El MOMA abrirá una nueva galería de obras de arte: los videojuegos


La Información

  • Hasta 40 videojuegos parasarán a formar parte de una galería interactiva del MOMA de Nueva York.
  • Títulos como Pac-Man, Myst, Portal o Donkey Kong contarán con su propia exposición en 2013.

Por si quedaba alguna duda sobre si los videojuegos son arte, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), se encargará de sacarnos de dudas con una nueva galería de videojuegos que se abrirá en marzo de 2013.

La intención del museo es ofrecer hasta 40 títulos cuidadosamente seleccionados, empezando con esta lista de 14: Pac-Man (1980), Tetris (1984), Another World (1991), Myst (1993), Sim City 2000 (1994), Vib-Ribbon (1999), The Sims (2000), Katamary Damacy (2004), EVE Online (2003), Dwarf Fortress (2006), Portal (2007), flOw (2006), Passage (2008) y Canabalt (2009).

La selección se ha hecho teniendo en cuenta varios aspectos. El criterio para elegir la lista completa enfatiza no solo la calidad visual y la experiencia estética de cada juego, sino muchos otros aspectos que van desde la ‘elegancia’ del código al diseño de la interacción de los jugadores con el juego.

El MOMA ha contado con el asesoramiento de expertos, historiadores y críticos que han ayudado al proceso de selección y adquisición de los títulos. Se determinó por ejemplo, que todos los juegos debian estar en su formato (cartuchos o discos) y sistema original (ya sea consola u ordenador) siempre que sea posible.

Para conservar los juegos se ha adquirido también el código fuente de cada juego en el lenguaje en el que fue escrito inicialmente, para que se pueda adaptar más fácilmente en el futuro en caso de que la tecnología original que lo hacía funcionar se quedara obsoleta e inutilizable. Además se recopila toda la documentación técnica posible de sus creadores y programadores para asegurar la supervivencia de estos títulos.

Durante la exhibición se podrá jugar a varios de estos juegos, pero la manera de presentar cada uo variará dependiendo de sus características. Si la duración del juego es suficientemente corta, se podrá exponer en su totalidad, en caso contrario se intentará ofrecer partes del juego para disfrute de los visitantes.

Esta adaptación también se evrá en juegos como EVE Online, que requieren cientos o miles de jugadores para que la experiencia sea completa. En estos casos se diseñarán ‘tours’ guiados con el objetivo de mostrar las posibilidades de estos juegos tan complejos.

A los 14 juegos citados anteriormente se unirán en un futuro próximo los siguientes títulos: Spacewar (1962), una selección de juegos de Magnavox Odyssey (1972), Pong (1972), Snake (1997), Space Invaders (1978), Asteroids (1979), Zork (1979), Tempest (1981), Donkey Kong (1981), Yars’ Revenge (1982), M.U.L.E. (1983), Core War (1984), Marble Madness (1984), Super Mario Bros (1985), The Legend of Zelda (1986), NetHack (1987), Street Fighter II (1991), Chrono Trigger (1995), Super Mario 64 (1996), Grim Fandango (1998), Animal Crossing (2001) y Minecraft (2011).

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La mirada de un siglo


La Razón

Se celebra mañana el aniversario de Henri Cartier-Bresson, uno de los padres de la fotografía, que nació hace cien años en las afueras de París y que, con su genio, impulsó el fotoperiodismo y proporcionó expresividad y emoción a un arte emergente

actualidad080821esc.jpgNo existen autorretratos de Cartier-Bresson a la manera que otros artistas eligieron para inmortalizarse. Exagerando ese desprecio a la corporeidad, suele decirse que sólo realizó un autorretrato, fechado en 1932, en el que, a las puertas de un pueblo italiano, únicamente se alcanza a verle una pierna. Esa insinuación perdurará durante toda su vida. En 1999, con 91 años (murió el 2 de agosto de 2004, a los 96), apareció una foto de su sombra junto a unos árboles de la Provenza. Esa sombra lo era todo. Jean Clair, defensor del canon artístico, dice que la transmutación de lo temporal a lo espacial está en la base de su trabajo, de ahí que algunas de sus imágenes más bellas «son momentos del día que aparecen en el cielo, en India, penumbras vespertinas de Flandes».

Sin embargo, sí que se retrató a lápiz. Él habló del retrato como de «captar el silencio de una víctima», pero dado que es imposible introducir una cámara entre la camisa y la piel del modelo, dijo, quizá nos quede la tentativa del dibujo. «En cuanto al retrato a lápiz, corresponde al dibujante guardar un silencio interior», escribió en 1996.

