La Macedonia de Alejandro Magno, los orígenes del temible imperio que nació entre las cabras


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  • La tierra de Filipo II y Alejandro Magno es una gran desconocida en España más allá de la campaña de conquistas que estas huestes llevaron a cabo a través del Imperio persa. El libro «Macedonia: la cuna de Alejandro Magno» pretende remediar este vacío

Un reino de pastores de cabras y jinetes de frontera pasó en cuestión de un siglo a convertirse en el imperio más grande conocido hasta entonces en Occidente. La Macedonia de Filipo II y Alejandro Magno es una gran desconocida en España más allá de la campaña de conquistas que estas huestes llevaron a cabo a través del Imperio persa. Para remediar este vacío, el periodista especializado en historia, arqueología y patrimonio Mario Agudo Villanueva ha publicado recientemente «Macedonia: la cuna de Alejandro Magno» (Colección DSTORIA- Antigua) sobre la evolución económica, política y religiosa de «este pequeño pero decisivo reino de la Antigüedad».

–Los atenienses consideraban a los macedonios unos bárbaros, aunque hoy se estime su historia irrenunciablemente helena, ¿por qué de esta contradicción?

–Macedonia no era a nivel cultural y político igual que el resto de Grecia. Todas las polis griegas tenían su propia idiosincrasia, pero es que Macedonia además era un reino. El rey tenía el poder absoluto, tanto político, militar como religioso. Su clima y su paisaje eran distintos, rodeados de montañas y en una planicie aluvial. Lo que les concedía mucha vegetación y riqueza minera y ganadera… Los rituales también eran muy distintos. Sus tradiciones de enterramiento con piras funerarias eran más propias de tiempos heroicos. Además, los jóvenes macedonios tenían que pasar por un ritual de acceso a la edad adulta que consistía en matar un animal por sus propios medios. Tenían valores arcaicos a ojos del resto de Grecia. Desde Atenas no los consideraban griegos y se los cita frecuentemente como bárbaros. Lo más curioso es que hoy es al revés. La historia de Macedonia es algo irrenunciable para los griegos actuales como consecuencia del impacto de la figura de Alejandro.

–Tal vez la primera pregunta es, ¿que se consideraba griego en aquel periodo?

–Sí usamos a Atenas como la propagadora del ideal griego, pues los macedonios estaban lejos de serlo. Pero es que ellos tenían una Democracia y su propia variante del idioma griego. Cada polis era distinta. Sabemos que el reino de Macedonia tenía la aspiración de ser considerados griegos, pero cabe preguntarse si eso fue real o fue una construcción propagandística posterior para justificar en tiempos de Filipo II su dominio sobre Atenas. La dinastía Argéada, que reinaría hasta la muerte del hijo de Alejandro Magno, presumía de tener un origen tebano (tres tebanos que emigraron hacia el norte), lo que demuestra cierto interés por vincularse con el mundo griego de alguna manera. También hay que tener en cuenta que varios reyes macedonios abrieron su corte a la llegada de intelectuales de polis griegas, como ocurrió con el rey Arquelao allá por el siglo cuarto antes de Cristo con la llegada del escultor Calímaco o el gran Eurípides. Eso sí demuestra claramente que mantenían interés por acercarse a la cultura griega.

–Tradicionalmente se presenta a Macedonia como una sociedad muy belicosa, poco interesada por la cultura.

–Los macedonios eran bastante aguerridos, entre otras cosas porque tenían vecinos terribles: los tracios en el norte y los ilirios por el oeste. Su posición estratégica, estando en la ruta terrestre entre Europa y Asia, y teniendo grandes cantidades de la madera fundamental para la flota ateniense; los situaba en un terreno bélico de primer orden y les involucró en muchos conflictos. De hecho, fue en las guerras del Peloponeso donde empezaron a despuntar un poquito. Pero eso no significa que no tuvieran también cierta vida cultural, con una orfebrería avanzada, exquisitos relieves, tallados de marfil… El problema es que cómo las fuentes son atenienses pues siempre se presentan deformados los macedonios y los tracios; porque en otro tiempo fueron sus enemigos.

