El primer meteorito procedente de la corteza del planeta rojo


El Mundo

Meteorito NWA 7034 encontrado en Marruecos en 2011. | Carl Agee

Meteorito NWA 7034 encontrado en Marruecos en 2011. | Carl Agee

En toda la historia de la Astronomía se han encontrado en la Tierra 113 meteoritos provenientes de Marte. Y, desde que se encontró el primero a principios del siglo XIX, todos ellos han sido estudiados en profundidad por la ciencia. Pero nadie ha logrado demostrar de qué parte del planeta rojo proviene ni uno solo de ellos. De hecho, los últimos datos tomados por los rovers que surcan la superficie marciana, como el recién enviado ‘Curiosity’, y por los orbitadores sugieren una discordancia entre los análisis geoquímicos de los bólidos encontrados en la Tierra y los de la superficie de Marte.

Han tenido que pasar casi 200 años para que se presente el primer meteorito marciano cuya procedencia confirmada es la corteza del planeta rojo, la capa geológica más externa. El hallazgo, que acaba de ser publicado en la revista ‘Science’, corresponde a una roca basáltica de 320 gramos encontrada en Marruecos en 2011. Pero no es un meteorito más. Se trata del primero ligado con la corteza del planeta rojo, el más rico desde el punto de vista geoquímico y que compone en sí mismo una nueva clase de estas rocas cósmicas.

“Este nuevo tipo de meteorito marciano -denominado de forma técnica NWA 7034, por haber sido encontrado en el noreste de África- se asemeja de forma muy precisa a la composición de las rocas de la superficie analizados por el rover Spirit de la NASA”, explica a ELMUNDO.es Carl Agee, investigador del Instituto de Meteorítica de la Universidad de Nuevo México (EEUU) y autor principal del trabajo. “Otros meteoritos marcianos, en cambio, encajan muy pobremente con los que los rovers y orbitadores están viendo sobre la superficie marciana”, asegura el experto.

Meteorito rico en agua extraterrestre

Además, hasta la fecha, se trata del único bólido marciano datado en más de 2.000 millones de años, lo que corresponde con el inicio de la época geológica más reciente de Marte, la denominada era Amazónica que llega hasta la actualidad.

El contenido de agua que encontraron los investigadores en el meteorito deja la cantidad que alberga el resto de bólidos marcianos en niveles casi ridículos. “La química es consistente con un origen superficial y con la interacción con la atmósfera marciana”, dice Agee. La abundancia de agua, de unas 6.000 partes por millón, indica, según los autores, que el meteorito estuvo en contacto con la superficie marciana hace unos 2.100 millones de años.

“Quizá lo más apasionante es que el alto contenido de agua puede significar que hubo una interacción de las rocas con el agua de la superficie marciana o de fluidos de cometas que impactaron con el planeta rojo en aquella época”, asegura Andrew Steele, científico del Laboratorio de Geofísica de la Institución Carnegie de EEUU y autor del estudio geoquímico del nuevo meteorito.

El NWA 7034, encontrado por el rastreador y comerciante de meteoritos Jay Piatek en Aziz Habibi (Marruecos), no tiene nada que ver con ninguno de sus predecesores. “La textura del meteorito NWA 7034 no se parece en nada a ninguno de los anteriores. Está formado de fragmentos de basalto cementados, un tipo de roca que se forma tras en enfriamiento rápido de la lava volcánica”, asegura Steele.

Por ese motivo, y basándose en los estudios realizados por los vehículos enviados a la superficie de Marte y por los orbitadores que estudian el planeta rojo desde el exterior, los investigadores creen que este tipo de rocas basálticas encajan a la perfección con un origen de las capas más superficiales del planeta rojo, ya sea de la corteza o de la capa más externa del manto interno.

Un meteorito pudo provocar que las dos caras de la Luna sean diferentes


ABC.es

  • Su impacto podría ser la causa de que las rocas a uno y otro lados de nuestro satélite sean diferentes
Un meteorito pudo provocar que las dos caras de la Luna sean diferentes

Un meteorito pudo provocar que las dos caras de la Luna sean diferentes

El impacto de un meteorito, que dejó un gran cráter sobre la superficie lunar, podría ser la causa de que las rocas a uno y otro lados de la Luna sean diferentes, informó hoy la revista científica «Nature Geoscience».

