La Tierra chocó con un planeta gemelo para crear la Luna


El Pais

  • Un estudio concluye que es “bastante probable” que hubiese un descomunal choque entre planetas muy similares
Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar / HAGAI PERETS

Reconstrucción del choque entre la Tierra y otro planeta con una composición muy similar / HAGAI PERETS

Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años. Los gigantes gaseosos Saturno y Júpiter ya se han formado. Mientras, en la región más cercana al Sol, orbitan más de 80 planetas rocosos como la Tierra. En realidad son embriones de planetas que chocan violentamente entre sí, se funden y forman cuerpos cada vez más grandes. Este descomunal tiovivo seguirá en marcha unos 200 millones de años. Para entonces, el enjambre de rocas se habrá agrupado en cuatro planetas. No hay manera de saber si este relato es cierto, aunque es muy probable que Marte, la Tierra, Venus y Mercurio se formasen así. Ahora, una de las simulaciones más precisas que se han hecho de aquel proceso intenta esclarecer un enigma que lleva vigente décadas, si no siglos: ¿cómo se formó la Luna?

La teoría del gran impacto dice que nuestro planeta chocó con otro del tamaño de Marte, conocido como Theia. Fue un cataclismo tan violento que nuestro planeta desapareció durante unas horas. Una pequeña parte salió despedida y se mezcló con los restos de Theia, convertidos en roca fundida tras el golpe. El resultado fue la Luna.

Es un resultado apasionante que resuelve 30 años de dudas

El gran problema para aceptar esta teoría es que, según las estimaciones más recientes, menos de un 1% de las colisiones eran entre planetas iguales. Actualmente los planetas del Sistema Solar tienen composiciones muy diferentes unos de otros, con lo que Theia también debió haber formado una Luna muy diferente de la que conocemos. Sin embargo, las rocas lunares traídas por las misiones Apolo a finales de los años sesenta demostraron que los yermos de la Luna y el manto terrestre son casi indiferenciables en su composición. El origen de la Luna se convirtió, más que nunca, en un enorme quebradero de cabeza.

El nuevo trabajo, publicado en Nature, muestra ahora que los choques entre gemelos eran mucho más comunes de lo que se pensaba. “Hemos usado simulaciones de alta resolución para comprobar si la composición de cada planeta y el último cuerpo con el que impactaron eran tan diferentes como la gente pensaba de antemano y lo que hemos averiguado es que sucede justo lo contrario”, explica Alessandra Mastrobuono, astrofísica del Instituto de Tecnología de Israel y coautora del estudio. “Es un resultado apasionante que potencialmente resuelve 30 años de dudas sobre la teoría del gran impacto”, añade.

Su equipo ha simulado 40 veces la formación de los planetas interiores del Sistema Solar, cada vez manejando las trayectorias de unos 80 embriones planetarios y entre 1.000 y 2.000 fragmentos más pequeños que chocan y chocan durante millones de años. La complejidad de cálculo es tal que cada simulación lleva de dos a cuatro meses y ha requerido el uso de un superordenador, explica la astrofísica. Los resultados del análisis afirman que entre el 20% y el 40% de los cuerpos que chocaron contra la Tierra eran prácticamente iguales químicamente. En otras palabras, “es bastante probable” que la Tierra chocase con un planeta gemelo y que eso explique el origen de la Luna, dice Mastrobuono.

Robin Canup, astrofísica de EE UU, aporta una opinión independiente sobre el trabajo. Estos resultados dan “un apoyo renovado” a la teoría del gran impacto, explicando las similitudes entre la Luna y la Tierra, dice la experta del Instituto de Investigación del Suroeste (EE UU). Pero los datos no bastan para cerrar el caso. Aún hay cosas que no encajan, por ejemplo, las diferencias en la composición de ciertos elementos como el oxígeno o el tungsteno. Precisamente otros dos estudios publicados este miércoles en Naturese centran en ese segundo elemento, cuya composición es ligeramente diferente entre la Tierra y la Luna. En una nota de prensa, uno de los equipos responsables del trabajo señala que estos datos son compatibles con un gran impacto, pero descartan la posibilidad de que Theia y la Tierra tuvieran la misma composición. Mastrobuono y Canup mantienen que sí son compatibles, aunque, advierte esta última, serán necesarios nuevos cálculos probabilísticos para demostrarlo.


La Luna del otro Darwin

El debate científico sobre los orígenes de la Luna pueden remontarse hasta 1898, cuando George, el hijo astrónomo de Charles Darwin, propuso que la Tierra joven escupió parte de su masa por fuerzas centrífugas, una hipótesis que, con variaciones, sigue siendo la otra gran hipótesis en liza, segúnJosé Luis Ortiz, físico del Instituto de Astrofísica de Andalucía. Ortiz resalta la importancia de este nuevo estudio para intentar encajar las piezas que faltan, pero advierte de que “se trata solo de una hipótesis basada en modelos numéricos”. El físico apoya la otra hipótesis en contienda, que fue la Tierra la que perdió parte de su masa para formar la Luna pues le parece la explicación más plausible para el extremo parecido entre uno y otro cuerpo. Además “se han publicado estudios recientemente que la apoyan”, dice.