–El filósofo Aristóteles era macedonio y rompe con esta idea de un pueblo de cabreros.

–Aristóteles es el caso más conocido. Nació en Estagira, un territorio que estaba cambiando de manos cada pocos años, pero que en tiempos de Aristóteles y su padre, el médico Nicómaco, quedó férreamente en manos macedonias. A Aristóteles le pesó ser macedonio a ojos de los atenienses y preceptor de Alejandro Magno. De hecho cuando Alejandro murió el filósofo se fue de Atenas.

–¿Cuándo y cómo se convirtió este reino de cabreros en una potencia militar?

–Hubo una serie de pasos previos. Alejandro I, un rey macedonio en tiempos de las Guerras Médicas, se movió con cierta astucia y apareció en los textos como un filoheleno (esto demuestra, de nuevo, que no eran considerados griegos). Macedonia entró con él en el primer plano de la historia de Grecia. Por su parte, el rey Arquelao reformó el Ejército y acogió a intelectuales griegos. Pero el salto definitivo es sin duda con Filipo II, el padre de Alejandro, cuando se gestó la hegemonía sobre Grecia. Alejandro no se puede entender sin la figura de su padre y es muy probable que no hubiera podido llegar tan lejos sin él.

–¿En qué consistieron los cambios encabezados por Filipo II?

–Filipo II heredó un reino en descomposición asediado por todos sus vecinos y lleno de peligros. Con astucia, habilidad diplomática y tácticas militares reunificó el reino, amplió sus fronteras y preparó la campaña asiática. Logró en la batalla de Queronea vencer a Tebas y Atenas, siendo el dominador del escenario político griego. Cuando Filipo fue asesinado por un tema de intrigas amorosas, había ya tropas macedonias en Asia. Filipo marcó el camino a Alejandro.

–¿Qué tenía diferente el ejército macedonio respecto al resto de griegos?

–En sus orígenes el ejército macedonio era en su mayoría caballería, con buenos jinetes y excelentes caballos. Su infantería no era poderosa y no tuvo un ejército en garantías hasta las reformas militares de Arquelao y de Filipo II. Filipo había sido rehén en Tebas y se había dado cuenta de que había otras formas de guerrear más allá de la caballería. Añadió a la buena caballería una poderosa infantería equipada con sarisas, que eran unas largas picas de 3 a 7 metros de longitud. El mayor peso de la pica se compensó con una reducción en el peso del escudo macedonio, que algunos autores apuntan que se inspiró en el tradicional escudo tracio. Asimismo, Filipo entrenó mucho a sus soldados y mejoró sus tácticas. Creó así la imbatible falange macedonia.

Otro de los éxitos macedonios es que fueron incorporando a otras fuerzas auxiliares a su ejército, como la caballería tesalia; y luego unidades procedentes del Imperio persa, ya en tiempos de Alejandro Magno.

–¿Da usted crédito a la idea de que Alejandro estuvo detrás del asesinato de su padre?

–A Filipo II le mató un amante llamado Pausanias por despecho, según las crónicas. No podemos saber lo que ocurrió realmente por la falta de materiales y testimonios. Alejandro salió beneficiado, pero eso era lógico. En el libro cuento que Filipo II nuncas dudó de que su hijo le sucedería y cuando salió a hacer sus campañas fuera de Macedonia le dejó de regente, lo cual fue alabado por los emisarios extranjeros, a los que el joven les dejó alumbrados. En su cabeza era la única posibilidad de sucesión, pues era el más preparado y capaz.

–Filipo II fue asesinado y a la muerte de Alejandro también sus herederos y su madre fueron perseguidos, ¿por qué tenía la monarquía macedonia esta tendencia a las intrigas violentas?

