El día que las Ventas homenajeó a Himmler


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  • El jefe de las sangrientas SS de la Alemania nazi de Adolf Hitler llegó a la capital y visitó España tras la Guerra Civil
 Llegada del jefe de las SS, Heinrich Himmler, a la Estación del Norte en Madrid - ABC

Llegada del jefe de las SS, Heinrich Himmler, a la Estación del Norte en Madrid – ABC

El 21 de octubre de 1940, Heinrich Himmler, Reichsführer de la Schutzstaffel (SS) y uno de los principales líderes del Partido Nazi (NSDAP), aterrizaba en la Estación del Norte de Madrid después de su paso por San Sebastián, la primera ciudad que pisó española, Y Burgos. Para la ocasión, la estación vestía engalanada con tapices y banderas españolas y esvásticas del III Reich, y también las calles lucían las banderas de los dos países.

El Diario ABC conserva las publicaciones e imágenes en las que se informó de aquella visita de la posguerra; gracias a ellas, hoy es posible saber los detalles de la estancia del oficial nazi desde que pusiera pie en el país, a las 9 de la mañana de aquel domingo.

A la llegada de Himmler a Madrid, Ramón Serrano Suñer, entonces ministro de Asuntos Exteriores, fue quien recibió y condujo al Führer hasta el hotel Ritz, donde se hospedó durante sus días en la capital. En su recorrido, la Policía armada y formaciones de Falanje Española Tradicionalista y de las Jons le escoltaron al ritmo de música y desfile de las fuerzas, mientras miles de personas saludaban con el brazo en alto y vitoreaban a España y Alemania.

Tras su encuentro con el general Francisco Franco, que se prolongó hasta una hora en el Palacio de El Pardo, Himmler acudió a la Monumental de Las Ventas, la plaza de toros que esperaba al nazi con esvásticas, banderas españolas y un público eufórico ante su presencia. Se celebró una corrida en su honor –hubo rumores de que se mareó durante la misma–, seguida de ovaciones y brazos en alto; el mismo gesto que utilizaba el fürer para responder a los ciudadanos.

El alemán, junto a su séquito de las SS, conoció El Escorial y Toledo, donde visitó fortificaciones históricas como el Alcázar de Toledo, donde se libró una de las sangrientas batallas de la Guerra Civil Española, terminada un año antes de la visita del comandante nazi.

Sobre la visita de Himmler a Madrid, las fuerzas del régimen anunciaron oficialmente que se trataba de un «viaje turístico», mientras que historiadores aseguran que el objetivo era reunirse con el Caudillo para tratar temas de seguridad internacional.

El paraíso nazi de los conejos de angora


ABC.es

  • Himmler ordenó criar a estos animales en unas granjas de lujo con cabinas climatizadas, junto a los campos de concentración donde los judíos eran hacinados

El paraíso nazi de los conejos de angora

En 1941, cuando la Alemania nazi acaba de comenzar su ataque a la URSS, el jede de la SS, Heinrich Himmler, tuvo una de las ideas más extrañas de la Segunda Guerra Mundial: criar a conejos de angora en unas granjas de lujo, que contaban incluso con cabinas climatizadas, al lado de los campos de concentración donde millones de prisioneros eran hacinados, morían de hambre o eran directamente ejecutados. El programa, conocido como la «Operación Munchkin», tenía como objetivo conseguir simplemente las mejores pieles para confeccionar la ropa de los soldados.

Los detalles de este proyecto, al que los historiadores no le han prestado la suficiente atención, se conocieron gracias a un volumen encontrado por un corresponsal encubierto de origen alemán del «Chicago Tribune», Sigrid Schultz, en la casa de Himmler en 1945. El reportero acudió con una unidad de la inteligencia militar de Estados Unidos a la residencia abandonada del jefe de las SS, con la esperanza de encontrar pruebas que probaran su participación en los crímenes de guerra del Tercer Reich. Pero no tuvo suerte, porque los documentos importantes los había escondido en otro lugar.

Sin embargo, encontrándose solo en un granero cercano, Schultz hizo un descubrimiento que años más tarde describiría como «escandaloso»: un libro grande de casi 4 centímetros de grosor, con la cubierta hecha de una piel de conejo suave y una runa de las SS, en cuya portada aparecía, en letras grandes de molde, la palabra «Angora».

