Los humanos llegaron al Ártico hace 45.000 años


ABC.es

  • El hallazgo de un mamut herido por arma congelado en Siberia demuestra que el hombre alcanzó esas latitudes mucho antes de lo que se creía

 

 Investigadores excavan el cadáver congelado del mamut - Pitulko et al., Science

Investigadores excavan el cadáver congelado del mamut – Pitulko et al., Science

El afán exploratorio ha marcado al ser humano desde el principio de los tiempos y su hambre carnívora, también. Las dos cosas se unen en una nueva investigación publicada en la revista Science que sugiere que el Homo sapiens, la especie a la que pertenecemos todos, fue pronto capaz de adaptarse a las regiones más inhóspitas. Desafiando al frío, nuestros antepasados ya se las arreglaron para sobrevivir en la Siberia ártica hace 45.000 años, 10.000 antes de lo que se creía. La prueba es el cuerpo de un mamut congelado con claras señales de lesiones hechas por un arma. Alguien le dio caza con una lanza. Ese animal resultaba una fuente de alimento fundamental.

Los registros de seres humanos en el Ártico de Eurasia durante el Paleolítico son escasos y solo han aparecido durante los últimos veinte años. Antes, se consideraba que en esa época el hombre ni siquiera había llegado hasta allí. En 2012, un equipo dirigido por Alexei Tikhonov, de la Academia de Ciencias de Rusia, descubrió el esqueleto bastante completo de un mamut lanudo macho congelado en los sedimentos de un acantilado costero del litoral oriental de la bahía de Yeniséi, en la Siberia central. El animal conservaba una pequeña cantidad de tejido blando, incluidos restos de grasa de la joroba y el pene. La gran cantidad de grasa indica que el ejemplar, de unos 15 años de edad, se encontraba en buenas condiciones físicas. Mediante el análisis de radiocarbono de la tibia y los materiales adyacentes, los investigadores determinaron que vivió hace unos 45.000 años.

Con una lanza

Pero los restos escondían una sorpresa. Los huesos del mamut no estaban intactos, sino que mostraban varias heridas inusuales en las costillas, el colmillo derecho y la mandíbula. Las lesiones incluían marcas que parecían haber sido provocadas por el extremo de un arma afilada, como una lanza. Una de ellas, muy fuerte, fue sufrida por el animal de arriba hacia abajo, lo que solo es posible si se encuentra tumbado en el suelo. Las heridas parecen haber sido hechas por un método de caza específico que todavía se practica en África por los cazadores de elefantes, que se dirigen a la base del tronco para cortar las principales arterias y causar un sangrado mortal. Además, daños en el único colmillo preservado reflejan el intento de separar la parte externa haciendo un corte.

Para los autores del estudio, estos hallazgos no dejan lugar a dudas de que los humanos estaban presentes en el Ártico de la Siberia central hace 45.000 años, aunque no se hayan encontrado artefactos asociados en el yacimiento. Probablemente, los progresos en la caza del mamut, que aseguraban una abundante fuente de comida, permitieron a nuestros antepasados sobrevivir y expandirse ampliamente a lo largo de la parte más septentrional del Ártico siberiano. Los científicos creen que este importante cambio cultural pudo facilitar la llegada de los humanos al área cercana al puente de tierra de Beringia, lo que les brindó la oportunidad de acceder al Nuevo Mundo antes del Último Máximo Glacial, hace unos 26.500 años. Pero esa ya es otra historia.

 

El hallazgo de un mamut puede ayudar a fechar la llegada de los humanos a Norteamérica


ABC.es

  • Unos restos hallados por un granjero en sus campos en Michigan aportarán nuevos datos sobre la vida de los primeros humanos en la región
 Restos de un mamut hallado en Michigan Daryl Marshke

Restos de un mamut hallado en Michigan Daryl Marshke

Barcelona. (Redacción).- Los restos de un antiguo mamut descubierto por un granjero al suroeste de Ann Arbor, en Michigan (EE.UU.), puede arrojar luz sobre la vida de los primeros humanos de la región, según informa la Universidad de Michigan. Un equipo de paloentólogos de la Universidad de Michigan ha desenterrado esta semana los restos del animal y ha logrado recuperar el 20% del esqueleto del mamut, incluyendo la calavera, los dos grandes colmillos, numerosas vértebras, la pelvis y los omoplatos.

