Sacro Imperio Romano Germánico​


El Sacro Imperio Romano Germánico​ (en alemán: Heiliges Römisches Reich; en latín: Sacrum Romanum Imperium o Sacrum Imperium Romanum​—para distinguirlo del Reich alemán de 1871—, y también conocido como el Primer Reich o Imperio antiguo) fue una agrupación política ubicada en la Europa occidental y central, cuyo ámbito de poder recayó en el emperador romano germánico desde la Edad Media hasta inicios de la Edad Contemporánea.

Su nombre deriva de la pretensión de los gobernantes medievales de continuar la tradición del Imperio carolingio (desaparecido en el siglo X), el cual había revivido el título de Emperador romano en Occidente,3​ como una forma de conservar el prestigio del antiguo Imperio romano. El adjetivo «sacro» no fue empleado sino hasta el reinado de Federico Barbarroja (sancionado en 1157) para legitimar su existencia como la santa voluntad divina en el sentido cristiano. Así, la designación Sacrum Imperium fue documentada por primera vez en 1157,4​ mientras que el título Sacrum Romanum Imperium apareció hacia 11844​ y fue usado de manera definitiva desde 1254. El complemento Deutscher Nation (en latín: Nationis Germanicæ) fue añadido en el siglo XV.

El Imperio se formó en 962 bajo la dinastía sajona a partir de la antigua Francia Oriental (una de las tres partes en que se dividió el Imperio carolingio). Desde su creación, el Sacro Imperio se convirtió en la entidad predominante en la Europa central durante casi un milenio hasta su disolución en 1806. En el curso de los siglos, sus fronteras fueron considerablemente modificadas. En el momento de su mayor expansión, el Imperio comprendía casi todo el territorio de la actual Europa central, así como partes de Europa del sur. Así, a inicios del siglo XVI, en tiempos del emperador Carlos V, además del territorio de Holstein, el Sacro Imperio comprendía Bohemia, Moravia y Silesia. Por el sur se extendía hasta Carniola en las costas del Adriático; por el oeste, abarcaba el condado libre de Borgoña (Franco-Condado) y Saboya, fuera de Génova, Lombardía y Toscana en tierras italianas. También estaba integrada en el Imperio la mayor parte de los Países Bajos, con la excepción del Artois y Flandes, al oeste del Escalda.

Debido a su carácter supranacional, el Sacro Imperio nunca se convirtió en un Estado nación o en un Estado moderno; más bien, mantuvo un gobierno monárquico y una tradición imperial estamental. En 1648, los Estados vecinos fueron constitucionalmente integrados como Estados imperiales. El Imperio debía asegurar la estabilidad política y la resolución pacífica de los conflictos mediante la restricción de la dinámica del poder: ofrecía protección a los súbditos contra la arbitrariedad de los señores, así como a los estamentos más bajos contra toda infracción a los derechos cometida por los estamentos más altos o por el propio Imperio.

Entonces, el Imperio cumplió igualmente una función pacificadora en el sistema de potencias europeas; sin embargo, desde la Edad Moderna, fue estructuralmente incapaz de emprender guerras ofensivas, extender su poder o su territorio. Así, a partir de mediados del siglo XVIII, el Imperio ya no fue capaz de seguir protegiendo a sus miembros de las políticas expansionistas de las potencias internas y externas. Esta fue su mayor carencia y una de las causas de su declive. La defensa del derecho y la conservación de la paz se convirtieron en sus objetivos fundamentales. Las guerras napoleónicas y el consiguiente establecimiento de la Confederación del Rin demostraron la debilidad del Sacro Imperio, el cual se convirtió en un conjunto incapaz de actuar. El Sacro Imperio Romano Germánico desapareció el 6 de agosto de 1806 cuando Francisco II renunció a la corona imperial para mantenerse únicamente como emperador austríaco, debido a las derrotas sufridas a manos de Napoleón I.

 

Los papiros del faraón Keops en el puerto más antiguo


El Mundo

Fragmento de uno de los papiros de la época de Keops encontrados. | Efe

Fragmento de uno de los papiros de la época de Keops encontrados. | Efe

Más de un milenio antes de cualquier muelle conocido, los barcos con sus bodegas repletas de bronce y otros minerales procedentes del Sinaí atracaban ya en las costas del Mar Rojo. Reinaba por aquel entonces el faraón Keops. Las cuevas horadadas en la roca, las cuerdas de aquellos navíos, las anclas de piedra y varias decenas de papiros -los más antiguos hasta la fecha- dan fe del primer puerto de la historia, hallado por una misión franco-egipcia a 180 kilómetros al sur de la actual ciudad de Suez.

