Bahia de Cochinos


La Bahía de Cochinos o Baia Dos Porcos está situada en el litoral caribeño de la isla de Cuba, próxima a la península de Zapata, perteneciente a la provincia de Matanzas. En la bahía, localizada entre el golfo de Cazones, al oeste, y la bahía de Cienfuegos al este, desemboca el río Hanábana. Bordeada por el Parque nacional Ciénaga de Zapata, sus cristalinas aguas y las playas coralinas, como playa Larga, son hoy un destino turístico importante.

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En la boca de este profundo entrante del mar Caribe se sitúa playa Girón, donde el 17 de abril de 1961 desembarcó un contingente contrarrevolucionario de 1.500 hombres, al mando de Manuel Artimes, antiguo compañero de Fidel Castro. Este hecho conocido como el desembarco de bahía de Cochinos, se produjo dentro de la ‘crisis de los misiles’ (incidente internacional entre Estados Unidos y la Unión Soviética —Kennedy y Khruschov — por la instalación de estas armas en Cuba); tras un primer avance la invasión fue repelida y capturados sus componentes el 21 de abril.

Rosemary, la cara oscura de Los Kennedy


ABC.es

  • La hija mayor del clan Kennedy nació con problemas mentales, pero quedó discapacitada cuando su padre la sometió a una lobotomía para hacerla más dócil

    ap/boston globe/ archivo Rosemary, de pie, en la izquierda, al lado de su hermano Robert y John, en 1938, tres años antes de su lobotomía

    ap/boston globe/ archivo | Rosemary, de pie, en la izquierda, al lado de su hermano Robert y John, en 1938, tres años antes de su lobotomía

Un nuevo libro destapa más detalles sobre la vida de Rosemary Kennedy, la hija mayor del clan estadounidense que desapareció de la vida pública durante décadas. En 1940, cuando Rosemary tenía 22 años, le escribió una carta a su padre, Joseph P. Kennedy, que en ese momento era embajador de Estados Unidos en Reino Unido, en la que le decía que estaba muy encariñada con él y que le quería mucho. Un año después, la misma mujer era incapaz de sostenerse en pie o de formar una oración debido a una decisión que tomó su amado padre.

La revista «People» publica en su última edición extractos del libro «Rosemary: The Hidden Kennedy Daughter» (Rosemary: la hija oculta de los Kennedy) en el que se ofrecen más detalles de las causas de la desaparición pública de Rosemary, hermana de John F. Kennedy.

Según se relata en el libro, escrito por Kate Larson, Rosemary, tercer vástago de Rose y Joseph, nació en 1918 con algunos problemas mentales causados por complicaciones en el parto.

Rosemary sufrió una interrupción de flujo de oxígeno al cerebro durante su nacimiento debido a la que enfermera que atendía el parto no encontraba al doctor encargado, por lo que le pidió a Rose que «apretara las piernas juntas para retrasar la llegada del bebé». Cuando este método falló, la enfermera «sostuvo la cabeza del bebé y le empujó de nuevo al canal de nacimiento durante dos horas».

La niña llegó finalmente al mundo, y mientras crecía sus padres empezaron a notar que «no era como los otros». La autora de libro asegura que la familia trató de criar a la chica como una más, por lo que se le veía en paseos familiares y fiestas. Pero al llegar a la pubertad, la joven empezó a sufrir ataques incontrolables de ira, que muchas veces que tornaban violentos. Al mismo tiempo, Rosemary había desarrollado una figura voluptuosa, con buenas curvas, que llamaba la atención de los jóvenes.

Joseph Kennedy empezó a preocuparse, ya que pensaba que la reputación intachable de su familia, así como la carrera política de su hijo John podría verse empañada si su hija Rosemary quedaba embarazada. «La familia trató de protegerla pero la situación era una bomba de tiempo», reza el libro.

