Bahia de Cochinos


La Bahía de Cochinos o Baia Dos Porcos está situada en el litoral caribeño de la isla de Cuba, próxima a la península de Zapata, perteneciente a la provincia de Matanzas. En la bahía, localizada entre el golfo de Cazones, al oeste, y la bahía de Cienfuegos al este, desemboca el río Hanábana. Bordeada por el Parque nacional Ciénaga de Zapata, sus cristalinas aguas y las playas coralinas, como playa Larga, son hoy un destino turístico importante.

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En la boca de este profundo entrante del mar Caribe se sitúa playa Girón, donde el 17 de abril de 1961 desembarcó un contingente contrarrevolucionario de 1.500 hombres, al mando de Manuel Artimes, antiguo compañero de Fidel Castro. Este hecho conocido como el desembarco de bahía de Cochinos, se produjo dentro de la ‘crisis de los misiles’ (incidente internacional entre Estados Unidos y la Unión Soviética —Kennedy y Khruschov — por la instalación de estas armas en Cuba); tras un primer avance la invasión fue repelida y capturados sus componentes el 21 de abril.

La historia oculta del padre de Fidel: un terrateniente gallego que había combatido la Independencia de Cuba


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  • En palabras del dictador fallecido: «Mi padre era uno de aquellos jóvenes pobres de Galicia a los cuales algún rico le daba una cantidad de dinero para que lo sustituyera en el servicio militar»
 Fotografía de Ángel Castro

Fotografía de Ángel Castro

José Martí, héroe nacional de Cuba, era hijo de un valenciano y una canaria; mientras que Simón Bolívar, fundador de las repúblicas de la Gran Colombia y Bolivia, tenía profundos orígenes vascos y gallegos… y así un largo etcétera de emancipadores y revolucionarios. También Fidel Castro, pese a pertenecer a otra generación política y a otros tiempos, conservaba vínculos con la madre patria. Su padre era un gallego que emigró a Cuba a final del siglo XIX.

«En esta casa en 1875 nació Ángel Castro Argiz, gallego que emigró a Cuba, donde plantó árboles que aún florecen», reza una placa en la casa natal del padre de Fidel Castro en Láncara (en la provincia de Lugo). El 28 de julio de 1992, el dictador cubano visitó la localidad gallega acompañado de Manuel Fraga, cuyo padre había también emigrado a Cuba. Allí fue nombrado Hijo Adoptivo e incluso brotaron lágrimas en sus ojos al ver la casa natal de su padre: «Bien pequeñita es; por eso mi padre tuvo que emigrar».

El padre de Fidel nació en 1875 en tierras gallegas. De orígenes campesinos muy humildes, Ángel Castro fue el segundo de los seis hijos que tuvieron Manuel Castro Núñez y Antonia Argiz Fernández, quien murió cuando el patriarca de los Castro era todavía un niño. Su padre, que se volvió a casar, los envió a él y a sus hermanos a la casa de un tío, en la aldea cercana de San Pedro de Armea.

La Guerra de Cuba y el retorno

 A los 17 años se alistó en el Ejército para evitar la independencia de Cuba, proceso iniciado en 1895. Había buscado trabajo en Madrid sin mucho éxito hasta que se lanzó a «hacer las Américas». En palabras del propio Fidel Castro: «Mi padre era uno de aquellos jóvenes pobres de Galicia a los cuales algún rico le daba una cantidad de dinero para que lo sustituyera en el servicio militar». Según explica Carlos Márquez Sterling en su «Historia de Cuba», Castro padre formó parte de la columna española, dirigida por el comandante Cirujeda, que atacó e hirió en combate al «Titán de Bronce», Antonio Maceo, uno de los líderes independentistas más destacados. La falta de documentación sobre los detalles del desastroso conflicto hacen imposible confirmar o no esta historia.

Tras la guerra regresó a la Península, pero en poco tiempo emigró de nuevo a Cuba buscando el trabajo y la fortuna que la tierra gallega le negaba con insistencia. A modo de anécdota, se cuenta que la decisión última de trasladarse a América la tomó al descubrir que su antigua novia se había casado durante su ausencia en Láncara. (Esta historia aparece registrada en el libro «Fidel el desleal», del periodista francés Serge Raffy).

