1037 – Batalla de Tamarón


La batalla de Tamarón fue un enfrentamiento militar que tuvo lugar el año 1037 entre las tropas del rey leonés Bermudo III y las del conde de Castilla Fernando Sánchez.

 

Distintas versiones de los hechos difieren tanto en las fechas (30 de agosto, 1 de septiembre o 4 de septiembre), como en el emplazamiento de la batalla (Tamarón (Burgos) o Támara de Campos (Palencia)). Las crónicas najerense, silense y Chronicon mundi de Lucas de Tuy además de los anales Toledanos, Compostelanos y Castellanos Segundos dan como lugar de la batalla el valle de Tamarón. Según se relata en la Crónica Silense y del Tudense, el rey Bermudo y su ejército cruzó la frontera de Castilla «o sea la línea del Pisuerga, y en la cuenca de aquel río, en el valle del Tamarón, arroyo situado al este de Castrojeriz (…) se enfrentaron los leoneses con el ejército navarro castellano…» y que la batalla tuvo lugar «super vallem Tamaron», y Tamarón es el actual pueblo de Burgos que se halla en el marcado valle que forma el arroyo de Sambol. Támara, que nunca fue llamada Tamarón, no está situada en ningún valle. Es con De rebus Hispaniae de Jiménez de Rada donde viene la confusión, ya que dicho autor situaba la batalla junto al río Carrión, donde se encuentra relativamente cerca la villa de Támara (Palencia).

Los orígenes de la batalla tienen como escenario la Tierra de Campos, los territorios entre el Cea y el Pisuerga disputados entre León y Castilla desde el siglo IX. Dicha zona había sido incorporada a Castilla en tiempos de Sancho III el Mayor, y Bermudo III quería recuperarlas. Fernando I, por su parte, consideraba esa zona como dote de su esposa Sancha de León, hermana del rey leonés.

Las tropas de Fernando I ayudadas por las de su hermano, el rey de Pamplona García Sánchez, vencieron a Bermudo III de León que perdió la vida en la batalla, supuestamente a manos de siete enemigos cuando se adelantaba a sus huestes en busca del conde castellano. Autopsias realizadas en el siglo XX demuestran que sufrió una cuarentena de heridas de lanza, muchas de ellas en el bajo vientre, comunes en otros caballeros medievales una vez desmontados. Por otra parte, el número de heridas pone de manifiesto la saña con la que fue desmontado y matado en mitad de la lucha al caer en medio de las filas enemigas.

…pero la muerte, lanza en ristre, que es criminal e inevitable para los mortales, se apodera de él (Bermudo) y le hace caer de la carrera de su caballo; siete caballeros enemigos acaban con él. García (rey de Navarra) y Fernando presionan sobre ellos (los leoneses). Su cuerpo es llevado al panteón de los reyes de León. Después, muerto Vermudo, Fernando asedia a León y todo el reino queda en su poder”.

Crónicas de los reinos de Asturias y León, Jesús E. Casariego. Ed. Everest (1985)

Muerto Bermudo III sin descendencia, el trono pasó a su hermana Sancha, que cedió los derechos a su marido Fernando I, que se coronó rey de León.

Batalla de Tamarón
Fecha 30 de agosto o 1 de septiembre o 4 de septiembre de 1037
Lugar Tamarón, Burgos, ( España)
Coordenadas 42°16′00″N 3°59′00″O (mapa)
Resultado Victoria decisiva castellano-pamplonesa
Consecuencias El conde Fernando es coronado rey de León debido al traspaso de los poderes por parte de su mujer, hermana de Bermudo III
Beligerantes
Reino de León Condado de Castilla
Reino de Pamplona
Comandantes
Bermudo III † Fernando I
García Sánchez III

939 – Batalla de Simancas


La batalla de Simancas fue un enfrentamiento bélico entre las tropas de una coalición cristiana encabezada por el rey de León, Ramiro II, y los musulmanes asentados en Córdoba del califa Abd al-Rahman III junto a los muros de la ciudad de Simancas, en la que se afianzó el dominio sobre las tierras del río Duero por los reinos cristianos del norte, en el año 939.

Mapa de los distintos reinos en la península ibérica sobre el año 910.