Misión a Júpiter con tecnología ‘made in Spain’


El Mundo

  • Una empresa española diseña microchips para una nave que estudiará las lunas del planeta
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Recreación artística de la misión JUICE ESA

Cuando en 2022 el satélite europeo JUICE explore las lunas heladas de Júpiter, llevará a bordo componentes electrónicos diseñados por una joven pyme nacida en Leganés (Madrid) y que, a base de vender materia gris, se ha hecho un hueco en el sector aeroespacial europeo. Al director ejecutivo de Arquimea Deutschland, Ferran Tejada, no le preocupa en exceso la crisis ni la necesidad de trabajar en otros países, pero sí lamenta que la inversión española en I+D carezca de “un plan de consistencia a largo plazo”.

La misión espacial JUICE, que pretende examinar durante tres años los satélites Calisto, Europa y Gamínedes, es uno de los proyectos estrella de Cosmic Vision, el programa europeo de exploración planetaria para el que la pyme española Arquimea Ingeniería está diseñando dos complejos microchips, base sobre la que se elaborarán los futuros componentes electrónicos finales. La empresa, creada en 2005, tiene dos áreas principales de actividad: mecanismos actuadores basados en materiales inteligentes y circuitos integrados, microchips.

Su principal cliente es la Agencia Espacial Europea y trabajan con tecnologías que desarrollan desde un nivel de madurez bajo y que sirven de base para componentes que la ESA utiliza para sus misiones. Su éxito es la prueba de laboratorio que demuestra la validez de la siguiente fórmula: un eficiente uso de la inversión pública en I+D sumado a una estrategia empresarial muy enfocada a necesidades puntuales de la industria y productos de alto valor añadido dan como resultado un posicionamiento sólido en el sector en menos de diez años.

“Lo que hace Arquimea es enfocarse a un nicho muy concreto en el sector espacial, los materiales con memoria de forma, aleaciones inteligentes que cambian o recuperan su forma cuando cambia la temperatura, una capacidad que en Europa no tiene casi nadie. Somos además, en el campo de la microelectrónica, uno de los pocos en Europa especializados en diseños de señal mixta tolerantes a radiaciones. La radiación cósmica altera el funcionamiento de muchos circuitos y hay que diseñarlos con técnicas especiales que los hagan resistentes y tolerantes a esa radiación”, señala Tejada como líneas generales del enfoque de su actividad.

“Hemos participado en proyectos de I+D financiados por CDTI Centro de Desarrollo para Tecnología Industrial en España, por el Ministerio de Economía o el de Ciencia e Innovación en su momento”, relata, “y además lideramos varios proyectos europeos. Como partimos de tecnología base, es fácilmente vendible o financiable”, añade. En 2012, sin embargo, la empresa tuvo que dar el salto a Alemania, cuando los presupuestos públicos para Espacio sufren una grave caída en España debido la crisis. “Aquí la competencia es mucho mayor, pero la inversión es también 10 veces mayor. Nuestros principales clientes y socios estaban aquí, y trabajando en Alemania tenemos la posibilidad de transferir tecnologías a otros sectores, como automoción o industria. Este año estamos consolidando la empresa en el sector espacial y en dos o tres años pasaremos a los sectores médicos e industrial”, expone Tejada, uno de los 5 instalados en Fránkfurt Oder y que se suman a los alrededor de 30 empleados de la empresa en España. En este ejercicio fiscal facturarán más de 5 millones de euros, el 90% fruto de la exportación.

A pesar de los esfuerzos inversores españoles en I+D, muchas empresas se quedan en el camino. “Personalmente echo de menos un plan, una mayor consistencia de la estrategia. Me da la sensación de que cuando hay dinero se financia todo y cuando deja de haberlo se cortan cosas a medias, por lo que se pierde lo que se ha financiado antes. Sería interesante establecer una estrategia clara y comunicarla bien sobre a dónde quiere ir el I+D en España en cada uno de los sectores, así como conceder un mayor peso de las pymes a la hora de definir esos intereses respecto a las grandes empresas”, propone.

