Los rostros del Renacimiento


El Mundo

La llegada de Leonardo a Berlín ha colapsado esta mañana el tráfico, en la Isla de los Museos de la capital alemana. Da Vinci destaca como invitado estrella a la exposición del Museo Bode, “Los rostros de Renacimiento”, en cuyas puertas la cola de visitantes supera las dos horas de espera y que reúne a los principales retratistas de la Florencia renacentista, con aspiraciones de sentar cátedra en la evolución de esta técnica.

Las 150 obras proceden de 50 colecciones distintas, todo un alarde de colaboración entre diferentes museos, y la más deseada es la “Dama con Armiño”, recién llegada desde Madrid y que abandonará prematuramente Berlín, el 31 de octubre debido a su apretada agenda. Tiene que incorporarse a una retrospectiva en la National Gallery de Londres y por eso no puede quedarse hasta el final de este encuentro de personajes renacentistas, que finaliza el 20 de noviembre.

Estos rostros nos retrotraen al momento en que dejó de ser necesario pertenecer a la realeza u ocupar un cargo de importancia histórica para hacerse retratar. Los burgueses de Florencia descubrieron el placer de dejar su efigie para la posteridad y de paso verse a sí mismos, como seres humanos individuales, a través de los certeros ojos de genios de la pintura como Botticelli, Lippi o Mantegna, capaces de desvelar y dejar en evidencia los más ocultos aspectos del carácter y el espíritu.

“Pero más allá del retrato de un individuo, estos cuadros suponen la expresión de una nueva forma de ver el mundo”, ha dicho uno de los asesores de la exposición, el director de Pintura Europea del Metropolitan Museun, Keith Christiansen.“Queríamos demostrar esa tesis del historiador del arte Jakob Burkhardt, y abrir nuevas miradas a una época, reuniendo a los hijos predilectos de nuestros museos con sus hermanos para mostrar el cosmos del retrato italiano”, explica.

“El retrato de perfil de una joven” de Botticelli, de enorme atractivo para los visitantes, representa además el momento en que las mujeres comienzan a aparecer como individuos en la Historia del Arte, en coincidencia con el momento en que empiezan a tener dinero e influencia en la sociedad mercantil italiana. “Su belleza y su representatividad la convierten en un símbolo de un tipo de feminismo arcaico”, dice Christiansen, que sospecha que en la siguiente escala de la exposición, a partir del 19 de diciembre en el MOMA de Nueva York y ya ante la ausencia de competencia de la “Dama con Armiño”, esta joven se convertirá en toda una estrella para los estadounidenses.

El “nuevo” Da Vinci sale a la luz


ABC.es

  • «Salvator Mundi», una obra perdida del pintor renacentista, se expondrá en Londres a finales de este año
AFP | El cuadro «Salvator Mundi», de Leonardo da Vinci

AFP | El cuadro «Salvator Mundi», de Leonardo da Vinci

El óleo «Salvator Mundi» («Salvador del Mundo»), de Leonardo Da Vinci, descubierto recientemente en Nueva York, se expondrá en la National Gallery de Londres el próximo mes de noviembre, según informaron ayer fuentes de esta pinacoteca. El cuadro, convertido en las últimas décadas en un mito dentro del catálogo del artista renacentista, fue adquirido hace seis años por el consorcio privado neoyorquino RW Chandler. La pintura, de 60 centímetros, se registró por vez primera dentro de la colección del Rey Carlos I de Inglaterra, y recorrió un largo camino de herencias, ventas y pérdidas hasta la adquisición por parte del grupo estadounidense. Las dudas sobre la autenticidad del óleo hicieron que se encargara a Robert Simon, doctor en Historia del Arte en la Universidad de Columbia, en el mismo Nueva York, un estudio de la obra que permitiera certificar su autoría.

Después de cinco años de investigación, Simon aseguró que el cuadro fue pintado por Da Vinci. «Tras un amplio tratamiento para su conservación, el cuadro fue analizado por una serie de expertos internacionales y todos llegaron a la conclusión de que Salvator mundi es el original pintado por Leonardo da Vinci», dijo.

Idas y venidas

La peripecia del cuadro ha sido larga. La obra estaba perdida desde el siglo XVII hasta que en 1958 se adquirió por 45 libras; en aquel momento se pensaba que el autor de la obra era del discípulo deGiovanni Boltraffio. Hace unos siete años, la obra entró a subasta por 200 millones de dólares, precio récord para una obra de Da Vinci, pero como la autoría no estaba clara, la venta no se realizó. «Hoy esa cifra es pura especulación. El valor es incalculable y tampoco está a la venta», dijo Robert Simon.

