Guerra de la Independencia Española 1808-1814


La Guerra de la Independencia Española fue una contienda mantenida entre 1808 y 1814 por el pueblo español contra los ejércitos franceses de Napoleón, la cual coincide con un intento de trasformar las estructuras internas del Estado y de la sociedad que se plasmará en las Cortes de Cádiz. Desde el punto de vista europeo, se inserta dentro de las guerras de resistencia contra el poder de Napoleón, desarrolladas en Rusia, Prusia y España. Esta última es la más larga y dio pie a que se pudiera vencer a Napoleón.

 

En sus aspectos militares cabe distinguir varias etapas:

1ª) Comprende los preparativos de la confrontación. El Tratado de Fontainebleau de 1807 sienta las bases de la invasión, ya que en él Godoy y Napoleón acuerdan que las tropas francesas invadirían Portugal, mediante un ejército que entraría por España formado por 28.000 hombres, mientras en la frontera quedarían otros 40.000 franceses.

Debido a éste acuerdo, las tropas francesas penetran en la Península formando cuatro ejércitos: uno que siguiendo la dirección de Burgos, Ciudad Rodrigo y Alcántara se dirige a Portugal. Otro se dirige al sur pasando por Madrid. El tercero toma Pamplona, Roncesvalles y Zaragoza y el cuarto se dirige a la costa mediterránea, hasta Cataluña y Valencia. El acontecimiento más importante de esta época, y sin duda el desencadenante directo de la guerra franco-española, es el Levantamiento del Dos de Mayo: ese día, el pueblo de Madrid acaudillado por los capitanes Daoíz y Velarde y por el teniente Ruiz, se alza en armas contra las tropas de Murat para oponerse a la marcha del infante y el resto de la Familia Real a Bayona. Las gentes, irritadas, entran en palacio mientras otros cortan las correas del carruaje para impedir la partida del rey y manifiestan su indignación contra los franceses. Murat, enterado de los acontecimientos, envía algunas fuerzas para aplastar lo que considera un motín. Como reacción, el pueblo de Madrid se levanta en armas contra el invasor francés. Los dirigentes de la resistencia mueren en el combate y Murat ordena una durísima represión.

En estos primeros momentos de la guerra, también Zaragoza conoce su primer sitio durante los meses de junio y agosto de 1808. Al conocerse los levantamientos del 2 de Mayo en Madrid, los ciudadanos de Zaragoza solicitan armas a la Capitanía General para defender a la ciudad ante la presencia de tropas francesas dirigidas por el general Lefebvre. A principios del verano de 1808 los franceses inician el sitio a Zaragoza, defendida ahora por el general Palafox, que resiste los primeros asaltos a costa de gran cantidad de bajas entre los defensores. En este episodio sobresale la acción de Agustina de Aragón. Al comenzar el año 1809 la situación de los sitiados se hace insoportable: el hambre, las enfermedades y los continuos combates, a veces cuerpo a cuerpo por las calles, diezman la resistencia de los zaragozanos, contabilizándose cerca de 50.000 víctimas. Por fin, el 20 de febrero, la Junta Ciudadana decide la capitulación de Zaragoza ante los franceses. Al día siguiente éstos entran en la ciudad poniendo así fin a un asedio de setenta y dos días.

Los enfrentamientos armados surgen por todos los lugares de España. El levantamiento del 2 de mayo en Madrid muy pronto se propaga por todo el país, en gran parte difundido por el bando o proclama de los alcaldes de Móstoles. Comienza así la resistencia armada, de carácter eminentemente popular, contra la dominación francesa. Los primeros brotes bélicos estallan en Oviedo el 9 de mayo de 1808 y enseguida se definen importantes focos de resistencia. El general Cuesta dirige los focos rebeldes de Castilla La Vieja; en Zaragoza, el brigadier Palafox resiste el asedio del mariscal Lefèbvre; Gerona también rechaza el asedio francés…

 