–Hay ciertas turbulentas en la historia de Macedonia, con varios reyes en poco tiempo. Estaban en una zona muy peligrosa y era fácil que murieran en combate. No obstante, a partir de Filipo II si hubo cierta continuidad. Y en general desde que reinó la dinastía Argéada hubo más estabilidad, incluso más que en la democracia ateniense. Los macedonios consideraban a esta dinastía los padres fundadores de la patria, sin los cuales no hubiera existido el reino como tal. La dinastía era sólida dentro de las turbulencias.

–¿Cree usted que con Filipo II la campaña asiática hubiera llegado a buen puerto o carecía del talento de su hijo?

–Aquí entramos en el terreno de la historia ficción. Filipo II era un gran estratega, un buen político, un hábil diplomático y el diseñador del inicio de la campaña. El día de su muerte había destacamentos a punto de cruzar a Asia. Nunca sabremos qué hubiera ocurrido. Alejandro tenía un carácter diferente en algunas cosas a su padre, con el que tenía una relación de hostilidad y admiración a partes iguales. Eran diferentes y a la vez iguales.

–¿Alejandro tenía alguna idea de cómo gestionar el imperio creado o solo era un conquistador?

–Es un debate siempre abierto. Yo creo que Alejandro sí tenía una idea para gestionar este imperio. Fue adoptando las estructuras administrativas del imperio persa, las satrapías, y fue asumiendo decisiones sobre los territorios. Él se preocupaba por la gestión de estos territorios más allá de la campaña de conquista, aunque fuera para su explotación o para dejar a sus heridos. No es que tuviera una preocupación cosmopolita de expandir el helenismo, sino desde una perspectiva macedonia tenía preocupaciones muy inminentes.

–A quien dice que Alejandro terminó obsesionado con Asia y alejándose de Macedonia.

–Sí, hay una tendencia a presentar a Alejandro como la víctima de un hechizo persa, fascinado por esta cultura, pero en verdad tenemos la certeza de que se comportó como un macedonio hasta su muerte. Cuando falleció su amigo Hefestión mandó construir una pira funeraria como ordenaba el rito habitual de los macedonios. Además, se hacía acompañar de adivinos y él dirigía los sacrificios en persona. Para su pueblo, el poder del rey se lo daban los territorios que hubiera conquistado y cómo se comportaba, no el título en sí. Y aunque hay una evolución en su personalidad durante la campaña, lo cierto es que reinó como un macedonio toda su vida.

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Amfípolis, en Grecia, la tumba de Europa


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  • Atenas no tiene fondos para su inmenso patrimonio. El Parlamento Europeo trata de mantener la financiación del gigantesco sepulcro relacionado con Alejandro Magno
abc Cariátide hallada en Amfípolis, hoy sin fondos para la excavación

abc | Cariátide hallada en Amfípolis, hoy sin fondos para la excavación

Hace apenas unos días Silvia Costa, la eurodiputada italiana que preside la Comisión de Cultura y Educación del Parlamento Europeo, visitó la excavación de Amfípolis, en Macedonia, un yacimiento gigantesco relacionado con Alejandro Magno. Lo ha hecho acompañada de ocho representantes de su comité y de la arqueóloga griega responsable, Katerina Peristéri. La mera posibilidad de la salida griega del euro y la quiebra del Estado hacen temer por este y muchos otros yacimientos en los que la arqueología cifra el origen de la cultura occidental.

La eurodiputada italiana insistió que era obligación de todos los parlamentarios europeos el apoyar el trabajo realizado en este sitio arqueológico para que continúen las excavaciones y la labor de restauración, pero sobre todo para que se reconozca como un monumento protegido de la Unesco. Y añadió que esperaba que haya una solución en el coflicto de Grecia y la UE para que se puedan utilizar fondos comunitarios para proteger el monumento.

