‘Sandy’ hunde el Bounty, un barco mítico


El Mundo

La réplica del Bounty, que se ha hundido.| Reuters

El HMS Bounty es uno de los barcos más conocidos del mundo. Alcanzó la fama en 1789, por un motín que se produjo a bordo de la embarcación británica cuando surcaba los mares de Tahití. Una historia que se ha contado luego en libros – Julio Verne publicó en 1879 un cuento corto sobre el tema, ‘Los amotinados de la Bounty’- y en películas. Para una de ellas, ‘El motín del Bounty’, protagonizada por Marlon Brando y Richard Harris en 1962, se construyó una réplica exacta del barco, ya que el original fue quemado, para que no quedara ningún resto del motín.

Tras el rodaje, la copia del Bounty quedó como atracción turística y tras pasar por varios dueños, se lo quedó finalmente la HMS Bounty Organization LLC, que mantenía el barco funcionando en tours donde enseñaban la historia de la embarcación y revivían cómo era la navegación en aquella época. Un viaje al pasado y al romanticismo al que el huracán ‘Sandy’ ha puesto fin.

La embarcación, de tres mástiles y 55 metros de eslora, se ha hundido frente a la costa de Carolina del Norte. Esta madrugada aparecía el cuerpo sin vida de una de las tripulantes que había desaparecido durante el suceso. Se trata de Claudene Christian, de 42 años, una de las dos personas que seguía desaparecida tras el rescate de 14 tripulantes que se habían visto sorprendidos por el naufragio y que lograron ser rescatados horas antes.

Los guardacostas continúan buscando desde el aire al capitán, Robin Walbridge, de 63 años, a unos 145 kilómetros al sureste del Cabo Hatteras, en Carolina del Norte.

El barco, que desde su construcción no dejó de aparecer en el cine -una de las últimas películas en las que sale es de la saga ‘Piratas del Caribe’-, fue en sus inicios un carguero, pero en 1787 lo adquirió la armada británica para transportar frutos del pan (alimento barato para los esclavos) desde Tahití hasta el Caribe. Y ahí empezó su leyenda.

El viaje que pasó a la historia

El Bounty, capitaneado por William Bligh, discípulo del capitán James Cook, partió las navidades de 1787 para su primera misión. Zarparon con una ruta marcada y con unos tiempos de llegada más o menos establecidos. Pero las condiciones meteorológicas lo cambiaron todo. Una tempestad les obligó a cambiar de rumbo y a retrasarse varios meses más de lo previsto. Cuando llegaron a Tahití, en octubre de 1788, ya no podían transportar los frutos, así que tuvieron que hacer una larga escala en la isla.

Y la tripulación, compuesta por 44 miembros, se acostumbró a la vida de allí. Empezaron a intimar con las mujeres e incluso algunos de ellos, como el primer oficial Fletcher Christian, se casaron con nativas. En abril de 1789 tuvieron que retomar su misión, pero la mayoría zarpó a disgusto. Tanto, que casi un mes después de partir se produjo la rebelión, orquestada por Christian.

De su parte se pusieron 11 hombres. El resto se mantuvo leal al capitán Bligh. Pero a pesar de ser menos, el primer oficial y sus compinches logra ron quedarse a bordo del Bounty y regresar a Tahití. Se escondieron, con sus mujeres y queridas, en la isla de Pitcairn, para no ser apresados por alguna otra embarcación británica y quemaron su navío, para no ser detectados.

 

Japón se adentra en el centro de la Tierra de Julio Verne


La Razon

Un equipo de investigadores llega hasta los ocho kilómetros de profundidad

El centro de la Tierra sigue estando muy, muy, muy lejos, pero hasta ahora nadie se ha adentrado tan a fondo en las entrañas del planeta como una expedición japonesa, que ha perforado el mayor agujero, bajo la superficie del mar, realizado hasta ahora.

La misión ha logrado llegar hasta los 7.740 metros bajo el agua

Piense en una montaña casi tan alta como el Himalaya. Ahora, dele la vuelta e imagine toda esa distancia, desde el nivel del mar hasta la cumbre, bajo la Tierra. Eso es: ocho kilómetros en dirección al centro del planeta en un inacabable agujero. Es lo que ha hecho un equipo de oceanográficos de Japón, que ha establecido un nuevo récord en perforación en la corteza terrestre. 

