¿Cuantos humanos han vivido en el Mundo?


Los números presentados son altamente especulativos, pero son tan precisos como la ciencia moderna permite. Se acepta como cifra aproximada que para el 2002, el total de homo sapiens que había habitado el planeta oscilaba entre los 106 y los 140 mil millones . El siguiente gráfico utiliza el dato más conservador de 106 mil millones como base para una representación de círculos concéntricos. El punto rojo en el centro se ha dimensionado para representar el número de personas que viven actualmente frente al total en blanco. La línea horizontal representa los cálculos parciales entre diferentes fechas, siendo la suma el total estimado. Los dos círculos anteriores se utilizan para comparar con otros números.

El máximo hipotético de seres humanos que la tierra puede soportar basándonos en las tendencias actuales, los recursos conocidos y las tecnologías existentes es de 10.000 millones ; cifra que se espera alcanzar hacía el 2050 . Los científicos desconocen si el planeta será capaz de sostener la vida humana más allá de este punto, pero la mayoría se inclina en contra. Miseria, pobreza y guerras por el control de los recursos crecerán conforme los humanos vayan agotando los recursos de la Tierra para mantener a la población.

La Tierra ha perdido la mitad de sus árboles desde que hay humanos


web

  • Un equipo internacional de científicos ha realizado el primer mapa detallado de la densidad de árboles del planeta. Los resultados indican que hay más árboles de los que se pensaba, aunque estamos deforestando los bosques demasiado rápido.
 

Distribución de la densidad de árboles en distintas zonas del globo - Foto Crowther et al.

Distribución de la densidad de árboles en distintas zonas del globo – Foto Crowther et al.

 

Como si fuera un mal chiste, el primer mapa global de la población de árboles viene con dos noticias, una buena y una mala. La buena es que hay muchos más árboles de los que se pensaba, unos tres billones distribuidos en los bosques de todo el globo. La mala es que los humanos destruimos unos 15.000 millones de árboles cada año y que el número de ejemplares se ha reducido en un 46 por ciento desde que existe nuestra civilización.

El equipo ha recopilado información de 400.000 bosques del planeta.Las estimaciones realizadas hasta ahora, mediante imágenes tomadas vía satélite, indicaban que existían unos 400.000 millones de árboles en el planeta (unos 61 por habitante). El estudio realizado por el equipo de Thomas Crowther, y publicado por la revista Nature, indica una cifra muy superior, de 422 árboles por persona. La diferencia está en que en esta ocasión se han tenido en cuenta más mediciones, además de las del satélite y el equipo ha recopilado información de la densidad de árboles de 400.000 bosques del planeta, procedentes de inventarios de parques nacionales y estudios científicos que incluyen recuentos sobre el terreno. Con estos datos, y los que se obtienen desde el espacio, no solo han conseguido una estimación más afinada, sino que se han podido conocer la influencia de factores como el clima, las condiciones del suelo o la proximidad de núcleos habitados en la distribución de los árboles a escala global.

0000maparboles3

“Los árboles están entre los organismos más importantes y críticos de la Tierra y solo ahora estamos empezando a comprender su extensión y distribución globales”, asegura Crowther. “Almacenan grandes cantidades de carbono, son esenciales para el ciclo de nutrientes, para la calidad dela gua y el aire e incontables servicios humanos. Cuando le preguntas a la gente que te dé una cifra de los árboles que hay en el mundo no sabe por dónde empezar“. El mapa resultante puede aportar importante información sobre la estructura de los ecosistemas y mejorar las predicciones sobre diversidad y fijación del carbono. “Las diversas ramas de datos disponibles nos permiten construir modelos predictivos para estimar el número de árboles a escalas regionales”, asegura Henry Glick, coautor del estudio.

Los trópicos albergan el 43% de los árboles del planeta.En este sentido, las mayores densidades de árboles se encuentran en los bosques boreales de las regiones subárticas en Rusia, Escandinavia y Norteamérica, pero las mayores zonas por extensión se encuentran, con diferencia, en los trópicos, que albergan el 43% de los árboles del planeta (el 24% está en las zonas boreales y otro 22% en las zonas templadas). Los resultados ilustran también cómo cambia la densidad según el tipo de bosque. En las zonas más húmedas, por ejemplo, crecen más ejemplares, pero estos efectos beneficiosos se ven afectados porque los humanos también refieren estas zonas para la agricultura, de modo que la deforestación es mayor.