El mayor descalabro de estos primeros momentos de la guerra se produce en Bailén (Véase Batalla de Bailén) el 19 de agosto de 1808: el general Dupont es derrotado por las fuerzas regulares de las Juntas de Granada y Sevilla, mandadas por el general Castaños. Los franceses abandonan el sitio de Zaragoza y Gerona, José I Bonaparte huye de Madrid y, sobre todo, se quebranta el mito de la invencibilidad del ejército imperial. Las consecuencias de esta victoria son trascendentales: los ejércitos franceses, con José Bonaparte, se retiran a Avila y las tropas españolas del oeste, mandadas por Blake, llegan hasta Vizcaya. Las de Extremadura llegan a Burgos, el ejército de Castaños llega a Tudela y el de Palafox toma Sangüesa. Las tropas francesas, en virtud del tratado de Cintra, son evacuadas de Portugal. Por último, concluye el primer asedio a Zaragoza y Gerona. La victoria de Bailén es la primera derrota de los ejércitos napoleónicos: éste hecho dio aliento a las naciones europeas y en Viena se forma una coalición contra Napoleón.

En esta guerra, la contribución popular fue enormemente destacada desde un principio, sobre toda con la participación de hombres civiles que agrupados en torno de un líder local se convirtieron en grupos de guerrilleros que lucharon fieramente contra los franceses. Los guerrilleros más famosos fueron, entre otros: Jerónimo Merino (el cura Merino) que, arrancado del altar por los franceses, fue obligado a portar el bombo de una banda militar de música; cuando fue libre, encabezó una terrible venganza contra los invasores. En Navarra destacó Espoz y Mina, que obtuvo brillantes éxitos frente a los franceses. En Aragón fue el tío Jorge y en Salamanca el labrador Julián Sánchez. Pero el más popular por su eficacia fue Juan Martín Díaz El Empecinado, que derrotó repetidas veces a grupos de franceses aunque procuraba respetar la vida de los derrotados. Intervino continuamente las vías de comunicación postal entre los invasoresy figuró con gran maestría en la batalla de Talavera, siendo el encargado de impedir la comunicación francesa entre Madrid y Aragón, misión que cumplió con notable éxito.

2ª) Etapa que comprende desde la batalla de Bailén hasta la partida de Napoleón de España en el año 1809. Deshechos los primeros planes de conquista franceses, Napoleón decidió venir a España con el Gran Ejército compuesto por más de 20.0000 soldados y dirigidos por los mariscales más prestigiosos de su ejército. Tenía Napoleón el propósito de dar una batalla total y única, pero para ello tenía que reunir los cuatro ejércitos dispersos por la Península. El ejército español situado en Extremadura, mandado por el duque de Belveder, era el encargado de cortar el paso a Napoleón y así facilitar la unión del de Blake (ejército del oeste) y el que Castaños comandaba en el este. Napoleón mandó a sus mariscales Soult y Lefevre contra Blake, al que derrotan en Espinosa de los Monteros (Burgos). Soult propuso a Napoleón una campaña contra Asturias y Galicia para poder cortar las frecuentes entradas de tropas inglesas a través del puerto de La Coruña. Contra el ejército de Castaños mandó Napoleón a Lannes, que es derrotado en Tudela aunque se acantona en Guadalajara. Moncey es enviado contra Zaragoza. Burgos se convierte en el centro de poder militar y de aprovisionamiento de Napoleón.

Desde allí se desplaza hasta Madrid y en el paso de Guadarrama se enfrenta a los ejércitos españoles que le cortan el avance. El 30 de noviembre de 1808 tiene lugar la batalla de Somosierra, la última defensa natural que se interpone en el camino de Madrid. A principios de diciembre se establece en Chamartín y, tras intimidar a la población, obtiene la entrega de la ciudad y vuelve a ser repuesto José I. Estando en Madrid, Napoleón recibe informaciones de los adelantos efectuados por los ejércitos ingleses mandados por Moore, que han conseguido unirse al español situado en el oeste. Con una rapidez asombrosa, Napoleón atraviesa el Guadarrama, a pesar de la intensa nevada, llegando a Benavente y Astorga cuando Moore ya ha abandonado las tierras del Esla.

