La tarta de Isabel II por la que no pasan los años


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  • Subastan por 680 euros un trozo de su pastel nupcial, todavía comestible 68 años después
ABC El repostero real preparando la tarta nupcial. Arriba, el trozo subastado

ABC | El repostero real preparando la tarta nupcial. Arriba, el trozo subastado

El miércoles Isabel II batirá el récord de permanencia en el trono inglés, con 23.227 días (63 años y siete meses), superando así a su tatarabuela, la Reina Victoria. Lo festejará con perfil bajo, soloasistiendo a la reapertura de un histórico tramo ferroviario escocés. Pero al hilo del récord surgen anécdotas. Gorringes, una casa de subastas del Sureste de Inglaterra, ha vendido por 679 euros un trozo del pastel nupcial de la soberana, que se casó con el Príncipe Felipe de Edimburgo hace 68 años, un 20 de noviembre, en Buckingham.

De aquella tarta de más de dos metros de altura se repartieron2.000 porciones, que los invitados se llevaron en unas elegantes cajitas, con una tarjeta que rezaba: «Con los mejores deseos de sus Altezas Reales la Princesa Isabel y el Duque de Edimburgo». Faltaban cuatro años todavía para que Isabel se convirtiese en Reina. Uno de los invitados, gerente de un restaurante de Mayfair, se llevó su preceptiva porción del dulce y ahora su nuera la ha sacado a la venta. El comprador es un anónimo de Los Ángeles.

El enorme pastel de cuatro pisos fue apodado como «La tarta de las diez mil millas», pues se compuso con fruta seca de Australia, macerada en ron y brandy de Sudáfrica. El baño de alcohol es lo que hace que sea comestible más de medio siglo después, aunque la casa de subastas aconseja prudencia: «Podría comerse, pero no lo recomendamos».

Lo cierto es que otros azúcares reales han funcionado mejor. El año pasado se vendió por 1.120 euros una porción del pastel de Carlos y Diana. El de su hijo y Kate Middleton todavía ha sido más valorado: 2.719 euros.

Al igual que su reinado, el matrimonio de Isabel II con el peculiar Felipe Mountbatten, de 94 años, ha sido un éxito. Él era un príncipe griego nacido en Corfú, con sangre de las más granadas dinastías europeas. De hecho es primo lejano de su mujer. Se vieron por primera vez en 1934 y en 1937, durante una visita al Royal Naval Collegue en la que Felipe hizo de cicerone para la Princesa Isabel y su hermana Margarita, ella se enamoró de él. Tenía solo 13 años e iniciaron una relación epistolar que acabó en boda.

Felipe es célebre por gafé y por sus salidas de tono. Por citar solo un ejemplo, en 1998, en un viaje oficial de la Reina por Papua Nueva Guinea, fue sorprendido diciendo a un estudiante inglés: «Veo que te las has arreglado para que estos no te hayan comido». También es conocida su pasión por la cerveza frente a los espirituosos elevados de las galas o por su aversión a ídolos del pop inglés como Elton John o Tom Jones, a los que ha mortificado con sus chanzas.

Los problemas para encontrar un rey en tiempos del general Prim


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  • Las dificultades para conseguir un candidato idóneo para la restauración democrática dieron lugar a duras polémicas en la Cámara

 

archivo abc Juan Prim, en su juventud

archivo abc | Juan Prim, en su juventud

 

Si todo el siglo XIX fue de una carga política extraordinaria en España, este hecho se intensificó en la década de los 70, cuando se buscaba un rey con el que restaurar la monarquía. La Revolución de 1868 -conocida como «la Gloriosa»- apeó del trono a Isabel II y dio comienzo al Sexenio Democrático, el primer intento de conseguir implantar un régimen democrático en España. Primero se intentó con otro rey, pero no era tarea fácil encontrarlo.

Así lo reconoce el 11 de junio de 1870 en las Cortes el jefe de Gobierno, el general Juan Prim: «Señores, ni tenemos rey ni sé cómo encontrarlo», recuerda Luis Carandell en su libro «Se abre la sesión».