La noticia fue acogida con alegría por Katerina Peristéri, la arqueóloga encargada por el Ministerio de Cultura de esta excavación desde hace varios años. Porque el actual gobierno ha dejado claro que en este momento no existe posibilidad de seguir financiando los trabajos de restauración con fondos del ministerio: el Ministro Alterno de Cultura, Níkos Xidákis, visitó recientemente Amfípolis y declaró que ya ha recibido la ayuda financiera programada, comentando que «no existen muchas excavaciones en Grecia recibiendo semejante ayuda. Esto no es necesario todo el tiempo». Añadió que la excavación se estaba tomando un respiro necesario y que la señora Peristéri había comenzado ahora el estudio de lo que se había descubierto, así como el del mantenimiento del sitio arqueológico.

La situación actual refleja el cambio de gobierno y la desesperada falta de liquidez del Estado griego. Situación muy diferente de la de la primavera y verano de 2014, cuando se dieron a conocer los grandes hallazgos de este enterramiento (las esfinges, las cariátides, las tres salas ,el mosaico y las tumbas) y el gobierno presidido por el conservador Andónis Samarás le dio gran importancia. Samarás visitó personalmente la excavación con su esposa, y supo encontrar financiación extraordinaria (y algunas empresas privadas de la zona donaron más dinero y materiales).

Se nombró entonces una encargada exclusivamente para las relaciones con los medios a una conocida periodista, Ana Panayótarea, que es también profesora adjunta de periodismo y medios de comunicación de la Universidad de Tesalónica (también estuvo casada unos años con el arqueólogo Dimitris Patermalis, Director del Museo de la Acrópolis). Era algo nunca visto en Grecia: una excavación con su propia encargada relaciones públicas (se comenta que no cobró por este trabajo que abandonó antes de las elecciones generales). Todo ello mostraba el interés del gobierno en este enterramiento, no solo por la calidad de esta tumba del siglo IV a. C., sino por su situación geográfica.

Comenzaron entonces rumores nunca confirmados: que si podía ser la tumba final del propio Alejandro Magno, de su madre, de sus generales mas cercanos… Pero Amfípolis está situada en la región de Macedonia. Y es conocido el interés de Atenas por dejar bien claro que toda Macedonia era griega, parte del reino de Filipo II de Macedonia. Una manera de reforzar su posición en el conflicto con el nombre del vecino Estado conocido oficialmente como la Antigua República Yugoslava de Macedonia (y por sus siglas en inglés, FYROM), que los griegos no quieren reconocer formalmente como República de Macedonia. Aun se sigue negociando el nombre.

El patrimonio, en peligro

En estos últimos meses se ha visto algo muy claro: el patrimonio cultural griego está en peligro. Sin medios, sus arqueólogos y expertos trabajan con dificultad, sus museos no pueden estar abiertos suficientes horas, no hay fondos para asegurar la vigilancia de todos los sitios arqueológicos, muchos de los cuales permanecen cerrados. Y cabe pensar que la cultura es también Europa. La prioridad es pagar sueldos y pensiones, el funcionamiento de hospitales y demás servicios imprescindibles. Fuera de la UE, la quiebra tendrá un precio elevado para el patrimonio y consecuencias dramáticas para la cuna de la cultura occidental. Pero Atenas no puede ahora por sí misma cuidar de la memoria de Europa.

Un lugar único

Desvelan por fin el misterio de la supuesta tumba del padre de Alejandro Magno


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  • Un nuevo estudio afirma que los restos hallados en Vergina se corresponden con los de Filipo II
Wikimedia Filipo II fue un gran monarca y un diplomatico ejemplar

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Filipo II fue un gran monarca y un diplomatico ejemplar

Si por algo se destacó Filipo II de Macedonia (más conocido por ser el padre de Alejandro Magno), es por ser un guerrero y un político que –a pesar de ser querido por su pueblo- acabó sus días asesinado en la ciudad griega de Egas (actualmente Vergina) cuando apenas llegaba al medio siglo de vida. Sin embargo, su recuerdo se ha mantenido vivo en la Historia hasta ahora, en parte por su hijo, y en parte porque logró convertir el lugar del que provenía en uno de los más poderosos de Grecia. Todo, a base de escudos y lanzas.