Leonardo da Vinci habría pintado «Salvator mundi» entre 1490 y 1500, y su composición fue documentada varias veces a través de dos dibujos preparatorios hechos por el propio Da Vinci y más de 20 copias pintadas por sus discípulos, así como un grabado de 1650 realizado por el artista Wenceslao Hollar.

La National Gallery londinense ha confirmado ya la presencia del lienzo en la exposición que dedicará a Leonardo da Vinci como pintor en la Corte de Milán, en noviembre de este año: «Nos parece muy interesante incluir este descubrimiento en la exposición. Será la prueba de fuego para la obra, ya que se podrá comparar directamente con otros trabajos de Da Vinci universalmente conocidos», afirmó el comisario de la muestr, Luke Syson.

Hasta hace unos meses, la gran protagonista de la muestra era «La Virgen de las rocas»(1491-1508), cuadro que sería otra vez expuesto luego de pasar dieciocho meses en proceso de restauración en la National Gallery. Sin duda, el óleo será destronado por la obra recién hallada, donde se retrata a Cristo de medio cuerpo, con el brazo derecho levantado en señal de bendición, mientras la mano izquierda sostiene una esfera de cristal.

Da Vinci, inédito y en las nubes


EFE – El Mundo

Encuentran en una biblioteca un estudio manuscrito del artista florentino

Un manuscrito sobre el vuelo de los pájaros que dormía en una biblioteca de Nantes desde hacía 137 años se ha atribuido a Leonardo da Vinci, según las conclusiones de un experto avanzadas hoy por el periódico ‘Presse Océan’.

Carlo Pedreti, especialista en el genio italiano, explicó al diario que “se trata de notas sobre el aire y el viento, en relación con un estudio sobre el vuelo de los pájaros” y que las escribió en torno a 1504.

El texto forma parte de los fondos de la biblioteca Demy de Nantes desde finales del siglo XIX, pero sólo la semana pasada se vinculó a Leonardo da Vinci gracias a la pista aportada por un periodista de ‘Presse Océan’ que acababa de hacer un viaje a Milán y leyó una biografía del genio del Renacimiento.

La directora de la biblioteca, Agnès Marcetteau, se mostró escéptica en un principio, entre otras cosas porque trabaja allí desde hace mas de 20 años y ningún investigador le había solicitado ese documento.

Sin embargo, la búsqueda del manuscrito fue fructífera dentro de la colección Labouchère, compuesta de al menos 3.000 piezas que no han sido analizadas en su totalidad.

Leonardo necesita un buen lavado


El Pais

  • La mugre amenaza los dibujos de Da Vinci en la Ambrosiana

1200804758_850215_0000000000_sumario_normal

Leonardo da Vinci prefería dibujar. Pensaba que el dibujo era el mejor instrumento para presentar sus proyectos de máquinas prodigiosas que sólo centenares de años más tarde fueron realizadas. Da Vinci solía decir que un dibujo es mucho más eficaz que la palabra escrita, y desafiaba a sus amigos literatos a que intentaran superar con sus escritos las imágenes dibujadas.

Durante toda su vida llenó hojas y hojas con bocetos espectaculares y pequeños apuntes que los explicaban. Aplicaba el mismo método a la arquitectura, la física, la ingeniería, la anatomía, la botánica y también a la pintura para estudiar las proporciones y las composiciones de sus obras más conocidas. En el dibujo se funden las dos almas, artística y científica, del genio italiano. Nunca se ocupó personalmente de recopilar en una o varias obras todos sus estudios, pues pensaba que esta tarea les correspondía a los sucesores. Sólo muchos años después de su muerte se realizaron varias recopilaciones de sus proyectos, a los que se dio el nombre de códigos. El más amplio de éstos es el Código atlántico, con 1.119 dibujos divididos en 12 volúmenes, conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán. Esta obra de valor inestimable se ve amenazada estos días por la mugre.

