Hallan un pecio de las tropas mongolas que intentaron invadir Japón en el siglo XIII


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  • El barco, hundido frente a la isla de Kyushu, pertenecía a un grupo de navíos que fueron barridos por un tifón en el verano de 1281
University of the Ryukyus Los restos del pecio, hallado frente a las costas de la isla de Kyushu

University of the Ryukyus
Los restos del pecio, hallado frente a las costas de la isla de Kyushu

 Arqueólogos japoneses han confirmado que los restos de un barco hundido frente a las costas de la isla nipona de Kyushu corresponden a una embarcación de las tropas mongolas que trataron de invadir sin éxito Japón en el siglo XIII.

Los investigadores han certificado que la embarcación pertenecía a un grupo de navíos que fueron barridos por un tifón en el verano del año 1281 cuando las tropas del imperio mongol, enviadas por Kublai Kan, preparaban un desembarco masivo en el norte de Kyushu, según informa el diario «Asahi».

Se trata de la segunda embarcación mongola perteneciente a esa flota cuya identidad ha logrado ser confirmada por científicos, pese a que se han hallado otros tres naufragios más en la zona que podrían tener idéntico origen.

El grupo de arqueólogos, que pertenecen a la Universidad de Ryukyu y a la ciudad de Matsuura, en cuya costa se encontró el pecio, ha logrado certificar su origen gracias a la identificación de cerámicas chinas de los siglos XII y XIII halladas en el pecio.

Los restos del barco, un junco chino (el tipo de embarcación que emplearon estos ejércitos de Kublai Kan), miden unos 12 metros de largo y 3 de ancho, aunque se cree que la eslora y la manga debieron ser originalmente de 20 y 6-7 metros, respectivamente.

El navío, cuya proa quedó mirando al sur (en dirección a la costa de Kyushu), fue hallado el pasado otoño a unos 15 metros de profundidad en el llamado sitio arqueológico de Takashima Kozaki. Numerosos artefactos pertenecientes a esta flota (cerámicas, tejas, rocas empleadas como lastre) han sido hallados en esta zona.

Los dos intentos (en 1274 y 1281) de invadir Japón por parte de las tropas de Kublai Kan fracasaron debido a que sendos tifones destruyeron las naves cuando estas estaban apostadas frente a las costas del archipiélago preparando las operaciones de desembarco.

Las dos tormentas, cruciales para evitar la invasión mongola, fueron descritas por los cronistas de la época como «kamikaze» (viento divino), término que más tarde se utilizaría para denominar a los pilotos suicidas del imperio japonés en la Segunda Guerra Mundial.

Japón, la isla «recubierta de oro» que quería saquear Colón


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  • En su primer viaje, este marino bordeó la isla de Cuba creyendo que era parte de Cipango, como se conocía entonces al territorio nipón
Japón, la isla «recubierta de oro» que quería saquear Colón

ARCHIVO ABC Colón, frente a un globo terráqueo

Cristóbal Colón (genovés para muchos, español para varios, y catalán para algunos) es recordado en los libros de Historia por haber descubierto –casi sin pretenderlo- las Américas en el año 1492. O más bien por revelar su existencia a los Reyes Católicos pues, como bien señalan en la actualidad multitud de historiadores latinos, esas tierras ya se encontraban allí sin necesidad de que ningún europeo las encontrase por obra y gracia de su Dios.

Fuera como fuese, lo cierto es que este marino no buscaba nuevos mundos que desvelar, sino establecer una ruta hacia las indias y hallar en su travesía –con un poquitín de ayuda divina- la isla de Cipango (la actual Japón). La razón de este último propósito era sencilla: corría una leyenda popularizada por Marco Polo en el Siglo XIII que afirmaba que en este pedazo de tierra había ingentes cantidades de oro que sus habitantes no se molestaban en explotar.

Por ello, no es de extrañar que, cuando Colón divisó por primera vez una isla que se asemejaba a la descripción de Cipango, saltara de euforia al considerar que había arribado hasta territorio nipón. No era para menos su alegría ya que, si la región se correspondía con el actual Japón, sus bolsillos estarían pronto a rebosar de riquezas con las que dar en los morros a todos los reyes hijos de mala madre que habían rechazado sus proyectos en los años previos. Sin embargo, lo que no sabía es que lo que había descubierto era realmente Cuba, tierra de futuros líderes políticos tan reseñables como Fidel Castro.

En busca de un primitivo El Dorado

Para entender la llegada de este marino hasta Cuba es obligatorio retrasar el calendario muchas, pero que muchas páginas. Concretamente, es necesario regresar en el tiempo hasta 1485, año en que Colón disfrutaba de unas «vacaciones de trabajo» en Castilla provisto de una carta de recomendación que le había entregado el mismísimo confesor de la reina Isabel.

