Las huellas del Madrid judío: un legado oculto


ABC.es

  • Su existencia primigenia se justifica únicamente en escritos, si bien fue refundada ya avanzado el siglo XIX
 Se estima que actualmente viven la Comunidad de Madrid en torno a 10.000 judíos - ARCHIVO ABC

Se estima que actualmente viven la Comunidad de Madrid en torno a 10.000 judíos – ARCHIVO ABC

Recién terminada la semana en memoria de las víctimas del Holocausto, el Madrid judío -casi desaparecido por el implacable peso de la Historia-, se ubica entre el desconocimiento generalizado como una suerte de patrimonio oculto, relativo a dos épocas concretas. Una, primigenia y medieval, escenario de persecuciones y sustento de leyendas en torno a su configuración. Otra, contemporánea, referente a la refundación de la comunidad hebrea en Madrid.

La ausencia de evidencias arquitectónicas, en otros supuestos fieles cronistas en piedra, supedita cualquier justificación al archivo documental. Si bien no existen edificaciones o restos de la primera judería de la capital, sí figuran escritos que la ubican en lo que actualmente es la catedral de La Almudena. A su espalda, intramuros de la muralla árabe, permanecieron los judíos incluso tras la conquista cristiana de Madrid, entonces Mayrit, en el año 1083 por el rey Alfonso VI.

Los edictos de ejecución, multiplicados tras la concepción del tribunal de la Santa Inquisición, en 1478, y la transmisión popular juegan un papel capital en las endebles certezas sobre el pasado de la comunidad judía. Según fuentes documentales, trabajo de Alejandra Abulafia, directora de Destino Sefarad, ya en el año 1053 un vecino judío mandó una misiva a su hermana contando su pena por la muerte de dos correligionarios. A apenas unos metros de aquella judería vieja, subiendo por lo que ahora es la calle Mayor, en la plaza homónima, se asentaron muchos comerciantes, especialmente en el espacio que hoy acoge al Mercado de San Miguel y en los alrededores de la plaza de la Villa.

Precisamente en la Plaza Mayor, en los faroles situados en el centro, existe un grabado que pasa prácticamente desapercibido. El relieve muestra un juicio con sambenito a un judío, que no era otra cosa que colocar un sayal al reo, muchas veces sin juicio previo, para humillarlo y estigmatizarlo. Este pequeño rastro, aunque anecdótico, sintetiza en parte cómo fue la época medieval. De hecho, otro de los puntos recogidos en el mapa anexo, la puerta de Valnadú, es recordada por ser el punto de acceso en uno de los mayores ataques sufridos en la judería.

Persecuciones y expulsión

La prueba principal de su ubicación, en cualquier caso, remite a los episodios más trágicos de su historia en la zona. Narrados a veces en código literario, destaca un documento de 1391, cuando muchos judíos fueron asesinados en la calle de las Damas, en la judería, según cita Jacobo Israel Garzón en su prólogo a la obra Avapiés: Teatro en dos actos (Solly Wolodarsky. 2009). Este y otros pasajes son incluidos en el escrito, como la solicitud de la Villa de Madrid a la reina para ejecutar las penas previstas a los judíos que no llevaran señales distintivas en el ropaje, en 1478, o un muro que aislara a la judería, dos años después.

Todo desemboca, como parte y resultado, en una fecha clave para la comunidad judía en toda España. El 31 de julio de 1492, los Reyes Católicos firman su expulsión, condenados desde entonces, y hasta bien entrado el siglo XIX, a una presencia críptica. Perseguidos y en el más estricto secretismo, avanza el autor que, pasado un siglo, Madrid acogió a numerosos criptojudíos portugueses, descendientes de los que habían marchado el mismo año del descubrimiento de América. En esta época y en los años siguientes, diferentes documentos acreditan esta situación; como un auto de fe -uno entre miles- de 1632, donde salieron «hasta cuarenta y cuatro reos, de los que cuatro fueron quemados en estatua y siete en persona» por, presuntamente, reunirse para azotar y ultrajar a un Cristo y una Virgen.

Otro de los pilares sobre este legado tiene mucho que ver con especulaciones, justificadas en la transmisión popular. Quizá llame la atención que en la ruta ilustrada no figure el barrio de Lavapiés, supuestamente denominado como Avapiés en la fecha, pero lo cierto es que, contradicción entre historiadores, no existe base documental al respecto. Se trata, por tanto, de un mito; similar al que asegura que la actual iglesia de San Lorenzo fue otrora una sinagoga. Igualmente, se dice que el castizo nombre de Manolo tiene su origen en la comunidad judía, pues deriva de Immanuel, que en hebreo significa «Dios esté con nosotros».

Refundación

No existe una refundación efectiva hasta bien entrado el siglo XIX, aunque en los primeros años se atisba el final de este paréntesis. En 1917 se funda la primera sinagoga de Madrid, Midras Ababarnel, antecedente de la constitución de la Comunidad Judía en la región, en 1920. Se consigue, además, un recinto propio en el cementerio civil de La Almudena, aunque este crecimiento no es definitivo.

