El esqueleto que apareció en un naufragio de hace 2.100 años


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  • Un equipo de arqueólogos ha hallado restos humanos cerca de la isla de Anticitera, donde se descubrió el pecio en 1900
Cráneo parcial con tres dientes hallado en los restos del naufragio. Brett Seymour, EUA/WHOI/ARGO

Cráneo parcial con tres dientes hallado en los restos del naufragio. Brett Seymour, EUA/WHOI/ARGO

Un esqueleto humano de más de 2.000 años de antigüedad ha sido descubierto en una nueva expedición cerca de las islas griegas, el lugar donde se produjo el conocido como naufragio de Anticitera. Se trata de un pecio descubierto en 1900 por pescadores, pero debido a que los restos se encuentran a 55 metros de profundidad no está muy explotado. En este lugar apareció el mecanismo de Anticitera, un dispositivo mecánico muy sofisticado del año 87 antes de Cristo que medía los movimientos del Sol, la Luna y los planetas. Ahora, un equipo de arqueólogos del Ministerio Helénico de Cultura y Deportes y la Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) ha encontrado un esqueleto casi completo en buen estado de conservación. Lo que hace tan especial este hallazgo es que conserva un hueso en concreto que puede contener ADN y, si los investigadores consiguen analizarlo, será la primera vez que se trabaje con material genético humano tan antiguo.

Los restos fueron hallados el 31 de agosto y consisten en un cráneo parcial con tres dientes, dos huesos de un brazo, partes de varias costillas y dos fémures. Un análisis preliminar indica que todos los huesos pertenecen a la misma persona. El experto en análisis de ADN antiguo Hannes Schroeder del Museo de Historia Natural de Dinamarca, ha realizado los primeros estudios de estos restos y apunta a que en principio se trata de alguien joven. El arqueólogo Brendam Foley, el codirector del equipo de excavaciones, asegura que el equipo está encantado con el descubrimiento. “No sabemos de nada que se le parezca”, explica Foley. Schroeder señala que lo realmente increíble es que los huesos hayan sobrevivido más de 2.000 años en el fondo del mar. “Y en principio están en buen estado”, añade. El hallazgo ha sido publicado esta semana en la revista Nature.

Desde que se descubrieron los restos, se han llevado a cabo muchas expediciones al lugar. “El famoso explorador Jacques Coustaeu recuperó con su equipo varios huesos humanos en 1976”, explica Schroeder. Pero ninguno de aquellos restos era tan completo ni estaba en tan buen estado como el recién hallado. De los tesoros que quedaron sobre la arena del fondo del mar no queda nada. Pero los investigadores aseguran que la mayor parte de lo que contenía el buque, se encuentra enterrado bajo tierra. Por ello, el equipo lleva trabajando en la zona del naufragio desde 2014 y continuará trabajando allí por si aparecen nuevos huesos o tesoros.

El pecio consiste en los restos del naufragio de un buque mercante que transportaba mercancías por el Mediterráneo. Junto al esqueleto se han encontrado fragmentos de cerámica y diversos artículos como jarras de vino, cristalería y algunas lanzas de bronce. El equipo de buceo también ha recuperado componentes de la nave como una enorme ancla y un peso de plomo que los textos antiguos describen como un arma defensiva a la que llamaban “Delfín de guerra”. Se trata del mayor naufragio antiguo que se ha descubierto y sus objetos pueden servir a conocer mejor a los que vivían en aquella época.

El objetivo de los investigadores es conocer más acerca de las personas que viajaban en el barco y reconstruir el comercio en el Mediterráneo

El próximo paso de los investigadores será analizar el ADN de los huesos. “El análisis puede decirnos muchas cosas como el sexo del individuo, la base genética y posiblemente el origen geográfico”, cuenta Schroeder. El objetivo de los investigadores es conocer más acerca de las personas que viajaban en el barco y reconstruir cómo era el comercio en el Mediterráneo. “Por eso es un hallazgo muy importante, porque podría ofrecer algunos detalles fascinantes de la tripulación de este famoso barco y de su viaje”, detalla. Los investigadores creen que es muy probable que el destino de aquel buque fuese la antigua Roma. Schoeder apunta que debe ser el ADN quien responda a todas las posibles preguntas. Ante las múltiples posibilidades sobre quienes eran aquellos que cruzaron el Mediterráneo hace 2000 años, Schroeder plantea: “tal vez uno de ellos era un astrónomo que poseía el mecanismo de Anticitera”.

