Cuatro armas secretas utilizadas por Hitler en la II Guerra Mundial


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  • Los nazis dispusieron de los aviones más rápidos, así como de armas dirigidas por control remoto

Horten Ho 229

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En cuanto alcanzó el poder y comenzó a desarrollar sus planes, Adolf Hitler se aseguró de integrar en las filas nazis a los mejores científicos e ingenieros. De esa manera su ejército pudo dar un importante salto cualitativo en el apartado tecnológico, fabricando sofisticadas armas que utilizaría durante la II Guerra Mundial. Algunas de ellas las conocemos a través del blog «Business Insider», donde han publicado imágenes e información de varias piezas poco conocidas del arsenal nazi.

Lo que puedes ver en la fotografía sobre estas líneas es un avión bombardero «Horten Ho 229». Podía alcanzar velocidades próximas a los 1.000 kilómetros por hora y volar a casi 49.000 pies de altura, transportando hasta 900 kilos de armas. Equipado con dos motores de turborreacción, de él se dice que fue el primer avión indetectable por radar creado por un ejército. Sin embargo, sus habituales problemas técnicos provocaron que no llegase a tener presencia regular en combate.

Goliath

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En esta imagen, soldados nazis posan con una mina dirigida por control remoto, un arma conocida con el sobrenombre de «Goliath». Podía dirigirse utilizando una especie de joystick y se movía gracias a dos motores eléctricos. Era capaz de transportar casi 100 kilos de explosivos y normalmente se utilizaba para explorar campos de minas convencionales. Durante la II Guerra Mundial, los nazis fabricaron más de 5.000 dispositivos como los de la foto. Puedes verlos en acción en este vídeo de YouTube.

Messerschmitt Me 163 Komet

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Este avión «Messerschmitt Me 163 Komet», propulsado por cohetes, pulverizó todos los récords de velocidad aérea en el momento de su aparición. Creado a comienzos de los años treinta, podía volar a más de 1.000 kilómetros por hora, superando ampliamente a sus rivales más poderosos. Los aviones estadounidenses de la misma época no superaban los 710 kilómetros por hora. Hitler ordenó construir más de 300, aunque precisamente esa rapidez en el aire hacía que fuesen difíciles de manejar durante las batallas.

Fritz-X

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La Fritz-X era una bomba dirigida por radio. Un explosivo de más de 1.500 kilos que podía ser guiado con gran precisión hacia los objetivos marcados, lanzándose desde 20.000 metros de altura. Los especialistas del ejército aliado calculan que podía atravesar armaduras de defensa de hasta 28 pulgadas. No se fabricaron demasiadas piezas como la de la fotografía, dado que eran pocos los aviones preparados para transportarla.

«El hombre más peligroso de Europa», el oficial de Hitler que se enamoró de Madrid


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  • Otto Skorzeny llegó a ser guardaespaldas de Eva Perón
abc El alto mando de las SS Otto Skorzeny, en el centro, en una imagen de archivo

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El alto mando de las SS Otto Skorzeny, en el centro, en una imagen de archivo

«No soy refugiado político, estoy en España porque me gusta», dijo el exoficial de las SS Otto Skorzeny (Viena, 1908) a ABC en enero de 1970. La entrevista, obra de Antonio Alférez, esboza la apacible vida de este ingeniero de carrera en Madrid años después del final de la II Guerra Mundial; «vivo bastante bien», confesó. Enfrascado en la lectura y el deporte, este gigante de 195 centímetros y 100 kilos de peso, de complexión atlética, se asentó en la capital libre de remordimientos pero aún relacionado con su pasado, pues era el responsable máximo de la organización secreta de antiguos miembros de las SS en España, Odessa, que se encargó de la evacuación de éstos a Sudamérica.

Aunque en la interlocución con Alférez -en su despacho, próximo a la Puerta del Sol- aseguró que la Guerra había acabado para él en 1945 y que su nombre no era más que un pretexto para el periodismo sensacionalista, lo cierto es que bajo su recia apostura, potenciada por una inmensa cicatriz que cruzaba su mejilla izquierda, todavía se hallaba la reminiscencia del «Hombre más peligroso de Europa», como fue bautizado por el Alto Mando aliado en 1943. También conocido como «Cara cortada» por razones obvias, el periodista de ABC lo describió como un personaje de apariencia recta y carácter volátil, capaz de pasar en minutos de la cólera a la sonrisa.