Al cumplirse los cien años del nacimiento de Cartier-Bresson sería decir poco que fue el gran fotógrafo del siglo XX, pero quizá nos ajustáramos más reconociendo que su expresividad situó a la fotografía en un ámbito tan evocativo y verdadero que no todos pueden alcanzar. Un punto de no retorno para un arte que está en la calle (en un simple móvil) y que se conforma con sólo apretar un botón una y otra vez.

Verdad periodística

Fue la síntesis de la mejor fotografía producida desde su aparición, precisamente en Francia de la mano de Daguerre, Niépce y Nadar a mediados del XIX, y el fotorreportaje, del que él fue su gran maestro. Aunque es autor de miles de fotografías que, una tras otra, componen la historia gráfica del siglo XX, no fue el fotógrafo voraz que «fusilaba» sin compasión entregado a la «verdad periodística». Cuenta una anécdota que un retratado, extrañado de que después de quince minutos esperando delante de la cámara sin «sentir» que le hiciesen la foto, Cartier-Bresson le aclaró: «Hace siglos que la he hecho».
En cada una de sus imágenes está todo lo que se puede decir. Su lenguaje era claro y preciso (él habló de «la rigurosa organización de las formas»), rehuía el drama fácil, la contorsión sentimental y exhibir el sufrimiento ajeno para demostrar la «autenticidad» de una imagen. Nunca cortó sus negativos (de 24 por 36), que positivaba íntegros él mismo. Como «momento decisivo» definió ese instante que deja helado, que convierte el testimonio no en un dato, sino en una leyenda, porque para «leer» fotografía habrá que seguir la gramática de la literatura.

El lugar del crimen

Por eso, Walter Benjamin nos advertirá de que una foto está a la altura cuando nos muestra el lugar de un crimen. «¿No deberá el fotógrafo descubrir la culpa en sus imágenes y señalar al culpable?», se preguntará. Cartier-Bresson admitió que para tener una buena instantánea hay que sentir compasión por el objeto retratado, acercarse a él con humildad, con gratitud, porque es él quien nos entrega su imagen. Lo contrario sería un robo. La transparencia de su fotografía tiene una función casi higiénica que aún perdura en un mundo donde se crean decenas de «iconos» todos los días, aunque desaparezcan al siguiente.

Una de las leyendas que acompañó a Cartier-Bresson es que a su cámara, una Leica que compró en 1932 y que le acompañaría toda la vida, le tapaba las partes metálicas con cinta negra para que no se notase su presencia. Tal era su intención de pasar desapercibido, que se le llegó a dar por muerto y a organizarse una retrospectiva en el MoMA. Cuando los aliados entraron en París, muchos se preguntaron dónde estaba Cartier-Bresson, evadido de un campo de prisioneros alemán en 1943, después de tres años de cautiverio. Pero él estaba allí, con su Leica, como luego quedó plasmado.

En 1947, en la barra de un hotel, se fundó la agencia Magnum. Allí estaban David Seymour, George Rodger, Robert Capa y Cartier-Bresson. Alguien lo definió como un «budista ateo». «Nos lanzamos a la idea para poder hacer lo que queríamos, para trabajar en lo que creíamos y no depender de un periódico o una revista», dijo de esa empresa. Cartier-Bresson se limitó a cumplir en silencio con un equilibrio sensitivo que asegurase una buena foto, o por lo menos una honesta, a partir de tres órganos que debería actuar al unísono: ojo, cerebro y corazón.

El MoMA recoge la influencia de la música en el arte experimental de los años 60


EFE – ADN

La exposición demuestra que a mediados del siglo XX la música no fue un fin, sino un medio utilizado en otras disciplinas artísticas

actualidad080818mm.jpgEl Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York ha reunido más de cuarenta obras de su colección para crear una exposición en la que refleja la determinante influencia de la música en la etapa artística experimental de los años sesenta.

La muestra inaugurada se titula Examinando la música: Arte de los medios de comunicación de los años sesenta y podrá visitarse hasta el próximo 5 de enero.

Se trata de una selección multimedia con la que el museo pretende estudiar cuál fue el papel de la música en la etapa de experimentación interdisciplinar de mediados del siglo XX.

