Hallan más de 700 fósiles en pleno corazón de Los Ángeles


EFE – ADN

  • Los restos datan de la última era glacial, hace entre 10.000 y 40.000 años

  • Entre los fósiles más llamativos se encuentran el cráneo de un león americano, así como huesos de lobos, tigres dientes de sable, caballos, bisontes, coyotes, linces e incluso un mamut colombiano

El museo de Historia Natural de Los Ángeles (California) anunció el descubrimiento, en pleno corazón de la ciudad, de más de 700 restos fósiles que datan de la última era glacial, hace entre 10.000 y 40.000 años. El área donde se han localizado estos restos es La Brea Tar Pits, dentro de la zona llamada Mid-City, a unos diez kilómetros del centro de la ciudad. Entre los restos más llamativos se encuentran el cráneo de un león americano, así como huesos de lobos, tigres dientes de sable, caballos, bisontes, coyotes, linces e incluso un mamut colombiano, conservado en un 80%, con los colmillos intactos.

Este fósil, al que los investigadores han bautizado como Zed, es el primero que se encuentra en ese estado en la zona de Rancho La Brea, en pleno corazón de Los Ángeles.

“El nombre ‘Zed’ significa el comienzo de una nueva era de investigación y descubrimientos”, dijo John Harris, del Museo de Historia Natural de la ciudad y líder de la investigación, llamada Proyecto 23, que comenzó en 2006, cuando se descubrieron 16 fósiles debajo de un párking próximo a la zona.

“Zed es el símbolo que puede revolucionar nuestro conocimiento sobre esta área”, agregó. El museo de Historia Natural de Los Ángeles es famoso por tener una de las colecciones más completas de fósiles del pleistoceno, pero los paleontólogos involucrados en esta investigación aseguran que el Proyecto 23 aumentará de forma exponencial el número de especímenes en la muestra.

Desentierran en China el mayor cementerio de dinosaurios conocido hasta el momento


Europa Press – ADN

Se han encontrado desde los sesenta más de cincuenta toneladas de fósiles de hadrosaurios o dinosaurios con pico de pato | Los especialistas consideran que las especies halladas, de andar bípedo, podían utilizar sus patas delanteras para sostenerse

Paleontólogos internacionales han hallado al este de China lo que podría considerarse el mayor cementerio mundial de dinosaurios conocido hasta el momento, según publicó la prensa local y recoge la agencia de noticias rusa Ria Novosti.

Así, cerca de Zhucheng, en la provincia de Shandong, se han descubierto desde la década del 60 más de 7.600 fósiles de dinosaurios de la fase tardía del mesozoico. En particular, más de cincuenta toneladas de fósiles de hadrosaurios o dinosaurios con pico de pato.

Por otro lado, este descubrimiento podría “aportar alguna luz a la desaparición de los dinosaurios en la Tierra”, según opina el investigador Zhao Xizin en declaraciones a la agencia china de noticias Xinhua.Según avanzó el experto, los hallazgos podrían darse a conocer hacia finales del próximo año. También, se planea crear en la provincia un parque dedicado a los dinosaurios.

Los especialistas consideran que esta especie, de andar bípedo, podía utilizar sus patas delanteras para sostenerse al pastar. Además, como todos los ‘hadrosaurus’ era herbívoro, y por la conformación de sus dientes se piensa que se alimentaba de hojas y ramilletes. En concreto, midió entre 7 y 10 metros de longitud y entre 3 y 4 metros de altura, llegando a pesar cerca de 7 toneladas. Asimismo, este ejemplar se distingue por su característico pico, similar al de los patos, con el que arrancaba las hojas de los árboles.

Un grupo de paleontólogos aficionados descubre valiosos fósiles del Pleistoceno


CET – El Mundo

EN UNA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

actualidad080903pa.jpgARGENTINA.- El suelo tiembla bajo las pisadas de los gigantescos perezosos que, sedientos, se acercan a la orilla del río. Las bestias abrevan plácidamente, cuando una feroz jauría de ‘Theriodictis plantesis’ -una especie arcaica emparentada con los lobos de hoy- emerge del bosque de espinillos. En el frenético intento de ganar la orilla opuesta, algunos especímenes se hunden pesadamente en las aguas turbias del cauce.