Skorzeny fue absuelto el 8 de septiembre de 1947 de los crímenes de guerra imputados; diez meses más tarde, escapó del campo de concentración en el que esperaba para declarar ante un Tribunal de desnazificación, según recoge la crónica de ABC a su muerte, en julio de 1975.

Antonio Alférez, acaso ajeno a su papel en Odessa, tampoco conocía sus ocupaciones entre el final del conflicto y su afincamiento en Madrid, definitivo en 1951. En ese tiempo, viajó hasta Argentina, concretamente a Buenos Aires, para convertirse en asistente del presidente Juan Domingo Perón y en guardaespaldas personal de Eva, su mujer. La crónica fue revelada por el periodista irlandés Kim Bielenberg en un reportaje publicado a comienzos de 2015 por la cadena británica BBC.

Liberador de Mussolini

Soldado predilecto de Adolf Hitler, fue el propio «Führer» quien le encargó personalmente el rescate de Benito Mussolini del Gran Sasso, en los Alpes, donde estaba recluido en 1943. La obra de evacuación, en consonancia con los paracaidistas de la «Wehrmacht» alemana, lo elevó no sólo en la escala de oficiales de las SS, abandonando su rango de coronel, sino también en la Historia. Sin embargo, investigaciones posteriores aseguran que su papel en dicha operación no fue tal, sino que más bien fue atribuido, y que su mayor logro remite al intento de atentado contra Dwight D. Eisenhower y la «Operación Greif», donde se infiltró entre las tropas norteamericanas.

A pesar de su relación con el peronismo, no fue a orillas del Río de la Plata donde Otto Skorzeny encontró la paz y la estabilidad que su propia biografía le negaba, sino en Madrid, donde envejeció impune durante más de dos décadas, hasta su muerte en 1975, víctima de un cáncer. La vida en la capital resumía su parecer sobre España: «Es mi segunda patria y terminaré mi vida aquí», avanzó a Antonio Alférez en su entrevista.

La curiosa historia del barco militar que fabricaba helados durante la II Guerra Mundial


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  • El reparto de miles de litros de helado ayudó a elevar la moral de las tropas estadounidenses que luchaban contra Japón
La curiosa historia del barco militar que fabricaba helados durante la II Guerra Mundial

abc | La curiosa historia del barco militar que fabricaba helados durante la II Guerra Mundial

 

 

En momentos de depresión o baja autoestima, alimentos como el chocolate o los helados son un recurso habitual para tratar de elevar la moral de quien sufre esa apatía. En periodos de conflictos bélicos, donde casi cualquier solución es válida para mantener contentos a los soldados, esta perla de la sabiduría popular no podía ser ignorada por los mandos militares.

De hecho, tal y como podemos leer en el blog «La Aldea Irreductible», el poder reconstituyente del helado fue tomado tan en serio que, en plena Segunda Guerra Mundial, la marina de Estados Unidos construyó un buque, el «Ice Cream Barge», encargado de fabricar y distribuir miles de toneladas de este producto entre los barcos y bases que tenía desplegados en el Pacífico Sur.

Todo comenzó, cuando la cúpula militar buscaba soluciones para los principales problemas que el clima caluroso de la zona y la baja moral causaba entre las tropas. El consumo de helados, habitualmente prescrito por los médicos a los soldados para recuperarse de la fatiga, era una respuesta ideal, ya que atacaba ambos problemas a la vez.

Así, a partir de 1943, se distribuyeron más de 61.000 toneladas de helado deshidratado entre todas las bases militares del Pacífico Sur. Con un poco de agua y siguiendo las instrucciones que indicaba la lata del producto para diluir el polvo, cualquier soldado podía obtener su propio helado de vainilla.

Sin embargo, el secretario de la Marina de los Estados Unidos, James Forrestal, estaba convencido del enorme beneficio de incluir este alimento en la dieta de los soldados. Por ello, decidió dar máxima prioridad a su distribución y, en 1945, se las ingenió para convencer a la Comisión Nacional de Presupuestos para que apoyaran su plan.