De hecho, indican los autores del trabajo, la actividad humana es el factor más influyente en la evolución de los grandes bosques. El modelo indica que la densidad de árboles decrece a medida que la población humana crece y establece la pérdida de árboles en unos 15.000 millones cada año. “Hemos reducido casi a la mitad el número de árboles del planeta y hemos visto los impactos de esto en el clima y la salud humana”, asegura Crowther. “Este estudio subraya el gran esfuerzo que necesitamos para restaurar los bosques sanos en todo el mundo”.

Referencia: Mapping tree density at a global scale (Nature) DOI 10.1038/nature14967

Los humanos ocuparon las selvas tropicales hace 20.000 años


ABC.es

  • El análisis de dientes fosilizados hallados en Sri Lanka adelanta en más de 12.000 años la entrada del hombre en ese ecosistema
Patrick Roberts El equipo de investigadores en las selvas de Sri Lanka

Patrick Roberts
El equipo de investigadores en las selvas de Sri Lanka

Los humanos empezaron a ocupar las selvas tropicales hace unos 20.000 años. Hasta ahora se creía que los primeros humanos modernos se adaptaron a vivir en la selva durante largos periodos de tiempo hace unos 8.000 años, en el Holoceno temprano. Para datar con precisión la presencia del hombre en esos bosques tropicales hasta ese momento vírgenes, los investigadores han analizado fósiles de dientes pertenecientes a 26 individuos que habitaron Sri Lanka, según cuenta la revista «Science».

Los investigadores de la Universidad de Oxford, en colaboración con un equipo de Sri Lanka y la Universidad de Bradford, analizaron los isótopos de carbono y oxígeno en las muestras de dientes -todos ellos excavados en tres sitios arqueológicos en Sri Lanka-, de las cuales las más antiguas se remontan a 20.000 años y las más recientes a 3.000 años atrás. Y encontraron que casi todos los dientes analizados sugieren una dieta en gran parte procedente de la selva tropical.

El análisis de los dientes mostró que todos los individuos tenían una dieta procedente de entornos ligeramente abiertos, o sea, selva tropical intermedia, mientras que sólo dos de ellos mostraron claramente la huella reconocible de una dieta basada en los pastizales abiertos. Precisamente estos dos dientes son los más recientes, datados hace unos 3.000 años, al inicio de la Edad de Hierro, cuando la agricultura empezó a desarrollarse en la región.

Adaptación a ambientes extremos

Patrick Roberts, del Laboratorio de Investigación de Arqueología e Historia del Arte de la Universidad de Oxford, y autor principal del estudio, explica que «este es el primer estudio que prueba hasta qué punto los humanos primitivos dependían de la selva para su dieta. Los resultados son significativos en tanto que revelan que los primeros humanos en Sri Lanka eran capaces de vivir casi en su totalidad de la comida que se encuentra en la selva sin la necesidad de moverse a otros lugares. Y demuestran también que nuestros primeros antepasados humanos fueron claramente capaces de adaptarse con éxito a diferentes ambientes extremos».

Asimismo, la investigación arqueológica sitúa mucho antes de lo que se creía el momento en que las selvas tropicales dejaron de ser lugares prístinos y vírgenes. En este sentido, el estudio apunta también a que hay indicios de la posibilidad de que los humanos ocuparan incluso antes estos bosques húmedos, hace alrededor de unos 45.000 años, pero en este caso se trataría de incursiones por periodos limitados de tiempo o para alguna actividad en concreto.