Pero para anclarse en un sector no basta con un nivel de inversión favorable, sino que además es necesaria la interacción muy intensa con otras empresas. “Los proyectos europeos propician la formación de consorcios con empresas o instituciones de investigación de al menos tres países, y después está lo que llamamos la puerta fría, que consiste en diseñar algo que crees que puede interesar a una empresa y tratar de contactar con ella en ferias, por ejemplo. Hace un par de años contactamos así con Daimler y redactamos dos patentes con ellos basadas en nuestros materiales de memoria de forma” se enorgullece, explicando la clave que permite posicionarse en un sector de inversión masiva, como es el aeroespacial, contando solo con ordenadores y dos laboratorios: “Poner un satélite en el espacio cuesta del orden de 400 millones de euros, pero hay componentes que cuesta fabricar desde cientos de miles de euros hasta varios millones. Cada antena, cada panel solar, cada CPU están compuestos a su vez por partes más pequeñas que cuestan menos y nosotros nos situamos en esa parte de la cadena”.

En un campo de competencia feroz, el plus que la ESA ha valorado en la licitación es su optimización del diseño, puesto que son circuitos integrados reconfigurables que muy posiblemente servirán para “procesar señales eléctricas de los instrumentos” del satélite JUICE o alguna de las demás misiones del ambicioso programa espacial europeo.

Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, alberga más agua líquida que la Tierra


El Mundo

  • Ganímedes, la mayor luna de Júpiter, alberga más agua líquida que la Tierra
  • El telescopio espacial ‘Hubble’ detecta la presencia de un gran océano subterráneo bajo la corteza de la mayor luna del Sistema Solar
  • El hallazgo se hizo de forma indirecta, observando la actividad de sus auroras y a través de ellas, de su campo magnético
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Recreación artística de la luna Ganímedes, con las auroras detectadas, orbitando Júpiter, al fondo.NASA

Ganímedes es la mayor luna de Júpiter y también del Sistema Solar. Y según sugieren las observaciones realizadas con el telescopio espacial Hubble, alberga un gran océano subterráneo que contiene más agua líquida que la que hay en la Tierra. La conclusión fue presentada ayer durante una rueda de prensa de la NASA en la que participaron los principales científicos que han llevado a cabo esta investigación, publicada en Journal of Geophysical Research: Space Physics.

Según sus cálculos, esta gran masa de agua salada tendría unos 100 kilómetros de profundidad (aproximadamente diez veces más que los océanos más profundos de la Tierra) y se encontraría bajo una corteza de 150 kilómetros de espesor, compuesta en su mayor parte por hielo.

Descubierta por Galileo en el año 1610, la luna gigante Ganímedes tiene un tamaño comparable al planeta Mercurio y cuenta con un campo magnético propio (es el único satélite del Sistema Solar que lo tiene) y una frágil atmósfera, muy distinta a la de la Tierra, en la cual el telescopio Hubble ya había encontrado indicios de oxígeno.

Basándose en los modelos teóricos que usan para sus investigaciones, desde los años 70 del siglo pasado los científicos ya pensaban que este satélite podía tener un gran océano. La misión de la NASA Galileo midió en el año 2002 su campo magnético, reforzando con sus resultados esas sospechas. Ahora, han encontrado una nueva prueba.

El telescopio Hubble fue utilizado para observar en Ganímedes las auroras, un fenómeno vinculado al campo magnético del satélite. Debido a que los telescopios no pueden ver lo que hay en el interior de los planetas, los satélites o cualquier objeto celeste, rastrear el campo magnético a través de las auroras les permite de forma indirecta averiguar lo que hay dentro. Además de tener un campo magnético propio, al orbitar muy cerca de Júpiter, Ganímedes también se ve influida por el campo magnético de ese planeta gigante.

Los científicos observaron el comportamiento de las dos auroras para determinar que debajo de la corteza de Ganímedes hay una gran masa de agua salada que influye en su campo magnético. «Siempre le di vueltas a la idea de cómo podíamos usar un telescopio de manera distinta. ¿Es posible emplearlo para mirar lo que hay en el interior de un cuerpo planetario? Entonces pensé en las auroras, porque están controladas por el campo magnético. Si observas una aurora de la forma adecuada, puedes obtener información sobre el campo magnético. Y si sabes cómo es el campo magnético, obtienes información sobre el interior de esa luna», explicó durante la rueda de prensa telefónica Joachim Saur, investigador de la Universidad de Colonia (Alemania) y autor principal de este trabajo.

«Los nuevos datos encajan muy bien con lo que se sabía. Se trata de un resultado importante porque afianza la idea de que ese océano de agua líquida existe, pues contamos con evidencias indirectas», señala a EL MUNDO Olga Prieto, geóloga planetaria del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC-INTA).

Prieto es una de las investigadoras que ha planificado la ambiciosa misión JUICE (Jupiter Icy moons Explorer) que la Agencia Espacial Europea (ESA) tiene previsto lanzar al sistema de Júpiter en el año 2022, adonde llegaría en 2030.

Uno de los principales objetivos de esta sonda será precisamente estudiar Ganímedes e indagar sobre la presencia de este gran océano de agua líquida. Io, Europa y Calisto son otros de los satélites que hacen que el estudio del sistema de Júpiter tenga gran interés.

