El pacto político que pudo hacer que Cleopatra viviera en España


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  • Las alianzas no han nacido en el S.XX, se llevan practicando durante siglos y, algunas, con trágicos resultados. Una de las más famosas de la Historia vino del amor entre la reina de Egipto y Marco Antonio

    wIKIMEDIA Su pacto político pretendía unir Roma y Egipto, pero acabó en tragedia para ambos

    wIKIMEDIA | Su pacto político pretendía unir Roma y Egipto, pero acabó en tragedia para ambos

Hace meses que estamos inmersos en una vorágine de pactos. Desde Andalucía, hasta Madrid y, todo ello, haciendo un pequeño desvío a través de regiones como Valencia. Cualquier zona es susceptible de caer bajo el yugo de las conversaciones, los acuerdos de gobierno y, en definitiva, la alta política. La práctica como tal parece sumamente moderna de tan habituados que estamos a verla a diario (elecciones mediante), pero la realidad es bien distinta, pues las alianzas entre partidos, asociaciones y personalidades de la clase dirigente se encuentran en nuestra Historia desde que el hombre empezó a caminar sobre dos patas. Algunas de ellas, como la de Marco Antonio y Cleopatra, prometían acabar con Roma, hacer resurgir a Egipto como capital de un nuevo imperio e, incluso, pudieron terminar con la reina viviendo en Hispania (lugar al que la reina barajó huir cuando su imperio empezó a tambalearse)

Sin embargo, aquel pacto político acabó como tantos otros que se han firmado a lo largo de la Historia: en absoluto desastre. De hecho, terminó con sus dos firmantes bajo tierra al más puro estilo Romeo y Julieta. Es decir, por un doble suicidio que perpetraron cuando sus enemigos (Octavio y sus legiones) les dieron de bofetadas en la batalla de Actium. Y es que, sabedores de que habían sido derrotados por Roma y que poco podían hacer para recuperar su antigua gloria, decidieron acabar con sus vidas para evitar la vergüenza de la derrota y las consecuencias de sus actos. En la actualidad –y por suerte- las asociaciones entre partidos no concluyen con sus firmantes muertos, pero sí suelen finalizar con alguna que otra «torta» política llena de rencor (y si no, solo hay que ver lo sucedido en Andalucía entre el PSOE e IU).

Odio, triunvirato y Cleopatra

Para encontrar el origen del pacto que pudo acabar con Roma y dar con los huesos de Cleopatra en Hispania es necesario viajar en el tiempo hasta el 15 de marzo del año 44 A.C. Fue entonces cuando Julio César fue asesinado a las puertas del Senado en una conspiración en la que, según el historiador Suetonio, participaron más de sesenta personas. Entre ellas destacaban Cayo Casio y Marco Bruto, perpetradores de un plan que se saldó con una muerte «anunciada» que se llevó a cabo mediante una veintena de sangrientas puñaladas. Después del entierro del líder (a manos de la 13ª Legión, sumamente dolorida por su cercanía con el dictador) comenzó un curioso «juego de tronos» que marcó la Historia.

Tras esta muerte se produjo el caos en Roma. Cada general inició el camino que más le interesaba seguir sin tener en cuenta ninguna lealtad. Uno de los primeros en armarse fue Marco Antonio quien, haciendo valer sus años al servicio de César, tomó el mando de varias legiones y exigió a uno de los asesinos de su mentor que le entregase la región que administraba en nombre del pueblo romano. Tampoco se quedó atrás Cayo Octavio (sobrino nieto de César y elegido heredero legítimo por él). Y es que, al saber que su enemigo natural para acceder a la poltrona se había marchado de Roma, se decidió a combatir y obtener por su «pilum» el poder que estaba ejerciendo, de facto, Antonio. La guerra civil estaba asegurada, y duró varios meses en los que las tropas de ambos se repartieron flechas y estocadas de «gladius» en plena contienda. Los dos luchaban por heredar un imperio.

Sin embargo, parece que la cordura (o el interés político, tan patente en Roma por cierto) acabó imperando entre los contendientes. Así pues, Octavio y Marco Antonio decidieron que eran mucho mejor aguantarse mutuamente y dirigir su odio contra los asesinos de César. Y es que, estos andaban armándose para, llegado el momento, saltar sobre los «cesarianos», como eran conocidos los valedores del dictador. De esta forma nació el Triunvirato, un pacto político mediante el que estos dos líderes y el banquero Lépido –otra de las personalidades de entonces- formaron un gobierno dictatorial sobre Roma. Se convirtieron, en definitiva, en los amos del mundo conocido.

«En este Triunvirato, Marco Antonio, Octavio y Lépido se aliaron con el objetivo de encontrar y capturar a los asesinos de César. Como necesitaban ayuda para perpetrar esta venganza, Egipto buscó acercarse a ellos en su propio beneficio. A los romanos tampoco les vino mal porque se querían acercar a las provincias orientales, así que llegaron rápidamente a un acuerdo. Cleopatra, reina de Egipto, se comprometió a ofrecerles apoyo económico a cambio de que Cesarión (el hijo que había tenido con César) fuera considerado el heredero de su trono en Egipto. La jugada fue astuta, pues así no entraba en conflictos con Octavio (el heredero legal de César) que quería tomar el poder en Roma», explica, en declaraciones a ABC Aroa Velasco, historiadora especializada en el Antiguo Egipto y autora de la página Web «Papiros perdidos».

Antonio y Cleopatra: amor, y orgías

El Triunvirato dio cierta tranquilidad a los romanos, pero lo cierto es que era difícil que un mero pacto político acabase con el odio entre Marco Antonio y Octavio, ambos dignos valedores de suceder a César. Por ello comenzaron a abundar las «puñaladas traperas» -que podríamos decir hoy en día- entre ambos. «Octavio siempre había querido gobernar solo y, para lograrlo, envió a Marco Antonio a luchar contra los partos en los territorios romanos de Siria y Oriente. La idea era sencilla: ponerle en peligro para que muriese en batalla», explica Velasco. Con todo, el oficial romano podía ser muchas cosas, pero no estúpido, por lo que -cuando vio la difícil situación militar que se le presentaba- corrió bajo las faldas de Cleopatra a solicitarle ayuda militar en un encuentro privado.

La reina de Egipto aceptó el encuentro, aunque solicitó que se hiciese en su navío con el objetivo de impresionar al romano. «Cleopatra fue al encuentro de Marco Antonio en un barco majestuoso con remos de plata. Quiso demostrar la riqueza de su pueblo, para lo que decidió regalar los cubiertos de oro a los soldados e invitados tras cada comida. La leyenda negra dice que estuvieron rodeados de orgías, explica Velasco. De la misma opinión es Pilar Rivero, de la Universidad de Zaragoza, quien, en su dossier «La política exterior de Cleopatra VII Filópator», remarca la forma en que la reina de Egipto se presentó ante Antonio: «Cleopatra llegó con una gran pompa, remontando el rio como si de la diosa Isis y su cortejo se tratara».