Todos estos huesos pertenecen a un ejemplar de mamut que probablemente vivió hace entre 11.700 y 15.000 años. Junto al mamut se han descubierto “excelentes pruebas de actividad humana”, según explica el paleontólogo Daniel Fisher.

“Creemos que en este lugar hubo humanos que descuartizaron y almacenaron la carne para poder venir a recogerla posteriormente”, asegura Fisher, director de Museo de Paleontología de la Universidad de Michigan.

Los mamuts y los mastodontes (otro tipo de criatura prehistórica de la familia de los elefantes) vagaron por Norteamérica antes de su extinción hace 11.700 años. El equipo de Fisher ha hallado también tres rocas del tamaño de una pelota de baloncesto que podrían haber servido para anclar la carcasa. Los investigadores también han hallador una pequeña piedra que pudo haber servido para cortar la piel y la carne del animal.

La fecha en la que los humanos llegaron a América no está clara y es motivo de un animado debate entre los arqueólogos. El hallazgo en la región de Ann Arbour, si se confirma la presencia de humanos junto al mamut, podría ayudar a establecer la fecha de la llegada de los humanos al sureste de Michigan.

El descubrimiento del mamut lo realizó el granjero James Bristle mientras instalaba una cañería de drenaje en su campo de trigo. En primer lugar apareció un hueso alargado de casi un metro, que posteriormente se descubrió que era una pelvis. “No sabíamos qué era, pero sí que era demasiado grande para ser de una vaca”, explica Bristel. “Cuando mi nieto de cinco años vio ese inmenso hueso se quedó de piedra”.

 

El mamut que ‘encogió’ por estar aislado en Creta


El Mundo

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Investigadores del Museo de Historia Natural de Londres han identificado el que parece ser el mamut más pequeño que existió en el mundo. Este pequeño elefante, bautizado como ‘Mammuthus creticus’ vivió en la isla mediterránea de Creta, a la que debe su nombre, y era de un tamaño equivalente, en su edad adulta, a una cría de elefante africano y no superaba el metro de altura.

Este pequeño plaquidermo del Pleistoceno vivió hace 3,5 millones de años en la isla.

Los restos de este mamut enano consisten en unos cuantos molares y parte de un húmero. Los molares fueron llevados hasta Gran Bretaña en 1904 por la famosa paleontóloga Dorothea Bate, una de las primeras mujeres en dedicarse a esta disciplina científica, que los encontró en el yacimiento de Cape Maleka. Y ha sido otra, Virgina L. Herridge, del Museo de Historia Natural, quien hace algún tiempo decidió volver a estudiar aquella colección de fósiles, completada con nuevos restos que ayudaban a conocer su tamaño.

Entre una y otra está el trabajo del cretense George Iliopoulos, de la Universidad de Patras, que redescubrió el yacimiento en 2011, encontrando nuevos restos, aunque no supo ver que era una nueva especie de mamut.

“Si se pudiera reconstruir, sería como un bebé elefante, pero más fornido, con los miembros más gruesos y un aspecto rechoncho. Habría tenido unos colmillos en rizo de adulto”, ha señalado Herridge en un comunicado del Museo.

El enanismo es un fenómeno evolutivo que ya se ha visto en otros mamíferos de gran tamaño, como recuerda la paleontóloga británica. El caso más conocido es el del ‘Homo floresiensis’, una especie humana de pequeño tamaño que se encontró hace unos años en la Isla del Flores, en Indonesia, y fue publicada en 2004. También allí había elefantes enanos.

En el caso de Creta, según se publica en la revista ‘Proceedings of The Royal Society B’, el enanismo sucedió en un grado muy extremo: estos mamuts eran una cuarta parte o menos de sus congéneres del continente, sin llegar a superar el metro de altura.

