¿Por qué estaba llena de huesos la estatua ecuestre de la Plaza Mayor?


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  • Un atentado con bomba durante la II República reveló el macabro hallazgo que ocultaba la escultura de Felipe III
¿Por qué estaba llena de huesos la estatua ecuestre de la Plaza Mayor?

ABC | Estatua de Felipe III en la Plaza Mayor

Al encontrarse en la Plaza Mayor, la estatua ecuestre de Felipe III es probablemente la más fotografiada de todo Madrid. Tiene a su derecha la casa de la Carnicería y a su izquierda la casa de la Panadería. Los entendidos aseguran que lleva en este emplazamiento desde 1848, cuando la reina Isabel II ordenó su traslado. Son, entonces, más de 150 años gobernando el principal punto de encuentro de la capital.

Todos la conocen, para casi nadie sabe la historia negra que arrastra desde los años 30. Resulta que con el estallido de la II República, la escultura fue objeto de un atentado terrorista. Un individuo decidido colocar una bomba en la boca del caballo, para que la figura real saltara –literalmente– por los aires.

La explosión no causó ninguna víctima mortal, pero los transeúntes que en ese momento paseaban por la zona pudieron comprobar cómo, por culpa de la onda expansiva, el entorno de la plaza se llenaba de pequeños huesecitos. A medida que se acercaron a la estatua pudieron comprobar el origen de tal macabro hallazgo.

Resulta que durante años los gorriones de la Plaza Mayor se posaban en el interior de la boca del caballo para descansar. Muchos de ellos se introducían en el interior de la estatua (hasta las tripas del equino) ya que la figura contaba con una apertura. Como el lugar para volver a salir era muy estrecho y pequeño, la mayoría de los pájaros se quedaban atrapados y morían hacinados en el estómago del caballo. Por eso motivo, cuando la estatua saltó por los aires con la detonación, los millares de huesecillos de los pájaros que estaban alojados desde hace tantos años se repartieron por toda la Plaza Mayor.

Cuatro hallazgos arqueológicos verdaderamente inquietantes


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  • Algunos de los descubrimientos más asombrosos de la arqueología revelan aspectos perturbadores de la antigüedad

Cada cierto tiempo, los arqueólogos sorprenden al mundo con asombrosos hallazgos que desvelan cómo eran las culturas más antiguas del planeta. Sin embargo, algunos de esos descubrimientos revelan detalles perturbadores que, lejos de dar respuestas, conducen a más preguntas. Gracias al blog «Ojo científico», hoy descubrimos cuatro hitos de la arqueología verdaderamente inquietantes:

1.-Extraños sacrificios de acróbatas

La revista «Antiquity» publicó en 2008 el hallazgo de unos restos humanos en una cueva situada en el noroeste de Siria. Los esqueletos, que pertenecían a al menos tres personas que murieron sacrificadas hacia el año 2300 a.C., estaban dispuestos en extrañas posiciones y se les había arrancado el cráneo. Tras analizar los huesos, los investigadores determinaron que se trataba de acróbatas debido al atípico desarrollo de huesos y ligamentos. Los expertos apuntan a que podrían encontrarse más restos relacionados con este tipo de entretenimiento.

2.-Las momias que gritan

En 1886, el arqueólogo Gaston Maspero descubrió una extraña sepultura, en la que no constaba ningún tipo de identificación de su ocupante. En su interior, descubrieron una momia cubierta por lana de oveja y con las piernas y brazos atados. Sin embargo, lo más perturbador era que lo que quedaba de su rostro tenía una profunda expresión de desesperación y estaba profiriendo un grito con toda su boca abierta.

En aquel momento las teorías para tratar de explicar ese gesto fueron desde el envenenamiento o la tortura justo antes de la muerte, hasta que la persona hubiese sido enterrada bajo los efectos de la catalepsia. Sin embargo, la causa de esta horrible expresión, que posteriormente ha sido encontrada en otras muchas momias más, está en el proceso de descomposición de la carne, que provoca una caída de la mandíbula, dejando la boca abierta como si se tratara de un perturbador grito desesperado.

3.-El moa de las cuevas del monte Owen

Un grupo de investigadores exploraba la vasta red de cuevas subterráneas de las inhóspitas regiones montañosas de Nueva Zelanda, cuando bajo el monte Owen se encontraron con una especie de garra que parecía haber pertenecido a un ser monstruoso.

El inquietante hallazgo, formado por una serie de huesos extraños aún unidos por una capa de piel, resultó ser la pata de una ave no voladora conocida como dinornítido o moa, de más de 3.000 años de antigüedad. Aunque su extinción se produjo hace alrededor de cinco siglos, el susto que se llevaron los espeleólogos en 1986 es más que comprensible.

4.-La primera guerra química de la historia

En 1933, mientras excavaba en la zona siria de Dura-Europos, lugar en el que los persas habían librado varias batallas con los romanos en el siglo III a.C., el equipo liderado por el arqueólogo Robert du Mesnil realizó un espeluznante descubrimiento relacionado con las guerras químicas. En concreto, descubrieron una serie de extraños túneles, en uno de los cuales había 19 cuerpos que parecían haber muerto mientras intentaban escapar de algo.

Tras varias investigaciones, en 2009 se llegó a la conclusión de que los romanos descubrieron que los persas estaban construyendo estas estructuras, por lo que empezaron a cavar sus propios túneles para interceptarlos. Sin embargo, los persas habían preparado una trampa mortal. Incineraron diferentes compuestos a base de betún y cristales de azufre para envenenar lentamente a los romanos. La nube tóxica invadió los túneles construidos por los romanos, dejando tras de sí a las primeras víctimas de una guerra química librada más de dos mil años atrás.