La traición del viejo Rey: el trágico final del Gran Capitán lejos de la guerra y de la corte


ABC.es CÉSAR CERVERAC_Cervera_ Interesante (como siempre) artículo de Cesar Cervera

  • 500 aniversario de la muerte de Gonzalo Fernández de Córdoba
  • Hace hoy 500 años, el general cordobés murió en Loja (Granada), triste y abandonado políticamente, a causa de un brote de fiebres cuartanas, enfermedad que había contraído en una de las guerras del Rey

 


 

 El Gran Capitan contemplando el cadaver del duque de Nemours - Museo del Prado

El Gran Capitan contemplando el cadaver del duque de Nemours – Museo del Prado

A los 62 años, el Gran Capitán falleció en Loja (Granada), aislado políticamente, a causa de un brote de fiebres cuartanas, enfermedad que había contraído en una de las guerras del Rey. Semanas después de su muerte llegaron decenas de cartas de condolencia a su familia, entre ellas la del Rey Fernando, que invocaba su vieja amistad y trataba de disimular con palabras gruesas el hecho de que había incumplido todas sus promesas de recompensa, una detrás de otra; y la del joven Carlos de Gante, quién había oído desde niño la historia de su odisea italiana. Paradójicamente, Fernando El Católico moriría solo un mes después que aquel hombre al que tantas desconfianzas había destinado.

La falta de fuentes documentales del periodo hace que la mayor parte de lo que se conoce sobre Gonzalo Fernández de Córdoba proceda del clásico mito del vasallo maltratado, incluida la historia de las famosas cuentas del Gran Capitán. Así, las victorias del Gran Capitán en Ceriñola y Garellano, lejos de despertar una gratitud incondicional por parte de Fernando El Católico, vinieron acompañado de una revisión de las cuentas de sus gastos bélicos. A medio camino entre la realidad y la leyenda, la muerte de Isabel La Católica en 1504, que siempre había salido al paso de las acusaciones de corrupción lanzadas contra el cordobés, dejó las manos libres a su desconfiado marido para enviar unos contadores de la corona a investigar al virrey de Nápoles.

Investigado por corrupción

En el otoño de 1506, Fernando reclamó a Gonzalo claridad en sus cuentas nada más desembarcar en el reino italiano. «Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del Rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados», contestó supuestamente el Gran Capitán ofendido por la ingratitud del Rey.

Desde entonces, la expresión «las cuentas del Gran Capitán» y la respuesta dada por el general se utilizan para ridiculizar una relación poco pormenorizada o para negar una explicación pedida por algo a la que no se tiene derecho. La respuesta altiva achacada al Gran Capitán, en cualquier caso, nunca se ha podido demostrar y corresponde a la típica del soldado español de la época: fiel pero orgulloso, desapegado de lo material, valiente hasta la temeridad, violento y desafiante.

La muerte de Isabel La Católica dejó las manos libres a su desconfiado marido para enviar unos contadores de la corona a investigar al virrey

Lo que sí parece probable es que el Gran Capitán entregó, sin malas palabras o altivez, unas cuentas que no fueron del agrado del Monarca. Como señala el libro recientemente reeditado por EDAF «El Gran Capitán» (escrito por José María Sánchez de Toca y Fernando Martínez Laínez), los interventores de la Hacienda real consideraron excesivo el dinero gastado en la Guerra de Nápoles de 1501 a 1503. En consecuencia, los episodios de tensión entre el virrey y Fernando de Aragón no dejaron de sucederse durante su estancia en Nápoles.

Una de las historias más extendidas es que, estando la flota española anclada en la bahía de Nápoles, los 1.500 vizcaínos al servicio del capitán general Juan de Lezcano escucharon el falso rumor de que Gonzalo Fernández de Córdoba, con el que habían servido durante años, había sido confinado en Castel Nuovo. Los marineros desembarcaron y se dirigieron a liberar al cordobés con insultos contra el Rey que había hecho preso «al mejor hombre del mundo». Tuvo que acudir en última instancia el propio virrey a demostrar que no lo habían apresado para que aquella horda vasca empezara a sosegarse.

A principios de 1507, Fernando prefirió alejar al Gran Capitán de Nápoles para sustituirlo por el Conde de Ribagorza, que poco después fue remplazado por el catalán Ramón de Cardona, quien protagonizaría varios reveses contra los ejércitos galos en los siguientes años. No en vano, en ese momento las relaciones entre Francia y la Corona hispánica se encontraban en el campo de la cordialidad. En junio de 1507, el Rey francés organizó un banquete al que invitó a Fernando El Católico, a Germana de Foix y a Fernández de Córdoba, donde se sinceró como un admirador del hombre que había vencido a sus ejércitos. «Mande Vuestra Señoría al Gran Capitán que se siente aquí; que quien a reyes vence con reyes merece sentarse y él es tan honrado como cualquier Rey», afirmó Luis XII según la leyenda. Aquella actitud despertó el recelo del desconfiado Rey aragonés, que vio su papel de protagonista desplazado por uno de sus vasallos.

