Guerra de Troya


En la mitología griega,  fue un conflicto bélico en el que se enfrentaron una coalición de ejércitos aqueos contra la ciudad de Troya y sus aliados. Según Homero, se trataría de una expedición de castigo por parte de los aqueos, cuyo casus belli habría sido el rapto o fuga de Helena de Esparta por el príncipe Paris de Troya.

Esta guerra fue narrada en un ciclo de poemas épicos de los que solo dos han llegado intactos a la actualidad, la Ilíada y la Odisea, ambas obras de Homero. La Ilíada describe un episodio de esta guerra, y la Odisea narra el viaje de vuelta a casa de Odiseo, uno de los líderes griegos.

Los antiguos griegos creían que los hechos que Homero relató eran ciertos. Creían que esta guerra había tenido lugar en los siglos XIII a. C. o XII a. C., y que Troya estaba situada cerca del estrecho de los Dardanelos en el noroeste de la península de Anatolia (actual Turquía).  En tiempos modernos, en cambio, tanto la guerra como la ciudad eran consideradas mitológicas.

Pero en 1870 el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann excavó la colina de Hisarlik, donde creía que estaba la ciudad de Troya, y halló los restos de la antigua ciudad de Nueva Ilión, bajo la cual halló otras ruinas, y debajo de estas, otras más. Cada una de estas ruinas daba lugar a los restos de distintas ciudades que parecían haber sido habitadas en épocas distintas. Schliemann pretendía hallar la Troya homérica pero, en el curso de los años, él y sus colaboradores hallaron siete ciudades sepultadas y más tarde otras tres. Sin embargo, quedaba por decidir cuál de estas diez ciudades era la Troya de Homero.

Algunos historiadores creen que Troya VI o Troya VII deben identificarse con la ciudad homérica, porque las anteriores son pequeñas y las posteriores son asentamientos griegos y romanos. Otros historiadores opinan que los relatos de Homero son una fusión de historias de asedios y expediciones de los griegos de la Edad del Bronce o del periodo micénico, y no describen hechos reales. Los que piensan que los poemas épicos de la guerra de Troya derivan de algún conflicto real lo fechan entre 1300 a. C.-1100 a. C.

Por tanto hay un desacuerdo absoluto por el lugar del acontecimiento pero lo contaremos según el mito.

Hubo una boda entre Peleo, rey de los mirmidones y Tetis, ninfa de los mares. Acudieron a tal cita todos los dioses del Olimpo, menos Éride, diosa de la discordia, que arrojó una manzana a la más bella. Hera, Atenea y Afrodita discuten.

Nació el hijo de Príamo, rey de Troya, y Hécuba, al que abandonan en el bosque. Cuando se hace mayor, se encuentra con las 3 diosas, y Paris elige a Afrodita como la más bella. Esta hace que Paris se encuentre con sus padres…

Menelao, rey de Esparta, se casa con Helena “la de las hermosas mejillas”, la mujer más bella. (Penélope, prima de Helena se casa con Ulises)…

Cuando Paris oyó hablar de la belleza de Helena, fue a comprobarlo. Menelao los acogió en su palacio. Un día, mientras Menelao cazaba, Paris y Helena se fueron a la nave y se marcharon a Troya.

Cuando Menelao se entera, con la ayuda de su hermano Agamenón, reunieron a muchos hombres que les guardaban fidelidad. Ellos necesitaban la ayuda de Aquiles…

Tetis, la madre de Aquiles, lo esconde en la isla de Esciros, junto al rey Licomedes. Ella lo sumergió en las aguas del Éstige, para que fuera inmortal, pero el talón no lo bañó y temía que muriera. Al final Ulises lo encontró (disfrazado de mujer) y su madre le dejó marchar, con él y con 50 naves que le ofreció su padre.

Los griegos, tras el viaje, llegan a orillas de Troya, donde forman un pueblo. Mientras esperaban la lucha contra Troya, saqueaban pequeños pueblos de alrededor, para abastecerse. En uno de estos, apresaron a Criseida que fue entregada Agamenón y Briseida, que fue entregada a Aquiles. De pronto el padre de Criseida, sacerdote de Apolo, fue a por ella sin éxito. En el campamento de los griegos aparecieron las fiebres, que mataban a muchos hombres. Era a causa de Apolo, y hasta que Agamenón no soltara a Criseida, no pararía. La soltó, y se quedó con Briseida. Aquiles se enfadó y se negó a luchar con él, y le pidió a su madre que hablara con Zeus para que ayudara a los Troyanos a ganar.