Como todo lo que tiene que ver con Leonardo, el Código atlántico está rodeado de un aura de misterio. Para entender esta situación es necesario recordar las etapas más significativas de su intricada historia. Al morir, Leonardo da Vinci dejó en herencia a su discípulo preferido, el milanés Francesco Melzi, sus dibujos y obras en folios, que se estimaban en unos 120 volúmenes. Melzi emprendió la recopilación de los documentos, pero murió cuando sólo había logrado agrupar los bocetos de pintura. Su familia, que heredó los dibujos, no supo valorar el tesoro que le había tocado y comenzó a vender o regalar parte de la obra. Empezó así una suerte de diáspora de los folios de Da Vinci, hasta que Pompeo Leoni, un escultor, coleccionista y gran admirador de Leonardo, consiguió recuperar buena parte de ellos durante la segunda mitad del siglo XVI. Entre 1580 y 1590, Leoni se dedicó a ordenar los dibujos según un criterio arbitrario.

“La clasificación y organización de Pompeo Leoni es la que todavía se respeta hoy”, explica monseñor Marco Navoni, responsable de la Biblioteca Ambrosiana de Milán, mientras enseña, con amplios movimientos de las manos, una copia del Código atlántico realizada por Ulrico Hoepli (1847-1935).

Antes de llegar definitivamente a la Ambrosiana en 1815, el código pasó también por las manos de Napoleón Bonaparte, quien ordenó que fuera trasladado a París.

Después de 150 años sin que nadie lo tocase, entre 1968 y 1972 se realizó una gran obra de restauración para salvar el código de los pegamentos que se habían utilizado en el pasado para fijar los dibujos sobre los soportes. Se cambiaron los soportes, ahora de tamaño atlas (de ahí el nombre “atlántico”), se crearon 12 volúmenes, pero también se utilizó un nuevo pegamento que hoy, 30 años después, es la causa de la mugre y las manchas.

“La suciedad se ha formado, en mi opinión, por el pegamento de esa restauración”, explica Cecilia Frosinini, máxima autoridad italiana en esta materia. “Pero el problema fue que en los años setenta se consideró oportuno también cubrir los dibujos con una película de pegamento para proteger los folios”.

Las sustancias utilizadas en aquellos años contienen “harinas y pegamentos animales”, que son elementos que producen la aparición de mugre. “La suciedad se presenta ahora en los dibujos de Leonardo como manchas de color verde, marrón o violeta”, explica Frosinini. “Es necesario en primer lugar hacer un análisis para establecer el tipo de suciedad y ver qué partes del código se han visto afectadas”.

A pesar de que el problema se conoce desde hace año y medio, y que los trabajos para diagnosticar los daños no tendrían costes particularmente elevados, la restauradora e historiadora del arte señaló que el Ministerio de Cultura no ha proporcionado el dinero necesario. La Biblioteca Ambrosiana ha anunciado que podría solicitar financiación a patrocinadores como Microsoft.

Una vez que esté claro el alcance de los daños, se podrá programar la restauración. “Para comenzar habrá que remover todas las manchas, analizarlas, limpiar los folios e instalarlos en nuevos soportes”, explica monseñor Navoni con voz firme y mucho entusiasmo. “Pero habrá que hacer también que el código sea más accesible”. Tal como está ahora, los expertos necesitan un permiso para manipular la versión original del código. En el proyecto de restauración se pretende separar los folios para que puedan utilizarse de forma independiente en exposiciones. “Ahora sólo se podría hacer una exposición con 12 dibujos, es decir, uno por volumen”, explica monseñor Navoni. “Si quiero hacer una exposición de obras hidráulicas de Leonardo, tengo que estar en disposición de separar todos sus dibujos de hidráulica”, aclara.

La Biblioteca Ambrosiana y la Comisión Vinciana comenzarán la semana que viene la programación de los trabajos de restauración. Paralelamente, y ante la falta de fondos públicos, “existe la idea de crear una Asociación de Amigos de Leonardo en la Ambrosiana, seleccionando unos participantes de alto nivel, por ejemplo, Microsoft, o también alguna casa editorial importante y algún grupo bancario”, dice Navoni. “Con un comité de este tipo podríamos abordar una solución que no sea simplemente un parche momentáneo, sino una acción profunda y terapéutica, y al mismo tiempo pensar en nuevas medidas para favorecer la accesibilidad al código”, señala.

En espera de que esto se realice, se pueden consultar las máquinas proyectadas por el ingeniero italiano, como el helicóptero, el automóvil de tres ruedas y la bicicleta en la versión digital del Código atlántico, por medio de la página web de la Biblioteca Ambrosiana. Mientras, en el Palacio Real de Nápoles se pueden contemplar, hasta el 2 de marzo, las reconstrucciones de las máquinas más significativas de Da Vinci, realizadas con materiales de su época y respetando las proporciones indicadas en el Código atlántico.