La sinagoga es cerrada en 1938 y, tras el final de la Guerra Civil ,se interrumpe toda actividad pública. Así, la Comunidad Judía no se restituye hasta 1947, y dos años después se inaugura una nueva sinagoga, el Oratorio Lawenda, que años más tarde se traslada a la calle Pizarro para albergar una mayor, Betzión. El despegue y asentamiento definitivo, pacífico a excepción del ataque sufrido en la Nochebuena de 1976, cuando explotó una bomba junto a la sinagoga de la calle Balmes, fue en la década de los 60; desarrollada con la construcción del cementerio judío de Hoyo de Manzanares, a principios de los 90. Madrid cuenta además con un colegio judío, el Ibn Gabirol, levantado en 1965.

La comunidad judía, en el presente

Se estima que actualmente viven la Comunidad de Madrid en torno a 10.000 judíos, con la sede de la Comunidad Judía (a la izquierda, su inauguración) como punto de encuentro principal; tanto religioso como social. Su crecimiento en los últimos años remite en gran parte a Argentina, pues muchos judíos emigraron a España tras el golpe militar de Videla, en 1976, y tras las recientes crisis económicas. La Segunda Guerra Mundial provoca igualmente la llegada de numerosos refugiados judíos. En aquellos años, Madrid se configuró como un escenario alternativo de espías y diplomacia encubierta. Como apunte, cabe en esta ruta la confitería Embassy, que actuó como tapadera para salvar a 30.000 judíos del despliegue nazi en la capital, con destino a Portugal


Bienvenidos al Valle de los Neandertales


El Mundo

  • El complejo arqueológico es una apuesta de la Comunidad de Madrid por el turismo cultural y ecológico sostenible
  • En la inauguración de la presidenta, Cristina Cifuentes, estuvieron el paleontólogo Juan Luis Asuarga y el arqueólogo Enrique Baquedano
A la derecha, Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, escucha las explicaciones del paleontólogo Juan Luis Arsuaga.COMUNIDAD DE MADRID

A la derecha, Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid, escucha las explicaciones del paleontólogo Juan Luis Arsuaga.COMUNIDAD DE MADRID

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha inaugurado el parque arqueológico Valle de los Neandertales, situado en la localidad de Pinilla del Valle. Se trata de un extenso complejo arqueológico al aire libre que se abrirá al público de forma permanente a partir del próximo 26 de septiembre como una apuesta de la Comunidad de Madrid por el turismo cultural y ecológico sostenible.

Durante la visita inaugural, Cifuentes ha estado acompañada por los directores del centro: el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, reputado internacionalmente por su trabajo en los yacimientos de Atapuerca; el arqueólogo Enrique Baquedano y el geólogo Alfredo Pérez. Juntos han realizado un recorrido explicativo por estas excavaciones cuyos restos se remontan 90.000 años.

“Este parque nos permite saber cómo era la vida en aquella época, donde el yacimiento supone el principal valor situado en un paraíso natural“, ha destacado Arsuaga.

En las excavaciones que conforman este parque arqueológico, en el que los expertos comenzaron a trabajar hace ya 14 años, se han ido hallando numerosos restos humanos y animales a lo largo de estos casi tres lustros. Una actividad que paleontólogos, geólogos y arqueólogos han venido desarrollando periódicamente durante los meses de verano y que se ha visto nuevamente impulsada por el reciente descubrimiento de una mandíbula infantil y de una cabeza de rinoceronte. Estos dos nuevos hallazgos, junto con los restos encontrados hasta el momento de tres individuos neandertales, convierten a este yacimiento en un espacio único y con proyección internacional, según destacan sus responsables.

“Estamos ante el embrión de lo que será un importante centro de interpretación del hombre neandertal que, junto con el Museo Arqueológico Regional, constituye un patrimonio singular que atraerá a expertos y aficionados de todo el mundo”, destacó la presidenta durante la visita.

Unos restos encontrados que suponen haber documentado el primer enterramiento neandertal infantil de la Península y de Europa meridional y que sus responsables esperan que sigan aumentando con nuevos hallazgos de restos humanos, animales y de útiles y herramientas fabricados en piedra.

“Buscamos poner en valor la importancia de este yacimiento porque creemos estar escribiendo una de las páginas más atractivas y brillantes de la historia Europea“, ha asegurado Baquedano durante la visita.

Atracción turística

Este nuevo parque arqueológico enseñará a los visitantes los distintos descubrimientos realizados a través de un recorrido con paneles explicativos. De este modo, podrán conocer a través de visitas guiadas la forma de vida de esta especie y experimentar sus sensaciones a través de talleres y otras actividades que se completarán en el futuro centro de interpretación de este complejo al aire libre.

“No es fácil encontrar un yacimiento múltiple como este en el centro de España, en el que además existen cuevas de más de medio millón de años de antigüedad”, ha destacado Pérez. Un planteamiento compartido por Arsuga, que ha recalcado que los yacimientos se encuentran en un “estado óptimo”.