Julia Lee-Thorp, de la Universidad de Oxford y coautora del estudio, explica que «la metodología isotópica aplicada en nuestro estudio ya se ha utilizado con éxito para estudiar cómo los primates, incluidos los grandes simios africanos, se adaptan a su entorno forestal. Sin embargo, esta es la primera vez que los científicos han investigado antiguos fósiles humanos en un contexto de selva tropical para ver cómo sobrevivieron nuestros primeros ancestros en un hábitat así». Ahora, falta saber si ocurrió igual en otras zonas del planeta. «Nuestra investigación proporciona un calendario claro que muestra el profundo nivel de interacción que los primeros humanos tenían con la selva tropical en el sur de Asia. Necesitamos más investigación para ver si este patrón también fue seguido en otros ambientes similares en el sudeste de Asia, Melanesia, Australasia y África», matiza Mike Petraglia, profesor en la Universidad de Oxford.

Prueban la existencia de una antigua población humana desconocida


ABC.es

  • Los restos hallados podrían pertenecer a uno de los primeros europeos, un hombre que vivió hace 36.000 años en Kostenki, al oeste de Rusia
Prueban la existencia de una antigua población humana desconocida

SCIENCE El cráneo del hombre de Kostenki

 Un nuevo e impactante estudio del ADN recuperado de los restos fósiles de uno de los primeros europeos conocidos (un hombre que vivió hace 36.000 años en Kostenki, al oeste de Rusia) muestra que la ascendencia genética de los primeros habitantes de Europa logró sobrevivir al último máximo glacial, el punto álgido de la última Edad de Hielo. El mismo ADN, además, aporta pruebas de la existencia de una población hasta ahora desconocida que, hace más de 36.000 años, se cruzó brevemente con nuestros antepasados y desapareció después sin dejar rastro. El trabajo se acaba de pulbicar en Science.

El estudio proporciona también una escala temporal mucho más precisa sobre el periodo durante el que humanos modernos y neandertales (que poblaban Europa cuando los primeros llegaron) pudieron cruzarse, y aporta evidencias sobre un contacto muy temprano entre los grupos de cazadores-recolectores de Europa y los de Oriente Medio, que después desarrollaron la agricultura y la extendieron por todo el Viejo Continente hace unos 8.000 años, transformando el «pool» genético de los europeos.

Según las teorías más extendidas, las poblaciones euroasiáticas se separaron por lo menos en tres grandes grupos hace alrededor de 36.000 años: los euroasiáticos occidentales, los orientales y un tercer y misterioso linaje cuyos descendientes habrían desarrollado las características únicas de la mayoría de los pueblos no africanos, aunque no antes de haberse cruzado con los neandertales.

La investigación se llevó a cabo bajo la batuta del Centro de Geogenética de la Universidad de Copenhague y ha sido realizado por un equipo internacional de investigadores de varias instituciones, entre ellas la Universidad de Cambridge.

Unidad genética

Por medio de referencias cruzadas entre el genoma humano antiguo (en concreto, se usó el segundo genoma humano más antiguo nunca secuenciado) con investigaciones anteriores, el equipo descubrió una sorprendente «unidad genética» que parte de los primeros humanos modernos de Europa, lo que sugiere con fuerza que una «meta población» de cazadores-recolectores del Paleolítico logró sobrevivir más allá del Último Máximo Glacial y colonizar la masa continental de Europa durante los más de 30.000 años posteriores.

A medida que las comunidades dentro de estas poblaciones se fueron expandiendo, mezclando y fragmentando debido tanto a los cambios culturales como al feroz cambio climático se produjo, en palabras de los investigadores, una «reorganización de la misma cubierta genética», de forma que las poblaciones europeas, en su conjunto, mantienen el mismo hilo genético surgido de su primer establecimiento fuera de África y que dura hasta que las poblaciones de Oriente Medio llegaron a Europa hace unos 8.000 años, trayendo con ellos la agricultura y un tono de piel más claro.

«Que hubiera una continuidad genética desde el Paleolítico Superior más antiguo hasta el Mesolítico, y que esa continuidad se mantuviera a través de una gran glaciación – explica Marta Mirazón Lahr, coautora del estudio- supone un hito en la comprensión del proceso evolutivo que subyace a los logros humanos».

