento llegó a haber más de mil parejas al mismo tiempo.


La Vanguardia

Otras quince cabezas momificadas serán restituidas a partir del 2012

La devolución a Botsuana en el 2000 del cuerpo disecado del Negro de Banyoles, el guerrero bosquimano expuesto en el museo Darder de la capital de Pla de l’Estany, abrió un camino por el que museos de todo el mundo han transitado después. Dos años más tarde, en el 2002, lo hizo en Francia el Museo del Hombre, que entregó a Sudáfrica el esqueleto de Saartje Baartman, la Venus Hotentote, que fue exhibida en vida como un animal de circo en Europa. Y ahora van a seguir una quincena de cabezas momificadas de guerreros maoríes diseminadas en diversos museos franceses, entre ellos el del Quai Branly de París. Una ceremonia tradicional maorí despidió ayer la que conservaba, desde 1875, el Museo de Historia Natural de Rouen, en Normandía, poniendo fin a casi dos décadas de difíciles discusiones.

El resto del guerrero maorí, guardado en una caja de madera acondicionada –aseptizada– y cubierta por una tela, fue entregado por la alcaldesa de la ciudad, Valérie Fourneyron, y el director del museo, Sébastien Minchin, a la embajadora de Nueva Zelanda en Francia, Rosemary Banks, quien no dudó en calificar de “histórico” este acontecimiento en las relaciones entre ambos países. Un dignatario maorí, Te Kanawa Pitiroi, recitó una salmodia fúnebre, antes de que la cabeza fuera expedida a la capital neozelandesa, Wellington, donde será recibida por los jefes de tribu y recibirá sepultura. Muy probablemente, la cabeza del guerrero será formalmente inhumada, siguiendo el rito funerario maorí, en una estancia especial del Museo Te Papa Tongarewa, donde se conservan otros restos similares y que tiene carácter sagrado.

Los antiguos maoríes tenían la costumbre de conservar y venerar –durante algún tiempo, antes de su entierro– las cabezas de los guerreros muertos en combate. Conocidas como Toi Moko. estas cabezas momificadas –totalmente tatuadas– despertaron en seguida el interés de los primeros exploradores y aventureros europeos, que entre los siglos XVIII y XIX convirtieron el robo y comercio de estos restos en un lucrativo negocio. Los maoríes mismos llegaron a tatuar y decapitar a esclavos para satisfacer la demanda occidental… Esta práctica empezó a declinar a partir de 1831, cuando fue prohibida por el Parlamento británico. Se calcula que por el mundo hay dispersas entre 500 y 1.000 cabezas maoríes.

Francia aprobó el año pasado una ley para permitir la restitución de las 16 cabezas maoríes que están inventariadas en los museos franceses. La devolución de la totalidad se efectuará en 2012, después de una gran exposición que sobre el pueblo maorí organizará el Museo del Quai Branly, dedicado a las artes primeras, y que posee siete de estas cabezas entre sus fondos.

La decisión de desprenderse de estos restos no ha sido fácil ni evidente. Cuando el Museo de Rouen tomó la iniciativa de restituir la cabeza, en el 2007, la iniciativa fue bloqueada judicialmente por la entonces ministra de Cultura, Christine Albanel, que se acogió a la irregularidad de que la decisión no había sido validada por una comisión científica como exigía la legislación. Detrás del veto se escondía en realidad una seria reserva, el temor de que pudiera sentar un precedente. Finalmente, una ley aprobada el año pasado por el Parlamento con el aval del nuevo titular de Cultura, Frédéric Mitterrand, desbloqueó la entrega.

El director del Museo de Rouen, Sébastien Minchin, considera que “un resto humano no puede ser considerado un objeto de colección”. Pero los científicos y museólogos están divididos al respecto. Porque si las cabezas maoríes se devuelven… ¿qué pasará con las momias egipcias del Louvre?

