Hallan el documento que prueba el traslado de Cervantes en las Trinitarias


ABC.es

  • El historiador Marín Perellón encuentra el libro de cuentas de 1697 en el que se detallan los 400 reales pagados al sepulturero del escritor, Miguel de Hortigosa, para llevar el cadáver de la vieja iglesia a la cripta

    abc Registro del gasto en el libro de cuentas que custodia el convento

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    Registro del gasto en el libro de cuentas que custodia el convento

No existía ningún documento histórico que acreditara que los restos de Miguel de Cervantes fueron trasladados de la antigua iglesia de San Ildefonso a la cripta del convento de las Trinitarias Descalzas, a cien metros de distancia el uno del otro. Pero ya es un hecho constatado. El pasado viernes, el historiador, archivero y bibliotecario de Madrid Francisco Marín Perellón descubrió en un libro de cuentas de 1697 del archivo del templo una anotación clave, fechada el 8 de octubre de aquel año. En ella se registraba el coste para que el sepulturero Miguel Hortigosa mudara los restos de los 17 difuntos enterrados en la vieja iglesia a la nueva. Este gasto ascendía a 13.600 maravedís o 400 reales.

Este documento es contundente. Acredita que los cadáveres de 11 adultos (entre los que se encontraba Cervantes, enterrado en 1616, y su mujer, diez años después, según el libro de difuntos de la iglesia de San Sebastián) y los de seis niños de San Ildefonso están en la nueva iglesia. Además, el papel pone el foco sobre la fosa 32, porque Hortigosa no solo movió los restos, sino que terraplenó la bóveda. He ahí otro dato que hace aún más verosímil la teoría de que el maestro de las letras hispánicas está allí.

La fosa 32

El enterrador excavó, sepultó los cuerpos, luego echó tierra y la apisonó. Esto daría explicación al hecho de que la reducción 32, ubicada en la esquina sureste de la cripta, sea el lugar donde trabajó el sepulturero, ya que es el más profundo de los enterramientos (a 135 centímetros del subsuelo) y el más antiguo. Ahí, los investigadores encontraron un grupo de huesos «compatible con el osario trasladado de la iglesia primitiva», señalaron los expertos el pasado 11 de marzo. El informe del 17 de marzo de 2015 elaborado por los científicos concluía que era posible considerar que entre los fragmentos hallados había algunos de Miguel de Cervantes, por ejemplo un trozo de una mandíbula con pérdidas de dientes premortem. Por encima de esta fosa, a partir de 1730, la bóveda volvió a servir como lugar de enterramientos. Los arqueólogos se toparon con 300 cadáveres más, de los cuáles un 90 por ciento eran de niños.

El testamento del maestro

La iglesia nueva comenzó a construirse en 1673. En 1697 finalizó sus obras y es en octubre de ese año cuando se pide la exhumación para el traslado. Se cree que Hortigosa pudo tardar tres días hasta finalizar la labor. Señala Marín Perellón que puede

haber aún más descubrimientos en el archivo sobre el padre de «El Quijote». Por ejemplo, cómo hizo el trabajo para transportar los cadáveres o incluso encontrar algún registro de su ubicación exacta. «Confío en dar con el testamento de Cervantes», afirma el historiador, aunque es algo que no necesariamente han de guardar las monjas de clausura. Este especialista baraja la hipótesis de que la mujer del escritor pudo haber llevado el último deseo de su esposo para probar que quería descansar allí eternamente. Se le enterró allí gratuitamente, informa Marín Perellón.

Tomo al azar

Asumió el desembolso la Venerable Orden Tercera de San Francisco. Su viuda pagó dos misas de alma. Por esta razón se duda que pudiera ser inhumado con objetos de valor que pudieran haber desaparecido en el traslado. Y para comprobarlo es difícil, ya que de 1612 a 1618 hay pocos documentos, explica el historiador.

Este experto continuará con esta búsqueda documental durante el horario del convento. En el archivo de las Trinitarias se comenzó a trabajar en febrero, pero sólo se pudieron consultar libros durante tres días porque no había espacio para su análisis pormenorizado. La semana pasada se pidió habilitar una zona y Marín Perellón se sumergió en esta tarea. El viernes dio con la prueba. Cogió un tomo al azar y resultó ser uno de los primeros libros de cuentas. A mitad del tomo, en la página par, dio con este nuevo hecho histórico, anotado por el administrador de la iglesia que llevaba las cuentas anuales en la época.