Antecedentes

En el año de 939, el rey Ramiro II de León actuó en apoyo de Muhammad ibn Hashim, gobernador de Zaragoza (también conocido por Abu Yahya o Abohaia), a quien el califa acusaba de traidor y culpable principal del desastre de Osma, ocurrido 3 años antes. El cronista Sampiro abrevia así los hechos:

Ramiro reuniendo su ejército se dirigió a Zaragoza. Entonces el rey de los sarracenos, Aboyaia, se sometió al gran rey Ramiro y puso toda su tierra bajo la soberanía de nuestro rey. Engañando a Abdarrahmán, su soberano, se entregó con todos sus dominios al rey católico. Y nuestro rey, como era fuerte y poderoso, sometió los castillos de Aboyaia, que se le habían sublevado, y se los entregó regresando a León con gran triunfo.

Sampiro omite que el monarca leonés dejó guarniciones navarras en estos castillos, pues Ramiro contó con el concurso y alianza del rey de Pamplona.

Después de la pérdida de la estratégica Zaragoza, es fácil comprender la airada reacción del envanecido Abd al-Rahman III. Tras cercar y conquistar Calatayud, Abderramán conquistó uno tras otro todos los castillos de la zona. Al llegar a las puertas de Zaragoza, Abu Yahya capituló, acción que el califa aprovechó para emplearlo en una ofensiva contra Navarra que concluyó en la capitulación de la reina Toda, que se declaró vasalla del califa.

El califa omeya, para acabar de una vez por todas con el reino leonés, concibió entonces un proyecto gigantesco, al que denominó gazat al-kudra, Campaña del Supremo Poder o de la Omnipotencia. El omeya reunió un gran ejército alentado por la llamada a la yihad. Desde la salida de Córdoba se dispuso que todos los días se entonase en la mezquita mayor la oración de la campaña, no con sentido deprecatorio, sino como anticipado agradecimiento de lo que no podía menos de ser un éxito incontrovertible.

El califa formó, con la ayuda del gobernador musulmán de Zaragoza (Abu Yahya), un gran ejército de casi 100.000 hombres, formado por mercenarios andalusíes, militares profesionales, tribus bereberes, soldados de las provincias militarizadas (yunds), contingentes de las Marcas y un buen número de voluntarios. Bien armada y pertrechada, esta heterogénea masa de combatientes emprendió la marcha a fines de junio de 939. Dejando atrás Toledo, el ejército atravesó el Sistema Central por Guadarrama (puerto de Tablada), internándose a continuación en la “Tierra de nadie” -políticamente hablando- situada al sur del Duero. Después de saquear y destruir los lugares que encontraban en su camino (Olmedo, Íscar, Alcazarén), los contingentes califales acamparon cerca del Cega y se instalaron en el Castillo de Portillo a principios de agosto.

Entre tanto, el rey leonés Ramiro II logró reunir a su lado, además de a sus propias tropas, las de los condes castellanos Fernán González y Ansur Fernández, las del reino de Pamplona de García Sánchez I, así como a tropas gallegas y asturianas.

Batalla

La batalla, que tuvo lugar en la margen derecha del Pisuerga, al noreste de Simancas, fue muy violenta y se prolongó durante varios días. Las crónicas cristianas cuentan que se apareció San Millán. Y además, según relatan las crónicas, tanto árabes como cristianas, hubo un eclipse de sol unos días antes de la batalla:

Encontrándose el ejército cerca de Simancas, hubo un espantoso eclipse de sol, que en medio del día cubrió la tierra de una amarillez oscura y llenó de terror a los nuestros y a los infieles, que tampoco habían visto en su vida cosa semejante. Dos días pasaron sin que unos y otros hicieran movimiento alguno.

Kitab ar-Rawd

El sol padeció terrible eclipse, en el día en el que en España Abderramen rey de los sarracenos, fue vencido en una batalla por el cristianísimo rey D. Ramiro.

Manuel Bachiller “Antigüedades de Simancas”

Basándose en este dato, el eclipse previo a los días de batalla, éste sucedió el 19 de julio del 939. El combate duró algunas jornadas, decidiéndose del lado de los cristianos que hicieron huir a las tropas musulmanas que no pudieron tomar la fortaleza de Simancas. Abu Yahya fue apresado al término de la contienda.

Después de esto tornase el rey D. Ramiro con los suyos con grandes ganancias de oro, y de plata, y piedras preciosas y con muchos cautivos, y entre ellos llegó Abenaya, ca puesto caso que Abenaya había sido preso por el conde en lo de Haza.

Manuel Bachiller “Antigüedades de Simancas”

Después de la batalla de Simancas aconteció otro desastre para los musulmanes en tierras sorianas, en lo que se denomina la jornada de Alhándega o del Barranco. Los musulmanes, que en su retirada de Simancas habían arrasado la zona del río Aza (actual río Riaza) en su camino hacia Atienza, en dicha jornada sufrieron una emboscada en un barranco, donde fueron derrotados y puestos en fuga, consiguiendo los cristianos un gran botín.