Su objetivo no era otro que llamar a la puerta del palacio de los Reyes Católicos e informar a los monarcas de sus planes: quería encontrar una nueva ruta hacia las indias (con las que el comercio a través del Mediterráneo era habitual) navegando a través de tierras inexploradas. Ahí es nada, que debía pensar, pero lo cierto es que no eran pocas las naciones que le habían dado un buen portazo en las narices ante ese descabellada propósito.

Japón, la isla «recubierta de oro» que quería saquear Colón

Estatua de Cristóbal Colón ARCHIVO ABC

Con todo, no era aquella la única idea que llevaba atesoraba bajo las mangas de su camisa. También partía con el objetivo de encontrar Cipango, una isla que bien se podría asemejar con la posterior «El Dorado» pues, como había contado Marco Polo en uno de los libros en los que narraba sus viajes a Asia, esta era una región con una gigantesca riqueza en oro. «La quimera del oro de Cipango (Japón) fue el objetivo principal del primer viaje de Colón de 1492. Donde quiera que iba, el almirante se informaba con mucho cuidado y diligencia sobre el dorado metal», corrobora el Museo Oriental de Valladolid en su página sobre el marino.

¿Era un avaro nuestro bien recordado Colón? Tampoco es que se pueda afirmar tal cosa… Más bien pobre, pero no tonto, que diríamos en la actualidad. Con todo, lo cierto es que no es de extrañar que Marco Polo le avivara los deseos de riquezas, pues el explorador definía Cipango en su texto «El libro de las maravillas» como una isla que «está a 1.500 millas apartada de la tierra en alta mar y (que) tiene oro en abundancia pero que nadie explotar, porque no hay mercader ni extranjero que se haya llegado al interior».

Sus siguientes descripciones tampoco es que favorecieran que los exploradores dejaran sus huesos en tierra frente a la lumbre: «Os contaré de un maravilloso palacio que posee el señor de la isla. Existe un gran palacio todo cubierto de oro fino, tal como nosotros cubrimos nuestras casas e iglesias de plomo, y es de un valor incalculable. Los pisos de sus salones, que son numerosos, están también cubiertos de una capa de oro fino del espesor de más de dos dedos. Es de una riqueza tan deslumbrante, que no sabría exactamente cómo explicaros el efecto asombroso que produce el verlo». Con unos precedentes así, quién podría resistirse.

El plan perfecto que nadie quería

Todas estas ideas tenía Colón en la cabeza cuando se presentó ante los Reyes Católicos después de tener una lista de rechazos más extensa que las guerras por el trono de Castilla. Y la verdad es que, por entonces, la cosa no le fue mejor por estos lares, pues andábamos a mandobles contra los musulmanes por recuperar Granada y todos los maravedís se iban en el pago de los soldados cristianos (ya que, aunque la fe mueve montañas, más las mueve una bolsa llena de monedas).

Por ello, los monarcas decidieron que –cual banco- no invertirían ni una sola moneda sin que su Comisión de teólogos y cosmógrafos hiciera un examen previo de la idea. Aunque, según explica Luigi Bossi en su «Vita di Cristoforo Colombo», más les valdría haberle dado aquellos papeles a un mono, pues quizás éste animal hubiera tenido más visión de futuro que ellos.

Japón, la isla «recubierta de oro» que quería saquear Colón

Recreación de la Pinta, la Niña y la Santa María en el Puerto de Palos efe

«El proyecto fue entregado al examen de hombres inexpertos que, ignorando los principios de la cosmografía y de la náutica, juzgaron impracticable la empresa.¡Los mejores cosmógrafos del reino! ¡Y qué cosmógrafos! Una de sus principales objeciones era que si una nave se engolfaba demasiado hacia el Poniente, como pretendía Colón, sería arrastrada por efecto de la redondez del globo, no pudiendo por lo tanto regresar a España», determina el experto.

Por suerte, y aunque su idea se oponía a las ideas preestablecidas por los científicos de la época, Colón se topó en 1491 con la reina Isabel, quien –armas de mujer mediante- convenció a Fernando para que abriera la cartera y ofreciera el patrocinio peninsular al marino. Con ello, se inició el proyecto que desembocaría en el descubrimiento de América y que terminó de planearse cuando los Reyes Católicos se bajaron los calzones ante Colón y sus exorbitadas condiciones. Y es que, el genovés afirmó que sólo llevaría a cabo el proyecto si se le otorgaba el título de Virrey y Capitán General de las tierras que descubriese, así como el 10% de las rentas que produjeran.

Empieza el viaje

Tras firmar el «contrato» con sus Majestades, Colón viajó hasta Huelva, donde comenzó a preparar los tres navíos que partirían de Palos en pleno verano. «Era un viernes, el 3 de agosto de 1492, cuando, después de haber confesado y comulgado devotamente todos los que se embarcaron en la nao Santa María y en las carabelas Pinta y Niña, dejaron el puerto», determina explica el historiador del SXIX Ramiro Guerra y Sánchez en su obra «Historia elemental de Cuba». Mientras, en la cabeza del marino rondaba una idea: era necesario encontrar oro con el que demostrar a los Reyes Católicos (y en espacial al desconfiado Fernando) que su viaje no había sido en balde. ¿Cuál era la forma más fácil de conseguirlo? Cipango.