Con el millón de dólares que obtuvo, Forrest ordenó construir el barco más insospechado de la Segunda Guerra Mundial: uno destinado única y exclusivamente a la fabricación de helados. Conocido como «Ice Cream Barge», era una barcaza remolcada capaz de producir alrededor de 300 litros de helado cada hora que distribuía por todas las bases del Pacífico Sur.

El «Ice Cream Barge», además de ser la primera heladería flotante y ambulante del mundo, sin duda hizo las delicias de muchos de los soldados, a la vez que les sirvió de cierto apoyo moral mientras combatían en unos campos de batalla muy alejados de su hogar. Un curioso uso de los helados, quizá solo superado por el de los caramelos de chocolate que salvaron la vida de un batallón de marines en la Guerra de Corea.

El día que naufragó J.F.Kennedy


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  • Se cumplen 70 años del hundimiento de la lancha torpedera que comandaba Kennedy en el Océano Pacífico durante la II Guerra Mundial

El día que naufragó J.F.Kennedy

abc | El teniendo John F. Kennedy, de pie a la derecha. con miembros de la tripulación del PT-109 en 1943

En las primeras horas del 2 de agosto un grupo de lanchas torpederas norteamericanas intentaron emboscar a un grupo de destructores japoneses que llegaban para prestar refuerzo en las Islas Salomón. Así detalla la web II World War Today uno de los episodios más publicitados de la Segunda Guerra Mundial, donde John F. Kennedy fue condecorado con la Medalla de la Armada y del Cuerpo de Marines gracias a su comportamiento durante el suceso.

En plena oscuridad y durante una operación que ponía en riesgo a ambos bandos, fue el PT 109 (Patrol Boat) quien salió peor parado en el choque con el destructor japonés Amagiri. La lancha quedó partida por la mitad y dos hombres de la tripulación murieron en el acto, pero los supervivientes lograron nadar hasta la isla más cercana, quedando sin provisiones y sin ningún medio de comunicación con la base. El comandante del PT 109, John F. Kennedy, decidió nadar hacia el Ferguson Passage en un intento de interceptar lanchas procedentes de las zonas de patrullaje. Nadó hasta una pequeña isla al sureste, pero no llegó a ver ninguna, por lo que comenzó su regreso en la misma ruta que había utilizado anteriormente.

Mientras nadaba de vuelta a la isla donde estaban el resto de supervivientes, fue atrapado en una corriente que le arrastró dos kilómetros llevándole de nuevo a mediados del Ferguson Passage, deteniéndose a dormir en una pequeña isla al sureste donde tuvo que iniciar su viaje de regreso otra vez, pese a que estaba completamente agotado y febril.

Al día siguiente, el Alférez Ross decidió repetir la búsqueda de PT emprendiendo la misma ruta que Kennedy había tomado el día anterior, con resultado idénticos, salvo que al volver, se detuvo sabiamente en mismo islote que usó Kennedy para dormir.

Como el suministro de coco del que se servían se estaba agotando y con el fin de estar más cerca de Ferguson Passage, el grupo salió de la Isla de Aves (así llamaron a su islote debido a los numerosos excrementos de pájaro que había) al mediodía del 4 de agosto, y se dirigieron a un pequeño islote al oeste de la Isla de Santa Cruz.

A la mañana siguiente Kennedy y Ross decidieron nadar para cruzar la isla en busca de comida, botes o cualquier otra cosa que puediera ser útil a su partida. Los dos oficiales se internaron entre la maleza y al llegar a la playa encontraron una pequeña caja de galletas con escritos en japones. Justamente, un poco más arriba de la playa, junto a un cobertizo, avistaron una canoa con varios hombres que a todas luces parecían nativos. Pero a pesar de todos los esfuerzos de Kennedy y Ross para atraer su atención, los hombres se alejaron remando rápidamente hacia el noroeste.

Esa noche, Kennedy tomó la canoa y volvió la isla donde estaban refugiados, pero dejó Ross que había decidido ir nadando a la mañana siguiente. Cuando Kennedy llegó a la base se encontró con que los dos nativos que él y Ross había avistado cerca de la isla de Santa Cruz, habían rodeado la isla hasta dar con el resto del grupo, que encabezados por el Alférez Thom les habían convencido para que realizaran todos los servicios posibles para ayudarles.