En Asturias se están armando tropas contra los franceses. Teniendo que marchar Napoleón a Francia, deja al general Soult al frente de los ejércitos napoleónicos de la Península, con la misión inmediata de derrotar al inglés Moore, objetivo que consigue haciendo capitular a La Coruña. La intensificación de la ofensiva francesa con la presencia de Napoleón fue grande: Zaragoza sufre un segundo sitio, resistiendo heroicamente los ataques de Moncey, Junot y, finalmente, Lannes. La enfermedad de Palafox, la epidemia que produce 200 ó 300 muertos diarios y los continuos ataques de los sitiadores obligó a Zaragoza a rendirse con todos los honores. Gerona volvió a sufrir su tercer sitio y, después de ocho meses de resistencia con epidemias y hambres generalizadas, Alvarez de Castro, cuando ya sólo quedan unos 1500 defensores, capitula ante Verdier general que dirige a los 50000 franceses. El mariscal Víctor derrota a los españoles en Uclés y Medellín, pero fue retenido por los ejércitos ingleses y españoles dirigidos por Lord Wellington. Soult atraviesa el río Miño y penetra en Braga y Oporto, aunque poco después tiene que huir precipitadamente ante la presencia del ejército anglo-hispano. Sir Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington, se decide a dar una batalla decisiva, librándose ésta en Talavera de la Reina el 27 de julio de 1809: Wellington organiza desde Lisboa una serie de ataques hacia el norte, donde consigue desalojar de Oporto a Soult quien se refugia en Galicia. Otros ataques son dirigidos hacia Extremadura, contra Víctor y en colaboración con las tropas españolas del general Cuesta. Es entonces cuando se produce la batalla de Talavera, como consecuencia de la cual los franceses se retiran hacia Madrid y Wellington, amenazado por Soult desde Plasencia, se ve obligado a replegarse sobre Badajoz. El resultado de esta confrontación fue incierto, pues ambos bandos se atribuyeron la victoria.

3ª) Esta etapa comprende desde el año 1810 al 1812 y en ella destacan dos aspectos. Uno es el desplazamiento de los ejércitos invasores hacia el sur, los cuales penetran en el valle del Guadalquivir en tres cuerpos (uno pasa por Santiesteban en Jaén para dominar la alta Andalucía, otro por Despeñaperros y el tercero por Los Pedroches), ocupando toda Andalucía excepto Cádiz, que había sido reforzada con tropas del duque de Alburquerque y resistió el asedio francés por las provisiones recibidas a través del mar. El segundo aspecto destacable de este periodo es la presencia de Wellington en Portugal: hacia él se dirige el mariscal Messena, que toma Ciudad Rodrigo y poco después Almeida, aunque Wellington pudo resistir y derrotar a los franceses en la localidad de Torres-Vedras. Soult, desde Cádiz, acude en ayuda de Massena tomando Badajoz, luego liberada por el ejército español que derrota a Soult en la batalla de Fuentes de Oñoro (Salamanca), el 3 de mayo de 1811. Éste es el último episodio de una expedición claramente derrotada: a partir de ahora, la guerra de España se convierte para los franceses en una auténtica pesadilla. La guerra languidece, la iniciativa francesa se pierde, Massena se retira de Extremadura en el año 1812 y se produce cierto equilibrio y estabilidad de fuerzas.
(Véase Batalla de la Albuera).