Colón y sus hombres tardaron dos meses y nueve días en atravesar el Atlántico. Motines de por medio –pues los marinos estaban hasta el chambergo de no ver más que agua por aquí y por allá desde su partida de España- finalmente avistaron terreno firme al grito de «¡Tierra, tierra!» de Rodrigo de Triana. Por entonces el calendario se había detenido en el 12 de octubre, un día feliz para Colón, pues creyó que había llegado al fin a las tierras descritas por Marco Polo en sus libros. Sin embargo, se hallaba frente a Guanahaní (una isla cerca de Cuba a la que llamó San Salvador para dar las gracias a Dios el buen trayecto).

Japón, la isla «recubierta de oro» que quería saquear Colón

Cristóbal Colón ARCHIVO ABC

Posteriormente, la expedición descubrió varias islas más, siendo las más destacadasSanta María de la Concepción(actualmente Cayo Rum), laFernandina(hoy conocida como Long) eIsabela(en la actualidad, Crooked). En varias de ellas se detuvo para explorar y dar parte de sus posibles habitantes a los Reyes Católicos, además de para ganarse el favor de los lugareños conpequeños cristales y baratijasque sorprendían sobremanera a los americanos.

«Andando […] fuimos a una población aquí cerca, adonde estoy surto media legua; y la gente de ella, como nos sintieron, dieron todos a huir […] Después se llegaron a nos unos hombres de ellos, y uno se llegó a quien yo di unos cascabeles y unas cuentecillas de vidrio y quedó muy contento y muy alegre, y porque la amistad creciese más y los requiriese algo, les hice pedir agua, y ellos, después que fui en la nao, vinieron luego a la playa con sus calabazas llenas y holgaron mucho de dárnosla. Y yo les mandé dar otro ramalejo de cuentecillas de vidrio y dijeron que de mañana vendrían acá», sentencia Colón en su diario.

La ansiada Cipango que nunca llega

En esa misma anotación (realizada el 21 de octubre) el marino hace referencia a una isla que, según los datos que baraja, podría ser Cipango, su ansiado premio: «Luego me partiré a rodear esta isla […] y después partiré para otra isla grande mucho, que creo que debe ser Cipango, según las señas que me dan estos indios que yo traigo, a la cual ellos llaman Colba, en la cual dicen que hay naos y mareantes muchos y muy grandes, y de esta isla otra que llaman Bofío que también dicen que es muy grande. Y a las otras que son entremedio veré así de pasada, y según yo hallare recaudo de oro o especiería determinaré lo que he de hacer». Sin embargo, no sabe que se dirige realmente hacia Cuba.

Días después, Colón nombró de nuevo Cipango en su diario, en este caso, casi salivando por las grandes riquezas que creía que va a encontrar. «Esta noche levanté las anclas […] para ir a la isla de Cuba, adonde oí de esta gente que era muy grande y de gran trato y había en ella oro y especierías […]. Creo que si es así, como por señas que me hicieron todos los indios de estas islas y aquellos que llevo yo en los navíos, porque por lengua no los entiendo, es la isla de Cipango, de que se cuentan cosas maravillosas, y en las esferas que yo vi y en las pinturas de mapamundos es ella en esta comarca».

Colón llega a Cuba

Finalmente, y tras vueltas para acá y nativos para allá, Colón obtuvo su recompensa el 27 de octubre cuando arribó a la isla que, según creía, era Cipango. Y es que, todas las anteriores habían sido unas regiones que, según anotó en su diario, eran «fértiles» pero carentes de oro. Al tomar tierra en Cuba, y considerando que él y sus soldados se hallaban en Japón, el marino envió a dos valientes a reunirse con el Gran Khan (la máxima autoridad política de la zona de Cipango) mientras el resto de la expedición exploraba la zona.

«Colón quedó encantado de la hermosa vegetación de Cuba y de la suavidad del clima de ésta. Creyendo que había llegado a algún punto de Japón, el Almirante envió algunos hombres a recoger noticias del interior del país», explica Guerra y Sánchez en su obra. Sin embargo, sus exploradores no hallaron las inmensas cantidades de oro que el capitán esperaba, sino a un desgraciado cacique local que –aunque no andaba falto de riquezas- no podía competir con lo que Marco Polo contaba en sus libros.

