Últimos secretos y confidencias del Rey Católico al Gran Capitán


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  • Dieciséis cartas inéditas entre Fernando de Aragón y Gonzalo Fernández de Córdoba, en la gran exposición que Toledo inaugurará la próxima semana
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Eran un Rey y su más leal vasallo, un gobernante inteligente y ambicioso y el más bravo e innovador de sus soldados (y los dos eran primos). Por eso las cartas que cruzaron Fernando de Aragón, el Rey Católico, y Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, son una de las más ricas fuentes para entender la complejidad del tablero europeo a finales del XV y principios del XVI. Viejos folios llenos de secretos, instrucciones y hasta párrafos donde se asoman los sentimientos y desvelos del Monarca. De aquellas campañas se conocen cientos de misivas, pero ahora se han hallado 16 cartas inéditas, conservadas por los duques de Maqueda, que se mostrarán en la gran exposición que dedicará el Museo del Ejército a su noble antepasado y que será inaugurada la próxima semana. El motivo es el quinto centenario de la muerte de Fernández de Córdoba, otra de las gigantescas figuras de la historia de España que nos hemos empeñado en olvidar durante décadas.

En una de las cartas, el Rey se desahoga con el Gran Capitán y le comenta la indignación que siente por el trato que el Archiduque otorga a su hija Juana, de la que comienzan a decir que está loca. Son palabras del Rey: «Que no se ha contentado con publicar por loca a la Reyna mi fija, su mujer, y enbiar acá sobre ello escrituras firmadas de su mano, e más he sabido que la tienen en Flandes como presa e fuera de toda su libertad. E que no consienten que la sirva ni vea ni hable ninguno de sus naturales, e que lo que come es por mano de flamencos, e así su vida no está sin mucho peligro, guárdela Dios, ya vos vedes que devo yo sentir de todo esto, e para con vos yo disimulo por no ponerla en más peligro fasta traerla, si a nuestro señor plugiere»

Para el coronel Jesús Anson, comisario de la exposición que abre sus puertas al público en el Alcázar de Toledo el próximo viernes, se trata de documentos importantísimos. «Estaban en el archivo familiar de los duques de Maqueda, muy bien guardadas. Y hay un conjunto de casi cuarenta misivas inéditas, de las que dieciséis están relacionadas con el Gran Capitán».

Fin de la guerra medieval

Preguntamos al coronel del Ejército de Tierra por el personaje: «Al Gran Capitán –nos confiesa– se le ha comparado con Alejandro Magno o con Escipión el Africano por la importancia de las campañas militares que desarrolló». Señala que «hablamos, sin duda, del que fue el primer jefe de una fuerza expedicionaria española. Hasta entonces no estaba España constituida, y fue la primera vez que una fuerza nacional, por mandato de los Reyes Católicos, salía fuera de España con un propósito concreto: recuperar el Reino de Nápoles».

Es verdad que el Gran Capitán ha tenido una reivindicación reciente para el gran público como parte del elenco de la serie «Isabel», en la que era interpretado por Sergio Peris Mencheta. Pero para hacerle justicia, insiste el coronel Anson, sería necesario subrayar que él acabó con las reglas del combate medieval, innovando en Nápoles. «Supo acabar con el poderío de la caballería pesada. El ejército francés era mucho más numeroso y tuvo que hacer grandes innovaciones. A parte de la infantería la dotó de picas para detener a la caballería pesada. Hizo determinante del uso del arcabuz, que por entonces no tenía mucha cadencia de fuego, pero sí penetraba en las corazas mejor que la ballesta. Aligeró la caballería y al resto de la infantería la infiltraba con una rodela y una espada ligera en las líneas enemigas causando mucho daño». Organizó las unidades en cuadros más pequeños y maniobrables, idea que daría paso a los tercios, el ejército que hizo posible el imperio.

Soldados de toda España

Había nacido un mito. Hay innumerables publicaciones extranjeras que se imprimieron sobre él. «Inglesas, francesas y sobre todo italianas, porque en Italia fue una figura legendaria, el primer caballero del Renacimento, un modelo que parte de las biografías que hicieron historiadores como el caballero florentino Francesco Guicciardini», recuerda Anson.