“Todos los elementos encontrados evidencian que éste es el primer puerto construido del mundo, en la época de Keops. Más de 1.000 años antes de cualquier otra estructura portuaria conocida“, cuenta a ELMUNDO.es el egiptólogo francés Pierre Tallet, profesor de la Universidad parisina de La Sorbona y director de la misión arqueológica que desde 2011 excava el área de Wadi el Jarf, en el este de Egipto.

El lugar, explica el académico, había sido observado a vista de pájaro “por los pilotos franceses que trabajaban en el Golfo de Suez durante la década de 1950“. “Pero nadie se percató de que había restos de un antiguo puerto faraónico”, agrega. Ni, menos aún, que los vestigios pudieran remontarse a los tiempos de Keops (2589-2566 a.C.), el segundo rey de la IV dinastía y el hombre que ordenó levantar la majestuosa Gran Pirámide de Giza.

Los últimos restos del puerto aparecen esparcidos por varios enclaves. La parte más visible -relata Tallet- reúne 30 galerías cavadas en la roca a unos 5 kilómetros de la orilla del mar y usadas para “almacenar barcos que eran desmontados después de las frecuentes expediciones al Sinaí”. Bloques de piedra, con el nombre de Keops escrito en tinta roja, cerraban unas cuevas que -sugiere el arqueólogo- no debieron conocer uso posterior.

Reinado de Keops

De las entrañas de estas galerías, la misión ha recuperado -más de 4.500 años después- retazos de un fascinante legado: Fragmentos de embarcaciones, cuerdas, pedazos de cerámica y una colección de papiros pertenecientes al último período del reinado del hijo de Snefru. Los jeroglíficos de las láminas, algunos del año 27 del reino de Keops y considerados los más antiguos hallados hasta la fecha, abren nuevas puertas para desentrañar el estilo de vida o los derechos y deberes de los habitantes del Antiguo Egipto. “Cerca de 10 papiros están bien conservados y el resto son cientos de fragmentos de diferentes tamaños”, indica Tallet.

La mayoría son cuentas, lo que nos da información sobre la administración central bajo el reinado de Keops“, señala el egiptólogo que también ha dirigido proyectos arqueológicos en otras orillas del Mar Rojo como el Sur del Sinaí y Ain Sujna (a unos 120 kilómetros al este de El Cairo). Los registros mensuales conservados en los papiros detallan -por ejemplo- el menú sin lujos (mayormente, a base de pan y cerveza) que se enviaba al lugar o el número de trabajadores implicados en las expediciones egipcias que zarpaban del puerto.

Pero los legajos, que han sido trasladados al museo de Suez para su estudio, guardan otras pequeñas delicias para los seducidos por la inagotable civilización del Nilo. “Tenemos interesantes fragmentos del diario de un oficial del Imperio Antiguo, que relata sus jornadas. Uno de ellos demuestra que este hombre estuvo involucrado en la construcción de la Gran Pirámide de Keops y a cargo de llevar las piedras para la obra”, esboza Tallet.

Aparte del mundo oculto en los papiros, el puerto contaba con un muelle en forma de L al borde del mar. A sus pies, bajo el agua, el equipo de Tallet ha rescatado 25 anclas faraónicas y cerámica “exactamente igual a la hallada en la zona de las galerías y que data también de la IV dinastía”. A unos 200 metros de la orilla, un edificio alojaba otras 99 anclas. “Algunas cuentan con inscripciones jeroglíficas probablemente para dar nombre a los barcos”, barrunta el arqueólogo con raíces españolas nacido en la ciudad portuaria de Burdeos.

Lejos de desvanecerse, su misión seguirá auscultando las aguas del Mar Rojo en busca de la singladura de los marineros faraónicos. Y Tallet reseña el periplo: “Primero excavamos en Ain Sujna, donde encontramos dos barcos del Imperio Medio. Ahora cavamos en Wadi el Jarf, que es más antiguo, y ya estamos planeando una nueva campaña arqueológica para marzo y abril del próximo año“.