Científicos japoneses defienden que la gigantesca cuenca conocida como Oceanus Procellarum (Océano de las Tormentas) y situada en la cara visible de la Luna podría ser, en realidad, el cráter dejado por el impacto de un meteorito en los primeros años de la existencia del satélite natural de la Tierra, hace probablemente más de 4.000 millones de años. «Dado que los rasgos del terreno en la cuenca Procellarum se han perdido prácticamente por completo, la superficie lunar en esa zona debió haber sido muy caliente y blanda en aquel entonces», explicó a Efe el investigador Ryosuke Nakamura, del Instituto Nacional para la Ciencia y la Tecnología Avanzada de Tsukuba (Japón).

Este fenómeno sería el responsable de la creación de la cuenca, y explicaría por qué la superficie de la cara visible de la Tierra está formada en un 30 por ciento por rocas basálticas, apenas presentes en el lado oculto. El equipo de Nakamura estudió la composición de la superficie lunar a partir de datos obtenidos con la sonda japonesa Kayuga/Selene, que estuvo en órbita entre 2007 y 2009.

De esta forma descubrieron una elevada concentración de piroxenos en el lado visible de la Luna, concretamente en los alrededores de la cuenca Procellarum, de más de 3.000 kilómetros de diámetro, y en otras dos cuencas cercanas, Imbrium y Aitken. La presencia de estos silicatos indica que el manto lunar se derritió y parte de sus materiales salieron a la superficie, algo que según Nakamura encaja con las consecuencias del impacto de un meteorito de grandes dimensiones

Un meteorito provocó la última Edad de Hielo


El Mundo

Hace 12.800 años el clima en la Tierra sufrió un repentino enfriamiento, que duró 1.300 años, cuyo origen ha estado poco claro para la ciencia. La teoría de que se debió al impacto de un meteorito en Norteamérica vuelve ahora a tomar fuerza, tras haber sido muy discutida, después de que un equipo internacional de investigadores haya logrado identificar el lugar, en México, en el que colisionó un gran meteorito precisamente en esa época.

Los científicos, un equipo de 16 investigadores de varias universidades, han encontrado, en el Lago Cuitzeo, del centro del país, una capa de sedimento muy fino con una composición de elementos muy extraña, y precisamente de hace 13.000 años. Por su estudio, sería el resultado del impacto de un objeto cósmico contra la tierra, según publican en la revista ‘Proceedings of National Academy of Science’.

Esta colisión, que dejó una capa negra rica en carbono y nanodiamantes, de unos 10 centímetros, estaría en el origen de ese cambio climático, queinició el periodo gélido conocido como Dryas Reciente. Las últimas hipótesis apuntaban hacia un cambio en la corriente del Golfo de México, que habría descargado demasiada agua dulce en el Atlántico Norte, pero este trabajo ‘da alas’ a otra posibilidad. De hecho, hace 65 millones de años un impacto, mucho mayor, provocó el cambio atmosférico que acabó con los dinosaurios.

Nanodiamantes en el fondo de un lago

Los científicos, dirigidos por Isabel Israde-Alcántara, de la Universidad de Michoacana (México), recabaron pruebas que consideran concluyentes, a 2,8 metros de profundidad. Los nanodiamantes, argumentan, son de una familia compatible con una gran colisión cósmica; además los investigadores identificaron las huellas de esférulas (pequeñas bolas), que habrían chocado a gran velocidad durante el impacto.

Ningún evento provocado por el ser humano, los volcanes u otros fenómenos naturales pueden explicar estos sedimentos, aseguran. “Estos materiales se forman solamente con un impacto extraterrestre”, afirma James Kennett, de la Universidad de California, coautor del trabajo.

