La fascinante vida después de la muerte de las momias de Perú


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  • Desde el interior de los palacios de piedra y en las cimas de las montañas sagradas, los muertos Inca continúan ejerciendo poder sobre los vivos

 

Charles Rennie/Robert Harding World Imagery/Corbis Restos Incas momificados en la cumbre de la montaña de Nazca.

Charles Rennie/Robert Harding World Imagery/Corbis | Restos Incas momificados en la cumbre de la montaña de Nazca

En 1533 los primeros españoles que llegaron a Cuzco, capital del extenso Imperio Inca, descubrieron templos cubiertos con planchas de oro, altares y fuentes, además de una arquitectura comparable a la de Europa. Pero la mayor sorpresa llegó cuando dos soldados entraron en un palacio construido por un emperador muerto y encontraron que él y su difunta esposa parecían estar aún con vida. En el santuario interior del palacio se encontraron con una anciana que llevaba una máscara de oro y que parecía estar quitando las moscas a la familia imperial. Pero en realidad, la pareja ya no respiraba, y aunque permanecían sentados en posición vertical, estaban perfectamente momificados. Ellos y sus asistentes, ya que la familia interpretaba sus deseos y los muertos continuaban «disfrutando de su riqueza».

En los Andes, la momificación era una forma de preservar el poder. Según Smithsonian.com, Los españoles descubrieron que la columna vertebral occidental de América del Sur era el mayor laboratorio natural de la Tierra para hacer momias. Las arenas de la costa que se extiende desde Perú hasta el norte de Chile, las crea de forma natural. Luego, hace 7.000 años, los habitantes de las montañas andinas aprendieron a momificar a sus muertos, 2.000 años antes de que los antiguos egipcios. Los arqueólogos piensan ahora que la momificación artificial transformaba a los seres queridos en los representantes de la comunidad. Eran embajadores ante el mundo natural que aseguraban la fertilidad de sus descendientes y sus recursos. También puede haber sido una forma de entender y ritualizar la experiencia cotidiana, de encontrarse con los muertos, exponiendo la muerte y sus consecuencias con el paso del tiempo en las arenas del desierto, en los picos fríos y secos y en todo altiplano.

El momento de expansión inca se inició en el año 1200, fue entonces cuando los pueblos de las tierras altas andinas estaban colocando sus ancestros en cuevas como forma de enterramiento. El Imperio Inca fue capaz de propagarse tan rápidamente como lo hizo en parte debido a su fluidez con este idioma de los muertos, compartido por las poblaciones de los andes. Los incas fueron reconocidos como hijos del sol y antepasados de toda la humanidad, por lo que debían entregar a sus hijos al imperio para ser sacrificados en lo alto de las montañas.

La creencia de que el emperador Inca seguía estando socialmente vivon y tenía derecho a retener su propiedad, también alentó la propagación del imperio a través de los Andes. Señala Smithsonian.com, que cuando un emperador Inca moría era momificado a través de las extracción de órganos y el embalsamamiento. El hijo podía asumir el rol imperial pero no quedarse con las propiedades que la momia necesitaba para su sustento. Esta fue la razón por la que cada emperador Inca fue cada vez más lejos para amasar fortuna y gloria.

La salvaje muerte de Francisco Pizarro a manos de otros conquistadores españoles


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  • Los partidarios del hijo de Diego Almagro, antiguo aliado de Pizarro, entraron en su palacio el 26 de junio de 1541 para darle «tantas lanzadas, puñaladas y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la garganta», relata un cronista sobre su amargo final
Wikipedia Francisco Pizarro trata de defenderse del ataque de los seguidores de Almagro

Wikipedia | Francisco Pizarro trata de defenderse del ataque de los seguidores de Almagro

 Francisco Pizarro sobrevivió a casi todo. A la ingrata tierra extremeña, al duro viaje a través del Atlántico y a una lucha contra millares de guerreros incas, pero no pudo hacer nada contra la ira de sus propios compatriotas: acabó sus días apuñalado por otros españoles en su palacio en Lima.

Entre el grupo de españoles que acompañó a Pizarro a la conquista del Imperio Inca se sucedieron las traiciones, como la protagonizada por Diego de Almagro, y los intentos por alcanzar la gloria de forma individual a toda costa, como ocurrió con Sebastián de Belalcázar y su desesperada búsqueda de El Dorado. Y quien siembra vientos recoge tempestades. Cuando Pizarro pensaba que moriría de viejo rodeado de sus fieles hermanos, junto a los cuales había dado muerte al traicionero de Almagro, irrumpieron los partidarios del hijo de Almagro el 26 de junio de 1541 en el palacio del extremeño para darle «tantas lanzadas, puñaladas y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la garganta», según la descripción de un cronista.