La importancia de este monarca del S.IV (dirigió Macedonia desde el 359 al 336 A.C.) fue tal que, cuando en 1970 un grupo de arqueólogos halló una ostentosa tumba en Vergina en la que se alojaban los restos de un esqueleto con sus características, los expertos se exaltaron ante la idea de que allí pudiera yacer el gran Filipo. Con todo, y a pesar de que se han realizado varias pruebas desde entonces, no se había logrado saber si aquellos huesos eran o no del gran rey de Macedonia. Al menos, hasta ahora, pues un nuevo estudio realizado por Theodore Antikas y Laura Wynn-Antikas afirma haber desvelado al fin el misterio.

Y es que, tal y como afirman estos expertos en una investigación publicada en la revista especializada «International Journal of Osteoarchaeology», han logrado descubrir al fin que uno de los dos cuerpos hallados en la tumba pertenece a Filipo II. Todo ello, gracias a una serie de pruebas realizadas mediante tomografía computarizada (un novedoso sistema que permite crear imágenes transversales del cuerpo en base a un análisis previo de los restos mediante rayos X).

A su vez, los expertos han corroborado también algo que ya había sido desvelado con anterioridad: que el cuerpo que yace junto a Filipo II es el de una mujer de unos 30 años cuyo padre sería Ateas, un monarca de Escitia (una civilización ubicada en la actual Turquía). Así pues, este estudio ha acabado finalmente con la teoría de que los restos femeninos se correspondían con los de Cleopatra (una idea que, por otro lado, ya había sido desechada el pasado 2014) y ha puesto de manifiesto que son los de la séptima mujer del rey.

Los restos desvelan el misterio

Para llegar a la conclusión de que el esqueleto encontrado es el del padre de Alejandro Magno, los Antikas se basan en sus características. Y es que, los huesos se corresponden con los de un hombre que no había cumplido todavía 50 años (aproximadamente la edad que tenía Filipo al morir) y que montaba mucho a caballo. Esto, según afirma la revista «Forbes», queda en evidencia gracias a que su espalda cuenta con dos discos herniados y a que varios de sus huesos muestran un desgaste que sólo podrían tener si fuesen los de un jinete-.

Finalmente, las múltiples heridas que muestran los restos -las cuales se agrupan en la cara (donde Filipo sufrió una de sus cicatrices más destacadas) y el torso- se corresponden con las que sufrió el monarca según la Historia. Entre ellas, destaca que han hallado una lesión en la palma de su mano que se corresponde con una similar narrada en los libros de Historia.

Otras marcas óseas en las costillas sugieren además que el sujeto tuvo una enfermedad en los pulmones, algo –de momento- inútil, pues los investigadores no han logrado determinar su origen y si el monarca sufrió una similar durante sus últimos años de vida.

El conspirador que asesinó a Alejandro Magno, a la esposa de éste, a sus hijos y a su madre


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  • El hijo de Antípatro es señalado por las fuentes antiguas como el ideólogo de la muerte del conquistador macedonio. Es, además, el principal responsable de la desaparición de la Dinastía argéada, que había gobernado Macedonia durante varios siglos

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MANN Alejandro combate contra el rey persa Darío III en la batalla de Issos

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Alejandro combate contra el rey persa Darío III en la batalla de Issos

El 2 de junio del 323 a. C. Alejandro Magno, el dueño y señor de Asia, participó en un banquete organizado por su amigo Medio de Larisa en un lujoso palacio de Babilonia. Como era costumbre en fechas recientes, el general macedonio bebió copiosamente de manos de su copero Yolas, el hijo de Antípatro, uno de los pocos hombres de la corte de Filipo II todavía vivos. Alejandro enfermó gravemente esa misma noche y pereció doce días después. ¿Quién o qué había matado al macedonio? Pese a que sus síntomas podrían encajar con los producidos por la malaria, la fiebre tifoidea o el virus del Nilo, una vez más en Macedonia el principal sospechoso de su muerte fue el uso de algún tipo de veneno.