En el mes de noviembre de 1941, el patriarca del clan Kennedy, que para ese momento ya tenía nueve hijos, programó una lobotomía para su hija. Este procedimiento experimental se utilizaba para hacer más dócil a pacientes con graves problemas mentales.

Según relata Larson, la cirugía consistía en taladrar dos agujeros en el cráneo de Rosemary, insertar una espátula hacia el lóbulo frontal del cerebro, girar la espátula y «raspar». El procedimiento estaba en fase experimental, así que la familia sabía los riesgos que asumía, aunque Joseph no informó a su esposa sobre su decisión hasta que terminó la operación. La cirugía fue una «chapuza», y Rosemary quedó totalmente discapacitada, con las facultades mentales de un infante. No podía caminar, hablaba de forma torpe y sufría incontinencia.

Internaron a la joven en un centro psiquiátrico en Nueva York durante siete años, y después, el patriarca envió a Rosemary a una institución mental católica en Jefferson, Wisconsin y más nunca volvió a ver a su hija, reza «People»

Ninguno de los ocho hermanos de Rosemary conocía la verdad sobre el estado de salud de la joven, a quien la familia mantuvo escondida durante décadas. En 1961, cuando Joseph P. Kennedy quedó discapacitado tras sufrir un derrame cerebral, Rose se dignó a ver a su hija por primera vez en 20 años y a contar la verdad.

En otro libro, «The Missing Kennedy», la autora Elizabeth Koehler-Pentacoff narra sus memorias, y en ella recuerda la vez en la que visitó a Rosemary en Wisconsin, donde su tía la había cuidado durante 30 años. «Rosie era muy feliz cuando tenía visita. Amaba las fiestas, la música y los dulces. Cuando le decíamos que teníamos una caja de dulces, sus ojos se levantaban. Y cuando las personas la visitaban, ella se sentía en el cielo».

Rosemary Kennedy murió de causas naturales en 2005 a los 86 años. Sus hermanos Jean, Eunice, Patricia y Ted estuvieron a su lado.

Las teorías de la conspiración del asesinato de Kennedy


ABC.es

  • «¡Yo no he matado al presidente Kennedy!», gritaba Lee Harvey Oswald cuando fue detenido una hora después de la muerte del presidente de EE.UU., dando comienzo a uno de los mayores misterios de la historia contemporánea de Estado Unidos

ARCHIVO ABC
Ficha policial de Lee Harvey Oswald tras el asesinato de Kennedy

«¡Yo no he matado al presidente Kennedy! ¡Yo no he matado a nadie! No sé nada acerca de eso», gritaba el joven Lee Harvey Oswald una hora después del asesinato del presidente de Estados Unidos, tal día como hoy de 1963, en las inmediaciones de la tristemente famosa Plaza Dealey, donde fue detenido.

En ese mismo instante nacía uno de los mayores misterios de la historia contemporánea, alimentado año tras año con la publicación de nuevos libros e investigaciones que tratan de aportar nueva luz sobre un magnicidio que, además de marcar la memoria colectiva de varias generaciones, ha originado, desde el mismo día que se produjo, las mayores teorías de la conspiración de los últimos dos siglos.

«¿Cabe el supuesto de una conspiración castrista-comunista, de carácter internacional, que haya utilizado a Oswald para eliminar a Kennedy y crear una crisis mundial de tensión y recelo? ¿Cabe buscar al crimen un ángulo chino? ¿Cabe conectarlo con el extremismo racista, tan violento en algunas minorías tejanas?», se preguntaba ABC dos días después, en el mismo artículo en el que se informaba de que Lee Harvey Oswald había sido «acusado oficialmente del asesinato de Kennedy».

Y siete años después, un especial «siete años marcados por la maldición de Dallas» contaba como una veintena de personas relacionadas con el asesinato de Kennedy habían muerto de enfermedades, accidentes de carretera o misteriosos suicidios, incluidos el jefe de la Policía de Texas y Abraham Zapruder, el hombre que grabó las imágenes del asesinato.