Al día siguiente, 6 de agosto, todos remaron para cruzar la isla e interceptar a Ross y enviar a los nativos con mensajes al guardacostas. Uno de ellos era una nota escrita a lápiz el día anterior por Alférez Thom, y el otro fue un mensaje escrito en una cáscara de coco verde por Kennedy, informando al guardacostas que él y Ross estaban en la Isla de Santa Cruz.

Escape marítimo

Después de la marcha de los nativos, Ross y Kennedy se mantuvieron en la isla hasta la noche, cuando volvieron a probar suerte con la canoa para interceptar alguna lancha en Ferguson Passage. Remaron lejos y como de costumbre no encontraron nada, pero esta vez quedaron atrapados en una repentina tormenta que finalmente volcó la canoa. Pero volver a nado con un mar traicionero no fue nada fácil. Ross recibió numerosos cortes y contusiones, pero ambos se las arreglaron para hacer tierra donde permanecieron el resto de la noche.

El sábado 7 de agosto ocho indígenas llegaron trayendo un mensaje del guardacostas con instrucciones para el oficial de mayor graduación de ir con los nativos a Wana Wana. Los nativos viajaron con Kennedy y Ross a la isla donde esperaban el resto de los supervivientes, que recibieron de manos de los indígenas alimentos y otros artículos, como una estufa, para hacer que los supervivientes se sintieran cómodos.

Esa tarde, Kennedy viajó oculto bajo los helechos en la canoa nativa y fue llevado a la guardia costera y, finalmente, logró hacer contacto con la lancha torpedera, subiéndose a bordo y dirigiéndola al resto de los supervivientes. El rescate se llevó a cabo sin contratiempos, y se llegó a la base Rendova la madrugada del 8 de agosto, siete días después de la embestida del PT 109 en el Estrecho de Blackett.

Una paloma mensajera pone en jaque a los servicios secretos británicos


El Mundo

El misterioso código hallado en una vivienda de Surrey en 1982.

El misterioso código hallado en una vivienda de Surrey en 1982.

  • El misterioso código hallado en una vivienda de Surrey en 1982.

Los servicios secretos británicos han pedido ayuda a la ciudadanía para descifrar un código atado a los restos de una paloma mensajera de la Segunda Guerra Mundial que, tras semanas de estudio, continúa “indescifrable” para los expertos.

El código fue descubierto en 1982 entre los restos de la chimenea de una casa en Surrey (sur de Inglaterra) por el dueño de la vivienda, que halló un pequeño escrito dentro de un tubo rojo atado a la pata de una paloma muerta, según informa la cadena británica BBC.

En la pieza de papel, bajo el título “servicio de paloma“, había escrito a mano hasta 27 códigos.

Desde el descubrimiento, hace un mes, el servicio de escuchas y decodificación de los servicios secretos en Cheltenham (oeste de Inglaterra), más conocido por sus iniciales en inglés GCHQ, ha estudiado sin éxito estos códigos, por lo que pide ayuda a la población para resolver un rompecabezas que les tiene “perplejos”.

Complejidad

Un historiador de este departamento, Tony, que prefirió no revelar su apellido, dijo a la BBC que todo indica que el mensaje se realizó durante la Segunda Guerra Mundial (1939-45), y ahí radica la complejidad para descifrarlo.

“Ese tipo de códigos creados para ser usados en operaciones fueron diseñados para que sólo pudieran ser entendidos por los emisores y los receptores del contenido”, explicó Tony.

Por este motivo, aseguró, a menos que tengan “una mayor idea de quién mandó el mensaje y a quién estaba dirigido” no averiguarán “qué se esconde tras los números”.

Los expertos barajan -además de esta opción de decodificación entre dos individuos, que haría al mensaje indescifrable- la posibilidad de que su contenido se base en un libro de señas utilizado en la época para una misión en concreto que ahora probablemente esté destruido.

‘Día D’

Entre las teorías sobre su cometido, algunos sugieren que fuera una prueba de mensajería de cara al llamado ‘Día D’, uno de los días claves en la Segunda Guerra Mundial, cuando los aliados desembarcaron en la costa francesa de Normandía.

Durante el conflicto bélico se utilizaron en el Reino Unido hasta 250.000 palomas mensajeras, cada una de ellas con un número de identificación único para cada mensaje que portaban.