Los investigadores especulan sobre los miembros de la tripulación. El equipo sospecha que en el barco viajaban unas 15 o 20 personas y no descartan que el esqueleto hallado perteneciese a un esclavo. El arqueólogo Marcos Dunkley, que también ha participado en las excavaciones, asegura que se han encontrado restos de hierro oxidado alrededor de los huesos. Dunkley explica que cuando se produjo el accidente, la tripulación pudo haber escapado con relativa facilidad. “Pero si llevaban grilletes, no tuvieron ninguna posibilidad”, señala. El óxido del hierro es el responsable de que los huesos del esqueleto hallado estén teñidos de rojo.

El equipo está a la espera de la autorización de las autoridades griegas para realizar el análisis del ADN. Una vez tengan el permiso tardarán una semana para saber si se puede realmente extraer algún resto de material genético. Después, necesitarán un par de meses para secuenciar y analizar los datos.

Hallan un buque español que naufragó en 1681 cerca de Panamá


El Mundo

  • ARQUEOLOGÍA SUBMARINA
  • ‘Nuestra Señora de la Encarnación’ de la Carrera de Indias
  • Localizado por investigadores de la Universidad Estatal de Texas es uno de los muchos que naufragaron en el Caribe, pero uno de las pocos que no había sido saqueado

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Hace tres años, un grupo de arqueólogos de la Universidad Estatal de Texas (EEUU) localizó los restos de un navío hundido en el siglo XVII en las proximidades de la desembocadura del río Chagres (Panamá). Ahora, la investigación ha determinado que esos restos pertenecieron al buque mercante español de Nuestra Señora de la Encarnación: un navío de la flota de Tierra Firme, integrada en la denominada Carrera de Indias, que en 1681 quedó enterrado bajo las aguas del Océano Atlántico tras una fuerte tormenta cuando se dirigía a Portobelo.

La embarcación fue una de las muchas que naufragó por aquel entonces en esta zona caribeña, pero es una de las pocas que se ha logrado recuperar. Y aunque no oculta ningún tesoro en su interior, su gran estado de conservación confirma el uso que ya se hacía en el siglo XVII de materiales del Nuevo Mundo para la construcción de navíos europeos. Es una de las principales conclusiones del hallazgo extraídas por los arqueólogos, ya que lo habitual es que la acción corrosiva del agua marina dañe a estos pecios con el paso del tiempo.

Además, a pesar de hundirse a pocos metros bajo el mar, no hay evidencias de que el barco sufriera algún tipo de saqueo, algo poco habitual. El jefe de arqueología subacuática del Centro Meadows para el Agua y el Medio Ambiente de la Universidad Estatal de Texas, Frederick “Fritz” Hanselmann, aseguró en un comunicado que los restos encontrados incluyen “porciones inferiores del casco del buque y parte de la carga” que estaba alojada en la bodega. En ella se han localizado barriles y cajas de madera con hojas de espadas, tijeras, herraduras y piezas de cerámica en su interior.

La Flota de Indias

Una antigua investigación realizada en Sevilla por el historiador José Espinosa mantiene que el buque fue construido originalmente en el territorio de Veracruz (actual México). Precisamente al puerto mexicano llegaba una de las flotas -conocida como Nueva España– enviadas desde la capital hispalense (Cádiz asumiría esta función a partir de 1679) para llevar hasta la Corona española las riquezas encontradas (oro, plata, especias, etc.). Sin embargo, el buque La Encarnación formó parte de la otra gran flota: Tierra Firme, que partía rumbo a Cartagena de Indias para recoger el cargamento del norte de América del Sur.

Las dos flotas funcionaban bajo el mando de su matriz, la Flota de Indias: un sistema de convoys que buscaba aumentar la seguridad del transporte de las mercancías por el Océano Atlántico en un momento en el que la piratería y la enemistad de ingleses y franceses por la colonización española de América amenazaban a las embarcaciones de la Monarquía Hispánica, la potencia hegemónica de los mares por aquel entonces. Este método, integrado por galeones fuertemente armados con cañones y barcos mercantes para llevar la carga, estuvo en activo desde la década de 1520 hasta 1776.