Lo cierto es que la majestuosidad de Cleopatra pareció funcionar, pues Marco Antonio (quien ya se sentía bastante atraído por Oriente) se quedó encandilado con ella y no ofreció demasiadas reticencias a las condiciones de su pacto. Se dice que tal fue el despliegue de los egipcios, que entre banquete y banquete se dieron las negociaciones. Aunque no se sabe a ciencia cierta, lo cierto es que no tardaron en llegar a un acuerdo. «Marco Antonio propuso a Cleopatra que le diese su apoyo militar contra los partos a cambio de eliminar a Sione IV (la hermana de Cleopatra, que quería acceder al trono). Ella acepto», añade la experta.

Además de aquel pacto político, en el barco también se vivió una historia de amor, pues ambos se encapricharon del otro y comenzaron una relación muy criticada desde Roma y que aprovechó, entre otros, el sobrino nieto de César. «Con el acercamiento entre ambos, Octavio vio una oportunidad para acabar con la credibilidad de Antonio. Por ello inició una campaña con la que buscó minar su imagen entre los romanos, le acusó de adorar la cultura oriental, de pedir ayuda a Cleopatra y de dejarse hechizar por sus extrañas artes. Todo ello fue incentivado por el filósofo Plutarco, contrario también a Antonio», completa Velasco. La treta funcionó y, a pesar de que el Triunvirato siguió activo, Marco Antonio se fue ganando, poco a poco, el odio de sus conciudadanos. Lo cierto es que tampoco ayudó que el romano trasladase su residencia a Alejandría y pasase las horas muertas con su nueva «novia».

Comienza la guerra

En los meses siguientes, Marco Antonio, el que en su día fue el primer general de César y el hijo predilecto de Roma, siguió viendo a Cleopatra y probó las miles de las riquezas y los lujos de Egipto. Eso sí, dando de lado a sus conciudadanos y al Triunvirato. Octavio, por su parte, supo usar desde cada comilona que su enemigo se daba en Alejandría, hasta las relaciones sexuales que este tenía con la reina de Egipto (con quien tuvo tres hijos, Alejandro Helios, Cleopatra Selene II y Ptolomeo Filadelfo) para que el pueblo le viese como un adorador de Oriente. El sobrino nieto de César no podía estar más feliz, pues –poco a poco- estaba acercándose a su plan: acceder al gobierno en solitario y no tener que rendir cuentas de ello a nadie.

El de Octavio no era un plan para tomar el poder rápidamente, sino eliminando, poco a poco, el poder de sus competidores. Hubo que esperar hasta el año 37 A.C. para que –con la renovación del Triunvirato- el sobrino nieto de César pusiera la última piedra para lograr acabar con su enemigo. Fue ese año cuando, a cambio de que el grupo siguiese gobernando en terna, exigió a Marco Antonio que se casase con su hermana Octavia. Oficialmente dijo que era para buscar un acercamiento entre ambos, pero la realidad era que diferente: buscaba poder cargar contra él cuando engañase a su nueva esposa con Cleopatra. «Marco Antonio, por su parte, pidió a Octavio que le enviase tropas para combatir contra los partos, con los que seguía en guerra. Este aceptó, pero nunca llegaron a su destino», añade la experta.

Casado con Octavia y al verse traicionado por Octavio, Marco Antonio se marchó desesperado a los brazos de Cleopatra. La reina de Egipto no dudó y aprovechó la desesperación de su amante. Podían ser compañeros de cama, pero el poder, era el poder (debió pensar). «Cleopatra aceptó el trato y le dio dinero, provisiones, tropas y barcos. A cambio, sin embargo, le solicitó que otorgara posesiones a los tres hijos que ambos tenían en común. Así pues, debía nombrar a Alejandro Elios rey de Armenia y Partia, a Cleopatra Selene, de Cirenaica y Lidia y, finalmente, a Ptolomeo Filadelfo de Siria y Ciricia. Además de todo ello, Cleopatra debía ser nombrada reina de reyes y reina de Egipto y Cesarión su heredero. El tratado fue conocido como las “Donaciones de Alejandría”», completa Velasco. A su vez, ambos contrajeron matrimonio según las costumbres egipcias. Un nuevo varapalo (y una nueva excusa) para Octavio.

Octavio, al fin, tenía una excusa para iniciar la contienda. De esta forma, y tras quitarse de encima a Lépido, cargó política y dialécticamente contra su enemigo hasta que consiguió tener de su parte al pueblo. Tras ello, nombró enemigo de Roma a Marco Antonio y declaró la guerra a la pareja. «Curiosamente no se la declaró a Marco Antonio, pues sabía que, de ser así, provocaría recelos entre sus legionarios, que luchaban más contra Cleopatra y el imperio oriental. Sin embargo, sabía que Antonio ayudaría a la reina», destaca la experta a ABC. Había comenzado la contienda, una lucha a muerte que llevaba tejiéndose y fraguándose años.

El plan para exiliarse a España

El enfrentamiento entre ambos se terminó decidiendo en el año 31 A.C. en la batalla de Actium (una región ubicada en la costa oeste de Grecia). En principio, Marco Antonio quería combatir en Italia, pero Cleopatra volvió a manipular al romano afirmando que sus tropas sólo acompañarían a las legiones de Oriente (las que se habían mantenido fieles a su amante) si se luchaba en la costa griega. No hubo más que hablar para el romano, que aceptó sin rechistar. El 2 de septiembre se combatió. Sin embargo, no fue en tierra, sino en el mar (donde el general romano no tenía ninguna experiencia). La contienda no había comenzado y la ventaja ya era para Octavio y sus buques.

En la contienda, los buques de Marco Antonio se pusieron en vanguardia; tras ellos se destacaron como reserva, los de Cleopatra. En total, los amantes sumaban unos 400 navíos. En frente suya se ubicaron imponentes los 400 de Octavio al mando de Marco Agripa. Los dos contenientes habían decidió usar estrategias similares. «Antonio, mediante un movimiento envolvente, trataría de desbordar el flanco siniestro enemigo (Agripa). De este modo quedaría abierto un hueco entre las naves que conformaban el centro de la línea octaviana y las que se situaban a su izquierda. Ese vacío sería rápidamente cubierto por las galeras de Cleopatra, que avanzarían desde la retaguardia, partiendo en dos la flota rival. Por su parte, Octavio buscaría hacer lo propio en el ala derecha de la armada contraria (Antonio)», explica el doctor en geografía Antonio García Palacios en su dossier «Octavio frente a Marco Antonio».