Prueba final de la custodia

El escrito está grabado sobre un papel del siglo XVII. Los documentos se pueden tocar con las manos, sin necesidad de un tratamiento especial, ya que no presentan ninguna patología. Está en buen estado y encuadernado en un libro de pergamino que prueba por fin que las religiosas de las Trinitarias Descalzas siempre mantuvieron la custodia del cuerpo de Miguel de Cervantes desde 1616.

Aún queda mucho trabajo por delante. Como dijo Francisco Etxeberria, el responsable de la investigación, «son muchas las coincidencias y no hay discrepancias». El trabajo documental apunta cada vez más a que los huesos pertenecen con toda seguridad a Miguel de Cervantes, pero no existe verificación genética. Lo único que podría demostrarlo sería un análisis de ADN, pero está descartado. En primer lugar, por el mal estado de los huesos; en segundo, porque para la identificación es necesario que se coteje con el ADN de un familiar y solo se conoce dónde reposa su hermana Luisa. Sus restos están en el convento de Alcalá de Henares, donde fue sepultada en 1623. Pero, al igual que con su hermano, al tratarse de un osario, sería prácticamente imposible identificar el ADN. Sin embargo, para acreditar que en esa reducción están los huesos de Cervantes están contrastadas las certezas histórica-documental, arqueológica y antropológica.

No se desecha que se emprenda una tercera fase de investigación, por ejemplo, como indicó Ana Botella a ABC en una reciente entrevista, sobre los huesos de niños que aparecen en ese conjunto de restos. La alcaldesa y Pedro Corral, delegado de Las Artes, despiden su mandato con este nuevo descubrimiento sobre la búsqueda de Cervantes.

Transcripción del registro

El Passo Honroso de Suero de Quiñones, una gesta tan legendaria… como real


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  • El caballero leonés quedó libre de su prisión de amor tras enfrentarse durante 30 días a rivales en el puente de Órbigo
abc Las Justas medievales del Passo honroso en Hospital de Órbigo están declaradas de Interés Turístico Regional

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Las Justas medievales del Passo honroso en Hospital de Órbigo están declaradas de Interés Turístico Regional

«Digan que fueron burlas las justas de Suero de Quiñones, del Passo», pone Miguel de Cervantes en boca de Don Quijote. De todas las gestas que absorbieron el seso de Alonso Quijano, el «fecho de armas» del caballero leonés fue un hecho histórico, aunque cuente con todos los ingredientes de una novela de caballería o una leyenda.

El escribano del rey Juan II de Castilla, Pedro Rodríguez de Lena, documentó el Passo honroso de Suero de Quiñones en un manuscrito del que se conservan 5 copias, una completa en el Monasterio de El Escorial. Sucedió en el «año del naçimiento de Nuestro Señor Jesuchristo de mil é quatroçientos é trenta é quatro años» cerca del puente de la villa de Hospital de Órbigo, en el camino de Santiago, «que es a seis leguas de la noble çiudad de León, é a tres de la çiudad de Astorga».

Allí, entre el 10 de julio y el 9 de agosto de 1434, Suero de Quiñones y otros nueve caballeros se batieron contra todo el que intentara cruzar el puente para librarse de la «prisión de amor» por la que éste llevaba todos los jueves una argolla de hierro al cuello.

«Nos hallamos en tiempos de la épica caballeresca y el amor cortés, la idealización de la mujer, el servicio a la dama, y aquellos aguerridos caballeros ponían sus ojos en el contrapunto de su rudeza: la delicadeza de las féminas, que les correspondían portando orgullosas, incluso manchado de sangre, el jubón o túnica sin mangas que su caballero había lucido sobre la armadura durante el combate», explica Carlos Taranilla de la Varga.

El historiador, autor de la adaptación anotada de «El Passo Honroso de don Suero de Quiñones», aclara que el «Passo» no fue una justa sinoun «fecho» de armas ya que la lucha singular a caballo y con lanza tenía un claro propósito, no era una mera demostración de la destreza con las armas.