Un pequeño cargo a cambio de Nápoles

Ambos regresaron en la misma comitiva a España, en el caso del general después de una década fuera de la península. En la Corte, el cordobés buscó sin éxito ser nombrado Maestre de la Orden de Santiago y volver a ponerse al frente de los ejércitos del Rey. El aragonés creía que el Gran Capitán ya había sido convenientemente recompensado y puso en la nevera política al militar. En vista de que el Monarca no tenía intención de entregarle el maestrazgo de la principal orden militar de España como le había prometido, el cordobés acudió a Juana La Loca, auténtica soberana de Castilla, que, a pesar de su incipiente locura, le nombró alcalde de la ciudad de Loja. Se trataba de un cargo menor, pero venía acompañado del derecho sobre las rentas del comercio de seda en Granada.

Antes de tomar posesión del cargo, el Gran Capitán debió lidiar con el amago de rebelión que el Marqués de Priego, hijo del hermano mayor de Gonzalo Fernández de Córdoba, comenzó contra la autoridad del Rey. La situación fue especialmente delicada al tratarse de un familiar sospechoso de guardar rencor al Monarca. El marqués, alcalde mayor de Córdoba, detuvo al enviado del Rey encargado de investigar precisamente si estaba hablando mal en público de Fernando. Además, asaltó la cárcel de la Inquisición, cuya actuación desproporcionada en la ciudad fue la causa de fondo en la revuelta. Fernando El Católico contestó con todo el peso de la Corona. Al frente de un ejército de 3.000 soldados y mil lanzas restableció la autoridad y, a modo de escarmiento, dejó en ruinas el Castillo de Montilla, donde el Gran Capitán había pasado su infancia.

El Rey entorpeció el matrimonio pactado entre la hija mayor del Gran Capitán, Elvira, y el condestable de Castilla

Gonzalo Fernández de Córdoba prefirió mantenerse al margen en todo momento. Incluso medió para que su sobrino no complicara todavía más las cosas. Finalmente, el arrepentimiento del Marqués de Priego, así como la influencia de su tío, logró salvarle la vida, pero no le evitó recibir una multa millonaria y ser condenado al destierro de Córdoba. Mientras tanto, el 15 de julio de 1508, el Gran Capitán tomó posesión del cargo de gobernador de Loja, donde permaneció a la espera de que el Rey quisiera volver a contar con sus servicios. Más allá de la leyenda, sí es cierto que Fernando El Católico se encargó de recordarle con desplantes que, si en Italia era un héroe militar, en España solo era uno más de los nobles que revoloteaban en torno a la Corte en busca de mercedes y recompensas.

En 1509, el Rey designó a Pedro Navarro –el capitán, corsario e ingeniero que había acompañado al Gran Capitán en sus campañas– para encabezar una expedición militar en Orán. Pese a que incluso el Cardenal Cisneros, instigador del plan, apoyaba la elección del cordobés, el Monarca prefirió a un hombre sin experiencia a la hora de manejar ejércitos de aquellas dimensiones. Era el enésimo desprecio.

A nivel familiar, el Rey entorpeció el matrimonio pactado entre la hija mayor del Gran Capitán, Elvira, y el condestable de Castilla, Bernardino Fernández de Velasco. El viejo aragonés temía que los matrimonios entre nobles con tanta influencia irían en perjuicio del poder real y trabajó para evitarlo. El matrimonio al final no pudo celebrarse, y Gonzalo falleció sin ver a su hija casada con el Conde de Cabra, cuyo enlace aseguró la continuidad de la estirpe. Su otra hija, Beatriz, falleció soltera en 1511. Quizás para compensar tantos desplantes, Fernando El Católico estuvo a punto de enviarle de nuevo al año siguiente a Italia, al conocerse la derrota de los ejércitos de Ramón de Cardona a manos francesas en la batalla de Rávena.

Tras el desastre, el Papa y Venecia, que, junto a España, conformaban una alianza antifrancesa, exigieron al aragonés que mandase al Gran Capitán. No obstante, cuando las levas ya estaban listas y el general cordobés había enviado misivas a sus viejos amigos en Italia advirtiendo su llegada, Ramón de Cardona recondujo la situación al vencer a los franceses en Novara, lo que le permitió reponer en Florencia a los Médici.

