Hallan en Teruel una huella de dinosaurio única en el mundo


ABC.es

  • Tiene 145 millones de años de antigüedad y las pisadas miden más de medio metro de longitud
Hallan en Teruel una huella de dinosaurio única en el mundo

FRANCISCO GASCÓ
Infografía de un dinosaurio carnívoro megalosáurido alimentándose del saurópodo Turiasaurus riodevensis

La provincia de Teruel ha vuelto a dar una sorpresa en el mundo de los dinosuarios. Un grupo de científicos de la Fundación Dinópolis (Teruel) y de la Universidad estadounidense de Colorado Denver han identificado un tipo de huella único en el mundo.

Se trata de un grupo de huellas fosilizadas que se encontraron en el yacimiento turolense de El Castellar y que, tras ser analizadas meticulosamente, han sido identificadas con el nombre de Iberosauripus grandis (pie del lagarto ibérico grande).

Según ha informado el Gobierno aragonés, estas huellas tridáctilas «poseen características únicas en comparación con otras producidas por grandes terópodos en cualquier parte del mundo».

Estas huellas miden más de medio metro de longitud y quedaron fosilizadas tras pisar sobre terrenos húmedos unos ejemplares de mega-dinosaurios carnívoros.

Los resultados del estudio ha sido publicado por la revista científica «Paleogeography, Palaeclimatology, Palaeocology», en la que también se habla de otro hallazgo que se ha producido en Teruel, en este caso un gran diente de dinosaurio, el cuarto de estas características que ha aparecido hasta la fecha en España, junto a los encontrados años atrás en los yacimientos de Riodeva y Galve (Teruel) y de Alpuente (Valencia).

Este nuevo diente ha sido encontrado en Formiche Alto (Teruel) y correspondía a un ejemplar de dinosaurio terópodo megalosáurido, unos animales que llegaban a medir 12 metros de longitud y que poseían dientes de hasta 10 centímetros de corona.

Una huella de dinosaurio descubierta por un aficionado en un complejo de la NASA


El Mundo

Huella de Nodosauras en el complejo del Centro Espacial Goddard de la NASA.

  • Algunos expertos han verificado el hallazgo de un paleontólogo aficionado
  • La NASA rehúsa revelar de momento el lugar exacto donde ha sido encontrada
  • Se encuentra en el estado de Maryland, donde ya habían aparecido otras huellas

El complejo del Centro Espacial Goddard en Greenbelt (Estados Unidos), en el que trabajan 7.000 científicos, ingenieros y empleados de la NASA, podría albergar la huella de un dinosaurio, según informa el periódico ‘Washington Post’.

Fuentes de la NASA indicaron al diario que, de momento, han dado por válido el hallazgo hecho por Ray Stanford, paleontólogo aficionado que suma otros descubrimientos en la misma zona de Maryland, aunque señalaron que van a contactar con expertos para que confirmen su tesis y busquen en el área si hay más restos fósiles.

La huella encontrada por Stanford, según señala la información, correspondería a un nodosaurus, una especie de dinosaurio anquilosaurio (herbívoro, cuadrúpedo) del Cretácico, con unas características placas dermales óseas que cubrían su cuerpo.

La semana pasada Stanford mostró su hallazgo al profesor de la Universidad Johns Hopkins, David Weishampel, quien asesoró en 1993 al equipo de Steven Spielberg para la película ‘Parque Jurásico’ y es autor del libro ‘Los dinosaurios de la costa este’.

“Me encanta la paradoja”, dijo Standford en declaraciones al diario, porque cuando “los científicos del espacio caminan por aquí, caminan por donde este enorme, torpe y pesado dinosaurio acorazado andaba quizá hace 110 o 112 millones de años. Es muy poético”.

Por su parte, Weishampel mostró al periódico su escepticismo “como científico”, aunque reconoció que, según las pruebas mostradas por Stanford, “parece que es un nodosaurus”. La NASA ha pedido al ‘Washington Post’ que no revele el lugar exacto en el que se encuentra la posible huella dentro de las más 514 hectáreas que tiene el complejo.

“No es algo que queramos convertir en una atracción turística en este momento”, señaló Jennifer Groman, de la oficina de conservación de la NASA, que se encarga de proteger del paso del tiempo los trajes espaciales, satélites y artefactos de otra época.

Standford, un paleontólogo autodidacta, se ha ganado una buena reputación como buscador de huellas de dinosaurio ya que desde 1994 ha localizado unos 1.400 restos de huellas de dinosaurio y otros fósiles en el Condado de Prince George (Maryland).