En un momento de su discurso, y entre las protestas de algunos de los diputados que, como Antonio de Ríos Rosas, apoyaban a un candidato a monarca, el general dijo: «La práctica, que es el gran libro de la enseñanza para la Humanidad, me ha hecho conocer lo dífícil que es hacer un rey…». Una frase que hizo estallar en aplausos a la bancada republicana.

Pero eso no amilanó a Prim, que cuando cesó la algarabía, continuó su discurso: «Indudablemente, es difícil hacer un rey, pero el señor Castelar, que me ha aplaudido y yo se lo agradezco, no ha tenido presente que más difícil es hacer una república en un país en que no hay republicanos».

¿Quién era el auténtico padre de Alfonso XII?


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  • Descartado el Rey consorte, la paternidad del hijo de Isabel II correspondió probablemente al militar valenciano Enrique Puigmoltó. La propia Reina así se lo insinuó a su hijo: «Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía»

    Casa Real Pintura del Rey Alfonso XII

    Casa Real
    Pintura del Rey Alfonso XII

El reinado de Isabel II es casi más conocido por la algarabía de rumores sobre la vida íntima de la Reina, muchos de ellos fabulaciones con raíces machistas, que por los acontecimiento políticos. Casada con su primo Francisco de Asís, un hombre poco interesado en el género femenino según las murmuraciones de la época, Isabel II mantuvo varios romances con cortesanos y generales de su confianza. No es extraño, por tanto, que la paternidad de su hijo Alfonso XII fuera motivo de muchos interrogantes y que pocos pensaran en el Rey consorte como sospechoso de engendrar a un niño que se crió prácticamente en el exilio, pero que regresó para restaurar con no poca dignidad el sistema monárquico e iniciar la Restauración, uno de los periodos de mayor templanza política en la historia de España.

El ascenso al trono de Isabel II estuvo marcado por el desafío iniciado por su tío Carlos María Isidro de Borbón, en la guerra conocida como Primera Guerra Carlista, que cuestionaba la legitimidad de que una mujer recibiera la Corona por encima del hermano de Fernando VII. Se trataba de la herencia envenenada de un hombre, Fernando VII, obligado a apoyarse al final de su vida en los liberales a los que tanto había acosado. Rodeado de partidarios de esta condición política, la Reina regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, madre de Isabel II, tuvo que andarse con pies de plomo a la hora de buscar a un marido para su hija. Cuando Isabel II contaba 16 años, el Gobierno arregló un matrimonio con el Infante don Francisco de Asís de Borbón, duque de Cádiz. Era la opción que menos protestas podía causar a nivel político, salvo las de la esposa.

Un matrimonio mal avenido

Isabel II y Francisco de Asís eran primos hermanos por partido doble, puesto que el padre de él, el infante Francisco de Paula, era hermano de Fernando VII, mientras que su madre, Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias, era hermana de la regente María Cristina. Y pese a que eran familiares, la relación entre ambos nunca fue buena, en parte por el carácter apagado de él y en parte porque su sexualidad era cuanto menos ambigua. Una frase atribuida a la Reina, entre el mito y la realidad, sintetiza la opinión popular sobre el consorte: «¿Qué podía esperar de un hombre que en la noche de bodas llevaba más encajes que yo?».

De entre las confusas historias de amor que implicaron al Monarca destaca la que mantuvo con el aristócrata Antonio Ramos de Meneses que se alargó durante décadas. Incluso cuando en 1868 Isabel II fue derrocada y exiliada a Francia, Francisco de Asís siguió viviendo en compañía de Meneses en Épinay-sur-Seine (Francia), separado de su esposa, hasta su muerte dos años antes que la Reina. No en vano, frente a los defensores de que Francisco de Asís era homosexual –al que se apodaba entre el pueblo como «Paquita» o «Paco Natillas»– se han alzado distintas voces que, como el historiador Jesús Pabón, han intentado demostrar que el Rey consorte era padre de varios hijos ilegítimos y que se le conocieron diversas amantes. Así, también es posible que el desinterés hacia Isabel II y una extraña anomalía que obligaba al Rey a orinar sentado desataran unos rumores que estaban inflados. Existen referencias biográficas suficientes para diagnosticar hipospadia en Francisco, una malformación en la uretra que impide la salida de orina del glande, haciéndolo desde el tronco del pene o incluso en la unión del escroto y el pene. Una anomalía genital que no le convertía necesariamente en impotente o estéril, pero si dificultaba mucho sus relaciones sexuales y la micción desde una posición de pie.