4ª) Etapa que comprende desde el año 1812 al final de la guerra en el año 1814. En el año 1812 la guerra de España cambia radicalmente de signo. Napoleón saca tropas de España para su campaña en Rusia. Los efectivos franceses quedan así bastante reducidos y el duque de Wellington pasa a la ofensiva. Los primeros objetivos son recobrar las fortalezas de la ciudad salmantina de Ciudad Rodrigo y Badajoz y aislar a Soult. En este contexto, el 22 de julio de 1812 tiene lugar la batalla de los Arapiles, donde Wellington consigue eludir la concentración de las operaciones de Soult, cuyas tropas sufren muchas bajas y se repliegan. Consecuencia de todo ello es la evacuación de Madrid por el Rey José I, que se dirige a Valencia. Soult levanta el sitio de Cádiz, evacua Andalucía y se retira también sobre Valencia. Las tropas francesas, tras esta ofensiva, no han sido destruidas, puesto que todavía cuentan con dos núcleos importantes de apoyo: la línea del Ebro en el norte y Valencia, desde donde lanzarán la contraofensiva. Así pues, a finales de año los franceses conservan las posiciones territoriales, excepto en Andalucía, pero se hayan muy debilitados y sin posibilidad de conseguir refuerzos por las campañas de Napoleón en Rusia. En la primavera de 1813 tienen lugar las operaciones decisivas de la guerra. El duque de Wellington plantea una doble línea de ataque desde Portugal: por el ala izquierda, cortando las comunicaciones de los franceses con Castilla y un empuje frontal. La doble marcha obliga a los franceses a evacuar Madrid y a replegarse, sin combatir, hasta Vitoria. Es entonces cuando se produce la batalla de Vitoria el 21 de junio de 1813: las tropas españolas del ejército de Castilla, al mando de Castaño, y el ejército de Galicia, al mando de Lacy, se unen al ejército de Wellington y derrotan definitivamente a los franceses, que evacuan España excepto la línea San Sebastián-Pamplona, el bastión de Santoña y la zona de Levante que conserva Suchet. El propio José I se salva de caer prisionero al huir hacia Pamplona.

Finalmente, el 31 de agosto de 1813 los franceses son derrotados por el ejército hispano-inglés en la batalla de San Marcial y se ven obligados a repasar definitivamente la frontera del Pirineo occidental. En Cataluña quedó un pequeño ejército francés al mando de Suchet que, tras la firma de un pacto de fin de hostilidades entre Soult y Wellington, tuvo que abandonar Cataluña y evacuar los restos de franceses que quedaban por España.

 

1809 – Batalla de Ocaña


La batalla de Ocaña fue un enfrentamiento militar de la Guerra de la Independencia Española. Tuvo lugar el 19 de noviembre de 1809 junto al municipio toledano de Ocaña. Enfrentó a un ejército francés de unos 40.000 infantes, 6.000 caballos y numerosa artillería al mando del Mariscal Soult con otro español de unos 51.869 hombres, de los cuales 5.766 eran de caballería, con 55 piezas de artillería al mando del general Aréizaga.

Plano de la Batalla de Ocaña

Preparación

Después de la batalla de Talavera, Francisco de Eguía sucedió al general Cuesta en el mando del Ejército de Extremadura. Cumpliendo las órdenes de la Junta Central, Eguía pasó a reunirse con el Ejército de La Mancha, que derrotado en la batalla de Almonacid se había instalado en Sierra Morena, sentando a finales de septiembre su Cuartel General en el municipio ciudarrealeño de Daimiel, donde tomó el mando. Situado el ejército inglés de lord Wellington en Portugal, Eguía sólo había dejado en Extremadura unos 12.000 hombres al mando del duque de Alburquerque.

El ejército formado por la Junta Central era el mejor y más fuerte que España había conseguido reunir tras el desastre de Tudela, gracias a los uniformes, las armas y el equipamiento enviados por los aliados británicos. Los efectivos con los que contaba el 3 de octubre eran 51.896 infantes, 5.766 caballos, 35 piezas de artillería y algunas compañías de zapadores.

En cuanto al ejército francés, ya concentrado de nuevo después de su victoria de Almonacid de Toledo, efectuó un movimiento ofensivo en dirección a Daimiel, por Villarrubia de los Ojos con el I Cuerpo al mando del mariscal Víctor, y por Villaharta a Manzanares con el IV Cuerpo del mariscal Sebastiani, lo que obligó de nuevo al Ejército de La Mancha a volver a su refugio de Sierra Morena. Este hecho disgustó en extremo a la Junta Central, que acariciaba la idea de arrojar al enemigo de Madrid, y el general Eguía fue destituido debido a su irresolución y conducta en extremo prudente, sucediéndole en el cargo el general Juan Carlos de Aréizaga, quien se había dado a conocer recientemente en la batalla de Alcañiz y se encontraba en Lérida, comisionado por el general Blake para preparar la resistencia de la ciudad a los ataques de los franceses de Aragón. Fue nombrado Jefe del ejército del Centro el 22 de octubre de 1809, tomando posesión al día siguiente.

