Clasificación y Evolución de los Homínidos


La clasificación de los seres humanos como uno más de los animales que pueblan la Tierra se establece siguiendo las mismas pautas que para éstos: el hombre pertenece al tipo cordados, clase mamíferos, orden primates, suborden catirrinos, infraorden antropomorfos, familia homínidos, en la cual se incluyen el género Homo y la especie sapiens. Los más de dos mil restos fósiles humanos hallados hasta el momento han hecho que las denominaciones aludan, unas veces, al origen geográfico del yacimiento (hombre de Neandertal, por la localidad alemana de este nombre) y otras, a la posición que ocupa dentro del árbol genealógico de la especie humana.

Los primeros homínidos aparecieron a finales de la era terciaria, hace aproximadamente unos quince millones de años. Como miembro del orden de los primates, el ser humano comparte hasta un 99 % de macromoléculas con los otros individuos del mismo orden; por tanto, debe de existir un antepasado común entre nuestra especie y los Australopithecus, el género más parecido al Homo. Los australopitecos, o monos meridionales, han sido localizados en África meridional y oriental, y su cronología abarcaría de los 6,5 millones de años de los Preaustralopithecus a un millón de años cuando se extinguieron. A lo largo de este largo período pueden subclasificarse en varios grupos y subgrupos, que se diferencian por sus características morfológicas.

Osos cavernarios y un mamut lanudo, entre los nuevos fósiles del Museo de Ciencias Naturales


ABC.es

  • La institución incorpora 41 nuevas piezas singulares de primeras evidencias de vida en el Planeta

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El Museo Nacional de Ciencias Naturales ha incorporado a su ya extensa colección de fósiles 41 piezas singulares procedentes de los fondos de la Fundación Bancaria «la Caixa» sobre las primeras evidencias de la existencia de vida en la Tierra. Entre ellas, un esqueleto de cría de oso cavernario de la que, según la institución, «pocos museos gozan en el mundo». Completan la muestra un mamut lanudo y un estromatolito de Bolivia que se pueden ver en la exposición «Minerales, fósiles y evolución humana».

La muestra incluye además varias representaciones a tamaño natural de cuatro especies de homínidos –«Australopithecus afarensis», «Homo habilis», «Homo erectus» y «Homo neanderthalensis»– confeccionadas por la especialista francesa Élisabeth Daynès. Sin embargo, la pieza más valiosa «es el completo esqueleto fósil de ave primitiva «Confuciusornis sanctus» que procede del Cretácico inferior de China» y está valorada en unos 30.000 euros, a pesar de que «no llama mucho la atención», según sus responsables.

También son piezas destacadas los esqueletos de osos de las cavernas «Ursus spelaeus», encontrados en Rusia; uno de ellos, de un ejemplar adulto y, el otro, de un recién nacido. Ammonites, trilobites, crinoideos y otros invertebrados, así como un primitivo reptil anápsido, «Captorhinus aguti», original de Estados Unidos, completan esta exposición que ha llegado acompañada de treinta nuevas vitrinas para piezas especiales, así como la instalación de luces led que permitirán reducir el consumo eléctrico.

Al acto de presentación acudió el presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Emilio Lora-Tamayo, el director del Área de Investigación y Conocimiento de la Fundación Bancaria «la Caixa», Jordi Portabella, y el director del MNCN, Santiago Merino, quien ha agradecido a la Fundación esta donación, fruto de la alianza entre las dos instituciones.

«A través de la generación y difusión del saber científico se contribuye a un mundo más equilibrado en conocimiento transversal que repercute en un mayor beneficio de las personas y de la sociedad», ha recordado Portabella.

Los homínidos fueron un banquete para las hienas hace 500.000 años


El Mundo

Marcas dentales en el fémur de un homínido de hace 500.000 años. C. Daujeard PLOS ONE

Marcas dentales en el fémur de un homínido de hace 500.000 años. C. Daujeard PLOS ONE

La mordedura de grandes carnívoros, posiblemente hienas, aún puede observarse en el fémur de un homínido de hace 500.000 años que se ha encontrado en una cueva de Marruecos, cerca de la ciudad de Casablanca. Su descubrimiento permite entender mejor cómo interaccionaban los humanos y estos animales durante el Pleistoceno Medio, cuando ambos ocupaban las mismas áreas y debían competir por espacios y recursos comunes para sobrevivir.