Japón, la isla «recubierta de oro» que quería saquear Colón

Representación del desembarco de Colón en Guanahani WIKIMEDIA

A pesar de todo, la fe de Colón en hallar Cipango siguió intacta. Así pues, el marino se limitó a pensar que él y sus hombres habían llegado realmente hasta otra región cercana y que Cipango no debía estar lejos. «El día 30 de octubre de 1492, Colón, que llevaba ya dos días en Cuba, modificó por primera vez su identificación de Cuba-Cipango. Pero no para reconocer la existencia de una tierra nueva y distinta, sino para sustituir la primera identificación con Cuba-Catai (China)», se explica en el libro «Lectura crítica de la literatura americana: Inventarios, invenciones y revisiones» editado por la Fundación Biblioteca Ayacucho.

Posteriormente, y a pesar de no haber encontrado Cipango, Colón regresó a España considerando que, en su siguiente viaje, lograría hallarla y hacerse rico. No obstante, este fue una idea que se desvaneció cuando los Reyes Católicos le patrocinaron su segunda travesía hasta el Nuevo Mundo. «El sentimiento de triunfo del Almirante antes los hallazgos del primer viaje está condenado a ser de corta duración. Porque, desgraciadamente para él, la realidad se resiste a coincidir con sus esquemas e intuiciones, y se le irá haciendo progresivamente más difícil materializar la verdad de sus fantásticas apreciaciones», se añade en el mismo texto.

La nave japonesa Hayabusa 2 traerá a la Tierra muestras de un asteroide


El Mundo

  • ESPACIO | Ha despegado este miércoles rumbo a 1999 JU3, de 920 metros
  • La nave japonesa Hayabusa 2 traerá a la Tierra muestras de un asteroide
Recreación artística de la nave 'Hayabusa 2'...

Recreación artística de la nave ‘Hayabusa 2’ aproximándose al asteroide 1999 JU3JAXA

Una nave espacial japonesa ha despegado este miércoles con destino a un asteroide llamado 1999 JU3. Allí tomará muestras de su superficie, que enviará de vuelta a la Tierra guardadas en una cápsula. Si todo marcha según lo previsto, llegarán en diciembre de 2020.

El lanzamiento, previsto inicialmente para el 30 de noviembre, ha sido pospuesto en dos ocasiones por razones meteorológicas. El despegue se ha producido a las 13.22 (hora japonesa, las 5.22, hora peninsular española) desde el Centro Espacial de Tanegashima según ha informado la Agencia de Exploración Espacial de Japón (JAXA).

Hayabusa2 toma así el relevo de su sonda hermana, Hayabusa, que en 2003 partió también rumbo a un asteroide (llamado Itokawa), que estudió en profundidad y del que se trajo siete años después, una pequeña muestra de polvo que fue analizada con expectación por los científicos.

No era para menos, pues fue la primera vez que se lograba traer material de un objeto celeste más lejano que la Luna. La cápsula, que contenía 1.500 granos de polvo, aterrizó en el desierto de Australia en 2010.

Las dos sondas Hayabusa (que significa halcón peregrino) tienen como objetivo un asteroide, pero se trata de dos tipos distintos. Mientras que la primera nave permitió investigar un pequeño asteroide (Itokawa), de solo 500 metros y clasificado como un asteroide de tipo S, el objetivo de Hayabusa 2 (1999 JU3) es más grande (mide unos 920 metros), parece que tiene forma esférica y es un asteroide de clase C. Los científicos creen que los asteroides de tipo C contienen más materiales orgánicos y agua que los de tipo S.

El origen del Sistema Solar

El despegue de la nave japonesa se produce apenas tres semanas después de que la Agencia Espacial Europea (ESA) lograra por primera vez aterrizar en la superficie de un cometa. La sonda espacial Rosetta liberó un robot llamado Philae en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.

Tanto los cometas como los asteroides conservan información que los científicos consideran clave para entender cómo se formó el Sistema Solar hace 4.500 millones de años. “Explorar estos cuerpos celestes nos ofrece la oportunidad de averiguar cómo nació y se formó el Sistema Solar, y cómo se crearon y evolucionaron en el espacio los materiales que dieron origen a la vida en la Tierra”, explica JAXA.

El diseño y configuración de Hayabusa 2, de 600 kilogramos de peso, es parecido al de Hayabusa, aunque han realizado varias modificaciones para mejorar las prestaciones de sus instrumentos. También han intentado corregir algunos fallos técnicos de Hayabusa que hicieron temer por el éxito de la misión. En cualquier caso, recoger muestras y traerlas de vuelta de un objeto celeste es una tarea muy compleja desde un punto de vista tecnológico que plantea numerosos retos.

El plan es que la nave llegue a su destino a mediados de 2018. Primero, Hayabusa 2 realizará observaciones del asteroide con las cámaras y los instrumentos que lleva a bordo. Posteriormente, se aproximará más para liberar dos pequeños vehículos robóticos. Uno de ellos se llama MINERVA 2. El otro es un pequeño aterrizador, denominado MASCOT que ha sido desarrollado en colaboración con los centros espaciales de Alemania (DLR) y Francia (CNES).