Por su parte, Isabel II arrastra hasta nuestros días la fama de ser una ninfómana que se valía de sus hombres de confianza para satisfacer sus exigencias sexuales. Un mito desproporcionado y de rango machista, que se alimenta de la larga lista de romances que habría protagonizado la Reina desde una iniciación muy temprana en el mundo del sexo. Se considera que fue el general Francisco Serrano (1810-1885), a quien la Reina llamaba «el General Bonito», el primero de los políticos y hombres extravagantes que pasaron por la alcoba de Isabel II. El político progresista Salustiano Olózaga (1805-1873), un dentista estadounidense llamado McKeon, su primo Carlos Luis de Borbón, carlista convencido, o un turco-albanés, entre muchísimos otros, completan la lista de los romances más peculiares de la Reina.

Precisamente por las respectivas famas de Isabel II y Francisco de Asís, y por el distanciamiento entre ambos –durante varios periodos vivieron en distintas residencias e incluso la Reina reclamó la anulación del matrimonio al Papa–, sorprende enormemente la amplia descendencia que tuvo el matrimonio. «Clamaban los liberales. Que la reina no paría. ¡Y ha parido más muñecones. Que liberales había!», corrió por Madrid a través de una copla difundida por los carlistas. Oficialmente, la pareja quedó embarazada en 11 ocasiones –aunque varios embarazos acabaron en abortos o los neonatos fallecieron al cabo de muy poco tiempo– un hecho que en principio fue achacado al alto coeficiente de consanguineidad entre ambos contrayentes. El único varón en llegar a la edad adulta fue Alfonso XII, que, como era de esperar, se especuló hijo de cualquier hombre del reino salvo del Rey consorte.

«¿Es que deseas que aborte?»

Descartado Francisco de Asís como padre, quien en 1857 ya había aprendido a aceptar su papel de absoluto títere en la Corte, las fechas y los rumores del periodo apuntan a que el padre habría sido el capitán Enrique Puigmoltó, un militar valenciano hijo del conde de Torrefiel. Una carta fechado en Madrid el 14 de octubre de 1857, del monseñor Giovanni Simeoni, encargado interino de los Negocios de la Santa Sede, revela una conversación que no deja lugar a dudas sobre la paternidad de Puigmoltó: «…que el general Narváez había hablado fuertemente con Isabel II de la obligación de acabar con el escandalo (el romance con el militar valenciano), que habiéndose sido en estos últimos meses tan enérgicas las expresiones, que la misma Reina, llorando, le repuso: “¿Es que deseas que aborte?”».

ABC El Rey consorte Francisco de Asís de Borbón.

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El Rey consorte Francisco de Asís de Borbón.

Su romance con la Reina, que duró cerca de tres años, valió al militar toda clase de condecoraciones y prebendas. Tras la concesión del título de vizconde de Miranda, Puigmoltó recibió la medalla de la Gran Cruz de San Fernando de primera clase. Forzado a alejarse de la Corte –donde todos le suponían padre de Alfonso XII, quien fue conocido con el sobrenombre de «Puigmoltejo»– el favorito de la Reina se refugió en su nativa Valencia, comenzando allí una meteórica carrera política que le llevó de diputado a brigadier. Nueve años antes de morir en 1900, recibió la Cruz de San Hermenegildo por los servicios prestados a la Corona.

«Hijo mío, la única sangre Borbón que corre por tus venas es la mía», es la frase que supuestamente la Reina dirigió a su hijo Alfonso XII para explicarle la identidad de su verdadero padre. Tras años en el exilio, donde los Reyes vivían en lugares distintos con sus respectivos amantes, Alfonso XII preparó su regreso al trono en 1874. En enero de 1875 llegó a España y fue proclamado Rey ante las Cortes Españolas. Con tantos defectos como virtudes, la Restauración que trajo Alfonso XII, y condujo Antonio Cánovas del Castillo, inauguró una de las mayores trasformaciones que ha vivido nuestro país. Por lo pronto, el sistema sobrevivió muchos años más a la muerte del Rey, quien falleció en 1885 a causa de la tuberculosis.