Confirmado: la Mona Lisa es Lisa del Giocondo


EFE – El Mundo

  • LA TESIS MÁS DIFUNDIDA
  • Un manuscrito demuestra la identidad del personaje retratado por Leonardo

46806-944-550BERLÍN.- Un equipo de científicos alemanes de la Universidad de Heidelberg ha acabado con el misterio sobre la identidad de la Mona Lisa, el retrato más famoso de Leonardo da Vinci, y ha confirmado la tesis más difundida de que se trata de Lisa del Giocondo.

El centro de estudios ha anunciado que la verdadera identidad de la Mona Lisa fue descubierta ya hace más de dos años por el experto en manuscritos Armin Schlechter, quien ha certificado que la mujer de la misteriosa sonrisa es Lisa Gherardini, esposa del poderoso mercader florentino Francesco del Giocondo.

Schlechter ha basado sus afirmaciones en una fuente descubierta durante los trabajos de catalogación del fondo documental de la Universidad de Heidelberg a la hora de preparar el registro de incunables.

Una edición de Cicerón impresa en 1477 contiene una anotación del funcionario de la cancillería florentina Agostino Vespuci, en la que compara a Leonardo da Vinci con Apeles, el gran pintor de la Grecia Antigua.

La anotación de Vespuci, fechada en octubre de 1503, destaca que Da Vinci trabajaba en ese momento en la realización de un retrato de Lisa del Giocondo. La nota posibilita la exacta datación de la obra y confirma las afirmaciones de Giorgio de Vasari, quien en 1550 fue el primero en identificar por escrito la identidad de la Mona Lisa.

Vasari (1511-1574), un alto funcionario de la época, publicó en 1550 un catálogo artístico en el que figuraba la Mona Lisa, obra que databa de entre 1503 y 1506.

Dado que Giorgio de Vasari era considerado poco fiable, que su catálogo se publicó casi 50 años después de que el cuadro fuese pintado y que el propio Leonardo da Vinci nunca mencionó ese retrato, hasta ahora se había puesto en duda la que ahora parece la identidad definitiva de la Mona Lisa.

Seracini, el único personaje real de ‘El Código da Vinci’, busca un ‘leonardo’


El Pais

El ingeniero ha desarrollado nuevas tecnologías que le permitirán encontrar el fresco ‘La Batalla de Anghiari’, que se cree oculto bajo una obra de Giorgio Vasari – El experto italiano ha realizado más de 2.500 investigaciones

actualidad071122.jpgLos protas, Langdon y Sophie, huyen de los asesinos que buscan como sea el Santo Grial. En la trama de El Código da Vinci Jesús y Magdalena eran pareja y con descendencia; la orden del Priorato de Sión mantenía escondido el Santo Grial; pero el héroe Langdon le cuenta a Sophie que tras los cuadros de Leonardo se esconden pistas que llevan hasta el escondite. Todo es ficción y trama novelesca, excepto uno de sus personajes, Maurizio Seracini, un experto en arte que descubre pinturas ocultas en otras pinturas.

Seracini vive: “No puedo negar que aparecer en un libro tan famoso me ha ocasionado cierta promoción, pero me sorprendió que el escritor no sintiera la necesidad de avisar a sus lectores de que no soy un personaje de ficción”. lamenta el ingeniero italiano. “Si me hubiese avisado, le habría dado los datos correctos, que no son los que publica”.

Según el escritor Dan Brown, Seracini estableció que La Adoración de los Magos, conservada en la Galería de los Uffizi de Florencia, no se puede atribuir a Leonardo. “En realidad la investigación reveló un dibujo preparatorio de Leonardo, del que no se conocía su existencia, y también que el color había sido aplicado más tarde por otro artista. Tampoco es cierto que, a raíz de mi trabajo, La Adoración haya sido trasladada a los almacenes; siempre ha permanecido en su lugar”, afirma el ingeniero, que acaba de investigar con un láser ultrasensible otra obra de Leonardo, La Anunciación, que, según parece, ha sido realizada por su mano de principio a fin.

La vida real supera la ficción. Maurizio Seracini lleva 30 años buscando la pintura de Leonardo La Batalla de Anghiari; pero ahora, gracias al desarrollo tecnológico, está en condiciones de encontrarla. “Desarrollamos instrumentos basados en principios físicos y aplicaciones específicas para los bienes culturales”, explica Seracini . “En la última década ha habido avances extraordinarios, no sólo por las tecnologías inéditas, sino por la evolución de las que ya existían”.