La propia nave Hayabusa 2 será la que intente recoger muestras de la superficie mediante una maniobra en la que apenas rozará la superficie. Las muestras serán depositadas en una cápsula.

Otra de las fases de esta misión consistirá en provocar un impacto en el asteroide para crear un cráter artificial que servirá para estudiar la composición del material subterráneo de uno de estos objetos celestes. Se hará con un impactador de dos kilos de peso.

Cuando Hayabusa 2 acabe su trabajo (hacia diciembre de 2019) emprenderá el viaje de regreso. Su llegada, si todo va según lo previsto, se espera para diciembre de 2020. Traerá, con suerte, más polvo de asteroide, todo un tesoro para la ciencia.

Diseñan una ciudad submarina


El Mundo

  • Podría acoger a 5.000 personas dentro de una esfera flotante de 500 metros de diámetro
  • 75 alturas con hoteles, 50.000 metros cuadrados destinados a oficinas y 1.150 viviendas
  • Su coste estimado ronda los 20.000 millones y su construcción no será posible hasta 2030
Recreación virtual del complejo 'Ocean Spiral'.

Recreación virtual del complejo ‘Ocean Spiral’. SHIMIZU CORPORATION

 

Suena a novela de Julio Verne, pero los avances en arquitectura e ingeniería permitirán construir viviendas submarinas. Eso sí, prometen ser caras, y hasta que el precio de estas estructuras ponga los pies en la tierra será difícil dormir con los peces. Las empresas especializadas en diseño acuático enfocan su trabajo en centros de ocio, hoteles o alojamientos de lujo, pero Shimizu Corporation ha imaginado auténticas burbujas inmobiliarias: las ‘Ocean Spiral’, las Atlántidas japonesas que proponen cambiar la katana por el tridente.

Estas ciudades en desarrollo conceptual pueden albergar a 5.000 personas y se encuentran en el interior de esferas flotantes de 500 metros de diámetro. Aunque parezca poco espacio, sólo el plano que pasa por su centro ocupa casi 200.000 metros cuadrados. Es decir, hay superficie de sobra para construir infraestructuras, y Shimizu ha visualizado 75 pisos en los que caben hoteles de 400 habitaciones, 50.000 metros cuadrados destinados a oficinas y 1.150 viviendas.

Los cimientos de ‘Ocean Spiral’SHIMIZU CORPORATION

El acceso a su estructura principal, bautizada como ‘Blue Garden’, es por barco. Una ‘Ocean Spiral’ está en la superficie del mar la mayor parte del tiempo, pero los japoneses saben que la naturaleza puede ser cruel: los terremotos y los tsunamis son una constante en el país del sol naciente, por eso la ciudad es capaz de sumergirse en caso de que en el horizonte aparezca una gran ola, como la que el pintor Hokusai imaginó a punto de engullir a pescadores en Kanagawa.

Una espiral de 15 kilómetros que puede alcanzar los cuatro de profundidad permite la inmersión del complejo y sirve como ancla para que no vaya a la deriva. Esta carretera al fondo marino está construida, como toda la estructura, con resinas, que toman forma a través de impresoras en 3D de escala industrial.

Las ciudades albergan en sus ‘cimientos’ instalaciones para estudiar el fondo del océano y extraer minerales como cinc o cobre. Además, son autosuficientes: producen agua potable mediante osmosis inversa, tienen piscifactorías y obtienen energía gracias a la diferencia de temperatura y presión en el océano y a los metanógenos, unos microorganismos que durante su metabolismo convierten dióxido de carbono en metano, el gas que utilizan sus generadores eléctricos.

Interior de ‘Ocean Spiral’.SHIMIZU CORPORATION

Este concepto promete ser un remedio a la falta de espacio que experimenta Japón y en su desarrollo han contribuido la Universidad de Tokio y la Agencia Japonesa para la Ciencia y la Tecnología Marítimo-terrestre (Jamstec por sus siglas en inglés).

Shimizu ha invertido dos años en el proyecto y sostiene que es factible. En la actualidad, espera lograr financiación privada y gubernamental para materializar su idea. El coste estimado de una ‘Ocean Spiral’ es de unos 20.000 millones de euros y se necesitarían cinco años para su construcción, que no será posible hasta 2030, cuando se espera que la tecnología para hacerla real esté desarrollada.

La curiosa historia del barco militar que fabricaba helados durante la II Guerra Mundial


ABC.es

  • El reparto de miles de litros de helado ayudó a elevar la moral de las tropas estadounidenses que luchaban contra Japón
La curiosa historia del barco militar que fabricaba helados durante la II Guerra Mundial

abc | La curiosa historia del barco militar que fabricaba helados durante la II Guerra Mundial

 

 

En momentos de depresión o baja autoestima, alimentos como el chocolate o los helados son un recurso habitual para tratar de elevar la moral de quien sufre esa apatía. En periodos de conflictos bélicos, donde casi cualquier solución es válida para mantener contentos a los soldados, esta perla de la sabiduría popular no podía ser ignorada por los mandos militares.