…y en la retirada el enemigo los empujó hacia un profundo barranco, que dio nombre al encuentro (Alhándega), del que no pudieron escapar, despeñándose muchos y pisoteándose de puro hacinamiento: el califa, que se vio forzado a entrar allí con ellos, consiguió pasar con sus soldados, abandonando su real y su contenido, del que se apoderó el enemigo…

Al-Muqtabis

Consecuencias

Como consecuencia de la batalla, la línea de repoblación del reino de León avanzó hasta el río Tormes, rebasando el límite del río Duero. Es decir, se inicia la repoblación del sur del Duero que será diferente a la que hubo en el norte No obstante, aunque Abd al-Rahman III no volvió a dirigir personalmente sus ejércitos en combate, éstos siguieron haciendo incursiones más allá de los límites cristianos (como las razias del caudillo árabe Almanzor (al mansur); una de ellas desembocó supuestamente en la Batalla de Rueda en Rueda (Valladolid) en el 981.

La importancia fundamental (y por la que se recuerda esta batalla) no es tanto la ganancia territorial de los reinos cristianos, sino el valor simbólico de ser la primera gran victoria que se obtiene contra Al-Andalus . Para Abderramán III la derrota fue un importante contratiempo pero no alteró su gobierno, puesto que los territorios perdidos entre el sur del río Duero y el río Tormes se encontraban lejos de su capital en Córdoba, sin poner en peligro grave sus dominios . Aún así, tras el regreso a Córdoba después de la derrota, ordenó ejecutar a numerosos oficiales de su ejército por incompetencia y nunca más volvió a liderar una expedición de guerra.

La batalla tuvo amplia repercusión en el resto de europa por la magnitud de la derrota musulmana.

Batalla de Simancas
Reconquista
Fecha 1-6 de agosto de 939
Lugar Simancas, Valladolid (España)
Coordenadas 41°36′00″N 4°49′00″O (mapa)
Resultado Victoria cristiana
Beligerantes
Reino de León
Reino de Pamplona
Condado de Castilla
Califato de Córdoba
Comandantes
Ramiro II
García Sánchez I
Fernán González
Ansur Fernández
Abderramán III
Fuerzas en combate
desconocidas unos 100.000
Bajas
desconocidas unos 20.000

Desvelado el secreto del primer agricultor neolítico de la Península Ibérica


ABC.es

  • Un equipo de investigadores secuencia por primera vez el genoma completo del diente de una mujer de la cultura mediterránea cardial que vivió en la actual Vallirona (Barcelona) hace 7.400 años
Desvelado el secreto del primer agricultor neolítico de la Península Ibérica

Joan Daura y Montserrat Sanz/Pablo Garcia Borja | Imagen del diente del que se ha secuenciado el genoma de un agricultor neolítico e hace 7.400 años y restos de cerámica de la cultura cardial, caracterizado por las impresiones realizadas con conchas de bivalbos

 

Cuando hace más de 7.000 años llegaron a la Península Ibérica las primeras migraciones de agricultores neolíticos procedentes de Oriente Próximo, en lo que hoy es España ya habitaba otra comunidad, la de los cazadores recolectores del mesolítico, cuyo exponente más conocido es el hombre de la Braña hallado en León. Obviamente, ambos eran muy diferentes. Mientras que los mesolíticos eran altos, robustos, de ojos azules y, curiosamente, de piel oscura; los neolíticos, sin embargo, eran más pequeños y esbeltos, y de piel más clara y ojos marrones. La secuenciación completa del genoma del primer agricultor ibérico –también el más antiguo de todo el área mediterránea– llevada a cabo por investigadores del Instituto de Biología Evolutiva del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra, en colaboración con el Center for GeoGenetics de Dinamarca, ha permitido saber cómo eran estos primeros «revolucionarios» llegados Europa y que trajeron la agricultura, desplazando en unos pocos siglos el modo de vida de los cazadores recolectores.

Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva del CSIC, explica a ABC que «los agricultores del neolítico entran hace 8.000 años por dos rutas en Europa; la centroeuropea, siguiendo el curso del Danubio, que es la más conocida y de la que se han encontrado los restos mejor conservados; y la de la costa mediterránea, de la que no hay casi datos. Esta ruta mediterránea, es la que nos ha permitido localizar una cultura específica de la Península Ibérica, la de la cerámica cardial, y de algunas zonas del sur de Francia».

