Atapuerca reorganiza el modelo de la evolución humana


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  • Un equipo dirigido por Juan Luis Arsuaga identifica cuatro grandes fases de progreso anatómico del hombre moderno
félix ordóñez La Sima de los Huesos es un yacimiento de referencia mundial

félix ordóñez | La Sima de los Huesos es un yacimiento de referencia mundial

Los yacimientos de Atapuerca son los mejores del mundo. Y entre todos los de la sierra burgalesa, quizá el de la Sima de los Huesos sea el más emblemático. De hecho, allí se han recuperado hasta ahora tantos fósiles humanos, con antigüedades de hasta 430.000 años, que un equipo de investigadores, dirigido por Juan Luis Arsuaga, ha decidido elaborar un modelo de evolución del cuerpo humano. Es decir, una especie de «manual» que describa cómo la evolución ha ido formando, característica a característica, la anatomía y las funcionalidades de los seres humanos. El estudio, que aporta luz sobre cómo los neandertales adquirieron sus rasgos distintivos, acaba de publicarse en la revista «Proceedings» de la Academia Nacional de Ciencias norteamericana (PNAS).

Nuestro conocimiento sobre el modo en que ha evolucionado nuestro esqueleto postcraneal (del cuello para abajo) se ha visto hasta el momento obstaculizado por la dispersión geográfica (y cronológica) de las especies de humanos que existieron antes que la nuestra. Pero la enorme abundancia de restos fósiles en la Sima de los Huesos de Atapuerca hace posible elaborar un auténtico «mapa» de las características principales que el género Homo, al que pertenecemos, fue adquiriendo a lo largo del tiempo.

Evolución en cuatro fases

El equipo dirigido por Arsuaga ha elaborado su modelo de evolución dividiéndolo en cuatro grandes fases, o diseños anatómicos funcionales. No en vano, se trata de la mayor colección de fósiles humanos jamás hallada en todo el mundo y, por sí sola, representa una buena parte de todo los que sabemos sobre los rasgos óseos de las especies humanas que precedieron tanto a los neandertales como a los humanos modernos.

Las diferentes estrategias adaptativas adoptadas por los homínidos se reflejan en sus esqueletos. Y, según se explica en el artículo de PNAS, el análisis de los restos de la Sima de los Huesos ha permitido establecer cuatro grandes patrones sucesivos en la evolución del cuerpo humano: el de los ardipitecos, aún arborícolas aunque ocasionalmente bípedos; el de los australopitecos, bípedos por obligación (ya que vivían en extensas sabanas) pero que conservaban aún notables capacidades para vivir en los árboles; el de los humanos «arcaicos», al que pertenecen tanto especies como Homo erectus y los humanos de la Sima de los Huesos (con cuerpos robustos, anchos, más altos que sus antepasados y exclusivamente bípedos); y el de los humanos modernos, de tipo alto, estrecho y esqueleto grácil y esbelto.

Clasificando el tamaño corporal y la forma de los fósiles, los investigadores han encontrado evidencias de que los neandertales pertenecían a la tercera de esas categorías, aunque sus características no surgieron todas al mismo tiempo, sino siguiendo una especie de patrón evolutivo en mosaico, en el que los cambios evolutivos de algunas partes del cuerpo precedieron a los de otras.

El equipo de Arsuaga encontró también que los humanos de la Sima fueron relativamente altos, con cuerpos anchos y muy musculosos, aunque con una capacidad craneal inferior a la de los neandertales. Sin embargo, estos humanos compartían ya una serie de rasgos anatómicos con los neandertales. Rasgos que, por cierto, no están presentes en los humanos modernos, la especie a la que todos nosotros pertenecemos.

Es decir, que a pesar de que los neandertales desarrollaron toda una serie de características propias, algunos de esos rasgos ya estaban presentes en la población de la Sima de los Huesos.

Toda esta información resultará de gran utilidad en el futuro a la hora de situar una especie de homínido en alguna de las categorías propuestas por Arsuaga y sus colegas. Y aportará nueva luz sobre por qué los rasgos humanos son como son, y no de otra manera distinta.