Los datos del lago Cuitzeo sugieren que fue un asteroide o un cometa de grandes dimensiones fragmentado en pedazos, algunos de varios cientos de metros de diámetro. Este objeto habría entrado en la atmósfera en un ángulo muy bajo, provocando tanto calor que la colisión quemó toda la vegetación que había alrededor e incluso derritió las rocas de la superficie. Como consecuencia, hubo un importante cambio en el clima.

“Estos resultados son consistentes con otros hallazgos en Norteamérica, como la rápida extinción de la megafauna que había entonces, las modificaciones que hubo en el ecosistema e incluso la reducción de las poblaciones humanas y en las transformaciones culturales que hubo”, señala Kennett.

Y es que la capa de sedimento lacustre se encuentra, precisamente, en el nivel Dryas Reciente, que ha sido identificado en todo el hemisferio norte como un momento de gran enfriamiento en la superficie. La única similar que se ha localizado en el planeta es la que está en el límite del Cretácico, tras el que desaparecieron los grandes saurios.

Desaparición de los mamuts

Tras esta segunda gran colisión, hace 12.900 años, habrían desaparecido mamuts, mastodontes, tigres dientes de sable y grandes lobos. “Existe la sincronización entre estos extraordinarios cambios ambientales y bióticos, que también hemos detectado en el mismo lago, y el impacto. Fue una disrupción repentina, muy grande, que ya se conocía, sin conocer la causa”, apunta el investigador californiano.

El Dryas Reciente se ha relacionado con la adopción de la agricultura en el Creciente Fértil: el frío y la sequía obligaron a sedentarizarse a las poblaciones humanas, que tuvieron que buscar métodos de subsistencia más adaptables a los cambios ambientales, pero es una de las muchas hipótesis que se barajan.

Hallan en Marruecos fragmentos de un meteorito procedente de Marte


La Razon

Un equipo internacional de científicos confirmó hoy que los fragmentos de un meteorito que se vio caer como una bola de fuego en Marruecos el pasado julio proceden de Marte.

La Sociedad Internacional de Meteoritos y Ciencia Planetaria publicó en su boletín los detalles de este meteorito, bautizado como Tissint, el mayor que ha llegado a la Tierra hasta ahora.

Se trata de 7 kilos de material rocoso que van desde un gramo a casi un kilo, según explicó a Efe Edward Scott, presidente de la asociación que agrupa 950 científicos, incluidos varios de la NASA, que confirman y nombran los meteoritos.

Los meteoritos son objetos compuestos de roca y metal que a veces se desprenden de los diversos cuerpos del sistema solar, y después de viajar por el espacio caen en la Tierra o la Luna.

La mayoría de los meteoritos no se observan al caer, sino que se encuentran mucho tiempo después y luego son sometidos a una serie de pruebas forenses para determinar su procedencia.

De ahí la importancia de Tissint, que cayó en julio y sus restos comenzaron a recuperarse en octubre, antes de que el contacto con la tierra comenzara a afectarle.

“Las rocas de Marte son muy valiosas y ésta es especialmente importante, ya que su caída es reciente, y ojalá esté libre de cualquier contaminación terrestre”, señaló Scott.

Este meteorito es el quinto procedente de Marte que se ha visto al impactar en la Tierra y según indicó Scott, hay registrados otros 55 meteoritos procedentes de Marte.

La NASA confirmó la procedencia y la autenticidad del meteorito.

Dwayne Brown, uno de los portavoces de la agencia espacial destacó a Efe la importancia de este ejemplar por ser “una muestra reciente, casi sin afectar por la exposición a la atmósfera de la Tierra y la biosfera”.

Brown explicó que “debido a su importancia para la ciencia, la NASA siempre se ha asociado con otras organizaciones para recuperar meteoritos de Marte y otras procedencias”.

El hallazgo de este meteorito “proporcionará una oportunidad maravillosa para estudiar las condiciones antiguas de Marte, incluidos los que podrían haber sido necesarios para la vida”.

La historia de Tissint se remonta a las 2 de la madrugada del 18 de julio de 2011, cuando una brillante bola de fuego fue observada por varias personas en la región del valle del Oued Draa, al este de la región de Tata en Marruecos.