El interés de la secuenciación del genoma de este primer agricultor ibérico –agricultora para ser más exactos, puesto que se trata del diente de una mujer que vivió hace 7.400 años en la cueva de Cova Bonica, en la actual Vallirana (Barcelona)– está en que nos permitirá estudiar mejor cómo ha sido nuestra evolución a partir de los retos adaptativos que fueron superando nuestros ancestros. «Nosotros somos descendientes de los neolíticos de Vallirona, de los que fueron sobreviviendo a sucesivas epidemias y enfermedades y que fueron adaptándose a cambios en la dieta y modos de vida siglo tras siglo».

Retos adaptativos

Estas adaptaciones superadas o inacabadas nos permiten explicar, entre otras muchas cosas, por qué hay personas que tienen actualmente intolerancia a la lactasa (mutación no completada en muchas poblaciones del sur de Europa) y otras no presentan problema alguno al ingerir leche en edad adulta (las del norte de Europa). O también por qué los neolíticos del sur de Europa tenían la piel más clara que los cazadores del norte de Europa, también mas clara que los cazadores del sur de Europa (como el de la Braña); todos los mesoliticos, al menos del oeste de Europa, son muy parecidos. «Creemos que la dieta alimentaria influye mucho en la pigmentación de la piel. Mientras que los cazadores tenían buenos aportes de vitamina D a través de la carne, los agricultores tenían que suplir esa falta sintetizándola a partir de la exposición al sol, y para eso es más eficiente una piel clara» indica Lalueza-Fox.

Gracias a este análisis del nuevo genoma se ha podido determinar que los agricultores de la ruta mediterránea y de la centroeuropea derivan de una población ancestral común, la de los primeros agricultores que entran por Anatolia en Europa. Además, según adelanta Lalueza-Fox, «este estudio es solo el primer paso de un gran proyecto que pretende crear un transecto (mapa en el tiempo y en el espacio) paleogenómico ibérico, desde el mesolítico hasta la Edad Media, que nos permitirá comprender la génesis de las actuales poblaciones ibéricas».

El oro de León que ocultaba Hispania


ABC.es

  • Los romanos se fueron con el metal precioso a otra parte hace dos mil años y no se sabía por qué hasta que un profesor de la Universidad de Salamanca acuñó el hallazgo. Se valió del láser de un avión para descubrir minas auríferas en el valle del Eria
Estanques y pozos: así es el sistema de canalización hidráulico de los romanos en el valle del Eria (León)

Estanques y pozos: así es el sistema de canalización hidráulico de los romanos en el valle del Eria (León)

En noviembre de 2014, Javier Fernández Lozano puso las minas del valle del Eria en el mapa. Lo hizo con un estudio, cuyo coautor es el profesor Gabriel Gutiérrez-Alonso, como él perteneciente al departamento de Geodinánima Interna de la Universidad de Salamanca, que encontró hueco en una prestigiosa publicación internacional, el «Journal of Archaeological Science». Y a partir de ahí, logró el eco que un hombre de la zona como el profesor Fernández Lozano, nacido en la población de Castrocontrigo, quería no solo para su abnegado trabajo, sino también para su tierra. La información que desvelaban en dicho análisis no era baladí: debajo de la frondosa vegetación que cubre como una sábana el valle leonés del Eria había un entramado minero, dotado de un complejo sistema de obras y canalizaciones hidráulicas, que fue importado por los romanos hace más de dos mil años desde Egipto directamente a Hispania. Y en ese mosaico de yacimientos se extraía el material dorado más valioso. Además de la importancia que tenía el hallazgo en sí, el profesor departe con ABC sobre otros dos valores en alza de la investigación: el empleo por primera vez en España para un trabajo geoarqueológico de la tecnología Lidar acoplada al sensor de un avión o un drone; y la conclusión de los verdaderos motivos por los que los romanos se fueron con el oro de León a otra parte.

Entre los siglos I y II d.C. los romanos abandonaron el distrito aurífero del Eria porque dejó de ser rentable. Tan sencillo como esto, a pesar de las diversas teorías que han aflorado en numerosos textos literarios acerca de que los romanos decidieron irse porque no tenían los recursos suficientes. O las obras necesarias para continuar con la extracción (por cianurización) del metal precioso.