«Viviré en estos agujeros donde salí»

Mientras el Gran Capitán congregaba sus tropas en Málaga, Fernando El Católico desvió por sorpresa los recursos prometidos al cordobés para dárselos al II Duque de Alba, que el 12 de julio de 1512 atravesó la frontera y ocupó Pamplona en un movimiento casi felino. A la vista de que no iba a ser necesario enviar refuerzos a Italia, el aragonés prefirió emplear los preparativos del Gran Capitán –que desconocía los planes del Rey– como mera distracción, mientras otro ejército aprovechaba para conquistar parte de Navarra. Fernández de Córdoba licenció poco después las tropas, cuyos gastos habían corrido de su cuenta, y se marchó a Loja visiblemente dolido. «Viviré en estos agujeros donde salí, contento con lo que su alteza face…», escribió con amargura.

En el verano de 1515, la salud del Gran Capitán entró en crisis. Las fiebres cuartanas, que contrajo en la ribera del Garellano poco antes de la batalla de mismo nombre, fueron consumiendo su salud poco a poco. Su estado anímico tampoco ayudaba en su recuperación. Ya no pudo volver a montar a caballo y apenas podía caminar sin ayuda. El 2 de diciembre, el cordobés falleció en su casa de Loja rodeado de su círculo familiar y de sus deudos. El viejo Rey murió un mes después.

 

Un informe policial prueba el asesinato de Lorca por homosexual y masón


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  • Señala que «fue pasado por las armas» en Viznar (Granada) «después de haber confesado»
abc Federico García Lorca

abc
Federico García Lorca

Un informe de 1965 de la Jefatura Superior de Policía de Granada revela que Federico García Lorca fue asesinado junto a otra persona y define al poeta como «socialista y masón», a la vez que le atribuye «prácticas de homosexualismo».

El documento, al que han tenido acceso la Ser y eldiario.es, fue redactado por la tercera brigada regional de investigación social de dicha Jefatura y en su asunto se lee: «Antecedentes del poeta Federico García Lorca».

En el mismo, fechado en Granada el 9 de julio de 1965, se señala que Lorca era «un masón perteneciente a la logia ALHAMBRA en la que adoptó el nombre simbólico de HOMERO, desconociéndose el grado que alcanzó en la misma».

El texto asegura que el poeta «estaba conceptuado como socialista por la tendencia de sus manifestaciones y por lo vinculado que estaba a Fernando de los Ríos, como también por sus estrechas relaciones con otros jerifaltes de igual signo político».

Además, indica que «estaba tildado de prácticas de homosexualismo, aberración que llegó a ser voxpópuli, pero lo cierto es que no hay antecedentes de ningún caso concreto».

En el documento se asegura que Lorca fue detenido en la vivienda de sus amigos, los hermanos Rosales, donde se había refugiado, y que el lugar fue rodeado «con gran aparato por Milicias y Guardias de Asalto».

El informe policial afirma que el poeta «fue sacado del Gobierno Civil por fuerzas dependientes del mismo y conducido en un coche al término de Viznar (Granada) y en las inmediaciones del lugar conocido como “Fuente Grande”, en unión de otro detenido cuyas circunstancias personales se desconocen, fue pasado por las armas después de haber confesado».

También revela que fue «enterrado en aquel paraje, muy a flor de tierra, en un barranco situado a unos dos kilómetros a la derecha de dicha “Fuente Grande”, en un lugar que se hace muy difícil de localizar».

Fuentes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte han señalado a Efe que no tienen constancia de este documento, pero están tratando de localizarlo, a raíz de las últimas informaciones aparecidas en los medios.

El cáncer de mama más antiguo, en una mujer egipcia del 2200 a.C.


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  • Investigadores de las universidades de Granada y Jaén encuentran evidencias de esta enfermedad en un esqueleto de la necrópolis de Qubbet el-Hawa, en Asuán
U. GRANADA El cráneo de la momia

U. GRANADA
El cráneo de la momia

Un equipo multidisciplinar de investigación, en el que participan las universidades de Granada (UGR) y Jaén (UJA), ha hallado en la Necrópolis de Qubbet el-Hawa (situada en la región egipcia de Asuán) los restos del cáncer de mama más antiguo del que se tiene constancia.

Los investigadores han encontrado el esqueleto de una mujer de entre 30 y 40 años, de una altura de 1,62 metros, que murió afectada por esta enfermedad en torno al año 2200 a.C., y cuyo cuerpo estuvo momificado.

El análisis de los restos hallados en la Necrópolis de Qubbet el-Hawa, cuya séptima campaña de excavación se inició el pasado mes de enero, ha revelado que esta mujer sufrió además una osteoporosis muy importante en sus huesos, y permaneció mucho tiempo inmovilizada, lo que revelaba un delicado estado de salud debido a la metástasis.

El director del Laboratorio de Antropología de la Universidad de Granada, Miguel Botella López, ha explicado durante la rueda de prensa de presentación de esta investigación que el análisis de los restos hallados «demuestra que los habitantes del Antiguo Egipto vivían mucho peor de lo que nos podrían indicar sus grandes monumentos, ypadecían numerosas enfermedades infecciosas que mermaban su esperanza de vida».