Según las investigaciones históricas La Batalla de Anghiari, de Leonardo, se encuentra en el Palazzo Vecchio de Florencia, bajo el fresco de Giorgio Vasari que celebra la gloria de los Médici.Por fin existe una tecnología que permitirá verificar si la hipótesis de Seracini es correcta: Vasari salvó La Batalla, como ya había hecho con La Trinidad de Masaccio en Santa Maria Novella de Florencia, hallada a finales del XIX detrás de una tabla del artista. También tiene el permiso oficial, que no es poco. El ministro italiano de Cultura, Francesco Rutelli, ha dado luz verde a la última fase de la investigación para recuperar La Batalla de Anghiari.

“Vasari admiraba a Leonardo, de modo que no es descabellado pensar que intentara salvar su obra. Así podrían indicarlo las palabras cerca trova (busca encuentra), trazadas en una banderola, casi invisibles en el tumulto de los soldados. Confirma la sospecha también la presencia de una cavidad en la pared, justo detrás de las palabras”, explica Seracini, telefónicamente, desde su laboratorio de San Diego, donde está poniendo a punto los instrumentos necesarios para la búsqueda.

“Hemos desarrollado una tecnología portátil que servirá para identificar de forma no agresiva la presencia de pigmentos asociables a La Batalla. Es un análisis por activación neutrónica que permite investigar el grosor del muro y ofrecer una representación seudográfica. Se envía un haz de neutrones que en la colisión interactúa con los componentes de la pared y, cuando entra en contacto con elementos químicos, genera rayos gamma, que regresan a la superficie y pueden ser detectados. A partir de los rayos remontaremos a los materiales y veremos si casan con los pigmentos empleados por Leonardo”.

Para poder seguir sus corazonadas, sorteando la insuficiente y tardía financiación pública con fondos privados, en 1977 Seracini creó en Florencia Editech, el primer centro de Italia para la diagnosis y la restauración de bienes históricos, artísticos y arquitectónicos. El pasado febrero inauguró en San Diego (Estados Unidos) el Center of Interdisciplinary Science for Art, Architecture and Archaeology (CISA3), un laboratorio adscrito a la Universidad de California donde desarrolla herramientas y técnicas para reconstruir y analizar la historia de obras maestras de la historia del arte, así como conjuntos monumentales y sitios arqueológicos.

En 1504, el gonfaloniere de Florencia quiso decorar el Salón de los Quinientos y encargó a Leonardo pintar La Batalla de Anghiari para inmortalizar la victoria de la ciudad, 60 años antes, sobre los odiados milaneses, y a Miguel Ángel, La Batalla de Cascina en la pared de enfrente.

Genios enfrentados

Los dos frescos tenían que medir 17 metros de largo por siete de alto: por fin los dos máximos genios del Renacimiento italiano, que no escondían su recíproca antipatía, se enfrentaban cara a cara. La realización de la obra, una declaración sobre la irracionalidad de la guerra, estuvo plagada de contratiempos y, finalmente, Leonardo se fue a Milán a trabajar para el enemigo y la dejó inacabada.

Así fue admirada su obra durante muchos años y reproducida por varios artistas, incluido Rubens, hasta que los Médici, en 1563, encargaron a Vasari la reestructuración del Salón.

“Entre 2000 y 2003 realizamos numerosos exámenes para conocer perfectamente la estructura interna del muro con termografías y radar. Para entender los cambios introducidos por Vasari y definir las áreas donde Leonardo podría haber pintado, era fundamental reconstruir el espacio actual y cómo debía ser antes de la intervención. De modo que, tras llevar a cabo una exhaustiva investigación histórica, realizamos una modelación tridimensional del salón con láser escáner, a la que posteriormente añadimos los resultados de las pruebas térmicas”, indicó Seracini.

En el proceso, el experto italiano utilizó también radar, rayos X, fotografía infrarroja, fluoroscopia y adaptaciones de técnicas de ultrasonidos, que le han permitido reseñar todas las modificaciones aportadas por el maestro Vasari, entre los años 1563 y 1571.

Alrededor de la obra de Leonardo, los aparatos tecnológicos de Maurizio Seracini han desentrañado misterios que alientan la proliferación de best seller sacropictórico, desde El Código da Vinci al no menos exitosos La Cena Secreta, de Javier Sierra. No en balde Seracini descubrió dos secretos en un icono del Renacimiento, La Dama del Liocorno de Rafael: el unicornio era en origen un perro terrier y la dama estaba sola.