De hecho, tal y como podemos leer en el blog «La Aldea Irreductible», el poder reconstituyente del helado fue tomado tan en serio que, en plena Segunda Guerra Mundial, la marina de Estados Unidos construyó un buque, el «Ice Cream Barge», encargado de fabricar y distribuir miles de toneladas de este producto entre los barcos y bases que tenía desplegados en el Pacífico Sur.

Todo comenzó, cuando la cúpula militar buscaba soluciones para los principales problemas que el clima caluroso de la zona y la baja moral causaba entre las tropas. El consumo de helados, habitualmente prescrito por los médicos a los soldados para recuperarse de la fatiga, era una respuesta ideal, ya que atacaba ambos problemas a la vez.

Así, a partir de 1943, se distribuyeron más de 61.000 toneladas de helado deshidratado entre todas las bases militares del Pacífico Sur. Con un poco de agua y siguiendo las instrucciones que indicaba la lata del producto para diluir el polvo, cualquier soldado podía obtener su propio helado de vainilla.

Sin embargo, el secretario de la Marina de los Estados Unidos, James Forrestal, estaba convencido del enorme beneficio de incluir este alimento en la dieta de los soldados. Por ello, decidió dar máxima prioridad a su distribución y, en 1945, se las ingenió para convencer a la Comisión Nacional de Presupuestos para que apoyaran su plan.

Con el millón de dólares que obtuvo, Forrest ordenó construir el barco más insospechado de la Segunda Guerra Mundial: uno destinado única y exclusivamente a la fabricación de helados. Conocido como «Ice Cream Barge», era una barcaza remolcada capaz de producir alrededor de 300 litros de helado cada hora que distribuía por todas las bases del Pacífico Sur.

El «Ice Cream Barge», además de ser la primera heladería flotante y ambulante del mundo, sin duda hizo las delicias de muchos de los soldados, a la vez que les sirvió de cierto apoyo moral mientras combatían en unos campos de batalla muy alejados de su hogar. Un curioso uso de los helados, quizá solo superado por el de los caramelos de chocolate que salvaron la vida de un batallón de marines en la Guerra de Corea.

El arte es una cloaca


El Pais

  • Desde los ochenta, muchas tapas de las alcantarillas de Japón incluyen dibujos decorativos, de los emblemas o personajes relevantes del municipio

Caminar por Tokio con la cabeza hacia arriba, apuntando a sus vertiginosos rascacielos, puede proporcionar una hermosa y fascinante perspectiva de la ciudad. Pero hará perder otra, una de lo más curiosa. Porque ir mirando al suelo también tiene su interés: no solo en la capital, sino en todo Japón, muchas cubiertas de las alcantarillas vienen con decoración sorpresa. Las hay para todas las sensibilidades: las que representan el árbol o la flor de la ciudad en donde se encuentran, las que muestran el retrato de héroes legendarios, con dibujos geométricos… Y se pueden encontrar prácticamente por todo el país.

“Cada ciudad tiene la responsabilidad de construir su red de alcantarillado, y muchos de los municipios cuentan con su propio diseño”, explica Yasutake Kameda, extrabajador del Ministerio de Construcción nipón e impulsor de la iniciativa, además de consejero en una de la treintena de empresas que existen en Japón dedicadas a la construcción de sumideros.

En los años setenta y ochenta, la polución procedente de las aguas domésticas infestaba los ríos, y se hizo necesario el desarrollo de una moderna red de alcantarillado, dado que grandes áreas urbanas habían crecido sin un sistema sanitario apropiado. “Era un trabajo ingente y hacía falta mucho dinero”, explica Kameda. “Había que excavar las calles pavimentadas, había que colocar grandes alcantarillas en un espacio en el que ya había tuberías de agua y gas y volver a pavimentar”. Para hacer que los ciudadanos se sintieran más “familiarizados” con las nuevas alcantarillas, se le ocurrió estampar sobre las tapas el emblema local. Y del símbolo de la ciudad, se pasó a incluir los personajes, paisajes u otros elementos distintivos del municipio.

Aunque el sistema de alcantarillado se remonta en Japón al Periodo Yayoi (300 a. C. – 250 d. C.), la red moderna no comenzó a construirse hasta finales del siglo XIX. El proyecto capitaneado por Kameda comenzó a promoverse a partir de 1986, y muchos municipios se pusieron enseguida a elaborar sus propias tapas. De los alrededor de 13 millones que existen a día de hoy, Kameda estima que unos 10 millones tienen alguna de estas ilustraciones. “Esta cifra no incluye las cubiertas de plantas depuradoras, de bocas de riego o del gas”, que en algunos casos también se presentan engalanadas.

