Las lluvias de estrellas en la antigüedad


El Pais

  • El fenómeno astronómico suscitaba el temor de los pueblos antiguos, si bien alguno, como el egipcio, supo sacarle provecho material
Grabado de 1833 que muestra una lluvia de estrellas sobre Gettysburg (EE UU).

Grabado de 1833 que muestra una lluvia de estrellas sobre Gettysburg (EE UU).

Las civilizaciones antiguas dejaron escasos testimonios de las lluvias de estrellas, aunque no las catalogaron como tal. Así, en el siglo II a.C., los chinos dejaron una referencia de una observación cometaria en El libro del príncipe de Huai-Nan (1057 a. C.), escrito por Liu An durante el reinado de Wu.

En el Egipto Antiguo, en la estela de Tutmosis III, hallada en el primer patio del templo de Amón en Gebel Barkal, hay una inscripción que bien podría referirse a un avistamiento de estrellas fugaces. He aquí un fragmento de la transcripción:

“Era la segunda hora cuando vino la estrella que venía desde su sur. Nunca había sucedido igual. Se lanzó (la estrella) hacia ellos en oposición. Nadie permaneció allí de pie. [Yo los masacré como los que no existen, estando ellos tirados en su sangre] [caídos en un montón]. Entonces, estaba el [uraeus] tras ellos con el fuego tirados hacia sus caras. Nadie encontraba su mano entre ellos ni miraba hacia atrás. Sus caballos no estaban, estaban desbocados […]”. (Fuente: La astronomía en el antiguo Egipto, José Lull)

Existe otra observación registrada, también en el mundo egipcio, recogida en el documento El cuento del náufrago. Describe un meteoroide que supera la fricción de la atmósfera, impacta y causa la muerte de muchos seres vivos. El relato forma parte de la literatura egipcia, aunque no se puede descartar que estuviera basado en un suceso real que acaeciera tiempo atrás:

“Totalizábamos 75 serpientes con mis hijos y mis hermanos sin mencionarte”. (Fuente: La astronomía en el antiguo Egipto, José Lull)

Los cometas fueron interpretados en la antigüedad como mal augurio por prácticamente todas las culturas porque se creía que no estaban sujetos a ninguna ley natural

Los cometas fueron interpretados en la antigüedad como mal augurio por prácticamente todas las culturas porque se creía que no estaban sujetos a ninguna ley natural, desafiaban el orden del Cosmos. Sin embargo, los meteoritos, es decir, los pedazos supervivientes de los meteoros que llegan a impactar contra la superficie terrestre, eran en ocasiones empleados en templos como piezas del cielo vinculadas a una divinidad de carácter celeste. De hecho, varios templos que todavía se mantienen en pie conservan meteoritos como parte de los elementos que rodean el culto de lo sagrado, como el aerolito de la Piedra Negra de la Kaaba, en La Meca.

Otra función más profana es el uso que le dieron los egipcios antiguos de extraer hierro (hierro del cielo, lo llamaban), de alto contenido en níquel en comparación con el hierro terrestre, con el objetivo de elaborar utensilios de gran valor.

Los cometas arrugan los anillos de Saturno y de Júpiter


El Pais

  • Los impactos en el planeta gigante y en el de los anillos, en 1994 y 1983 respectivamente, alteraron los patrones de la materia que gira a su alrededor
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El planeta de los anillos fotografiado por la sonda espacial Cassini. /NASA

En agosto de 2009, el Sol iluminó los anillos de Saturno casi exactamente desde el plano ecuatorial, revelando un sutil arrugamiento en todo el anillo C similar al que se había identificado antes en el plano D. Son como ondas en espiral en esas bandas del disco de materia que gira en torno al planeta. Un fenómeno similar se ha observado en el anillo principal, aunque mucho menos espectacular, de Júpiter. Dos equipos científicos, tras analizar esas arrugas de los discos, concluyen ahora que se deben probablemente a efectos de colisiones de cometas en 1983 (Saturno) y 1994 (Júpiter). Los resultados pueden ser útiles no sólo para conocer mejor el entorno de estos grandes cuerpos del Sistema Solar, sino también, estudiando los cambios de estos anillos, para saber con qué frecuencia se producen esos impactos y estimar la población de cometas, dicen los investigadores en el último número de la revista Science.

Matthew Hedman (Universidad de Cornell) y sus colegas han basado su investigación, sobre todo, en las numerosas imágenes que tomó, en 2009, la nave espacial Cassini, de la NASA, que estaba entonces -y sigue estándolo- en órbita de Saturno. Muchas de esas fotografías se tomaron, precisamente, para investigar las características de los anillos aprovechando las sombras y luces y producían la especial posición solar en aquellos meses. “Entre las estructuras más sorprendentes reveladas por esas imágenes destaca una serie de bandas brillantes y oscuras espaciadas regularmente en todo el anillo C”, escriben estos científicos en Science. Estas bandas no se habían identificado en fotografías enviadas previamente por la Cassini, aunque rasgos similares se conocían ya en otro anillo de Saturno, el C, y en el principal de Júpiter.

Al medir las propiedades de estas arrugas y hacer modelos acerca de cómo evolucionarían en el tiempo, los investigadores muestran que se forman por impactos de cometas contra los anillos, de manera que los restos alteran ligeramente su equilibro. Así rastrean el choque cometario en el disco de Saturno hasta 1983, cuando el planeta, casi en conjunción solar, no se veía bien desde la Tierra. Hedman y sus colegas concluyen que un cometa, de aproximadamente un kilómetro de diámetro, fue capturado gravitacionalmente por Saturno y se fraccionó en muchos trozos que acabarían colisionando con los anillos y provocando las ondulaciones que se aprecian aún años después.

En cuanto a Júpiter, también se cuenta con imágenes privilegiadas tomadas de cerca: en 1996 y 200 por la sonda Galileo en órbita del planeta gigante y, en 2007, por la sondaNew Horizons que se dirige a Plutón. Otro equipo científico, liderado por Mark R.Showalter (Instituto Seti) y con la participación también de Hedman, se centran en un segundo artículo publicado en Science en el planeta gigante, en cuyos anillos encuentran patrones similares a los identificados en Saturno. “Estos patrones son como dos espirales independientes enroscándose con una tasa definida por el campo gravitatorio de Júpiter”, escriben. El patrón dominante de estas ondulaciones se originó entre julio y octubre de 1994, según sus cálculos, y esto apunta directamente, afirman, a los famosos impactos de los fragmentos del cometa Shoemaker-Levy 9, que fueron observados y seguidos con multitud de telescopios terrestres. “Las imágenes de la New Horizonstodavía reflejan estos patrones 13 años después”, destacan estos investigadores.

“Los impactos de cometas o sus fragmentos se producen regularmente en los anillos planetarios, alterándolos de manera que se aprecian sus efectos incluso décadas más tarde”, concluyen Showalter y sus colegas. Hedman calcula que pueden producirse impactos de un objeto de un kilómetro de diámetro en Júpiter una vez por década. Los anillos son un registro de estos percances en los grandes planetas del Sistema Solar.

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Modelización de un anillo planetario en el que una ligera inclinación inicial produce después un patrón de arrugas en espirales. / SCIENCE/AAAS