Cuba resultó un negocio rentable para Ángel Castro, que al convertirse en terrateniente contrató a una legión de españoles inmigrantes o de origen hispánico

Ángel Castro desembarcó en La Habana, procedente de La Coruña, el 4 de diciembre de 1899, tras viajar en el vapor francés Mavane. Contratista con la United Fruit Company, el padre del dictador levantó su fortuna a partir de 1905 cortando madera en los bosques, para luego plantar caña de azúcar. Su habilidad jugando a la cartas también le ayudó a amasar una pequeña fortuna.

En 1911 se casó con María Luisa Argota, a quien conoció en la ciudad de Santiago de Cuba y con la que tuvo cinco hijos (aunque solo tres llegaron a edad adulta). Juntos adquirieron y administraron una importante extensión agrícola en Birán. Cuba resultó un negocio muy rentable para Ángel Castro, que al convertirse en terrateniente contrató a una legión de españoles inmigrantes y lugareños de origen hispánico, véase la joven Lina Ruz González, hija de una sirviente y a la postre madre de los Castro. Cubana con ancestros asturianos y canarios, Lina era prácticamente analfabeta y junto con Ángel aprendió a leer y a escribir. El amor llegó a la vez.

Un romance prohibido

Durante un tiempo mantuvieron el romance en secreto, pero al enterarse María Luisa Argota se trasladó a Santiago y amenazó con divorciarse y reclamar la mitad de sus tierras. Es por ello que Ángel simuló estar arruinado y traspasó las propiedades a su socio Fidel Pino Santos. La familia que de aquí surgió tuvo que existir de forma clandestina hasta que las aguas se calmaron. El terrateniente y su joven empleada tuvieron siete hijos, entre los que se encontraban tanto Fidel Castro (en honor al socio mencionado) como su hermano Raúl Castro.

Para esconder la existencia de los hijos ilegítimos, el gallego decidió enviar a los niños a vivir con sus amigos próximos, el cónsul haitiano en Santiago, Hippólite Hibbert, y su esposa Emercianne. Fidel tenía entonces 4 años. Cuando fue enviado como interno al Colegio de La Salle, sus compañeros lo humillaron repetidamente por su origen bastardo, por tener como madre a una criada analfabeta y por no estar bautizado, llamándolo «judío». Hasta 1940 Ángel y Lina no pudieron legalizar su unión y, tres años después, el 11 de Diciembre de 1943, al fin Fidel fue reconocido como hijo legítimo.

Ángel Castro Argiz murió en Birán poco antes del desembarco de sus hijos Fidel y Raúl junto a otros 80 expedicionarios en la Playa Las Coloradas el 2 de diciembre de 1956. En vísperas de la Revolución que encumbraría a su hijo, falleció a causa de una hemorragia intestinal, a la edad de 80 años. Años después, Fidel diría que su padre siempre quiso regresar a Galicia al menos una vez.

La tumba de Batista, el dictador cubano que derrocó Fidel Castro y sus «barbudos»


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  • El discreto panteón familiar, en el que también está enterrado el hijo de 19 años del general, se sitúa junto a la entrada principal del Cementerio de San Isidro
abc | Fulgencio Batista y Fidel Castro

abc | Fulgencio Batista y Fidel Castro

El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista huía de Cuba con mas de cien millones de dolares en las alforjas. «El Hombre», como así le denominaban, escapaba en barco de la revolución encabezada por Fidel Castro, el «Che» y sus «barbudos». Este mulato de orígenes humildes –entre sus antecesores hay españoles, cubanos, negros y chinos– que gobernó con mano férrea la isla caribeña encontró refugio en la capital, donde fue enterrado en agosto de 1973 en el cementerio de San Isidro, en un panteón familiar, junto a su hijo.