«Este descubrimiento supone un hito y pone de manifiesto lo que el Hubble puede conseguir», afirmó John Grunsfeld, uno de los responsables del departamento científico de la NASA, que el próximo 24 abril celebrará un cuarto de siglo de observaciones y descubrimientos de su telescopio espacial, que también es operado por la ESA. En su opinión, «un océano profundo bajo la corteza helada de la luna Ganímedes abre la fascinante posibilidad de que haya vida más allá de la Tierra».

Twitter: @teresaguerrerof


 

TRES REQUISITOS PARA QUE PUEDA HABER VIDA

Detectar la presencia de agua líquida como la que parece haber en Ganímedes, el mayor satélite de Júpiter, afirma la NASA, «es crucial» en la búsqueda de mundos habitables y de la presencia de vida como la conocemos en nuestro planeta. No obstante, matiza Olga Prieto, investigadora del Centro de Astrobiología, «haber detectado agua líquida implica simplemente que se da uno de los requisitos para poder decir que el ambiente es habitable, pero no nos dice nada sobre la existencia de vida como la que conocemos en la Tierra. Una cosa es la habitabilidad y otra la existencia de vida», señala. Tres son los requisitos que los científicos dedicados a la astrobiología consideran necesarios para determinar que un ambiente es habitable, como recuerda Prieto.«El primero es que haya agua líquida. El segundo, que haya energía para poder mantener el metabolismo de los organismos que pudieran vivir en ese ambiente. En la Tierra, por ejemplo, sabemos que hay organismos que usan la luz solar y otros que utilizan energía química. Por último, debe haber elementos químicos esenciales para la vida, como el carbono, el nitrógeno, el oxígeno, el hidrógeno, el fósforo y el azufre», resume la investigadora en conversación telefónica. Lo que parece evidente es que en la superficie de este mundo helado, argumenta Prieto, no es posible que exista vida como la que se da en la Tierra: «La temperatura en la superficie de este satélite es de unos -173ºC, así que no puede haber agua líquida. Y si hay hielo, no hay vida. Pero en el interior de Ganímedes hay decenas de kilómetros de agua líquida. Es sorprendente la cantidad de agua que puede tener un satélite de hielo», añade la científica española. Por otro lado, la sonda ‘Cassini’ de la ESA ha detectado esta semana diminutos granos de roca en Encélado, una de las lunas heladas de Saturno, que sugieren que se dan procesos hidrotermales en su lecho marino.

La nave ‘New Horizons’ se acerca a Plutón


El Mundo

  • EXPLORACIÓN ESPACIAL Misión de la NASA al planeta enano
  • La nave espacial de la NASA comienza a estudiar este mundo helado, que en 2006 fue relegado a la categoría de planetas enanos del Sistema Solar
  • El próximo 14 de julio, la nave hará su máxima aproximación a Plutón

En el colegio aprendimos que Plutón era uno de los nueve planetas del Sistema Solar. Pero durante el verano de 2006, los astrónomos decidieron sacarlo de esa lista. Así, durante la asamblea de la Unión Astronómica Internacional (UAI) celebrada en Praga, se acordó incluir a Plutón en otra categoría de cuerpos celestes, la de los planetas enanos, que fue creada en esa misma reunión. Por entonces, la nave espacial de la NASA New Horizons se dirigía ya hacia este pequeño mundo helado.

Unos meses antes, el 19 de enero de 2006, había despegado desde Cabo Cañaveral (EEUU) a bordo de un cohete Atlas para emprender un fabuloso viaje por el Sistema Solar que le llevaría hasta el que era, por entonces, el único planeta al que no había llegado una nave espacial.

Tras una larga travesía de nueve años durante la que ha recorrido unos 4.600 millones de kilómetros, New Horizons comenzó ayer por fin a estudiar el sistema de Plutón. Aunque su máxima aproximación a este cuerpo celeste tendrá lugar el próximo 14 de julio, cuando se sitúe a unos 10.000 kilómetros de distancia de su superficie, la nave de la NASA ya está realizando mediciones y estudiándolo desde la distancia. A partir de abril tomará fotografías, tanto de Plutón como de Caronte, su luna de mayor tamaño.

A pesar de que haya quedado relegado a la categoría de planeta enano, su estudio sigue teniendo un gran valor para los científicos. Y es que los planetas enanos, con tamaños de entre 200 y 2.000 kilómetros, se consideran reliquias del Sistema Solar que tuvieron su origen hace unos 4.000 millones de años. Por ello, explorarlos aportará datos importantes sobre la formación planetaria.

Durante su viaje, la nave ha pasado cerca de las órbitas de varios planetas del Sistema Solar: Marte (en 2006), Júpiter (al que se aproximó en 2007), Saturno (2008), Urano (2011) y Neptuno (2014).