Tetis habló con Zeus, y este aceptó… le envió un falso sueño a Agamenón, y lo animó a luchar…

Después de 2 años, se encontraron los 2 ejércitos, y Paris y Menelao llegaron a un acuerdo: una lucha cara a cara, y quién ganase se quedaría con Helena. Hicieron unos sacrificios, y Paris comenzó con la lucha. Afrodita ayudaba a Paris, y Menelao le pedía ayuda a Zeus…

Al final Afrodita se llevó a Paris a su casa de Príamo. Los griegos pensaron que Helena se quedaría con ellos, pero Afrodita se la llevó junto a Paris.

Para que no acabara la guerra, Atenea hizo que un troyano disparara a Menelao, pero este no murió, y volvieron a luchar. Diomedes mata a Pándaro, atravesándole la cara con una lanza. Héctor, hermano de Paris volvió a Troya para ver a su madre (para que le vistiera con ropas elegantes y le pidiera a Atenea que le dejara de ayudar a los griegos, y fuera piadosa con los troyanos), a su mujer y a su hijo, y a reprocharle a Paris que fuera al campo de batalla.

Paris se reunió con su hermano y volvieron a la batalla. Los griegos retrocedían. Atenea hizo que la guerra acabara por aquel día, y que Héctor desafiara a Áyax, (un griego), como le hizo su hermano a Menelao. Ambos se retiraron (Héctor herido) hasta el día siguiente, que siguieron la batalla.

Agamenón (griego) veía muy mal el fin de la guerra, y propuso olvidar a Helena, y a Troya. Pero la mayoría prefería seguir luchando.

Néstor pensó que sería necesaria la vuelta de Aquiles para derrotar a los troyanos. Mandó a Áyax, Ulises y a Fénix para que hablaran con él, pero Aquiles no quiso, ni siquiera devolviéndole a Briseida.

Agamenón y Menelao decidieron formar un consejo para que alguien fuera a espiar a los troyanos. Diomedes se ofreció y eligió a Ulises como compañero. En Troya, Héctor dejó que Dolón fuera a espiar a Agamenón. Diomedes y Ulises atraparon a Dolón y este les contó que los caballos del rey Reso rey de los tracios eran los mejores, y después lo mataron.

Cuando llegaron, Diomedes mató a Reso, y Ulises soltó los caballos. Ulises le hizo una ofrenda a Atenea con el casco y las armas de Dolón.

Zeus hizo que lloviera lluvia roja como la sangre. A pesar de esto, troyanos y griegos se volvieron a encontrar. Los troyanos retrocedían. Hirieron a Agamenón en el brazo con una flecha. Héctor intentó hacer retroceder a los griegos, a no ser porque Ulises y Diomedes se quedaron firmes. Paris le clavó una flecha a Diomedes y se tuvo que retirar. Hirieron a Ulises. Áyax y Menelao fueron a por él. Paris hirió a Macaón (tenia el don de curar a los hombres), al que llevaron al pabellón de Néstor. Néstor le dijo a Patroclo que podía hacerse pasar por él para que a los troyanos le entrara el miedo.

La compañía de Héctor cruzaba los fosos y atacaban. Sarpedón y Glauco arremetían contra la muralla. Zeus es seducido por helena y abandona la batalla, entonces Poseidón, hermano de Zeus daba ánimos a los guerreros. Áyax hirió a Héctor y lo retiraron al río Janto porque vomitaba sangre. Zeus al darse cuenta de lo que pasaba, le pidió ayuda a Apolo, dios del sol que le diera nuevas fuerzas a Héctor y este volvió a la batalla. Los griegos volvían a las naves. Héctor gritaba que prendieran fuego a las naves, y Áyax que mataran a Héctor. Patroclo vio que media flota estaba en llamas.