Primero se exilió en la República Dominacana, donde no fue recibido con buenos ojos. Por eso, decidió mandar a su familia a Portugal, donde Salazar le ofreció protección, para poco después seguirles él. Se instaló en la tranquila y paradisíaca isla de Madeira y más tarde en Estoril. Aunque donde encontró su verdadero refugio fue en España, al abrigo de Franco. Se compró una vivienda en Madrid y otra en Marbella, donde solía veranear, y donde la muerte le sorprendió.

archivo de abc Fragmento de la crónica de ABC que da cuenta de la muerte del dictador en Marbella

archivo de abc | Fragmento de la crónica de ABC que da cuenta de la muerte del dictador en Marbella

En su casa de la capital siguió manteniendo reuniones con las fuerzas anticastristas y norteamericanas. Precisamente, fue en Madrid donde pudo ver la intentona anticastrista de Bahía Cochinos. También fue aquí donde vivió de cerca la tensión de la Crisis de los Misiles en territorio cubano, que enfrentó a Estados Unidos y a la Unión Soviética, y que estuvo a punto de llevar al mundo a una Tercera Guerra Mundial.

Una crónica de ABC, del 6 de agosto de 1973, da cuenta del infarto de miocardio que causó su muerte mientras disfrutaba de sus tradicionales vacaciones en Marbella: «En una villa de Guadalmina, donde pasaba sus vacaciones, ha fallecido el ex presidente de Cuba, Fulgencio Batista. El cadáver del general será trasladado hoy a Madrid en un avión especial para ser inhumado esta tarde, a las 5, en la Sacramental de San Isidro». Deseaba ser enterrado donde ya se encontraba su hijo Carlos Manuel, un estudiante de derecho de diecinueve años, que en 1969 había fallecido por causa de una complicada enfermedad.

Su mandato, apoyado por Estados Unidos, se caracterizó por la corrupción a gran escala y la represión política, que no impidió el despegue de los movimientos comunistas cubanos, que ya en 1953, habían intentado derrocarlo del poder, sin éxito. La Cuba de Batista, conocida como «Las Vegas caribeña», ha quedado retratada por Francis Ford Coppola en el «El Padrino II» con sus prostíbulos, casinos y su estrecha relación con la mafia.

La CIA planeó un atentado contra Franco


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  • Gonzalo de Bethencourt, corresponsal del diario «Pueblo», envió desde Colombia en abril de 1975 la siguiente crónica periodística, que ha permanecido inédita hasta hoy
La CIA planeó un atentado contra Franco

ABC 21-12-1959 Ike Eisenhower, entonces presidente de EE.UU., llega a Madrid y es recibido por Franco

Los ojos se me vinieron a abrir del todo más tarde, apenas hace unos días, pero la primera pista me la entregó, en una capital iberoamericana por encima del Ecuador, un viejo compañero de moceríos -veinte años sin vernos no lograron entibiar nuestra amistad-, convertido en vuelta y revuelta de sucesos y profesiones por todo el continente. No podría decir si había sido, es o será agente de la CIA mi amigo de la juventud, puedo decir que hoy es un intelectual que, cuando la noche comienza a saltar de su negro consustancial al blanco de la amanecida y el trago vuela alto, a veces hace confidencias. Así saltó aquella.

-¿Sabes que la CIA planeó atentar contra Franco?

Pero aquella noche habíamos hablado de todo lo divino y de todo lo humano y uno tampoco andaba como para clavar su atención en las cosas. Además, por aquellos días, los periódicos del mundo entero descubrían demasiado que detrás de las mayores barrabasadas del maquiavelismo internacional aparecía siempre la Central Intelligence Agency norteamericana. Que si la muerte de Kennedy; que si la caída y martirio de Salvador Allende; que si «El Chacal» intentando asesinar a De Gaulle… Pero me quedé con la «copla» de mi amigo.