La fase principal de la misión de New Horizons, que tiene siete instrumentos, consistirá en estudiar la estructura y en analizar la composición de la superficie y atmósfera de Plutón. Se cree que se trata de un mundo gélido con temperaturas que deben rondar los -230ºC, por lo que se piensa que no podría albergar vida.

Un largo viaje por el Sistema Solar

«Aunque tenemos algunas ideas sobre lo que esperamos encontrar, no puedo dejar de pensar que la historia se repetirá de nuevo y nos veremos sorprendidos por algo nuevo, algo que no esperamos ver», señalaba hace unos días Dennis Reuter, científico de New Horizons, en un artículo publicado en la web de la NASA.

Así, Reuter recordaba cómo las sondas enviadas a distintos destinos del Sistema Solar habían realizado sorprendentes descubrimientos, como los volcanes de Io (una luna de Júpiter), los lagos de hidrocarburos en Titán(el mayor satélite de Saturno), los géiseres de nitrógeno de Tritón (luna de Neptuno), entre otros muchos ejemplos.

New Horizons también intentará averiguar si Plutón tiene otros satélites que no han sido descubiertos. De momento, han sido localizadas cinco lunas: Caronte, Hidra, Nix, Cerbero y Estigia. Las dos últimas fueron descubiertas recientemente, en 2011 y 2012 respectivamente.

La sonda ha pasado gran parte de su viaje durmiendo para ahorrar energía. En total, ha estado hibernando 1.873 días repartidos en 18 periodos de entre 36 y 202 días. El pasado 6 de diciembre, salió de su última fase de hibernación para comenzar el periodo más importante de su misión, cuyo coste total asciende a 700 millones de dólares (unos 603 millones de euros).

Una vez complete su trabajo en el sistema de Plutón, si se encuentra en buen estado su misión en esta remota región del Sistema Solar se prolongará para que pueda sobrevolar uno o dos cuerpos celestes más del Cinturón de Kuiper, de entre 40 y 90 kilómetros de diámetro.

Por cierto, New Horizons lleva un puñado de cenizas de Clyde Tombaug (1906-1997), el astrónomo estadounidense que descubrió Plutón en 1930. Además de las cenizas, con las que la NASA hará un homenaje póstumo al padre de este planeta enano, la agencia ha metido en la nave otros objetos simbólicos, entre los que figuran una bandera de EEUU, una moneda de Florida, un CD con los nombres de casi medio millón de personas que escribieron a su página web y una pieza del SpaceShipOne, el primer vehículo espacial privado. También las sondas Voyager, los objetos creados por el hombre que más distancia han recorrido (la Voyager 1 ha salido incluso del Sistema Solar) llevaban discos con una selección de información sobre la Tierra y mensajes por si caía en manos de alguna civilización extraterrestre.

El agua de la Tierra podría proceder de asteroides, y no de cometas


ABC.es

  • Los datos obtenidos por la misión Rosetta en el cometa 67/P Churyumov Gerasimenko revelan que su agua no se parece a la de nuestro planeta
El agua de la Tierra podría proceder de asteroides, y no de cometas

ESA/Rosetta/Philae/DLR El módulo Philae captó esta imagen del cometa durante su aproximación

Un equipo internacional de científicos dirigido por Kathrin Altwegg, investigadora principal del instrumento ROSINA, un espetrómetro de masas a bordo de la sonda Rosetta, acaba de publicar en Science las primeras conclusiones del análisis del agua del cometa Churyumov Gerasimenko. Un agua que, al parecer, es diferente de la que tenemos en la Tierra.

Uno de los objetivos principales de la misión Rosetta es, en efecto, averiguar si el agua de la Tierra, la que llena nuestros océanos, fue o no traida a nuestro mundo por cometas. Y las medidas directas de la proporción entre hidrógeno y deuterio en el agua del cometa 67/P Churyumov Gerasimenko tomadas por Rosetta parecen indicar que no. O por lo menos, no por cometas de la misma clase que el primero en el que el hombre consigue hacer aterrizar un módulo. [Así te lo contamos en directo].

Se sabe que, hace más de 3.000 millones de años, cuando el Sistema Solar era aún muy jóven, Júpiter se desplazó desde su lugar de origen hasta su órbita actual. Al hacerlo, el planeta gigante arrastró en su avance a millones de cometas y asteroides, lanzándo a muchos de ellos directamente contra los planetas interiores. La Tierra sufrió en aquella época lo que se conoce como “El gran Bombardeo”, y recibió el impacto de un gran número de meteoritos y cometas de todos los tamaños. Muchos científicos mantienen la hipótesis de que fue así, precisamente, cómo pudieron llenarse las cuencas oceánicas.

Pero el instrumento ROSINA de la nave Rosetta, un espectrómetro de masas que ha analizado la huella química de los gases que envuelven el núcleo del Churyumov Gerasimenko, ha demostrado que el agua del cometa no es como la de la Tierra. Desde hace años, investigadores de todo el mundo han estado estudiando la composición del agua que contienen asteroides y cometas para determinar si fueron los unos o los otros los que aportaron las reservas originales del agua terrestre.