Nada más lejos de la realidad, como ha demostrado el trabajo de los profesores de Geodinámica Interna. Hasta ahora, era el paraje leonés de Las Médulas el considerado como la mayor mina de oro a cielo abierto que se cobijaba en España del Imperio Romano, mas este análisis viene a demostrar que, aún más allá, se trata del mayor espacio en Europa dedicado a la extracción de oro si se tiene en cuenta que se extendió a kilómetros al sureste, hasta el valle del río Eria. Cómo se ha puesto luz sobre todas estas labores mineras es una de las grandes novedades del trabajo, y es que lo reveló la «visión» de un sistema láser llamado Lidar -Light Detection and Ranging-, que no es otra cosa que una tecnología adherida a un avión o un drone que escanea el terreno con la referencia geográfica que aportan estaciones de GPS terrestres. Lo que hace este sistema es emitir un haz de luz que llega hasta el suelo, rebota y nuevamente sube hasta el sensor del avión, permitiendo calcular la distancia exacta que hay desde el aeronave hasta la superficie terrestre.

Los datos que se obtienen se representan mediante nubes de puntos que gracias a un software se filtran de señales como árboles, edificios o vegetación que no se corresponde con la superficie, se «traducen» y permiten construir un modelo cartográfico más nítido donde se pueden examinar canales, embalses o canales. «En la actualidad seguimos investigando en la zona mediante el uso de datos Lidar de alta resolución obtenidos del Instituto Geográfico Nacional y vuelos fotogramétricos con drone que permiten restituir a partir de fotografías la superficie topográfica con alta resolución», comenta el profesor Fernández.

Es decir, a diferencia de una fotografía aérea o por satélite, que es lo que se había empleado hasta el momento en los trabajos de geoarqueología, esta tecnología permite «limpiar» de vegetación y otro tipo de «ruido» la imagen, con lo que los resultados son mucho mejores. En esta zona se descubrió todo el sistema de canalización hidráulica y desvío de dos ríos que usaban en el siglo I a. C. los romanos para extraer el oro de zona la zona de León, que en la actualidad se reparte entre Castrocontrigo y la cumbre de la Sierra del Teleno, incluso. Al vislumbrarse lo inconmensurable de la red de labores mineras que pusieron en marcha los romanos con tal de hacerse con unos gramos del metal situado en el grupo 11 de la tabla periódica, los investigadores dedujeron que no se habían ido de Hispania como se había citado por falta de obras, sistemas de transporte y acopio del agua, incluso de metodología para su almacenamiento, sino porque el oro ya escaseaba y se «mudaron» al norte de Italia, entre otras zonas. Lo sintetiza a la perfección Fernández Lozano: «El problema no era técnico; sino el valor del oro».

Tecnología usada en los 60 por la NASA

Lo más curioso de la tecnología Lidar es que había sido el bastón de la NASA ya en los años 60 para comprobar cómo retrocedía la banquisa del hielo en el Ártico, y su uso se ha implementado en la topografía, la cartografía catastral, incluso, según Javier Fernández, se han empezado a usar en las canteras, para calcular el deslizamiento de laderas en una montaña o también ayudaría para determinar en un momento dado el tiempo de evacuación que se necesita en una zona próxima a una capa magmática o volcán. Pero por vez primera sirve de soporte a la geoarqueología.

La intención ahora, una vez desvelada la importancia mayor si cabía de la zona aurífera, es diseñar un geoparque. «Estos pueblos se mueren -lamenta el investigador-, y hay que aprovechar estos trabajos para potenciarlos y darles el impulso que merecen». Sabedores de que esta etiqueta de la que gozan solamente una docena de áreas acotadas en la Península Ibérica «puede tardar en llegar entre cinco y diez años», los dos profesores de Salamanca están hablando con los ayuntamientos de las comarcas de la Valdería y la Cabrera Alta a los que atañiría el denominado «Proyecto Geoparque Valle del Eria». Fernández Lozano vislumbra el fomento del desarrollo rural, arqueológico, etnográfico y social que supondría para su zona la iniciativa, así como la protección óptima de todo el patrimonio arqueológico. El proyecto trataría de velar por los recursos, así como de la puesta en interacción y conocimiento del público de los diversos elementos que componen la riqueza geoarqueológica de esta zona amada por los romanos en su día. Según textos de Plinio el Viejo, el procurador encargado de realizar el seguimiento de la minería en la Hispania, como su enciclopedia «Historia natural», tras aprender las técnicas de almacenamiento y transporte de agua de los egipcios, los romanos las aplicaron para obtener hasta 20 toneladas de oro en el noroeste de Hispania, en depósitos de oro originales tales como los del valle leonés del Eria.