El «libro de Angora»

Se trataba de un álbum con 150 imágenes. En la mayoría de ellas aparecían retratados este tipo de conejos de orejas largas y mullidas, con mucho pelo, y que se cree que fueron originarios de Turquía. Junto a ellos, Schultz descubrió un mapa con un registro que contenía nombres inquietantemente familiares: Auschwitz, Dachau, Buchenwald, Sachsenhausen y así hasta un total de 31 campos de concentración nazis.

El corresponsal del «Chicago Tribune» acababa de descubrir por casualidad este extraño proyecto de Himmler que los Aliados desconocían hasta ese momento. Instalaciones de lujo para la cría de conejos de angora, con cabinas climatizados y una alimentación basada en gran cantidad de verduras frescas, que estaban situadas al lado de los campos de concentración establecidos en la Europa ocupada por Hitler, donde se estaba llevando a cabo el exterminio judío. El objetivo último de estos cuidados especiales era producir conejos de un tamaño gigantesco para producir la piel suficiente, y de la mejor calidad posible, para que los soldados alemanes que se estaban adentrando en las heladas tierras soviéticas contaran con la mejor piel en sus abrigos.

Supuestamente, a Himmler se le ocurrió esta idea después de leer acerca de un experimento a pequeña escala que tuvo lugar durante la Primera Guerra Mundial, cuando también se criaron conejos para la producción industrial de la lana con la que confeccionar jerséis de cuello alto, chaquetas para pilotos de combate, calcetines suaves para las tripulaciones de los submarinos y calzoncillos largos para los soldados del ejército.

Himmler y los animales

Era sabido por todos que Himmler, conocido a la postre como uno de los mayores asesinos de la historia, amaba a los animales. Llego a elogiar a los alemanes, en un discurso de 1943, por ser «los únicos que tienen una actitud decente hacia ellos». Puede que sea más exacto decir que tenía una fascinación extraña por la cría de ejemplares, hasta el punto de que estaba planeado crear, por ejemplo, una nueva raza de caballos esteparios más resistentes.

En Buchenwald, por ejemplo, donde decenas de miles de personas morían de hambre, los conejos disfrutaban de una vida muy cómoda y una dieta a medida, en la que eran regularmente examinados por veterinarios, cepillados y esquilados, mantenidos sus establos limpios, cuidados con productos propios de las lujosas tiendas de cosméticos.

Tal fue el mimo con el que eran tratados los conejos de angora que los prisioneros terminaron odiando a los pequeños animales. Querían matarlos y no para comérselos, sino simplemente porque se habían convertido en un símbolo de la SS. La producción de estos conejos se había convertido en un proyecto emblemático para los altos mandos nazis, aunque estuviera resultando una ruina, ya que tras varios años no habían conseguido ni la cantidad ni la calidad que esperaban. Aún a día de hoy, no sabe con exactitud cuando se abandonó finalmente este proyecto.

La ‘lista de Hitler’: el dictador defendió a un judío


El Mundo

  • Ernst Hess había sido comandante de la compañía en la que combatió Hitler
  • Heinrich Himmler pedía, en una carta de 1940, que le dejaran tranquilo
  • Hess fue huyó con su familia a Italia e intencó contactar con el ‘Führer’

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Una historiadora alemana sostiene que Adolf Hitler defendió personalmente a un jurista judío, su antiguo superior militar en la I Guerra Mundial, y le protegió al menos temporalmente de la persecución nazi, según un informe publicado hoy por el periódico ‘Jewish Voice from Germany’.

Según la experta Susanne MaussErnst Hess, que se desempeñaba como juez en Düsseldorf (oeste) y que había sido comandante de la compañía en el que combatió Hitler en la I Guerra Mundial, estuvo a salvo hasta 1941 gracias a la intervención personal en su favor del dictador nazi.

El caso se encuentra documentado en una carta fechada en agosto de 1940 del comandante en jefe de las SS, Heinrich Himmler, en la que ordenaba a las todas autoridades nazis “dejar tranquilo, en todos los sentidos, (a Hess), según el deseo del ‘Führer'”.

Durante el proceso de expropiación de bienes pertenecientes a judíos en favor de ciudadanos de origen “ario”, Hess (1890-1983) fue suspendido como juez, tras lo cual se mudó con su familia en 1936 a Bolzano, en el Tirol italiano, señala la historiadora.

