La otra mitad del meteorito de Chelyabinsk está aún «ahí arriba»


ABC.es

  • Tres estudios independientes analizan la trayectoria, velocidad y composición de la famosa roca que impactó en Rusia, cuya explosión fue equivalente a la de 600.000 toneladas de TNT
La otra mitad del meteorito de Chelyabinsk está aún «ahí arriba»

Andrea Carvey, Mark Boslough, Brad Carvey
Simulación de la explosión del meteorito de Chelyabinsk

El meteorito que explotó sobre los cielos de Chelyabinsk en febrero de 2013 fue el de mayor intensidad desde el evento Tunguska, que se produjo en Siberia en 1908 y arrasó 2.000 km cuadrados de tundra siberiana. Sin embargo, y a diferencia de aquella ocasión, esta vez miles de cámaras, desde sofisticados telescopios y satélites a cámaras caseras e incluso teléfonos móviles, capturaron hasta el último detalle de la brillante trayectoria y posterior explosión de la roca espacial, proporcionando a los investigadores un material de incalculable valor para comprender esta clase de fenómenos.

Esta semana, Nature y Science, las dos principales revistas científicas del mundo, publican tres estudios con las conclusiones de varios equipos de investigadores. “Si la Humanidad no quiere seguir el mismo camino que los dinosaurios – dice en Science Quing-Zhu Yin, profesor de Ciencias Planetarias de la Universidad de Davis- necesitamos estudiar un evento como éste con todo detalle”. El meteorito de Chelyabinsk, cuyos restos fueron recientemente recuperados del fondo del lago Chebarkul, pertenece a la clase más común de meteoritos, las condritas. “Si se produjera en el futuro un impacto catastrófico –añade Yin- lo más probable es que el responsable fuera un objeto de este tipo”.

El equipo del que Yin forma parte, liderado por Olga Popova, de la Academia Rusa de Ciencias, y por el astrónomo de la NASA Peter Jenniskens, agrupa a otros 57 investigadores de nueve países diferentes. “Nuestro objetivo –señala el propio Jenniskens- es el de comprender todas las circunstancias que dieron lugar a la onda expansiva que envió a 1.200 personas al hospital en la zona de Chelyabinsk ese día”. La explosión fue equivalente a la de 600.000 toneladas de TNT.

Basándose en los múltiples vídeos disponibles, tomados desde todos los ángulos, el equipo ha podido determinar con precisión la trayectoria del bólido y también su velocidad, que fue de 19 km. por segundo en el momento de entrar en la atmósfera. “nuestro modelo de entrada del meteoroide –explica Olga Popova- muestra que el impacto fue causado por un único fragmento de roca de 20 metros de diámetro, que se fragmentó después a una altitud de 30 km.

Más brillante que el Sol

La terminología cientofica distingue entre “meteoroide”, que es el objeto original; meteoro, que es el (o los) objetos que dejan brillantes estelas en el cielo; y meteorito, que es el (o los) objetos que finalmente llegan al suelo. Así, el brillo del meteoro alcanzó su máxima intensidad a una altitud de 29,7 km, momento en el que estalló. Para quienes pudieron contemplarlo a simple vista, en ese instante brilló más que el propio Sol. Después se produjeron varias estelas secundarias, mucho menos brillantes.

El equipo de investigadores estima que cerca de las tres cuartas partes del meteoroide original se evaporaron durante la explosión. Y de lo que quedó, la mayor parte se convirtió en polvo. Solo una pequeña parte, pues, con una masa de entre 4.000 y 6.000 kg (o lo que es lo mismo, el 0,05 por ciento del meteoroide), cayó al suelo en forma de meteoritos. El mayor de los restos encontrados pesa unos 650 kg. Y fue recuperado del fondo del lago Chebarkul el pasado mes de octubre por un equipo de la Universidad Federal de los Urales.

La onda expansiva de la explosión rompió cristales, sacudió edificios e incluso abatió a personas en más de 50 poblaciones del área de impacto, unos 90 km. de extensión en el mismo sentido que la trayectoria. La curiosa forma del área afectada se explica por el hecho de que la energía del bólido quedó repartida a diferentes altitudes.

En laboratorio, los investigadores llevaron también a cabo detallados análisis químicos e isotópicos de los fragmentos recuperados en tierra. Se midieron también las propiedades magnéticas de los gránulos metálicos del meteorito y se realizaron incluso tomografías computerizadas para escanear la roca.

La otra parte

El resultado de todas estas pruebas confirma que el objeto de Chelyabinsk era una condrita, una roca de 4.452 millones de años de antigüedad procedente de un enorme enorme impacto que se produjo apenas 115 millones de años después de que se formara nuestro Sistema Solar, hace 4.567 millones de años. Una historia, pues, cargada de violencia. Además, la roca que llegó a la Tierra formaba parte de otra mayor, de la que se escindió hace apenas 1,2 millones de años, probablemente en una “pasada” previa en las cercanías de nuestro planeta.