Uno de los testigos, Aznid Lhou, informó de que el fuego era de color amarillo al principio y se transformó en un color verdoso que iluminó todo el área antes de parecer que se dividía en dos partes y se escucharan dos explosiones sobre el valle.

En octubre de 2011, los nómadas comenzaron a encontrar en una remota área de la cuenca del Oued Drâa, unas piedras poco comunes recubiertas por una corteza de color negro, con crestas en la capa exterior y algunas zonas más brillantes.

Otras de las rocas tienen la corteza más delgada y en algunos se ha fragmentando dejando entrever otras zonas grisáceas con macrocristales de olivino amarillo muy pálido y algunos pequeños focos de vetas muy finas de cristal negro, todas sin evidencias de acción de los elementos terrestres.

Hallan elementos del ADN en algunos meteoritos


El Mundo

  • Han encontrado numerosas nucleobases que forman parte del ADN
  • Se han utilizado una docena de meteoritos, casi todos condritas carbonáceas

Los meteoritos que caen en la Tierra llegan con importantes pistas sobre los elementos químicos que había cuando el Sistema Solar se estaba formando y cada vez hay más evidencias de que pudieron participar en el origen de la vida. En los últimos años, se han encontrado aminoácidos en su composición, pero no se había logrado confirmar la existencia de núcleobases, los ‘ladrillos’ del ADN y el RNA, hasta ahora.

Una investigación, publicada en la revista ‘Proceedings of National Academy os Science’ ha concluido que estas nucleobases sí que pueden tener un origen extraterreste porque los hay en gran cantidad y diversidad en algunos de los meteoritos estudiados, 11 condritas y una ureilita.

En las condritas carbonáceas, un tipo de meteorito muy rico en elementos orgánicos, ya se localizó hace unos años la presencia de aminoácidos, que son la base de la formación de las proteínas. En algunas también se habían detectado nucleobases, pero no se tenía la certeza de que no procedieran de una contaminación terrestre.

Los investigadores, dirigidos por Michael P. Callahan, de la NASA, y James Cleaves, del Carnagie Institute, analizaron y purificaron las muestras con una nueva técnica espectroscopica. Sólo dos de las condritas habían sido estudiadas previamente.

Finalmente, encontraron que dos de los meteoritos tenían un gran número de nucleobases, y de una gran diversidad. Incluso había compuestos similares, pero que no eran lo mismo, a los que llamaron ‘análogos a las nucleobases’. Tres de estos últimos, además, son muy raros en la Tierra y, de hecho, no se encontraron en las cercanías del lugar donde habían caído las piedras del espacio.

Los autores del trabajo están convencidos de que sólo este hecho prueba que su origen es extraterrestre, pero para confirmarlo decidieron realizar algunos experimentos que lo probaran. Consistieron en reproducir las nucleobases y sus análogos creando las mismas reacciones químicas, gracias al amoníaco y el cianuro, que se producen en el espacio exterior.

Recreación en el laboratorio

El resultado fue el esperado: sus nucleobases sintéticos eran prácticamente iguales a las de los meteoritos, y la diferencia podía deberse a que estos últimos habían estado viajando por el espacio.

Estos resultados tienen implicaciones de gran envergadura, según Jesús Martínez-Frías, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA). “Es una prueba más de que vivimos en un planeta abierto al exterior y que lo que hay fuera ha afectado a lo que ha ocurrido en la Tierra”.

También destaca su importancia la investigadora Susana Iglesias Groth, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). “Trabajos como éste nos dicen que el Universo aporta una formación de moléculas más evolucionadas de lo que se pensaba”.

Iglesias Groth en 2008 encontró naftaleno en una estrella de la constelación Perseo. Poco después de publicar su hallazgo, un grupo de científicos lograron generar 13 aminoácidos, de los 20 que forman la vida, con naftaleno, amoníaco, hielo amorfo y una radiación ultravioleta. “Estoy convencida de que la vida surgió de forma espontánea de forma más sencilla de lo que se piensa, con reacciones químicas que no eran extrañas”, asegura.