Uno de los investigadores inspecciona la zona del hallazgo The Meadows Center for Water and the Environment

Uno de los investigadores inspecciona la zona del hallazgo
The Meadows Center for Water and the Environment

Una vez que las dos flotas cargaban sus mercancías por separado partían hacia La Habana, Cuba, lugar desde el que salían conjuntamente -cuando el tiempo lo permitía- de regreso a España. Para ello atravesaban el estrecho de Florida y la corriente del Golfo de México, continuando después por el norte del archipiélago de las Bahamas para alcanzar los vientos alisios del oeste, más propicios para la navegación. Dos escoltas armadas acompañaban a los buques mercantes. La de Tierra Firme solía ser más numerosa que la de Nueva España, ya que incluía los galeones de la plata que transportaban los cargamentos de plata real de las minas del Perú.

Pero aunque el sistema de convoys armados logró con éxito mantener alejados a los corsarios franceses y británicos, las dificultades climáticas, los bancos de arena o los huracanes caribeños fueron una continua amenaza para los buques españoles. La combinación de estos factores provocó que muchos navíos, como La Encarnación, quedaran sepultados bajo las aguas del Atlántico.

Hallazgo casual

Los científicos afirman que las cosas no suelen ocurrir nunca por el destino o el azar, sin embargo hay ocasiones en las que se producen hechos de forma fortuita. Ese puede ser el caso perfectamente del equipo de arqueólogos de la Universidad Estatal de Texas. Los investigadores reconocen que no andaban tras la pista de La Encarnación, ya que cuando dieron con sus restos se encontraban en plena búsqueda de las cinco naves que el famoso y despiadado pirata Henry Morgan perdió en 1671, tras una tormenta, cuando se dirigía a saquear la ciudad de Panamá. Diez años antes de que se hundiera La Encarnación.

Grabado del corsario Henry Morgan The New York Public Library

Grabado del corsario Henry Morgan
The New York Public Library

En 2010, los investigadores recuperaron algunos cañones pertenecientes a esas embarcaciones lideradas por el legendario corsario galés que se perdieron durante el naufragio, lo que hace que los arqueólogos no pierdan la fe en el proyecto. “La búsqueda de los barcos perdidos de Morgan continuará y quién sabe qué más podemos descubrir en el camino”, explicaba Hanselmann en el comunicado. Morgan, nombrado caballero por el rey Carlos II de Inglaterra en 1674, se convirtió en una leyenda para la cultura popular, ya que así lo demuestran las numerosas novelas o películas que han adoptado su figura para protagonizarlas.

El sangriento naufragio de un barco militar del S.XVIII cuya tripulación se volvió caníbal


ABC.es

  • En 1741, a los marineros británicos del «HMS Wager» no les quedó más remedio que comerse a sus compañeros para poder sobrevivir
 WIKIMEDIA Un óleo del HMS Wager, cuya historia es controvertida y muestra lo peor del ser humano


WIKIMEDIA | Un óleo del HMS Wager, cuya historia es controvertida y muestra lo peor del ser humano

Muchas son las historias que narran el lado más ignominioso del ser humano. Sin embargo, algunas logran destacar por encima del resto debido a la crueldad que muestran sus protagonistas. Precisamente una de estas últimas es la del «HMS Wager», una fragata de la Royal Navy que, en 1741, encalló frente a las costas de Chile dando lugar a una terrible historia de traición, asesinatos, locura e, incluso, canibalismo (al que tuvieron que recurrir algunos militares para poder sobrevivir sin alimentos). Sin duda, una tragedia merecedora de ser contada en Hollywood pero que, curiosamente, ha pasado desapercibida con el paso de los años.

Al menos hasta estos días. Y es que, hace algunas jornadas que el historiador naval C. H. Layman ha publicado «The Wager disaster», un libro en el que narra los pormenores de esta controvertida historia que se saldó con decenas de muertos. Concretamente, el experto narra en su nueva obra cómo la falta de liderazgo del capitán del buque llevó a la tripulación a amotinarse tras el naufragio, a poner bajo custodia a su oficial al mando y, finalmente, a comer carne humana para poder vivir en este mundo un día más.