Aquiles le dejó su armadura y su carro de caballos a Patroclo para guiar a los mirmidones y q. así los troyanos se acobarden. Automedónte, el auria del príncipe, enganchó a Janto y Balio (dos caballos inmortales) y a Pédaso (uno mortal) al carro.

Cuando los troyanos le vieron, se acobardaron. Aquiles le pedía a Zeus que Patroclo volviera sano y salvo. Patroclo mató a Sarpedón, hijo de Zeus, q. mandó a los gemelos Sueño y Muerte para que lo enterraran y envenena a Patroclo con la fiebre del combate. Este llegó hasta las murallas de Troya. Cuando trepaba las piedras, Apolo le dio un empujón, y se le cayó el casco. Se dieron cuenta de que no era Aquiles, y Héctor lo mató, y se puso la armadura. Este, antes de morir, le dijo que Aquiles lo mataría. Los mirmidones se llevaron el cuerpo de Patroclo desnudo y sangriento.

Antíloco, hijo de Néstor, fue a darle la noticia a Aquiles. Este se echó las culpas…

Tetis, madre de Aquiles, apareció y lo abrazó, y le dijo que le pediría a Hefesto (señor de los armeros) que le hiciera una armadura para combatir con Héctor.

Los mirmidones le llevaron a Patroclo junto a Aquiles. Héctor le hizo frente a Aquiles en la llanura. Tetis le dio la armadura a Aquiles, y antes de luchar le pidió disculpas a Agamenón.

Aquiles mató a muchos troyanos, y cuando llegó a Héctor, este echó a correr… Héctor sacó la espada, y Aquiles le lanzó una lanza al cuello. Héctor le dijo q. su hermano Paris lo mataría. Aquiles ató a Héctor por los tobillos y lo llevó arrastrando hasta las naves.

La madre de Héctor gritaba y se lamentaba, y al oírla, Andrómaca, fue hacia ella, y vio al cuerpo de su marido arrastrado por el carro de Aquiles. Esa noche Patroclo se le apareció a Aquiles y le preguntó por que no le habían incinerado y sepultado. Aquiles lo hizo de inmediato. Los compañeros de Patroclo se cortaron un mechón de pelo, en señal de duelo, y después de degollar a 12 troyanos, quemaron el cuerpo de Patroclo y construyeron una cimera de piedra. Después hicieron los juegos fúnebres:

Carrera de carros, Diomedes quedó 1ª, Antíloco 2ª, Menelao 3º, Meríones 4º, Eumeleo 5º.

Después había lucha de púgiles, o boxeo. Epeo y Euríano lucharon, y ganó Epeo. Luego Aquiles mandó poner la armadura de Sarpedón en una lanza, y quién la quisiera, tendría que luchar contra el otro. Lucharon Diomedes y Áyax, y por miedo a que se matasen, la compartieron.

Cuando todos dormían, Aquiles fue al lugar donde estaba el cuerpo de Héctor lo enganchó por los tobillos y le dio 3 vueltas al tumulto funerario de Patroclo, durante 12 noches y 12 días. Apolo protegía el cuerpo de Héctor para que no sufriera daños.

Tetis le dijo a su hijo que los dioses del Olimpo estaban enfadados y que debía devolverle el cuerpo de Héctor a su padre. Iris fue a decirle a Príamo que fuera a hablar con Aquiles, por su hijo, y este le escucharía. Cargó los tesoros en un carro, y Príamo se dirigió a las naves. En su “viaje” lo acompañó Hermes, dios de los viajeros. Al llegar, Príamo le suplicó por su hijo muerto. Luego lloraron juntos. Comieron y Príamo volvió con Héctor. Andrómaca, Hécuba y Helena se lamentaban junto a él. A los 10 días de los 11 de tregua, lo incineraron y construyeron un túmulo funerario.