La masacre prehistórica en la que fueron torturados una docena de niños pequeños


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  • Una tumba de hace 7.000 años ha desvelado que, en la Edad de Piedra, una tribu raptó a 26 personas y las sometió a todo tipo de tropelías antes de asesinarlas

    Christian Meyer El cráneo (que incluye un golpe) de uno de los cuerpos hallados, Tenía ocho años al morir

    Christian Meyer
    El cráneo (que incluye un golpe) de uno de los cuerpos hallados, Tenía ocho años al morir

Hace 7.000 años, en plena prehistoria, un grupo de seres humanos atacó una aldea ubicada en Schoeneck-Kilianstaedten (cerca de Fráncfort). Aquel día su maldad no tuvo límites y, por causas que todavía se desconocen, raptaron a un grupo de 26 hombres, mujeres y niños y les sometieron a todo tipo de torturas. La docena de pequeños que fueron secuestrados tuvieron que soportar como les destrozaban la cabeza a golpes, les disparaban con flechas e, incluso, les astillaban las canillas para evitar que huyeran. Una muestra de crueldad que, hasta ahora, había permanecido oculta a los ojos humanos.

Y decimos hasta ahora porque, gracias a Christian Meyer -bioarqueólogo de la Universidad de Mainz– se ha podido desvelar este suceso. Tal y como explica un estudio publicado por la revista especializada «Proceedings» de la Academia Nacional de Ciencias, este germano ha desenterrado una fosa común en Alemania con los restos de aquellos 26 desdichados que fueron víctimas del odio ajeno. En sus palabras, el hallazgo no puede ser más estremecedor, pues desvela que los sujetos que habitaban Europa Central en la Edad de Piedra ya hacía uso de las denominadas «tácticas del terror» para combatir a sus enemigos.

La tumba fue encontrada en 2006 durante la construcción de una serie de carreteras en Schöneck-Kilianstädten (ubicado a poco más de 20 kilómetros de Fráncfort). Sin embargo, ha sido necesario esperar hasta hace poco para que se completasen las labores de extracción de los restos, su análisis y su estudio. Todo ello, a pesar de que el enterramiento apenas cuenta con una extensión de 7,5 metros de largo por 1 metro de ancho. Con todo, desde el principio se ha sabido que era una fosa común que albergaba a las víctimas de una masacre, pues no contaba con herramientas o adornos, algo típico de los enterramientos de la época.

Según Meyer, la mayor parte de los huesos encontrados cuentan con un patrón de fracturas que tiende a repetirse. Entre ellas, destacan la rotura de todo tipo de huesos (destacando las tibias) y las heridas realizadas con una punta de flecha de hueso. Por su parte, los restos se corresponden con los cuerpos de 13 niños de hasta 8 años (10 de ellos menores de 6 en el momento de la muerte), y 13 adultos (2 de ellos mujeres). Hasta ahora, al grupo le ha extrañado sumamente la ausencia de adolescentes de entre 9 y 15 años.

¿Qué sucedió?

Esta no es la primera fosa común que aparece en la zona, sino que, en los últimos años, se han encontrado otras dos en Alemania y Austria. Ambas con víctimas en condiciones parecidas y pertenecientes a la cultura Linearbandkeramik (un pueblo primordialmente dedicado a la agricultura que llegó a Europa hace más 7.000 años). Hasta ahora, los datos establecen que todos estos asesinatos se sucedieron en apenas 600 años, lo que, en palabras de los expertos, indicaría que el pueblo pudo dividirse en dos bandos que se atacaron posteriormente.

Así pues, gracias a estos hallazgos, Meyer ha llegado a la conclusión de que las matanzas en esta época de la Historia no eran algo aislado, sino relativamente habitual. Así lo denota el que, en palabras del experto, se torturara o mutilara a los 26 integrantes de este sepulcro. «Se ha repetido una pauta. Encontrar una fosa colectiva es algo espectacular, pero ahora, con estas tres, hemos establecido un patrón. Ahora sabemos que este período fue sumamente violento», destaca el experto.

Con todo, el arqueólogo ha señalado que, aunque existen muchos indicios de ello, es imposible determinar la causa por la que se sucedió esta masacre. Entre las teorías que se barajan se encuentra la de que una tribu entrara en el territorio de otra o que, debido a una sequía, hubiera una escasez de alimentos que llevó a los seres humanos a enfrentarse entre ellos. En este sentido, es posible que los atacantes secuestraran a varias personas jóvenes con algún fin y les mantuvieran presos hasta que acabaron con sus vidas.