También Isabel II sobrevivió a su hijo para morir en el año 1904. Al final de su vida, la Reina justificaba sus pecados en una entrevista exclusiva con el escritor Benito Pérez Galdós: «¿Qué había de hacer yo, jovencilla, reina a los catorce años, sin ningún freo a mi voluntad, con todo el dinero a mano para mis antojos y para darme el gusto de favorecer a los necesitados, no viendo al lado mío más que personas que se doblaban como cañas, ni oyendo más voces de adulación que me aturdían ¿Qué había de hacer yo? Póngase en mi caso…».

El corsé salvó la vida de la Reina


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  • El cura Martín Merino no logró matar a Isabel II porque el estilete chocó con el bordado de oro de su manto y con las ballenas del corsé
El corsé salvó la vida de la Reina

ABC Postal del atentado del cura Martín Merino contra Isabel II en las galerías del Palacio Real

Una y cuarto de la tarde del 2 de febrero de 1842. Hacía un mes y medio que la Reina Isabel II había dado a luz a la mayor de sus hijas, la Princesa de Asturias, y siguiendo la tradición se disponía a asistir en la Iglesia de Atocha a la llamada «misa de parida» para dar las gracias a la Virgen por el feliz alumbramiento.

Cuando caminaba por una de las galerías del Palacio Real, que en aquella época solían estar muy concurridas, un clérigo se le acercó y se arrodilló ante ella. Parecía que iba a pedir o entregar algo a la Reina, pero sus intenciones eran otras. El cura, que aquella misma mañana había celebrado misa, sacó un estilete de unos 20 centímetros que escondía en su sucia sotana y lo clavó en el pecho de Isabel II.

El hombre, que se llamaba Martín Merino, fue detenido inmediatamente por la Guardia Real mientras la Reina era llevada en volandas a sus habitaciones. El marqués de San Gregorio, médico de Cámara, le aplicó los primeros auxilios, pero mandó llamar al cirujano de Palacio, doctor Melchor Sánchez de Toca. La Familia Real tenía puesta toda su confianza en este médico, el único que fue capaz de prever el desenlace mortal del general Prim tras el atentado que le costó la vida.

Toca llegó rápidamente a Palacio y, en cuanto revisó las heridas de la Reina, comprobó que apenas tenía una incisión de unos 15 milímetros de anchura a la altura del hipocondrio derecho. El estilete no había conseguido penetrar en el pecho de Isabel II. Había sido frenado por el grueso bordado de oro del manto que lucía la Reina y por las ballenas del corsé que llevaba bajo su vestido. Antes de que se inventara el plástico, los corsés que estilizaban la figura femenina llevaban unas varillas de barbas de ballena (láminas que utilizan estos animales para alimentarse), ya que son extremadamente flexibles, resistentes y duraderas.

A pesar de que la herida no parecía muy grave, el doctor Toca no se sintió tranquilo y pidió que le prepararan inmediatamente un coche con los caballos más veloces de Palacio para realizar una visita urgente. El médico se trasladó a la cárcel y exigió ver al cura Merino. «Dime sin rodeos con qué veneno o ponzoña has impregnado el puñal», le espetó. Y el clérigo le respondió: «Torpe de mí, se me olvido ese detalle». Era verdad, la Reina no había sido envenenada y se recuperó al poco tiempo.

Cuatro días después de intentar asesinar a Isabel II, Martín Merino fue ejecutado en el Campo de Guardias (actuales calles Bravo Murillo e Islas Filipinas), y tanto su cadáver como sus pertenencias fueron quemadas para evitar cualquier exaltación de su persona.

La Reina quiso agradecer que tanto ella como su hija hubieran salido indemnes del atentado y mandó construir el Hospital de La Princesa, que cinco años después abrió sus puertas.