Los troyanos esperaban a los guerreros al mando del rey Memnón, hijo de Aurora y a un poderoso ejército de amazonas. La calma de Aquiles dio unos días de paz…

En medio de la ciudad de Troya se encontraba el Paladio, o suerte de Troya, donde se encontraba una piedra negra en forma del escudo de Atenea, y a Ulises le pareció buena idea robarlo. Hizo un plan y se dirigió en busca de las hijas del rey Delos. Esa noche un mendigo se acomodó en la puerta de Diomedes, y este le dio de comer y de beber. Este iba de aquí para allá sacando trapos sucios de los griegos, y estos se hartaron de él. Lo llevaron ante las murallas de Troya, le pegaron y lo amenazaron. Cuando se fueron, Helena fue a hablar con él, este le dijo que su padre y sus hermanos habían muerto. Helena lo llevó al palacio y lo lavó, entonces se dio cuenta de que era Ulises. Estuvieron hablando, y Helena le hizo regalos. Ulises se quedó por allí unos días durmiendo en los templos. La última noche durmió en el templo de Atenea, he hizo que la última sacerdotisa se tomara la ampolla del sueño que Helena le había regalado. Después cambió la piedra y esperó a que amaneciera para irse. Al llegar a Grecia, les enseñó el paladio y sacrificaron 10 bueyes a Zeus. Los troyanos perdían la esperanza.

Las mujeres guerreras decidieron unirse a los troyanos porque la princesa Pentesilea había dado muerte a su hermana Hipólita y deseaba morir en combate. Al llegar a Troya les hicieron regalos, entre ellos una espada, y Pentesilea juró matar a Aquiles con ella. Andrómaca se lamentó por ella. Griegos y amazonas lucharon. Aquiles mató a Pentesilea, y al verla, en el suelo muerta, echó a llorar. Se las devolvieron a Príamo para q. les diera sepultura.

Los troyanos esperaron la llegada de Memnón y cuando llegó, se fue al llano a luchar. Memnón mató a Antíloco, atravesándole una lanza en el corazón en presencia de su padre Néstor. Luego fue a por Aquiles y lo hirió en el brazo. Aquiles le clavó la espada en el esternón y Memnón murió. Cuando los griegos se acercaban a Troya, Paris le lanzó una flecha (seguida por Apolo) al talón de Aquiles. Ulises fue a por él… Tetis y todas sus doncellas hacían cantos tristes y melodiosos, y los griegos se asustaron, pero Néstor les dijo que era su madre. Hicieron lo mismo que con Patroclo y unieron sus cenizas. Tetis ofreció la armadura al que le llevó el cuerpo de su hijo. Ulises y Áyax la querían, y Néstor les dijo a los cautivos troyanos que decidieran. Cada uno explicó su razón, el dios Dionisio hizo que Áyax pareciera tener borrachera, y eligieron a Ulises. Esa noche, preso de su locura, Áyax cogió la espada y fue en busca de Ulises, pero se encontró con un rebaño de ovejas y las mató. A la mañana siguiente se atravesó el corazón con la espada clavada en el suelo.

Quemaron y sepultaron el cuerpo de Áyax. Calcante, el adivino, les dijo que necesitaban la ayuda de Filoctetes, el arquero de la isla de Lemnos para ganar a Troya, (los griegos lo abandonaron allí porque hacía 10 años que había luchado contra un reptil venenoso que le mordió un pie y de la herida supuraba un veneno nauseabundo.) Diomedes y Ulises fueron a por él, y Filoctetes se fue con ellos. Allí lo arreglaron, y le curaron la herida. Poco después envenenaba a Paris con una flecha. Este fue al monte Ida a buscar a la ninfa Enone, y le dice que se valla con Helena. Paris muere en el bosque. Ahora estaría con Enone siempre.

Helena no fue devuelta a Menelao y se quedó en casa de Deífodo, hermano de Paris. La guerra seguía.

Calcante dijo que debían ganar a los troyanos con la astucia. Hicieron un caballo de madera como ofrenda a Atenea por el robo del paladio. Epeo, el carpintero y sus hombres, trabajaban mucho, y lo terminaron en 3 días. Sinón sería el encargado de decirles a los troyanos que los griegos se volvían.

Al caballo subieron: Menelao, Ulises, Diomedes, Epeo, y muchos más. Laocoonte, sacerdote de Apolo, intentó avisarles tirando una lanza al caballo, pero en ese momento aparecieron los soldados con Sinón. Este les contó la historia falsa.