De hecho, recuerda que hace miles de millones de años, en el Sistema Solar caían muchos más meteoritos que ahora, por lo que las probabilidades de que se crearan estos ‘ladrillos’ de la vida eran mayores.

Extinción, ¿antes o después del meteorito?


La Razon

El hallazgo del cuerno de un miembro de la familia de los Triceratops abre de nuevo el debate entre los expertos sobre cuándo y por qué desapareció esta especie de la faz de la Tierra

Un equipo de científicos ha descubierto los restos más «jóvenes» que se conservan tras el catastrófico impacto del meteorito que provocó su extinción hace 65 millones de años. Este hallazgo sugiere que esta especie no se extinguió antes del impacto y proporciona algunas evidencias más en cuanto a si el trágico suceso fue en realidad la causa de su extinción.

Los investigadores de la Universidad de Yale descubrieron el fósil de un cuerno ceratopsian, una de las últimas especies que desapareció tras la colisión. Probablemente este resto pertenecía a un Triceratops, de cuya familia se han encontrado otros en la zona montañosa de Hell Creek en Montana (Kentucky, EE UU). Hallaron el fósil enterrado a sólo cinco centímetros por debajo del límite KT, la capa geológica que marca la transición desde el período Cretácico de la era terciaria en el momento de la extinción.

Dado que la hipótesis del impacto de la desaparición de los dinosaurios fue propuesta por primera vez hace más de 30 años, muchos científicos han llegado a creer que el meteorito causó la extinción en masa y acabó con esta especie, pero un punto de fricción ha sido la aparente falta de fósiles enterrados dentro de los 10 metros de roca debajo de la KT límite. La aparente anomalía ha llegado a ser conocida como los «tres metros de distancia». Hasta ahora, esta brecha ha llevado a preguntarse si los dinosaurios no aviares de la época (como el Tyrannosaurus rex, o Triceratops) se extinguieron en algún momento previo al impacto.

Un experimento de 1958 pudo haber demostrado cómo se originó la vida


ABC.es

Los investigadores creen que los relámpagos, la actividad volcánica y los gases reaccionaron entre sí para producir los elementos esenciales

En 1953, un joven investigador, Stanley Miller, se hizo mundialmente famoso por sus estudios sobre el origen de la vida, al reproducir en laboratorio las condiciones que supuestamente se produjeron en la Tierra primigenia. Cinco años después, el científico creó de nuevo esa«sopa primordial» en un segundo experimento similar, pero las muestras fueron olvidadas y, por lo que se sabe, Miller, que falleció en 2007, nunca volvió a trabajar con ellas. Ahora, científicos de laInstitución de Oceanografía Scripps en La Jolla (Estados Unidos) han recuperado ese tesoro científico con resultados que pueden suponer un importante paso en el esclarecimiento de una de las preguntas fundamentales. Tras analizar las muestras, el equipo ha llegado a la conclusión de que los relámpagos, la actividad volcánica y los gases asociados a estos fenómenos podrían haber reaccionado entre sí para producir los primeros elementos creadores de vida. El hallazgo aparece publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Todo comenzó cuando Jeffrey Bada, un ex alumno de Miller, encontró las muestras entre el material de laboratorio del profesor de química. Bada y sus colegas, dirigidos por Eric T. Parker, analizaron de nuevo las muestras archivadas del experimento, que nunca antes se habían dado a conocer. Simulaban las condiciones primitivas de la Tierra al exponer una mezcla de sulfuro de hidrógeno, agua, metano, dióxido de carbono y gas amoniaco a descargas eléctricas similares a los relámpagos.

Las técnicas modernas de análisis químico, que son hasta 1.000 veces más sensibles que los métodos de investigación de los 50, detectaron los aminoácidos que contenían sulfuro, con proteínas y sin ellas y otros componentes en los residuos de la prueba original de Miller. Sólo se detectó una contaminación mínima. Los nuevos hallazgos apoyan la idea de que los volcanes -una fuente importante de sulfuro de hidrógeno en la actualidad- y los rayos convirtieron los gases simples en una gran cantidad de aminoácidos, que a su vez fueron indispensables para la creación de proteínas simples.