Este enclave situado en la zona norte de la Comunidad de Madrid debe su importancia a un entorno casi intacto desde la época de los neandertales, que permitirá a los investigadores conocer con mayor precisión sus costumbres, su anatomía y la flora y la fauna que les rodeaba. Un hábitat que hace miles de años compartían con ciervos, gamos, leones, leopardos, bisontes, rinocerontes y leones.

Miniguía del Rastro de Madrid


El Pais

  • Anticuarios, puestos curiosos y tabernas muy auténticas del mercadillo callejero

Un poco de todo en El Rastro de Madrid. / Marco Cristofori

El músico Patxi Andión, que vivió durante años en el torreón de las Galerías Piquer en Ribera de Curtidores, describió el Rastro de Madrid con aquello tan certero de: “Una dos y tres / lo que usted no quiera / para El Rastro es”. Eso sigue siendo hoy día: un gran mercado de pulgas y almoneda al aire libre, así como el mejor destino posible para los domingos y festivos por la mañana en Madrid (de 9.00 a 15.00 horas). Uno de los rincones más auténticamente alegres y populares de la ciudad.

La principal zona de puestos y tiendas se extiende entre tres plazas: Cascorro –puerta de entrada al mercado con puestos de bolsos, gafas, camisetas, abanicos–, General Vara del Rey –con tenderetes de ropa para aburrir, antigüedades, venta de minerales y fósiles –, o Campillo del Mundo Nuevo, donde venden absolutamente de todo: cómics, juegos de ordenador, antiguallas, carteles, discos, monedas, máquinas de coser… Entre estas plazas y la espina dorsal del Rastro, Ribera de Curtidores, se encuentra casi cualquier cosa. Sin olvidar otras calles menos concurridas como el callejón del Mellizo –con antigüedades y traperos–, Mira el Río Alta –con libros, cámaras de fotos, antigüedades–, o Carnero con interesantes traperos, almonedas y anticuarios–.

Anticuarios, almonedas y decoración

Cristal de Singulartmob.

El Rastro cuenta con importantes anticuarios y de un tiempo a esta parte, con excelentes tiendas de decoración donde triunfa el estilo Cuéntame. Lo más interesante siguen siendo las almonedas y anticuarios tipo trastero de toda la vida. Menos recomendables, algunos modernos showrooms con réplicas.

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Nuevas Galerías (Ribera de Curtidores, 12)

  • Salas. Tienen otro local en Carnero, 6. Anticuario especializado en alta época. Vende pintura del gótico al siglo XIX, escultura de época románica a barroca, plata, marfil, piezas europeas y españolas, mobiliario antiguo, bargueños, etc.
  • El Jueves. Local 19-20. Otro local en Galerías Piquer. Pepa Adrados de Llano, la dueña, ofrece una cuidada selección de piezas de los siglos XVIII, XIX y XX. Armarios y bibliotecas provenzales, y también mueble industrial y de oficio. Piezas de anticuario con valor decorativo.
  • Singulartmob. Locales 26 y 35. Recientemente inaugurado. Venden diseños de la segunda mitad del siglo XX, iconos del XXI y piezas originales, de época y bien conservadas. También piezas de jóvenes diseñadores.
  • Mercedes Cabeza de Vaca. Tienda 13. Famosa por sus muñecas de porcelana. También es almoneda con un poco de todo: encajes antiguos, lámparas, escritorios, cajas…
  • The Point. Buena selección y gusto. Tienen piezas únicas, objetos decorativos, mueble industrial, lámparas, espejos…
  • Castillo Encantado. Auténtica almoneda llena de misterio. Su dueño, el romano Valerio Fiaccavento, vende de todo: anillos, bolsos, sombreros, collares….

Galerías Piquer (Ribera de Curtidores, 29)

  • Berenis. Una de las mejores tiendas de antigüedades y decoración del Rastro. Elegante selección de muebles y objetos decorativos. Piezas escogidas. Buen gusto y respeto por las antigüedades.
  • Cele. Tienda 17, 18 y 19. Anticuario de alta época. Masivo despliegue de esculturas a la puerta del local. En la amplia muestra interior: cuadros y muebles de los siglos XVIII y XIX, tallas, esculturas, porcelana. Piezas de gran valor y calidad.
  • Living Retro. Tienda 45-56. Divertida tienda retro y vintage. Muebles, maniquíes, sillas, tocados de plumas, sombreros o ropa. Casi todo del siglo XX, con piezas art nouveau, art decó y diseños de los años 50, 60 y 70.
  • Tila Barrena. Local 39. Muy pequeño, en la parte alta. Sencillo, minimalista pero con una audaz selección de mobiliario y objetos decorativos. Piezas con alma y objetos con carácter.

Plaza General Vara del Rey

  • La Europea. Número 11. Una de las tiendas de decoración y antigüedades más bonitas del Rastro. Mobiliario antiguo e industrial. Iluminación y espejos. Todo muy cuidado y seleccionado con buen gusto.
  • La Recova. Número 7. Preciosa tienda con muebles y piezas decorativas de diseño del siglo XX. De calidad y bien de precio. Lámparas, sillas, vasos…. Objetos singulares y de diseño. Abundan piezas de los años 50, 60 y 70.