2.500 investigaciones

Seracini ha realizado en los últimos 30 años 2.500 investigaciones utilizando un sistema combinado que se caracteriza por una diagnosis por imágenes multiespectral (escáner láser, escáner ultravioleta, modelación 2D y 3D, termografía, investigaciones radar y acústicas, fotografías de la fluorescencia y endoscopia), seguida por una diagnosis analítica (rayos X, microscopias ópticas, microscopia electrónica escáner, fluorescencia X, espectrofotometría, gas-cromatografía, termoluminescencia y análisis del radiocarbono). En la imagen, en el equipo del laboratorio CISA3, fundado en San Diego por Seracini, realizan un análisis de prospeccion multiespectral de La Anunciación de Leonardo en los Uffizi de Florencia en enero de 2007.

Desvelan los secretos de la Gioconda


ADN

  • La Mona Lisa tenía cejas y sonreía más abiertamente. El investigador Pascal Cotte ha llegado a esta conclusión tras analizar digitalmente el lienzo de Da Vinci

mona-5-steps

La Gioconda ha sido considerada durante siglos como una de las obras más enigmáticas de la historia del Arte. Pascal Cotte es uno de sus admiradores y, fruto de esta fascinación, ha invertido alrededor de 3.000 horas en descubrir todos sus secretos.

El ingeniero e investigador francés asegura, tras realizar un detallado análisis, que en el lienzo original la Mona Lisa tenía cejas, sonreía con mayor expresividad y el conjunto poseía una tonalidad más brillante que la que hoy puede verse en la pieza del Louvre.

Admirador del cuadro de Da Vinci desde niño, el investigador construyó una cámara digital para poder analizar todos los detalles. Trece filtros de color y un escaner muy preciso le han permitido lanzar estas afirmaciones y espera que este intrumental permita descubrir detalles de otros lienzos históricos. Por el momento, el resultado de su obsesió puede verse hasta final de año en el complejo Metreon de San Francisco .

El descubrimiento de Cotte no es el único que tiene que ver con el empleo de técnicas digitales. “Hoy en día, con los mecanismos que se utilizan se puede ir mucho más allá. Las radiografías, las luces ultravioletas, las infrarrojas o las macrofotografías permiten descubrir detalles espectaculares”, explica Alejandra Martos , restauradora del Museo Thyssen . En el taller de esta pinacoteca, utilizan todas estas ténicas cada vez que se enfrentan a la intervención en un cuadro. Y los resultados son llamativos.

El proceso de creación

Capa a capa. Como una cebolla, quedan al descubierto los pasos del artista, sus rectificaciones o el impacto de las restauraciones ya acometidas. Martos pone como ejemplo la obra de Durero Jesús entre los pastores , que puede verse actualmente en la exposición Durero y Cranach del Thyssen. “Con la luz infrarroja hemos descubierto una cabeza más, ya que el pintor finalmente rectificó la posición de uno de los apóstoles”, explica.

Los ejemplos son muchos más. Y los casos de pinturas que ocultan otras pinturas son bastante habituales. Otras veces, sin embargo, no hace falta siquiera recurrir a las técnicas digitales y basta con una limpieza. Es el caso de El caballero de la mano en el pecho , de El Greco , que ganó en volumetría y color tras ser restaurado en 1996. El cambio fue tan llamativo que incluso hubo protestas de algunos grupos en el Congreso, pero los restauradores aseguraron que lo único que habían hecho era retirar las modificaciones realizadas en el siglo XVIII, cuando el cuadro fue agrandado y oscurecido para adaptarlo al gusto de la época.

Dilema

A la hora de intervenir en cualquier obra de arte, la premisa de los restauradores es mantener la fidelidad con el original. Sin embargo, en muchas ocasiones se plantea un dilema. ¿Debería, por ejemplo, la Mona Lisa recuperar sus cejas?

Lo que no hay ninguna duda es que cada hallazgo debe quedarme perfectamente documentado. Así se pudo ver el año pasado en la exposición El trazo oculto del Museo del Prado . En ella se mostraba el proceso llevado a cabo por artistas como El Bosco , Rafael o Botticelli a la hora de pintar sus cuadros. Sin embargo, y desgraciadamente, en la mayoría de los casos el público se mantiene ajeno a la historia y pinceladas de las piezas.

poster-cgiv06