La victoria parecía plausible para los amantes, pero, según el Plutarco, la maniobrabilidad de los buques de Agripa y el arrojo de sus legiones terminaron siendo letales. Aun así, fueron necesarias varias horas de batalla para poder doblegar a Antonio y Cleopatra. «La batalla adquirió el carácter de un combate en tierra firme o, para ser exactos, el de un ataque a una ciudad fortificada. Tres o cuatro barcos de Octavio se agruparon en torno a cada uno de los de Antonio, y la lucha se llevó a cabo con escudos de mimbre, lanzas, palos y proyectiles incendiarios, mientras que los soldados de Antonio también disparaban con catapultas desde torres de madera», señaló el historiador romano.

Cuando Marco Antonio se vio desbordado y la batalla empezó a tornarse del lado de Agripa, Cleopatra inició la retirada con su flota hacia mar abierto, dejando sin apoyo a su esposo. Al parecer, ver huir a la mujer más poderosa de Oriente hizo acobardarse al romano, que giró su barcaza y siguió, como alma que lleva el diablo, a la egipcia. Sin su líder natural, solo fue cuestión de horas que las legiones aliadas se retirasen de forma pactada. Por su parte, marido y mujer decidieron cobijarse en Egipto. «Cuando Marco Antonio llegó a Alejandría, se refugió en una pequeña casa junto con dos criados, situada en el pequeño puerto de Paretorio; quizá pensaba en la posibilidad de una recuperación y de otro posible ataque a Octavio. La reina se fue a su palacio y se dedicó a planear la estrategia a seguir en el encuentro seguro, pero que se hizo esperar con Octavio», explica Rosa María Cid López, del departamento de Historia de la Universidad de Oviedo, en su obra «Cleopatra: Mito, leyenda e historia».

¿Cuál era su plan? En principio, reclutar todos los hombres que pudiese para poder plantar cara al romano. Sin embargo, si eso no daba resultado, tenía pensada una curiosa serie de alternativas. «Por si acaso era preciso huir, mandó mensajeros a sus aliados de Media y Partia, preparó embarcaciones para pasar el mar Rojo en dirección a Arabia e, incluso, estableció la posibilidad de huir a Hispania», explica, en este caso, Rivero. Lo cierto es que esta opción la habría permitido hacerse fuerte en la Península para iniciar un contraataque contra Octavio con ayuda de Antonio. Desde allí, también podría haber iniciado los preparativos para marcharse hacia otra parte de Europa. Sin embargo, nada de eso pudo suceder, pues la pareja acabó muerta (ambos se suicidaron) y su enemigo tomó el poder. Su pacto político, por lo tanto, terminó en desastre.

Tres preguntas a Aroa Velasco

Cinco ocasiones en las que la poligamia y los asesinatos cambiaron la historia


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  • Desde las extrañas muertes que provocaron el ascenso de Cleopatra al poder, hasta los seis matrimonios de Enrique VIII
Wikimedia Se cree que una de las concubinas de Ramsés III urdió un plan para asesinarle

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Se cree que una de las concubinas de Ramsés III urdió un plan para asesinarle

Muertes y traición. Al observar con detenimiento la historia, es posible comprobar que estas dos características son las que más se repiten durante siglos. Y es que, parece mucho más fácil recurrir a la sangre y al cuchillo que a la diplomacia para solucionar los problemas entre familiares.

Y si no, que se lo digan a personajes tan conocidos como Cleopatra o Alejandro Magno, los cuales ascendieron al trono en extrañas circunstancias (y, según se sospecha, gracias al uso de la daga contra sus parientes). Así lo afirma, al menos, el último dossier de la revista especializada «Live Science».

1-Las misteriosas muertes de los hermanos de Cleopatra

Cleopatra, reina de Egipto y conquistadora de corazones, es famosa por su belleza y por su gran capacidad política. Sin embargo, lo que menos se conoce de ella es que ascendió al trono gracias a una serie de fortuitas muertes de varios de sus familiares. Y es que, estaba determinado que, tras la muerte de su padre, el trono recaería en su hermano menor Ptolomeo XIII o, en caso de que a este le sucediese alguna desgracia, en manos de su también hermano Ptolomeo XIV.

La situación no terminaba en ese punto, pues –como era tradición- Cleopatra estaba destinada a casarse con Ptolomeo XIII (algo usual entre la realeza de la época). No obstante, parece que este plan no gustó demasiado a la futura reina quien, tras fallecer su padre, se alió con Julio César para retomar el trono y dárselo a Ptolomeo XIV. Una lucha fratricida. Sin embargo, la jugada salió a pedir de boca para la noble de la nariz respingona pues, tras derrocar al primer hermano, el segundo falleció en extrañas circunstancias.

Todo terminó siendo todavía mejor para Cleopatra pues, en el año 41 A.C., murió también Arsione IV (otra hermana que le podría haber causado algún que otro quebradero de cabeza). «Era algo normal en la época. No es raro encontrar a un miembro de la dinastía Ptolomeo que, a lo largo de los años, no liquidase a un familiar o dos», explica el historiador Stacy Schiff en su libro «Cleopatra» (editado por «Little, Brown and Company» en 2010).

2-Sangre y poligamia en el ascenso de Alejandro Magno

La vida de Alejandro Magno estuvo marcada por las intrigas familiares. Estas comenzaron con su padre, Filipo II de Macedonia. Y es que, el monarca contaba nada menos que con unas siete esposas, con varias de las cuales había tenido hijos (todos ellos, ansiosos de hacerse con el trono una vez que el monarca se marchase al otro barrio). Entre aquellas mujeres se encontraba Olimpia, madre del propio Alejandro.

Rodeado de tanta gente ansiosa por sentarse en su trono, no es raro que, cuando Filipo murió en el año 336 A.C., muchos hablaran de asesinato. A día de hoy no se ha esclarecido lo que sucedió, pero lo cierto es que se han barajado varias teorías. Entre ellas, la que afirma que su muerte fue urdida por un antiguo guardaespaldas con el que había mantenido una relación homosexual en su juventud y que acabó con su vida por despecho. Fuera como fuese, lo cierto es que Alejandro tomó rápidamente el poder acabando con todo aquel familiar que quisiera hacerle levantar sus posaderas del trono.