Calle Arganzuela

  • L.A. Studio (Calle Arganzuela, 18). Amplia zona de exposición. Mobiliario industrial, lámparas, sofás, mesas, espejos. Impresiona por sus dimensiones.
  • Lou & Hernández (Arganzuela, 13). Bonita tienda de decoración con muebles vintage.

Mercado Puerta de Toledo

  • En los soportales del mercado, los domingos de 10.00 a 14.00 horas puestos de antigüedades, objetos vintage, de colección y almoneda. En el interior, también durante la semana, 14 anticuarios, en su mayoría de alta época.

Otros puntos

  • El 8 (Mira el Río Alta, 8). Interesante anticuario. Objetos de comienzos del siglo pasado bien escogidos y cuidados: lámparas, espejos, sillas, sofás… art decó, contemporáneo y diseño retro.
  • Andrés Serrano (Carnero, 17). El ‘Vajillero’. Magnífica almoneda donde abundan las vajillas, pero también otras muchas cosas: sillas, sillones, cabeceros, muebles del siglo pasado… y todo tipo de objetos a cada cual más particular.

Libros, música y cómics

Libros del elefante de El Rastro.

En el Rastro también hay libros viejos, cómics, revistas, música, películas y videojuegos. Ramón Gómez de la Serna lo describió en su libro El Rastro, El Fary vendió aquí sus discos al comienzo de su carrera, Diego El Cigala cantó de niño en sus bares y Almodóvar rodó en sus calles Laberinto de pasiones.

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Libros

  • Plaza Campillo del Mundo Nuevo. Puestos con libros de viejo y de ocasión. También música, películas, cómics y revistas.
  • Libros Romo (Carnero, 19). Conocido librero de viejo. Vende libros antiguos, raros, curiosos y de segunda mano. Para coleccionistas y amantes de los libros insólitos.
  • Café librería Molar (La Ruda, 19). Cuidada selección de discos, fancines, publicaciones independientes, cómics y libros. En la planta baja realizan exposiciones. Buen rollo y acogedor.
  • Libros A. Hernández (Carnero, 12, esquina Mira el Río Baja). Libros de ocasión. Liquidaciones. Abundante selección. Baratísimo.
  • Juanito (Plaza General Vara del Rey, 8). Libros de segunda mano. Detrás de los puestos, en un lateral de la plaza.
  • El elefante del Rastro (Mira el Río Baja, 20). Solo abre los domingos en la calle.

Música

  • Discos Satélite (Ribera de Curtidores, 8). Amplia selección de vinilos.
  • Satanasa (Callejón del Mellizo, 6). Vinilos, pósters, ropa, objetos de todo tipo… pero, sobre todo, música.

Cómics

  • Cómic Hunter (Mira el Río Baja, 2). Cómics de segunda mano. Películas, tebeos y colecciones.

Restaurantes, bares y tabernas

Puerta del Malacatín.

El domingo a media mañana es perfecto para entretenerse buscando tesoros entre trastos y antiguallas, pero también para tomar cañas y picotear en las tabernas y restaurantes de la zona. Por especialidades, en El Rastro sobresalen los siguientes locales:

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  • Cocido: Malacatín (Ruda, 5). Uno de los mejores cocidos de Madrid. Toma su nombre de un mendigo de finales del siglo XVII que solía cantar en la que fuera tienda de vinos y aguardientes: “Tin, tin, tin, Malacatín tin,tin,tin”.
  • Boquerones: Cervecería Arganzuela (Arganzuela, 3). Los mejores boquerones en vinagre de todo Madrid. Cañas de Mahou bien tiradas y raciones de primera.
  • Caracoles: Casa Amadeo (Cascorro, 18). El lugar de los caracoles por antonomasia en el Rastro. Desde 1942 sirviendo uno de los caracoles más famosos de Madrid. Seriamente lleno los domingos.
  • Navajas: Cervecería Cruz. (Plaza de Cascorro). Clásico bar del Rastro desde 1970. Famoso por sus navajas a la plancha. Los domingos se pone a reventar. Excelentes chopitos, champiñones, oreja…
  • Sardinas: Bar Santurce (Pza. Gral. Vara del Rey). Famoso por su sardinas asadas. Una parada tradicional. No cabe un alma.
  • Tostas: El capricho extremeño (Carlos Arniches, 30). El sitio de las tostas del Rastro. A la puerta se forman unas colas gloriosas. Tostas de salmón, ensaladilla rusa, pechuga empanada, gulas con gambas, pulpo a la gallega…

Traperos, puestos y tienditas

Greco y botijo. / Mark Thomas

Lo mejor del Rastro, o al menos lo más auténtico, son sus traperos, como los del callejón de los Mellizos, Carlos Arniches o Carnero. Aquí encontramos los verdaderos chollos, desde velos de novia a picaportes. También resultan fascinantes algunos puestos y pequeñas tiendas a trasmano.