Las señales sobre el hueso, que perteneció a un Homo rhodesiensis, no permiten saber si fue un acto de depredación o si las hienas calmaron su hambre poco después de la muerte del homínido. En cualquier caso, es la primera vez que se prueba que los humanos pudieron servir como alimento a este tipo de animales en esa zona de Marruecos durante el Pleistoceno Medio. En otros lugares del mundo, sin embargo, este comportamiento ya era conocido.

“Se han descubierto numerosos restos humanos del Plio-Pleistoceno con marcas dentales en las cuevas que las hienas usaban como madrigueras. Sin embargo, existen pocas pruebas de esta confrontación directa, con daños óseos tan graves o incluso letales”, explica a EL MUNDO Camille Daujeard, del Museo Nacional de Historia Natural de Francia y autora del artículo que acaba de publicar la revista PLOS ONE. La investigadora cita más ejemplos: “Que yo sepa, hay dos casos muy extraños en los que restos de cráneos humanos de esa época muestran agujeros separados por la misma distancia que los colmillos de un leopardo“.

Las hienas no eran las únicas que se alimentaban de homínidos pero sí las que dejaron un rastro más fácil de seguir. Así lo explica Daujeard: “Los restos humanos encontrados ponen de manifiesto que las hienas fueron los únicos grandes carnívoros de África, Europa y Asia que acumulaban de forma regular grandes cantidades de huesos, sobre todo en las cuevas, pero eso no implica que fueran los mayores consumidores de homínidos durante el Plio-Pleistoceno”.

De cazados a cazadores

Hasta ahora se había demostrado que en regiones cercanas a la cueva Grotte à Hominidés, donde se encontró el fémur, eran los propios humanos los que cazaban y se alimentaban de carnívoros. Los autores del estudio sugieren que, en función de las circunstancias, los homínidos podrían actuar como cazadores o carroñeros. ¿Qué hizo que al final se decantasen por este primer papel? “Hace 500.000 años, en el noroeste de África, los humanos eran buenos cazadores, pero aún no manejaban el fuego. La fabricación de armas les pudo haber facilitado el acceso a las presas”, dice Daujeard. “Sabemos que los homínidos eran bastante capaces de cazar grandes presas, incluso de desalojar a algunos carnívoros de sus hábitats; con todo, algunas de estas confrontaciones pudieron haber tenido un desenlace fatal”, añade. Como le sucedió al dueño de aquel fémur, hoy convertido en una ventana abierta al pasado.

Los primeros homínidos fieles


ABC.es

Las relaciones de pareja basadas en la fidelidad surgieron hace cuatro millones de años, el germen de la familia

El concepto de lo que hoy conocemos como familia o, al menos el germen, nació hace más de cuatro millones de años. En esa etapa tan precoz de la evolución humana, nuestros antepasados los «Ardipithecus», apenas unos primates que caminaban sobre dos patas,dieron el paso necesario para que surgieran los valores familiares. Lo consiguieron al abandonar la promiscuidad por la fidelidad y la relación de pareja.

El cambio no fue casual y fue fruto de una combinación de variables que hizo cambiar la estrategia de las hembras para garantizar la supervivencia de su prole y también la de los machos menos favorecidos, según una investigación del Instituto Nacional de Matemáticas y Síntesis Biológica de la Universidad de Tenessee (Estados Unidos). Los detalles se publican en la revista científica «Proceedings».

Los primeros homínidos fieles

Intereses mutuos

La estrategia femenina cambió las reglas de la evolución. Ya no triunfaba ni se reproducía el más fuerte. Las hembras dejaron de elegir a los machos dominantes como pareja reproductiva por aquéllos menos importantes en la jerarquía, pero que les proporcionaban otras seguridades, desde alimento hasta protección para sus crías. A cambio, ellas se convirtieron en sus fieles compañeras.