La labor de embellecimiento de las cloacas, según explica Kameda, corre a cargo de diversos agentes, dependiendo del caso: puede lanzarse una convocatoria pública, ser un diseño del fabricante de la cubierta, un encargo a un artista profesional, o bien puede modificarlo el fabricante. Para evitar la contaminación acústica provocada por el paso de los coches sobre las tapas, estas llevan un ajuste que impide que vibren. Además, las alcantarillas son tecnológicamente avanzadas, y usan una estructura de seguridad que impide que la gente caiga por el agujero en caso de que la cubierta se abra por la presión del agua o por una tormenta.

“Ahora, mucha gente, incluidos muchos visitantes, están interesados en los distintos diseños de cubiertas de alcantarilla”, ilustra Kameda. “De hecho, hay tres libros publicados en inglés: Drainspotting, de Remo Camerota; Quilting with manhole covers, de Shirley McGregor yTreasures Underfoot, también de McGregor”. Nihon no Manhoru, un guía en japonés, ha recogido 1.546 ejemplos de alcantarillas ilustradas por todo Japón. Nosotros mostramos aquí una selección de quince. Todas asombrosas.

Japón se adentra en el centro de la Tierra de Julio Verne


La Razon

Un equipo de investigadores llega hasta los ocho kilómetros de profundidad

El centro de la Tierra sigue estando muy, muy, muy lejos, pero hasta ahora nadie se ha adentrado tan a fondo en las entrañas del planeta como una expedición japonesa, que ha perforado el mayor agujero, bajo la superficie del mar, realizado hasta ahora.

La misión ha logrado llegar hasta los 7.740 metros bajo el agua

Piense en una montaña casi tan alta como el Himalaya. Ahora, dele la vuelta e imagine toda esa distancia, desde el nivel del mar hasta la cumbre, bajo la Tierra. Eso es: ocho kilómetros en dirección al centro del planeta en un inacabable agujero. Es lo que ha hecho un equipo de oceanográficos de Japón, que ha establecido un nuevo récord en perforación en la corteza terrestre. 

La misión ha logrado llegar hasta los 7.740 metros bajo el agua, superando el récord mundial anterior de 7.050 metros registrado en la fosa Mariana en 1978. En aquella ocasión, un barco estadounidense sumergió un taladro a 7.034 metros de profundidad y, una vez allí, taladró en la corteza un agujero de 15 metros y medio.

Esta vez, el taladro del barco japonés se ha situado en un punto de la costa norte del país, la Fosa de Japón, el fatídico lugar donde se cuecen muchos de los terremotos y tsunamis que han asolado la zona, a 6.883,5 metros de profundidad. Una vez allí, hizo una perforación de casi in kilómetro (865,5 metros), una distancia impensable hasta la fecha, según informa el periódico japonés en inglésMainichi.

Cómo prevenir un terremoto
El objetivo de la investigación es precisamente ése, asomarse al punto más lejano de la Tierra al que ha llegado jamás la investigación humana para intentar averiguar algo sobre las causas de la formación de un seísmo y, de esta forma, obtener algunas claves para prevenirlo.

La perforación marina se enmarca dentro del plan investigador puesto en marcha por el gobierno japonés después del devastador terremoto y posterior tsunami de marzo de 2011.
De los trabajos se ha encargado el buque especial de investigación “Chikyu” (“Tierra” en japonés), perteneciente a la Agencia Japonesa para la Ciencia y la Tecnología Marítima y Terrestre, que utiliza la más moderna tecnología en materia de perforaciones.

En los trabajos se tomaron muestras de la falla geológica, que serán analizadas posteriormente, justo en el lugar en el que convergen la Plaza del Pacífico con la Placa Continental Euroasiática, un cóctel mortal para la formación de terremotos. De la información que de allí se extraiga quizás se puedan obtener datos trascendentales para aprender a
comprender, y de paso prevenir, los temblores de la Tierra.

Aún así, por supuesto, el camino hacia el centro de la Tierra con el que fantasearon escritores como Julio Verne e infinidad de científicos estará aún muy lejos.

Japón lanza un satélite para investigar la polución del aire


El Mundo

Japón ha lanzado esta madrugada (hora española) el satélite Ibuki desde el centro espacial de Tanegashima, en Kagoshima (sur de Japón).

El satélite observará en los próximos cinco años cómo respira nuestro planeta. Para ello, medirá la concentración, distribución y ciclos de absorción de los gases de efecto invernadero. Ibuki (respirar, en japonés) ha costado 300 millones de euros, pesa dos toneladas y hará un escaner completo de la superficie terrestre cada 100 horas, lo que contribuirá a estandarizar cómo los países miden sus emisiones y mejorará el conocimiento del calentamiento global.