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  • El Puesto de Diego (Plaza General Vara del Rey). Fundas de almohada y manteles de Bélgica y Holanda.
  • Pedro el herrero (Plaza Cascorro). Frente al número 9 de Cascorro. Lámparas inverosímiles, bicicletas atril… antiguallas de reciclaje y fragua.
  • Santa Ana 14 (Santa Ana, 14). Impactante tienda de muñecas de porcelana, ropa antigua, de bebé, casullas…
  • Siete Mundos (Carnero, 10). Vestidos y telas antiguas. Trajes de época, cortinaje, encajes antiguos, mantelerías, sábanas, retales…

Coleccionismo militar, de oficina y otros

Silla de La Tapicera.

¿Buscas una medalla bélica?¿Una máquina de pinball? ¿Quieres regalar una máquina de escribir antigua o una radio? ¿Tienes una silla vieja a la que quieres dar una nueva vida?  En El Rastro es posible encontrar casi cualquier cosa, además muchos artesanos tienen aquí su taller.

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  • Objetos militares (Bastero, 17). Coleccionismo militar. Uniformes, medallas, fotografías, documentos, banderas…
  • Coleccionismo Militar Arganzuela (Arganzuela, 29). Parafernalia militar: Alfonso XII, República, Guerra Civil, División Azul, Primera y Segunda Guerra Mundial.
  • Antigüedades de oficina (Arganzuela, 29). Máquinas de escribir: Underwood, Hammond… y toda suerte de muebles y objetos de oficina.
  • Dreams (Bastero, 4). Coleccionista de juguetes y máquinas. Máquinas de videojuegos vintage, pinballs, futbolines… y artículos deportivos retro.
  • La Tapicera (Bastero, 10). Tienda y taller de tapicería de toda la vida pero con telas únicas, raras y curiosas.

A partir de las 14.00 horas el ambiente del Rastro comienza a languidecer y una hora después está todo muerto, pero siempre queda gente tomando algo en La Bicha (Arganzuela), en La cabra en el tejado (al final de la calle Santa Ana), o bebiéndose un mojito en el Bar San Tana (calle Santa Ana con la Ruda). Otra opción es concluir la visita en el imponente espacio público del Campo de la Cebada, situado en el solar del derribado polideportivo de La Latina. Aquí se organizan actividades y proyectos culturales, artísticos, deportivos… y los domingos suele haber (si el tiempo lo permite) música en directo de 12.00 a 15.30 horas.

Y ADEMÁS…

El tesoro perdido de Magnum


El Pais

  • La Fundación Canal acoge las 82 fotografías de la primera exposición de la agencia, desaparecidas hace 52 años

Ruinas del Puente Isabel en Budapest (Hungría) en 1954. / Jean Marquis

La caja de embalaje es igual a las que se utilizan para guardar y transportar las obras de arte de cualquier exposición. Los listones de madera y los anclajes están perfectos. El tiempo, casi sesenta años, la ha oscurecido, pero no estropeado. Dentro, empaquetadas con un cuidado exquisito, se encontraban 83 copias vintage, montadas en cartón de fibra, junto a las cartelas en las que se recogen los títulos y autorías de las obras. Eran las fotografías originales de ocho legendarios artistas de la agencia Magnum: Werner Bischof, Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, Ernst Haas, Erich Lessing, Jean Marquis, Inge Morath y Marc Riboud; ocho reportajes míticos que integraron la primera exposición de la cooperativa.

Con el título de Magnum Photo Gesicht der Zeit (El rostro del tiempo), la muestra recorrió cinco ciudades austriacas entre junio de 1955 y febrero de 1956. Alguien recogió todo el material de la exposición y lo guardó en los estantes de uno de los almacenes del Instituto Francés de Innsbruck (Austria), donde permaneció hasta que en 2008, por pura casualidad, fue encontrado en perfecto estado. Lorenza Bravetta, directora de Magnum Photos para Europa, explica lo ocurrido diciendo que entonces no se controlaba tanto el proceso y que incluso ahora pueden ocurrir hechos similares. “No había mala intención de nadie. Fue un despiste felizmente resuelto”, apunta.

El embalaje de tablas, junto al texto de presentación de la exposición original y el poster, es la primera pieza que se muestra en la recreación de la exposición que bajo el título de Magnum’s First se puede visitar en la Fundación Canal. Antes ha sido vista en Viena, Hamburgo, Munich y Fellbach y después seguirá itinerando por todo el mundo.

La exposición no solo es importante por ser la primera de quienes convirtieron el fotoperiodismo en arte, sino que se presenta de la manera exacta en la que lo decidieron en su momento sus autores, a excepción de Robert Capa, muerto en Vietnam en 1954 (ayer se cumplía el centenario de su nacimiento). Los demás eligieron sus propias series y decidieron cómo querían que fueran expuestas para destacar los revolucionarios principios de Magnum desde su fundación, en 1947: el ojo fotográfico, lo especial del instante y la proximidad al objeto, unos preceptos que trastocaron la forma de ver el mundo y el concepto de la fotografía. El sorprendente montaje de Enrique Bonet, en el que se recrea un almacén de posguerra, invita a contemplar los trabajos de cada artista.

Inge Morath (Graz, 1923-Nueva York, 2002) expone poéticas mágenes tomadas en los elitistas distritos londinenses de Soho y Mayfar para la revista Holiday.