Las objeciones de los historiadores modernos a la teoría del envenenamiento se basan en que pasaron 12 días entre el comienzo de la enfermedad y su muerte, sin que en el mundo antiguo se conocieran venenos que tuvieran efectos de tan larga duración. Sin embargo, un estudio reciente del Centro Nacional de Venenos de Nueva Zelanda, publicado en la revista «Clinical Toxicology», apunta una sustancia tóxica que encajaría en la muerte de Alejandro. El «Veratrum álbum», más conocido como ballestera o eléboro blanco, es una planta de las familias de las liliáceas que crece en el centro y sur de Europa. Se sabe que los griegos ya conocían las propiedades de la planta y la usaban como tratamiento para inducir el vómito, pero también era capaz de provocar una muerte lenta y dolorosa en grandes cantidades.

Según la tradición antigua, el supuesto veneno fue arrojado por el copero real Yolas bajo instrucciones de Casandro de Macedonia –ambos hijos de Antípatro–, que se encargó de transportar la sustancia a Babilonia con una mula. También es posible que la tradición culpe a Casandro de la muerte de Alejandro más por sus pecados posteriores que por ser el auténtico responsable, pero el sanguinario empeño del hijo de Antípatro por hacer desaparecer a toda la estirpe del conquistador le convierte en un sospechoso recurrente. Fue, además, un personaje brutal y casi inédito más allá de su faceta como conspirador profesional.

Casandro, un personaje oscuro y brutal

Antípatro de Macedonio fue uno de los más importantes y leales generales de Filipo II de Macedonia –padre de Alejandro Magno–, que, junto a Éumenes de Cardia –secretario de Filipo II y hombre de confianza de Alejandro–, Parmenión –el principal responsable de las grandes victorias contra el Imperio persa– y Clito el Negro, conformaron la vieja guardia que tuteló al imberbe joven, de 20 años, en su viaje hacia las entrañas de Asia. Cuando Alejandro abandonó Macedonia para conquistar el Imperio persa, Antípatro fue designado gobernador de Macedonia. Entre sus responsabilidades estaba la de mantener la paz en Grecia y la de velar por la seguridad de la madre de Alejandro, Olimpia de Epiro, quien no podía ser catalogada precisamente de mujer de trato fácil.

Las relaciones entre Antípatro y Olimpia se deterioraron rápidamente tras la partida de Alejandro, hasta el punto de que la madre del conquistador fue obligada a exilarse al Epiro, lugar de procedencia de la reina madre, en 331 a. C. Las cartas de Olimpia alertando de las intrigas de Antípatro llevaron a Alejandro a reclamar la presencia del veterano general de su padre en Babilonia un año antes de fallecer. Sin embargo, el gobernador de Macedonia envió en su nombre a dos de sus hijos, Casandro y Yolas, para defender su causa.

Fue en este contexto de rumores de sables cuando se produjo la muerte de Alejandro Magno. La ambigüedad en las últimas palabras de Alejandro condenó a su familia a la muerte y a su imperio a una lenta desintegración. «¿A quién le dejas tu puesto?», le interrogaron en su lecho de muerte. «Al más fuerte» (Krat’eroi), respondió según algunos presentes, pero posiblemente dijo «a Crátero» (Krater’oi), el nombre de su compañero más leal y el sucesor perfecto, solo superado por el recientemente fallecido Hefestión. No obstante, Crátero no estaba presente en el lecho de muerte –según algunas fuentes se preparaba precisamente para viajar a Macedonia a destituir a Antípatro por orden de Alejandro– y no guardaba ambiciones de ocupar el puesto.