El viaje del «Wager»

El viaje de la fragata «HMS Wager» comenzó en 1740. Por entonces, esta embarcación salió de puerto como parte de una expedición junto a otros cinco buques al mando del Comodoro George Anson. Su objetivo: darse de cañonazos contra las colonias españolas ubicadas en América del Sur (a las que plantaban cara en guerra declarada). Sin embargo, no se puede decir que este navío fuera una perfecta máquina de batallar, pues era un antiguo buque mercante al que se le habían encaramado a toda prisa 28 cañones y un pasaje de decenas de enfermos y marinos con miembros amputados.

«El “HMS Wager” había sido un buque mercante adquirido por la Amada inglesa para ser usado como transporte logístico, y dotado de algún armamento. Transportaban al momento del naufragio, una gran cantidad de enfermos de la flota de Anson e infantes de marina -en total, 142, lo que superaba en número a la tripulación del buque, que era de 106- además de víveres para los otros buques, armamento y municiones», explica el académico Jorge Sepúlveda Ortíz en su obra «En busca de la verdad sobre el guardiamarina Alexander Campbell, de la fragata “Wager”». Tampoco faltaban litros y litros de licor.

La tripulación tampoco era mucho mejor pues, debido a las dificultades de reclutamiento, muchos eran veteranos o personas de malvivir que se habían alistado a cambio de unas monedas. La flor y nata de la «Royal Navy», que podríamos decir.

Tras unas jornadas de viaje muchos hombres del pasaje enfermaron y murieron, provocando algún que otro ataque de pánico entre el resto del pasaje. De hecho, entre aquellos que fallecieron se hallaba el capitán, el cual acabó siendo sustituido por el inexperto oficial David Cheap. Malos presagios para el viaje.

Un naufragio y una inesperada reacción

Después de algunas semanas, el desastre llegó al «HMS Wager» cuando uno de sus mástiles se rompió y se separó de la escuadra principal. A su vez, esta situación se terminó de complicar cuando Cheap terminó postrado en una cama bajo la cubierta principal debido a una enfermedad.

En ese momento, absolutamente desesperados, los marineros decidieron viajar hasta uno de los primeros puntos de encuentro que habían establecido con sus compañeros: la isla costera de «Nuestra señora del Socorro». Todo ello, a pesar del mal tiempo, de que sólo había 12 hombres aptos para el servicio, de los fuertes vientos, y de las múltiples rocas que había flanqueando el lugar.

El 13 de mayo de 1941, como no podía ser de otra forma, se sucedió el desastre. «Azotada por la tormenta, la nave se estrelló en unas rocas a las 04:00 horas. En las horas siguientes el buque fue dando bandazos de una roca a otra y luego, justo antes de hundirse, quedó completamente varado en la costa norte del archipiélago Guayaneco, en el golfo de Penas», añade el experto español. Tras el naufragio, la disciplina ser perdió y, mientras algunos hombres trataron de mantener el navío a flote, otros se volvieron locos por el pánico.

La peor naturaleza del ser humano

Controlado el desastre, los supervivientes lograron llegar hasta una isla cercana de la actual Chile. Una vez en tierra, los marinos de la «Royal Navy» mostraron su auténtica tez. Y es que, en lugar de seguir las órdenes de su, por otro lado, inexperto capitán, decidieron emborracharse hasta enfermar y robar la ropa de los camarotes de sus oficiales para burlarse de ellos. De nada valió que Cheap tratase de controlar la situación y se enfrentase directamente con uno de los amotinados, Cozens (a quien disparó en la cara y dejó morir bajo un terrible dolor durante varios días).

Eran momentos desesperados para los ingleses, divididos ante la forma de actuar del capitán. De hecho, y según afirma el escritor británico en su nuevo libro, varios marineros de la Royal Navy crearon un campamento paralelo al principal establecido por Cheap y sólo regresaron en contadas ocasiones para tratar de matar al capitán (una vez, incluso, haciendo estallar su tienda con pólvora) y donde pasaron tanta hambre que se vieron obligados a recurrir al canibalismo. Así pues, y según se afirma en la versión digital del diario «Daily Mail», las crónicas dicen que se vio a un joven grumete comerse el hígado de uno de los fallecidos durante el naufragio.