En esa época las innovaciones tecnológicas del momento, como las cámaras de vídeo o las guitarras eléctricas, se aliaban unas con otras para crear lo que se denominó “arte de mezcla de medios”.

El violín que no necesitaba a Laurie Anderson 

“La música estuvo a la vanguardia de esa tendencia, en la que parecía que todos los artistas estaban en alguna banda, y algunos de ellos incluso estudiaron solfeo antes de acercarse a estas nuevas formas de arte”, explicó la comisaria de la exposición, Barbara London.

La muestra incluye vídeos, piezas de audio, libros, litografías, collages, fotografías, dibujos y cuadros de pensadores radicales como Laurie Anderson, Nam June Paik, Bruce Nauman y John Cage, además de una treintena de documentales y películas experimentales.

La colección comienza con una escultura sin título de 1968 del pianista nacionalizado estadounidense Nam June Paik, que muestra una televisión llena de perlas con una imagen fija, como si fuera una composición musical de una sola nota.

En la misma galería se ha instalado el Self-Playing Violin (El violín que toca solo), una obra de Laurie Anderson creada en 1974, que incorpora un pequeño altavoz en la caja de resonancia del instrumento, de manera que puede reproducir la pieza musical deseada.

El ingenio está pensado para que la artista, que estudió violín clásico, pueda hablar, cantar y hacer un dueto con este instrumento en sus conciertos.

Koon, la ingenuidad de las formas en el cielo de Nueva York


CET – El Mundo

EXPOSICIÓN EN EL METROPOLITAN

actualidad080422.jpgNUEVA YORK.- Jeff Koon expone en la azotea descubierta del Metropolitan Museum. A sus pies, como un tapiz clamoroso, quema el verde de Central Park; más allá, lucen los pináculos de vidrio de los rascacielos, el bosque de antenas y granito amarillo, el metal y luces de Manhattan.E

Todo el equilibrio desequilibrado de la ciudad, a la que conoce tan bien, empasta los tres lametazos que el escultor ha cedido para el verano. En el panfleto monográfico que reparten a los periodistas enfatizan mucho su relación con Marcel Duchamp y Andy Warhol.

A todo dios, hoy, lo emparentan con Duchamp y Warhol, pero Koon, jugetón, leve, secretamente melancólico, es buen acreedor. Como ellos, coloca lo inverosímil, incluso lo anecdótico y banal, en un pedestal imaginativo, y compone formas que rompen lo cotidiano con criterios nada elementales. La supuesta facilidad conceptual de Koon electriza porque hace del perro de la infancia un diamante envuelto en celofán. Colocando máscaras, modula los sueños sin falsearlos ni renunciar a su fondo insólito.

Koon comenzó en los setenta haciendo de copista en el taller de su padre. Pintaba falsificaciones (legales) de los grandes maestros que luego vendía a los turistas. A principios de los ochenta viajó a Nueva York, trabajó en una de las mesas a la entrada del MoMA y presentó sus primeras obras.

Mezclando plásticos, monigotes, criaturas de dibujos animados, imágenes oníricas y otras obsesiones moduló un discurso único. Ha desarrollado una insensata facilidad para viajar por territorios infantiles. Sus globos dorados y palomitas rojas pueden resultar, a primera vista, ingenuos, incluso leves, pero a su modo levantan una trinchera contra el tiempo.

Balloon dog (Yellow), Coloring book y Sacred heart (Red/gold), títulos de las tres obras inéditas cedidas, encuentran su lugar natural en el cielo del museo. Winnie de Pooh figura como una de las referencias aludidas por alguien que destaca en el uso de la cultura popular. A diferencia de otros recicladores pop, todavía abducidos por la magia negra que Warhol encerró en sus botes de sopa, Koon ha encontrado su bifurcación propia, y en el cuarto de los osos de trapo y las muñecas rotas un filón no mineralizado por cientos de artistas previos.

Buen negociante, la pátina lujosa de sus obras garantiza el plus de riqueza que todo coleccionista ansía. Cansados de genios que acarrean detritus del vertedero, los marchantes encuentran en Koon una respuesta colosal a sus plegarias: un artista de mérito, afilado, que además crea bonito.

Aupado por el MET, seguramente Koon opine que contra la mala educación de la muerte solo cabe la sonrisa, el guiño inteligente y dubitativo, liberado de intelectualismos y dispuesto a batirse por reencontrar la infancia. En su duelo no llega a las manos, mucho menos hace sangre. El testamento a quemarropa queda para gente más acodada al precipicio.