Esta nueva investigación plantea dos asuntos interesantes, reflexiona Antonio Rosas, profesor de investigación del CSIC y del Museo Nacional de Ciencias Naturales. «Una es la estrategia combinada entre las hembras y los machos inferiores en la jerarquía de la dominancia. Ellos terminan llevándose el gato al agua, frente a los más fuertes. En lugar de pelearse con otros machos, utilizan su energía en ganarse a una hembra con comida y protección para las crías. Pero eso solo funciona con el requisito de la fidelidad. Si no sería una pérdida de tiempo y de energía».

Otros estudios ya habían apuntado al intercambio de sexo por comida entre nuestros antepasados. Lo original de este trabajo es el cambio de comportamiento simultáneo de machos y hembras por un interés mutuo, la acción combinada. Aunque ellas siempre marcan el paso: «Una vez que las hembras empiezan a mostrar cierto interés para que las abastezcan con comida, son ellos los que dejan de competir con otros machos por el favor femenino, explica el autor del estudio Sergey Gavrilets. En su opinión, su investigación describe «una auténtica revolución sexual».

Fórmulas de cooperación

El trabajo también deja ver en el género «Ardipithecus» los primeros rasgos de reconocimiento entre padres e hijos y el nacimiento de una nueva forma de sociedad con fórmulas de cooperación dentro del grupo.

Todo esto ocurrió hace más de 4 o 5 millones de años, «aunque sin duda no hubo una barrera nítida que marcó el cambio de comportamiento», apunta Antonio Rosas. «Si en nuestras sociedades aceptamos cierta holgura en el concepto de emparejamiento, imaginemos a unos homínidos de hace millones de años».

Homínidos en casa, homínidas a vivir a otro sitio


El Pais

  • Un estudio de dos especies de hace dos millones de años sugiere que los machos vivían en su entorno de origen, mientras que las hembras se alejaban
Fósil de una hembra de Australopithecus robustus" apodada Señora Ples descubierto en la cueva de Sterkfntein, en Sudáfrica. / DARRYL DE RUITER

Fósil de una hembra de Australopithecus robustus” apodada Señora Ples descubierto en la cueva de Sterkfntein, en Sudáfrica. / DARRYL DE RUITER

Es muy difícil averiguar rasgos de comportamiento social de seres que vivieron hace dos millones de años y de los quedan solo sus restos fosilizados y normalmente muy escasos, pero los científicos no se dan por vencidos fácilmente. Una investigación realizada con técnicas geoquímicas en dientes de homínidos de dos especies que vivieron en África hace entre 1,8 y dos millones de años indica que probablemente los machos tendían a permanecer en el entorno de su nacimiento y madurez mientras que las hembras se alejaban. Son sólo indicios, advierten los investigadores, pero el descubrimiento apunta hacia un comportamiento social similar al de los chimpancés actuales, en el que los machos permanecen en la manada cuando alcanzan la madurez sexual, mientras que las hembras abandonan su grupo social de origen y se incorporan a otro.

El equipo de Sandi Copeland (Instituto Max Planck, alemania) ha realizado en piezas dentarias de homínidos unos análisis químicos de isótopos de estroncio (un elemento que se encuentra en el suelo y que pasa a las plantas y de la cadena de alimentación a los huesos e desarrollo de los animales). Han podido hacer sus análisis en once individuos de la especie Paranthropus robustus así como en dientes de ocho Australopithecus robustus, procedentes de sistemas de cuevas de Sudáfrica conocidos como yacimientos paleontológicos. También han analizado los niveles de estroncio en decenas de muestras de suelo y de plantas en el entorno para poder asociar el origen del dicho elemento identificado en el esmalte de los dientes y muelas. El estroncio es un buen indicador del substrato geológico en el que viven los animales durante la fase de mineralización de sus dientes.

Los investigadores parten de la base de que las piezas dentales grandes son de los machos y las pequeñas, de las hembras y han descubierto, según explican en la revistaNature que la mayoría (el 90%) de los dientes grandes han aparecido en el entorno de origen del animal o cerca, frente a menos de la mitad de los dientes pequeños. Esto parece indicar que los machos de aquellas especies eran más locales que las hembras.