ABC Roxana con Alejandro IV, hijo del general macedonio

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Roxana con Alejandro IV, hijo del general macedonio

Antípatro y su hijo Casandro, hasta entonces un desconocido en la escena política y militar de la época, se alzaron como dos importantes actores en las llamadas Guerras de los Diádocos (o los Sucesores) que enfrentaron a los sucesores de Alejandro entre sí por hacerse con las tierras conquistadas por éste. En medio del conflicto sucesorio, los escasos familiares de Alejandro se vieron envueltos en una vorágine de asesinatos. El primer damnificado fue el único hermano vivo del macedonio, Filipo Arrideo, hijo ilegítimo de Filipo II de Macedonia y de una bailarina de Tesalia, que se convirtió en un instrumento político en manos de Antípatro, quien conservó la regencia de Macedonia, y posteriormente de su hijo.

Si Alejandro Magno no había asesinado a Filipo Arrideo, como era costumbre para reducir las intrigas palaciegas, era porque tenía mermadas sus capacidades mentales y se le consideraba una reencarnación de la diosa Gaia, pero su coronación como Rey de Macedonia levantó el odio de Olimpia, quien defendía los derechos del hijo que había tenido el conquistador con la princesa bactriana Roxana. En el 317 a. C., el Rey Filipo III Arrideo y su esposa Eurídice fueron mandados asesinar por Olimpia de Epiro, que se encontraba exiliada en su reino natal junto a su nieto, la esposa de Alejandro y un antiguo aliado de Antípatro, Poliperconte.

No en vano, la muerte de Antípatro había entregado el poder real de Macedonia a Casandro en 319 a. C. Aunque el veterano general dejó estipulado en su testamento que le sucediera en la regencia de Macedonia su compañero Poliperconte, las intrigas de Casandro forzaron a éste a huir del reino para unirse a Olimpia. Y pese a que Poliperconte cosechó varios éxitos militares inicialmente, Casandro consiguió capturar a Olimpia en Pidna y dispuso su muerte en el 315 a. C. Según el relato que ha llegado a nuestros días, el hijo de Antípatro ordenó a los soldados macedonios que mataran a Olimpia, pero se negaron alegando que ellos no matarían nunca a la madre de su mítico jefe. Después de este fracaso pretendió ganar terreno con la difamación y la calumnia hacia Alejandro. Pero los nobles macedonios no estaban de acuerdo con este comportamiento y comenzaron a retirarle su apoyo. El recuerdo del gran Alejandro pesaba todavía mucho. Fue entonces cuando Casandro urdió una de sus habituales tramas sangrientas: acudió a los parientes de Eurídice, esposa de Filipo Arrideo, y los convenció para participar en una conjura contra la asesina de su familiar. Así terminó sus días la madre del dueño de medio mundo.

Quizá por miedo a levantar al pueblo macedonio contra su gobierno, Casandro conservó con vida a Roxana, la viuda de Alejandro, y a su hijo Alejandro IV, también capturados junto a Olimpia en Pidna, aunque prohibió tratarlos como miembros de la familia real. Sin embargo, en el año 311 a. C, Casandro reconoció frente a otros sucesores de Alejandro al hijo legítimo de éste como futuro rey a cambio de conservar el control de Macedonia y Grecia hasta que el joven llegase a la mayoría de edad. Por supuesto, el hijo de Antipatro no estaba dispuesto a ceder el poder y, menos de un año después, asesinó al joven rey Alejandro IV, de 13 años, y a su madre, Roxana, poniendo fin a la Dinastía argéada que había gobernado Macedonia durante varios siglos.

Asimismo, Poliperconte –el viejo aliado de Olimpia– proclamó Rey a Heracles, el supuesto hijo de Alejandro Magno con la noble persa Barsine, pero Casandro le sobornó, e hizo que le ejecutase en el 309 a.C, así como a su madre. Después de aquello, la posición favorable de Casandro en Grecia y Macedonia le permitió proclamarse rey en el 305 a. C. Solo la muerte del macedonio, por hidropesía, en el 297 a.C. puso punto final al interminable baño de sangre.