Uno de los más notables fue el de una huella de cría nodosaurus propanoplosaurus, que se exhibe actualmente en el Museo Nacional de Historia Natural de la institución Smithsonian.

Bailando con dinosaurios


CET – El Mundo

  • HALLAZGO PALEONTOLÓGICO
  • Parecían producto de la erosión y resultaron ser huellas de dinosaurios
  • Hay miles de ellas, incluidos los rastros de la cola de estos animales
El geólogo Winston Seiler, junto a unas de las mil huellas identificadas en Arizona. (Foto: Nicole Miller)

El geólogo Winston Seiler, junto a unas de las mil huellas identificadas en Arizona. (Foto: Nicole Miller)

Existen juegos populares que consisten en bailar colocando los pies en puntos de colores. Algo así se encontraron los geólogos de la Universidad de Utah (EEUU) cuando volvieron a visitar un conocido paisaje enclavado en Arizona lleno de “hoyos” e intentaron caminar metiendo los pies en ellos.

Hasta ahí, no había nada extraño: las pozas son comunes en las rocas del desierto y la erosión ha esculpido formas mucho más caprichosas que ésas a lo largo del tiempo.

La sorpresa llegó después. Un examen detallado de estas pozas -y del entorno rocoso- reveló una inquietante imagen: aquellos huecos que horadaban el suelo eran huellas de dinosaurios, y había centenares de ellas.

Hace 190 millones de años, los gigantescos reptiles se habían amontonado en aquel lugar por algún motivo. Saurios de distintas especies y distintos tamaños; madres y crías, todos se concentraron en este lugar, probablemente repetidas veces a lo largo de sus vidas.

“Esto me recordó a una especie de salón de baile de dinosaurios, tal es la cantidad de huellas y de variedad”, comenta Marjorie Chan, profesora de geología y geofísica en la citada universidad. “Aquí tuvo que haber más de una especie. Está claro que era un lugar que atraía a grandes masas”, añade.

Así lo describen los entusiasmados investigadores en la revista internacional de paleontología ‘Palaios’.

Muy pronto los geólogos se percataron de que lo que los prehistóricos animales habían ido a hacer a aquel lugar era algo tan sencillo como beber. La zona, ahora declarada Monumento Nacional de Vermilion Cliffs, era una charca en medio de un enorme desierto mayor que el del Sáhara actual.

Durante el periodo Jurásico temprano, el Suroeste americano estuvo cubierto de grandes dunas de arena (la Tierra estaba dominada por un único supercontinente llamado Pangea en el que esta zona se situaba en los Trópicos). Y entre ellas, esporádicamente, charcas donde bebían los animales.

A partir del análisis de las icnitas (huellas fosilizadas), los geólogos identificaron al menos cuatro especies distintas de dinosaurios, con huellas que van desde los dos a los 50 centímetros. La cantidad era abrumadora: en algunas zonas se concentra hasta una docena de huellas por metro, aproximadamente. Lo habitual, dicen los autores del estudio, es que los yacimientos no presenten más de 10 ó 12 en total.

Entre las más de mil huellas encontradas se escondían mayores sorpresas, como los rastros de la cola de los dinosaurios. Estas marcas, de seis centímetros de ancho y más de siete metros de largo, indican un movimiento de arrastre y suponen una auténtica rareza paleontológica, pues hay menos de una docena en todo el mundo. En este pequeño punto geográfico, sin embargo, y sólo en las zonas exploradas, la tierra guardaba cuatro de ellas.

“Los dinosaurios no solían caminar arrastrando sus colas”, justifica Winston Seiler, entonces alumno de la Universidad de Utah.

Resultados polémicos

Pero los resultados científicos no suelen ser definitivos, y la noticia no ha sido del todo aceptada entre los paleontólogos. Algunos de ellos sostienen que los hoyos del suelo son efectivamente pozas producidas por la erosión y que cualquier forma más allá de este hecho geológico parece resultado de la imaginación.

No obstante, los autores del estudio consideran tener argumentos suficientes para defender su tesis.

En primer lugar, el tamaño de estas “pozas” coincide con el de las patas de los dinosaurios. En segundo lugar, los hoyos muestran marcas “claramente parecidas” a las distintas partes de las patas de los animales (la punta, el talón, etc.). Otro de los argumentos que presentan es que en numerosas zonas las huellas están superpuestas, lo que indica que los dinosaurios caminaron sobre sus ellas repetidas veces.

En cualquier caso, la erosión siempre estará presente, recuerdan los geólogos. Algún día, también estas huellas desaparecerán, advierte Seiler.