El asesino, asesinado

La Comisión Warren examinó 3.154 pruebas y estudió las declaraciones de 552 testigos seleccionados entre 26.550 entrevistados por el FBI, dejando claro que Oswald había actuado solo. Sin embargo, en 1979, el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos estimó que podría existir una conspiración en torno a su asesinato. El tema, un debate ininterrumpido en el último medio siglo, ha generado muchas teorías diferentes, algunas de las cuales de lo más increíble.

Algunas defienden que el chófer sabía que Kennedy sería abatido por un francotirador y que fue este mismo el que lo remató. Otras aseguran que Oswald no era más que un señuelo político, según el testimonio del entonces director general del FBI, John Edgar Hoover, que en un memorándum escrito antes del asesinato advertía que un impostor estaba usando los datos personales de Oswald. Hay investigaciones que creen que hubo más de un asesino, como defiende, por ejemplo, la viuda del también herido gobernador de Texas, John Connally, quien declaró que su marido había recibido el impacto de una bala diferente a la que mató a Kennedy. Otros incluso que, dada su parecido físico con Kennedy, el policía J.D. Tippit fue asesinado para hacerse pasar por el presidente de los Estados Unidos a la hora de hacer la autopsia.

De Jackie Kennedy a Oliver Stone

La viuda del presidente de Estados Unidos, Jackie Kennedy, llegó a insinuar que el asesinato de su marido fue encargado por el sucesor y entonces vicepresidente, Lyndon B. Johnson, para evitar las cuatro investigaciones criminales a las que estaba sometido: violación de contratos gubernamentales, prevaricación, lavado de dinero y soborno. Investigaciones que fueron cerradas precisamente cuando ascendió a la Presidencia.Las especulaciones sobre un gran complot crecieron cuando Oswald fue también abatido a tiros, dos días después, y con la televisión en directo, por Jack Ruby, otro oscuro personaje de Dallas, dueño de un cabaret, que a su vez murió en extrañas circunstancias cuatro años más tarde. Es probable que la respuesta se la llevaran para siempre Oswald y Ruby, porque los misterios de la muerte de Kennedy han sobrevivido a varias comisiones de investigación, hasta el punto de que el museo creado en su honor en Dallas destina, aún hoy, una sala diferente para explicar cada una de las teorías del asesinato.

La Comisión Warren examinó 3.154 pruebas y estudió las declaraciones de 552 testigos seleccionados entre 26.550 entrevistados por el FBI, dejando claro que Oswald había actuado solo. Sin embargo, en 1979, el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos estimó que podría existir una conspiración en torno a su asesinato. El tema, un debate ininterrumpido en el último medio siglo, ha generado muchas teorías diferentes, algunas de las cuales de lo más increíble.

Algunas defienden que el chófer sabía que Kennedy sería abatido por un francotirador y que fue este mismo el que lo remató. Otras aseguran que Oswald no era más que un señuelo político, según el testimonio del entonces director general del FBI, John Edgar Hoover, que en un memorándum escrito antes del asesinato advertía que un impostor estaba usando los datos personales de Oswald. Hay investigaciones que creen que hubo más de un asesino, como defiende, por ejemplo, la viuda del también herido gobernador de Texas, John Connally, quien declaró que su marido había recibido el impacto de una bala diferente a la que mató a Kennedy. Otros incluso que, dada su parecido físico con Kennedy, el policía J.D. Tippit fue asesinado para hacerse pasar por el presidente de los Estados Unidos a la hora de hacer la autopsia.

De Jackie Kennedy a Oliver Stone

La viuda del presidente de Estados Unidos, Jackie Kennedy, llegó a insinuar que el asesinato de su marido fue encargado por el sucesor y entonces vicepresidente, Lyndon B. Johnson, para evitar las cuatro investigaciones criminales a las que estaba sometido: violación de contratos gubernamentales, prevaricación, lavado de dinero y soborno. Investigaciones que fueron cerradas precisamente cuando ascendió a la Presidencia.