El trabajo de Herridge y su colega Adrian M. Lister demuestra que esta evolución en aislamiento fue independiente de la que tenían los elefantes de tamaño normal (los ‘Paleaeoloxodon’) y otros mamuts de colmillos rectos, del género ‘Mammuthus’, en el continente. “Defendemos que descienden de los mamuts europeos más primitivos, y no de los elefantes de colmillos rectos enanos como se creía, y su evolución comenzó hace 3,5 millones de años, mucho antes de lo que se pensaba”, señala la investigadora.

Entre los rasgos físicos que comparte este ‘M. creticus’ con los mamuts europeos está la forma del esmalte en la superficie de los molares, así como la anchura y la altura de todas las piezas dentales. “Todo ello sugiere”, según Herridge, “que son similares a los que vagaron por los llanos de Europa hace entre 2,5 millones y 800.000 años, e incluso a otros más primitivos, porque llegaron a Creta mucho antes”. Se refiere a los ‘M. meridionalis’ y a los ‘M. rumanus’.

Los mamuts enanos de Creta no sólo se adaptaron a la escasez de recursos de la isla ‘empequeñeciendo’ su tamaño, sino que también lo hicieron al clima, que era más cálido que en otras zonas de Europa. Por ello no tenían pelo sobre la piel para abrigarse.

Su alimentación debía ser una mezcla de plantas, según sugieren sus molares.

Con la llegada de la Edad de Hielo, todos los mamuts acabaron por desaparecer: no sobrevivieron ni al clima ni a los seres humanos que, con herramientas y estrategias cada vez más sofisticadas, eran capaces de darles caza pese a su tamaño.

Estos pequeños cretenses, no mayores que un antílope, les habrían intimidado aún menos, pero ya se habían extinguido para entonces.

Descubren en Madrid el banquete de mamut de unos neandertales


El Mundo

Las primeras pruebas fehacientes de que los humanos prehistóricos consumían la carne y también la médula de los duros huesos de los elefantes se han encontrado en la Comunidad de Madrid. Un equipo de paleontólogos ha descubierto que, hace unos 84.000 años, los neandertales que habitaron en las orillas del Manzanares y el Jarama, se dieron un gran banquete con un paquidermo, probablemente un mamut, que se desconoce cómo cayó en sus manos.

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El equipo, dirigido por el paleontólogo José Yravedra, ha encontrado los restos de aquella comida en el yacimiento de Preresa, en el municipio de Getafe. Se trata de un conjunto de huesos fósiles con claras señales de haber sido consumidos por los neandertales que entonces habitaban la zona.

Los investigadores -arqueólogos, zooarqueólogos y geólogos de la UCM, del Instituto de Evolución en África (IDEA) en Madrid y del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) en Burgos-, encontraron en total 82 huesos de un mismo ejemplar. Junto a ellos, 754 herramientas de piedra distribuidas en 255 metros cuadrados, las que utilizaron para trocear la carne y machacar los huesos.

Muchos, de hecho, tienen marcas que indican que golpearon los huesos para conseguir la médula que tenían dentro. “Con la médula conseguían aminoácidos que son muy importantes para el cerebro, pero nunca antes se había visto que lo consiguieran de elefantes”, asegura el arqueólogo Joaquín Panera, uno de los autores del trabajo, publicado en la revista ‘Journal of Archaeological Science’.

Así lo destaca también Jose Yravedra, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), y autor principal de la investigación, en la que se documentan utensilios de sílex y cuarcita, en la misma zona de excavación.

Las marcas de corte son también importantes porque es una de las evidencias más antiguas de aprovechamiento humano de elefantes, junto con la que el mismo equipo documentó en 2010 en el yacimiento de Áridos, cercano al río Jarama.

La caza prehistórica de elefantes

Pruebas del consumo de elefantes no hay muchos de hace más de 10.000 años. Se conocen casos en Siberia, Norteamérica y Europa central, aunque precisamente fue la caza humana de los mamuts la que colaboró activamente en su extinción.

Los investigadores están tratando de averiguar si el ejemplar fue cazado o carroñeado por los neandertales, aprovechando los restos dejados por otros carnívoros, porque lo primero que se come un depredador son las vísceras.

Para cazar animales que pesaban varias toneladas, debían poner en práctica unas estrategias elaboradas que no dejan rastros ni pistas decenas de miles de años después. Por ello, en este caso, continúa siendo un misterio cómo llenaron la despensa.

