Capitulaciones de Granada – 1491


Las Capitulaciones para la entrega de Granada, a veces conocidas como el Tratado de Granada, fueron los acuerdos firmados y ratificados el 25 de noviembre de 1491 que pusieron fin a la Guerra de Granada librada entre los reyes católicos Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón y el sultán musulmán de Granada Abú ‘Abd Allah Muhammad Boabdil el Chico por los que renunció a la soberanía nazarí del Reino de Granada a favor de los monarcas cristianos quienes garantizaron una serie de derechos a los musulmanes, incluida la tolerancia religiosa y su justo tratamiento en compensación por una rendición incondicional y capitulación.

La rendición de Granada por Francisco Pradilla y Ortiz: El sultán Boabdil entrega Granada a los reyes Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla.

Términos

La capitulación contenía 77 artículos. Entre las condiciones otorgadas por don Fernando y doña Isabel al acordar con los moros granadinos destacan las siguientes:

  • El rey de Granada y los alcaides entregarán la fortaleza de la Alhambra y todas las otras fortalezas, torres y puertas de la ciudad de Granada y del Albaicín.
  • Todos los moros se entregarán libre y espontáneamente, y cumplirán como buenos y leales vasallos con sus reyes y señores naturales. No se les obligará a convertirse al catolicismo ni podrán ser molestados por sus costumbres. No podrán ser enrolados en el ejército contra su voluntad.
  • El día que el rey entregase las fortalezas y torres, sus altezas le devolverían a su hijo con todos los rehenes, y sus mujeres y criados, excepto los que se hubieren vuelto cristianos.
  • Los moros serán juzgados en sus leyes y causas por su derecho tradicional, con parecer de sus cadís y jueces, que permanecerán en su puesto si son respetados por el pueblo y leales. El jurado estará compuesto de un cadí y un juez cristiano. No se permitirá, sin embargo, que las culpas y delitos pasen de padres a hijos.
  • Se permite a los moros llevar armas, excepto pólvora, que deben entregar a las autoridades.
  • Los moros son libres de vender o arrendar sus propiedades y viajar a la Berbería si así lo desean sin que se les confisquen sus bienes, garantizando los cristianos que la travesía sería segura, durante tres años. Pasado este tiempo, deben avisar a las autoridades con cincuenta días de antelación y mediante el pago de un ducado. Este derecho es recíproco para los habitantes de la Berbería.
  • Los moros no estaban obligados a llevar marca distintiva alguna, al contrario que los judíos, que deberían llevarla siempre.
  • Los antiguos habitantes de Granada están exentos de impuestos durante tres años. Los tributos serán los habituales según la ley nazarí. Podrán comerciar en todo el reino sin pagar ningún portazgo especial.
  • Todos los cautivos cristianos de la ciudad serán entregados a las autoridades castellanas y liberados, a no ser que fueran vendidos antes de la capitulación, como condición para el vasallaje.
  • Todos los funcionarios y empleados de la administración nazarí, desde el rey hasta los siervos, pasando por los alcaides, cadís, meftís, caudillos, alguaciles y escuderos serán bien tratados y recibirán un sueldo justo por su trabajo. Se respetarán sus libertades y costumbres.
  • Los cristianos tienen prohibido entrar en las mezquitas, y los judíos no pueden ser recaudadores ni tener bajo su mando ni a cristianos ni a moros. Asimismo, se respetan las limosnas de las mezquitas, que serán administradas por los alfaquíes.
  • Se concede una Amnistía e indulto general para todos los prisioneros de Granada, incluidos los que se escaparon de las cárceles cristianas y se refugiaron en la ciudad, excepto si son canarios o negros. Esta amnistía se extiende también a los prisioneros de guerra.

Consecuencias del tratado

Bajo estas condiciones quedaron los reyes Isabel y Fernando dueños de la ciudad de Granada, por cuyas puertas salió para no volver jamás el rey Boabdil el mismo día que entró triunfante el ejército cristiano.

Culminaba la Reconquista, período histórico iniciado en 722 por los reinos cristianos de la península ibérica que logró nuevamente el control peninsular del dominio musulmán.

Casi un siglo después, durante el reinado de Felipe II de España, sucedió la rebelión de los moriscos. Los descendientes de los moros del reino de Granada que consintieron en vivir como súbditos de Castilla por no abandonar aquella tierra y aduciendo el incumplimiento repetido del tratado, se levantaron en armas contra la Corona en 1568. Esto llevaría a la expulsión de los moriscos, más adelante, en 1609.

Mengs, el embajador del clasicismo


ABC.es

  • Mañana se inaugura en la Real de San Fernando la exposición «Anton Raphael Mengs y la Antigüedad»

ABC | Obras de Mengs, publicadas por Azara

Anton Raphael Mengs (1728-1779), pintor de cámara de Carlos III, puso su corazón y casi toda su vida al servicio de la Antigüedad. Representante muy principal de la estética neoclásica en Europa, fue, además de pintor, pedagogo, teórico, coleccionista e incluso arquéologo. Para él, todo estaba en la Grecia clásica y solo volviendo a ella el arte tenía sentido.

Para Mengs, los artistas griegos habían alcanzado la perfección, y la imitación de sus obras era el único camino para la excelencia absoluta. En 1761 llegó a Madrid, y colaboró en la decoración y embellecimiento del Palacio Real y del Palacio de Aranjuez, a la vez que su voz era muy tenida en cuenta en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que sería miembro honorario.

Su pasión por el clasicismo le llevó a realizar una auténtica cruzada. Trató con cortes y con gobiernos, con las autoridades eclesiásticas, con ducados y con condes, con nobles de aquí y de allá (principalmente italianos), para conseguir las licencias que le permitieran realizar los vaciados en yeso de toda escultura de origen griego que se encontrara a mano.

Gran donación

Reunió una gran cantidad de vaciados y los trajo a España, y se los donó a la de Real de San Fernando para que sirvieran de ejemplo pedagógico para los alumnos que aquí se entregaban al estudio de las bellas artes. Esa colección, además de algunos bocetos del propio pintor, es el eje de la exposición «Anton Raphael Mengs y la Antigüedad» que, organizada por la Fundación Mapfre y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se inaugura este miércoles en la propia sede de la Academia.

Según Almudena Negrete, comisaria de la muestra, Mengs «invirtió en este proyecto casi todas sus energías físicas y económicas para conseguir esas licencias que hicieran posible la realización de los vaciados». Incluso, se estableció un plan, coordinado por el pintor Francisco Preciado de la Vega, para que los vaciados viajasen de la mejor manera posible entre el puerto de Civitavecchia, situado a ochenta kilómetros al noroeste de Roma, y el puerto español de Alicante. Primero se pensó en usar buques de la Armada Real que hacían el viaje entre Italia y España pero, finalmente, hasta se eligió un barco, el Santísima Concepción, elegido a propósito para la singular empresa.

Estos vaciados, hoy por hoy muy frágiles y vulnerables, responden, según los organizadores, « los ideales estéticos y las teorías del Neoclasicismo que tanto Mengs como su amigo Winckelmann, exponían en sus obras y escritos», como el propio Mengs plasmó en su libro «Reflexiones sobre la belleza».

Los artistas griegos fueron, como dijo Diderot, los apóstoles del buen gusto, y Mengs se convirtió mediante esta singular colección de vaciados, en su mejor embajador ante la España de Carlos III que se asomaba intensamente a la Ilustración.