Sin embargo, en este documento se han encontrado hasta dos series de números -NURP.40.TW.194 y NURP.37.OK.76- por lo que también se desconoce cuál de ellos corresponde a esta paloma.

Turing, el hombre que venció a los nazis con la ciencia


El Mundo

Centenario del nacimiento de Alan Turing

La comunidad científica rinde hoy homenaje a Alan Turing (1912-1954), uno de sus miembros más brillantes. Hoy se cumplen cien años de su nacimiento en Londres, un acontecimiento que será aprovechado para repasar a través de exposiciones y conferencias su extraordinaria contribución a la ciencia y a la humanidad. Porque además de ser considerado el padre de la informática y de la inteligencia artificial, ha pasado a la historia como el hombre que ayudó a salvar miles de vidas durante la II Guerra Mundial.

Lo logró gracias a su gran intuición matemática. El científico británico fue el arquitecto del dispositivo ‘Bombe’, con el que desde la instalación militar de Bletchley Park, a unos 80 kilómetros de Londres, los británicos fueron capaces de descifrar los mensajes encriptados de la máquina alemana ‘Enigma’ que usaban los nazis. Su sistema ayudó a los Aliados a vencer a los germanos y, según calculan muchos analistas, permitió acortar la duración de la guerra en un par años, evitando la muerte de miles de personas.

Una de estas máquinas ‘Enigma’ se exhibe en la exposición que el Museo de Ciencia de Londres acaba de inaugurar para conmemorar el centenario de su nacimiento y que podrá visitarse hasta el 31 de julio.

Turing también realizó importantes investigaciones en biología del desarrollo. “Hay pocos científicos que hayan hecho contribuciones tan determinantes a la ciencia”, apunta Ramón López de Mántaras, director del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial (IA) del CSIC.

Un legado sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta que tuvo una vida corta. Murió a los 42 años. Se suicidó en 1954, dos años después de que fuera condenado por ser homosexual, pues en aquella época se consideraba un delito. Y es que aunque el científico fue reconocido por su valiosa aportación de la ciencia, fue víctima de la intransigencia de la sociedad inglesa de mediados del siglo XX.

Condenado por ser homosexual

Sus problemas comenzaron en 1952, cuando su amante, Arnold Murray, entró a robar en su casa. Durante la investigación policial, Turing admitió con naturalidad ser homosexual sin prever las consecuencias: se abrió un proceso contra él y fue acusado de perversión. Para evitar ir a prisión, aceptó someterse a un tratamiento con estrógenos, que le causó impotencia y obesidad.

Dos años después de la castración química, fue encontrado muerto junto a una manzana mordisqueada en la que se había inyectado cianuro. La versión oficial sostiene que fue un suicidio, una conclusión rechazada por su madre, que siempre sostuvo que su hijo ingirió el veneno de forma accidental. Su muerte dio pie, además, al desarrollo de teorías que sugerían que fue asesinado. Aunque se especuló con que la manzana mordisqueada del logo de Apple fue un homenaje de Steve Jobs a Turing, el fundador del gigante de la informática siempre lo desmintió.

En 2009, el primer ministro británico en aquella época, Gordon Brown, se disculpó públicamente en nombre del gobierno por la forma en que el científico fue tratado. Sin embargo, hace unos meses Cámara de los Lores rechazó pedir un perdón póstumo y simbólico a Turing por haber sido acusado de “indecencia grave” en 1952. El argumento para rechazar la petición fue que en aquella época se trataba de un delito y la ley se aplicó cómo debía hacerse.

Padre de la informática

La primera gran contribución de Turing, repasa López de Mántaras, fue la Máquina Universal de Turing y el concepto de ordenador programable. Es decir, que puede desarrollar distintas tareas: “Definió los límites de lo que un ordenador puede hacer”.

Él fue el primero que definió de forma rigurosa el concepto de algoritmo, que marca las instrucciones que siguen los programas. Además, contribuyó a la construcción del ordenador ACE, aunque su prematura muerte no le permitió verlo acabado.

Su segunda gran aportación fueron sus trabajos sobre máquinas inteligentes: ”Fue el precursor de las redes neuronales en inteligencia artificial”, una rama que nació oficialmente en 1956. “La posibilidad de que las máquinas pensaran es una idea muy antigua, que ya se planteaba en la Edad Media”, afirma.