El asesinato de JFK, ¿relacionado con la KGB?


EL Mundo

John Fitzgerald Kennedy con su esposa.| EM

  • Una nueva teoría vincula a la inteligencia soviética con el crimen
Pocos acontecimientos han generado tantas teorías conspirativas como el asesinato, el 22 de noviembre de 1963, del presidente de EEUU John F. Kennedy, en Dallas (Texas). ¿Actuó sólo Lee Harvey Oswald, señalado como autor del asesinato? ¿Hizo un único disparo (la famosa hipótesis de la bala mágica)? ¿Le asesoró alguien? Ahora, 49 años y muchas incógnitas después, un nuevo libro vuelve a señalar la conexión de este crimen con el KGB -apuntada ya anteriormente- y la crisis de los misiles de Cuba.

La obra ‘Un espía como ninguno’, de Robert Holmes, un ex diplomático inglés que estuvo en la embajada británica en Moscú en 1961, apunta a que el espía Ivan Serov, jefe del KGB y luego del GRU -el servicio de inteligencia militar soviético-, ideó, junto con sus aliados Yuri Andropov y Vladimir Kryuchkov, un complot para matar a Kennedy, según cuenta ‘The Telegraph’.

Lo de la crisis de los misiles de Cuba fue una humillación para Cuba y los comunistas, pensaba Serov, y alguien tenía que pagar por ello. “En la manera estalinista de hacer las cosas, el lema era el siguiente: golpea a tu enemigo y golpéale duro”, pensaba el espía ruso. El enemigo era Kennedy. El problema es que el presidente ruso Khrushchev mantenía con él una relación, no de amistad, pero sí de cierta diplomacia. De colaboración más que de enemistad.

El grupo más estalinista dentro del KGB no veía con buenos ojos esta actitud. Querían luchar. Y acabar con el enemigo. Ésta, al menos, es la hipótesis del ex diplomático británico, que la ve mucho más plausible que otras conspiraciones que apuntan a la CIA, la mafia o la industria militar.

¿Y Oswald?

¿En qué punto Lee Harvey Oswald se convierte en el ejecutor del plan de asesinato? El tema no está claro. Quizás él ya lo había planeado y quienes lo descubrieron dejaron que actuara. Holmes sí considera que el espía conocía a Oswald a través de un intermediario. Su teoría se basa en la vez en que Oswald pidió a tres diplomáticos soviéticos, en Nuevo México, que le consiguieran una visa lo antes posible.

Un nervioso Lee Harvey Oswald, 55 días antes del asesinato del presidente, hizo lo posible por volver a Rusia -donde había vivido dos años y a punto estuvo de renunciar a la nacionalidad estadounidense, aunque finalmente no lo hizo y regresó a EEUU-.

La versión que recoge el diario británico es la más extendida. Que Oswald se reunió con los diplomáticos y llevaba una pistola cargada que dejó encima de la mesa. Los rusos la vaciaron antes de devolvérsela y de explicarle, tranquilamente, que no le darían la visa. Quien lo cuenta es Oleg Nechiporenko, uno de los que estuvieron presentes en la escena. Los otros dos eran Pavel Yatskov y Valery Kostikov, agente del KGB y amigo de Serov.

También se grabaron unas conversaciones de Oswald con las embajadas soviética y cubana en México, en las que se ofrecía a atentar contra Kennedy. No obstante, la CIA mantiene que este personaje era un impostor y no el verdadero Lee Harvey Oswald.

El comité (House Select Committee on Assassinations o HSCA) que estudió el asesinato concluyó que ni el Gobierno soviético ni el Gobierno cubano estuvieron implicados en el atentado contra Kennedy. Robert Holmes, en su libro, está de acuerdo en que el Gobierno no tuvo que ver, pero considera que los hechos ocurridos en Cuba y algunos miembros de la inteligencia soviética sí pudieron estar implicados. Aunque admite que, quizás, “sean sólo casualidades circunstanciales”.