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RTVE

  • Participan dos películas españolas ‘Grupo 7’ y ‘La chispa de la vida’
  • El programa incluye mucho cine estadounidense, extranjero y documentales

La undécima edición del festival de cine de Tribeca se inauguró este miércoles en Nueva York, con un cartel de noventa películas procedentes de 32 países, entre ellas dos españolas, una mexicana, una cubana y otra argentina, con las que se ha perseguido exhibir en la gran pantalla diversidad y equilibrio.

En el acto de apertura estuvieron presentes los fundadores del festival, Robert De Niro y Jane Rosenthal, quien resaltó que “Tribeca comienza su segunda década de andadura como un referente de innovación, descubrimiento y comunidad”.

“Este año ha habido un diálogo muy intenso para seleccionar las películas, y al final hemos conseguido un programa muy interesante, de cintas estadounidenses pero también extranjeras, con muchos documentales, lo que es muestra de calidad y de un armónico equilibrio”, declaró hoy a Efe la directora de Programación del festival, Genna Terranova.

Presencia española

Como ejemplo de la fuerte presencia de películas extranjeras entre las noventa que se proyectarán hasta el 29 de abril, Terranova destacó la española La chispa de la vida, de Álex de la Iglesia, director del que dijo que “es un fantástico cineasta”. “Su película -protagonizada por José Mota y Salma Hayek- habla de la crisis económica que estamos padeciendo de una forma muy original y entretenida”, apuntó Terranova, quien también se refirió al otro título de procedencia española, Grupo 7, de Alberto Rodríguez y protagonizada por Mario Casas.

“Es un thriller policiaco con secuencias repletas de acción y muy buenas interpretaciones con el que estamos muy entusiasmados”, apostilló.En cartel, también hay tres películas latinoamericanas: la cubana Una noche, de Lucy Mulloy, la mexicano-estadounidense The Girl, de David Riker, y la argentina “La suerte en tus manos“, una comedia romántica de Daniel Burman.

“En general hemos visto películas rodadas con poco presupuesto que, sin embargo, son muy creativas, porque la crisis económica fuerza a sacar el máximo partido a los recursos y a que los cineastas se tomen más tiempo para pensar”, explicó Terranova. La programadora puntualizó que “los directores de todo el globo están siendo más creativos, invirtiendo más tiempo en desarrollar el guión, para tener su propia voz en la gran pantalla y contar nuevas historias de una forma diferente”.

Además, señaló que se ha buscado un programa dirigido a todos los públicos, motivo por el que el festival se abre y se clausura con dos películas estadounidenses de elevado presupuesto: Compromiso de cinco años, dirigida por Nicholas Stoller y protagonizada por el popular Jason Segel, y Los vengadores, de Joss Whedon.

Algunas de las cintas del festival competirán para alzarse con la distinción a la mejor película de ficción, el mejor documental y el mejor cortometraje, galardones que serán otorgados por un jurado en el que figuran Michael Moore, Susan Sarandon o Ricardo Darín, y entregados en una gala, el día 26, conducida por Whoopi Goldberg. El festival de Tribeca fue fundado en 2001 por Robert De Niro y Jane Rosenthal, tras el atentado contra las Torres Gemelas, para revitalizar la economía y la cultura de la zona sur de Manhattan, y desde entonces ha exhibido más de 1.300 películas de 80 países y ha atraído a 3,7 millones de espectadores.-

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ÚLTIMA CRÓNICA – La Vanguardia

Lo que genéricamente se conoce como ‘Festival de Edimburgo’ engloba, en realidad, una serie de ferias, salones y acontecimientos culturales independientes

actualidad080821ed.jpgSon las seis y media de la tarde de un día cualquiera de agosto y estoy en medio de la Royal Mile, el eje central del casco viejo de Edimburgo, muy cerca del castillo, esperando a una amiga que sale de trabajar a esas horas por la zona. Mala idea. A ella se le ha olvidado el móvil en casa y yo no la puedo localizar por teléfono; pero tampoco la puedo buscar en la calle: las vallas, los policías, los militares y una multitud de cientos de personas nos impiden encontrarnos. Empieza, un día más, una nueva representación del “Edinburgh Military Tattoo”.