El sangriento general regente de Isabel II que dio nombre a la calle Príncipe de Vergara


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  • Esta gran arteria de la capital fue el motor de la revalorización de Chamartín. Su longitud, anchura y facilidad de acceso la convirtieron en un velódromo e incluso en un manifestódromo

wimikedia Baldomero Espartero, en un retrato colgado en el Congreso de los Diputados y la parada de metro en su calle

Combatió en primera línea en la Guerra de Independencia y en las sucesivas Guerras Carlistas. Fue herido en ocho ocasiones. Su carácter altivo y exigente lo llevó a cometer excesos, en ocasiones muy sangrientos, en la disciplina militar. Convencido de que su destino era gobernar a los españoles, llego a ser dos veces presidente del Consejo de Ministros y asumió la Jefatura del Estado como regente durante la minoría de edad de Isabel II. El general Baldomero Espartero, Príncipe de Vergara –entro otros muchos títulos– fue el único militar español con tratamiento de Alteza Real.

A pesar de todas sus contradicciones, supo pasar desapercibido los últimos veintiocho años. Rechazó la Corona de España y fue tratado como una leyenda desde bien joven. Joaquín Baldomero Fernández-Espartero Álvarez de Toro (Granátula de Calatrava, 27 de febrero de 1793 – Logroño, 8 de enero de 1879) fue una figura clave en la historia militar y política del siglo XIX. Este general curtido en batallas fue el protagonista, junto a Maroto, del Abrazo de Vergara de 1839. Un gesto con el que se se selló la paz en la Primera Guerra Carlista.

Tras la contienda se volcó en la política. María Cristina le nombró presidente del Consejo de Ministros. Después fue él mismo el que la exigió que abdicara para que le nombrara regente en 1841.

Dos años más tarde se vio obligado a disolver las Cortes. Desde entonces, se mantuvo retirado. En 1868, Prim le ofreció que las Cortes lo eligieran rey constitucional de España, pero él lo rechazó. Amadeo de Saboya fue quien finalmente lo nombró Príncipe de Vergara con tratamiento de Alteza Real.

Cambio de nombre por los carlistas

Después de la Guerra Civil la calle cambió de nombre – un cambio impulsado por los Carlistas– y pasó a llamarse General Mola, muerto en accidente de avión durante batalla. En 1981, con Enrique Tierno Galván como alcalde socialista de Madrid, recuperó su nombre inicial.

Fue una vía abierta a finales del siglo XIX en el recién construido barrio de Salamanca. En su origen salía de los terrenos donde se encontraba el final de los llamados Campos Elíseos, lugar donde fueron fusilados después de los sucesos del 22 de junio de 1866 los 66 sargentos de Artillería del Cuartel de San Gil que apoyaban a Juan Prim.

Manifestódromo de Madrid

Más de un tercio de la línea 9 corre a todo lo largo de la calle, desde su nacimiento junto al metro de Príncipe de Vergara hasta la Estación de Pío XII. Esta gran arteria de la capital ha sido el auténtico motor de la revalorización de la parte del barrio de Chamartín, una zona despreciada hasta hace años como las afueras.

Debido a su longitud, anchura y facilidad de acceso, y a que en varios puntos de la calle se produjeron atentados terroristas de ETA, ha sido usada como manifestódromo en varias ocasiones. Las mismas cualidades la han convertido en el parte del recorrido de pruebas deportivas urbanas. También se intentó instalar un velódromo urbano los domingos por la mañana en la primera parte de la calle, pero el continuo incremento del tráfico dio al traste con los planes, permaneciendo sólo dos meses.

 

La maltratada fuente dedicada a Isabel II que dio nombre al Paseo de la Castellana


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  • La gran arteria de Madrid, que ha sido rebautizado hasta en cinco ocasiones en sus dos siglos de vida, acoge en sus orillas los rascacielos más altos y los palacetes decimonónicos más ilustres

Entre ejecutivos trajeados e imponentes edificios se vertebran los 5,8 kilómetros a lo largo de los que discurre el Paseo de la Castellana. Su nombre no lo hereda de una bella mujer que inspiró grandes hazañas, sino de una fuente ubicada en la plaza de Emilio Castelar y del arroyo homónimo que dibujó en su cauce el actual eje Castellana-Recoletos-Prado.