La CIA planeó un atentado contra Franco

El periodista cubano José Pardo Llada fue el «garganta profunda» de esta historia

Por eso y desde entonces indagué cerca de las personas que creí podían conocer algo del asunto, siempre con resultados negativos. Así, hasta que en Cali (Colombia), me encontré con José Pardo Llada, 52 años, periodista a vena abierta, político de primera fila que fue en su patria, capitán del fidelismo, de la primera época antimarxista furibundo, hombre en corazón bañado, conocedor por el haz y el envés de casi todo lo acontecido en la América que fue española, sajona, portuguesa o gala. José sí sabía de qué iba la cosa cuando le pregunté sobre la maquinación «ciática» contra Franco.

-Tanto sé, que a mí me tocó danzar en esa historia, afirmó Pardo Llada, sonriendo. La cosa, según uno de los mejores periodistas que se expresan en castellano, fue así.

Invitación a España

Pardo Llada, después de ser diputado de enorme tirón y el periodista más seguido en Cuba, se metió en la guerrilla de Fidel. Cayó Batista y José ocupó puestos principales en aquella inicial administración, revolucionaría mas aún no definida como marxista, de Fidel Castro. Misiones Importantes junto a Ernesto «Che» Guevara e incluso al lado de Fidel y de Raúl. Pero para Pardo, anticomunista visceral, la nueva Cuba se deslizaba por caminos que él todavía rechaza.

Total, el exilio para Pardo Llada, quien abandona su patria -nunca desde entonces volvió- la víspera de su santo, el 18 de marzo de 1961. La esposa, María Luisa, asturiana ella, se queda por el momento en Cuba.

Primera etapa, México. Pocos días en la tierra azteca. El abandono de la revolución por parte de Pardo Llada ha sido demasiado sonado para que en México -la tierra de donde zarpó el «Granma» para cuajar con unos pocos guerrilleros civiles el único éxito, hasta la fecha, iberoamericano de «la conquista del estado» por un puñado de jóvenes alzados en armas- la estancia del exilado transcurriera sin problemas.

Hay que marcharse a otra parte. Pardo está pensando en viajar a Brasil, cuando recibe una visita.

-Se trataba -me cuenta José- de un periodista cuyo nombre olvidé pero del que sí recuerdo que me dijo que trabajaba en ABC de Sevilla. Hombre muy correcto, me explicó que era mensajero de una sugerencia para que, si quería, me fuese a vivir a España. Me extrañó la propuesta porque yo no me había distinguido por mis elogios al Gobierno español. Así se lo expresé.

Su réplica -«Precisamente se la hacemos para que usted, Pardo, conozca, al mismo tiempo que la hidalguía española, la realidad del régimen que tan duramente criticó»- terminó por convencerme. Además, estaba el que mi mujer es española y yo sabía que desde La Habana a Madrid se viajaba con facilidad.

Pardo Llada llega a la capital española en los días postreros de marzo de 1961. De inmediato, la Policía le protege porque en ciertos círculos oficiales se estimaba que Pardo, fidelista arrepentido, podía tener problemas graves con los exiliados batistianos.

-En esos días conocí al comisario Vicente Reguengo. O Fernández Reguengo, que creo que acabó al frente de la Brigada Social de la policía española, asegura el periodista cubano.

El exilado cubano se instala en una pensión cercana a la avenida del Generalísimo. Sale poco. La casa que más visita es la del general Perón -también exilado-, con quien mantiene una vieja y buena amistad y a quien ayuda en trabajos periodísticos.

Que sea Pardo Llada quien hable:

-Llevaría como mes y medio en Madrid cuando una mañana recibí una llamada de un tal míster Williamson quien, por el teléfono, me aseguró que pertenecía a la representación diplomática de Estados Unidos en España. Quería verme cuanto antes. Acudí a la cita en la Embajada. Mr. Williamson -su nombre ahora se me escapa de la memoria- era un tipo simpático, rubicundo, de unos 45 años entonces, con pinta de héroe. Me pidió que intercambiásemos puntos de vista sobre el periodismo cubano, tanto del fidelista como del antifidelista, del que poseía un excelente conocimiento. En quince días me llamó unas seis veces. De todas esas visitas dos cosas me sorprendieron: que me recibiera en el despacho del embajador, quien aún no había presentado cartas credenciales y que, una de las veces, me cruzara en la puerta de la oficina con dos conocidos comunistas españoles exilados. Uno de ellos era José Luis Gálvez, catedrático en una Universidad del sur de España durante la República y que se exiló en Cuba después de la Guerra Civil. Gálvez fue -y no sé si lo seguirá siendo- uno de los jerarcas de la política educacional de Fidel Castro. Conocí a los dos comunistas españoles en la Casa de la Cultura, situada en la calle del Prado de La Habana. Le saludé en la Embajada USA de Madrid y a nadie comuniqué mi extrañeza, pero por dentro quedé convencido de que el Gobierno de Franco había dictado una amnistía y que por eso andaban en Madrid, Gálvez y su compañero.