Movimientos previos

El 3 de noviembre, Aréizaga se traslada con sus tropas pasando del Cuartel general a Santa Cruz de Mudela y el 7 de noviembre a Herencia. Las tropas de Aréizaga estaban organizadas en una vanguardia, siete divisiones de infantería y otra de caballería, mandadas respectivamente por los brigadieres Zayas, Luis Lacy, Gaspar de Vigodet, Pedro Agustín Girón, Francisco González Castejón; mariscales de campo Tomás de Zeraín y Pelegrin Jácome; brigadieres Francisco Cópons y mariscal de campo Manuel Freire, muy experto el último en el manejo de la caballería.

La caballería precedía al ejército para explorar el terreno, que se apresuraban a abandonar los jinetes imperiales franceses de Milhaud y París al ver la rapidez con que avanzaban los españoles. A pesar de ello, tuvieron lugar algunos combates, como sucedió en la Cuesta del Madero y a las mismas puertas de Ocaña, junto a cuya villa se encontraba ya reunido el 11 de noviembre todo el ejército español, habiéndola abandonado la noche anterior la brigada Milhaud y la división polaca del IV Cuerpo, que se replegaron hacia Aranjuez.

Aréizaga se dispuso el 14 de noviembre a efectuar el paso del Tajo, la División Lacy por Colmenar de Oreja y el resto del ejército por Villamanrique de Tajo, donde a uno y otro vado desplegaron los ingenieros españoles dos puentes de carros. Dicha operación se vio entorpecida por un temporal que duró tres días. Este inesperado contratiempo desconcertó a Aréizaga y desistió de ella, perdiendo un tiempo precioso, pues mientras él permanecía en Santa Cruz de la Zarza en la mayor indecisión, los franceses reunían en Aranjuez todas sus fuerzas al mando del rey José Bonaparte en persona, con el mariscal Soult: 40.000 infantes, 6.000 caballos y numerosa artillería que mandaba el general Sénarmont. Sin embargo, recelosos todavía los franceses y sin resolverse a tomar la ofensiva, dejaron que Aréizaga avanzase de nuevo a Ocaña el 18 de noviembre, donde hubo un choque de caballería en Ontígola, pudiendo el general español establecer allí tranquilamente sus tropas en la mañana del 19 de noviembre, al saber que los franceses habían al fin determinado atacarle.

Primeros ataques

El Ejército español formó en dos líneas a derecha e izquierda de Ocaña con la caballería en los flancos: el grupo mayor, mandado por el general Freire, a la derecha, un poco a retaguardia y el otro grupo al mando del coronel Ossorio. A las diez de la mañana rompieron el fuego las guerrillas de uno y otro ejército, dirigiéndose el mariscal Mortier con las divisiones polaca y alemana del IV Cuerpo, apoyadas por otra del V Cuerpo, contra la derecha y centro del ejército español, mientras la de Dessolles se presentaba al frente de Ocaña por la derecha de aquéllas y el general Sénarmont establecía casi toda la artillería de ambos cuerpos en una prominencia que dominaba perfectamente el campo de acción, quedando en reserva con la Guardia Real y las tropas restantes.

La caballería imperial francesa, puesta a las órdenes del general Sebastiani, dio un gran rodeo para practicar un movimiento envolvente sobre la derecha española, objetivo principal del ataque.