La maltratada fuente dedicada a Isabel II que dio nombre al Paseo de la Castellana

wikimedia El obelisco de la Fuente Castellana, ahora en Madrid Río

La Fuente Castellana es uno de los ejemplos más destacados de la arquitectura conmemorativa madrileña de la primera mitad del siglo XIX. Fue levantada por orden de Fernando VII que, en 1830, quiso dedicársela a su hija la futura Isabel II. Pese a ello, ha sido relegada a un rincón de Madrid Río. Hasta los años 70 permaneció un obelisco en la plaza para marcar el nacimiento del viejo riachuelo. Ahora, muy lejos de su primer emplazamiento se mantiene ya sin los elementos característicos de toda fuente como los vasos, los estanques o los juegos de agua.

Precisamente el Paseo de la Castellana, que ha sido rebautizado hasta en cinco ocasiones en sus dos siglos de vida, se nombró como la hija del Rey: el paseo de las Delicias de la Princesa. Con la entrada del nuevo siglo XX fue denominada avenida de la Libertad, como el resto del eje Prado-Recoletos. Tras la victoria del Frente Popular, en 1936, la vía pasó a llamarse Avenida de la Unión Proletaria. Un título que duró poco tiempo, ya que Franco, como hizo en la mayoría de ciudades, la designó Avenida del Generalísimo.

Vía infinita del arte

Su inclinación y rectitud la hacen parecer infinita. Sin embargo, se queda corta cuando se compara con los más de 10 kilómetros que forman la calle Alcalá y con los más de 320 portales de Bravo Murillo. En el ranking nacional se sitúa en el puesto 20 de las más largas.

La maltratada fuente dedicada a Isabel II que dio nombre al Paseo de la Castellana

wikimedia «Mujer con espejo», de Botero

No obstante, es la única que alberga obras al aire libre de escultores tan célebres como Chillida o Miró. Bajo el puente de Juan Bravo, construido en los años 70, se erige este Museo de Arte Público. Además, de las voluptuosas féminas del colombiano Fernando Botero en la Plaza de Colón y en la de San Juan de la Cruz.

Entre rascacielos y palacetes

Pero no solo los artistas quieren un hueco en esta arteria, también los escultores. Cuatro centros de negocios recalan a ambos lados de esta gran arteria: las torres gemelas de Colón, Azca –con la torre Picasso, la del BBVA y la de Europa–, las torres Kio y las recientes Cuatro Torres.

Entre tantas oficinas también resisten al embestir de la piqueta algunos palacios repartido de forma aleatoria por todo el paseo. Estos caserones burgueses sorprenden al caminante. Medio centenar de mansiones rivalizaban por ser las más bellas. Neogóticos, neoárabes, neoclásicos o modernistas… Hasta nuestros días solo han sobrevivido poco más de diez palacios. «No son los tiempos propicios a las residencias fastuosas». Con esta frase, que hoy podría tener significado pleno, evocaba ABC los palacios perdidos de la Castellana hace ya 55 años.

¿Quién fue la niña de 13 años que colocó la primera piedra del Congreso de los Diputados?


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  • El 10 de octubre de 1843, Isabel II alcanzó la mayoría de edad y celebró su cumpeaños colaborando en el inicio de las obras de construcción de la actual sede de la soberanía nacional
¿Quién fue la niña de 13 años que colocó la primera piedra del Congreso de los Diputados?

congreso.es | Paleta con la que Isabel II colocó la primera piedra del Congreso de los Diputados

El 10 de octubre de 1843, una niña que ese día cumplía 13 años colocaba la primera piedra en las obras de construcción del Palacio del Congreso de los Diputados. Pero no era una niña cualquiera, sino Isabel de Borbón, que con esa edad cumplía la mayoría de edad necesaria para ser proclamada Reina de España.