Atenea se enfadó con Laocoonte por arrojar una laza sobre su regalo he hizo que 2 serpientes mataran a sus 2 hijos y a él. Casandra, hija del rey, advirtió sobre el caballo…

Al caer la noche, los griegos esperaron la señal para salir del caballo, y abrir las puertas.

Incendiaron las casas, mataron al rey Príamo y se llevaron a las mujeres. Menelao fue a casa de Deífobo en busca de Helena y encontró a Ulises… a causa de una promesa a Ulises no mató a Helena. Troya quedó reducida a cenizas, y los griegos volvieron a su ciudad…


¿Cuánta gente iba dentro del caballo de Troya?

Según La Odisea y otras fuentes históricas y literarias posteriores, los griegos micénicos vencieron a los troyanos en la guerra que mantenían por hacerse con el control de la estratégica Troya gracias a un ingenioso truco ideado por Ulises.

Construyeron un caballo de madera de 11 metros de altura, introdujeron en su interior un selecto grupo de guerreros y lo dejaron a las puertas de la ciudad.

Los troyanos, curiosos, se llevaron el caballo dentro y cuando menos lo esperaban vieron saltar de su interior a los griegos, que arrasaron la ciudad y mataron a sus habitantes.

El número y la identidad de los ocupantes del caballo varía de unas fuentes a otras. La Odisea dice que albergó a Aquiles y sus 99 hombres. Apolodoro cifra en 50 el número de combatientes, mientras que Tzetzes escribió que fueron 23, y los nombra.

Por último, Quinto de Esmirna cita 29 nombres. Entre ellos: Ulises, Neoptólemo, Menelao, Esténelo, Diomedes, Filoctetes, Ánticlo, Menesteo, Toante, Polipetes, Ayax y Eurípilo.

¿cuál sería el número real? es incierto pero lo que si sabemos que la estrategia funcionó a la perfección.

Viaje al mundo sumergido de los faraones


El Mundo

  • El investigador francés Franck Goddio relata en exclusiva para ELMUNDO sus expediciones submarinas
  • Su equipo ha desvelado algunos de los hallazgos más espectaculares de la Egiptología bajo las aguas del Mediterráneo

Durante siglos, la Historia se olvidó de Thonis-Heraclión y Canopus, con sus bodegas atestadas de maravillas. Las ruinas de ambas ciudades dormitaron sumergidas en la bahía de Abukir, a unos 30 kilómetros al noreste de la marchita Alejandría. Desde el siglo VIII d.C. una gruesa capa de arena y sedimentos fue cubriendo sus tesoros hasta borrarlos de la memoria. Una fatídica sucesión de catástrofes naturales -incluidos un terremoto y varios maremotos- las condenaron a morder el polvo del lecho marino. Su hallazgo hace más de 15 años bajo las aguas del Mediterráneo fue uno de los acontecimientos más formidables de la Egiptología reciente. Franck Goddio, el arqueólogo francés que firmó el rescate, aún conserva frescas las instantáneas de aquella jornada del año 2000 en la que los templos y los puertos de Thonis-Heraclión recuperaron el hálito.

«Recuerdo muy bien el día del descubrimiento de la naos [santuario sagrado] del templo de Amón-Gereb. Sus inscripciones ayudaron rápidamente a identificar el lugar», confiesa a EL MUNDO Goddio con motivo de una gran exposición recién inaugurada en París que reúne los objetos más preciosos arrancados al olvido por su equipo. «Otro recuerdo emocionante», añade, «es el instante en el que volvimos la vista hacia una gran losa de diorita situada en una pared del monumento. Cuando el agua se aclaró, nos dimos cuenta de que era una estela intacta llena de magníficos jeroglíficos. Fue esa pieza la que nos dio el nombre egipcio de la ciudad, Thonis, resolviendo un enigma que había durado dos milenios. Heraclión y Thonis eran la misma villa. Thonis era su denominación egipcia; Heraclión, la griega».