Comienza la batalla

La primera acometida de los soldados polacos fue rechazada por los españoles, que salieron a su encuentro y sólo pudieron ser contenidos en su avance por la artillería francesa, bajo cuya protección se rehizo de nuevo el frente polaco. El frente español reiteró el ataque con más energía y pese a los esfuerzos de su artillería fue empujada la línea española a retaguardia, teniendo al fin que efectuar un cambio de frente, ante la amenaza de la caballería de Sebastiani que se divisaba ya hacia su flanco. Dicho movimiento, difícil en circunstancias tan críticas, incluso para tropas veteranas, lo efectuaron las tropas españolas, unas en desorden, otras con el mayor aplomo y serenidad, sobre todo las de la 1.ª División, cuyo jefe, el brigadier Lacy, empuñando la bandera del regimiento de Burgos para alentar a los suyos, escarmentó a los que de cerca le acosaban, siendo herido el general francés Lewal, que perdió además uno de sus ayudantes. También fue gravemente herido, por la parte española, el marqués de Villacampo, ayudante de Lacy.

Viendo el mariscal Mortier que flaqueaba su primera línea, mandó a Girard que con su división (la 1.ª del V Cuerpo) marchase por los intervalos de aquélla contra los españoles, los cuales, observando que por su izquierda las tropas de Desolles estaban próximas a penetrar en Ocaña y que por su derecha la caballería española huía ante la gran masa de jinetes franceses dispuestos a la carga, cedieron al fin buscando el apoyo de la vanguardia.

Final de la batalla

Poco más tarde del mediodía, la caballería imperial francesa, dejando cortados en su rápido movimiento envolvente regimientos enteros, obligó al ejército español a rendir las armas. En las filas españolas, todo fue confusión y pánico, siendo impotentes los jefes y oficiales para contener la dispersión.

Zayas, recibiendo a cada instantes órdenes contradictorias, se mantuvo algún tiempo en su puesto, pero ocupada la villa de Ocaña por los soldados de Girard y de Desolles, tuvo también que retirarse, aunque lo hizo en buen orden, retrocediendo paso a paso hasta llegar a Dosbarrios, donde fue al fin envuelto en la derrota general. Tan sólo la división Vigodet pudo mantenerse unida y en formación ordenada gracias al ejemplo del regimiento de la Corona, cuyo Cuerpo, rodeado de franceses, juró ante su coronel José Luis de Lioni no separarse de sus oficiales, y salvar cinco piezas de artillería con sus carros de municiones, sirviendo aquella División de núcleo para que se le reuniesen algunos Cuerpos de las restantes y unos 200 caballos. Esta columna se dirigió a Yepes, más tarde a La Guardia, y hallando este pueblo ocupado por el enemigo a Turleque, en cuyo punto volvió a ponerse a las órdenes de su general en jefe, sin haber dejado en tan largo y tortuoso camino ni un hombre ni una pieza.

Aréizaga permaneció durante toda la batalla encaramado en una de las torres de Ocaña, atalayando el campo, pero sin dar disposición alguna ni dirigir la marcha del combate y después tomó el camino de Dosbarrios, La Guardia y Daimiel, donde el 20 de noviembre informó a la Junta Central de la catástrofe. Ésta fue espantosa, pues 4.000 hombres resultaron muertos o heridos, de 15.000 a 20.000 prisioneros y se perdieron 40 cañones, equipajes, víveres, etc., casi todo el material del ejército español. El regimiento de España perdió sus dos primeros jefes, 35 oficiales y 800 soldados entre muertos, heridos y prisioneros; el de Málaga las dos terceras partes de su fuerza, y así la mayor parte de los Cuerpos. A pesar del desastre y la derrota sufrida, Aréizaga recibió el agradecimiento de la Junta Central y compensaciones por los servicios prestados.