Cartas desde Italia para Hitler

Según la carta de Himmler, Hess trató de contactar con Hitler a través de un compañero de guerra común, el capitán Fritz Wiedemann, que entre 1934 y 1939 fue ayudante del “Führer”.

En una misiva, Hess, convertido al protestantismo, pedía ser considerado según las leyes raciales de Nuremberg, como ciudadano “semi judío” y no enteramente judío.

Aunque Hitler rechazó esta solicitud, sí que dio la orden a las autoridades a través de Himmler de transferir la pensión de Hess a Italia.

Asimismo, Hess quedó eximido de la obligación de llevar el nombre “Israel” que lo identificaba como judío y recibió además un nuevo pasaporte en marzo de 1939 que no llevaba la letra “J” (por judío) estampada en rojo.

También el jefe de la Cancillería del Reich, Hans Heinrich Lammers, y el cónsul general alemán en Italia, Otto Bene, intercedieron por Hess.

Hess perdió su protección en 1941

Después del pacto entre Hitler y Benito Mussolini y la italianización fascista del sur del Tirol, la familia Hess se vio obligada a regresar en 1939 a Alemania y se trasladó al pueblo bávaro de Unterwössen.

En 1941 Hess recibió la noticia de que ya no se encontraba bajo la protección de Hitler y fue internado en el campo de concentración de Milbertshofen, cerca de Múnich, donde tuvo que realizar trabajos forzados.

Según la historiadora, su matrimonio con Margarethe, una mujer no judía le salvó de la deportación, mientras la hija de Hess fue obligada a realizar trabajos forzados para una compañía eléctrica.

Después de la guerra, Hess se desempeñó como presidente de los ferrocarriles en la ciudad de Fráncfort. Para Rafael Seligmann, editor del ‘Jewish Voice from Germany’ , está claro que los voluntariosos ayudantes de Hitler cumplían incondicionalmente las órdenes del “Führer”, ya fuera como salvador o como asesino en masa.

La historiadora descubrió en el archivo regional de Renania del Norte-Wesfalia el revelador documento durante los preparativos el año pasado de una exposición.

Hasta el momento sólo se conocía otro caso en el que Hitler intercedió por un judío en la figura del médico de su madre, Eduard Bloch, de la ciudad austríaca de Linz, que hasta su emigración en 1940 habría estado bajo la protección del “Führer”.

Un espía danés quiso matar al nazi Heinrich Himmler con un arco y flechas


EFE – ADN

Tommy Sneum, que trabajaba para Gran Bretaña, eligió esa arma porque temía que el sonido de una bala permitiera descubrir de dónde llegaba el ataque

Conoce más sobre los “colaboradores” de Hitler

actualidad080908him.jpgUn espía danés al servicio de Gran Bretaña concibió la idea de matar a Heinrich Himmler, jefe de las SS hitlerianas, con un arco y unas flechas, según un nuevo libro.

Mezcla de James Bond y Robin Hood, el espía, Tommy Sneum, quiso eliminar de ese modo al jerarca nazi desde un piso perteneciente a una artista de cine danesa a la que había seducido.

Eso es lo que cuenta Mark Ryan, autor de “The Hornt’s Sting” (La picadura del avispón) una biografía de Sneum, a quien el autor entrevistó largamente antes de su muerte, el año pasado, a la edad de 89 años.

Sneum explicó a su biógrafo que eligió esa arma primitiva porque no quería que el sonido de una bala permitiese a la policía seguir la trayectoria del proyectil hasta el piso de la actriz Oda Pasborg, de la que estaba verdaderamente enamorado.

Himmler debía visitar Copenhague en febrero del 1941, camino de Berlín, tras visitar a unos reclutas de las SS en Noruega.

Indignado por la capitulación de Dinamarca

Sneum era un aviador danés de 23 años que, indignado por la capitulación de su país ante las tropas de Hitler, había decidido convertirse en espía a favor de Gran Bretaña.

El espía compró un arco de acero que podía desmontarse y transportarse fácilmente y tenía además un carcaj de flechas en cada una de las cuales había anotado la fecha del 9 de abril de 1940, cuando los nazis invadieron Dinamarca.

Sneum no pudo cumplir su propósito porque en el último momento Himmler no apareció. Tras aterrizar en Copenhague se sintió indispuesto y decidió regresar a Berlín.