Según el estudio, extraer la médula no era habitual en los elefantes debido a la laboriosidad del proceso, dado que eran muy duros.

Hallado el cráneo de un mamut de entre 20.000 y 50.000 años en los Urales


EFE – ABC

Pescadores hallaron en la orilla del río Tura, en la región rusa de Sverlovsk (Urales), el cráneo de un mamut que, según los expertos, podría tener entre 20.000 y 50.000 años de antigüedad, informó hoy la agencia Interfax.

Según Pavel Kosintsev, jefe de un grupo de arqueólogos del instituto de ecología de plantas y animales de la Academia de Ciencias de Rusia, los pescadores vieron algo que sobresalía y lo desenterraron.

“A juzgar por las imágenes de vídeo que nos entregaron ayer, no cabe duda alguna de que se trata de los huesos de un mamut, que además se encuentran en buen estado”, precisó.

Agregó que un especialista del instituto que se encuentra en el lugar del hallazgo, en las inmediaciones de la aldea de Lénskoye, deberá determinar ahora si existe la posibilidad de realizar excavaciones cerca del punto en el que se encontró el cráneo de mamut, con el fin de dar con más huesos.

Asimismo indicó que hay que decidir cuanto antes qué hacer con el cráneo hallado.

“El cráneo permaneció en el agua durante varios miles de años, ahora entró en contacto con el aire y si no se guarda pronto en un lugar para su conservación, simplemente podría desintegrarse. La decisión de qué hacer con los huesos la tomará la persona que los encontró, pero obviamente su sitio es un museo”, subrayó.

Según Kosintsev, el estudio del cráneo hallado permitirá determinar qué clase de mamuts habitaban los Urales y tener mayor conocimiento de la evolución de estos animales.

“Lo más interesante es hacerse una idea de las condiciones climatológicas en aquel periodo y sacar conclusiones del cambio climático en el futuro”, agregó.

En la primavera del año pasado fueron hallados en la región de Penza, a unos 600 kilómetros al sudeste de Moscú, varios huesos enormes de mamut y tras su identificación, expertos llegaron a la conclusión de que el animal vivió durante la era glacial.

También el año pasado, pescadores siberianos encontraron en el río Longyugan, en el distrito autónomo de Yamalo-Nenets, un colmillo de mamut de dos metros y de unos 5.000 años de antigüedad.

Uno de los hallazgos más importantes fue el de una cría de mamut en esa misma región en 2007, ya que el paquidermo se conservó íntegro en los hielos perpetuos y tiene intactos hasta los ojos y la trompa.

Hallan más de 700 fósiles en pleno corazón de Los Ángeles


EFE – ADN

  • Los restos datan de la última era glacial, hace entre 10.000 y 40.000 años

  • Entre los fósiles más llamativos se encuentran el cráneo de un león americano, así como huesos de lobos, tigres dientes de sable, caballos, bisontes, coyotes, linces e incluso un mamut colombiano

El museo de Historia Natural de Los Ángeles (California) anunció el descubrimiento, en pleno corazón de la ciudad, de más de 700 restos fósiles que datan de la última era glacial, hace entre 10.000 y 40.000 años. El área donde se han localizado estos restos es La Brea Tar Pits, dentro de la zona llamada Mid-City, a unos diez kilómetros del centro de la ciudad. Entre los restos más llamativos se encuentran el cráneo de un león americano, así como huesos de lobos, tigres dientes de sable, caballos, bisontes, coyotes, linces e incluso un mamut colombiano, conservado en un 80%, con los colmillos intactos.

Este fósil, al que los investigadores han bautizado como Zed, es el primero que se encuentra en ese estado en la zona de Rancho La Brea, en pleno corazón de Los Ángeles.

“El nombre ‘Zed’ significa el comienzo de una nueva era de investigación y descubrimientos”, dijo John Harris, del Museo de Historia Natural de la ciudad y líder de la investigación, llamada Proyecto 23, que comenzó en 2006, cuando se descubrieron 16 fósiles debajo de un párking próximo a la zona.