El salero perdido de la Última Cena


ABC.es

  • León se preció de contar con la reliquia durante 500 años
wikimedia Judas derrama la sal con el brazo en el mosaico copiado por Giacomo Raffaelli de «La Última Cena» de Leonardo da Vinci

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Judas derrama la sal con el brazo en el mosaico copiado por Giacomo Raffaelli de «La Última Cena» de Leonardo da Vinci

«Es grandísima la devoción que toda la Ciudad tiene con esta Santa reliquia y el concurso que viene a nuestra Iglesia para adorarle el día de Jueves Santo». En la Semana Santa del siglo XIII a la que se refiere Fray Manuel Joseph de Medrano en la «Historia de la Orden de los Predicadores» (PP. Dominicos), el antiguo convento de Santo Domingo de León mostraba a sus fieles «el salero que sirvió la noche de la cena en la mesa de Nuestro Señor Jesucristo».

«Su materia es la preciosísima piedra de Calcedonia», la misma que la del Cáliz de Valencia, describía fray Joseph en 1727, basándose en datos antiguos de la orden. En la reliquia se leían las primeras palabras de la Salutación angélica y, en caracteres góticos, el testimonio de ser el salero de la Cena.

«Es la referencia más antigua que tenemos», apunta Carlos Taranilla de la Varga, quien en su «Breve historia de las reliquias leonesas y sus relicarios» (Didot) recuperó este dato olvidado desde el s.XVIII.

Al historiador leonés, autor de la adaptación al español actual del libro del Passo Honroso, le intrigaba esta reliquia que acompañó a don Suero de Quiñones en su famosa gesta en 1434. Así lo narró con todo lujo de detalles Pedro Rodríguez de Lena, escribano del rey Juan II de Castilla. Don Suero rezaba cada día ante un altar en el que, entre otros objetos, se encontraba el que «se dezía que era el salero en que Nuestro Señor Jesuchristo tenía la sal en su Sancta mesa en que el Sancto Jueves hizo su cena», una reliquia ilustrada con los doce apóstoles.

«Los dominicos, que asistieron a don Suero en su fecho de armas, llevaron el salero a la tienda del caballero leonés y después lo devolvieron al convento», explica Taranilla.

Ambrosio de Morales lo describió en su «Viage» (sic) de 1572 como «una escudilla algo lisa, aunque algo grande de Agata (…)», esmaltada en el centro, con una inscripción en latín tardío que rezaba: «Esta escudilla estuvo junto al seno de Nuestro Señor Jesucristo y fue adquirida por dinero al rey de Cila».

«La pieza era una escudilla, un pequeño plato del que se tomaba la sal con los dedos para espolvorearla sobre las comidas (e incluso sobre la estancia pues era señal de buenos augurios)», señala Taranilla. A su juicio, debió de ser comprada durante las Cruzadas en Asia Menor (de ahí la referencia al reino de Cila, de la región de la Eólida o Eolia).

La reliquia se conservó en un relicario de plata sobredorada en el convento de Santo Domingo de León, hoy desaparecido, durante más de cinco siglos. Allí se encontraba en 1752 cuando el jesuita Pedro Murillo Velarde anotó que estaba «en una caja de plata dorada» donde esta escrita «esta letra, bien antigua: “Ave Maria gratia plena” y en lengua y caracteres Góthicos, cómo sirvió en la última Cena».

«El salero es de Calcedonia, de lo mismo que el Cáliz que está en Valencia», añadió Murillo en su «Geographia histórica de Castilla la Vieja y Aragón».

reliquias-leon--146x220«Con la expresión “es de Calcedonia” se está refiriendo al material en el que se fabricó el objeto: un conglomerado de minerales de cuarzo en su variedad coralina -de color rojo cereza-, una especie de ágata u ónice, como también señalaba Ambrosio de Morales, denominación que proviene de su lugar de origen: Calcedonia», explica Taranilla de la Varga. Cerca de esta región se encontraba el reino de Cila a cuyo monarca le habría sido comprado quizá por un peregrino que lo regaló a la Orden en el siglo XIII, especula.

«Del salero que, según se dice, sirvió en la Última Cena consta documentación entre mediados del siglo XIII hasta 1752, unos 500 años, desconociéndose hasta el momento la suerte que pudo correr cuando la “francesada”», subraya el historiador leonés. Murillo fue el último en referirse a esta reliquia. El Padre Risco ya no la cita en su obra sobre las iglesias y monasterios de León en 1792, apenas 40 años después, y «resulta difícil que de haberla visto no la reseñara», según Taranilla.