No en vano, el equipo de antropólogos que ha participado en esta excavación, en el que también se encontraba el investigador de la UGR Ángel Rubio, ha identificado en las momias de la Necrópolis muchas enfermedades infecciosas (como brucelosis o fiebre de Malta); marcas de violencia; tumores; enfermedades degenerativas (artrosis) y anquilosis de miembros. “Debido a estos procesos infecciosos, la mitad de la población egipcia moría antes de cumplir los 5 años», ha indicado Botella.

Aunque la tumba QH33 de la Necrópolis de Qubbet el-Hawa fue descubierta en el siglo XIX y ha sido excavada en numerosas ocasiones, los restos hallados por los investigadores del equipo que dirige el doctor en Historia Antigua de la Universidad de Jaén, Alejandro Jiménez, «son completamente novedosos, se encuentran en un notable estado de conservación y han sido investigados por primera vez».

Miguel Botella ha explicado que, hasta la fecha, la noticia más antigua del cáncer de mama que se conocía databa del año 1600 a.C., es decir, 600 años después del que han encontrado en esta excavación. «Además, esta enfermedad aparece descrita en el conocido Papiro Smith, pero hasta ahora no se ha podido disponer de la evidencia. Nuestro hallazgo nos ha permitido disponer de ella en forma del esqueleto completo de una mujer, de época aún más antigua (hace 4200 años), que ahora estudiaremos minuciosamente».

El soldado «inválido» que salvó la Alhambra de Granada de los explosivos franceses


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  • La Guerra de la Independencia fue el periodo de la historia de España donde se produjo una mayor destrucción del patrimonio artístico. En Madrid, José Botella requisó cientos de obras y las envió a Francia con la excusa de querer protegerlas de los estragos de la guerra
El soldado «inválido» que salvó la Alhambra de Granada de los explosivos franceses

Wikipedia Vista general de La Alhambra

La ciudad de Granada sufrió en sus carnes las consecuencias más dolorosas de la invasión francesa. Una parte de la estructura que conforma el complejo de la Alhambra quedó destruida. En su retirada forzosa, el mariscal francés Jean de Dieu Soult ordenó volar por los aires las fortificaciones de la Alhambra de Granada. Entre el mito y la realidad, las torres del recinto fueron explotando una tras otra hasta que, cerca ya de los palacios nazaríes, el cabo de Inválidos José García obstaculizó el hilo de pólvora con su propio cuerpo. Su hazaña evitó una pérdida histórica, no así las otras muchas que sufrió el patrimonio cultural español durante aquella guerra, donde incluso los aliados ingleses participaron del expolio.

Dentro del monumento granadino, en el Patio de los Aljibes, hoy se conserva una placa que recuerda la hazaña de este soldado: «A la memoria del cabo de “Inválidos” José García que con riesgo de perder la vida salvó la Reina de los Alcázares y torres de la Alambra en 1812». Poco más se sabe de este héroe casi anónimo. La tradición oral canta que José García ingresó en el Cuerpo de Inválidos del Ejército español –antiguo cuerpo que integraban los soldados que habían sido mutilados en combate– a consecuencia de la pérdida de una mano y de una grave herida en la pierna, tras la batalla de Bailén. El otro dato básico sobre su biografía es la fecha de su muerte: el granadino falleció en 1834 víctima del cólera. El resto de su relato vital se entremezcla con la leyenda, en el mejor de los casos, cuando no se pierde en el terreno de lo incierto.

Las tropas napoleónicas habían construido una fortificación en torno a la Alhambra, situando las baterías de artillería en los Alixares y reforzando la zona de Santa Elena, la más alta del recinto nazarí. Con el avance de las fuerzas españolas, los franceses ejecutaron el protocolo habitual en sus retiradas: desmantelar y dejar inservibles sus estructuras de defensa con explosivos. Así, según los estudios históricos, las partes más dañadas por las explosiones fueron las diez torres de la zona alta, la Torre de los Siete Suelos, la Torre del Agua y la del Cabo de la Carrera. No en vano, si los franceses tenían intención de volar los palacios nazaríes –como afirma la versión más exagerada del relato– no fue con el objetivo de atacar el monumento, sino como un daño colateral. De hecho, apreciaron y cuidaron la Alhambra en su breve estancia mucho más que los españoles habían hecho en los dos siglos anteriores.