3-Ramsés III y la traición de una de sus esposas

Si por algo se han hecho famosos los faraones es por contar con un harén formado por decenas de esposas. Una práctica que, seguramente, les parecía enriquecedora… hasta que la situación se tensaba. Ramsés III (faraón de Egipto desde el año 1186 A.C. hasta aproximadamente el 1156 A.C.) tuvo que aprender esta lección por las malas y de manos de una de sus múltiples esposas llamada Tiye. Y es que, según parece, esta mujer urdió un plan para cortar el cuello al gobernante y lograr así que su hijo subiese al trono.

Junto a ella hubo –presuntamente- decenas de conspiradores más que la ayudaron a perpetrar el asesinato. Aunque a día de hoy se desconoce si logró su meta o no, lo cierto es que los arqueólogos desvelaron en 2012 que la momia de Ramses tenía evidencias de haber sufrido durante la muerte. Los expertos barajan varias posibilidades, entre ellas que fuera asfixiado (pues tiene los pulmones demasiado inflados), que fuese enterrado vivo o que fuese degollado.

4-Wanli, el emperador pasivo-agresivo

Según afirma un artículo publicado por el «New York Times», el caso de Wanli es uno de los más extraños de la Historia. Como emperador chino del S.XIV que era, este noble contaba con dos esposas oficiales y un gran número de concubinas. Entre sus favoritas se encontraba la «señora» Zheng, con quien tuvo dos hijos. El menor era el preferido del asiático, que decidió que sería quien le sucedería una vez que falleciese.

La idea, sin embargo, no gustó demasiado a sus nobles, que le obligaron a declarar a su primer hijo como heredero. Desde ese momento parece que Wanli se volvió «pasivo-agresivo», pues empezó a abandonar sus responsabilidades de gobierno (algo que nunca había hecho). Así pues, en los siguientes lustros dejó de acudir a las reuniones políticas y desatendió sus deberes reales. Muchos historiadores le atribuyen, por ello, el desmoronamiento de la dinastía Ming.

5-Enrique VIII y sus muchas esposas

El caso de Enrique VIII es uno de los más llamativos de la Historia. Y es que, este monarca inglés del S.XVI se casó seis veces en sus repetidos intentos por lograr un heredero varón. Su periplo comenzó cuando el segundo de los Tudor contrajo nupcias con Catalina de Aragón, la viuda de su hermano. Todo parecía ir bien entre ambos hasta que, en 1520, el monarca conoció a Ana Bolena. Cautivado por ella, solicitó a la Iglesia la separación para casarse con ella.

Digamos que esa proposición no gustó demasiado a los católicos, por lo que Enrique decidió separarse de ellos, formar su propia Iglesia (la anglicana) y nombrarse máximo responsable de la misma. Una de sus primeras medidas fue la de aprobar el divorcio, lo que hizo que pudiera separarse de Catalina y casarse con Ana Bolena. Parecía que todo le había ido bien, pero su nueva esposa tampoco consiguió darle un hijo varón, por lo que la acusó de adulterio, traición y la mandó ajusticiar.

Enrique se casó cuatro veces más y el resto de sus esposas no tuvo mejor suerte. Tampoco le sonrió la fortuna al monarca, obsesionada cuyo único descendiente varón murió cuando era un adolescente.

Cleopatra, las intrigas históricas de la «ramera» que dominó Egipto


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  • Odiada hasta el extremo por sus adversarios, ha sido tratada como una «mujer fatal» que dominaba la política usando sus armas de mujer
Jean Leon Gerome Los historiadores dicen de ella que era «puta» y «lasciva»

Jean Leon Gerome | Los historiadores dicen de ella que era «puta» y «lasciva»

Una mujer hermosa, obsesionada con los cosméticos y, por supuesto, toda una devoradora de hombres. Esa es la imagen que ha prevalecido de la mítica Cleopatra VII, famosa por ser la última reina del Antiguo Egipto y por conquistar el corazón de romanos como Julio César y Marco Antonio. Sin embargo, la existencia de esta monarca está teñida por una ficción creada por sus enemigos, quienesla mostraban como una «ramera» que se aprovechaba de su supuesta belleza para encandilar a los hombres y dominar la política.

Una de las ideas más extendidas sobre Cleopatra es la que afirma que era una «mujer fatal» que usaba sus armas como hembra y su capacidad de seducción para conquistar el corazón de los políticos. No obstante, esta es una afirmación que no se puede sustentar en hechos fehacientes, pues se basa en las ideas extendidas por los historiadores griegos y romanos, quienes sentían en no pocos casos odio hacia ella debido a su inteligencia y a su determinación de salvaguardar Egipto de la ambición extrajera.

«Las voces masculinas que la sentían como una amenaza centraban el objeto de su ira en la destrucción de su reputación que, dada su condición femenina, estaba en relación directa con su licencioso comportamiento moral, de ahí que para César, Pompeyo, Escario o Mecenas fuera “lasciva”, “puta”, “ramera” o “indecente yegua”. Otros personajes la perciben como una mujer “extraña”», explica Belén Ruiz Garrido, Doctora en Historia del Arte por la Universidad de Málaga, en su dossier «Yo soy Egipto. El poder y la seducción de Cleopatra en las artes plásticas y en el cine».

Smamente bella

Otra de las visiones más recurrentes es la que define a Cleopatra como una mujer sumamente bella. Esta imagen es apoyada por contemporáneos de la reina como Marco Antonio, quien vivió encandilado por ella. «La edad no puede marchitarla, ni podrá la costumbre agostar su infinita variedad: otras mujeres sacian los apetitos que despiertan, pero ella da más hambre cuánto más satisface. Incluso lo más vil se vuelve puro en ella, y hasta los sacerdotes bendicen el ardor de su lujuria», señalaba el oficial romano (tal y como se recoge en la obra «Antonio y Cleopatra»)

Sin embargo, su belleza es, a día de hoy, difícil de corroborar. «Dadas las fuentes documentales que nos han llegado –monedas, relieves etc.- no parece una belleza. Los últimos estudios nos dicen que tenía una nariz respingona y una barbilla prominente. El problema es que los historiadores griegos la definieron como una “femme fatale”. Esa imagen, unida a películas como la protagonizada por Liz Taylor, ha hecho que a día de hoy se la recuerda como una mujer extremadamente bella y seductora», señala a ABC Aroa Velasco, historiadora especializada en el Antiguo Egipto y autora de la página Web «Papiros perdidos».

Por el contrario, Velasco afirma que la imagen que ha llegado hasta hoy de Cleopatra ha provocado que nos olvidemos de que era una política consolidada que sabía hablar multitud de idiomas y estaba interesada en la ciencia y la literatura. «Me parece más importante señalar que era una ilustrada asociada con el helenismo griego que explicar de ella que era una belleza. Lo que sí se sabe es que era muy culta, y eso es más determinante desde el punto de vista histórico que si era guapa o si era fea», completa la experta.