Desde entonces Goddio, convertido en rostro mundial de la arqueología submarina, no ha dejado de hollar la inmensidad que alberga los vestigios de esa villa de nombre doble y de la cercana Canopus, desempolvada en 1997. Situado a dos kilómetros al este del actual puerto de Abukir, el pasado de Canopus se halla esparcido a lo largo de 150 metros. De las profundidades han emergido columnas de granito rojo, bloques de piedra caliza, joyas y monedas del período bizantino. Resguardados por casi dos metros de arena, se hallan los cimientos de un muro de 103 metros que habría rodeado un templo de grandes proporciones. Ambas ciudades conocieron una prosperidad que arruinó la fundación de Alejandría por Alejandro Magno en el 331 a.C. Hasta su reciente renacer, los textos clásicos habían mantenido a buen recaudo su evocación.

El historiador griego Heródoto relata en el siglo V a.C. la existencia de un gran templo en Thonis-Heraclión que primero visitó Hércules y más tarde Helena junto a París antes de que estallara la guerra de Troya. Cuatrocientos años después, también merodeó por su callejero el geógrafo Estrabón. En Canopus, en cambio, el poeta Nicandro sitúa la muerte de Canopus, el piloto del barco del rey Menelao después de sufrir la picadura de una víbora en las arenas de Thonis. Su tragedia terminaría legando su nombre al páramo.

Las excavaciones de la última década, que suelen celebrarse antes de los estragos del estío, han ido recomponiendo los fragmentos escritos que habían sobrevivido al naufragio. «Hay una suerte de diálogo entre los textos antiguos disponibles y nuestros descubrimientos. Algunas veces los documentos dirigen la dirección de nuestros sondeos; otras, los resultados de nuestro trabajo arqueológico explican los textos e incluso proporcionan nueva información sobre los ritos que ni siquiera habían sido documentados», detalla Goddio, fundador y presidente del Instituto Europeo de Arqueología Submarina y director de la Fundación para la Arqueología Náutica del Lejano Oriente. Sus campañas han recuperado del fondo del mar una auténtica fortuna. «Nuestra base de datos tiene inventariados más de 16.000 objetos. Es cierto que unos corresponden a monumentos o estatuas fabulosas y muchas otras a fragmentos de cerámica. Sin embargo, a menudo algunas de esas pequeñas piezas pueden proporcionar una información muy valiosa sobre el yacimiento».

Sumergirse en busca de pesquisas es una tarea costosa y aparatosa. No se trata sólo de enfundarse una escafandra y aventurarse en un océano de posibilidades. Antes de iniciar las exploraciones, la cuadrilla que dirige Goddio examina los textos antiguos y ausculta el lugar con la ayuda de un buque dotado de magnetómetro de Resonancia Magnética Nuclear –capaz de crear mapas magnéticos del fondo marino y arrojar pistas fundamentales sobre ubicación, orientación y tamaño de las piezas enterradas-; un sonar de barrido lateral; un equipo de barimetría multihaz; y un sistema de posicionamiento por satélite DGPS, que corrige los datos recibidos a través de GPS y aporta la ubicación de los restos arqueológicos en aguas poco profundas. Una vez trazado el mapa electrónico, se efectúan sondeos de pruebas que -si cosechan resultados positivos- conducen a la excavación arqueológica definitiva. Es entonces cuando aflora la magnitud del hundimiento. «Cada año que pasa, la exploración revela que el sitio arqueológico se extiende mucho más de lo que imaginamos al principio. No creo que hayamos excavado más del 5% de Thonis-Heraclión y Canopus», admite el experto galo.

Dos vehículos de operación remota, bautizados como Jules y Jim, son la clave de unas inmersiones que pueden llegar a durar ocho horas. Están equipados con cámaras y en su diminuto esqueleto tienen una burbuja de plástico para acomodar a un piloto y un pasajero. Las naves pueden alcanzar los 1.000 metros de profundidad y cuentan con brazos robóticos provistos de una pinza y una ventosa para recoger objetos. Después del rastreo, se desarrolla una minuciosa tarea de catalogación en la que se incluyen la ubicación exacta; muestras de restos orgánicos y subsuelos que arrojan luz sobre la flora y la fauna de la época y ayudan a datar los hallazgos; dibujos del escenario en el que fueron descubiertos los objetos y análisis de la construcción de los antiguos buques.