La prueba, para la que se fijó un pormenorizado reglamento, estuvo autorizada por el propio monarca y se celebró con el auspicio de don Álvaro de Luna. El Condestable de Castilla, a quien servía don Suero desde los 17 años, «quería dejar en segundo plano la que había protagonizado don Enrique de Aragón -el «Passo de la Fuerteventura, el 18 de mayo de 1428- la cual, a su vez, intentó oscurecer las organizadas por el propio Álvaro de Luna para festejar la estancia en Valladolid de doña Leonor, hermana de la reina doña María de Castilla, en su camino hacia Portugal para casarse con el infante don Duarte».

«Había una rivalidad entre los dos principales reinos cristianos de la península, que se manifestaba a todos los niveles», continúa Taranilla de la Varga. Hubo por tanto «una doble motivación: en primer lugar, política; en segundo plano, caballeresca».

Según el manuscrito original, los jueces del Paso le libraron a don Suero de su argolla al darle su rescate por cumplido tras permanecer durante 15 días antes y 15 días después del apóstol Santiago esperando caballeros en el puente de Órbigo. Era la segunda de las condiciones de la prueba. Los diez «mantenedores» del Passo, que se enfrentaron a 68 aventureros, no llegaron a partir las 300 lanzas en las que don Suero había concertado su liberación.

El franciscano Juan de Pineda, que resumió y adaptó el manuscrito original para la imprenta en 1588, relata que don Suero y su cortejo se trasladaron a la ciudad de León, donde dieron gracias en la Catedral y se celebraron grandes fiestas. Don Suero se desplazó de León al castillo de Laguna de Negrillos, donde vivían sus padres, para sanar las heridas que traía del Passo. Una vez curado, peregrinó hasta Santiago de Compostela («era año santo», recuerda Taranilla de la Varga) y dejó un brazalete de oro al cuello del relicario de Santiago Alfeo que aún hoy ostenta.

Nada de esto recoge el manuscrito original. Carlos Taranilla cree que Juan de Pineda, cautivado por el personaje y la historia, «entró en ella quitando y añadiendo» ya que «hay numerosas expresiones e incisos superpuestos, incluso algún epígrafe, que parecen de su propia cosecha, yendo en aumento a medida que avanza el texto». De ser así, el franciscano habría alargado un siglo después la historia, «aunque queda la incógnita de si existió otro manuscrito o “Libro de mano” que aún desconocemos», apunta.

Al año siguiente, don Suero se casó con Doña Leonor de Tovar, «a quien por conjeturas se supone la dama “cuyo yo soy”, o sea, de la que estaba enamorado», continúa Taranilla.

El caballero leonés tuvo un trágico final. Fue asesinado en 1458 en Barcial de la Loma (entre León y Valladolid) por los escuderos de Gutierre de Quijada, «quien no le había perdonado odios del Passo honroso».


Erratas y omisiones detectadas

23 de abril – Dia Internacional del Libro


El día 23 de abril fue elegido como “Día Internacional del Libro”, pues coincide con el fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega en la misma fecha en el año 1616. (Realmente no es tal fecha: Cervantes falleció el 22 y fue enterrado el 23, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano). En esta fecha también fallecieron William Wordsworth (en 1850) y Josep Pla (en 1981).

La Unión Internacional de Editores propuso esta fecha a la Unesco, con el objetivo de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la Unesco la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el “Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor”.

Anexamos una interesante infografia sobre los libros

infografia-libro

10 anécdotas curiosas de escritores hispanos

(by Iberlibro.com)

Disfrutad con las siguientes anécdotas literarias, todas ellas protagonizadas por autores hispanos. ¡No les falta ingenio!

1. Jorge Luis Borges, mientras ejercía como profesor en la universidad, preguntó a una alumna su opinión sobre Shakespeare, a lo que ella contestó:

—Me aburre. Al menos lo que ha escrito hasta ahora.

—Tal vez Shakespeare todavía no escribió para vos. A lo mejor dentro de cinco años lo hace.

2. Camilo José Cela acababa de ser anunciado como ganador del Premio Nobel. Un periodista le preguntó:

—¿Le ha sorprendido ganar el premio Nobel de Literatura?

—Muchísimo, sobre todo porque me esperaba el de Física.

3. Jacinto Benavente recibió la visita de un conocido suyo, que no tenía gran éxito como dramaturgo. Durante el recorrido por la casa, el invitado quedó asombrado por la amplia biblioteca que poseía el escritor y exclamó:

—¡Vaya, Don Jacinto! Con tantos libros ya se pueden escribir buenas comedias.

—Pues adelante, amigo mío, están a su disposición.