Obsesionada por los cosméticos

La enésima leyenda sobre la Reina es la que afirma que estaba obsesionada por los cosméticos y utilizaba todo tipo de extravagantes productos de belleza, una idea que se funda en historiadores griegos como Plutarco y Apiano. De ella se dice que se bañaba en leche de burra (¿quién no ha escuchado esa leyenda?), que se ponía maquillaje y pintalabios y, finalmente, que usaba todo tipo de exfoliantes para mantener su piel tersa. Todo, con el objetivo de estar atractiva para los hombres.

No obstante, es sumamente difícil comprobar la veracidad de estas leyendas en la actualidad. «A nivel arqueológico no podemos decir que sí de forma tajante, aunque algunos historiadores hacen referencia a ello. Pero esto no nos debería sorprender, porque todos los egipcios usaban maquillaje como método antiséptico y estético. Un ejemplo es que se pintaban la raya del ojo con un producto determinado para ahuyentar a los mosquitos. El problema es que, al ser mujer, se vio de forma diferente por los historiadores», determina la experta.

En este sentido, Velasco considera que Cleopatra no se ponía más maquillaje que cualquier otra egipcia con una capacidad económica similar. A su vez, cree que lo usaba tan asiduamente debido a que era una forma de acercarse a su pueblo y de cuidarse. Aunque eso sí, como cualquiera de sus compatriotas.

Un extraño método exfoliante

El último mito sobre la reina más famosa del Antiguo Egipto ha salido a la luz gracias al cirujano plástico David Jack. Y es que, este británico abrió –hace menos de un año- una clínica en la que dice rejuvenecer la tez de sus pacientes pasando un bisturí sobre su cara. El doctor señala que el método es heredado de aquellos que usaba Cleopatra para cuidar su cutis. Una afirmación valiente pues, como señala Velasco, no existen en la actualidad restos arqueológicos que permitan corroborar esta teoría.

Concretamente, el médico afirma que Cleopatra usaba «leche y frutas» para ablandar su piel y derretir el «pegamento que mantenía unidas las células de la capa superior de su piel». Una vez que estas se «aflojaban», ordenaba que le pasasen un cuchillo afilado sobre la piel para eliminarlas.

«Nosotros usamos hoy en día ácido mandélico y glicólico para sustituir a la fruta, y salicílico y láctico para la leche», determina el doctor. Según afirma, aunque el proceso es algo caro hace que aquel que lo lleve a cabo reduzca su edad dermatológica en unos cinco años.

¿Es posible que la reina de Egipto utilizase este sistema? A Velasco no le parece extraño, aunque, nuevamente, señala que no es posible afirmarlo ni negarlo. «Nada es fiable si no está basado en fuentes arqueológicas. Personalmente no había escuchado hasta ahora nada referente a este sistema, pero cuadra perfectamente con los métodos utilizados por los egipcios. Aun con todo, no conozco ninguna referencia a ello en papiros antiguos que hayan sido traducidos», finaliza.

Una estela, la última pesquisa en la búsqueda de la tumba de Cleopatra


El Mundo

  • Hallan una estela contemporánea a la piedra Rosetta e idéntica a otra pieza descubierta en la isla de Filé, en el otro extremo del país
  • ‘El descubrimiento refuerza la tesis de que Cleopatra fue enterrada en Taposiris Magna’, cuenta la directora de la excavación
Imagen de la estela.

Una estela de caliza, tallada solo dos años antes que la piedra Rosetta e idéntica a otra inscripción hallada en el templo de Isis en la isla de Filé, en el sur de Egipto. Es el prometedor hallazgo de la misión arqueológica que busca en el templo de Taposiris Magna, en los alrededores de la ciudad mediterránea de Alejandría, la tumba de Cleopatra (69 a.C.-30 a.C.), la última y trágica reina del Antiguo Egipto.

“Es el descubrimiento más importante de nuestra misión. Hasta ahora se creía que el templo de Taposiris Magna, que no tiene inscripciones, nunca había funcionado como tal. Yo siempre pensé lo contrario y buscaba pruebas arqueológicas. La estela coloca al monumento en un lugar muy destacado en cuanto a la adoración de Isis”, relata a EL MUNDO Kathleen Martínez, la abogada y arqueóloga dominicana que excava las ruinas de Taposiris Magna.

El complejo, a unos 45 kilómetros al oeste de Alejandría, guarda entre sus muros un templo dedicado a Osiris, la deidad de la resurrección, y su cónyuge Isis, la gran diosa madre en la mitología egipcia. Su árido perímetro de 5 kilómetros -horadado a partir de la expedición militar de Napoleón Bonaparte de 1801- apenas había alumbrado hallazgos. Su destino, sin embargo, cambió en 2005 cuando Martínez llegó al lugar y convenció al ex ministro de Antigüedades Zahi Hawass de la necesidad de reanudar las excavaciones para rastrear la sepultura de Cleopatra VII y Marco Antonio.

‘Esta conexión indica que en los dos extremos del país, en el Alto y Bajo Egipto, había dos templos dedicados al culto a Isis: Filé y Taposiris Magna’

“Sabemos que Cleopatra fue enterrada en un templo de Isis pero, como no se conocía la importancia de Taposiris Magna, se descartó”, reconoce la egiptóloga. Ahora, el hallazgo “demuestra que es posible que la reina fuera enterrada aquí”. La estela -de 105 centímetros de altura, 65 centímetros de anchura y 18 centímetros de grosor- fue esculpida en el noveno año del reinado del rey Ptolomeo V, solo dos años antes de la creación de la piedra Rosetta, la llave que abrió la puerta a la comprensión de los jeroglíficos.

“La estela está escrita en demótico y jeroglífico. Le falta una parte que probablemente sea la tercera escritura presente en la piedra Roseta [griego antiguo]”, detalla Martínez, que -bajo el auspicio de la Universidad Católica de Santo Domingo- dirige desde el pasado diciembre y hasta mayo a una cuadrilla formada por siete arqueólogos egipcios y unos cuarenta obreros. Sus 20 líneas de jeroglífico contienen cartuchos del rey Ptolomeo V; de su esposa y hermana, la reina Cleopatra I, su padre Ptolomeo IV y su cónyuge Arsínoe III.