“Zed es el símbolo que puede revolucionar nuestro conocimiento sobre esta área”, agregó. El museo de Historia Natural de Los Ángeles es famoso por tener una de las colecciones más completas de fósiles del pleistoceno, pero los paleontólogos involucrados en esta investigación aseguran que el Proyecto 23 aumentará de forma exponencial el número de especímenes en la muestra.

Secuenciado por primera vez el genoma de un animal extinguido: el mamut


CET – El Mundo

HALLAZGO PUBLICADO EN ‘NATURE’

  • El trabajo abre la puerta a la posibilidad de rescatar a esta especie de la extinción
  • Obtuvieron el ADN de muestras de pelo congelado durante cerca de 20.000 años
Recreación artística de un mamut con la doble hélice del ADN. (Foto: Penn State University)

Recreación artística de un mamut con la doble hélice del ADN. (Foto: Penn State University)

No todas las noticias científicas arrancan de una ocurrencia genial o de una pizarra repleta de fórmulas indescifrables. La historia de la primera obtención del genoma de un animal extinguido comenzó con el hallazgo de un mamut congelado en algún lugar de la Siberia más septentrional. Y ha finalizado hoy con la publicación en la revista Nature de la secuenciación del material genético (ADN nuclear) del mamut lanudo, un animal que se extinguió hace más de 3.500 años.Hace pocos días que falleció Michael Crichton, el autor del libro de ciencia ficción ‘Parque jurásico’, y parece inevitable que la investigación nos traiga a la cabeza al escritor. En la célebre novela, como también en la adaptación cinematográfica que dirigió Stephen Spielberg, el ADN procedía de la sangre que albergaba un mosquito fosilizado en ámbar tras picar a un dinosaurio. En el caso real del genoma del mamut, la clave ha estado en los restos de pelo del animal, una magnífica fuente de material genético.

La investigación abre la puerta a la posibilidad de rescatar de la extinción al mamut lanudo. Sin embargo, queda aún muy lejos para la Ciencia actual. Stephan C. Schuster, uno de los autores principales de la investigación, mencionó a elmundo.es los posibles avances que puede traer consigo la última revolución protagonizada por Craig Venter tras crear por primera vez un cromosoma totalmente sintético. «Alguien como Venter puede desarrollar una forma rápida de transformar el genoma del mamut que nosotros tenemos en el ordenador en cromosomas completos».

Ese sería el primer paso. Después también habría que averiguar cuántos cromosomas tenía (aunque sean parientes, no son necesariamente los mismos que los del elefante, como demuestra el hecho de que el chimpancé tiene un par de cromosomas más que el ser humano) y albergarlos en un óvulo que pudiera llevarlo a cabo. Por el momento, tan sólo ciencia ficción.

«Una secuencia genética no hace a un organismo vivo», afirma Jeremy Austin, director del Centro de ADN Antiguo de la Universidad de Adelaida (Australia), «tenemos una secuencia parcial del genoma del mamut y con un número considerable de errores, sería como tratar de construir un coche con el 80% de las piezas y sabiendo que algunas están rotas».

La apreciación de Austin es muy acertada, ya que la investigación ha descifrado de forma completa entre el 70 y el 80% del genoma del mamut. «Nosotros alineamos las secuencias que teníamos con la parte disponible del genoma del elefante africano (Loxodonta africana), de esa forma sabíamos dónde colocar cada pieza de la secuencia», cuenta Schuster. Debido a la enorme similitud entre los genomas de los diferentes vertebrados cuya carga genética ya se conoce �entre ellos el ser humano�, los fragmentos ausentes han sido deducidos por comparación con otros organismos.

El procedimiento empleado por los investigadores es algo diferente del empleado en el Proyecto Genoma Humano. Casi cualquier muestra biológica está de alguna forma contaminada por bacterias, hongos u otro tipo de microorganismos, aunque haya permanecido congelada a 20 grados bajo cero durante alrededor de 20.000 años, como lo estuvo la muestra principal utilizada en el trabajo. Sin embargo, esto no fue un problema para los científicos. La técnica utilizada permite obtener un extracto de todo el ADN presente en el pelo del mamut, romperlo en pedazos y separar después, mediante un proceso informático, el perteneciente al animal del Pleistoceno de aquel procedente de otros organismos microscópicos.