4. Miguel de Unamuno conversaba con Alfonso XIII tras recibir de su mano la Gran Cruz.

—Me honra, Majestad, recibir esta cruz que tanto merezco.

—¡Qué curioso! La mayoría de los galardonados aseguran que no se la merecen.

—Señor, en el caso de los otros efectivamente no se la merecían.

5. Emilio Carrere acostumbraba a ser impuntual en su empleo en el Tribunal de cuentas, en Madrid. Un día, su jefe inmediato lo llamó y le dijo:

—Mire usted, Carrere, con esa manía de retrasarse, va a llegar un momento en el que se presentará usted todos los días al día siguiente.

6. Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán mantuvieron una relación amorosa pero, según se cuenta, tuvieron por lo menos un divertido roce al cruzarse en una escalera.

—¡Adiós, viejo chocho! —dijo ella.

—¡Adiós, chocho viejo!

7. Ramón de Campoamor concluyó de la siguiente manera su disculpa por no poder asistir a una invitación en casa de Antonio Cánovas del Castillo.

—Recuerdos a don Antonio, a quienes unos envidian el talento, otros la casa y todos la mujer.

8. Antonio Alcalá Galiano se encontró con una conocida que no veía hacía más de 20 años.

—Don Antonio, le encuentro muy viejo.

—Tampoco usted está más joven. Le ocurre lo que a los que se embarcan por vez primera: que cuando el barco comienza su singladura les parece que es la tierra la que se va de ellos, y que ellos no se mueven.

9. Jorge Luis Borges estaba siendo entrevistado en Roma por un periodista que trataba de provocarlo.

—¿En su país todavía hay caníbales?

—Ya no. Nos los comimos a todos.

10. Jacinto Benavente estaba elogiando la figura de Ramón del Valle-Inclán en una de sus habituales tertulias, cuando alguien le dijo:

—Pues Don Ramón no opina lo mismo de usted.

—A lo mejor estamos equivocados los dos.

Es Miguel de Cervantes… pero todavía no hay prueba del ADN


El Mundo

  • Las investigaciones en el Convento de las Trinitarias llegan a puerto después de años de dudas: el féretro identificado en una tabla como M.C. es el del autor del ‘Quijote’.
Fotografías: AYUNTAMIENTO DE MADRID

Fotografías: AYUNTAMIENTO DE MADRID

Se le acabó la paz a Miguel de Cervantes y a su mujer. Después de casi cuatro siglos de tierra y polvo, los historiadores que durante los últimos años han investigado en el subsuelo de la cripta del Convento de las Trinitarias de Madrid, tienen la certeza de que ahí están los restos del escritor, perdidos entre 1698 y 1730, el periodo en el que se reconstruyó la iglesia. En cambio, el equipo reconoce que ha renunciado a individualizar al escritor entre los fragmentos de otras 17 personas con las que comparte nicho.

El pasado 11 de marzo, los investigadores aseguraron que ya habían encontrado los restos óseos del escritor y su esposa, Catalina de Salazar. Sin embargo, fuentes del Ayuntamiento matizaron que el estado de los trabajos del equipo de investigación aún no garantizaba que se hubiesen encontrado los restos. En la rueda de prensa de esta mañana, los responsables de la investigación han reconocido que su ‘veredicto’ no responde a pruebas ciertas, sino a la “existencia de muchas coincidencias y ninguna discrepancia”. No hay ADN que verifique las concllusiones.

¿Qué restos? En las Trinitarias se encontraron, junto con material óseo de varios adultos, un nicho que contenía una tabla con las iniciales M.C., cuya antigüedad remite a los tiempos de Cervantes.

Según fuentes de la investigación, no se trataba del punto de enterramiento donde el escritor fue sepultado en 1616 sino el sitio al que se trasladaron sus restos óseos con posterioridad a 1673, cuando comenzaron las obras de remodelación de la iglesia, ahora catalogada como bien de interés cultural (BIC) y ubicada en el madrileño barrio de las Letras.

¿Sorpresas de la investigación? En la cripta había dos momentos de enterramiento. En la primera cota, aparecieron cuerpos momificados, ropas perfectamente conservadas (aunque muy posteriores a la época de Cervantes). Y, en la segunda, había muchos cuerpos infantiles procedentes de distintas clases sociales y, en muchos de los casos, enfermos de raquitismo.

