El misterio de las campanas de una iglesia de Madrid que se colgaron solas


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  • Los vecinos de San Pedro el Viejo no dieron crédito cuando escucharon sonidos procedentes del campanario
wikipedia Iglesia de San Pedro el Viejo

wikipedia | Iglesia de San Pedro el Viejo

La iglesia de San Pedro el Viejo, situada en la esquina de la calle del Nuncio y una de las más antiguas de la capital, estaba sin terminar. Unos obreros eran los encargados de elevar las campanas a lo alto del campanario, pero debido a que fue imposible subirlas por las escaleras, los hombres se fueron a sus casas a la espera de encontrar una solución.

La sorpresa para todos fue cuando, a la mañana siguiente, se empezó a escuchar el sonido de las campanas, que habían sido colocadas en el alto de la iglesia. Nadie se explica qué ocurrio ni quiénes fueron los responsables.

Hallan el documento que prueba el traslado de Cervantes en las Trinitarias


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  • El historiador Marín Perellón encuentra el libro de cuentas de 1697 en el que se detallan los 400 reales pagados al sepulturero del escritor, Miguel de Hortigosa, para llevar el cadáver de la vieja iglesia a la cripta

    abc Registro del gasto en el libro de cuentas que custodia el convento

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    Registro del gasto en el libro de cuentas que custodia el convento

No existía ningún documento histórico que acreditara que los restos de Miguel de Cervantes fueron trasladados de la antigua iglesia de San Ildefonso a la cripta del convento de las Trinitarias Descalzas, a cien metros de distancia el uno del otro. Pero ya es un hecho constatado. El pasado viernes, el historiador, archivero y bibliotecario de Madrid Francisco Marín Perellón descubrió en un libro de cuentas de 1697 del archivo del templo una anotación clave, fechada el 8 de octubre de aquel año. En ella se registraba el coste para que el sepulturero Miguel Hortigosa mudara los restos de los 17 difuntos enterrados en la vieja iglesia a la nueva. Este gasto ascendía a 13.600 maravedís o 400 reales.

Este documento es contundente. Acredita que los cadáveres de 11 adultos (entre los que se encontraba Cervantes, enterrado en 1616, y su mujer, diez años después, según el libro de difuntos de la iglesia de San Sebastián) y los de seis niños de San Ildefonso están en la nueva iglesia. Además, el papel pone el foco sobre la fosa 32, porque Hortigosa no solo movió los restos, sino que terraplenó la bóveda. He ahí otro dato que hace aún más verosímil la teoría de que el maestro de las letras hispánicas está allí.

La fosa 32

El enterrador excavó, sepultó los cuerpos, luego echó tierra y la apisonó. Esto daría explicación al hecho de que la reducción 32, ubicada en la esquina sureste de la cripta, sea el lugar donde trabajó el sepulturero, ya que es el más profundo de los enterramientos (a 135 centímetros del subsuelo) y el más antiguo. Ahí, los investigadores encontraron un grupo de huesos «compatible con el osario trasladado de la iglesia primitiva», señalaron los expertos el pasado 11 de marzo. El informe del 17 de marzo de 2015 elaborado por los científicos concluía que era posible considerar que entre los fragmentos hallados había algunos de Miguel de Cervantes, por ejemplo un trozo de una mandíbula con pérdidas de dientes premortem. Por encima de esta fosa, a partir de 1730, la bóveda volvió a servir como lugar de enterramientos. Los arqueólogos se toparon con 300 cadáveres más, de los cuáles un 90 por ciento eran de niños.

El testamento del maestro

La iglesia nueva comenzó a construirse en 1673. En 1697 finalizó sus obras y es en octubre de ese año cuando se pide la exhumación para el traslado. Se cree que Hortigosa pudo tardar tres días hasta finalizar la labor. Señala Marín Perellón que puede

haber aún más descubrimientos en el archivo sobre el padre de «El Quijote». Por ejemplo, cómo hizo el trabajo para transportar los cadáveres o incluso encontrar algún registro de su ubicación exacta. «Confío en dar con el testamento de Cervantes», afirma el historiador, aunque es algo que no necesariamente han de guardar las monjas de clausura. Este especialista baraja la hipótesis de que la mujer del escritor pudo haber llevado el último deseo de su esposo para probar que quería descansar allí eternamente. Se le enterró allí gratuitamente, informa Marín Perellón.