Frente a Morath está Robert Capa, famoso ya entonces en todo el mundo por sus imágenes de guerra y en especial por las de la guerra civil española. Las tres instantáneas de Capa, elegidas por Ernst Haas, fueron tomadas en Biarritz en 1951, 14 años después de que el fotógrafo conmoviera al mundo con las imágenes del bombardeo de Bilbao. En ellas, mayores y pequeños participan en unas fiestas populares entregados al baile y a la comida. Las toma arrodillado en el suelo para ser fiel a la alegría que viven en ese momento los niños.

De Werner Bischof (Zúrich, 1916-Trujillo, Perú, 1954) se muestran siete fotografías de sus viajes por el mundo. Algunas de ellas como el niño húngaro llorando o el flautista solitario en los Andes o la bailarina de Bombay, son iconos mundiales de la fotografía.

La parte central de la exposición la ocupa Henri Cartier-Bresson (Canteloup-en-Brie, 1908- Montjustin, 2004) con su célebre reportaje sobre Gandhi realizado en 1948 y considerado por muchos como la cumbre del fotoperiodismo mundial. En 18 imágenes se narran los últimos días, el asesinato y el funeral de Gandhi y fueron publicadas por la revista Life. Capturadas con su Leica, el fotógrafo trabaja desde el mismo centro de la historia. Las multitudinarias escenas de dolor en el cortejo fúnebre o el esparcimiento de las cenizas en el río Summa son obras maestras que mantienen intacta la emoción a los ojos del espectador.

Erich Lessing (Viena, 1923) es conocido por sus imágenes sobre la desvastación tras la II Guerra Mundial. Para la exposición escogió imágenes de niños tranquilos y alegres durante la Viena ocupada. Se les ve jugando entre los tanques o mirando cómo la policía realiza maniobras de guerra mientras se entretienen ajenos al drama.

Ernst Haas aporta el reportaje realizado para el rodaje de Tierra de faraones (1955), la superproducción de Howard Hawks. La cámara de Lessing recoge de manera estremecedora el infierno que vivieron las 4.000 personas que participaron en el filme debido al calor terrible del desierto, el hacinamiento que sufrieron los miles de figurantes, las tormentas de arena y el ayuno durante el Ramadán.

Jean Marquis (Armentiéres, 1926) y Marc Riboud (Lyon, 1923) cierran la exposición con sendas series de trabajos costumbristas. El primero con diez fotografías tomadas en Hungría, en 1954. El segundo, con una docena de personajes solitarios entre los que se incluye un hombre que arrastra un enorme retrato con una imagen de Tito que acaba de ser utilizado en un mitin.

Magnum’s First. Hasta el 19 de enero de 2014. Fundación Canal. Mateo Inurria, 2. Entrada libre.

Pissarro, primera gran cita en España


El Pais

M. MORALES / L. ALMODÓVAR / Á. DE LA RÚA

No es común contemplar con tanta nitidez ese momento estelar que marca el paso de lo viejo a lo nuevo; de lo anterior a lo siguiente; de lo que fue a lo que será. El milagro de la evolución pictórica se obra ante los ojos del visitante en la exposición Pissarro, que el Museo Thyssen inaugura el martes (hasta el 15 septiembre) y que luego se trasladará a CaixaForum, en Barcelona, en la distancia que media entre los lienzos Orillas del Oise, Pontoise (1867) y Louveciennes (1870). Es el fabuloso tránsito entre el notable intérprete de las enseñanzas de Corot, Courbet o Dauvigny al temprano apóstol de la revolución impresionista. Las pinceladas se desmenuzan, la luz se vuelve espaciosa, los colores se expanden hacia nuevas dimensiones.

Camille Pissarro (Santo Tomás, Antillas, 1830-París, 1903) nunca abandonaría ese credo. Tampoco dejaría atrás a aquellos muchachos (Monet, Cézanne, Gauguin, Renoir), compañeros de caballete nacidos una década después que él y con vivencias tan distintas a las suyas: Pissarro, hijo de padre judío y madre criolla, nació en ultramar y aprendió a pintar en París y en Venezuela, antes de entregarse a la vida rural solo interrumpida por la agitación urbana cuando ya no quedó más remedio.

Con ellos (y con otros, como Van Gogh) ejercería de padre y de hermano mayor, de amigo y de aglutinador de voluntades. Fue maestro, pero también discípulo. De Monet, claro, con quien empezó a ver la realidad de otra manera en Louveciennes, y de Cézanne, cuyas composiciones geométricas se deslizan entre las pinceladas de El camino de Ennery (1874), el único prestado por el Museo D’Orsay de los 79 cuadros incluidos en la muestra del Thyssen (que aporta seis obras), la primera consagrada al artista en España.

Dice mucho de su buen talante (transparentado en el epistolario mantenido con su hijo Lucien, recientemente rescatado por la jovencísima editorial La Micro) el hecho de que fuera el único de los nuevos cachorros de la pintura moderna que participó en las ocho exposiciones impresionistas, celebradas entre 1874 y 1886. Redactó, además, los estatutos de la cooperativa con la que el grupo amagó con emanciparse del mercado, más o menos cuando la crisis ahogó a Francia durante la guerra prusiana, en los años setenta del siglo XIX.