El soldado «inválido» que salvó la Alhambra de Granada de los explosivos franceses

Museo del Prado «La Rendición de Bailén», pintura de José Casado del Alisal

Al ocupar su cargo de comandante militar de Granada, Horace Sebastiani quedó admirado por la riqueza de la herencia musulmana que embriagaba la ciudad. El general revolucionario decidió instalar su alto mando en la fortaleza roja. En ese momento la Alhambra se encontraba abandonada y repleta de escombros, por lo que fue necesaria una profunda restauración. Los franceses repararon los techos, repoblaron los jardines y estanques y recuperaron el flujo de agua en las fuentes. Por su parte, el Rey impuesto por el emperador Napoleón, José Bonaparte, fue el primero en dotar a la Alhambra de un presupuesto fijo para su conservación y restauración. Por eso resulta sorprendente que el reguero de pólvora que apagó José García, que realizaba labores de vigilancia durante el sitio de Granada, tuviera como principal objetivo los palacios.

De una forma u otra, la leyenda pasó de generación en generación y la vigilancia de los recintos de la Alhambra fue encomendada al Cuerpo de Inválidos, concretamente se encargaron del cuidado de los bosques, parques y jardines. Cuando fue disuelto el Cuerpo de Inválidos, la labor fue pasando de padres a hijos hasta 1996. María Victoria Carrasco, esposa del último vigilante de la Alhambra, ha quedado en los archivos como la última habitante del recinto monumental de la Alhambra.

El expolio cultural: hurtos y regalos

Las tropas francesas, no en vano, fueron las principales responsables del expolio cultural que sufrió España en la Guerra de la Independencia. La Alhambra tuvo la fortuna de caer en manos de un militar que supo apreciar su belleza, pero no así otras construcciones, esculturas y pinturas que fueron pasto del despiadado avance francés. Lo primero que hizo José Bonaparte al llegar a Madrid fue empaquetar las joyas de la Corona Española y mandarlas para Francia. Es este el motivo por el que la actual Casa Real de España no tiene corona, ni joyas oficiales.

Asimismo, el mariscal francés Jean de Dieu Soult que ordenó la retirada general de Andalucía y la destrucción de las fortalezas, en la mayoría de casos emplazadas en edificios emblemáticos, ha pasado a la historia negra del arte español por sus graves hurtos. Prendado de la pintura sevillana, y especialmente de las obras de Murillo, el militar reunió una de las mayores colecciones particulares de arte de la historia a costa de los andaluces. Muchos de aquellos cuadros, como «La cocina de los ángeles» o «Fray Junípero y el mendigo», se exhiben todavía hoy en museos franceses como el Louvre. En total, se calcula que solo de los conventos e iglesias de Sevilla sus hombres y él se llevaron más de 180 cuadros de primeros maestros españoles.

La Guerra de la Independencia fue el periodo de la historia de España en el que se produjo una mayor destrucción del patrimonio histórico y artístico. En Madrid, José Botella requisó cientos de obras y las envió a Francia con la excusa de protegerlas de los estragos de la guerra. Mientras esperaban para viajar a París, los cuadros fueron acumulados en pésimas condiciones en los conventos del Rosario y de San Francisco. A su vez, en el Alcázar de Sevilla se reunieron un millar procedente de toda Andalucía. Bien es cierto que estos cuadros y objetos serían parcialmente devueltos a partir de 1816 cumpliendo con lo acordado en el Congreso de Viena. Pero muchos se esfumaron en el viaje, como los centenares sacados de San Lorenzo de El Escorial de los que solo se recuperaron una veintena. Otros tantos fueron extraviados por la mala gestión de Fernando VII.

El soldado «inválido» que salvó la Alhambra de Granada de los explosivos franceses

Apsley House «El aguador de Sevilla», de Diego Velázquez

En su huida del país, José Botella cargó en su equipaje más de 100 obras de grandes maestros de la pintura española. Por fortuna (para el inglés), el duque de Wellington capturó el convoy con los cuadros y escribió a Fernando VII pidiéndole instrucciones sobre cómo trasladarlos de vuelta a sus lugares de origen. Sin embargo, el Monarca español creyó oportuno que el inglés a modo de gracia se quedara la colección, que hoy conforma el núcleo del Museo de Wellington en Aspley House. Cuando el hermano de Wellington recibió el envío contestó extasiado por el valor del botín, en el que estaba incluido «El aguador de Sevilla», de Velázquez: «He abierto los paquetes tomados en Vitoria y los he enviado a su casa para que fueran cuidadosamente examinados, habiendo encontrado que contienen una colección de pinturas como usted no puede concebir…».

El duque de Wellington, además, fue acusado de atacar infraestructuras españoles con la intención de beneficiar económicamente a Inglaterra. Así, la Real Fábrica de porcelana del Buen Retiro, conocida internacionalmente por su calidad, fue convertida en una fortificación por los franceses y explotada en mil pedazos por orden inglesa cuando ya había sido desalojada tras la batalla del Retiro el 13 de agosto de 1812. Los intereses ingleses por acabar con la competencia en aquel sector no dejan lugar a dudas: fue una acción premeditada.