Una vez separado, llega el momento de ordenar el material genético perteneciente al mamut. Para ello, se usa el genoma del elefante como patrón, lo que permite averiguar, como se ha comentado más arriba, que la muestra contiene entre un 70 y un 80% del genoma completo. El resto se infiere mediante complejos procedimientos comparativos.

La divergencia entre la carga genética del mamut y del elefante es la mitad que la que existe entre el chimpancé y el ser humano, lo que ha permitido conocer la distancia evolutiva que separa al mamut de su pariente vivo más cercano. Según los propios autores, ambos grupos han permanecido separados y evolucionando por caminos diferentes durante más de 1,5 millones de años. Una distancia evolutiva que quizá haga imposible que se alcance el sueño de revivir al mamut lanudo después de milenios de extinción.

Hallado en Siberia un colmillo de mamut de dos metros


EFE – ADN

  • El fósil tiene 5.000 años de antiguedad
  • Se ha encontrado en la ciudad de Nadim, donde el año pasado se descubrió una momia de cría de mamut

48221Pescadores siberianos han hallado en el río Longyugan, en la región de Yamalo-Nenets, Siberia, un colmillo de mamut de dos metros y de unos 5.000 años de antigüedad, que fue entregado este viernes al museo local de la ciudad de Nadim.

Un grupo de trabajo, encabezado por el jefe adjunto de la administración de la región de Nadim, Viacheslav Ivko, se ha dirigido inmediatamente al lugar del hallazgo, donde espera encontrar más partes del esqueleto del animal, un macho adulto, según ha informado la agencia Itar-Tass.

Lugar de interés científico

Los alrededores de la ciudad de Nadim, cuyo nombre se menciona por primera vez en unos escritos del siglo XVI, se han convertido en un lugar de interés para los científicos.

En 1998 excavaciones llevadas a cabo en las ruinas del antiguo asentamiento, permitieron encontrar unos 200 objetos, entre ellos artículos confeccionados con huesos y colmillos de mamut.

En mayo del año pasado, se descubrió una momia de cría de mamut en el distrito autónomo de Yamalo-Nenets.

El hallazgo del bebé mamut, que se expone estos días en Taiwán, tuvo especial importancia para los expertos debido a que el paquidermo se conservó íntegro en los hielos perpetuos y tiene intactos hasta los ojos y la trompa.

Mamuts sacados de los hielos de Siberia expuestos en Taiwán


EFE – Caracol

actualidad080711mam.jpgDos mamuts conservados en los hielos de Siberia durante miles de años llegaron a Taiwán para ser expuestos, anunciaron hoy los organizadores de la Exhibición Mamuts 2008, en conferencia de prensa.

En esta ocasión se muestra por vez primera al público la mamut Oyamiakon, de un año de edad, que vivió entre el 28.000 y el 38.000 antes de Cristo, y de la que se podrá ver en Taipei su parte anterior.

El otro mamut, llamado Yugakir, es un macho de 40 a 46 años de edad, que vivió sobre el año 18.000 antes de Cristo, y que ya fue exhibido en la Expo de Aichi, en Japón, en el 2005.

Yugakir fue sacado de los hielos en el 2002 y aún conserva su pelo y su piel, mientras que Oymiakon fue descubierta en el 2004, y también se encuentra muy bien conservada.

Los dos animales prehistóricos se exhibirán en una sala acondicionada que se mantendrá con humedad controlada y a 15 grados centígrados bajo cero.

La exposición está patrocinada por la empresa SakhaEXPOMammoth de República de Saja (Rusia) y el Memorial Conmemorativo de la Democracia de Taiwán, y dispone de 140 partes de mamuts.

La Exhibición de Mamuts de Taipei 2008 se celebra en el Memorial Conmemorativo de la Democracia de Taiwán del 11 de julio al 4 de noviembre.

Descubren en Siberia el cuerpo de un bebé mamut


Jueves 12/07/07 20:06 CET – El Mundo

  • CONGELADO EN EL HIELO

mamut--644x362MOSCÚ .- Es niña, pesa cincuenta kilos y tiene unos ojos preciosos. Han tenido que pasar diez mil años para que Siberia ‘rompa hielos’ y dé a luz una de las joyas más valiosas.