La CIA planeó un atentado contra Franco

Conferencia política entre las delegaciones de EE.UU. y España en 1959

Continúa Pardo Llada en su relato:

-Así se desenvolvieron las cosas hasta que, a los quince días, recuerdo que mi mujer había llegado aquella mañana a Barajas, recibí una orden de Fernández Reguengo para que me presentase de inmediato en la Puerta del Sol, en la Dirección General de Seguridad. Obedecí la orden. Fernández Reguengo no era ese día el policía amigo de otras veces, sino el funcionario distante que fríamente cumple con un deber. Me dijo: «Se tiene que ir de España mañana mismo y no me pregunte por qué; no se lo puedo decir». Me retuvieron allí, en el despacho del comisario durante dos horas. Me dijeron que me marchase a la pensión para hacer mis maletas y salir del país lo antes posible. No fui a mi casa. Por el contrario, acudí a la residencia de Perón para contarle mi caso.

El general investigó entre sus amistades y aquella misma tarde, en el hogar del presidente argentino, dialogué con un general, cuyo nombre he olvidado pero que era bastante joven y había combatido en Rusia con la División Azul. Al final de nuestra charla, el general me aseguró:

-No; lo que sucede, Pardo, es que usted es muy amigo del presidente Kennedy. Ese es el informe que de usted ha dado nuestra representación diplomática en La Habana.

Pensé -y sigue el relato del periodista cubano- que si hubiera estado el embajador Logendio en Cuba -ya había ocurrido el célebre incidente de la televisión- lo de mi amistad con Kennedy podría haber quedado bien claro. Cierto que había hecho dos entrevistas -una que pasó por el canal de Televisión a color, que fue de Pumarejo, y otra, publicada en «Bohemia», a Kennedy cuando todavía era candidato. También era el responsable de ordenar la publicación contra el criterio de Fidel, de algún discurso de quien acabaría acribillado en Dallas. Aunque todo lo que me sucedía en Madrid era muy extraño, recordé que Kennedy se había distinguido por su antifranquismo porque, siendo joven cuando su padre era embajador en Londres, él había estado en España visitando a sus compatriotas de la brigada «Abraham Lincoln» e inmediatamente después de tomar posesión de la Casa Blanca, organizó un concierto con la intervención única de Pablo Casals, el violoncelista español exilado que murió en Puerto Rico sin retornar a la Patria.

Sánchez Bella aclara

A pesar de que Pardo Llada argumentó en casa de Perón, ante el general que había peleado en la División Azul, la realidad de su amistad con John F. Kennedy, se tuvo que largar a toda prisa de Madrid, donde quedó María Luisa, su mujer, con un encargo concreto; averiguar como pudiera las razones verdaderas de la expulsión del fidelista arrepentido. La asturiana María Luisa logra conectar con Gastón Baquero, también exiliado cubano, por aquel entonces trabajando como articulista de ABC, destino que creo conserva hoy.

Baquero y Pardo mantenían unas correctas relaciones, aunque no «íntimas», porque ambos políticamente andaban en paralelos muy alejados. Gastón Baquero aclaró a la mujer del periodista cubano, tan bien recibido y tan mal despedido de Madrid: «El problema es -dice Pardo que le dijo Baquero a su esposa- que José tenía relaciones muy cercanas y misteriosas con Mr. Williamson y éste se encuentra en una situación muy difícil con el Gobierno español».