La Reina utilizó una paleta que hoy día está expuesta en el Congreso de los Diputados y en la que se puede leer la siguiente inscripción: «Isabel II, Reyna de todas las Españas, usó esta paleta en el solemne acto de asentar, con sus reales manos, la primera piedra del Congreso de los Diputados». La ocasión era propicia para destacar tan señalada fecha en el calendario de la hija de Fernando VII y madre de Alfonso XII: «Cumpleaños de su majestad».

No es la única paleta que se puede encontar en el patrimonio histórico de la Cámara Baja, aunque la otra es mucho más reciente: la que utilizó 145 años después su descendiente Juan Carlos I . En 1988 el padre de Felipe VI colocó la primera piedra de la Ampliación del Congreso de los Diputados el 6 de diciembre, día de la Constitución de 1978.

En este caso, la leyenda que se puede leer es algo más corta: «SS.MM. D. Juan Carlos I utilizó esta paleta en la colocación de la primera piedra del edificio de ampliación del Congreso de los Diputados el día 6 de diciembre de 1988»

Arte isabelino

Tampoco es el único elemento decoragtivo de la época isabelina que se puede encontrar en el Congreso: aún permanece un reloj de pared de 1870 con bisel dorado, maquinaria París y sonería de horas y medias; y una mesa de madera estilo imperio, con adornos de bronce y nácar y un tablero de ágata.

Según cuenta la tradición, ya que no existe constancia documental alguna, fue un regalo de boda del Zar Nicolás I a Isabel II quién la donó al Congreso de los Diputados. Actualmente decora el Salón de Conferencias.

En la actualidad, el vestíbulo principal del Palacio del Congreso está presidido por la Isabel II, en una escultura realizada por José Piquer Duart en mármol de Carrara. Se trata de una de las piezas más representativas de la escultura romántica.

En el solar donde hoy se refugia la sede de la soberanía nacional había hasta entonces el Convento del Espíritu Santo, aunque se encontraba en malas condiciones. Por eso, el regente de la Reina, el general Espartero, decidió que se construyera un edificio de nueva planta y que éste fuera la sede del Congreso. El presupuesto fijado fue de 17 millones de reales.

El Palacio es un edificio de estilo neoclásico construido por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer. Su fachada principal está compuesta por un pórtico clásico con seis columnas corintias. Al final de la escalinata se encuentra una puerta de bronce, realizada por José María Sánchez Pescador; a ambos lados de la escalinata están situados los leones, obra de Ponciano Ponzano, fundidos en bronce en la Maestranza de Sevilla en 1866.

El frontispicio, también de Ponciano Ponzano, representa a España abrazando la Constitución y rodeada de la Fortaleza, la Justicia, las Ciencias, la Armonía, las Bellas Artes, el Comercio, la Agricultura, los Ríos y Canales de navegación, la Abundancia y la Paz.

La obra ‘Isabel II. Una biografía (1830-1904)’, Premio Nacional de Historia de España 2011


El Pais

La autora, Isabel Burdiel es especialista en historia política y cultural del liberalismo europeo del siglo XIX, catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia, e investigadora honoraria por la University of East Anglia

La obra Isabel II. Una biografía (1830-1904) de Isabel Burdiel ha sido galardonada, por unanimidad, con el Premio Nacional de Historia de España correspondiente a 2011. El premio tiene por objeto reconocer y estimular la importante labor de estudio e investigación histórica que viene realizándose en los temas relacionados con la historia de nuestro país. El galardón está dotado con 20.000 euros.

Isabel Burdiel (1958) es especialista en historia política y cultural del liberalismo europeo del siglo XIX, catedrática de Historia Contemporánea en la Universidad de Valencia, e investigadora honoraria por la University of East Anglia (Gran Bretaña). Entre sus publicaciones figuran La política de los notables (1987) y las ediciones críticas de la Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft (1994), Frankenstein de Mary Shelley (1996) y el ensayo La dama de blanco. Es especialista en la figura de Isabel II y su entorno, y en 2004 publicó una primera biografía incompleta, Isabel II. No se puede reinar inocentemente. En 2010 publicó una muy completa biografía titulada Isabel II: una biografía (1830-1904). Ha codirigido los volúmenes de biografías Liberales, agitadores y conspiradores (2000) y Liberales Eminentes (2008).