Antes de que sus más destacados miembros se convirtieran en verdaderas máquinas de hacer dinero en vida, y mucho antes de que, en muerte, el solo recurso a su marchamo convierta, como saben bien en el Thyssen, cualquier exposición impresionista en un acontecimiento social.

Guillermo Solana, director artístico de la fundación, que aquí dobla como comisario, ayudado por Paula Luengo, ha sorteado cuidadosamente la tentación de emplear la palabra mágica que conjura a las masas: la muestra se llama Pissarro a secas y no, pongamos por caso, Pissarro, el primer impresionista. “Creo en los nombres instantáneamente reconocibles, y este lo es”, aseguraba la semana pasada en mitad del montaje de la muestra Solana, a quien algunos afearon que titulase Impresionismo y aire libre una reciente muestra sobre paisajismo con un arco temporal ciertamente más amplio.

No es la única turbulencia que agita la tranquilidad de los caminos, gran tema de Pissarro, de esta sensacional muestra. Una de las vistas urbanas del recorrido, Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia (1897), propiedad de la colección Thyssen, y por lo tanto, del Reino español, está en el centro de una reclamación de los descendientes de Lilly Cassirer Neubauer, abuela de Claude Cassirer, fotógrafo ya fallecido, quien en 2005 demandó al museo madrileño la devolución del cuadro, valorado en 13,7 millones.

Lilly Cassirer, judía que logró huir de la Alemania nazi, se vio forzada a deshacerse de la obra para obtener un visado con el que poder salir del país. Tras la guerra, reclamó judicialmente el lienzo y en 1958 el Gobierno federal alemán la reconoció como su propietaria legal. Le fueron entregados 120.000 marcos en compensación.

El actual litigio llegó a un punto y aparte en mayo de 2012, cuando la reclamación fue desestimada por un juzgado de California. Ante esa decisión aún cabe recurso. El cuadro de la discordia se sitúa hacia el final de la muestra, que Solana ha organizado atendiendo a criterios espaciales y cronológicos, que, después de todo, son los más imparciales.

Una paleta que dejó de ser herramienta para convertirse en obra de arte da la bienvenida, junto a un autorretrato del año de su muerte, a un viaje por el siglo XIX francés, de Louveciennes, Pontoise o Éragny, quintaesencia de las somnolientas provincias adoradas por Pissarro, atento entomólogo de la vida campesina, a la agitación de París o la belleza industrial de Rouen o Le Havre.

“Hay un cambio fundamental entre el artista del agro y el de la ciudad, adonde se mudó cuando una infección ocular le obligó a dejar de pintar al aire libre”, aclara Solana. La contemplación del mundo desde la habitación de un hotel a través de una ventana, acentúa la melancolía del tardío Pissarro hasta difuminarla en las brumas que asoman en vistas como la que inmortalizó sobre el puente de Charing Cross. Con la idea del campo en el recuerdo, a lo lejos, el visitante creería ver asomarse el siglo XX, con sus vanguardias feroces y su voraz pulsión autodestructiva.

Una librería en Madrid donde puedes no pagar


El País

  • En este nuevo establecimiento los libros son gratuitos; si quieres puedes contribuir con una ayuda o donando obras

El libro es, sin duda, el perfecto producto cultural anticrisis. No resulta demasiado caro y permite mucho tiempo de entretenimiento y formación, así que la ratio euros/hora sale bastante rentable, sin contar los demás beneficios que producen en el espíritu del lector. Y además, el libro no ha sufrido la brutal subida del IVA en la cultura. Pero, ¿y si hubiera una librería donde los libros fueran completamente gratuitos? ¿En qué cabeza cabe?

Puede parecer una locura, pero en eso consiste el proyecto Libros Libres (Covarrubias, 7, bajo derecha) que recientemente ha abierto sus puertas en el madrileño barrio de Chamberí. Un espacio pequeño y acogedor con las paredes repletas de libros donde uno puede presentarse y elegir los volúmenes que quiera. Aquí no hacen falta guardias de seguridad, alarmas o arcos magnéticos: todo es gratis.

“Es un proyecto alejado de los vínculos económicos, puedes venir tengas dinero o no”, explica Alejando de León, uno de los promotores. “Queremos facilitar el acceso gratuito a la lectura y al cine [también tienen un videoclub en el que duerme un enorme oso panda de peluche]. Así los suscriptores no tienen ninguna ventaja sobre los no suscriptores. Los que no puedan permitirse pagar la suscripción, pueden venir igualmente”. La ayuda que piden es de 12 euros al año, es decir, un euro de nada al mes, lo que cuesta un café, que diría un político despistado. Como explican, no es necesario pagar si no se puede, pero hay gente solidaria que incluso decide ayudar con 50 o 100 euros. Por supuesto, también se puede colaborar donando libros, esta es una parte importante del flujo de volúmenes, o trayendo café, tarta o cualquier otra cosa rica. Necesitan 365 suscriptores para que el proyecto sea viable económicamente y continúe después del primer año de andadura. Y no va mal la cosa: en los primeros 12 días abiertos consiguieron más de 120 socios.