Tomo al azar

Asumió el desembolso la Venerable Orden Tercera de San Francisco. Su viuda pagó dos misas de alma. Por esta razón se duda que pudiera ser inhumado con objetos de valor que pudieran haber desaparecido en el traslado. Y para comprobarlo es difícil, ya que de 1612 a 1618 hay pocos documentos, explica el historiador.

Este experto continuará con esta búsqueda documental durante el horario del convento. En el archivo de las Trinitarias se comenzó a trabajar en febrero, pero sólo se pudieron consultar libros durante tres días porque no había espacio para su análisis pormenorizado. La semana pasada se pidió habilitar una zona y Marín Perellón se sumergió en esta tarea. El viernes dio con la prueba. Cogió un tomo al azar y resultó ser uno de los primeros libros de cuentas. A mitad del tomo, en la página par, dio con este nuevo hecho histórico, anotado por el administrador de la iglesia que llevaba las cuentas anuales en la época.

Prueba final de la custodia

El escrito está grabado sobre un papel del siglo XVII. Los documentos se pueden tocar con las manos, sin necesidad de un tratamiento especial, ya que no presentan ninguna patología. Está en buen estado y encuadernado en un libro de pergamino que prueba por fin que las religiosas de las Trinitarias Descalzas siempre mantuvieron la custodia del cuerpo de Miguel de Cervantes desde 1616.

Aún queda mucho trabajo por delante. Como dijo Francisco Etxeberria, el responsable de la investigación, «son muchas las coincidencias y no hay discrepancias». El trabajo documental apunta cada vez más a que los huesos pertenecen con toda seguridad a Miguel de Cervantes, pero no existe verificación genética. Lo único que podría demostrarlo sería un análisis de ADN, pero está descartado. En primer lugar, por el mal estado de los huesos; en segundo, porque para la identificación es necesario que se coteje con el ADN de un familiar y solo se conoce dónde reposa su hermana Luisa. Sus restos están en el convento de Alcalá de Henares, donde fue sepultada en 1623. Pero, al igual que con su hermano, al tratarse de un osario, sería prácticamente imposible identificar el ADN. Sin embargo, para acreditar que en esa reducción están los huesos de Cervantes están contrastadas las certezas histórica-documental, arqueológica y antropológica.

No se desecha que se emprenda una tercera fase de investigación, por ejemplo, como indicó Ana Botella a ABC en una reciente entrevista, sobre los huesos de niños que aparecen en ese conjunto de restos. La alcaldesa y Pedro Corral, delegado de Las Artes, despiden su mandato con este nuevo descubrimiento sobre la búsqueda de Cervantes.

Transcripción del registro

La abadía parisina que acercó a España y Francia


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  • Don Ramón Menéndez Pidal decía que las relaciones entre ambos países comenzaron hace mil años en la esquina del templo de Saint-Germain

Esa esquina, esa abadía, la iglesia de Saint-Germain-des-Prés, ha celebrado a finales de 2014 su primer milenario. En un ataque de afectación murciana, Azorín, enviado especial y cronista de ABC, prefería escribir San Germán de los Prados. Sospecho que los turistas que visitan la iglesia, en el corazón más snob de París, ignoran la historia, que Menéndez Pidal contaba con emoción muy prolija.

Hacia finales del año 1014 –ahora se cumplen mil años–, los monjes de esa abadía tuvieron noticia de una matanza de cristianos en la Córdoba musulmana de la época. Ni cortos ni perezosos, los monjes de St.-Germain tomaron una decisión heroica: hacer el viaje de ida y vuelta Córdoba–París, para rescatar los restos, despojos y reliquias de aquellos mártires, finalmente anónimos.

Aquel viaje tuvo una importancia histórica, que Menéndez Pidal fue el primero en subrayar.

Los monjes franceses de la abadía de St.-Germain fueron los primeros en abrir una ruta decisiva en los intercambios culturales de la época. Ellos trajeron a París y difundieron a lo largo del viaje poemillas y canciones que don Emilio García Gómez estudió con fervor: jarchas y zéjeles arábigo andaluces, cancioncillas cristianas y judías, que estaban en el origen de las nociones del amor que pronto florecieron en la futura Francia provenzal y la Italia de Dante.