El Tattoo de Edimburgo es una función militar que se organiza cada año al aire libre a las puertas del castillo y que reúne en un auténtico crisol de luz y color a bandas e intérpretes de todo el mundo. Su plato estrella son las gaitas y los tambores, y miles de personas se acercan cada año a la ciudad para poder disfrutar de un espectáculo musical único en Europa.

No obstante, los turistas no solo vienen a Edimburgo en verano por el Tattoo, sino por más de una decena de eventos que se organizan cada año en la ciudad. Lo que genéricamente se suele conocer como “Festival de Edimburgo”, en realidad engloba una serie de ferias, salones y acontecimientos culturales independientes conocidos casi todos ellos como “festival de” (término un poco presuntuoso para algunos) y que van desde el prestigioso “Festival Internacional de Edimburgo” de teatro, música y artes escénicas hasta el alternativo “Fringe”, pasando por otros menos famosos como el “Festival Internacional de Ciencia”, el “Festival Internacional de Cine”, el “Festival de Jazz & Blues” o el “Festival Internacional del Libro”. Además, acorde con los veranos cada vez más culturales de la ciudad, recientemente se han creado otros festivales menores como, por ejemplo, el “Festival de la Política”, organizado por el Parlamento de Escocia y que lleva celebrándose desde el año 2005.

Pero, sin duda alguna, de todos ellos los más relevantes son el Festival Internacional de Edimburgo y el Fringe. El primero es el festival oficial que se creó en 1947, en el contexto de una Europa deprimida tras la Segunda Guerra Mundial, para -según figura en su web oficial- enriquecer la vida cultural de Escocia, el Reino Unido y del continente entero y para convertirse en una “plataforma para el florecimiento del espíritu humano”. Sus representaciones suelen ser de teatro, ópera, música clásica y danza, y la idiosincrasia del festival es, en general, de un estilo bastante tradicional. En ese mismo año y como alternativa al festival oficial surgió el Fringe, aunque no adquirió su nombre hasta el año siguiente. Este festival tiene un carácter más popular y se caracteriza, entre otras cosas, por hacer un tipo de teatro más moderno y por llevar a cabo un gran número de eventos callejeros.

Sin embargo, como no todo puede ser perfecto, este año el Fringe ha tenido serios problemas técnicos con la venta de entradas: el sistema automatizado que debía facilitar la impresión de las mismas estuvo sin funcionar correctamente durante siete semanas, desde el anuncio del programa del festival hasta la inauguración de los primeros espectáculos, por lo que los posibles compradores tuvieron que adquirirlas finalmente por sistemas más tradicionales. A pesar de que desde entonces la prensa ha utilizado varias veces en su vocabulario la palabra “fiasco”, los organizadores declararon en un principio que se estaba batiendo el récord de ventas desde la apertura del festival, llegando incluso a afirmar que habían vendido hasta un 18 por ciento más que en el año anterior. No obstante, tras un primer momento de euforia ya han surgido de nuevo los problemas: las consecuencias del fallo técnico están empezando a dejarse notar y, por lo pronto Jon Morgan, director de la “Festival Fringe Society” (entidad organizadora del Fringe) ya ha ordenado una investigación.

Aún así, la vida sigue y Edimburgo por estas fechas está lleno de vida. Normalmente está nublado y llueve… o sopla el viento y hace frío. Pero las calles están abarrotadas de gente y se nota que estamos en agosto: turistas despistados buscando el castillo, larguísimas colas esperando para entrar en él, gente disfrazada por la calle, cafeterías y bares hasta arriba, representaciones al aire libre, coches y taxis atrapados en los atascos, entradas usadas y folletos en el suelo, carpas, calles cortadas, autobuses lentos, niños corriendo, protestas, flashes, murmullos, risas y gaitas.

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