Y en la esquina sureste de la cripta, apoyado directamente sobre el nivel geológico, aparecieron dos ataúdes datados en el siglo XVII por sus ropas y por una moneda de 16 maravedíes de Felipe IV. En ese nivel, los científicos tienen la certidumbre de que están los restos del escritor, aunque no se atreven a separar qué huesos son del escritor y cuáles no.

La vida de película de Miguel de Cervantes, herido en Lepanto y apresado por piratas


ABC.es

  • A su regreso a España tras la batalla, unos piratas asaltaron su barco. El escritor, en posesión de elogiosas cartas de don Juan de Austria y del nieto del Gran Capitán, fue tomado por un gran noble y se le puso un rescate desorbitado
La vida de película de Miguel de Cervantes, herido en Lepanto y apresado por piratas

ABC Ilustración que muestra a Miguel de Cervantes combatiendo en Lepanto

Apodado «el Manco de Lepanto», Miguel de Cervantes Saavedra quedó toda la vida sacudido por las consecuencias de dicha batalla. En ella perdió la movilidad de una mano, en ella se colmó de gloria y por ella fue capturado cuando regresaba a la península. Porque quizá solo alguien que ha sido privado de libertad puede hablar de ella con tanta lucidez, Cervantes dio forma durante su largo cautiverio a la más alta ocasión que los tiempos podrán leer: «El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha».

Hijo de un hidalgo arruinado, Cervantes nació probablemente en Alcalá de Henares, dado que allí fue bautizado y ejerció su padre el oficio de cirujano durante una temporada. Su familia, de la cual se ha afirmado sin muchas pruebas que era judeoconversa por ambas líneas, deambuló por Castilla en busca de trabajo como cirujano para su padre, cuya situación económica nunca fue buena. Sin estudios universitarios, pero dispuesto a no ser más una carga para su familia, Cervantes se trasladó a Madrid en 1566, donde escribió sin mucho éxito varios poemas y mostró vivo interés por el teatro. Una providencia de Felipe II de 1569 ordenó prender al castellano –que se había hecho discípulo de López de Hoyos– acusado de herir en un duelo al maestro de obras Antonio Sigura. Como haría Lope de Vega, Alonso de Contreras o Calderón de la Barca tiempo después, el hidalgo se alistó en los tercios de Flandes para prevenirse de la persecución del Rey, quien firmaba encantado sumar otro infante a su incansable maquinaria bélica.

Destinado en la eterna guerra de Flandes, el Tercio del capitán Lope de Figueroa, en el que servía y mucho después lo haría Lope de Vega, fue reclamado para tomar parte en la llamada Santa Liga, que se proponía presentar duelo al Imperio Otomano. La actuación de los tercios embarcados en esta lucha es bien conocida. A grandes rasgos, la infantería español sostuvo la victoria, en lo que se convirtió en una batalla terrestre sobre las cubiertas de las galeras; y en concreto, el Tercio de Figueroa jugó un papel determinante.

La compañía de Cervantes, dirigida por Diego de Urbina, que armaba una galera llamada «la Marquesa», soportó uno de los ataques de mayor crudeza que recibió la armada cristiana. Cuando la batalla parecía terminada, el almirante Uluch Alí –responsable del flanco izquierdo musulmán– dejó atrás a Juan Andrea Doria, con el que había protagonizado un alarde de maniobras en dirección al mar abierto, y cargó junto a sus galeras a todo bajel que encontró de costado. En realidad, el comandante turco no guardaba ya esperanzas de vencer en aquella jornada, pero buscaba un buen botín antes de acometer su retirada definitiva. Entre las seis galeras que se llevaron la peor parte, estaban la capitana de la Orden de Malta y «la Marquesa» donde combatía Cervantes.

«La Marquesa» fue víctima de una sangría de la cual solo Cervantes y unos pocos pudieron salir con vida. El joven escritor de Alcalá de Henares se encontraba con fiebre en la bodega del barco cuando fue informado de que el combate amenazaba con engullirlos. «Señores, ¿qué se diría de Miguel de Cervantes cuando hasta hoy he servido a Su Majestad en todas las ocasiones de guerra que se han ofrecido? Y así no haré menos en esta jornada, enfermo y con calentura», bramó según la leyenda el escritor de solo veintiún años, que, pese a las protestas de su capitán, fue puesto a cargo de 12 soldados y situado en la zona de proa, allí donde corría más sangre.