Llegada en un meteorito

Los autores también creen que los aminoácidos producidos en el experimento de Miller con el sulfuro de hidrógeno son similares a los encontrados en los meteoritos. Por este motivo, estudiaron dos meteoritos con base de carbono, cada uno con concentraciones de aminoácidos similares a las sintetizadas por Miller. Según los investigadores, estos descubrimientos sugieren que el sulfuro de hidrógeno, en particular, jugó un importante papel en las reacciones químicas que fueron las precursoras del origen de la vida sobre la Tierra y posiblemente en cualquier otro lugar en los inicios del sistema solar. La hipótesis respalda, en buena parte, la polémica teoría de laPanspermia, que dice que los asteroides pudieron esparcir la vida por el Universo, lo que abre la puerta a la existencia de la misma en otros planetas.

Hallan un ingrediente clave para la vida en un meteorito


El Mundo

ASTROBIOLOGÍA | Cayó en un lago de Canadá en 2000

El ácido fórmico, uno de los ingredientes que se consideran fundamentales en el ‘caldo primordial’ del que surgió la vida, se ha detectado en un meteorito que cayó en el lago Tagish de Canadá, en el año 2000.

Según ha anunciado un equipo de investigadores en la conferencia de la Unión Geofísica Americana, los análisis realizados en esta roca han desvelado niveles de esta molécula cuatro veces más altos que la mayor cantidad detectada hasta ahora en otros meteoritos. Además, los científicos están convencidos de que el ácido fórmico tiene un origen extraterrestre.

“Hemos tenido suerte de que el meteorito no fuera manipulado por personas, ya que si esto hubiera ocurrido se hubiera contaminado con compuestos orgánicos que todos tenemos en los dedos”, ha explicado a la BBC Christopher Herd, de la Universidad de Alberta, uno de los autores principales de la investigación.

Las muestras del meteorito, que en total pesan 850 gramos, se encontraron en las aguas del lago Tagish, cuyas bajas temperaturas evitaron que el ácido fórmico se disipara. Los investigadores han sometido estos fragmentos de roca a una exhaustiva serie de análisis, y han descubierto cantidades de este compuesto orgánico que baten todos los récords en este campo de estudio.

Hasta ahora, los científicos habían centrado sus esfuerzos en la exploración del llamado meteorito de Murchison, que cayó en 1969 en la ciudad australiana del mismo nombre, y en el que se encontraron varios tipos de aminoácidos.

“Lo interesante es que estamos descubriendo mucha variedad en los tipos de compuestos que contienen los meteoritos. No nos habíamos dado cuenta de esto al centrarnos en el metorito de Murchison, pero ahora este nuevo hallazgo nos ofrece una nueva perspectiva”, asegura Mark Sephton, del Imperial College de Londres.

La composición química del ácido fórmico detectado en el meteorito del lago Tagish demuestra que probablemente se formó en las regiones más frías del espacio, antes de que existiera el Sistema Solar.

En la Tierra, el ácido fórmico se encuentra en los aguijones de algunos insectos, como las hormigas, pero los expertos creen que fue un ingrediente importante en las reacciones bioquímicas que desencadenaron el surgimiento de la vida en la Tierra.

Algunos científicos consideran posible que los ingredientes fundamentales de la vida pudieron llegar a nuestro planeta desde el espacio, traídas por meteoritos o cometas. Esta hipótesis, conocida como la teoría de la panspermia, es muy controvertida, aunque ha tenido algunos defensores ilustres, como el codescubridor del ADN, Francis Crick.