En un artículo publicado en 1959 proponía una prueba, que se conoce como el Test de Turing, para medir las habilidades de una máquina. Un humano, que actúa como interrogador, debe conversar con una máquina diseñada para comportarse como una persona y con otro humano (a los que no puede ver) e intentar descubrir cuál es la persona y cuál es la máquina.

López de Mántaras sostiene que esta prueba, que sigue utilizándose en algunos ámbitos, ya no se considera relevante para medir el progreso de la inteligencia artificial: “Este test se centra en los conocimientos y habilidades que se pueden expresar. Y la inteligencia humana es mucho más que poder llevar a cabo un diálogo. Hay procesos cognitivos fundamentales que no son expresables y este test no puede valorarlos”, explica.

El investigador del CSIC también destaca las investigaciones de Turing en biología del desarrollo: “Se preguntó por qué había tanta variedad en la piel de los animales de la naturaleza si las células embrionarias eran homogéneas. Para explicar por qué algunos tenían rayas y otros manchas formuló una teoría que este mismo año ha sido demostrada por un equipo de investigadores del King´s College: “Turing creía que los diferentes patrones de los animales (manchas, rayas, etc.) se debían a un desequilibrio en las concentraciones de dos morfogenes, uno que es inhibidor y otro activador. Si estas concentraciones estuvieran en equilibrio, no habría diferencia en los patrones”, explica López de Mántaras.

Como recuerda David Leavitt en ‘El hombre que sabía demasiado’ (Editorial Antoni Bosch), sólo tras la desclasificación de los documentos sobre su trabajo en Bletchley Park y la posterior publicación de la magistral biografía de Andrew Hodges en 1983, empezó a hacérsele justicia a este gran pensador cuyo extraordinario legado e intuición siguen provocando admiración 60 años después de su muerte.

El fotógrafo misterioso de Hitler


El Pais

  • Aparece un álbum singular con más de 200 instantáneas de líderes nazis y de sus víctimas y que incluye nueve imágenes inéditas del dictador alemán

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Ayúdenos a aclarar el misterio. Lens, el blog de fotografía del diario The New York Times, hizo ayer este llamamiento a sus lectores tras publicar por primera vez las fotos de un álbum que data de la II Guerra Mundial y que contiene reproducciones de líderes del régimen nazi y de sus víctimas. Es una rareza documental, según los expertos, que sale a la luz siete décadas después de que Adolf Hitler ejecutase el asalto de la Unión Soviética, la brutal Operación Barbarroja.

Junto a nueve fotos en blanco y negro de Hitler, tomadas a pocos metros de distancia, el autor de este trabajo inmortalizó a soldados alemanes de rango medio junto a prisioneros de guerra y víctimas judías en Bielorrusia. Por la calidad de las fotografías inéditas se deduce que no estaba falto de talento y que sabía perfectamente lo que hacía. Lo que no está claro es si se trata de un trabajo personal o para el régimen.

Tras una primera investigación, The New York Times logró juntar algunas piezas de este complejo puzle aún sin resolver, que ha llamado la atención de los aficionados al estudio de la II Guerra Mundial. El diario cree que se trata de imágenes de un momento clave en el conflicto, cuando se inició la invasión de la extinta Unión Soviética. “Hay pocos álbumes que incluyan fotos de líderes nazis y de sus víctimas”, señalan los autores del blog.

Sin identificación

El álbum parece documentar las operaciones de una unidad del Ejército nazi en el frente de la Europa del Este. Y se deduce que el autor es un fotógrafo de guerra “que tenía fácil acceso” a los altos mandos del régimen, porque pudo fotografiar de cerca a las tropas y a los prisioneros en el que parece ser el campo de Minsk. Pocas páginas después, se ve alführer en una estación de tren esperando al regente de Hungría, Miklós Horthy.

Pero el álbum no incluye en sus 24 páginas identificación o inscripción que permita dar más pistas. Algunas fotos de entre las 214 recogidas en el libro son muy íntimas. Respecto al actual propietario, solo se dice que se trata de un empresario que trabaja en el sector de la moda, de 72 años, que reside en Nueva Jersey y que recibió el álbum de una persona que había trabajado para él. Este, a su vez, lo obtuvo de un anciano de origen alemán. Su actual propietario quería determinar el origen de las fotos, esperando incrementar su valor y así poder cubrir sus facturas médicas.