Su partida, a bordo de la lanzadera H-2A, estaba prevista para hoy al mediodía en Japón (4.00 horas en España), desde el centro espacial de Tanegashima, en el sur del país. La sonda alcanzará su órbita a 666 kilómetros de la superficie y entrará en un periodo de pruebas y calibración de sus dos sensores. El principal está diseñado para medir con técnicas infrarrojas la densidad del dióxido de carbono (CO2) y metano (CH4), responsables del 80% del calentamiento terráqueo, mientras que el segundo ayudará a corregir las distorsiones que introduzcan en los datos la presencia del aerosol o las nubes.

La principal aportación del Ibuki consiste en que medirá los gases, de forma periódica, en 56.000 puntos de la atmósfera. Hasta ahora sólo se contaba con las mediciones de 283 bases de observación terrestre, la mayoría en países desarrollados. «No contamos, por ejemplo, con información fidedigna de Sudamérica o África», afirma el doctor Tatsuya Yokota, investigador jefe del Centro de Estudios Ambientales de Japón y responsable de procesar la información que envíe Ibuki. «El satélite proporcionará la primera medición uniforme de todo el planeta, observando el mismo punto cada tres días».

Mediciones mensuales

El doctor Yokota calcula que, contando con la variable atmosférica, se obtendrá una medición mensual en cada punto. Una información que se trasladará a un mapa que explique cómo los diferentes ecosistemas inhalan o exhalan dióxido de carbono y metano. «Mostrar una imagen global del CO2, o un vídeo dinámico de la respiración de la Tierra, tendría un gran impacto para la concienciación», afirma Takashi Hamazaki, responsable del proyecto en JAXA, la agencia aeroespacial japonesa.

Junto al Observatorio Orbital de Carbono (OCO), un proyecto similar de Estados Unidos que se lanzará este año, Ibuki contribuirá a despejar otro vacío científico. La mitad de las emisiones globales de carbono se acumulan en la atmósfera, y otro segmento es absorbido por sumideros naturales, como bosques y océanos. Los datos de ambos satélites ayudarán a entender a dónde va a parar el carbono que se escapa de los cálculos, que equivale a 1.000 millones de toneladas.

El fin de Ibuki es científico, explica Yokota, pero con «potencial político». En el Protocolo de Kioto, el volumen de emisiones a reducir se calcula según las emisiones que declara cada país. Con su medición uniforme del globo, la sonda aportará una variable más para su validación, contribuyendo «a diseñar mejor las respuestas al cambio climático». Las mediciones se compartirán gratuitamente con la comunidad internacional, tras el periodo de pruebas de un año.

Japón lanzará un satélite para medir los niveles de CO2 en la atmósfera en todo el planeta


EP/Reuters – ADN

El lanzamiento tendrá lugar a finales de enero y permitirá abarcar los mares y países en vías de desarrollo, a donde no llegan los observatorios terrestres existentes hasta ahora

La agencia espacial de Japón, JAXA, lanzará un satélite a finales de este mes para monitorizar los gases de efecto invernadero en la atmósfera en todo el planeta con el objetivo de que los datos ayuden a combatir el cambio climático, según ha informado la propia agencia.

Así, el Satélite Observador de Gases Invernadero (GOSAT) se lanzará el próximo 21 de enero y permitirá a los científicos calcular la densidad del dióxido de carbono y el metano de 56.000 emplazamientos en la superficie de la tierra. El GOSAT estará en órbita cinco años y recogerá datos una vez al mes, de modo que los investigadores esperan contar con los primeros ya en abril o mayo.

La fabricación y lanzamiento del satélite tiene un coste de 35 billones de yenes (unos 272 millones de euros) y su cobertura se puede comparar con la de los 282 observatorios terrestres existentes hasta el pasado octubre, según ha explicado el director del proyecto, Takashi Hamazaki.

“Para luchar contra el cambio climático, necesitamos observar la densidad de gases de efecto invernadero en todas las regiones del mundo y ver cómo cambian sus niveles”, ha explicado Hamazaki.

También los países en desarrollo y los mares

No obstante, ha precisado que, de momento, hay muy pocos observatorios en tierra y están concentrados en determinadas zonas, que excluyen a los países en desarrollo. El satélite GOSAT, apodado Ibuki (vitalidad, en japonés) cubrirá esos países y la atmósfera sobre los mares.

Equipado con dos sensores, el GOSAT rastreará rayos infrarrojos desde la tierra que ayudarán a calcular las densidades de los dos gases, porque absorben los rayos y algunas longitudes de onda. El satélite recogerá cualquier signo de nubes, haciendo posible procesar datos sólo cuando el cielo está claro.

Un miembro del Ministerio de Medio Ambiente japonés señaló la voluntad del ejecutivo nipón de que los nuevos datos del GOSAT se reflejen en un informe que el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU (IPCC) realizará en 2014.

Por su parte, la NASA también está trabajando en su propio Observatorio Orbital de Carbono para lanzarlo este mismo año y realizar mediciones de CO2 en la atmósfera.