Jurado

El Jurado ha estado compuesto por José Luis Díez García, designado por la Real Academia de la Historia; Antonio Bonet Correa, por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando; Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas; María Valentina Gómez, por la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación; María Ángeles Barrio, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE); Fernando González Urbaneja, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); Consuelo Naranjo, por el Instituto de Historia del CCHS, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); Josefina Gómez, por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (CEPC); Carme Molinero, por la Asociación de Historia Contemporánea (AHC); Susana Tavera, por el Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid; Alicia Alted, por la Ministra de Cultura; y José Antonio Escudero López y Pablo Fernández Albaladejo, galardonados en 2009 y 2010 respectivamente. Ha actuado como presidente el director general de Libro, Archivos y Bibliotecas, Rogelio Blanco, y como vicepresidenta la subdirectora general adjunta de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Isabel Ruiz de Elvira.

‘Isabel II a caballo’ ocupará la columna vacía de Trafalgar


El Pais

Polémicas esculturas de artistas contemporáneos rotan en el cuarto pedestal de la plaza desde 1999

El desfile sucesivo de propuestas tan rompedoras como la estatua de mármol de una mujer embarazada que nació sin brazos ni piernas, la maqueta acristalada de un hotel o el proyecto de colocar un barco en una botella han convertido la cuarta columna de Trafalgar Square en uno de los rincones londinenses consagrados a la modernidad. Pero los tiempos parecen decantarse hacia derroteros más conservadores, y el único de los cuatro pedestales vacíos que flanquean la plaza va a acabar alojando algo tradicional: una escultura ecuestre, permanente, de la actual reina de Inglaterra.

El giro que se quiere imprimir a un espacio dedicado en la última década a la producción de artistas contemporáneos era un secreto a voces en el mundillo de la política local, que ayer confirmó el diario The Independent citando cuatro fuentes oficiales. No ha sorprendido que el flamante alcalde de la capital, el conservador Boris Johnson, apoye tal iniciativa, puesto que su programa de campaña proponía culminar la llamada columna vacía de Trafalgar con la estatua de uno de los héroes de la historia británica.

Mayor perplejidad ha causado la confirmación de que su antecesor en el Ayuntamiento, el laborista Ken Livingstone, ya había dado en su día el visto bueno a la instalación definitiva de una estatua de Isabel II montada a caballo, encargo que debía consumarse a la muerte de la reina. Livingstone, apodado El Rojo Ken, no sólo es un conocido antimonárquico, sino también el impulsor, en 1999, del programa que ha auspiciado el despliegue rotatorio de obras vanguardistas en el pilar de la esquina noroeste de la plaza. Hasta entonces, el pedestal había permanecido vacío desde hacía más de siglo y medio. Fue concebido en 1841 para alojar una estatua del monarca Guillermo IV, pero el proyecto no llegó a culminarse por falta de fondos.

El Departamento de Cultura no ha confirmado ni desmentido el viraje radical que experimentará ese emplazamiento, ubicado en uno de los enclaves más turísticos. Pero se da por hecho el respaldo del rígido consejo municipal de Westminster, cuyos miembros nunca han ocultado su alergia a las innovaciones artísticas en los dominios de la columna dedicada al almirante Nelson. Leones de bronce elaborados con el material fundido de los cañones de la Armada Invencible española presiden la zona. Estos concejales también vetaron la ubicación de una figura de Nelson Mandela en una plaza erigida en icono de las protestas contra el apartheid.

En plena efervescencia de la dianamanía, que llevó a las cotas más bajas de popularidad a la monarquía británica, la intención de levantar una escultura a mayor gloria de la reina hubiera provocado disensiones. Hoy por hoy, muchos conceden que quizá sea el momento de dedicarle la primera estatua en la ciudad -sólo hay una en todo el país, en el parque de Windsor-, después de 56 años como profesional del trono. Aunque sea a costa de sacrificar una de las esquinas más vanguardistas que ha brindado Londres en el XXI.