Quinientos mil años más tarde, un grupo de amigos, aficionados a la paleontología, se acerca a observar las obras de extracción de tosca en una cantera, con el pálpito de que allí pueden encontrar algo de valor. El instinto no les traicionó: la pala de un tractor dejó al descubierto el lecho del río prehistórico, en el que sucumbieron 12 miembros de aquella manada de lestodontes. La noticia saltó de inmediato a los titulares de los periódicos.

Era la primera vez que se descubrían los fósiles de toda una comunidad de esos herbívoros del Pleistoceno, en un mismo lugar. Para mayor asombro de los científicos, entre las costillas de uno de los especímenes se encontró un pequeño embrión, lo que permitiría, finalmente, establecer las diferencias entre las hembras y los machos de la especie.

El Grupo Conservacionista de Fósiles está formado por vecinos de San Pedro, una bella ciudad turística y frutícola, situada a 165 kilómetros al norte de Buenos Aires. Julio Simonini es ginecólogo, Fernando Chiodini, un jubilado, y Julián Blanco cursa estudios secundarios. El bichito de la paleontología los picó en diciembre de 1998, cuando José Luis Aguilar, técnico químico, descubrió mientras paseaba por un humedal, el fémur de un armadillo gigante.

En abril del 2003 los aficionados consiguieron que la municipalidad les cediera un viejo caserón de siglo 19, donde fundaron, con más esfuerzo que dinero, el Museo Paleontológico de Fray Manuel de Torres, donde han recreado con proverbial exactitud, el habitat de la megafauna que poblaba este rincón de Argentina.

Un cementerio de fósiles

El museo recibe los sábados y domingos, la visita de numerosos investigadores y de legos que acuden atraídos por el esqueleto de un perezoso que afila sus garras en el tronco de un árbol o los grandes caparazones de los armadillos. La mayoría de las especies provienen de los terrenos que la empresa Spósito S.A., cedió al infatigable grupo de aficionados, en la zona del Bajo Tala, a unos siete kilómetros del río Paraná.

Al poco tiempo de comenzar las excavaciones, Aguilar y sus amigos descubrieron en la franja gris-verdosa de la cantera, un verdadero cementerio de fósiles. Allí, bajo una costra de limo, aparecieron los restos de un hippidion, un ancestro del caballo actual.

“Se creía que los primeros representantes del género de los ‘Equus’, originarios de Norteamérica, llegaron a nuestra región hace unos 100.000 años, tras la formación del istmo de Panamá. El espécimen que hallamos data de 500.000 años atrás. Queda por saber si se trata de una variedad desconocida del caballo arcaico o si debemos diseñar un nuevo calendario para el arribo de ciertos animales a la llanura pampeana”, dice Aguilar.

Las incógnitas que rodean al yacimiento del Bajo Tala, despertaron el interés de la española María Teresa Alberdi, investigadora del Museo de Ciencias Naturales de Madrid. En julio de este año, la paleontóloga recogió una muestra del suelo para determinar su edad mediante la técnica de la termoluminiscencia.

“La cantera nos ha deparado ya tantas sorpresas que estamos impacientes por conocer los resultados de las pruebas que María Teresa está realizando en Europa”, afirma José Ignacio Verdón, el jugador de rugby que está a cargo del museo.

Otro de los hallazgos que enorgullecen al equipo de San Pedro, es el de un perezoso del género ‘Glyptodon Munizi’ del cual se recuperó el 90% del esqueleto, durante la campaña del 2003. Anteriormente, sólo se habían obtenido algunas piezas dispersas.

Al examinarlo en el laboratorio, se descubrió que el armadillo de una tonelada de peso y tres metros de largo, poseía unas placas óseas que le protegían el vientre, así como una gran cantidad de huesecillos llamado osteodermos, incrustados en las mejillas para evitar que los depredadores le rasgaran la piel.

“Hasta hoy sólo hemos relevado el 5% del cementerio de fósiles. Quién sabe cuantos tesoros aún quedan por descubrir”, concluye José Luis Aguilar.