«Cada nueva campaña nos suscita una gran cantidad de preguntas. Ahora, por ejemplo, estamos siguiendo la pista de un antiguo templo que existía mucho antes del santuario de Amón-Gereb», esboza Goddio, quien compagina la búsqueda submarina de las dos ciudades con la excavación del Portus Magnus de Alejandría. Desde 1992, la misión está reconstruyendo la geografía del puerto oriental de la villa y sus alrededores, hogar de templos y edificios de la época ptolemaica.

Cumpliendo las recomendaciones de la Unesco, la mayoría de las piezas se dejan en el lecho marino. Sólo unas pocas son trasladadas a tierra firme mediante grúas. Una vez allí, son confinadas en una tanque de desalinización para evitar el deterioro. Unos días después, se colocan en agua dulce que se renueva continuamente. Dependiendo del material, se someten a un proceso diferente de limpieza y retirada de los sedimentos. Los metales, por ejemplo, reciben un baño de tratamientos químicos. El precursor de la arqueología submarina -un campo todavía demasiado virgen en la tierra de los faraones- irradia pasión cuando se le interroga por los resultados de la última campaña en Thonis-Heraclión, un enclave donde se han encontrado una red de canales y un puerto que hasta el nacimiento de Alejandría era la puerta de entrada obligatoria para los navíos procedentes del mundo griego.

Desde el final de su extravío, se han localizado más de 700 anclas antiguas y el rastro de 60 naufragios cuyas fechas oscilan entre los siglos VI a.C. y II d.C. «La temporada que acabamos de cerrar ha sido realmente interesante. La excavaciones que hemos llevado a cabo en el canal sagrado alrededor de la barca ceremonial, hundida a propósito, han sacado a la luz que junto al buque hay platos de ofrendas e instrumentos rituales que muestran la importancia de las donaciones al dios», comenta Goddio. Durante los años venideros la misión escudriñará «la zona de la ciudad donde se ubica el asentamiento más antiguo». «Excavaremos el norte de la urbe. Durante la última campaña hemos localizado allí restos muy prometedores de un monumento enorme».

Los colosos de Memnón vuelven a levantarse en la antigua Tebas


El Mundo

  • ARQUEOLOGÍA Un trabajo con participación española

colososdememnon

Hace 3.200 años la tierra tembló en la antigua Tebas. La convulsión causó una escabechina en el templo de Amenhotep III, el más extenso e imponente de todos los templos conmemorativos que salpican la orilla occidental de la actual Luxor. Cientos de esculturas – retratos del faraón, su estirpe y sus deidades más queridas- se despeñaron vencidas por la sacudida. Solo permanecieron en pie las moles del faraón que flanqueaban la entrada al complejo. En el año 27 a.C. las figuras sedentes del monarca resistieron un nuevo seísmo. El envite, sin embargo, agrietó el coloso norte. De la pequeña hendidura nació un rumor que griegos y romanos convirtieron en la leyenda de Memnón, rey etíope, héroe de la guerra de Troya e hijo de Eos (la diosa del amanecer).

“Era una grieta estructural. La cuarcita suena. El ruido que emitía lo asociaron con los gemidos de Eos que lloraba la muerte de su vástago en Troya”, cuenta a EL MUNDO el arqueólogo español Miguel Ángel López Marcos, miembro del proyecto que trata de recuperar el templo de Amenhotep III (1387-1348 a.C.) y rescatar la memoria del bisnieto del gran Tutmosis III y padre del hereje Ajenatón, enterrada por la fábula de “los colosos de Memnón” y los temblores que hundieron el recinto.

La tarea, a la que la misión arqueológica egipcio-europea ha dedicado ya dieciséis campañas, ha desvelado esta semana su conquista más lograda hasta la fecha: dos figuras colosales del faraón, cosidas a partir de decenas o cientos de piezas, han vuelto a erguirse sobre la vasta llanura que un día ocupó el templo. La primera se halla a unos cien metros al oeste de los gigantes de Memnón, escoltando la puerta del segundo pilón. El rey aparece sentado con sus brazos recostados sobre las rodillas. En la cabeza, el nemes -la especie de tocado de tela que usaban los faraones- con las trazas de una doble corona de la que solo se han hallado algunos vestigios. Y como atuendo, una falda real con pliegues. Junto a la pierna izquierda, en las jambas del trono, asoma la estatua de su esposa, la gran reina consorte Tiy. La efigie de su madre Mutemuia debía decorar el lado derecho pero permanece desaparecida.