Francisco de Pizarro, nacido en la localidad de Trujillo (Extremadura), era un hijo bastardo de un hidalgo emparentado con Hernán Cortés de forma lejana, que combatió en su juventud junto a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. En 1502, se trasladó a América en busca de fortuna y fama, no siendo hasta 1519 que Pizarro alcanzó un cargo de cierta relevancia: alcalde de la colonia de Panamá, una insalubre aldea de covachas poblada por una horda de aventureros europeos. Estando en este cargo, el conquistador debió escuchar las historias que llegaban sobre un rico territorio al sur del continente que los nativos llamaban «Birú» (transformado en «Pirú» por los europeos). Frustrado por su mala situación económica y sus pocos logros profesionales, Francisco Pizarro, de 50 años de edad, decidió unir sus fuerzas con las de Diego de Almagro, de orígenes todavía más oscuros que el extremeño, y con las del clérigo Hernando de Luque para internarse en el sur del continente.

ABC Francisco Pizarro se encuentra con el líder inca Atahualpa

ABC | Francisco Pizarro se encuentra con el líder inca Atahualpa

Diego de Almagro procedía de la villa manchega de Almagro, en Ciudad Real, de donde tomó el apellido por ser hijo ilegítimo de Juan de Montenegro y Elvira Gutiérrez. Criado por su severo tío Hernán Gutiérrez, Almagro decidió refugiarse a los 15 años en el hogar de su madre, que permanecía separado de su vástago a causa de su condición de hijo ilegítimo. La madre de Almagro le entregó un trozo de pan y unas monedas y le dijo: «Toma, hijo, y no me des más presión, y vete, y ayúdate de Dios en tu aventura». Así lo hizo. Almagro arribó en el Nuevo Mundo el 30 de junio de 1514, donde iba a iniciar años después una lucrativa aventura con Pizarro. Tras aventurarse en las profundidades del Imperio Inca, la pequeña expedición de españoles se abrió paso entre miles de incas para capturar al líder local Atahualpa, en Cajamarca. «En Cajamarca matamos 8.000 hombres en obra de dos horas y media, y tomamos mucho oro y mucha ropa», escribió un miembro vasco de la expedición en una carta destinada a su padre.

No en vano, la captura y posterior muerte de Atahualca no trajo tras de sí la caída del Imperio Inca. La guerra se alargó varias décadas, precisamente, por los conflictos internos entre los conquistadores. Las rencillas internas ente los partidarios de Almagro y los de Pizarro, que luchaban por delimitar los territorios que pertenecían a cada uno de los bandos, como si fueran ellos los propietarios y no la Corona, estallaron en conflicto armado en 1535. Tras un choque entre facciones, conocido como la batalla de Las Salinas, Pizarro cogió prisionero a Almagro y lo condenó a muerte. El conquistador suplicó por su vida, a lo cual respondió uno de los hermanos de Pizarro, Hernando, diciendo: «Sois caballero y tenéis un nombre ilustre; no mostréis flaqueza; me maravillo de que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte. Confesaos, porque vuestra muerte no tiene remedio». Finalmente, fue ejecutado el 8 de julio de 1538 en la cárcel por estrangulamiento de torniquete y su cadáver decapitado en la Plaza Mayor de Cuzco.

El conquistador «se defendió bravamente»

Pizarro despojó de sus tierras al hijo de Almagro y le cerró el acceso al cargo que había ostentado su padre, gobernador de Chile. Pero en un nuevo giro de los acontecimientos, el 26 de junio de 1541 un grupo de veinte españoles congregados en torno a la figura del hijo de Diego Almagro, cuyo nombre era similar al de su padre, entraron sigilosamente en el palacio de Pizarro en Lima y asesinaron al conquistador extremeño. Pizarro, de 65 años de edad, murió con al menos 20 heridas de espada. En posteriores estudios, el antropólogo forense Edwin Greenwich ha defendido que por las evidencias se puede afirmar que «Pizarro se defendió bravamente» e incluso su rostro quedó desfigurado: recibió una estocada que indica que le vaciaron el ojo izquierdo y otro corte recto en el pómulo derecho.

Los agresores obligaron a las autoridades de Lima a nombrar gobernador al joven Diego Almagro y forzaron que Francisco Pizarro fuera enterrado de forma casi clandestina en un patio de la catedral de la ciudad, pero quedaron lejos de tomar ventaja en esta guerra civil entre conquistadores. El conflicto se prolongó durante años obligando incluso a la Monarquía hispánica a tomar partido. En este contexto, el hermano menor de Pizarro, Gonzalo, encabezó la Gran Rebelión de Encomenderos en 1544 contra la Corona española en protesta por la dación de las Leyes Nuevas. Él y muchos de los conquistadores rebeldes fueron ajusticiados por esta causa.