Salga el sol por Antequera


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  • La leyenda de Santa Eufemia ha acompañado desde 1410 a este dicho cuyo origen hay quien data en la posterior toma de Granada
Salga el sol por Antequera

Abc | Panorámica de Antequera

Salga el sol por Antequera -«y póngase por donde quiera», como se completa el dicho- es tanto como decir que a uno le da igual una cosa que otra, o que uno está determinado a llevar a cabo su plan, aunque suceda lo imposible, como que el sol aparezca por el oeste. Porque Antequera se encuentra al poniente de Granada, donde acampaban las tropas de los Reyes Católicos en los últimos meses de 1491.

En este momento de la Reconquista, durante la toma de Granada, ubica el origen de la expresión Luis de Granada en la revista «Alrededor del mundo» en 1899 y recoge José María Iribarren en «El porqué de los dichos». «La frase es, pues, irónica, y equivale a: ‘Salga el sol por donde quiera’», concluía el académico de la RAE y de la Real Academia de la Historia.

Una leyenda se remonta aún más en la Reconquista, hasta el 16 de septiembre de 1410, fecha en la que don Fernando «el de Antequera» conquistó la ciudad a los musulmanes. Antonio J. Guerrero Clavijo contaba en un artículo que recoge la web de la Diócesis de Málaga cómo era costumbre cristiana celebrar una Eucaristía al conquistar una localidad y, dentro de ella, elegir al patrón, al alcaide y su escudo de armas. «Se invocó al Espíritu Santo y se introdujeron en una urna los nombres de los santos que la Iglesia celebra el día 16 de septiembre» y «salió por designio divino, por tres veces consecutivas, el nombre de Santa Eufemia», relata Guerrero Clavijo.

Fue entonces cuando Don Fernando desveló que se trataba de la joven que «se me apareció el 10 de abril de 1410 en mi campamento en Córdoba, cuando no sabía qué tierra conquistar, y se me apareció ella, rodeada de leones y ángeles y me dijo: “No temáis que nos salga el sol por Antequera y sea lo que Dios quiera”», según recogen las crónicas de Juan II.

Don Fernando dudaba desde su campamento en Córdoba sobre si conquistar Gibraltar, con lo que cerraría su entrada a posibles refuerzos procedentes de África; Xébar, una importante fortaleza en el camino a Málaga; o Antequera, centro neurálgico de las vías que llevaban de Sevilla a Granada, de Córdoba a Málaga, explica Ángel Guerrero en El Sol de Antequera.

Tras la aparición de la virgen y mártir de Calcedonia, el monarca castellano dirigió sus tropas al alba contra la ciudad, que conquistó antes de que se pusiera el sol el 16 de septiembre de 1410.

Fuera por esta leyenda o por la ironía posterior durante la toma de Granada, lo cierto es que Antequera figura desde la Reconquista en el mapa de los refranes. En el geográfico se encuentra a 45 kilómetros de Málaga por carretera y a sólo 13 kilómetros del singular paraje del Torcal, un impresionante fenómeno de erosión de roca caliza.

Un cementerio de elefantes junto al ‘spa’ del pleistoceno en Granada


web

Hace un millón y medio de años, la cuenca granadina de Guadix-Baza era muy distinta a la reseca tierra que hoy apenas da para unos pocos cultivos. En lo que ahora pertenece al término municipal de Orce, existía un lago de unos 60 kilómetros de longitud que se convirtió en un punto de biodiversidad único en el continente europeo.

Ahora el equipo que excava en los famosos, y otrora polémicos, yacimientos andaluces acaba de revelar en la revista Quaternary Science Reviews que por aquel entonces, en el Pleistoceno inferior, aquel lago se nutría de aguas termales de hasta 36ºC, y que la fauna se aprovechaba del lugar para su supervivencia. Es el primer balneario conocido del pasado remoto, un lugar donde humanos muy primitivos y gigantescos elefantes compartían baños y lodos.
recreación

El hallazgo de unos minerales relacionados con sistemas hidrotermales ha sido la pista que han seguido los investigadores de este proyecto, que dirige el paleontólogo Bienvenido Martínez-Navarro para llegar a esta conclusión. “Encontramos restos de celestina (sulfato de estroncio) y estromatolitos (algas) que son típicos de aguas calientes. Esta es una zona de una sismicidad muy alta y aún hay termalismo muy cerca. Ahora, los sedimentos nos indican que lo hubo hace 1,5 millones de años y su presencia facilitó que en el entorno hubiera más fauna porque templaba el ambiente y porque su salud se beneficiaba”, explica el científico del IPHES al pie del yacimiento de Venta Micena, uno de los más ricos del mundo en fósiles de grandes mamíferos.