“La procedencia del agua y de los compuestos orgánicos de la Tierra y de otros planetas terrestres -dicen los investigadores en su artículo de Science- lleva discutiéndose desde hace largo tiempo sin que se haya llegado a un consenso. Y una de las mejores maneras de distinguir entre los diferentes escenarios posibles es determinar las proporciones de hidrógeno y deuterio en las reservas de agua de los cometas y en los océanos terrestres”.

La proporción hallada por los investigadores en el agua del cometa es tres veces superior a la que existe en la Tierra. “Mediciones cometarias anteriores -prosigue el artículo- junto a nuestros nuevos datos sugieren un amplio abanico de proporciones entre hidrógeno y deuterio en el agua contenida en el interior de los objetos jupiterinos y excluye la idea de que este agua sea la única que compone los océanos terrestres”.

En muchos casos, el agua suele contener átomos regulares de hidrógeno (con un solo protón y un único electrón), pero en otros casos el hidrógeno es sustituido por uno de sus isótopos más pesados, el deuterio (que incluye también un neutrón). En el agua que contiene 67/P Cguryumov Gerasimenko, la proporción entre hidrógeno y deuterio es tres veces superior a la que se da en el agua de los océanos terrestres, y también mucho más alta que la encontrada en otros cometas similares.

En el cometa 103/Hartley 2, por ejemplo, se descubrió hace unos años que la proporción entre hidrógeno y deuterio era tan baja que llevó a muchos científicos a considerar seriamente la idea de que las reservas de agua de la Tierra procedían exclusivamente de los cometas.

Pero los nuevos datos recién obtenidos del 67/P Churyumov Gerasimenko podrían inclinar la balanza, de nuevo, a favor de los asteroides como depositarios de esa reserva original. Los datos también sugieren que las proporciones de hidrógeno y deuterio en la familia de los cometas jupiterinos es mucho más diversa de lo que se pensaba hasta ahora. Una variedad que, posiblemente, refleja lugares de nacimiento diferentes de los cometas y a distancias muy variables del Sol, como son por ejemplo el cinturón de Kuiper, cerca de Plutón, o la nube de Oort, en los confines extremos del Sistema Solar.

A Júpiter le sale un ojo gigante


ABC.es

  • La imagen ha sido captada por el telescopio espacial Hubble y la NASA la ha elegido como foto del día
A Júpiter le sale un ojo gigante

NASA / ESA / A. Simon (Goddard Space Flight Center) El ojo gigante en Júpiter

El telescopio espacial Hubble de la NASA ha captado una extraordinaria imagen de Júpiter en la que el planeta gigante, el más grande de nuestro Sistema Solar, parece mirar a la cámara con un solo ojo de cíclope.

El fenómeno tiene una explicación. El pasado abril, el Hubble observaba la gran mancha roja del planeta, una tormenta circular anticiclónica más grande que la Tierra en la que los vientos alcanzan velocidades de cientos de km por hora, cuando la sombra de Ganímenes, luna de Júpiter, se extendió por el centro de la tormenta. Esto dio al planeta gigante la apariencia misteriosa de ser un cíclope, con un enorme ojo de 15.000 km de diámetro.

La fotografía ha sido escogida como imagen del día para la NASA.

El planeta que logró envejecer a una estrella


ABC.es

  • Gigantesco y muy cercano a su astro, le obliga a comportarse como si fuera mucho más viejo de lo que es en realidad
El planeta que logró envejecer a una estrella

X-ray: NASA/CXC/SAO/I.Pillitteri et al; Optical: DSS; Illustration: NASA/CXC/M.Weiss

Un grupo de investigadores liderado por el italiano Ignazio Pillitteri, del Instituto Nazionale di Astrofisica, acaba de hacer público un descubrimiento excepcional y que los astrónomos no habían tenido ocasión de estudiar nunca hasta ahora. Se trata de un planeta que está haciendo “envejecer” a la estrella que orbita, obligándola a comportarse como si fuera mucho más vieja de lo que en realidad es. Los datos que han llevado a este insólito hallazgo han sido obtenidos con el telescopio espacial de rayos X Chandra, de la NASA. El trabajo se ha publicado en Astronomy.

La estrella, Wasp-18, y su planeta, Wasp-18b, se encuentran a unos 330 años luz de la Tierra. Wasp-18b es un mundo enorme, con una masa diez veces superior a la de Júpiter (pertenece a la categoría de exoplanetas llamada “Júpiter caliente”), y tarda menos de 23 horas en completar una órbita alrededor de su estrella.

La estrella, por su parte, tiene más o menos la misma masa que nuestro Sol, pero es mucho más joven, a pesar de lo cual se comporta como si tuviera su misma edad. Se trata de la primera vez que se observa un planeta capaz de “envejecer” a una estrella.