Cervantes fue herido por dos veces en el pecho y por una en el brazo. Aunque no fue necesario amputación, el escritor perdió la movilidad de la mano izquierdo «para gloria de la diestra». La estoica resistencia de Cervantes inspiró al resto de soldados a aguantar hasta la llegada de Álvaro de Bazán, quien desde la retaguardia se dedicó a reforzar los puntos críticos durante toda la batalla. Fue entonces cuando, aprovechando el viento a favor, Uluch Alí emprendió su huida del golfo de Lepanto, que a esas alturas era un rojizo reguero de muerte.

Preso durante 5 años: fugas y castigos

Tras la contienda, el aprendiz de poeta dejó la compañía de Urbina para pasar a la de Ponce de León. Con esta unidad, como soldado aventajado –tenía un complemento extra de sueldo por distinguirse en batalla–, participó en las conquistas de la isla de Navarín, Túnez, La Goleta y Corfú. En 1575, el soldado madrileño pidió licencia para regresar a España después de seis años de combatir en los ejércitos del Rey.

La bizarra actuación del «Manco de Lepanto» (llamado así aunque solo perdió la movilidad de la mano) no había pasado desapercibida para el almirante capitán don Juan de Austria, quien le dedicó una elogiosa carta que, por seguro, le hubiera garantizado patente de capitán en la corte de Felipe II. Es decir, el derecho a reclamar al Rey una compañía de soldados. Sin embargo, la galera en la que regresaba fue embestida por piratas berberiscos cerca de la costa catalana. El escritor –en posesión de la valiosa carta y otra en idénticos términos del duque de Sessa, nieto del Gran Capitán– fue tomado por un gran noble, y, en consecuencia, por un cautivo de enorme valor. Los corsarios pusieron un precio de quinientos ducados, más de dos kilos de oro, que por supuesto ninguno de sus familiares podía pagar.

Cervantes fue trasladado a Argel, donde se encontraban presos otros 30.000 cristianos. Un año después de su llegada, el joven madrileño encabezó una fuga con el propósito de llegar a la plaza española de Orán. No obstante, el puñado de españoles fugados fue capturado al poco tiempo, y su cabecilla castigado a llevar siempre grilletes de hierro. Lo cual no evitó que en 1577 volviera a escaparse y se escondiera durante cinco meses en una cueva hasta que un renegado reveló su posición. En 1578, Cervantes organizó una sublevación de cautivos que fue apagada antes de empezar, cuando se descubrió una carta suya pidiendo el apoyo del gobernador español de Orán. Y como si quisiera promediar una fuga por año, en 1579, estuvo detrás de una huida de sesenta españoles en barco que también se malogró por el chivatazo de un renegado.

La actitud de Cervantes y su alto precio llevaron al bajá de Argel a pedir su traslado a Constantinopla, donde jamás había escapado ningún cautivo. No en vano, días antes de ser enviado a la capital turca, unos sacerdotes trinitarios, la misma orden que rige el convento donde hoy reposan sus restos mortales, pagaron los quinientos ducados.

A su regreso a España en 1580, el Rey lo recibió en persona y le encomendó un último servicio militar: viajar a Orán como agente secreto para recabar información. Con 33 años, Cervantes dio por finalizada su etapa de soldado y se estableció en Castilla. En total había estado 5 años encerrado en Argel, pero todavía iba a pasar media docena de veces por prisiones españolas. En varias ocasiones por requisar grano perteneciente a la Iglesia para abastecer a la Armada Invencible, acción que también le causó dos excomuniones. Sus largas estancias en prisión, paradójicamente, le proporcionaron el tiempo y la perspectiva para desarrollar su prodigiosa obra literaria.

¿Cómo saber si son los huesos de Cervantes?

Hallan un féretro con las iniciales M. C. en la iglesia donde buscan a Cervantes


El Mundo

  • Se analizarán los restos para comprobar si se corresponden con los del escritor
  • Los investigadores dicen que ‘está todo abierto’ y que no hay ‘conclusiones’ definitorias
    Féretro en mal estado y con las iniciales M.C encontrado en un nicho en la iglesia de las Trinitarias de Madrid.EFE

Féretro en mal estado y con las iniciales M.C encontrado en un nicho en la iglesia de las Trinitarias de Madrid.EFE

Entre los trozos de un ataúd de madera carcomida por el paso de los siglos, el equipo de investigadores que busca a Miguel de Cervantes ha encontrado una prueba que podría resultar concluyente: las iniciales M. C., remachadas en hierro, están incrustadas en uno de los laterales del féretro, en cuyo interior además se han encontrado varios huesos. Será el análisis de los mismos, que está previsto que se realice en las próximas horas, lo que confirmará si se trata o no de los restos del autor del Quijote, fallecido en 1616.