En el campamento principal la situación no era mejor. Y es que, los tripulantes terminaron apresando a Cheap por acabar con Cozens y, posteriormente, decidieron crear dos embarcaciones con las que viajar hasta el sur y buscar ayuda.

Así pues, casi sin víveres y con exceso de hombres, iniciaron su periplo dejando en la isla a Cheap y a media docena de sus seguidores con algunos alimentos. Sin embargo, no sabían lo que la suerte les deparaba, pues su viaje se detuvo algunos días después cuando uno de las pequeñas chalupas quedó destrozada en medio de las aguas y sus integrantes se vieron obligados a regresar al campamento original.

No le fueron mejor las cosas a la otra barcaza. Así lo demuestra el que el oficial al mando abandonara a un gran número de sus compañeros en tierra a traición para ahorrar comida o que un niño de la expedición muriera de hambre llorando a moco tendido mientras pedía a su tutor dinero para comprar víveres a sus compañeros.

Con todo, varios de ellos lograron llegar hasta Inglaterra y contar su historia, omitiendo por supuesto los detalles más escabrosos. Lo mismo sucedió con Cheap y algunos de sus seguidores, quienes fueron capturados por españoles y, tras un largo periplo, regresaron a sus hogares.

La arqueología 3D destruye la maldición del Mars, buque sueco hundido en 1564


ABC.es

  • El equipo de Johan Rönnby desvela los secretos del primer barco gigante del Báltico, hundido mientras en su cubierta se desataba una batalla

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El Mars es un barco de leyenda que se hundió hace 450 años mientras una fiera batalla se desarrollaba en sus cubiertas. Y permanece intacto, en la oscuridad del Báltico, no muy lejos de la isla de Öland [pincha aquí para acceder a la galería de fotos del pecio]. Por ello guarda restos de la vida y claves de la época en la que el Reino de Suecia se configuraba como Estado-nación. El día de su naufragio era su segundo día de servicio, pero aun así cambió para siempre las reglas de la guerra naval en el Norte de Europa.

Cuando el rey Erik XIV de Suecia pidió a sus astilleros que le construyeran un buque de guerra fabuloso, definitivo para asegurarse la hegemonía en el Báltico, le ofrecieron el Mars: 60 metros de eslora, 173 cañones, más grande que el famoso Vasa… El primer barco gigante que navegó por el Báltico. Se dice que se hundió porque estaba maldito: en su ambición, Erik XIV había arrojado al fuego las campanas de las iglesias suecas para fundir tantos cañones…

Pero la ciencia no ha encontrado maldiciones, sino datos maravillosos. El equipo internacional de 40 personas dirigido por Johan Rönnby ha regresado al Mars este año y ha puesto en pie una arqueología nueva que sirve al conocimiento de aquella fiera batalla. Codo con codo con sus descubridores, Ingemar y Richard Lundgren, los arqueólogos se sienten vinculados a aquellos hombres que acabaron sus días en el fragor de la lucha que se tragó el mar. (Cómo no recordar la envidia que causó entre los arqueólogos españoles el modelo de excavación que se ha puesto en marcha en Suecia, e incluye Universidad, sector privado, Armada y sociedad civil)

Los faros de 100 coches

«Hemos documentado el pecio con más detalle que en los años anteriores. Para empezar, y con el objeto de filmarlo, hemos tenido un enorme dispositivo de iluminación, puesto que el Mars está en una zona de total oscuridad. La fuerza de este dispositivo sería comparable a más de cien coches iluminando directamente el fondo del mar. Era como estar bajo la luz del día, lo cual ha sido fantástico para filmarlo. Cada detalle brillaba», explica Rönnby a ABC.

¿Por qué tanta luz? Era necesario para filmar el pecio en 3D, que ha sido otra de las novedades de este año, «uno de nuestros objetivos científicos -remacha-. Hemos generado magníficas galerías de imágenes, que tomaban como base más de dos millones de puntos de referencia. Además hemos empleado escáneres láser multihaz. Con ello hemos reconstruido el pecio con un detalle inédito hasta ahora. Gracias a este modelo podemos movernos por el yacimiento desde el ordenador, tomar medidas y explorar los elementos como si estuviésemos allí».