“Uno de nuestros objetivos era intentar averiguar algo acerca del uso del entorno por parte de los homínidos primitivos”, señala Copleand en un comunicado del Instituto Max Planck. Los resultados obtenidos son, dice,”el primer indicio directo de los movimientos geográficos de los homínidos primitivos y parece que las hembras se alejaban preferentemente de sus grupos”. El equipo quisiera poder hacer más análisis de este tipo en otros fósiles para avanzar en el estudio, pero reconocen que son pruebas destructivas de las piezas y que por tanto será muy difícil, dada la escasez y el alto valor de los restos de homínidos tan antiguos.

Los homínidos se hicieron bípedos hace 4,2 millones de años


La Razón

  • El estudio del carpo de la muñeca en fósiles de diversos fósiles de ‘Australopithecus’ y primates actuales ha permitido a un equipo internacional liderado por el Instituto Catalán de Paleontología (ICP) fijar el inicio del bipedismo humano entre los 4,2 y los 3,5 millones de años.

a699fe660e789a5d2e0fe9aab02aa04b_articleLa investigación, que publica la revista ‘Folia Primatológica’, se acerca al fenómeno del bipedismo a partir de una nueva estrategia, que es el estudio del desarrollo del hueso central de la muñeca, más desarrollado en el caso de las especies con conductas arbóreas.

Los paleontólogos han realizado tomografías computerizadas de alta resolución del hueso capitatum de primates actuales con homínidos fósiles de Kenia, lo que les ha permitido obtener modelos virtuales del desarrollo de los huesos de la muñeca en cada caso.

Por ello, los investigadores han constado que las especies con comportamientos arbóreos redirigen constantemente la fuerza hacia el hueso central, mientras que las especies terrestres y bípedas sitúan esta fuerza hacia la zona del pulgar.

El análisis del hueso carpo del ‘Australophitecus anamensis’ hallado en Kanapoi (Kenia) hace 4,2 millones de años concluye que esa especie presenta una morfología clara en las extremidades inferiores que indica que ya practicaban el bipedismo terrestre, aunque al mismo tiempo seguía “conductas arbóreas”.

En cambio, los fósiles del ‘Australophitecus afarensis’ de hace 3,5 millones de años han constatado que éste ya no trepaba a los árboles, lo que refuerza la hipótesis de que la consolidación de los ancestros humanos en el suelo se dio hace entre 4,2 y 3,5 millones de años.

Los primeros pasos del hombre moderno


El Mundo

ANTROPOLOGÍA | Hallazgo publicado en ‘Science’

  • Hallan en Kenia huellas de homínidos de hace 1,5 millones de años
  • Estos individuos ya eran capaces de caminar como humanos modernos
  • Tenían pies anatómicamente muy similares a los del ‘Homo sapiens’

pisadaEl árbol de la evolución de los homínidos es un complicado puzzle que abarca apenas un instante de la Historia de la Vida, desde hace entre seis y siete millones de años hasta la actualidad. El hallazgo de fósiles supone la base sobre la que descansa este complicado laberinto, pero en ocasiones otro tipo de hallazgos revela datos fundamentales que permiten completar los huecos de nuestro árbol de la vida. Un equipo científico, dirigido por el investigador de la Escuela de Ciencias de la Conservación de la Universidad de Bournemouth en Reino Unido Matthew R. Bennett, presenta hoy en la revista ‘Science’ el hallazgo de dos pruebas fósiles de huellas de pisadas que aclaran la evolución de la forma de andar que conservamos los humanos.

El descubrimiento ocurrió en dos estratos sedimentarios situados en Ileret (Kenia), a tan sólo unos kilómetros de distancia del lago Turkana. Fue precisamente en este lugar donde el equipo del paleoantropólogo Richard Leakey, hijo del famoso Louis Leakey, encontró los restos fósiles del homínido conocido como el niño de Turkana (contaba con ocho años de edad en el momento de su muerte). Leakey no tardó en señalar que se trataba del más completo miembro de la especie ‘Homo ergaster’, la primera en mostrar un acortamiento del tronco y unas extremidades más largas que las de los homínidos más primitivos, un rasgo distintivo del género ‘Homo’.