Nueve meses han sido necesarios para que una treintena de expertos haya accedido por fin a las entrañas de la iglesia del Convento de las Trinitarias de Madrid, en el barrio de Las Letras, el lugar en el que según las referencias documentales de la época se cree que fue enterrado el escritor. Los trabajos de exploración de las sepulturas que atesora la cripta comenzaron este sábado en medio de una gran expectación mediática. Un portavoz del Ayuntamiento de la capital ha confirmado el hallazgo en el nicho número uno.

El hueco en cuestión parece haber sido rellenado con escombros como tejas y restos de ladrillos, lo que hace suponer que “allí se hayan colocado restos de otros enterramientos anteriores”. De hecho, aparte del retazo con las iniciales M. C., en su interior también se han hallado “maderas que parecen tener otro origen y desechos de más féretros”, lo que hace pensar a los investigadores que en ese mismo dentro hay restos óseos de varios individuos.

Pese al hallazgo, los investigadores consideran que “está todo abierto” y que no hay “conclusiones” definitorias, aunque uno de los directores del proyecto ha dicho estar convencido de que se trata de un avance “muy importante, que indica lo que indica”.

A falta del análisis de los huesos asociados a este enterramiento, parece probable que sea aquí es donde descansaban desde hace 400 años los restos mortales de Cervantes. En la búsqueda han participado arqueólogos, forenses, técnicos e historiadores.

Un proyecto ‘ambicioso’ y ‘de relevancia’

El pasado mes de abril el Ayuntamiento de Madrid impulsó «uno de los proyectos más ambiciosos y de mayor relevancia de la historia de la capital» para tratar de encontrar la tumba del escritor. El foco se puso en el Convento de las Trinitarias a partir de «un sólido estudio científico e histórico».

El primer paso fue explorar con georadar la iglesia, cuyos resultados delimitaron cinco zonas claras con posibles enterramientos. A partir de ahí el equipo multidisciplinar de investigadores, con el forense Francisco Etxeberría a la cabeza, diseñó una hoja de ruta para continuar con la búsqueda.

El lugar en el que se decidió actuar inicialmente fue en la cripta, donde hay una treintena de nichos, y cuyo acondicionamiento había permitido la instalación de un laboratorio para poder analizar ‘in situ’ los huesos encontrados. Ataviados con monos blancos y un silencio sobrecogedor, los expertos comenzaron el sábado las labores de búsqueda de esta segunda fase.

Previamente, los pasados 17 y 18 de enero, se había realizado un nuevo estudio tecnológico. Los trabajos efectuados por la empresa Falcon High Tech consistieron en «una prospección geofísica mediante georadar (GPR) y antena de alta resolución de 400 Mhz en el suelo del habitáculo y termografía infrarroja (TIR) y fotografía infrarroja (IR) en los paramentos verticales y horizontales», según explicó el viernes el Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid.

En este análisis se detectaron entre cuatro y ocho nuevos enterramientos en el suelo. También se fotografiaron con espectro infrarrojo todos los dibujos e inscripciones de las paredes de la cripta.

La principal hipótesis

La hipótesis con la que se trabajaba es que el escritor fue enterrado inicialmente en una tumba y que después, en una de las reformas de la iglesia, habría sido trasladado a uno de los nichos de la pared, donde presuntamente ha sido encontrado.

En estos dos días de trabajo que comenzaron el sábado, y que en un principio se había previsto que duraran 10 días, se han realizado inspecciones por endoscopia en los enterramientos, practicando perforaciones de unos 20 mm de diámetro. Si se consideraba necesario, como en este caso, se procedía a extraer los restos óseos para examinar cuestiones relativas al perfil antropológico de los restos (morfología, edad, estatura…).

Aún no han trascendido los detalles del hallazgo en el interior de la caja de madera desportillada, pero es probable que los investigadores a estas alturas hayan podido detectar en esos huesos algunos de los rasgos característicos del autor alcalaíno: su mano izquierda estaba inutilizada (aunque no era manco) y tenía tres disparos de arcabuz en el pecho tras su participación en la Batalla de Lepanto.