Ando en diálogo con José Pardo Llada en Cali. Insiste José en el tema con precisiones de profesional que no quiere dejar un solo cabo suelto:

-De Madrid viajé a París. Allí me enteré de algo que no había publicado la prensa española, pero sí la del resto del mundo. En aquellos días finales de junio de 1961, según la prensa extranjera, intentaron atentar contra Franco volando un puente en la carretera Madrid-Cádiz, cuando el generalísimo viajó al sur de España. Entonces, recordé que durante las dos horas que permanecí en el despacho de Fernández Reguengo llamaban a éste desde larga distancia y el comisario respondía a sus interlocutores: «Entonces ahí tenéis a tres…» o «…a cinco». Al conocer la noticia del atentado frustrado la relacioné con la otra, que también conocí en París, por aquel entonces detuvieron en España a unos 150 izquierdistas en redadas simultáneas. Entonces entreví algo del por qué me habían obligado a salir de Madrid con tantas prisas.

El periodista cubano vuela de París a Cali (Colombia), donde acabará, residenciándose. Tiempos después, un buen día Pardo está sentado en el bar del hotel Alférez Real caleño. Entra Alfredo Sánchez Bella, entonces embajador de España en Colombia. Pardo es buen amigo del que luego sería ministro de Información y Turismo, a quien había conocido cuando visitó La Habana como director de Cultura Hispánica. Se ven dos viejos amigos. Se abrazan. Sánchez Bella pregunta a Pardo Llada:

-¿Y tú, qué haces aquí en Cali?

-El que debe saber la razón eres tú, porque de tu país me echaron…

Sánchez Bella sonríe. Durante dos días los encuentros entre el embajador y el hombre de prensa cubano resultan frecuentes. El tema de la expulsión de Pardo sale a relucir en varias ocasiones. Hasta que Sánchez Bella aclara:

-Es que tú, Pardo, ¡tienes cada amigo¡, exclama el diplomático.

Extrañeza en Pardo. Sánchez Bella puntualiza:

-Sí, sí, entre ellos, Mr. Williamson. ¿Tú sabes que era el Jefe de la CIA en Europa, con base en Madrid, y que andaba conspirando contra Franco, por orden de Kennedy?

El cubano replica rápido. -¿Y por qué no botaron a Williamson y a mí sí?

-Porque -fue la respuesta del embajador- la cuerda siempre se rompe por lo más flojo. Además, Williamson salió de España poco después por vía diplomática.

En aquel momento Pardo Llada otorgó vigencia a un consejo que, en los días madrileños del fidelista de las primeras horas le dio el cónsul cubano en Madrid, Antonio Matos: «Te debes marchar de aquí y muy pronto; hay quien a nivel oficial te considera elemento muy peligroso». Pardo Llada obedeció el consejo no por voluntad propia, sino por «insinuaciones» clarísimas y policiacas.

La ficha de Williamson

Ahora, este Mr. Williamson, jefe de la CIA en Europa con sede en Madrid el año 1961, ya jubilado, se dedica al negocio de inversiones en Puerto Rico. Pero, ¿y antes? Que se sepa fue el director financiero de la sublevación en la ciudad cubana de Cienfuegos, contra el Gobierno de Batista. Esto ocurrió en 1958. Hubo de treinta a treinta y cinco muertos y en la acción participaron comandos fidelistas y también miembros del Partido Auténtico de Carlos Prío Socarrás. De dicha sublevación sé que, en su vertiente civil, estuvo dirigida por Emilio Aragonés, hoy embajador de Cuba en la República Argentina, y personaje que se halla dentro del círculo de amigos íntimos de Fidel.

También sé que Williamson poco antes de organizar, según Pardo Llada, el fallido atentado de la CIA contra el jefe del Estado español, montó con éxito, en la Europa socialista, otra operación subversiva contra el Gobierno húngaro.

Todo comenzó por una frase en una madrugada cargada de diálogos, de recuerdos sevillanos, de tratar que, de pronto a miles de kilómetros, estallasen los melismas de una «soleá de Triana» dicha por «Pepe el de la Matrona», por ejemplo. Meses después, en la ciudad colombiana de Santiago de Cali, aquella afirmación de la CIA planeó un atentado contra Franco, halló amplia confirmación por boca de uno de los «rozados» más directamente por el asunto: José Pardo Llana, cubano y periodista.