Como parece lógico pensar debido a la cercanía de ambos yacimientos, Bennett y su equipo creen que las pisadas corresponden a la especie a la que pertenece el niño de Turkana. «Estamos convencidos de que las huellas fueron hechas por un Homo ergaster o por un primitivo ‘Homo erectus’ y que, además, tenía una forma de andar y una anatomía del pié como las del hombre moderno», asegura a EL MUNDO Matthew R. Bennett.

Los estratos donde se hallaron las pisadas están separados por cinco metros de sedimentos. El primero de ellos contiene dos rastros de dos huellas cada uno y otro de siete huellas seguidas. Y el segundo presenta una huella aislada y un rastro de dos huellas. De manera que siete simples pasos de un homínido de un millón y medio de años pueden revolucionar el conocimiento de uno de los rasgos adaptativos más distintivos del ser humano: el bipedismo, una adaptación que apareció por primera vez hace seis millones de años en un primitivo pariente del ser humano llamado Ardipithecus ramidus.

La pisada del hombre moderno

El descubrimiento de Bennett supone la primera prueba de rastros de pisadas que tiene la Ciencia atribuibles al género Homo, al que pertenece nuestra especie Homo sapiens. Pero, no es la huella más antigua de un homínido. En 1978, otro miembro de la familia Leakey, en este caso Mary, la esposa del pionero de la paleoantropología Louise Leakey, descubrió en Laetoli (Tanzania) un rastro de más de tres millones y medio de años de antigüedad hecha por un Australophitecus afarensis.

Un ángulo pequeño entre el dedo gordo y el eje del pié, el arco longitudinal de la planta y la distribución medial del peso durante el avance de la pisada son los tres rasgos distintivos de la pisada humana moderna. Los investigadores digitalizaron con un escáner láser óptico las nuevas huellas, para poder compararlas con las encontradas en Laetoli y con las del ser humano moderno.

Los resultados no dejan lugar para la duda. La huella realizada por la especie de Laetoli no muestra ni los rasgos distintivos de la anatomía de los homínidos modernos ni su forma de andar. En cambio, las nuevas huellas coinciden con las del ser humano. «Andaban como nosotros y, probablemente, eso ayudó a esta especie en su migración fuera de África», cuenta Bennett.

El ‘Homo antecessor’ triunfa en la capital francesa


El Mundo

El Museo del Hombre de París inaugura una gran exposición sobre Atapuerca

El ‘Homo antecessor’ ha encontrado cobijo a la sombra de la Torre Eiffel. Literalmente, puesto que la exposición sobre Atapuerca inaugurada anoche en el Museo del Hombre de París se ubica en el Sena frente al artefacto de hierro, igual que si fuera un tótem intemporal. Es el espacio que la comunidad científica francesa ha concedido al yacimiento paleontológico burgalés. Un modo implícito de reconocer la importancia histórica del hallazgo y de divulgar los tesoros que han dado forma y fama a la comunidad de homínidos descubierta en Atapuerca.

De hecho, la exposición parisina, desglosada didáctica y amenamente en una superficie de 400 metros cuadrados, pone en relieve los grandes símbolos paleontológicos. Incluido una falange de 1,3 millones de años de antigüedad, el utensilio de piedra Excalibur, al que ya se le atribuyen connotaciones religiosas, y otros restos óseos que acreditan la presencia del ‘Homo heidelbergensis’ en la Sima de los Huesos hace 400.000 años.

Sin menoscabo de semejantes ejemplos, el mayor protagonismo del viaje en el tiempo concierne a las pruebas materiales del ‘Homo antecessor’. Los fósiles fueron encontrados en el yacimiento de la Gran Dolima, tienen una antigüedad de un millón de años y han permitido reconstruir como un ‘puzzle’ a los homínidos más antiguos que poblaron Europa.