Iceberg gigante a la deriva


EFE – El Mundo

  • Se desprendió de la Antártida en 2000 y permaneció cinco años inmóvil
  • Mide 140 kilómetros cuadrados y navega hacia el sur de Australia
  • Es uno de los mayores que se recuerdan cerca de este continente
  • Los científicos prevén que se resquebraje en su avance hacia la costa

Un iceberg de 140 kilómetros cuadrados, que se desprendió de la Antártida, se encuentra a la deriva en dirección hacia el sur de Australia y ofrece un espectáculo que algunos expertos han calificado de “una vez en la vida”.

El científico Neal Young señaló que se trata de un fenómeno “muy raro, poco común, pero no inusual, puede pasar mucho tiempo antes de que aparezca uno así, por lo que se trata de una visión que sólo se produce una vez en la vida”.

Los investigadores han bautizado al hielo gigante ‘B17B’, tiene 19 kilómetros de largo y 8 kilómetros de ancho, y es uno de los mayores que se recuerdan cerca de Australia.

La pieza forma parte de un iceberg de tres veces su tamaño que se desprendió de la Antártida en 2000 y se pasó cinco años quieto en un lugar a causa de las corrientes oceánicas en esa región.

Los científicos como Young prevén que B17B se resquebraje en su avance hacia el litoral australiano.

Durante las últimas semanas decenas de icebergs desprendidos de la Antártida han puesto en alerta a los barcos que navegan en las aguas cercanas a Nueva Zelanda para evitar que puedan chocar con estos bloques de hielo.


EFE – El Mundo

Más de un centenar de icebergs, alguno de hasta 250 metros de longitud, están siendo empujados por la corriente marina en dirección a Nueva Zelanda, cuyas autoridades han dado la alerta a los buques que navegan por la zona, según ha informado la prensa local.

Las últimas fotografías por satélite hechas por expertos de la División Antártica Australiana indican que los bloques de hielo han sobrepasado las islas Auckland y se encuentran a unos 450 kilómetros al noreste de la isla del Sur, la mayor de Nueva Zelanda.

La masa de hielo, desprendida de la Antártida a causa del alza de la temperatura como consecuencia del calentamiento global, fue avistada por vez primera hace unas dos semanas por los científicos del puesto permanente de investigación que Australia tiene en la isla de Macquarie, en el extremo suroeste del océano Pacífico.

Los icebergs se mueven a una velocidad media de entre uno y dos kilómetros por hora, según el seguimiento que está llevando a cabo el Instituto Neozelandés de Investigación Atmosférica. Rodney Russ, jefe del equipo de científicos neozelandeses que viajan a bordo del buque ‘Spirit of Enerby’ de la compañía Heritage Expeditions, dijo a la prensa que los bloques de hielo se deterioran y derriten a medida que se alejan de la Antártida.

Es esta la segunda ocasión que ocurre un fenómeno similar en apenas tres años. En 2006, varios icebergs se derritieron cuando se encontraban a unos 25 kilómetros de la costa de la isla del Sur, lo que no ocurría desde 1931, según los datos de los que dispone la División Antártica Australiana. Las autoridades marítimas de Nueva Zelanda emitieron la pasada semana una alerta para los buques que navegan por la zona en la que han sido avistados los icebergs.


EFE -ADN

Cuatro pequeños huevos del animal fueron descubiertos por conservacionistas en el Parque Natural de Karori cerca de la capital, Wellington

Un grupo de científicos de Nueva Zelanda anunció hoy el hallazgo, por primera vez en 200 años, de un nido de tuatara, un pequeño reptil exclusivo de este país y considerado como un “fósil viviente”.

Cuatro pequeños huevos del animal fueron descubiertos por conservacionistas en el Parque Natural de Karori cerca de la capital, Wellington, informó la televisión estatal.

“Encontramos el nido por casualidad”, comentó el biólogo Rouen Epson, quien explicó que probablemente haya más huevos porque cada nido suele contener al menos diez.

La tuatara, cuyo nombre científico es sphenodon punctatus, es un reptil de unos 60 centímetros de largo que puede vivir más de cien años y cuyo aspecto recuerda al de un dinosaurio, por lo que el animal es calificado en ocasiones de “fósil viviente”.

En peligro de extinción, sólo se halla en el grupo de islas de Moutohora, en el norte de Nueva Zelanda, y se considera un milagro que haya podido subsistir durante millones de años sin apenas evolucionar, según los expertos.

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