La guerra de Independencia (1808-1814) causó graves daños a la ciudad de León. «Se saquearon las iglesias, donde estaban antes los tesoros. Si el salero seguía allí seguramente lo destrozarían», aventura Taranilla. El convento de Santo Domingo quedó en estado lamentable y acabó por ser derruido en el siglo XIX para reforzar las murallas durante las guerras carlistas, según recuerda el Ayuntamiento de León en su web. Del famoso salero no se conoce hasta el momento ni una ilustración, solo las referencias escritas hace más de 200 años.


El salero de Da Vinci

Descubierta una mina de oro romana


EL Pais

  • El yacimiento puede llegar a ocupar 150 hectáreas. Es el primero de estas características que aparece en A Mariña, entre Foz y Barreiros

Zona de Foz donde se ha localizado la mina

Las jornadas micológicas dan a veces frutos inesperados. Sobre todo cuando el amante de las setas sabe leer los mensajes ocultos bajo los montones de piedras y las formas onduladas del terreno, que no acostumbran ser caprichosas. En A Mariña coincide que hay varios de estos aficionados al níscalo y el cantarelo que además son capaces de emocionarse ante un petroglifo, una mámoa o lo que podría parecer el parapeto de un castro.

La última vez, en Foz, cesta de mimbre en mano, lo que creyeron toparse dos de estos vecinos de la comarca lucense fue precisamente eso, un parapeto y el consiguiente foso. Pero pasó que después de este foso se levantaba otro parapeto, seguido nuevamente de un foso, y de otro parapeto y otro foso. Parecía una sucesión eterna. La fortificación semejaba excesiva, imposible, y entonces Manuel Miranda, que era precisamente uno de los dos colectores de setas, se llevó la duda a casa tras la excursión. Y no se le ocurrió mejor cosa, a quien también ejerce de portavoz del colectivo Mariñapatrimonio, que empezar a despejar su intriga repasando la toponimia de la zona.

Rego Grande, Pozo Mouro, Quebradoiro, Cal, Furada, Piego, Meixador, por la banda de Foz. Lagoa, Covas y Carral, ya al otro lado del límite municipal, en el ayuntamiento de Barreiros. “Nos dimos cuenta de que muchas de estas palabras hacían referencia al agua, a las conducciones, a los pozos, y que eso tenía que indicar algo”, explica Miranda. “Cal es canal; Piego es piélago, que en castellano tiene también la acepción de estanque; Meixador es, según algunos estudiosos de la toponimia, un lugar por donde se vierte agua; Carral es, entre otras cosas, un lugar con surcos que recuerdan el rastro de las ruedas de los carros”.

Los miembros de Mariñapatrimonio, un grupo que en el último lustro ha informado a la Xunta de numerosos hallazgos arqueológicos que nadie antes había identificado, comprobaron que aquella extraña estructura de fosos y parapetos encontrada en el lugar de A Espiñeira (Foz) tenía su continuidad en la vecina zona de As Covas, al borde de la ría, en Barreiros. Y descubrieron otros signos, como unos montículos de cantos rodados que bien podían ser murias, las escombreras que dejaban a su paso los romanos después de explotar una mina. Las fotos aéreas que consultaron en Internet no ayudaban mucho. La zona está repoblada con pinos y eucaliptos que apenas dejan ver el suelo desde el cielo. Hasta que, buscando con paciencia, se toparon con imágenes en blanco y negro, del año 56. Ahí la vegetación todavía no había crecido, y el terreno aparecía dibujado de surcos que desembocaban en otros canales más grandes, ladera abajo.

Por entonces, y ya con la sospecha de que aquello se trataba de una mina, habían telefoneado al arqueólogo Santiago Ferrer, uno de los mayores expertos gallegos en yacimientos romanos, que dirige en Bande la excavación del campamento militar de Aquis Querquennis siempre que lo permite el nivel de las aguas (las ruinas duermen buena parte del año sumergidas en el embalse de As Conchas). Según Miranda, cuando le enviaron la vieja foto aérea, la respuesta de Ferrer fue rotunda. No cabía duda de que se trataba de una mina de oro romana, con canales, balsas y depósitos para el lavado y la decantación del mineral. Nadie antes había sospechado que en A Mariña se hubiese extraído oro. Es la primera mina que aparece, y según Mariñapatrimonio, a juzgar por las estampas aéreas, podría alcanzar unas dimensiones enormes: 150 hectáreas de terreno repartidas entre Foz (50 hectáreas) y Barreiros (unas 100). Efectivamente, si así fuese, se trataría del aurífero romano más grande de Galicia, y el único conocido que lavaría el metal precioso no en dirección a un río, sino a una ría.