Ello ahorrará cientos de horas de buceo y peligros en la descompresión, muchos años de inmersiones. Por no hablar de las dificultades añadidas por la temperatura del Báltico. Y permite otra labor pionera en la historia de esta disciplina: imprimir en 3D algunos objetos que así pueden estudiarse al detalle o incluso planificar su extracción. Rönnby dice: «Es el futuro de la arqueología subacuática, sin duda. Puedes trabajar con los objetos antes de tocarlos. ¡Es fantástico! Es lo que vamos a estar haciendo en invierno, imprimir objetos mientras los originales siguen en el fondo».

El objetivo es aprender del siglo XVI. Para empezar, «esta excavación está poniendo en nuestras manos toda la información sobre la construcción naval en tiempos de Erik XIV, cómo fue posible una nave tan grande y diferente, este superbarco. Pero el Mars fue también un campo de batalla, que está extremadamente bien conservado. Así que nos sentimos muy cerca de los hombres que participaron en esta batalla. Era el último día de mayo cuando el Mars se hundió, había incendios y explosiones a bordo y mientras tanto se estaban matando entre ellos. Era una situación muy peligrosa. Y cuando se posó a 75 metros, todo quedó intacto». No es broma esa cercanía. Los arqueólogos han aprendido a convivir con restos humanos y con los restos de armas abolladas que han dormido durante 450 años bajo el gélido mar que rodea Suecia.

«Es habitual que veamos armas y cascos mellados con huellas de la lucha, pero no es muy distinto que cualquier otro yacimiento, donde el arqueólogo siempre tiene que trabajar rodeado de huesos. Lo excitante para un científico es acceder a la información que nos aportan estos restos. No conozco bien todos los campos de batalla que se conservan del siglo XVI, pero diría que aquí estamos ante el mejor preservado de todos. Es muy especial».

El humanismo y las fotos

Los científicos son humanos y no pueden librarse de cierta presión. En palabras de Rönnby: «El Mars es un barco muy famoso y el hecho de que el Rey Carlos Gustavo viniera a conocer nuestros trabajos aumentó la presión que sentimos. Pero es responsabilidad de los científicos sobreponerse a eso. Nuestro deber es utilizar los restos para proponer a la sociedad una reflexión sobre aquella guerra, o sobre la guerra, sobre la historia. Nuestra investigación es humanística, está encaminada a comprender mejor la historia, el ser humano, el pasado. Tenemos que lograr esto, no solo fotos fantásticas», observa el arqueólogo con simpatía.

Mientras los años de investigación se suceden, sueñan con un futuro museo. No se extraerá el barco, pero sí algunos restos. Hay incluso un proyecto de trasladar a las aguas someras de un puerto cercano algunos restos para que puedan vistarlos los buceadores o los turistas con barcos de casco acristalado. Pero en la mente de todos, la vivencia de un momento congelado, entre el fuego, el estallido de los cañones y el entrechocar de las armas. «Hemos estado, nos hemos sentido muy cerca de la batalla, de aquella situación. Es un pecio muy potente».

La foto más bella de un pecio hasta hoy

El día que naufragó J.F.Kennedy


ABC.es

  • Se cumplen 70 años del hundimiento de la lancha torpedera que comandaba Kennedy en el Océano Pacífico durante la II Guerra Mundial

El día que naufragó J.F.Kennedy

abc | El teniendo John F. Kennedy, de pie a la derecha. con miembros de la tripulación del PT-109 en 1943

En las primeras horas del 2 de agosto un grupo de lanchas torpederas norteamericanas intentaron emboscar a un grupo de destructores japoneses que llegaban para prestar refuerzo en las Islas Salomón. Así detalla la web II World War Today uno de los episodios más publicitados de la Segunda Guerra Mundial, donde John F. Kennedy fue condecorado con la Medalla de la Armada y del Cuerpo de Marines gracias a su comportamiento durante el suceso.