La pieza es, además, una copia exacta de otra plantada en el imponente templo de Isis ubicado originariamente en la isla de Filé, a unos 8 kilómetros al sur de Asuán, y trasladado junto a los monumentos anejos a la isla de Agilkia durante la década de 1960 después de que la construcción de la Gran Presa de Asuán dejara al lugar sepultado bajo sus aguas. “Esta conexión indica que en los dos extremos del país, en el Alto y Bajo Egipto, había dos templos dedicados al culto a Isis: Filé y Taposiris Magna”, subraya la arqueóloga latinoamericana.

Excavación del templo.EM

Impermeable a los obstáculos y las críticas que ha despertado su búsqueda, Martínez ha ido horadando el templo. Ni siquiera la agitación política que la tierra de los faraones ha vivido durante los últimos tres años le ha vencido. “Hoy defiendo mi teoría con más fuerza si cabe. Hemos encontrado muchas pruebas que la sostienen. De momento, hemos demostrado la importancia del templo: se han hallado cámaras, túneles y pasadizos; descubierto el templo de Isis y la placa de la fundación del lugar a cargo de Ptolomeo II“, enumera.

La travesía no ha resultado fácil. Tras visitar 28 edificaciones en las proximidades de la ciudad mediterránea y analizar su arquitectura e iconografía, Martínez consideró que Taposiris Magna, abandonada tras infructuosas excavaciones, “reunía el simbolismo necesario” para acoger el descanso eterno de la última reina egipcia y el general romano. La afirmación de que la vida paralela de ambos personajes yacía en un confín baldío fue acogida con incredulidad por la comunidad arqueológica internacional.

“Fui motivo de burla”, admitió hace tres años a este diario Martínez, que corrió con los gastos de la primera expedición. “Solicité un permiso para trabajar allí durante unos meses porque creí desde el principio que se trataba de uno de los templos más importantes del período ptolemaico, que habría sido destruido en la búsqueda de los cuerpos”. Logrado el plácet de las autoridades egipcias, exploró durante dos meses la explanada, enclavada entre el mar Mediterráneo y el lago Mareotis, casi extinguido en la actualidad pero próspero aún en el último periodo de la civilización faraónica. En sus orillas crecían en aquel tiempo olivos, trigo y viñedos que aplacaban la sed y el hambre de una urbe habitada por medio millón de almas. La única geografía conocida del recinto, fundado en la década del 270 a.C. por Ptolomeo II Filadelfo (308-246 a. C.), eran su muralla y una pequeña torre construida en piedra durante la época grecorromana a imagen del grandioso faro de Alejandría.

La localización de las sepulturas sería un hito porque jamás se ha encontrado ninguna perteneciente a un rey del período griego

“Justo dos o tres días antes de que finalizara el permiso de excavación, descubrimos las primeras cámaras funerarias subterráneas”, cuenta Martínez. Desde entonces, la misión dominicana-egipcia ha encontrado extramuros del recinto una necrópolis con más de 2.000 cuerpos orientados en una misma dirección. “Se trata del mayor cementerio hallado en Egipto. Sus retos abarcarían más de un siglo e indicarían la existencia de la tumba de uno o varios monarcas”, recalca.

La localización de las sepulturas sería un hito porque jamás se ha encontrado ninguna perteneciente a un rey del período griego. “Estamos en presencia de una zona que podría ser el equivalente al Valle de los Reyes para la dinastía ptolemaica. Es muy probable que los últimos faraones de la historia, que luchaban contra los romanos para lograr su permanencia en el trono, escogieran un emplazamiento seguro y apartado como éste para no ser molestados en la vida de ultratumba”, agrega Martínez. Y calcula: “Solo queda por excavar el 20 por ciento del templo aunque en arqueología no existe el tiempo”.

La directora del yacimiento, que cruzó un océano en busca de la Ítaca de Cleopatra, espera que el hallazgo de su cuerpo ayude a narrar los anversos y reversos de su memoria. La azarosa vida de la soberana que sedujo a Julio César y engendró a Cesarión. La madre que juró amor perpetuo a Marco Antonio y amplió su malograda estirpe con Cleopatra Selene II, Alejandro Helios y Ptolomeo Filadelfo. La venerada mortal que se casó con sus dos hermanos y resistió en una corte habitada por lenguas viperinas, conspiraciones e imposturas familiares. “Descubrir su tumba y la del triunviro Marco Antonio nos permitiría reconstruir su apariencia y reescribir su biografía a partir de sus vestidos y uniformes, pertenencias o manuscritos“.

El insultó que acabó con Cleopatra, la reina más bella de Egipto


ABC.es

  • La mala prensa de la serpiente en general, y de la víbora en particular, tiene orígenes bíblicos
El insultó que acabó con Cleopatra, la reina más bella de Egipto

AP Elizabeth Taylor es una de las guapas actrices que ha desempeñado el papel de Cleopatra

En una sociedad donde la traición está a la orden del día, es casi imposible encontrar una persona que no haya sido golpeada por sus retazos. Ya sea en el papel de malo malísimo o en el de víctima, la mentira tiene pocos padres y demasiados peajes. En ocasiones ni siquiera se trata de nobleza, sino de responsabilidad. Asumir los errores forma parte del juego y saber perdonar también. Por muchos obstáculos que coloque la vida, la bondad siempre será el caballo de batalla de aquellos sujetos que nunca entendieron lo que aquí se está intentando explicar.

Así encontramos el calificativo de ‘víbora’, que evoca la nula empatía de quienes basan su comportamiento en hacer daño a los demás. En la obra «El gran libro de los insultos», publicado por la editorial La Esfera, Pancracio Celdrán expone que se llama así «al individuo que se anda con malas intenciones y aguarda cauteloso el momento de llevar a cabo su traición o venganza. Su empleo como insulto se basa en la pésima reputación de este reptil». En un pasaje de El Tesoro de la lengua castellana (1611), Sebastián de Covarrubias escribe:

Es comparada a ella la mujer que en lugar de regalar y acariciar a su marido, le mata. A la mujer que es brava de condición decimos que es una víbora.

Aunque con el significado último de ‘culebra’ el término procede de la palabra latina vipera, Celdrán explica que ya estaba impreso «con el valor semántico de persona que espera la ocasión para hacer daño» en algunas de las primeras creaciones literarias del castellano.

Orígenes bíblicos

El significado hiriente de víbora pone de manifiesto una vez más la relación del mundo animal con determinadas ofensas. El autor revela la razón por la que el insulto que nos atañe hace referencia a un reptil: la mala prensa de la serpiente en general, y de la víbora en particular, tiene orígenes bíblicos. «Eva fue engañada por una de estas criaturas; y en el mundo clásico, Cleopatra murió por la mordedura de otra representante de ese mundo de reptiles». Con estos históricos antecedentes resume Celdrán que llamar a alguien víbora «era hacerle agravio por coincidir en este reptil ingratitud, traición e hipocresía».