Lo cual, por supuesto, significa que la otra parte está aún “ahí arriba”, en alguna lugar indeterminado y formando parte de la numerosa población de asteroides cercanos a la Tierra. Yin, subraya que impactos notables, como el de Chelyabinsk o el de Tunguska, suceden con una frecuencia mayor de la que tendemos a pensar. Por ejemplo, en 1976 se recuperaron en China hasta cuatro toneladas de material procedente de una lluvia de meteoritos en la localidad de Jilin.

La NASA rastrea la pluma del meteorito de Chelyabinsk


ABC.es

  • Cuando un meteoro impacta en la Tierra, una parte de él alcanza nuestra superficie, pero una inmensa proporción explota y se transforma en polvo en cuanto entra en fricción con la atmósfera

La NASA rastrea la pluma del meteorito de Chelyabinsk

El físico atmosférico Nick Gorkavyi no pudo ser testigo presencial de uno de los acontecimientos del siglo, cuando el pasado invierno un meteorito explotó sobre su ciudad natal de Chelyabinsk, en Rusia. Sin embargo, Gorkavyi y sus colegas de la NASA han sido testigos de una visión nunca antes vista de las secuelas de la explosión atmosférica del meteorito. Poco después del amanecer el 15 de febrero de 2013, el meteoro o bólido, que medía 18 metros de ancho y tenía un peso de 11.000 toneladas, impactó contra la atmósfera de la Tierra a 18.6 kilómetros por segundo. Quemándose por la fricción con el aire de la Tierra, la roca espacial explotó a 23 kilómetros por encima de las cabezas de los vecinos de Chelyabinsk.

La explosión fue de una potencia 30 veces superior a la energía de la bomba atómica que destruyó Hiroshima. Sin embargo, comparándolo con otros bólidos, su tamaño y potencia destructiva han sido inapreciables. El meteoro que impacto en la Tierra provocando extinciones masivas, incluyendo la de los dinosaurios, medía cerca de 10 kilómetros de ancho y liberó una energía de cerca mil millones de veces la de la bomba atómica.

Algunos de los pedazos sobrevivientes del bólido de Chelyabinsk cayeron al suelo. Sin embargo, la explosión también depositó cientos de toneladas de polvo en la estratosfera, lo que ha permitido a un satélite de la NASA hacer mediciones sin precedentes de cómo el material formó un cinturón de polvo estratosférico delgado, pero cohesivo y persistente.

“Queríamos saber si nuestro satélite podría detectar el polvo de los meteoritos”, dijo Gorkavyi, del Goddard Space Center de la NASA en Greenbelt, Maryland, que dirigió el estudio que ha sido aceptado para su publicación en la revista Geophysical Research Letters. “De hecho, hemos visto la formación de un nuevo cinturón de polvo en la estratosfera de la Tierra, y por primera vez se ha logrado la observación en el espacio de la evolución a largo plazo de una pluma de meteorito”. Gorkavyi y sus colegas combinaron una serie de mediciones de satélites con los modelos atmosféricos para simular la forma de la pluma tras la explosión del bólido, y vieron que se desarrolló como una corriente en chorro que recorrió toda la estratosfera del hemisferio norte.

Cerca de 3,5 horas después de la explosión inicial, un satélite de la NASA dedicado a estudiar la evolución del ozono, el Suomi NPP, detectó la pluma en la parte alta atmósfera, a una altitud de cerca de 40 kilómetros, moviéndose rápidamente hacia el este a aproximadamente 300 kilómetros por hora. El día después de la explosión, el satélite detectó que la pluma continuaba su flujo volando hacia el este hasta llegar a las islas Aleutianas. Las partículas más grandes, más pesadas, comenzaron a perder altura y velocidad, mientras que sus las más pequeñas y ligeras se quedaron en el aire y mantuvieron su velocidad dependiendo de las variaciones de velocidad del viento en las diferentes altitudes.

Para el 19 de febrero, cuatro días después de la explosión, la parte más rápida, en los más alto de la pluma, había serpenteado por todo el hemisferio norte al completo y ya estaba de vuelta sobre Chelyabinsk. Pero la evolución de la pluma continuó, y al menos tres meses más tarde todavía se podía detectar sobre todo el planeta una banda del persistente polvo del bólido.