Añade, además, otro dato: el lago de la Hoya de Baza era grande, pero muy poco profundo, pese a lo cual no se quedaba sin agua ni en periodos de sequía, y la explicación “más plausible” es que recibía aguas de las profundidades. Y es que la Hoya es una mina de huesos enterrados en un paisaje que recuerda mucho a la tanzana Garganta de Olduvai, la Cuna de la Humanidad africana. Hoy apenas hay agua, pero hace entre dos y un millón de años era un hervidero de vida animal, y humana.

paisaje orce

El paisaje en Orce recuerda a la Garganta de Olduvai, en Tanzania.

Es allí, en el yacimiento de Barranco León, un antiguo canal de agua al que los animales acudían a beber, donde se encontró hace una década un pequeño diente de leche humano de hace 1,4 millones de años. Un tesoro paleontológico que el equipo guardó hasta 2013, cuando lo dio a conocer. “Con la polémica que generó hace años un fragmento de cráneo que se presentó como humano y que luego no lo era, decidimos esperar. Ahora estamos en una nueva etapa y no hay dudas de que en Orce estuvieron los primeros homínidos de Europa”, afirma Martínez-Navarro, que lleva excavando en este lugar desde los 17 años.

Ciertamente, el hallazgo del primer Hombre de Orce, en 1982, lastró este proyecto durante mucho tiempo. Pero el equipo actual no tiene dudas de que está remontando el vuelo. “La riqueza de restos es espectacular. El lago y los manantiales atemperaban el clima y por ello hay hipopótamos, y tigres dientes de sable, y rinocerontes…” La lista del científico es tan larga como apabullantes son los fósiles que nos rodean. Más de 45.000 se acumulan ya en una colección única que ahora organiza en el Museo de Orce Sergio Ros-
Montoya y que cada temporada aumenta en otros 1.500. “Húmeros de caballo”, “Vértebras”, “Dientes” rezan los cajones, a rebosar de huesos.

venta micena

Acumulación de fósiles en Venta Micena 4, un cubil de hienas.

Tres son los yacimientos excavados en la campaña de 2014. Además de los trabajos en Barranco León, escondite del pequeño diente que aún no se sabe a qué especie humana perteneció, el equipo ha abierto Fuente Nueva, un auténtico cementerio de elefantes, paquidermos que triplicaban el tamaño de los actuales, con más de cinco metros de alto y 14 toneladas de peso. A los pies del científico, en Fuente Nueva se ve un colmillo a medias de desenterrar que certifica sus palabras: “Eran tan grandes que no era posible cazarlos, pero los humanos y los carnívoros sabían que venían a morir aquí, a una fuente que les ayudaba a hidratarse, que tenía minerales. Ya hemos encontrado nueve ejemplares, pero sabemos que hay más”.

La escena que recrea es fascinante: antepasado gigantescos de los mamuts y otros grandes animales acuden a las aguas termales al sentirse enfermos, y mueren, y son localizados por humanos muy primitivos (más que los de Atapuerca) gracias a los buitres, y llegan y se comen la carne, cortándola con piedras afiladas que abandonan en el lugar porque son muy toscas, y que se llevan algunas patas a sus campamentos para compartir el botín. O que acaban yéndose, acosados por las hienas gigantes, las Pachycrocuta brevirostri. Y luego las hienas, que se dan un banquete y dejan allí sus defecaciones, hoy fosilizadas, cropolitos las llaman, que son una pista para saber cómo era la flora del lugar por los restos que contienen.“Antes o después encontraremos aquí más restos humanos. Algún accidente tuvo que haber, y aparecerán. Tenemos cientos de herramientas de piedra que tallaron en este lugar”, arguye el paleontólogo.

bienvenido martíneznavarro junto a una defensa de

Bienvenido Martínez-Navarro junto a una defensa de elefante gigante en Fuente Nueva, Orce.

También el yacimiento de Venta Micena 4 ofrece un panorama espectacular. Aquello era un cubil de hienas y nada indica que hubiera presencia humana, pero si asoman grandes acumulaciones de fósiles, de hasta 55 mamíferos y 22 de ellos de grandes dimensiones. Una quincena de jóvenes se afana en sacarlos, bajo una lona que les protege del sol abrasador, también casi africano. El suelo es blanco y duro, difícil de excavar. El aire reverbera.

“Este año hemos encontrado por primera vez restos de un ave zancuda, un flamenco o una garza. Pero aún es más lo que nos queda.Tenemos 17 kilómetros cuadrados plagados de yacimientos únicos de ese momento en Europa, un trabajo para muchas generaciones que esperamos que se consolide el equipo con profesionales de la zona y que siga creciendo”.

En esta nueva fase del Proyecto de Orce Martínez-Navarro cuenta, desde 2013, con el apoyo económico de la Junta de Andalucía. Además, se prepara un centro de interpretación a las afueras de Orce, financiado en un 70% por la Unión Europea (casi dos millones de euros en total), en el que el equipo de investigación espera poder participar.