Entre las páginas de La Perimetra que escribió hacia la segunda mitad del siglo XVIII el dramaturgo Nicolás Fernández de Moratín se puede leer: «¡Es víbora enfurecida, despreciada, una mujer’.» Con esta expresión, Celdrán manifiesta la mayor carga de este insulto respecto a la mujer, «haciendo a las del género femenino destinatarias de hipocresía, perfidia y doble intención, con lo que la actitud injusta y cruel de cargar a la mujer con tan terribles palabras manifiesta un machismo exacerbado a lo largo de la historia».

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Un grupo de arqueólogos sitúa la tumba de Cleopatra en Egipto


Reuters – Cadena Ser

El equipo de investigación trabaja con nuevas pruebas que indican que los sacerdotes llevaron el cuerpo de la reina a un templo tras su suicidio

En lo alto de una colina con vista al Mar Mediterráneo, enterrados a gran profundidad bajo la piedra caliza de un templo de la diosa Isis, es posible que se encuentren los restos de la Reina Cleopatra, según arqueólogos.

La tumba de la reina egipcia nunca ha sido hallada pero unos arqueólogos están descubriendo más pruebas de que los sacerdotes de Cleopatra llevaron su cuerpo al templo tras su suicidio, donde podría yacer junto con su amante Marco Antonio.

“Este podría ser el descubrimiento más importante del siglo XXI“, dijo el domingo a periodistas Zahi Hawass, jefe de arqueología de Egipto, en una visita al templo. “Este es el lugar perfecto para ocultarlos”, sostuvo.

Arqueólogos de Egipto y de República Dominicana planean comenzar a excavar en busca de la tumba de Cleopatra este mismo año.

Tres cámaras

Investigadores han descubierto por radar que podría haber tres cámaras a una profundidad de 20 metros bajo la roca. Los historiadores creen, basados en el escritor romano Plutarco, que Marco Antonio y Cleopatra fueron enterrados juntos.

Kathleen Martínez, una académica de República Dominicana que fue pionera de la teoría de que Cleopatra podría estar enterrada en el templo, piensa que una de las cámaras podría contener los restos de la famosa pareja.

Si Martínez, de 40 años, y su equipo, que ha estado trabajando en el sitio durante tres años, hallan cuerpos debajo de la roca, buscarán tablillas que lleven el nombre de Cleopatra o una corona que indique la identidad de alguna momia.

El cuerpo de Antonio, dijo Martínez, aún podría estar adornado con el uniforme romano del antiguo general.

La excavación, sin embargo, podría ser pospuesta hasta el otoño boreal por razones de seguridad, dado que el templo tiene vistas a una casa mediterránea de verano del presidente egipcio, Hosni Mubarak.

Arqueólogos descubrieron esta semana un cementerio cerca del templo que contiene momias, un indicativo del entierro de miembros de la realeza alrededor del templo.

Los arqueólogos previamente habían pasado por alto al templo – que fue construido por Ptolomeo II cerca del 300 antes de Cristo – enfocándose en cambio en un sitio de entierro en Alejandría sumergido bajo el mar tras un seísmo en el siglo VIII, dijo Martínez.

Hallan nuevas pruebas sobre la localización de la tumba de Cleopatra


EFE – El Mundo

Una misión arqueológica egipcia y dominicana asegura haber encontrado nuevas pruebas que confirman la presencia de la tumba de Cleopatra y Marco Antonio en las proximidades de Alejandría.

La abogada dominicana Kathleen Martínez, jefa de la misión, calificó este miércoles de históricas las pruebas que han logrado sobre la presencia de la tumba de la reina Cleopatra y del general romano Marco Antonio en las proximidades de Alejandría, al norte de Egipto.

La también ministra consejera de la embajada de República Dominicana en Egipto informó en una rueda de prensa de que la expedición ha logrado “importantes” avances que conducen hacia las tumbas de los dos amantes.

Martínez dio a conocer hoy una serie de hallazgos de la misión arqueológica y que, en su opinión, confirman la presencia del sepulcro de Cleopatra y Marco Antonio.

Cementerio cerca del templo de Abusiris

La expedición encontró, precisó Martínez, un cementerio junto al templo de Abusiris, norte de Egipto, en el que se encontraron 27 tumbas con 10 momias, dos de ellas envueltas en oro.

En el lugar también se encontraron mesas de ofrenda, jarras de vino y de cerveza, así como 22 monedas con el rostro de la reina Cleopatra y Alejandro Magno y una máscara funeraria de un hombre con una hendidura en barbilla, muy semejante con las imágenes que se conocen del general Marco Antonio.

Asimismo, se localizaron diversos objetos personales pertenecientes al periodo grecorromano. Esto confirma, agregó la investigadora, que en el lugar están sepultados restos faraónicos y señaló que están “tras la pista de la tumba de Cleopatra y Marco Antonio”.

Este es el más reciente resultado de la teoría que Martínez presentó en 2005 al Consejo Supremo de Antigüedades egipcio y que sirvió para conformar la expedición arqueológica egipcia y dominicana en busca de la tumba.

Egipto buscará con radar las tumbas de Cleopatra y Marco Antonio


EFE – El Pais

  • Se cree que los famosos amantes fueron enterrados en un templo cerca de Alejandría  

cleopatra-arrugas-644x362Los arqueólogos utilizarán a partir de noviembre un radar para buscar, cerca de Alejandría, las tumbas de los amantes más famosos de la historia del antiguo Egipto: la reina Cleopatra y el general romano Marco Antonio. Así lo ha anunciado el secretario general del Consejo Superior de Antigüedades (CSA) de Egipto, Zahi Hawas, en una conferencia sobre los últimos descubrimientos arqueológicos en Egipto ante miembros del Rotary Club en El Cairo.

La búsqueda de estas tumbas tiene lugar en la zona de Borg Al Arab, a unos 50 kilómetros al oeste de Alejandría (norte de Egipto), pues “se cree que Cleopatra y Marco Antonio fueron enterrados en un templo allí”, según Hawas. En esa misma área, los arqueólogos han descubierto en los últimos meses un busto de Cleopatra, una estatua real sin cabeza y 22 monedas con dibujos que muestran la belleza de la reina. Además, han hallado un túnel subterráneo de 120 metros de largo que da acceso a varias habitaciones que “pueden esconder más secretos de Cleopatra”, ha explicado Hawas.