Las simulaciones de los científicos, en base a las observaciones iniciales del Suomi NPP y de los conocimientos previos sobre la circulación estratosférica, confirmaron la evolución observada de la pluma, tanto en lo que se refirió a la ubicación como a la estructura vertical. “Hace treinta años, sólo podíamos afirmar que la pluma se había incrustado en la corriente en chorro de la estratosfera”, dijo Paul Newman, jefe científico del Laboratorio de Ciencias Atmosféricas en Goddard. “Hoy en día, nuestros modelos nos permiten rastrear con precisión la pluma del bólido y entender su evolución a medida que avanza por todo el mundo.”

Las implicaciones de este estudio están por verse. Cada día, alrededor de 30 toneladas de pequeño material del espacio llegan a la Tierra y quedan suspendidos en la zona alta de la atmósfera. Incluso con la adición de los restos de Chelyabinsk, el medio ambiente allí se mantiene relativamente limpio. Las partículas son pequeñas y dispersas, en contraste con una capa estratosférica justo debajo donde se recogen abundantes restos aerosoles naturales de volcanes y otras fuentes.

Aún así, con la actual tecnología de satélites que es capaz de medir con mayor precisión las partículas atmosféricas minúsculas, los científicos pueden emprender nuevos estudios en física atmosférica de gran altitud tales como conocer previamente la mecánica de las plumas de los meteoritos o saber cómo pueden influir estos escombros en las nubes estratosféricas y mesosféricas.

Ya hace tiempo que los científicos sabían que los restos de un bólido explosionado podían permanecer en lo alto en la atmósfera. En 2004, unos científicos en la Antártida hicieron una observación directa de la pluma de un bólido de 1.000 toneladas. “Pero ahora, en la era espacial, con toda esta tecnología, podemos alcanzar un nivel muy diferente de la comprensión de la inyección y la evolución de polvo de meteoritos en la atmósfera”, comenta Gorkavyi. “Por supuesto, el bólido de Chelyabinsk es mucho más pequeño que el asesino de dinosaurios, y eso es bueno: Tenemos la oportunidad única de estudiar con seguridad un tipo de eventos potencialmente muy peligroso”.

Planean un parque temático donde cayó el meteoro que acabó con los dinosaurios


CET – El Mundo

SE DENOMINARÍA ‘METEORITO PARK’

MÉXICO D.F..- El lugar donde hace 65 millones de años se cree cayó el meteorito que acabó con los dinosaurios, en el sureño estado mexicano de Yucatán, albergará un parque ecológico y didáctico, según anunciaron autoridades del Gobierno yucateco.

Junto al cráter de Chicxulub se quiere construir un planetario y observatorio, un museo interactivo y uno temático, una maqueta del impacto, un pequeño zoológico, una muestra de huellas de dinosaurios y juegos de aventura para niños, entre otros atractivos.

El ‘Meteorito Park’ nace con vocación turística para un estado que quiere capitalizar sus atractivos para atraer ingresos. El selvático Yucatán alberga, entre otros reclamos para el visitante, grandes vestigios mayas como las antiguas ciudades de Chichen Itza y Uxmal.

El territorio quiere aprovechar así la derrama de visitantes que llegan del vecino Caribe mexicano, donde los turistas extranjeros que van a disfrutar de la playa están a solo unas horas de las rutas mayas y del cráter que queda hoy como vestigio del fin de los dinosaurios.

La ambición del gobierno yucateco es desarrollar como destino de sol y playa -una de las principales fuentes de ingresos y divisas para el país- el cercano enclave costero de El Cuyo, así como el vecino emplazamiento de Tabi a modo de lugar de turismo familiar y de aventura.

Un lugar estudiado por la NASA

La agencia espacial estadounidense (NASA) ha enviado desde hace años científicos a la zona para determinar si fue el meteorito de Chicxulub el que causó el cambio de la vida en la Tierra, una tesis que parece ser la más probable.

El fenómeno caído de los cielos pudo haber medido cerca de 15 kilómetros de diámetro y dejó un cráter de unos 170 kilómetros. Según los científicos, el impacto originó el fin del 50 por ciento de las especies del planeta. La agencia espacial estadounidense quiere promover también junto al Gobierno mexicano que el emplazamiento sea declarado Patrimonio Científico de la Humanidad por la Unesco.

El parque podría tener unas 56 hectáreas de extensión y requerir de un desembolso cercano a los 20 millones de euros para su desarrollo, de acuerdo a lo revelado por autoridades del Fondo Nacional de Fomento al Turismo mexicano (Fonatur) a medios locales.

El proyecto forma parte de una cadena de desarrollos turísticos en los que el Ejecutivo estatal, el Fonatur y la inversión privada esperan invertir en torno a 299 millones de euros hasta 2030. Los trabajos para su construcción, en terreno federal, comenzarán en septiembre, de acuerdo al organismo. El parque ecológico contará con el apoyo de la NASA, la Universidad de Navarra y la National Geographic Society, también según lo declarado por el Fonatur.