El Tren Al Andalus reanuda su andadura tras el parón estival


La Razón

El Tren Al Andalus reanuda su andadura tras el parón estival

El Tren Al Andalus reanudó su andadura el pasado 16 de septiembre tras el parón estival. El tren de viajeros más largo de España reinició su marcha desde Sevilla con 60 pasajeros a bordo, llegados de diferentes países para disfrutar de una joya del clasicismo ferroviario y de una ruta de ensueño con paradas en Sevilla, Córdoba, Baeza, Úbeda, Granada, Ronda, Cádiz, Jerez, Sanlúcar de Barrameda y el Parque Nacional de Doñana.

A la espera de que concluya la temporada 2012, el Tren Al Andalus arroja unos datos de ocupación del 92 por ciento. La próxima temporada comenzará en marzo de 2013 y la previsión es que no cuente con intermedio estival con la idea de aprovechar esta época del año para realizar el itinerario ibérico, un recorrido por las ciudades monumentales del norte de España que comenzará en Madrid y se extenderá por Segovia, Ávila, Salamanca, Burgos, Atapuerca, Haro y sus bodegas, Pamplona y Zaragoza, un periplo ferroviario de seis días y cinco noches.

 

Los leones vuelven a rugir


El Mundo

  • El rincón más conocido del monumento recupera el aspecto del siglo XV
  • Entre las remodelaciones está la colocación de un suelo de mármol de Macael

El Patio de los Leones, la postal más famosa de Granada y una de las más conocidas de España, el rincón más emblemático de la Alhambra, el espacio al que quieren pasar todos los turistas, vuelve a estar abierto al público, esta vez además recuperando el acceso a la fuente para los visitantes y la posibilidad de pasear por el nuevo suelo de mármol blanco de Macael, similar al que tuvo en tiempos de Muhammad V, el sultán que ordenó construirlo.

Ha sido último paso de un largo y ambicioso trabajo de restauración que comenzó en 2002 y que ha incluido importantes excavaciones arqueológicas en el recinto, así como la limpieza y restauración de los doce leones, que han recuperado el circuito hidráulico original de la fuente y sobre los que se han realizado importantes descubrimientos, entre otros que los rasgos faciales de cada uno estaban diferenciados.

De hecho, la fuente es, de nuevo, accesible a los turistas. Aunque tendrá vigilancia constante para evitar posibles daños y un cordón de seguridad, las catenarias que desde los años 90 del siglo pasado impedían acercarse demasiado no volverán, y se podrá pasear por todo el recinto, de manera que se puedan apreciar los detalles de las estatuas y de la propia fuente, restaurada in situ gracias a un innovador programa de conservación. Es el último elemento del programa, cuyo coste ha sido de 2,24 millones de euros.

El arquitecto Pedro Salmerón, que se ha encargado de la reposición delsuelo de mármol, ha explicado que “todos los testimonios de la época indican que es el aspecto que tenía cuando llegaron los Reyes Católicos tras la conquista”. En tiempos posteriores se sustituyó por un suelo de cerámica que fue retirado hacia 1810 por los franceses durante la Guerra de la Independencia. Entonces se plantó el jardín que había sobrevivido hasta nuestros días.

En total, se han colocado un total de 250 piezas de mármol para una superficie de casi 400 metros cuadrados. Todas tienen medidas y pesos diferentes, que oscilan entre los 50 y los casi 400 kilos, con características especialmente diseñadas para este espacio. El único elemento no nazarí, según Salmerón, son los canales “de distribución cruciforme y que si son de la época de los Reyes Católicos“.

Por su parte, el arquitecto conservador de la Alhambra, Francisco Lamolda, comentó que se ha llegado a este punto “tras muchos debates, que vienen desde los años 70, cuando se planteó incluso hacer copias de los leones para evitar su deterioro y guardar los originales en el museo”.

Ahora, tras conseguir devolver al Patio el aspecto más fiel al original posible, el reto es “la conservación preventiva, no puedes restaurar y luego marcharte. Pero es que la Alhambra es así, los materiales que la componen son tan delicados que nuestro trabajo nunca se acaba”.

En el proceso de restauración, además, los arquitectos contabilizan desde que se empezó a acondicionar la zona de las galerías en torno al patio, que era al principio la única por la que pasaban los turistas. “El suelo del Patio era entonces de grava”, explica Salmerón, “y no se podía acceder porque se la llevaba la gente en los zapatos y deterioraba las salas adyacentes. Ahora, la solería de mármol permite una mejor conservación, y es la que se ha devuelto a otras zonas, como la Sala de los Abencerrajes, que también la tenían originalmente”.

Durante la apertura del patio estuvieron presentes el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, el consejero de Cultura y Deporte, Luciano Alonso, el alcalde de Granada, José Torres Hurtado, y, ejerciendo de anfitriona, la directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife, María del Mar Villafranca.