La misión ha logrado llegar hasta los 7.740 metros bajo el agua, superando el récord mundial anterior de 7.050 metros registrado en la fosa Mariana en 1978. En aquella ocasión, un barco estadounidense sumergió un taladro a 7.034 metros de profundidad y, una vez allí, taladró en la corteza un agujero de 15 metros y medio.

Esta vez, el taladro del barco japonés se ha situado en un punto de la costa norte del país, la Fosa de Japón, el fatídico lugar donde se cuecen muchos de los terremotos y tsunamis que han asolado la zona, a 6.883,5 metros de profundidad. Una vez allí, hizo una perforación de casi in kilómetro (865,5 metros), una distancia impensable hasta la fecha, según informa el periódico japonés en inglésMainichi.

Cómo prevenir un terremoto
El objetivo de la investigación es precisamente ése, asomarse al punto más lejano de la Tierra al que ha llegado jamás la investigación humana para intentar averiguar algo sobre las causas de la formación de un seísmo y, de esta forma, obtener algunas claves para prevenirlo.

La perforación marina se enmarca dentro del plan investigador puesto en marcha por el gobierno japonés después del devastador terremoto y posterior tsunami de marzo de 2011.
De los trabajos se ha encargado el buque especial de investigación “Chikyu” (“Tierra” en japonés), perteneciente a la Agencia Japonesa para la Ciencia y la Tecnología Marítima y Terrestre, que utiliza la más moderna tecnología en materia de perforaciones.

En los trabajos se tomaron muestras de la falla geológica, que serán analizadas posteriormente, justo en el lugar en el que convergen la Plaza del Pacífico con la Placa Continental Euroasiática, un cóctel mortal para la formación de terremotos. De la información que de allí se extraiga quizás se puedan obtener datos trascendentales para aprender a
comprender, y de paso prevenir, los temblores de la Tierra.

Aún así, por supuesto, el camino hacia el centro de la Tierra con el que fantasearon escritores como Julio Verne e infinidad de científicos estará aún muy lejos.

El carguero europeo ‘Julio Verne’ se acopla con éxito a la Estación Espacial Internacional


CET – El Mundo

LA MANIOBRA SE REALIZÓ DE FORMA AUTOMÁTICA

MADRID.- El vehículo espacial ‘Julio Verne’ se ha acoplado a la Estación Espacial en la que ha sido la primera maniobra de una nave europea totalmente automatizada y teledirigida desde la Tierra.

“Estoy completamente estufefacto”, ha dicho tras la maniobra el director de la ESA, Jaques Dordain, desde el centro de control en Toulouse, Francia.

“Sabía que sería extraordinario, pero tener éxito en el primer intento… creo que ha sido un increíble logro técnico”, ha añadido Dordain.

El primer vehículo espacial europeo, con 10,3 metros de longitud y 4,5 de diámetro fue lanzado el pasado 9 de marzo y alberga 7,7 toneladas de todo tipo de suministro para los astronautas de la ISS: comida, ropa, carburante, piezas de recambio, material para los experimentos, aire y agua.

Durante cerca de cuatro meses, permanecerá acoplado a la estación y utilizará sus motores para corregir la órbita de la estación, compensando así sus pérdidas de altura.

En el mes de agosto, volverá a desacoplarse de forma totalmente autónoma y dirigirá su trayectoria para desintegrarse en la atmósfera. Hay previstas hasta cinco misiones del programa ATV (vehículos de transferencia automatizados) hasta 2012, y la próxima tendrá lugar a finales de 2009.

Cuando los transbordadores de la NASA se jubilen, en 2010, los ATV europeos serán los principales vehículos de carga de la ISS.

Antes de completar la maniobra de acoplamiento, el ATV se encontraba a 3,5 kilómetros de la ISS. Para llegar hasta allí, utilizó diferentes sistemas, como los sensores denominados ‘seguidores de estrellas’ y navegación relativa por GPS, que permite al vehículo utilizar las medidas que recibe él mismo y las de la ISS para calcular la distancia entre ambos.

Pero una de las principales novedades ha consistido en el guiado mediante sensores láser, que le han ayudado a encontrar la posición final con una precisión de milímetros en el punto de contacto.