El Ayuntamiento de Madrid ha subvencionado la prospección en el Convento de las Trinitarias para localizar los restos de Cervantes, que en conjunto ha costado unos 62.000 euros. Se trata de una inversión mínima si se tiene en cuenta la repercusión económica que se espera que tenga el hallazgo, de confirmarse finalmente: sólo el anuncio de la búsqueda supuso un impacto mediático de 16 millones de euros.

El insulto más violento que Cervantes y Quevedo manejaron con maestría


ABC.es

  • Es uno de los sintagmas insultantes más antiguos en cualquier lengua y además posee más de doscientas variantes. ¿Sabes a cuál nos estamos refiriendo?
El insulto más violento que Cervantes y Quevedo manejaron con maestría

JOSÉ RAMÓN LADRA Calle en honor de Miguel de Cervantes , en el barrio de las Letras de Madrid

Ante cualquier situación de bronca o trifulca, uno de los insultos clásicos que más sale a colación es el que va a centrar todas las miradas a lo largo de las siguientes líneas. Dado su alta carga ofensiva y chabacana, vamos a intentar reproducirlo las veces que sean estrictamente imprescindibles, intentando pedir disculpas al lector de antemano y evitando que quien suscribe este artículo sea considerado un «hijo de puta» por su lenguaje zafio y bravucón. Si era una pista demasiado evidente sabrá ya cual es el término investigado, y si no lo es, continúe leyendo.

Como bien remarca Pancracio Celdrán en el «El gran libro de los insultos», publicado por la editoria La Esfera, esta palabrota es uno de los sintagmas insultantes más antiguos en cualquier lengua. «El hideputa o hijoputa se pasea por los campos de nuestra literatura desde la alta edad media. Es uno de nuestros insultos clásicos con sus más de doscientas variantes. Su uso en castellano se remonta al siglo XI». Siguiendo con la tónica general de este tipo de palabras, también posee varios significados, «con el que se afrenta a quien de hecho es hijo ilegítimo o espurio, recordándosele sus orígenes para humillarle con algo que en el fondo no es responsabilidad suya; también se emplea como forma violenta de expresar el desprecio y la injuria, al margen de la realidad del contenido semántico».

Durante muchos años fue el más violento y soez de los agravios, amén de una ofensa que requería grandes dosis de satisfacción. Recuerda Celdrán que ya en el fuero de Madrid (1202) se castigaba severamente a todo aquel que osara afrentar a un vecino de la villa con este ‘verbo vedado’ o palabra prohibida, cuya importancia en la literatura española ha quedado de manifiesto, «las palabras gruesas, como ésta, tienen un tratamiento abundante en todos los grandes autores, desde el anónimo autor del Poema de Mío Çid, hasta nuestro tiempo, pasando por Cervantes y Francisco de Quevedo, grandes escritores que manejaron el insulto con maestría».

Además, gracias a esta disciplina, se tiene constancia de que el vocablo no siempre fue utilizado como punta de lanza, «en diversos pasajes de la literatura áurea, como en el Quijote, el término tendía a convertirse en exclamación ponderativa sin intención de injuria, en la línea en que hoy la utilizamos en el ámbito de la amistad o la familia en frases expresivas de asombro fingido». Sin embargo, este uso, a menudo festivo o en tono de broma, no evitó que dejara de ser un insulto serio, «sobre todo por las connotaciones sociales y la humillación pública que suponía».

Celdrán hace hincapié en las diferentes formas abreviadas que abarca, con la intención de quitar hierro a la expresión, «la propia violencia que desprende ha hecho necesaria la creación de paliativos eufemísticos que quitasen grosor a la injuria, tales como ‘ahijuna’ (hijo de una puta) o ‘juepucha’ (hijueputa argentino). En otros casos se prefiere crear un clima de distensión y cierto tono festivo, eludiéndose la voz puta y cargando la mano sobre la del hijo, que es a quien se quiere ofender, y de quien se ríe el insultante, dejándolo en ridículo y expuesto a la broma». Gracias a ello, debemos la existencias de otras formas coloquiales como ‘hijo de condón pinchado’, ‘hijo de la Gran Bretaña’, ‘hijo de la piedra’, hijo de la chingada’, o el más burdo de todos… ‘hijo de perra’.