«Durante 30.000 años -prosigue la investigadora- las capas de hielo llegaron y se fueron, llegando a cubrir, en un momento dado, las dos terceras partes de Europa. Viejas culturas murieron y otras nuevas, como el Auriñacense y el Gravetiense, surgieron a lo largo de miles de años, al tiempo que las poblaciones de cazadores-recolectores iban y venían. Pero ahora sabemos que en todo este tiempo no llegaron nuevos conjuntos de genes. Los cambios en las estrategias de supervivencia y en los modelos culturales se superponen sobre un mismo fondo biológico. Sólo cuando los agricultores procedentes del Cercano Oriente llegaron, hace unos 8.000 años, la estructura de la población europea cambió de forma significativa».

Genes de Neandertal

El genoma de Kostenki también contiene, igual que el de todos los euroasiáticos actuales, un pequeño porcentaje de genes de Neandertal, lo cual corrobora los resultados de hallazgos anteriores que muestran que existió un «evento de mezcla» justo al principio de la colonización de Eurasia, un periodo durante el cual los neandertales y los primeros humanos modernos que abandonaron África se cruzaron brevemente.

El nuevo estudio ha permitido a los científicos establecer que este cruce entre ambas especies humanas se produjo hace alrededor de 54.000 años, antes de que la población euroasiática empezara a separarse en grupos. Lo cual significa que, incluso en la actualidad, cualquier persona que tenga ascendencia euroasiática (desde los chinos a los escandinavos o los norteamericanos) lleva en su genoma una pequeña parte de ADN neandertal.

Sin embargo, y a pesar de que tras aquél primer contacto los euroasiáticos occidentales compartieron el continente europeo con los neandertales durante otros 10.000 años, no se produjeron nuevos periodos de mestizaje.

¿Qué fue lo que ocurrió para que ambas especies no volvieran a cruzarse? ¿Acaso las poblaciones de neandertales fueron disminuyendo de forma muy rápida? ¿O es posible que quizá nunca más volvieran a encontrarse con los humanos modernos? Al principio, cuando se demostró que hubo mestizaje entre ambas especies, se produjo una gran sorpresa. Pero ahora la cuestión es otra. ¿Por qué ese mestizaje fue tan escaso?

Una población desconocida

Existe, además, algo único en el genoma de Kostenki. Un pequeño elemento genético que comparte la gente que en la actualidad vive en Oriente Medio y que también estaba presente en los grupos de agricultores que llegaron a Europa, hace unos 8.000 años, para mezclarse con los cazadores-recolectores. Este contacto tan temprano resulta sorprendente, y encierra las primeras pistas sobre un tercer y misterioso linaje desconocido y que podría ser tanto o incluso más antiguo que las otras líneas genéticas principales de Eurasia.

Esa misteriosa población tuvo por fuerza que mezclarse brevemente con el resto de las poblaciones euroasiáticas conocidas, hace más de 36.000 años, para quedar después aislada de todos los demás durante decenas de miles de años.

«Este elemento del genoma de Kostenki -explica Andaine Seguin-Orlando, del centro de Geogenética de Copenhaguen- confirma la presencia de un importante linaje euroasiático aún desconocido».

Mirazón Lahr puntualiza que, después de ese breve contacto, no hubo más cruces con esa misteriosa población durante cerca de 30.000 años, lo que significa que debió de existir alguna clase de barrera geográfica que resultó infranqueable durante milenios, y ello a pesar de que Europa y Oriente Medio parezcan, por lo menos ahora, tan próximos y accesibles entre sí.

Barrera geográfica permeable

Pero el genoma de Kostenki no solo revela la existencia de esa población desconocida, sino que demuestra que hubo por lo menos una breve ventana temporal durante la que esa barrera geográfica resultó permeable.

«Esta población misteriosa podría haber sido muy pequeña durante mucho tiempo, sobreviviendo en refugios en áreas como, por ejemplo, los montes Zagros de Irán e Irak», explica Mirazón Lahr-. Por el momento no tenemos ni idea de dónde estuvieron metidos durante estos primeros 30.000 años, solo que estaban en Oriente Medio a finales de la Edad del Hielo, cuando se inventó la agricultura».