Las nociones neoplatónicas del amor que venían de Alejandría y comenzaron a difundirse por Almería y el sur italiano sembraron las nociones del amor que fecundaron nuestra civilización. Aventura fabulosa y prodigiosa. Los monjes de la abadía de St.-Germain jugaron un papel sensible en la tarea de roturar y abrir una ruta cultural, Córdoba–París, a pie, a caballo, en burro.

Más de mil años después, la historia y las leyendas donde florecieron nuestras culturas han seguido su curso, dando incontables frutos, que la algarabía audiovisual, y sus ruidos, consiguen ocultar, para nuestra desdicha.

St.-Germain ha celebrado su primer milenario con un docto rosario de conferencias, coloquios, misas, conciertos y un belén voluntariamente modesto. Con un éxito cosmopolita. Grandes especialistas han glosado la historia de la iglesia, evocando las metamorfosis del París y la iglesuca donde comenzó esta historia. Turistas japoneses y californianos se demoran con placer ante la gran imaginería cristiana de la época. No pocos franceses de ultramar se arrodillan piadosos ante el Niño, María, Jesús, el burro y la vaca de un belén sin villancicos.

«El belén de la iglesia de mi pueblo es mucho más grande», me dice Carmen, una señora andaluza que echa en falta el guitarrerío y los villancicos de su tierra.

La historia de la iglesia románica española «trasplantada» a Nueva York


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  • En los años 50, la iglesia de San Martín de Fuentidueña fue desmontado pieza a pieza para ser exhibida en los Claustros, en Nueva York

La historia de la iglesia románica española «trasplantada» a Nueva York

 
El Románico es un estilo artístico desarrollado en Europa en el período comprendido por los siglos XI y XIII, en los que se emplea de forma exclusiva en arte religioso. En España, este estilo artístico se introdujo gracias al Camino de Santiago y es posible encontrar ejemplos en el norte de la Península.

Paradójicamente, uno de las mejores muestras del Románico de nuestro país no se encuentra en nuestro territorio. Como leemos en la bitácora Meridianos, la iglesia de San Martín, originalmente en la localidad segoviana de Fuentidueña, está actualmente emplazada en Nueva York.

Fuentidueña es una localidad situada al norte de la provincia de Segovia, en un estrecho valle del río Duratón. Su origen se remonta al siglo XI, cuando la provincia fue repoblada tras la reconquista de la margen izquierda del Duero a los musulmanes. El abundante patrimonio del medievo es lo que hace peculiar a esta localidad, y lo que le ha valido la declaración de Bien de Interés Cultural.

Entre los restos de esta época podemos encontrar las ruinas del castillo, el Palacio de los Condes de Montijo y tres iglesias: Santa María, San Miguel y San Martín. Esta última fue desmontada piedra a piedra ytrasladada hasta Nueva York en la década de los 50 del siglo pasado.

Actualmente San Martín se exhibe en la sede de los Claustros del Museo Metropolitano. A cambio, España recibió seis pinturas procedentes de la iglesia de San Baudelio de Berlanga. La verdadera iglesia de San Martínes a día de hoy el cementerio de Fuentidueña; una valla metálica recuerda su perímetro.

Pero este templo no es el único monumento que fue trasladado hasta Estados Unidos. El castillo de Benavente, la portada de la iglesia de San Vicente de Frías o la reja de la catedral de Valladolid son algunos de los restos que actualmente se exhiben fuera de su contexto original y que también cruzaron el océano.

El artífice del desmantelamiento de todo este patrimonio fue William Randolph Hearst, uno de los hombres más poderosos de comienzos del siglo XIX. Su afición por acumular objetos del pasado no le impidió saltarse todos los obstáculos legales y así expoliar algunas de las mejores joyas medievales. Su intensa vida fue llevada a la gran pantallapor Orson Welles en «Ciudadano Kane», pero eso es ya otra historia.

¿Por qué se viste a los niños de marinero en su Primera Comunión?