¿Y quién componía su ejército? Aquí se certifica lo que era España en el momento de convertirse en un Estado nación moderno: la mayoría de la fuerza expedicionaria procede de Castilla. Pero las tropas se enriquecen con soldados de toda España. Hay asturianos y gallegos (2.000) y un importante contingente de vizcaínos (como se llamaba a los vascos), capitanes legendarios como Juan de Lezcano o Pedro Navarro. ¿Y catalanes, ya que estamos en la Corona de Aragón? «No había muchos soldados catalanes –responde Anson–, pero la contribución de los mismos a la Armada fue muy importante, al mando de Bernardo Villamarín». Son datos de la historia, de plena actualidad.

¿Y por quién luchaban? No cabe duda de que lo hacían por esa nación recién formada que vivía por entonces además la fabulosa aventura americana. En una de las cartas inéditas, que van de 1495 a 1508 en su mayor parte, Fernando el Católico impulsa a que sus soldados, a los que llama así: españoles, se casen en Nápoles: «Otrosí, porque es de creer que en estas guerras havrán enbiudado muchas mugeres de todas suertes en el Reyno de Nápoles, y muchas de aquellas y otras que están por casar, es de pensar que havrán plazer de casarse con españoles, diréis al dicho nuestro visorey que deve procurar que se casen en aquel Reyno todos los más españoles que ser pudiere, de los peones y de todas suertes, y si hay algunos lugares despoblados que se hayan de poblar que se pueblen de españoles». Política de asimilación y mestizaje que los Reyes Católicos llevarían al Nuevo Mundo.

A veces, en su nombre, el Gran Capitán debía impartir justicia, como en el caso del traidor Alonso de San Severino: «En todo caso le faga luego degollar por justiçia por traidor si ya no fuere fecho, y que en esto no ponga dilaçión ni consulta alguna». Pero hay que decir que algunas cartas no han podido leerse. Guardaban secretos, y están tan bien cifradas que los siguen guardando, así que sólo los ojos del Rey y del Gran Capitán pudieron alguna vez leerlas.

Para el historiador José Enrique Ruiz Domenec, verdadero especialista en el Gran Capitán, estas cartas «tratan de la alta política y diplomacia que se lleva en Italia, en el Reino de Nápoles y muestran también algunas diferencias que el Rey y el Gran Capitán mantenían sobre algunos aspectos de carácter estratégico y administrativo». De hecho, confiesa a ABC que han corroborado alguna de las hipótesis que él mantenía en su libro, referencia sobre el Gran Capitán. En las cartas vemos distintas caligrafías, «incluso hay un manuscrito del Rey Fernando y alguna carta con la terrible letra de González de Córdoba, que es la típica letra endemoniada de los grandes de la época, hecha con rapidez y pluma de ave: es letra de médico».


Claves perdidas, cartas todavía sin descifrar

Descubren el misterio que esconden los ‘gorros’ de los moais de la isla de Pascua


El Confidencial

  • Sean Hixon, un estudiante de la Universidad de Oregón, ha trabajado sobre una nueva teoría que explicaría el significado de los ‘pukao’ que portan estas famosas estatuas de Chile
Foto: Moai de la Isla de Pascua de Chile con uno de sus característicos 'gorros' (Flickr/Kim Smith)

Moai de la Isla de Pascua de Chile con uno de sus característicos ‘gorros’ (Flickr/Kim Smith)

Desde que los europeos llegaron a la zona en el siglo XVIII han sido muchas las teorías y especulaciones que han intentado dar significado a las enormes estatuas que se contemplan en la Isla de Pascua, en Chile. Pero no sólo estos colosos de piedra han desatado la imaginación de los curiosos o los más exhaustivos estudios al respecto. También los ‘gorros’ que llevan sobre sus cabezas los moais son un misterio. ¿Qué significado tenían? ¿Por qué son de color rojo? ¿Cómo los transportaron hasta la cima de unas esculturas que llegan a superar los 10 metros?