“Wasp-18b es un planeta extremo -explica Ignazio Pilliteri-. De hecho, es uno de los Júpiter calientes más masivos que se conocen, y también uno de los más cercanos a su estrella, características que llevan a un comportamiento inesperado. Este planeta, en efecto, está haciendo que su estrella actúe como si fuera mucho más vieja de lo que es”.

El equipo de Pilliteri ha determinado, usando los datos obtenidos con el Chandra, que la estrella Wasp-18 tiene una edad comprendida entre los 500 y los 2.000 millones de años. Eso puede parecer mucho tiempo, pero una estrella de esa edad se considera muy joven. Nuestro Sol, por ejemplo, que se halla en el ecuador de su existencia, tiene unos 5.000 millones de años.

Las estrellas jóvenes (como Wasp-18) tienden a ser muy activas, poseen campos magnéticos muy fuertes, emiten grandes llamaradas y una cantidad de rayos X muy superior a las estrellas más “ancianas”. Todas estas características están estrechamente ligadas a su velocidad de rotación, que generalmente se va ralentizando con la edad. Sin embargo, cuando los astrónomos enfocaron sus instrumentos hacia Wasp-18, apenas si detectaron emisiones de rayos X. De hecho, la estrella se mostraba unas cien veces menos activa de lo que, por su edad, debería ser.

“Creemos que el planeta está envejeciendo la estrella porque causa estragos en sus entrañas”, afirma Scott Wolk, del Centro de Astrofísica Harvard-Smitsonian y coautor del estudio.

Efecto dominó

Los investigadores piensan que las fuerzas de marea creadas por el tirón gravitatorio del enorme planeta, similares a las mareas terrestres creadas por la Luna, pero a una escala mucho mayor, pueden haber desestabilizado el campo magnético de la estrella.

La intensidad del campo magnético depende de la cantidad de convección que se dé en la estrella, es decir, de cuan intensamente se agiten los gases calientes en su interior.

“La gravedad del planeta puede causar movimientos de gas en el interior de la estrella que debiliten los movimientos convectivos -explica por su parte otro de los autores de la investigación, Salvatore Sciortino-. Lo cual provoca un efecto dominó que resulta en un campo magnético más débil y en un envejecimiento prematuro de la estrella”.

Wasp-18 es particularmente sensible a este efecto porque su zona de convección es más estrecha que la de otras estrellas. Y eso la hace más vulnerable al impacto de las fuerzas de marea que tiran de ella.

El efecto causado por las fuerzas de marea del planeta puede explicar también la enorme y poco habitual cantidad de litio hallado en Wasp-18. El litio abunda, generalmente, en las estrellas más jovenes, pero con el paso del tiempo los movimientos convectivos llevan gran parte del litio a las zonas más profundas y calientes de la estrella, donde es destruido por las reacciones nucleares. Pero si hay menos convección, hay también menos circulación de litio, la mayor parte del cual no es arrastrado a las profundidades y logra perdurar en las capas externas de la estrella.

Nubes en Júpiter, que son azotadas por viento a más de 650 km/h


Nubes en Júpiter, que son azotadas por viento a más de 650 km/h

Nubes en Júpiter, que son azotadas por viento a más de 650 km/h

 

Hallan vapor de agua en Ceres, el más pequeño de los planetas enanos


La Vanguardia

  • El descubrimiento refuerza la teoría de que parte del agua de los océanos terrestres llegó a través de asteroides

Comparativa del tamaño del planeta Ceres respecto a la Luna,Plutón y otros planetas enanos NASA

Madrid,  (EFE).- Un grupo internacional de investigadores ha hallado por primera vez vapor de agua en Ceres, el más pequeño de los planetas enanos del Sistema Solar y el objeto más grande del cinturón de asteroides o principal, una región comprendida entre las órbitas de Marte y Júpiter que alberga cientos de cuerpos celestes.

Las conclusiones de este trabajo que confirman la presencia de agua en este planeta enano se publican en la revista Nature y son importantes, según sus autores, porque refuerzan la teoría de que parte del agua de los océanos terrestres ‘la trajeron’ asteroides.

Ceres fue descubierto en 1801 por Giuseppe Piazzi y primero se le consideró como un cometa, después como un planeta y un asteroide, hasta que finalmente se le catalogó como planeta enano en 2006.

Es “más o menos redondo”, ha relatado a Efe Michael Kueppers, autor principal del artículo e investigador de la Agencia Espacial Europea (ESA), en la sede de Villanueva de la Cañada (Madrid).

Además, supone casi un tercio de la masa total del cinturón asteroides, carece de atmósfera y su temperatura máxima alcanza los 90 grados bajo cero.”Hemos constatado la existencia de hielo en la superficie de Ceres, que sublima y se convierte en vapor”, ha afirmado Kueppers.