Pero el arqueólogo, que visitó el lugar con miembros de Mariñapatrimonio y el alcalde de Foz, es cauteloso. Según él, lo que de momento se puede decir de este yacimiento es que se encuentra en buen estado de conservación y que es “novedoso”, porque “nadie imaginaba que pudiera existir”. Miranda añade que esta mina, “una obra de ingeniería bestial”, podría explicar la abundancia de castros en la zona. Alrededor hay registrados 20 asentamientos que pudieron haber surgido para alimentar de mano de obra el filón. Se supone que los técnicos que dirigieron la construcción del complejo sistema de canales y compuertas eran ingenieros de la Legio VII Gemina, es decir, de León. La mina era propiedad de Roma, y los pobladores castrexos pagaban los impuestos al Imperio con su trabajo y las pepitas de oro que con él obtenían.

La actividad pudo llegar a extenderse, como en el resto de las minas romanas, del siglo I al III. “Entonces, todas se abandonaron”, ilustra Santiago Ferrer. “Se cree que en algún momento se dio una fluctuación en el precio del mineral. Bajó mucho y ya no interesaba… No, no fue porque se acabase el oro. El oro todavía sigue estando”.

Descubren un ‘tesoro’ de armaduras romanas en la antigua sede del CCAN


Diario de Leon

Encuentran una veintena de corazas de la Legio VII en las excavaciones de la Casona de Puerta Castillo.

Arriba, fragmentos de las corazas aparecidas en Puerta Castillo, en la antigua sede del CCAN. Abajo, momento de la extracción de las armaduras.La sede del CCAN, desalojada por el Ayuntamiento hace meses, escondía un auténtico ‘tesoro’ romano. Las excavaciones que se están llevando a cabo en el inmueble, que en el futuro se convertirá en aula arqueológica del León Romano, han sacado a la luz fragmentos de una veintena de corazas de soldados de la Legio VII. Una auténtica ‘mina’.

Unos hallazgos sin precedentes, según el arqueólogo municipal, Victorino García, «tanto por la cantidad como por la calidad de las armaduras que han aparecido». Y eso que apenas se ha excavado en una mínima parte en este lado del edificio, por lo que no se descartan nuevos descubrimientos en los próximos días, que convertirían a la Casona de Víctor de los Ríos en un enclave de excepcional valor.

En la parcela de 800 metros cuadrados que hay en la trasera del edificio ya aparecieron a finales de los años noventa las primeras pruebas de la existencia de la Legio VI. En aquella excavación se extrajo parte de la coraza de un legionario, que hoy puede contemplarse en una vitrina del Museo de León.

Hace un año los trabajadores de Decolesa, empresa que está restaurando el edificio de Puerta Castillo, descubrieron en el subsuelo de la Casona de Víctor de los Ríos una lucerna (lámpara de aceite) y restos de otras tres corazas romanas.

Ahora, en la parte de la Casona que ocupó durante décadas el CCAN, han aparecido importantes piezas delorica segmentata, la armadura que utilizaban los soldados romanos.

Se trata de un tipo de coraza que supuso toda una revolución, porque se desmontaba con facilidad — soltando las hebillas y cierres, que se ajustaban con tiras de cuero—, era más cómoda de llevar, se podía guardar en un espacio más reducido y, por tanto, era más fácil de transportar, puesto que era posible separarla en cuatro secciones.

El nombre de la coraza que usaban los legionarios —lorica segmentata— hace alusión a la división en placas metálicas de la armadura que portaban las legiones en la época de máximo esplendor, ya que eran muy costosas y exigían hábiles herreros en su confección. Un hallazgo insólito

Para valorar la importancia de los hallazgos de Santa Marina hay que tener en cuenta que uno de los grandes hitos arqueológicos fue el descubrimiento, en 1964, en las excavaciones en Corbridge (Reino Unido), de fragmentos de tres loricas.

Sólo los legionarios, y a veces los pretorianos, llevaban armaduras como las halladas en la Casona de Víctor de los Ríos. Las fuerzas auxiliares, en cambio, portaban la lorica hamata (cota de malla) o la lorica squamata(armadura de escamas de metal superpuestas). Debido a su particular estructura, la construcción de la lorica segmentata era muy costosa; por ello, entre los siglos II y III, este tipo de armadura dejó de usarse.

Las obras en la futura sede del León Romano, que comenzaron hace siete años, se prolongarán hasta el 2013, después de que el Ministerio de Cultura haya habilitado una partida de 568.610 euros para el actual ejercicio y otros 654.258 euros para el próximo.