Sean Hixon, estudiante de arqueología y geología de la Universidad de Oregón (Estados Unidos), ha sido el último en dar una solución al secreto que se llevó tras de sí la civilización que ocupó la Región de Valparaíso hace tantos años. Según este investigador, los ‘turbantes’ que portan las esculturas podrían haber sido puestos en su lugar gracias a un sistema de cilindros que permitiría el desplazamiento de estos grandes bloques de piedra. Hasta conseguir ubicarse sobre las testas de los moais, la piedra roja volcánica que decora la cabeza de algunas de estas estatuas chilenas rodó sobre troncos de árboles hasta que pudo ser colocada a modo de ‘sombrero’.

El 'pukao' de los moai tiene un característico color rojo proveniente de la roca volcánica con la que están hechos (Reuters)

El ‘pukao’ de los moai tiene un característico color rojo proveniente de la roca volcánica con la que están hechos (Reuters)

“Parece que un pequeño número de personas podría haber hecho el trabajo, ya sea a través de rotaciones o de palanca”, afirmó Hixon el pasado 16 de abril en la Reunión Anual que celebra desde hace 80 años la Sociedad Americana de Arqueología. En cuanto al significado que tendrían estas decoraciones, algunos estudiosos aseguran que los ‘gorros’ colorados estaban destinados a representar el pelo –en idioma rapa nui, estos adornos se conocen como ‘pukao’, un término que traducido significa ‘moño’–, aunque también existen teorías que apuntan a que el color podría indicar un objetivo ritual.

Lejos de ser definitiva, la teoría de Hixon podría venirse abajo si se sigue investigando al respecto y se descubre una posibilidad más factible. Por ahora, la utilización de troncos para transportar por rodamiento los grandes bloques de piedra podría ser válida. Después, los moais habrían sido levantados gracias a poleas que se sujetarían en una torre gigante construida aparte. En las estatuas se han encontrado pequeñas hendiduras en forma de anillo y arañazos verticales que podrían ser vestigios de su transporte gracias a troncos. Sin embargo, por ahora no puede confirmarse si los estudios de Hixon son válidos o si tanto los ‘pukao’ como los esculturas fueron levantados a la misma vez.

Una teoría ya esbozada hace 6 años

En 2009, científicos británicos aclararon parte del misterio de las coronas rojas que ciñen los moais de la cantera Puna Pau de la chilena Isla de Pascua gracias al descubrimiento de un camino que se utilizó para transportarlas. Los profesores Sue Hamilton, del University College de Londres, y Colin Richards, de la Universidad de Manchester, afirmaron que las decoraciones estaban hechas de rocas volcánicas procedentes de un antiguo volcán de la zona y que fueron elaboradas por los pobladores polinesios de la isla entre los años 1.250 y 1.500.

Hamilton y Richards dirigieron el primer equipo británico que visitaba la isla desde 1914 y fueron los primeros arqueólogos a los que se permitió realizar una excavación en Puna Pau. “Las coronas llegaron por una carretera que se construyó con un cemento de polvo de escoria roja comprimida, con una calzada elevada en uno de los lados”, explicó Richards, quien señaló que lo más probable “es que fueran empujadas a mano, aunque también es posible que se emplearan troncos de madera”.

Los estudiosos creen que la ladera por la que se transportaban los moais cumplía una función ceremonial e industrial (EFE)
Los estudiosos creen que la ladera por la que se transportaban los moais cumplía una función ceremonial e industrial (EFE)

Además, se descubrió un hacha de obsidiana con una hoja de unos 17 centímetros, posiblemente propiedad de uno de los obreros que trabajaron en el transporte de las coronas, que la habría abandonado junto a la carretera como un ofrecimiento a los dioses. El hallazgo del hacha y la manera en la que los ‘gorros’ rotos están alineados en uno de los lados del camino sugirió, según los investigadores británicos, que la carretera era una avenida ceremonial que conducía hasta la propia cantera. “Ha quedado claro que la cantera tenía un contexto sagrado, pero también un contexto industrial”, detalló el profesor Richards, quien recordó que “los polinesios veían el paisaje como algo vivo y consideraban que después de tallar la roca los espíritu entraban a formar parte de las estatuas, como en el caso de los moais.