Anécdotas

  • Algunos Cuerpos, como el Batallón de Vélez-Málaga, se abrieron paso a la bayoneta por las calles de Ocaña; los batallones de Burgos y Chinchilla dieron también brillantes cargas.
  • La Compañía de granaderos de Bailén, de la que era capitán Francisco Zavala, consiguió, auxiliada por el ayudante Valentín de Torres y los subtenientes Manuel Sánchez y Pedro López, desembarrancar una batería y salvar a brazo las piezas.
  • El cabo Antonio Martín, de la Compañía de Voluntarios de Sevilla, viendo al subteniente abanderado herido y postrado en tierra, recogió de sus manos la bandera y, rodeándola a la cintura debajo del uniforme, la mantuvo oculta todo el tiempo que estuvo prisionero, hasta que, habiendo logrado fugarse, pudo presentarla el 31 de diciembre a su general en jefe en La Carolina. Fue recompensado con la subtenencia de la misma bandera (según Gaceta del 3 de abril de 1810).
  • El sargento de Córdoba, Andrés Quercó, al ver que el enemigo arrebataba una de las banderas del regimiento, pasó por entre las filas contrarias y llegando al punto donde estaba la bandera, se apoderó de ella dando muerte al que la empuñaba y se reunió después con su Cuerpo en Puertollano, ostentando su glorioso trofeo.
  • La tradición popular atribuyó escenas de gran valor y alta moral, si bien muy poco probables, como la del soldado de Málaga que al ser conducido al hospital a hombros de sus compañeros, pues había perdido ambas piernas por el impacto de un cañonazo, tiró al aire su chacó al ver a su regimiento y exclamando: ¡Esto no es nada, compañeros: viva Fernando VII!
  • En esta batalla participó el general chileno José Miguel Carrera Verdugo, uno de los próceres de la Independencia de Chile y actor importante del las Batallas entre unitarios y federales argentinos. Tras una serie de batallas en España donde demostró su valor, en Ocaña fue herido de una pierna, acción que le valió el ser condecorado con la “Cruz de Talavera” y el ser ascendido a Sargento Mayor del regimiento “Húsares de Galicia”.
Batalla de Ocaña
Guerra de la Independencia Española, dentro de las Guerras Napoleónicas
Fecha 19 de noviembre de 1809
Lugar Ocaña, España
Coordenadas 39°57′N 3°30′O (mapa)
Resultado Victoria francesa
Beligerantes
Primer Imperio francés Reino de España
Comandantes
Jean de Dieu Soult Juan Carlos de Aréizaga
Fuerzas en combate
50.000 hombres 40.000 infantes, 5.700 jinetes y 50 cañones
Bajas
2.000 muertos y heridos 1.800 muertos, 2.700 heridos, 17.000 prisioneros y 40 cañones capturados

Málaga se cita con su historia


web

  • La asociación ‘Teodoro Reding’ celebró ayer en la playa de la Malagueta una reconstrucción histórica del asalto de la Royal Navy al puerto

 

La recreación contó con la participación de La Grace, una embarcación checa réplica de un bergantín del siglo XVIII. El acto fue posible gracias a la ayuda de numerosos colaboradores

La playa de la Malagueta fue anfitriona ayer, como lo fuera allá por 1812, del desembarco de una expedición británica que arribó en la entonces base corsaria napoleónica de Málaga con intención de asaltarla. Por segundo año consecutivo, la Asociación Histórico- Cultural «Teodoro Reding» de Málaga recreó el asalto de la Royal Navy al puerto durante la Guerra de la Independencia española (1808 – 1814). Con un tiempo envidiable para un 26 de octubre y con numeroso público, la cita comenzó con un desfile desde la plaza de la Constitución hasta el puerto. Una vez allí, algunos de los participantes en esta recreación embarcaron en el bergantín La Grace y otros tomaron posiciones en la playa de La Malagueta. Allí, La Grace, una embarcación checa réplica de un bergantín del siglo XVIII, fue protagonista del asalto a la antigua Batería de San Nicolás.

Este colectivo está formado por voluntarios de todas las edades, mayoritariamente estudiantes de Historia que, en su tiempo libre y sin ánimo de lucro, investigan y divulgan la historia de Málaga y de España en los siglos XVIII y XIX.

La recreación fue posible gracias a un centenar de mecenas, entre empresas, asociaciones y particulares, que apoyaron esta campaña de crowdfunding, con la que sus organizadores consiguieron recaudar los 1.120 euros necesarios para sufragar parte de los gastos del evento. Las aportaciones no sólo proceden de Málaga, sino también de otros puntos de España como Granada, Cádiz, Zaragoza, Gerona, Cáceres o Madrid.

No obstante, logrado el primer objetivo de financiación, la asociación ha acordado donar, en forma de alimentos, a los Ángeles Malagueños de la Noche la mitad de lo que se recaude a partir de ahora.

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