Descubren un bosque fósil de hace 55 millones de años en el Ártico


EFE – ADN

Los árboles fosilizados están en tan buen estado que hasta se reconocen en los troncos los anillos anuales

Científicos alemanes han descubierto en el Ártico canadiense los restos de un bosque fósil datado hace unos 55 millones de años, informó hoy el Instituto Federal de Ciencias Geológicas y Materias Primas.

Algunos de los árboles petrificados se encuentran todavía en pie como cuando tenían vida y formaban una densa selva, explicaron los científicos germanos desde la central de su instituto en la ciudad de Hannover, al norte del país.

Los paleontólogos y geólogos alemanes subrayaron que algunos fragmentos de troncos fósiles alcanzan de pié un metro y medio de altura, mientras los descubiertos caídos en tierra llegan a medir hasta diez metros.

Una zona más cálida en el pasado

Aunque esos territorios se encontraban entonces casi tan al norte como actualmente, los bosques fosilizados encontrados en esas regiones demuestran que el clima en aquella época era mucho más cálido que ahora en todo el planeta, señalaron los científicos.

Tras comentar que los árboles fosilizados están en tan buen estado que hasta se reconocen en los troncos los anillos anuales, señalaron que el descubrimiento fue realizado en la isla de Ellesmere, uno de los territorios mas septentrionales de la Tierra.

Igualmente explicaron que hace 55 millones de años grandes bosques cubrían lo que hoy es el Ártico, cuando Norteamérica, el norte de Groenlandia y Europa se encontraban unidas y formaban parte de un mismo continente.

Lo Hueco, el puzle europeo de los dinosaurios


CET – El Mundo

YACIMIENTO CRETÁCICO EN CUENCA

  • Se han encontrado más de 8.000 fósiles al hacer las vías del AVE
  • Pueden dar un vuelco a la historia europea de hace 70 millones de años

actualidad080817.jpgFUENTES (CUENCA).- En las escombreras del túnel que se contruye para el AVE a su paso por el muncipio de Fuentes (Cuenca), basta fijar la vista para tropezarse con un dinosaurio, es decir, con un fósil de un tamaño respetable de hace 70 millones de años, cuando los gigantescos reptiles habitaban esta zona de la península.

Hace poco más de un año, las excavadoras de ADIF, la empresa que construye las vías, se toparon con el mayor yacimiento de Europa del Cretácico Inferior, un puzle más de 8.000 piezas de dinosaurios que los paleontólogos acaban de empezar a reconstruir en un gigantesco laboratorio a las afueras de Cuenca.

Afloraron en un paraje conocido como Lo Hueco porque, según cuentan los campesinos de Fuentes, cuando las mulas pasaban por allí cambiaba el sonido de sus pisadas, como si hubiera huecos en el interior del cerro.

Pero lo que había eran huesos. Gigantescos restos de titanosaurios y otros animales cretácicos que ahora llenan una inmensa nave de un polígono industrial, donde se han acumulado todos los fósiles, bien consolidados y empaquetados, para su limpieza y estudio.

Aún no hay publicaciones científicas que avalen los hallazgos, pero Francisco Ortega, codirector de las excavaciones, además de profesor en la UNED, adelanta que Lo Hueco “puede dar un vuelco a lo que hasta ahora se creía sobre los dinosaurios europeos”.

No sólo se han encontrado nuevas especies, sino que hay fósiles casi enteros de animales de los que, hasta ahora, sólo había piezas sueltas, o solo huellas, y en un estado de conservación espectacular.

“Aquí hemos encontrado un dromeosaurio y dos titanosaurios nuevos, estos últimos con unas protuberancias óseas en la espalda (osteodermos) que no se les conocían. Y un terópodo carnívoro, un tarascosaurus de casi 10 metros de longitud”, explica Ortega, mientras se pasea por la nave enseñando algunas de las piezas.