“Este año hemos utilizado el radar en el descubrimiento de 250 momias, que se añaden a otras 52 halladas anteriormente, y que pertenecen a ciudadanos de un nivel social alto y medio”, ha explicado el experto. Hawas ha destacado el descubrimiento de las 250 momias en el llamado Valle de las momias doradas, que podrían contener más de 10.000 cuerpos momificados, en el oasis de Bahariya, 375 kilómetros al sur de El Cairo.

Por otra parte, Hawas ha avanzado que han decidido “parar las excavaciones y dejar a las próximas generaciones que sigan ellos. Queremos dedicarnos ahora a la restauración de las momias”. El descubrimiento de esas momias ha ayudado a los arqueólogos a conocer las relaciones sociales entre los egipcios antiguos, según el experto.

Más descubrimientos

El año 2008 podría ser también testigo de nuevos hallazgos cuando se terminen las excavaciones actuales en un túnel en la tumba del faraón Seti I (1294-1279 a.C), padre del famoso Ramsés II, en el Valle de los Reyes de Luxor, en el sur de Egipto.

Los arqueólogos comenzaron en noviembre pasado las excavaciones en un túnel subterráneo de 137 metros en la tumba de ese rey, que “creemos que conduce a una habitación secreta de Seti I”, asegura Hawas. Hasta el momento, los expertos han podido descubrir 50 metros del túnel y se espera que a finales de 2008 lleguen a la habitación que buscan.

En cuanto a las pirámides de Guiza, en 2008 se elegirá por concurso al equipo de arqueólogos que haya preparado el mejor robot para penetrar en los misterios de la pirámide de Keops. Según Hawas, en mayo se elegirá el robot que se introducirá en el interior de Keops para descubrir sus secretos, ya que tiene tres habitaciones ocultas. En una de ellas se prevé encontrar una tumba, aunque se cree que Keops no está enterrado en ella, según dijo el máximo responsable de las antigüedades egipcias.

La ciudad de Alejandría desapareció bajo el mar víctima de su propia grandeza


CET – El Mundo

  • SEGÚN EL ARQUEÓLOGO SUBMARINO FRANCK GODDIO
  • El suelo no soportó el enorme peso de sus suntuosos templos y edificios
  • Madrid acogerá el próximo mes una exposición de las principales pieza rescatadas
Cabeza de una de las estatuas de Alejandría recuperadas por los arqueólogos submarinos. (Foto: Hilti Foundation)

Cabeza de una de las estatuas de Alejandría recuperadas por los arqueólogos submarinos. (Foto: Hilti Foundation)

MADRID.- La llamada Ciudad de los Mil Palacios, fundada por Alejandro Magno, y otras legendarias ciudades de la región canópica de Egipto se hundieron en el agua y el fango porque el suelo no soportó el enorme peso de los suntuosos templos y edificios de aquél momento, incluyendo el Palacio de Cleopatra, situado en el mítico Portus Magnus de Alejandría, el mayor instrumento de poder que había en el mundo en aquél momento.

Así lo explicó a elmundo.es el arqueólogo submarino Franck Goddio, descubridor de estas ciudades sumergidas en la Bahía de Abukir, en el norte de Egipto. Franck Goddio, que desde 1992 dirige los trabajos arqueológicos de ciudades sumergidas como Canopo, Heraclion y Alejandría, ha venido a España para preparar la llegada a Madrid de más de 500 piezas arqueológicas recuperadas en estos últimos 15 años por su equipo de la Bahía de Abukir, y que se exhibirán, a partir del 16 de abril, en la exposición ‘Tesoros sumergidos de Egipto’, que acogerá el Matadero Legazpi Madrid.

El arqueólogo submarino explicó en una entrevista concedida a este periódico que antes de que los desastres naturales (maremotos y ‘tsunamis’) cambiaran el perfil de las costas del Norte de Egipto, allá por el año 303 A.C. las ciudades que se localizaban en esta región africana fueron víctimas del llamado «fenómeno de liquefacción» y los enormes y pesados templos y palacios provocaron que el suelo se abriera y se los tragara literalmente.

«El lodo del Nilo está compuesto por cristales que, a su vez, contienen agua dentro. Si se ejerce una presión muy grande sobre esta superficie, los cristales se juntan y dejan escapar esa agua que, en una fracción de segundos, es evacuada provocando que la tierra pierda entre el 50 y 60% de su volumen, por lo que todo lo que esté construido sobre este suelo se viene abajo», indicó Goddio.

Los palacios y templos que han encontrado Goddio y sus submarinistas en las oscuras y contaminadas aguas de la Bahía de Abukir son los más grandes que se construyeron nunca en Egipto. «Eran obras colosales. El peso de estos edificios y el desplazamiento del agua hicieron que ciudades como Heraclion, Canopo y el Portus Magnus de Alejandría se hundieran. La monumentalidad de estas construcciones fueron la causa de su hundimiento», señaló el célebre arqueólogo francés.

En cuanto a otro de los mitos de estas ciudades, el fabuloso Faro de Alejandría, y que el equipo de Goddio ha buscado sin descanso en estos últimos 15 años, el arqueólogo francés ha llegado a la conclusión de que lo único que queda de esta construcción es el mito. «Ya no buscamos el faro. Hemos parado las prospecciones geofísicas, ya que los restos del faro no están bajo estas agua, ni en ningún otro sitio», explicó. Goddio está convencido de que el legendario faro de más de 150 metros de altura del que habla la historia, fue destruido en varias ocasiones antes de que se cayera por última vez. «El faro que se cayó en el siglo XIV no tiene nada que ver con el que veía la reina Cleopatra desde su palacio».

Franck Goddio es una celebridad en el mundo de la arqueología. En 1984, casi de la noche a la mañana este elegante caballero francés pasó de ser el asesor de presidentes de gobierno a cuenta de la ONU, a convertirse en el Indiana Jones de la arqueología subacuática. Tras descubrir importantes e históricos pecios en varios lugares del mundo, como el galeón San Diego en aguas de Filipinas, en 1992, el Gobierno egipcio le encomendó la misión de encontrar los restos de la ciudad sumergida de Alejandría. Desde entonces, junto a un equipo de expertos buceadores, ingenieros y arqueólogos, ha conseguido rescatar del fango del Nilo más de 18.000 objetos, algunos de ellos de incalculable valor.

«No se puede señalar a una de estas piezas como la más valiosa, ya que todas son muy importantes para la historia, el arte o la arqueología, como la estatua de la reina Arsinoe II, que es una de las pieza artísticas más importantes del mundo. También hemos encontrado una estela negra, intacta, en la ciudad de Heraclion, que resuelve un antiguo enigma de hace más de 2000 años y demuestra que las míticas ciudades de Tonis y Heraclion eran la misma cosa: Tonis es el nombre en egipcio y Heraclion, en griego», indicó.