No se trata de una mera exposición itinerante. La experiencia parisina, que va a prolongarse hasta el 16 de marzo, sirve de ensayo y de antecedente a la apertura del Museo de la Evolución Humana de Burgos en 2010.

Así se entiende que el acontecimiento de la inauguración desplazara a París al presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y al equipo de antropólogos que han sudado tantos años en Atapuerca. Empezando por Juan Luis Arsuaga, comisario de la exposición, en compañía de José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. “Esta exposición acredita la importancia de los hallazgos y resume el trabajo realizado hasta ahora, pero también deja abiertas muchas claves que tenemos que ir desentrañando en Atapuerca. Los resultados espectaculares obtenidos hasta ahora son, en cierto modo, la punta del iceberg”, explicaba Arsuaga.

El criterio didáctico y la responsabilidad metódica explican que la exposición se haya articulado en seis secciones. La primera ubica el yacimiento y recuerda las razones por las que ha sido elevado a la distinción de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El segundo capítulo se detiene en los espacios de la Gran Dolima y de la Sima del Elefante.

La tercera sección consiste en un interludio antropológico hábitos de los homínidos, canibalismo que prepara al espectador al encuentro de la Sima de los Huesos. Allí donde fueron encontrados los exponentes del Homo heidelbergensis y de donde proceden las caderas de Elvis, sobrenombre del un homínido que vivió en Atapuerca hace aproximadamente 400.000 años.

El quinto pasaje aloja la maqueta del futuro Museo de la Evolución Humana, con la firma de Navarro Baldeweg, mientras que el sexto ocupa las paredes de una sala de cine para que los espectadores puedan contemplar el documental que hizo Javier Trueba a propósito de los hallazgos recuperados en el yacimiento burgalés.

Los primeros homínidos varones maduraban después que las hembras


CET- El Mundo

  • EL ORIGEN DEL ‘HOMO’
  • Los primeros homínidos varones maduraban después que las hembras
  • Se han analizado fósiles de 35 ejemplares de hace dos millones de años
Los primeros homínidos varones maduraban después que las hembras

Los primeros homínidos varones maduraban después que las hembras

MADRID .- Hace unos dos millones de años, los machos de unos primates que vivían en Sudáfrica, de la especie ‘Paranthropus robustus’, alcanzaban la madurez mucho después que las hembras. Además, su estrategia reproductiva se basaba en hacerse con un buen harén que asegurara la descendencia de los más fuertes , la misma forma de actuar que se ha observado en los gorilas de espalda plateada en África.

Para llegar a estas conclusiones, un equipo internacional de investigadores, bajo la batuta del paleontólogo Charles Lockwood, del Colegio Universitario de Londres, han analizado los fósiles de los 35 ejemplares de estos parientes humanos encontrados en tres yacimientos sudafricanos diferentes, el de Swartkrans, el de Kromdraai y el de Drimolen, todos ellos con una antigüedad que oscila entre 1,5 y dos millones de años.

«Los descubrimientos en Drimolen nos demostraron que las diferencias de tamaño entre los sexos en el ‘Paranthropus robustus’ eran mayores de las que previamente se pensaba y que ellos tenían un desarrollo mucho más lento que ellas . Para llegar a estas conclusiones comparamos los tamaños de los cráneos y mandíbulas que se habían encontrado en las diferentes localizaciones», explica el doctor Colin Menter, de la Universidad de Johanesburgo, en Sudáfrica, coautor de la investigación publicada en la revista científica ‘Science’.

Para valorar la importancia del estudio hay que partir de las dificultades de averiguar comportamientos sociales a través de los fósiles . Y ellos han encontrado que aquellos machos dejaban sus grupos de nacimiento al alcanzar la madurez y que tardaban bastante en lograr atraer a las hembras y establecer un nuevo grupo.

Contexto prehistórico

También hay que conocer el contexto en el que vivieron, un momento en el que África sufría un proceso de aridez que ayudó en la evolución del primer representante del género ‘Homo’ en la falla del Rift.