“Me preocupaba que cayera en malas manos”, relata el ejecutivo al diario, que mantiene su anonimato. El propietario era consciente en todo momento de que “tenía en su poder “un trozo de historia” que se había mantenido en secreto durante 70 años. “Ahora mi necesidad es demasiado grande”, afirma el dueño del álbum, que se declaró en bancarrota, incapaz de responder a sus deudas.

Resolver el enigma

A partir de ahí, no se sabe mucho más. Por eso el diario confía en que los lectores e historiadores hagan sus aportaciones. Para aclarar el enigma, también acudió a la revista alemana Der Spiegel. Los responsables del Museo Memorial del Holocausto en EE UU apuntan que el fotógrafo podría pertenecer a la Unidad de Propaganda, la compañía del Ejército nazi que se encargaba de las labores de propaganda sobre el terreno.

The New York Times insiste en que el único interés por dar a conocer el contenido de este álbum es presentar a los lectores “sorprendentes fotografías” de un momento crucial del conflicto armado que desoló Europa y “resolver el enigma histórico”.

Rescatados de una fosa común cerca de 200 caídos soviéticos y alemanes


EFE – El Pais

  • Las obras de ampliación de una vías férreas en Osetia del Norte ponen al descubierto un enterramiento sanitario de la II Guerra Mundial

fosa-comun-290x193Los restos de cerca de 200 soldados soviéticos y alemanes caídos durante la II Guerra Mundial fueron recuperados de una fosa común en la región norcaucásica rusa de Osetia del Norte, informó hoy la expedición de búsqueda Jaron. El pasado 10 de junio, durante las obras de ampliación de las vías férreas en la ciudad de Ardón, fueron hallados los restos de ocho personas, así como cascos y botones de uniformes de soldados del ejército de Hitler. Al parecer, los obreros desenterraron los cuerpos procedentes de un entierro sanitario, es decir, una fosa común en la que se

sepultaba a los muertos para evitar epidemias entre la población.

“Los cinturones y zapatos de soldados soviéticos hallados en estos últimos días confirman nuestra idea de que se trata de un entierro conjunto de militares alemanes y soviéticos”, indicó Alan Tatárov, quien encabeza la expedición de búsqueda. Agregó que los rastreadores sacarán a la superficie no menos de 400 cuerpos, lo que les llevará al menos otras dos semanas en condiciones óptimas.

Según Tatárov, el lugar escogido para el entierro de los soldados es una antigua zanja antitanque, de 17 metros de longitud, 6 de ancho y 7 de profundidad. “Durante la guerra, estas zanjas eran utilizadas frecuentemente como fosas comunes”, subrayó, citado por la agencia oficial RIA-Nóvsti. Explicó que Osetia del Norte fue escenario en 1942 de encarnizadas batallas por el dominio del Cáucaso y subrayó que no se trata, ni mucho menos, de la única fosa común de un entierro masivo.

Las expediciones de búsqueda cuentan también con datos de un millar de soldados enterrados en el “valle de la muerte” en la ciudad de Mozdok y la aldea de Eljótovo. Está previsto que los restos hallados en Adrán sean sepultados en Krasnodar, donde este año se planea abrir un cementerio conmemortivo del Cáucaso Norte, donde se erigirá conjuntamente con Alemania una cruz con mensajes dirigidos a las futuras generaciones.

Sólo la expedición “Jaron” ha enterrado a más de 500 soldados en ese cementerio, donde reposan más de 5.000 militares de ambos bandos. En los últimos veinte años, la labor de estas expediciones, cuya misión principal es hallar los restos de soldados caídos durante la Gran Guerra Patria, como denominan los rusos la II Guerra Mundial, han permitido dar sepultura a 87.874 militares soviéticos.

Asimismo esas labores permitieron identificar a 16.000 soldados muertos y encontrar a familiares de mil de ellos. En la Gran Guerra Patria (1941-1945), que marca su inicio con la invasión de la Unión Soviética por las tropas de la Alemania nazi, murieron cerca de 27 millones de personas. Según las cifras oficiales, el Ejército Rojo sufrió 8.860.400 bajas entre el 22 junio de 1941 y el 9 de mayo de 1945.