Cambios en Europa

El paleontólogo, biólogo hasta que se tropezó con un cráneo de cocodrilo mientras buscaba plantas, asegura que ahora se sabe que los dromeosaurios europeos (primos de los velociraptor americanos) no sólo vivieron en Francia, donde han aparecido unos pocos huesos, sino que estuvieron también en Cuenca, por lo que la península no debía ser una isla, otra hipótesis que se ha ido al traste. También hay mucho material del tarascosauro, un rompecabezas aún por armar del que se tienen muy pocas pistas físicas.

Ahí radica la importancia de Lo Hueco. “Aporta espectacularidad por la enorme cantidad de fósiles, y mucha información de lo que hace 70 millones de años pasaba en Europa y África. Todos conocemos bien los dinosaurios norteamericanos, y los asiáticos de Mongolia, pero muy poco de los de aquí. De los titanosaurios hemos descubierto, por ejemplo, que eran grandes pero muy gráciles, estilizados, que tenían una cola larga y que se alimentaban de ramas bajas de los árboles. El más grande que hemos encontrado debía medir unos 20 metros”, continúa el paleontólogo.

Fue en la primavera del año pasado cuando los maquinistas de ADIF comenzaron a tropezarse con los dinosaurios. A unos tres metros de profundidad, en un nivel grisáceo que fue un canal en el Cretácico y ahora es un cerro, se acumulaban los fósiles.

Un grupo de paleontólogos, entre los que estaban Francisco Ortega y José Luis Sanz, de la Universidad Autónoma de Madrid, pronto se percataron de la importancia del yacimiento, formado en un momento de gran cantidad de fauna en lo que era una zona tropical próxima a la costa.

“Debía de haber riadas y el canal acumulaba barro con restos de animales que morían en la cuenca o en sus orillas, y éstos son los mejor conservados. Las riadas desbordaban el canal por la llanura y dejaban ahí todo el sedimento. Ha sido una suerte que el AVE hiciera necesario abrir el cerro para que lo descubriéramos”, recuerda el paleontólogo.

Como se trata de no paralizar la obra más de lo imprescindible, la Junta de Castilla-La Mancha y ADIF autorizaron y financiaron unas excavaciones exprés. Unos 50 paleontólogos y 30 peones auxiliares no levantaron cabeza de Lo Hueco hasta diciembre, cuando llegaron al límite inferior del yacimiento en el tramo de la vía.

Ahora saben que en los laterales hay aún mucho por sacar (unos 50 metros a un lateral y otros 400 metros a otro), pero más adelante.

De momento, sólo otro de los codirectores, Marcos Martín, se acerca a Lo Hueco a rebuscar entre los montones de escombros de yesos acumulados cerca de la obra. Y siempre encuentra algo. «Esto no se acaba nunca», exclama, bajo un sol implacable.

Mientras, en la nave, dos compañeros, Adán Pérez y Mercedes Llandres, limpian y clasifican las piezas del puzle. Al menos tienen trabajo para dos años, o mucho más.

Un laboratorio industrial

El Museo de Ciencia de Cuenca no ha podido acoger las toneladas que suponen los fósiles y los sedimentos de Lo Hueco, por lo que ADIF ha financiado el alquiler de la nave donde se ha instalado el almacén y laboratorio del yacimiento.

La empresa es responsable del material hasta que se acabe la obra ferroviaria, que luego pasará a depender de la Junta de Castilla-La Mancha. Se habla de ampliar el actual Museo y también de crear otro nuevo museo en Fuentes, que pondría al municipio en el mapa de la paleontología ibérica.

De momento, para el estudio de lo que ya se tiene, los responsables del proyecto esperan que ocho personas comiencen a trabajar en septiembre en la nave, entre geólogos, biólogos y otros especialistas. Su intención es presentar el proyecto de Lo Hueco a tantas convocatorias de subvenciones públicas como aparezcan.

Estiman que con un presupuesto de 500.000 euros tendrían para trabajar tres años e incluso se platean volver a excavar en los márgenes de la vía durante el próximo año. Al menos necesitan cinco paleontólogos a tiempo completo.

Para que la colección sea conocida fuera, también se prepara su presentación oficial en un congreso sobre dinosaurios que se celebrará en Argentina el mes que viene.