En paralelo, al sur aparecieron primates más robustos, que trituraban todo tipo de alimentos. Entre ellos, los ‘Paranthropus’. «Los argumentos de los investigadores son convincentes, puesto que ya se sospechaba que los miembros de esta especie fueron los primeros homínidos como los gorilas », asegura el paleontólogo español Manuel Domínguez-Rodrigo, de la Universidad Complutense de Madrid.

Para este experto, lo más interesante es que se explica por qué hay tantos fósiles de varones en las cuevas en Sudáfrica. «Si se desplazaban de sus grupos de origen sin completar su crecimiento, eran más vulnerables a los depredadores , que no se atrevían a cazarlos en grupos. Y sabemos que los leopardos acumulaban restos en las cuevas», afirma.

Domínguez-Rodrigo, no obstante, cree que la muestra utilizada es escasa y desigual, lo que puede influir en los resultados.

Los ‘Homo sapiens’ comen marisco desde hace 165.000 años


Miercoles 17/10/07 22:22 CET – El Mundo

NUEVA POBLACION DE HOMÍNIDOS EN SUDÁFRICA

Aquellos mariscadores podrían ser los progenitores de los humanos modernos

MADRID .- Científicos de Estados Unidos han encontrado evidencias de que hubo poblaciones humanas que habitaron en la costa de Sudáfrica marisqueando hace 165.000 años.

Estos primitivos ‘Homo sapiens’, según los investigadores, podrían ser los progenitores de todos los humanos modernos , dado el nivel tecnológico y simbólico que habrían alcanzado.

A tenor de los hallazgos en el Cabo de Sudáfrica, aquellos seres humanos utilizaban unos complejos utensilios con filo, que podían ser utilizados como puntas de lanzas o de dardos, e incluso usaban un pigmento rojo , lo que para los investigadores sería una señal de comportamiento simbólico. Hasta ahora se pensaba que ambas características habían sido muy posteriores en nuestra lenta evolución.

El equipo, dirigido por Curtis Marean, de la Universidad de Arizona, antes de acabar trabajando en la costa sudafricana, realizó un exhaustivo estudio del clima, las corrientes oceánicas y las condiciones geológicas para determinar cuál era el lugar más adecuado para iniciar la búsqueda de evidencias de humanos primitivos.

Fue así como llegaron a la cueva Pinnacle Point, cerca de la Bahía Mossel del país africano. “Era el sitio perfecto”, ha señalado Marean, que contó con 2,5 millones para su proyecto, todo un hito financiero en el campo de la paleontología, gracia a una fundación privada.

Sus resultados, publicados en la revista ‘Nature’y conseguidos con las tecnologías más innovadoras de datación, han retrocedido la historia de la evolución de los primeros humanos al menos en 40.000 años , dado que la evidencia anterior de vida costera en África es de hace 125.000.

Marean recuerda en su trabajo que durante millones de años los homínidos fueron recolectores y cazadores de especies terrestres. Su explicación de por qué comenzaron a interesarse por los crustáceos marinos está en el cambio del clima : en aquella época del Paleolítico prácticamente todo el continente africano era un desierto en el que resultaba muy difícil conseguir alimento, mientras que en hemisferio norte se vivían intensas glaciaciones.

Los utensilios que han localizado en la cueva también son más sofisticados de lo que se suponía para unos ‘Homo sapiens’ tan primitivos: se trata de pequeñas láminas de menos de 10 milímetros de anchura y del tamaño de un dedo que podían ser la punta de un arma muy precisa.

El hecho de que comieran marisco significa que pudieron moverse siguiendo la línea de la costa africana a grandes distancias, un dato especialmente interesante para quienes estudian las migraciones hacia fuera de este continente y para los genetistas que buscan esas rutas en el ADN.

Los paleontólogos también están sorprendidos por su capacidad simbólica , una pista de que la posibilidad de comunicarse mediante un lenguaje pudo haber estado presente en aquella temprana época de la historia humana, con lo que ello supone de desarrollo cognoscitivo.

“En definitiva, creemos que en la orilla meridional más alejada de África hubo una población pequeña de humanos modernos que lucharon durante el periodo glacial y que podrían ser los progenitores de todos nosotros “, aventura Marean en sus conclusiones.