Una cría de mamut lanudo de 130 centímetros de largo y 90 de alto ha sido hallada en perfecto estado de conservación en la península de Yamal, en la república rusa de Yakutia (Siberia Oriental). Un pastor de renos la encontró el pasado mes de mayo cerca de la desembocadura del río Yuribei (cerca del mar de Kara)

“Por su estado de conservación, es el descubrimiento más valioso de este tipo a nivel mundial”, asegura Alexei Tijonov, vicedirector del instituto Zoológico de la Academia de las Ciencias de Rusia.

Con los ojos intactos y las rugosidades de la trompa a flor de piel, a su descubridor debió tentarle la idea de azotarla para ver si el menudo paquidermo barritaba o emitía algún gemido.

Ya ha sido bautizada ‘Yuri’ (en honor precisamente al pastor que hizo de ‘comadrona’), y no le faltan padrinos en la comunidad científica, que no sale de su asombro desde que fue presentada hace unos días en la ciudad de Salejard, donde una delegación internacional de expertos la sometió a los primeros análisis . La cría de mamut permanece en una cámara frigorífica a siete grados bajo cero.

‘Yuri’ tenía apenas un año de edad cuando murió hace 10.000 años, probablemente al caer en un pantano o quedar atrapado en alguna grieta, barajan los expertos. Aunque conserva un poco de su pelaje, Yuri, la nueva joya de la paleontología «no tiene rabo» , dijo Tijonov, que llama así la atención sobre el único defecto visible de este regalo de la naturaleza. Los restos congelados de ‘Yuri’ serán trasladados a una universidad de Tokio, donde un equipo de científicos dirigido por Naoki Suzuki determinará el estado de conservación de sus órganos. «Hay que decidir de dónde debemos tomar las pruebas de sus tejidos, sangre y cerebro para sus análisis», conjetura Pavel Kosintev, director del Museo Zoológico de la Academia de las Ciencias de los Urales a la agencia Itar-Tass.

Los genetistas se frotan ya las manos y afilan sus jeringas debido a la alta posibilidad de que el proboscídeo conserve material genético en perfecto estado que permita ‘resucitarlo’ con técnicas de clonación . Hace cuatro años, un equipo científico ruso-japonés intentó en vano este experimento con tejido extraído de dos patas de un mamut adulto.

La primera vez que los científicos se toparon con ‘un diamante en bruto’ como ‘Yuri’ fue en 1977, cuando un obrero a los mandos de un ‘bulldozer’ descubrió en Siberia un pequeño mamut (de 104 centímetros de alto y 115 de largo), al que luego se llamó Dima . Los restos de este mamut fueron los únicos de un espécimen semejante de cuerpo entero que se lograron extraer de los hielos de Siberia en la era soviética. En 1998, una vez culminado el ‘deshielo’ político, se halló una cría de esta misma especie junto al río Yuribei a la que se apodó Masha . Los restos de Dima y de Masha están en el Museo de Historia Zoológica de San Petersburgo.

La ‘cacería’ de mamuts congelados se remonta a 1799, cuando el barón de Kagg, oficial de caballería del zar Pedro I El Grande, se quedó helado ante la visión de unos restos que describió como «ratones del tamaño de bueyes». En 1901, un grupo de científicos peterburgueses encabezados por Otto Herz trocearon y trasladaron restos de mamut en trineos hasta Irkutsk, de donde los llevaron en tren hasta San Petersburgo.

Tierra del ‘gulag’, la red de los campos de reclusión estalinistas, la república de Yakutia es una nevera llena de fauna prehistórica . En su libro ‘Archipiélago Gulag’, el disidente soviético y Nobel de Literatura Alexander Solzhenitsyn recuerda cómo durante su reclusión en los campos de trabajo en Siberia los reos buscaban peces o tritones atrapados en el hielo milenario para saciar su hambre.

Algunos científicos denuncian la piratería que existe en la zona, y que saca tajada de la piel, del pelo, y de los colmillos de marfil de los mamuts congelados en el permafrost, la capa de hielo permanente en superficie de la tundra siberiana.