Koon, poco dado a la tragedia, despliega un discurso paralelo, algodonoso, donde tallar caramelos. No hay nada que hacer, parece decirnos, excepto dormir bajo un palio de artilugios hermosos, perdidos en los meandros proustianos de los primeros años, y salir después al mundo con la solapa del babi coloreada de esmeraldas. Al ornamento, en fin, sabe buscarle capas, huecos, donde clavar los dardos.

El MoMA dentro del rascacielos de Nouvel


Domingo 18/11/07 18:21 CET – El Mundo

  • NUEVO ‘SKYLINE’ EN NUEVA YORK
  • El arquitecto francés Jean Nouvel ha comparado su rascacielos con la Torre Eiffel
  • El museo contará con tres de las 75 plantas de la futura torre adyacente
  • La primera ampliación la realizó el arquitecto Taniguchi hace sólo tres años

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NUEVA YORK .- El Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York ampliará por segunda vez sus galerías , esta vez con tres de las 75 plantas de un nuevo rascacielos proyectado por Jean Nouvel. La obra del arquitecto francés se construirá en un solar adyacente.

El paisaje urbano de la Gran Manzana se modificará por enésima vez con la construcción del nuevo rascacielos que ha ideado el arquitecto francés para el solar de casi 1.600 metros cuadrados que existe al lado del prestigioso museo neoyorquino y del que se aprovechará la institución para ampliar sus galerías.

De diseño futurista e irregular, la apuesta de Nouvel es una prominente torre con fachada de acero y cristal , que se estrechará a medida que gane altura y acabará con una distintiva aguja que dominará los cielos de Manhattan entre la Quinta y la Sexta avenida a la altura de las calles 53 y 54.

“Esta nueva apuesta de Nouvel es un concepto emocionante que cuenta con el potencial necesario para convertirse en un icono internacional de la arquitectura “, aseguró Gerald Hines, presidente de la firma inmobiliaria Hines, a la que el MoMA vendió el solar a principios de este año.

El director de la institución museística, Glenn Lowry, aseguró hoy en un comunicado que “la venta del solar ha permitido al museo cumplir con muchos objetivos, entre los que destaca el aumento del apoyo económico al programa de exposiciones y, como ahora, del espacio para la colección permanente”.

Para el director, además, la elección del diseño de Nouvel para la edificación del solar es idónea.

“Creemos que el excepcional diseño de Nouvel para el nuevo edificio será un complemento muy importante para la ciudad de Nueva York y realzará el carácter del lugar en el que estamos instalados “, aseguró Lowry.

La torre se convertirá en uno de los elementos más característicos del conocido ‘skyline’ de Nueva York y tendrá la ventaja de llevar su nombre ligado al del célebre MoMA, ya que tres de sus plantas, de la segunda a la quinta, estarán fusionadas con el museo.

La institución museística, hogar de ‘Las señoritas de Aviñón’ de Pablo Picasso, entre muchas otras obras de arte, ganará así más de 4.500 metros cuadrados para sus galerías , que verán así ampliado su espacio como ya ocurriera en el 2004, cuando el japonés Yoshio Taniguchi dirigió su reforma.

El rascacielos, además de albergar parte del arte moderno más importante de la Gran Manzana, contendrá un hotel y una serie de apartamentos de lujo que ocuparán las plantas más altas del edificio.

El último de los pisos se caracterizará por su espacio limitado, ya que el ascensor y su maquinaria ocupará buena parte de un apartamento que el propio Nouvel ha comparado con la última parte de la parisina Torre Eiffel.

Otros proyectos en Nueva York

Éste es uno de los tres proyectos que el arquitecto francés ha diseñado para Nueva York , donde su primer proyecto de envergadura, presentado en 1997, jamás llegó a edificarse.

Se trataba de un hotel que se proyectaría sobre el East River, al lado este de Manhattan, y que, a medio camino entre puente y muelle, uniría la isla con el barrio de Brooklyn.

Ahora son proyectos más factibles pero no menos atractivos, como un bloque de apartamentos en el Soho -el que fuera barrio de los artistas de Nueva York por debajo de la calle Houston- y otro en la calle 11, a orillas del río Hudson.

Este último está ya en construcción y cuenta con la peculiaridad de albergar unas 1.600 ventanas, todas de diferentes dimensiones, que reflejarán de las aguas del río y la luz de los atardeceres que se divisan desde el oeste de la ciudad.