“Han sido diez años de puzzle. Este coloso pesa 300 toneladas y hemos llegado a pegar más de 370 fragmentos. Desde piezas de 10 o 12 gramos hasta una de 250 toneladas”, explica López Marcos, impresionado aún por la proeza que supuso su construcción y el traslado de la cuarcita desde las canteras de Gebel el Ahmar, cerca de la actual capital egipcia. “Me sigue pareciendo increíble que pudieran mover cientos de toneladas en un barco a contracorriente a lo largo de 700 kilómetros”.

Restos sumergidos en el agua

La restauración no ha resultado menos laboriosa. Sus pedazos fueron sepultados por los aluviones del Nilo en medio de un terreno arcilloso e inestable. Aparecieron en 2002 sumergidos en el agua a tres metros de profundidad. Ayudada por poleas -a la usanza faraónica- y modernos cojines de aire comprimido, una legión de trescientos obreros los recuperó del fango. En 2011, tras su paso por quirófano, el cuerpo -a falta de testa, torso, pie y rodillas- fue colocado en un pedestal consolidado con cemento. Y ha sido durante esta campaña cuando ha recobrado las extremidades, incluida una cabeza de 16 toneladas.

El segundo de los colosos presentados en sociedad está ubicado cerca del lugar donde se alzaba la puerta norte de un recinto que consta de tres patios, un peristilo, una sala hipóstila y un santuario. Son trece metros que se yerguen hacia el cielo con Amenhotep III de pie, enfundado en la corona del Alto Egipto y un rollo de papiro asido en cada mano. “Se trata de la mayor reconstrucción realizada hasta la fecha“, apunta López. Para la próxima temporada, que arrancará en noviembre, le aguarda la misión de recomponer y levantar las parejas de ambos colosos.

Piedra a piedra, el más espectacular de los templos de Millones de Años (como se denomina a los templos funerarios del Imperio Nuevo) descubre sus tesoros. “Estamos devolviendo la vida a unos monumentos que se hallaban abandonados; proporcionando un poco de dignidad al templo y recuperando parte de la gloria del constructor de este recinto, Amenhotep III”, declara a este diario la arqueóloga germano-armenia Hourig Sourouzian, directora del proyecto. Tras el terremoto que lo redujo a ruinas en 1.200 a.C., su arquitectura se diluyó. Por orden de otros faraones sus piedras fueron trasladadas y reutilizadas en la construcción de templos colindantes como el de Merenptah (1213-1203 a.C.) y el Ramesseum. Y en el siglo XIX, en pleno furor por la egiptología, franceses e ingleses hallaron en sus confines un buen almacén donde conseguir material para las estanterías del Louvre o el Museo Británico. Dos de las esfinges del templo custodian desde la década de 1830 el muelle de la Universidad de San Petersburgo.

Los restos que sobrevivieron a monarcas y coleccionistas estaban abocados al colapso en 1998, cuando el Fondo Mundial de Monumentos lo incluyó en su lista de los 100 sitios en peligro de desaparición. “Estaba amenazado por el agua, el salitre, la vegetación, la agricultura y el vandalismo”, recuerda Sourouzian, feliz por los avances y los hallazgos. En esta última campaña, que concluyó ayer lunes, se ha desenterrado la estatua de Iset, hija Amenhotep III, entre las piernas de uno de los colosos que hacía guardia en el tercer pilón. “Es la única pareja de colosos de alabastro que existe en el mundo y la primera vez que Iset aparece en el templo”, esboza la directora, empeñada en crear un museo al aire libre con las piezas recuperadas. “Trabajaremos aquí entre cinco y diez temporadas más para poner los descubrimientos en exhibición y remontar la entrada. Luego, dejaremos los patios y el resto del templo a futuras generaciones”, detalla ante de confesar su quimera. “Imagino a cada rato cómo sería el templo y sueño con la idea de regresar en el tiempo y poder ver como era”.