Según este investigador, se trata de la primera vez que se detecta agua en este planeta enano y en un objeto del cinturón de asteroides.La detección ha sido gracias al observatorio espacial Herschel, una misión de la ESA con participación de la NASA, que captó vapor de agua en este planeta en octubre de 2012 y en marzo de 2013.Kueppers ha señalado además que según estas observaciones parece que hay más agua en determinadas zonas de Ceres.

En el Sistema Solar existe una frontera -llamada en inglés snowline– que divide al mismo entre objetos secos y cuerpos helados, que están, estos últimos, más allá del Sol, según Kueppers.Los modelos predicen que los cuerpos helados, como los cometas, pueden haber migrado hacia el interior de esa snowline.Este trabajo, al confirmar la presencia de hielo en Ceres -dentro de esa snowline-, da peso a esta teoría.

Otra de las teorías en las que redunda este estudio es en aquella que establece que el origen del agua oceánica está en los asteroides.

Espectaculares ‘géiseres’ en una luna de Júpiter


El Mundo

  • ASTRONOMÍA Chorros de vapor de agua de 200 km. de altura en Europa
Recreación artística de un chorro de vapor de agua en la superficie...

Recreación artística de un chorro de vapor de agua en la superficie helada de Europa, con el Sol al fondo. K. RETHERFORD, SOUTHWEST RESEARCH INSTITUTE.

Se llama Europa y es la más pequeña de las cuatro principales lunas del planeta Júpiter. Un mundo misterioso y helado que cuenta con un océano subterráneo que intriga a los científicos y del que, según han detectado ahora, parecen emerger enormes chorros de vapor de agua. Así lo asegura un equipo liderado por Lorenz Roth tras analizar las imágenes obtenidas por el telescopio espacial Hubble en noviembre y diciembre de 2012 y compararlas con otras más antiguas captadas en 1999.

Según detallan en su investigación, publicada esta semana en la revista Science, si se confirma que se trata de géiseres significaría que el agua del océano subterráneo de este satélite puede salir fácilmente a su superficie, al menos en algunas ocasiones. Y es que sólo han podido detectar estos chorros de vapor de agua durante un periodo de siete horas.

El hallazgo, añaden, podría ser decisivo a la hora de planificar futuras misiones de exploración para determinar si Europa, que cuenta con una tenue atmósfera, es potencialmente habitable. “El descubrimiento de vapor de agua expulsado desde el Polo Sur refuerza la posición de Europa como el candidato con más posibilidades para que sea potencialmente habitable”, afirma Lorenz Roth, investiador el Instituto de Investigación Southwest de San Antonio (Texas, EEUU), en una nota de prensa de la Agencia Espacial Europea (ESA). Según aclara, no saben si estos chorros están conectados con el agua líquida que creen que hay bajo su superficie.

El estudio detalla que los chorros de vapor de agua miden nada menos 200 kilómetros de altura. Fueron observados solamente en el Polo Sur de este cuerpo celeste helado durante un breve periodo, siete horas, coincidiendo con el momento en el que está orbitando a mayor distancia de Júpiter. Según creen, los chorros se desvanecen cuando la luna pasa muy cerca de su planeta.

El planeta Júpiter y su satélite, Europa, en el que se muestra el lugar donde se detectaron los géiseres

SOUTHWEST RESEARCH INSTITUTE

Los investigadores creen que los géiseres de Europa podrían ser parecidos a los géiseres que la nave espacial Cassini observó en 2005 en Encélado, una de las lunas del planeta Saturno. Según sostienen los científicos, serían emisiones de vapor a alta presión que escapan de grietas muy estrechas.

Otro estudio presentado esta semana durante el congreso otoñal que la Unión Geofísica Americana en San Francisco (California, EEUU) ha revelado la presencia de minerales arcillosos en la luna Europa, cuyo origen podría estar en el choque de este objeto con un asteroide o cometa. En este caso, el estudio se realizó con los datos recabados por la sonda espacial Galileo, que fue lanzada por la NASA en 1989 y se prolongó hasta 2003. Esta nave espacial se sumergió en el interior de la atmósfera de Júpiter hasta que fue destruida, revelando información muy valiosa sobre su composición química, su campo magnético y sus principales satélites, entre ellos Europa.

La detección de agua en estos pequeñas lunas las convierte en uno de los principales objetivos que buscan potenciales mundos habitables en nuestro Sistema Solar. La Agencia Espacial Europea (ESA) prevé mandar en el año 2022 su misión JUpiter ICy moons Explorer para explorar Júpiter y tres de sus lunas principales: Ganímedes, Calisto y Europa. La sonda no tripulada tardaría ocho años en llegar a Júpiter, donde permanecería durante tres años, estudiando en profundidad y realizando mapas del planeta y de estas tres lunas.