Se cumplen 150 años del impacto del mayor meteorito caído en España


CET – El Mundo

CAYÓ EN MOLINA DE SEGURA EN LA NOCHEBUENA DE 1858

Hace 150 años, en la madrugada de la Nochebuena de 1858, “las personas que estaban en las calles, en los caminos y en los campos vieron aparecer un magnífico globo de fuego de una brillantez extraordinaria y deslumbradora, que ostentando los colores del arco iris, oscureció la luz de la luna y descendió majestuosamente desde las regiones aéreas”. Así se recoge en un informe encargado por Rafael Martínez Fortún, vecino del municipio murciano de Molina de Segura, en cuya hacienda cayó el mayor meteorito recogido en España.

En 1863 la reina Isabel II aceptó su donación al Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), donde se conserva y exhibe desde entonces. El relato de Martínez Fortún se recoge en un reciente estudio publicado en la revista ‘Astronomy and Geophysics’ por los científicos Jesús Martínez Frías, geólogo planetario del Centro de Astrobiología (INTA/CSIC), y Rosario Lunar, catedrática de Cristalografía y Mineralogía de la Universidad Complutense de Madrid.

Martínez Frías explica que la masa del meteorito de Molina de Segura rondaría los 144 kilos al caer, pero se dividió en varios fragmentos, y el más grande, de 112,5 kilos, es el que actualmente se muestra en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), en Madrid.

Los autores precisan que se trata de una condrita ordinaria, un meteorito rocoso muy primitivo formado por pequeñas partículas esféricas, denominadas cóndrulos, que proceden de la solidificación de polvo y gas de la nebulosa solar primigenia, aquella que dio origen al Sistema Solar y a nuestro propio planeta.

Alto contenido en hierro

Las condritas, que constituyen más del 85% de todos los meteoritos conocidos, se clasifican en diversas clases dependiendo de su mineralogía, texturas y geoquímica. El de Molina de Segura es del tipo H5, por su alto (High, en inglés) contenido en hierro, y por pertenecer al tipo petrológico 5 (número indicativo del grado de alteración sufrido en el ‘asteroide padre’).

Además de las características mineralógicas y geoquímicas del meteorito, el estudio recoge gran parte del informe encargado por Rafael Martínez Fortún. Este vecino de Molina de Segura era el propietario del bancal de cebada donde cayó la roca, y se preocupó de elaborar y registrar legalmente “el testimonio literal de la información ad perpétuam a objeto de acreditar los fenómenos físicos que se observaron al descender un aerolito en la madrugada del día 24 de diciembre de 1858″.

Este y otros documentos han salido a la luz gracias a la labor de los expertos del archivo del MNCN. En el informe uno de los testigos declara que, a los “tres cuartos para las tres de la mañana”, observó que repentinamente se iluminó la atmósfera por “un gran lucero de un resplandor que eclipsaba la luna, y que caminaba del Mediodía al Norte”.

Otro comenta que vio descender “un globo de fuego brillantísimo y de hermosos colores, que no parecía sino que descendía a la Tierra una de las estrellas del cielo”.

“Pasó por encima de esta ciudad a tan poca distancia de la torre de la catedral, que creyeron que iba a tocar en la linterna de dicha torre, pero no sucedió así, sino que recorrió unas tres leguas más, salvando esta ciudad y su término”, aparece en el documento encargado por Martínez Fortún.

El impacto sobre el terreno produjo tal sacudida que levantó de la cama a los vecinos de Molina de Segura, un municipio de la vega murciana que actualmente ronda los 65.000 habitantes. “Despertaron muchas personas de las que se hallaban durmiendo, y todas, excepto las que observaron el fenómeno al aire libre, creyeron que era una de esas tormentas tan frecuentes en esta localidad, llenándoles de terror“, continúa el relato.

Varios de los declarantes coincidieron en señalar que se oyó un gran ruido “como el de un cañonazo”, acompañado de un temblor de tierra “parecido al que ocasiona un terremoto”.

Pistas sobre los orígenes del Sistema Solar

Algunos curiosos se acercaron al lugar de la caída unos días después, “y quedaron todos confusos sin saber quién podría haber producido aquello”. Como removieron un poco la tierra y no encontraron nada, “olvidaron completamente” el suceso. Posteriormente, “durante la siega de la cebada”, a uno de los segadores le llamó la atención el hoyo formado por el meteorito “y escarbando con la hoz tocó un cuerpo duro y resistente, lo que comunicó a sus compañeros”, cuya curiosidad les animó a profundizar en el terreno para ver lo qué descubrían.