Una cosa que sorprende es la calidad de los libros que aquí se encuentran. Muchos de ellos fueron donados por fundaciones y editoriales, y no conforman el típico cementerio de libros sin interés y hechos polvo que se ven en otros locales con propuestas parecidas, como bares con bookcrossing en los que solo quedan residuos editoriales bastante tóxicos o destartaladas bibliotecas de asociaciones o centros sociales okupados. “La gente que viene no trae libros malos, trae libros interesantes, que piensan que pueden gustar a la gente, en buenas ediciones. No esos que nadie quiere tener en casa”, explica Elisa Ortega, otra de las promotoras. Libros de editoriales potentes, algunas novedades, y repartidos en diferentes secciones de Infantil a Poesía o Filosofía: “esta sección es continuamente reordenada por los estudiantes de filosofía que vienen, se ve que no soportan ver a Platón al lado de Ortega y Gasset…”, bromea De León.

Y es que la gente se entusiasma con este proyecto. Muchos se han ofrecido para trabajar voluntariamente en este espacio, donde uno puede además sentarse a leer en un mullido sofá o hacer consultas en un ordenador. La verdad es que es el lugar ideal para que se forme una espontánea tertulia de lectores habituales, como dice la leyenda que se forma en las buenas librerías en torno a un buen librero. Por lo pronto, los organizadores ya barajan la posibilidad de organizar talleres o proyecciones y abrir nuevas posibilidades para este espacio.

El proyecto está inspirado en The Book Thing of Baltimore, una gran librería gratuita en esta ciudad estadounidense. “Un hombre empezó recogiendo libros, los que consideraba buenos, y los vendía a unos 50 céntimos. Los guardaba en su garaje, pero tenía tantos que empezó a repartirlos de manera gratuita. Tanta gente se interesó por el proyecto que el garaje se le quedó pequeño y tuvo que mudarse a otro almacén. Ahora entran y salen de ese local miles de libros semanalmente. Se ha hecho muy famoso en la región”, explica Ortega. 150.000 libros por persona y día es el límite que se han puesto, en clave de humor, en The Book Thing.

En el caso madrileño, Libros Libres nació de la ONG Grupo 2013, un grupo de más de 100 voluntarios que se dedica a dar clases a niños con dificultades académicas (y de otros tipos) que sufren riesgo de exclusión social. En el extranjero colaboran con diferentes centros educativos, envían libros (dentro del proyecto Algo para leer, del que surgió la librería) y tienen a 125 niños becados en países como Nepal, Nicaragua, Colombia, etc.

¿Y qué piensa de esto el atemorizado sector librero y editorial? “Nosotros no nos vemos como competencia sino como complemento. Al final, la cultura genera más cultura, se fomenta el hábito de lectura. Algunas editoriales nos han donado libros y no hemos tenido quejas”, explican los libreros. Curiosamente Libros Libres se inauguró por las mismas fechas que se inauguró, con gran algarabía, el nuevo coloso de las librerías madrileñas, La Central de Callao.

Con la que está cayendo faltan las excusas para no pasarse por Libros Libres a liberar tus libros o a coger otros libros ya liberados. Y luego, a refugiarse a leer en un buen sofá mientras fuera el mundo se derrumba.

Arranca la nueva temporada escénica madrileña


Mailcultura

  • Para este otoño, los teatros madrileños han preparado más de 500 obras distintas con casi 6.000 funciones, ofertando 58.000 butacas

El pasado 10 de septiembre, la Puerta del Sol, la Zona de Callao y el Intercambiador de Moncloa se convirtieron en una auténtica fiesta escénica con la que dio comienzo la temporada teatral madrileña. Un total de 35 intérpretes modificaron el ritmo y paisaje cotidiano de la zona centro de Madrid con una acción escénica que estuvo dibujada por música, teatro, danza y circo, con dirección artística de Fernando Soto y en la que se pudo ver parte del trabajo de algunas de las producciones que estarán en cartel esta temporada. La presentación, que ha sido iniciativa de la Coordinadora Madrileña de Salas Alternativas, en representación de las Asociaciones Empresariales de las Artes Escénicas de Madrid, junto con la Comunidad de Madrid, Ayuntamiento de Madrid y Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, inauguró una temporada escénica en la que los teatros madrileños han preparado más de 500 obras distintas con casi 6.000 funciones, ofertando 58.000 butacas. Una variada oferta escénica de gran calidad que llega en forma de teatro, danza, musicales, circo, conciertos y lírica, donde el teatro clásico convive con los autores contemporáneos y los nuevos talentos con las grandes figuras consagradas de nuestra escena. Autores, directores y artistas nacionales e internacionales, firman la vertiginosa agenda escénica que en esta ocasión, y por primera vez, se ha querido organizar en circuitos (Circuitos de Teatros de Boulevard, Teatros Privados, Teatros Públicos, Circuito Off y Circuito de Cafés Teatro) con el fin de agilizar el acceso a la diversidad de la agenda madrileña.

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