En plena oscuridad y durante una operación que ponía en riesgo a ambos bandos, fue el PT 109 (Patrol Boat) quien salió peor parado en el choque con el destructor japonés Amagiri. La lancha quedó partida por la mitad y dos hombres de la tripulación murieron en el acto, pero los supervivientes lograron nadar hasta la isla más cercana, quedando sin provisiones y sin ningún medio de comunicación con la base. El comandante del PT 109, John F. Kennedy, decidió nadar hacia el Ferguson Passage en un intento de interceptar lanchas procedentes de las zonas de patrullaje. Nadó hasta una pequeña isla al sureste, pero no llegó a ver ninguna, por lo que comenzó su regreso en la misma ruta que había utilizado anteriormente.

Mientras nadaba de vuelta a la isla donde estaban el resto de supervivientes, fue atrapado en una corriente que le arrastró dos kilómetros llevándole de nuevo a mediados del Ferguson Passage, deteniéndose a dormir en una pequeña isla al sureste donde tuvo que iniciar su viaje de regreso otra vez, pese a que estaba completamente agotado y febril.

Al día siguiente, el Alférez Ross decidió repetir la búsqueda de PT emprendiendo la misma ruta que Kennedy había tomado el día anterior, con resultado idénticos, salvo que al volver, se detuvo sabiamente en mismo islote que usó Kennedy para dormir.

Como el suministro de coco del que se servían se estaba agotando y con el fin de estar más cerca de Ferguson Passage, el grupo salió de la Isla de Aves (así llamaron a su islote debido a los numerosos excrementos de pájaro que había) al mediodía del 4 de agosto, y se dirigieron a un pequeño islote al oeste de la Isla de Santa Cruz.

A la mañana siguiente Kennedy y Ross decidieron nadar para cruzar la isla en busca de comida, botes o cualquier otra cosa que puediera ser útil a su partida. Los dos oficiales se internaron entre la maleza y al llegar a la playa encontraron una pequeña caja de galletas con escritos en japones. Justamente, un poco más arriba de la playa, junto a un cobertizo, avistaron una canoa con varios hombres que a todas luces parecían nativos. Pero a pesar de todos los esfuerzos de Kennedy y Ross para atraer su atención, los hombres se alejaron remando rápidamente hacia el noroeste.

Esa noche, Kennedy tomó la canoa y volvió la isla donde estaban refugiados, pero dejó Ross que había decidido ir nadando a la mañana siguiente. Cuando Kennedy llegó a la base se encontró con que los dos nativos que él y Ross había avistado cerca de la isla de Santa Cruz, habían rodeado la isla hasta dar con el resto del grupo, que encabezados por el Alférez Thom les habían convencido para que realizaran todos los servicios posibles para ayudarles.

Al día siguiente, 6 de agosto, todos remaron para cruzar la isla e interceptar a Ross y enviar a los nativos con mensajes al guardacostas. Uno de ellos era una nota escrita a lápiz el día anterior por Alférez Thom, y el otro fue un mensaje escrito en una cáscara de coco verde por Kennedy, informando al guardacostas que él y Ross estaban en la Isla de Santa Cruz.

Escape marítimo

Después de la marcha de los nativos, Ross y Kennedy se mantuvieron en la isla hasta la noche, cuando volvieron a probar suerte con la canoa para interceptar alguna lancha en Ferguson Passage. Remaron lejos y como de costumbre no encontraron nada, pero esta vez quedaron atrapados en una repentina tormenta que finalmente volcó la canoa. Pero volver a nado con un mar traicionero no fue nada fácil. Ross recibió numerosos cortes y contusiones, pero ambos se las arreglaron para hacer tierra donde permanecieron el resto de la noche.

El sábado 7 de agosto ocho indígenas llegaron trayendo un mensaje del guardacostas con instrucciones para el oficial de mayor graduación de ir con los nativos a Wana Wana. Los nativos viajaron con Kennedy y Ross a la isla donde esperaban el resto de los supervivientes, que recibieron de manos de los indígenas alimentos y otros artículos, como una estufa, para hacer que los supervivientes se sintieran cómodos.

Esa tarde, Kennedy viajó oculto bajo los helechos en la canoa nativa y fue llevado a la guardia costera y, finalmente, logró hacer contacto con la lancha torpedera, subiéndose a bordo y dirigiéndola al resto de los supervivientes. El rescate se llevó a cabo sin contratiempos, y se llegó a la base Rendova la madrugada del 8 de agosto, siete días después de la embestida del PT 109 en el Estrecho de Blackett.