¿Cuál era la comida favorita de Hitler, Mussolini y otros dictadores?


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  • Un nuevo libro recoge los gustos culinarios de los líderes más destacados del SXX
¿Cuál era la comida favorita de Hitler, Mussolini y otros dictadores?

ARCHIVO ABC | Entre los platos favoritos de Hitler estaba la paloma rellena

Muchas veces pensamos que ya se ha escrito o dicho todo sobre determinados personajes, pero hay noticias que no dejan de sorprendernos, un libro que habla cobre los gustos culinarios de diferentes dictadores…. increible.
Hitler, Mussolini, Gaddafi y otros tantos. Todos ellos fueron crueles dictadores que acabaron con la vida de miles de personas y dirigieron la existencia de millones. Sin embargo, también eran humanos y, como tal, tenían sus predilecciones a la hora de sentarse a la mesa. Pero ¿Existe, a día de hoy, constancia de cuáles eran sus comidas favoritas?

Al parecer sí, o eso afirman las investigadoras Victoria Clark y Melissa Scott en su nuevo libro «Dictators’ Dinners: The Bad Taste Guide to Entertaining Tyrants» -analizado por la versión digital del diario «The Telegraph»-. Y es que, en este texto las escritoras se sumergen en las predilecciones culinarias de los grandes dictadores del Siglo XX (algunos de ellos tan actuales como Fidel Castro o Kim Jong-il).

1-Adolf Hitler

A pesar de que el Führer era conocido por ser vegetariano, las investigadoras afirman que -durante 1930- se «saltó» varias veces sus convicciones para comer el que era su plato favorito: paloma rellena con nueces, lengua, hígado y pistachos. Al parecer, declaró en varias ocasiones que no había «nada mejor que una buena bola de hígado» al sentarse a la mesa. Esta afirmación corroboraría la teoría de que el líder nazi no ingería carne debido a un problema gástrico que le provocaba una flatulencia crónica, pero no por ideales.

2-Benito Mussolini

El dictador italiano sentía auténtica debilidad una sencilla ensalada elaborada a base de ajo crudo, aceite y limón (todo ello mezclado en una especie de pudding). «Solía comerse un plato entero al día. No podía ir a ninguna parte con él después de eso», explicaba –según los datos recogidos por el «Telegraph»- su mujer a la cocinera de la familia. Además, las investigadoras afirman que únicamente ingería pasta fabricada de forma especial y no le gustaba la carne –aunque no le importaba meterse entre pecho y espalda un buen pedazo de ternera marinada en todo tipo de hierbas-.

3-Muamar Gaddafi

Al igual que Hitler, las investigadoras consideran que el libio sufría de flatulencia crónica, por lo que tuvo que renunciar a una de sus bebidas preferidas: la leche. Entre sus comidas favoritas se encontraban los macarrones –no se especifica la salsa con las que acompañarlos.- y el cuscús con carne de camello. Según sus más allegados, solía disfrutar con alimentos sencillos.

4-Fidel Castro

En palabras de Clark y Scott, la íntima amiga de Fidel Castro, Celia Sánchez, ha revelado en varias ocasiones que éste siente auténtica devoción por la sopa hecha con una tortuga en peligro de extinción.

5- Kim Jong-Il

Al parecer, el líder norcoreano fue un auténtico gourmet. De hecho, y siempre según las autoras, poseía una biblioteca entera llena de libros de cocina e instruyó a sus embajadores para que le informaran de las especialidades culinarias locales de las regiones que visitaban.

Así conoció desde el caviar iraní hasta la carne de cerdo danesa pasando por los mangos tailandeses. Sin embargo, las comidas por las que sentía debilidad eran la sopa de aleta de tiburón y la elaborada a base de carne de perro (la cual, según creía, le proporcionaba inmunidad ante las enfermedades y virilidad).