“Encontraron una piedra de figura cuadrangular, color negruzco y de un peso extraordinario comparado con su volumen, pues tenía diez arrobas y quince libras, lo cual, unido a que no se parece a piedra alguna de las que ellos habían visto hasta entonces en aquellos alrededores ni en otra parte, les llamó sobremanera la atención, quitándole uno de ellos un pedazo con un golpe que le dio con una maza de hierro”, detalla el informe.

Hasta ahora se desconocía el lugar exacto de Molina de Segura donde impactó la roca extraterrestre, pero Martínez Fortún indica que su hacienda estaba en el “Partido de la Ornera”. Recientemente se ha declarado “lugar de interés geológico” de la Región de Murcia al paraje conocido como “Alrededores del Rellano y meteorito de Molina de Segura”. Además el ayuntamiento de la localidad se ha propuesto, con la ayuda de los científicos, realizar un estudio detallado de la zona por si aparecieran nuevos datos o piezas.

Martínez Frías ha destacado la importancia de este tipo de rocas “por ser materiales únicos que permiten conocer cómo era la materia primigenia del Sistema Solar, y explorar otros cuerpos planetarios (como Marte o la Luna gracias a las meteoritos que proceden de allí), además de servir para evaluar las consecuencias de los grandes impactos a lo largo de la evolución geobiológica de la Tierra”.

El mismo año que cayó el meteorito en Molina de Segura, en 1858, el químico alemán Friedrich Wöhler descubrió que algunos meteoritos transportan materia orgánica, y propuso, por primera vez, que estas rocas extraterrestres podrían ser las portadoras de la vida.

El meteorito que acabó con los dinosaurios produjo una explosión “inconcebible”


EFE – ADN

  • Una investigadora de la ESA y la NASA participa en Yucatán en un ciclo de conferencias sobre el impacto del bólido
  • Una.misión de la agencia espacial de EEUU propuso la semana pasada que Yucatán, donde hace 65 millones de años se produjo el cataclismo, sea declarada Patrimonio Científico de la Humanidad

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El meteorito que cayó en la península de Yucatán (este de México) hace 65 millones de años y que, según algunas teorías científicas, provocó la desaparición de los dinosaurios fue mayor a una hipotética explosión de todo el arsenal atómico del mundo, dijo hoy una científica.

La explosión generada por ese meteorito y que causó la desaparición del 50% de las especies vivas del planeta, es “inconcebible, difícil de imaginar para el ser humano”, dijo Adriana Ocampo, investigadora de la Agencia Espacial Europea (ESA) y científica planetaria de la NASA.

“En los primeros minutos, horas, días y meses después de la explosión, los fragmentos calientes” cayeron y provocaron incendios, dijo Ocampo, según un comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

La semana pasada una misión de la NASA visitó Yucatán para promover que la zona de Chicxulub, donde hace 65 millones de años cayó un meteorito, sea declarada Patrimonio Científico de la Humanidad por la UNESCO.

Ocampo participó en Yucatán en el ciclo de conferencias sobre impacto del meteorito.

Una combinación letal

La científica Ocampo explicó que el impacto se magnificó porque la composición del lugar donde cayó era rica en azufre que se volatilizó, “se hizo vapor y gas, y se convirtió en ácido. La combinación fue letal”.

Por ese efecto, la Tierra se nubló “por más de diez años y eso causó el enfriamiento” y se cree que el impacto ocurrió en primavera porque en Estados Unidos se han encontrado fósiles de flores en botón que quedaron congeladas, dijo Ocampo.

El cráter que dejó el meteorito tiene un diámetro de 170 kilómetros.

La científica dijo que en el mundo hay unos 200 “cráteres de impacto” causados por asteroides o cometas, pero solo unos cuatro o cinco son del tamaño del que cayó en Chicxulub.