El cráneo de las aves corresponde al de un dinosaurio joven


La Razon

Un estudio realizado por especialistas de la Unidad de Paleontología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), embriólogos de la Universidad de Harvard y paleontólogos de las universidades de Texas y Nueva York y del Museo Americano de Historia Natural (EEUU) ha demostrado que el cráneo de las aves es el de un dinosaurio joven, según informa la UAM.

En este sentido, el trabajo publicado en la revista Nature explica que el cráneo de las aves modernas surgió a través de una secuencia de episodios asociados al acortamiento de las trayectorias de crecimiento en dinosaurios carnívoros (Terópodos). Este fenómeno, conocido como pedomorfosis, implica que la forma del cráneo aviario es -en términos generales- una versión adulta de los cráneos juveniles de sus ancestros dinosaurianos.

Así, los investigadores demuestran con su estudio que aspectos físicos de las aves modernas como el tamaño corporal reducido, los grandes ojos y los cerebros globosos (encefalizados), son el resultado de al menos cuatro episodios sucesivos de acortamiento en el crecimiento normal.

A esta conclusión se ha llegado por la utilización de una serie de técnicas digitales y estadísticas de medición de la forma conocidas como técnicas de morfometría geométrica, gracias a las cuales fue posible comparar la muestra más completa recogida hasta la fecha de embriones juveniles y adultos de dinosaurios, tanto fósiles como actuales.

La suerte de los dinosaurios


CET – El Mundo

ESTUDIO PUBLICADO EN ‘SCIENCE’

 

  • Estos intimidantes animales no estaban predestinados al éxito
  • Investigadores aseguran que su superioridad fue cuestión de ‘suerte’

actualidad080912.jpgDepredadores intimidantes y poderosos, con una fuerza única y el poderío sobre todo lo que les rodea. La imaginación popular ha descrito desde siempre con estas características a los dinosaurios, esos extraordinarios reptiles que se colocaron como ‘regidores del mundo’ por más de 160 millones de años.

El éxito de este grupo ha sido atribuido comúnmente a su inminente superioridad sobre aquellos con los que compartía el espacio. Pero ahora, un grupo de investigadores asegura que estos animales, más que cualquier otra cosa, eran ‘suertudos’.

Un equipo de científicos del Museo Americano de Historia Natural de la Universidad de Columbia (Nueva York) y del departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bristol (Reino Unido), estudiaron una serie de fósiles con el objetivo de determinar la relación entre la evolución de los dinosaurios y la de sus principales competidores, los arcosaurios crurotarsales (‘Crurotarsi’), durante el Triásico tardío, hace unos 200 millones de años.

Los análisis revelan que, al contrario de lo que se creía, los dinosaurios no reemplazaron a los arcosaurios crurotarsales como grupo dominante a través de la competición y la superioridad, sino que compartieron nichos y recursos durante los primeros 30 millones de años de la existencia de los primeros.

Los arcosaurios -del griego ‘Archosauria’, que quiere decir ‘reptiles dominantes’-, son un grupo de reptiles que evolucionaron de los ‘Archosauriformes’ durante el Triásico temprano. Se dividen en dos grupos: el conjunto de los crurotarsales (‘Crurotarsi’), del que derivan los actuales cocodrilos, los únicos supervivientes del grupo, y los ‘Ornithodira’, que comprenden los dinosaurios y pterosaurios.

Las conclusiones del estudio, que se publica esta semana en la revista ‘Science’, apuntan que los arcosaurios crurotarsales murieron por casualidad y no como resultado de una sustitución por competencia. Además, indican que los dinosaurios, por su parte, no estaban predestinados al éxito, sino que más bien se beneficiaron de la extinción del primer grupo.

A pesar de que de los crurotarsales hoy sólo queda el cocodrilo, durante el Triásico este grupo se caracterizó por su asombrosa diversidad de especies. Debido a que compartieron espacios y recursos con los dinosaurios por mucho tiempo, sus fósiles han sido confundidos en numerosas ocasiones.

Una ‘buena racha’

Aunque ambos grupos lograron sobrevivir el cuarto periodo de extinción masiva que se conoce, hace 228 millones de años, sólo unos cuantos crurotarsales lograron superar los duros procesos de calentamiento global de finales del Triásico. Los dinosaurios por el contrario sobrevivieron a estos fenómenos sin mayores problemas.

“De haber vivido más tiempo, no nos cabe duda de que los crurotarsales hubieran sido el grupo dominante”, afirma Stephen Brusatte, del Museo Americano de Historia Natural. “El poderío de los dinosaurios frente a otros grupos no es más que una racha de buena suerte“, añade.

Para poner a prueba estas teorías, los científicos midieron la evolución en ambos grupos. Basados en los datos recogidos de 437 esqueletos de 64 especies de dinosaurios y crurotarsales y en nuevos árboles filogenéticos, desarrollaron dos cálculos para analizar sus patrones evolutivos.

El primero de los cálculos les sirvió para medir las tasas evolutivas. Los investigadores no encontraron diferencias en la rapidez con la que ambos grupos se desarrollaron.

El segundo cálculo fue el de la disparidad morfológica, una medida que sirve para conocer las variaciones físicas y las formas de vida que tiene un grupo. Sorprendentemente se encontró que los crurotarsales tenían un rango de formas corporales, dietas y estilos de vida mucho más amplio que el de los dinosaurios.

A estos resultados los científicos añaden dos hallazgos de estudios anteriores: los crurotarsales eran mucho más abundantes que los dinosaurios en la mayoría de ecosistemas triásicos y en algunos casos era incluso más diversos, es decir, con un número mucho más amplio de especies.

Todas estas conclusiones permiten a los investigadores cuestionar la superioridad de los dinosaurios. “Para muchos es difícil aceptar que los dinosaurios encontraron su posición dominante en el mundo por casualidad al extinguirse otro grupo, al igual que pasó con los mamíferos cundo estos reptiles se extinguieron hace 65 millones de años” explica Michael Benton, un paleontólogo de la Universidad de Bristol.

“Lo cierto es que no sabemos con exactitud por qué se extinguieron los crurotarsales y no los dinosaurios, pero las contundentes conclusiones a las que hemos llegado ratifican que fue por pura y mera suerte”, puntualiza Benton.