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¿Por qué se viste a los niños de marinero en su Primera Comunión?

abc | Un grupo de niños vestidos de Primera Comunión

El Rey, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, el secretario general del PSOE Alfredo Pérez Rubalcaba y millones de españoles han hecho la Primera Comunión en las últimas décadas vestidos con el clásico marinero, un traje blanco con pañoleta y puños azules que sigue siendo uno de los modelos más solicitados en la actualidad.

Su alusión al mar ha dado pie a todo tipo de interpretaciones: que el niño se vestía de marinero porque navegaba ese día a un puerto seguro como era el de Jesucristo; que viajaba seguro en la barca en la que Jesús salió a pescar… Pero lo cierto es que «no hay una lectura religiosa del traje de marinero», asegura Juan Luis Martín Barrios, director del secretariado de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española.

«La Iglesia nunca ha indicado nada sobre esto. No hay ninguna indicación de la Iglesia en lo concerniente al vestuario», añade Martin Barrios, que relata cómo es una moda que empezó a partir de los años 50 ó 60. «Después se buscan lecturas como que el marinero tiene que ver con la barca de Pedro… Mire usted, no tiene nada que ver. Son modas, costumbres sociales que se copian», subraya aunque admite que «cada uno puede darle el sentido que vea».

El vestido blanco o el traje de este color «sí que tiene que ver con el sentido del sacramento, con la limpieza, la pureza… y está relacionado también con el bautismo porque en éste se entrega como signo una vestidura blanca», pero ni siquiera este aspecto se ha impuesto desde la Iglesia, asegura el responsable de Catequesis de la Conferencia Episcopal.

«Creo recordar que en algún momento se indicó, pero cuando comenzaron tales dispendios –¡Qué gasto se hace para un traje de un día!-, se aconsejó que no», añade Martín Barrios. Una circular del arzobispo doctor Domenech ya daba en 1952 la voz de alarma contra el lujo desmedido y creciente que se observaba en las primeras comuniones (y eso que entonces se celebraban con un chocolate con churros o con buñuelos para la familia más próxima): «Esta moda retrae a las familias modestas y a los pobres de celebrar la primera comunión de sus hijos a su debido tiempo, por creerse obligados a gastar lo que no pueden».

Un traje digno

Para entender cómo este traje se convirtió en un clásico hay que remontarse al siglo XIX, cuando comenzó la costumbre de que los niños que fueran a comulgar por primera vez se vistieran con un traje nuevo para presentarse dignamente ante el altar, según relata el historiador Juan Eslava Galán. «A principios del s.XX se va imponiendo el traje de color blanco, símbolo de inocencia y pureza, y poco a poco la vestimenta se va complicando», añade este novelista y estudioso de la historia y las costumbres españolas. Del traje de calle sin distintivo alguno se pasa a llevar un adorno con una medalla, o un brazalete distintivo.

¿Por qué se viste a los niños de marinero en su Primera Comunión?

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Anuncio de 1954

«A partir de los años 20 en adelante -continúa Eslava Galán- se comienzan a realizar trajes específicos de Primera Comunión». Galerías Preciados y los almacenes Sepu llevan el prêt-à-porter a las primeras comuniones y ya en 1954 se anuncian con «Elegantes trajes» en «modelos Eton, marinero, smoking recto y cruzado, oficial de marina, etc» . En 1954 añadía Galerías Preciados en su publicidad «los de ‘fantasía’: caballeros de ilustres Órdenes Militares, Almirante, y el finísimo modelo Lord interpretado en terciopelo negro».

El marinero fue, sin embargo, el que más se impuso a partir de los años 50, quizá por ser en su mayor parte de color blanco y más sencillo y accesible para todos. Costaba entre 350 pesetas y 550 pesetas en grandes almacenes en 1954. Hoy, a partir de unos 200 euros.

Juan Luis Martín Barrios subraya que la Iglesia siempre ha procurado que el sacramento se celebre en la sencillez y en la dignidad. «No estamos de acuerdo con tantos gastos superfluos. Nos preocupa más, como preocupó siempre, que el niño celebre lo que significa la Eucaristía, que sus padres y su familia le acompañen en la celebración y que no haya dispendios económicos, sociales… más aún en los tiempos de crisis». Por ello, recomienda que el niño «venga vestido de calle, limpio y guapo, para darle dignidad al sacramento que es lo esencial. Nada más. Y que ese pantalón y ese vestido les sirva luego…».