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  • Una encuesta entre 10.000 personas lo sitúa por encima de otros icónicos papeles como James Bond y «El Nota», en una lista en la que solo hay una mujer (Ellen Ripley, de «Alien»)

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El famoso arqueólogo Indiana Jones ha conquistado a los cinéfilos. Una encuesta entre 10.000 personas ha revelado que el personaje de Harrison Ford es para ellos el mejor de la historia del cine, por encima de otros icónicos papeles como James Bond, Batman o Han Solo.

La revista Empire ha preguntado a 10.000 lectores por los mejores personajes de todos los tiempos y el protagonista de las cuatro películas de Indiana Jones, «En busca del arca perdida», «La última cruzada», «El templo maldito» y «El reino de la calavera de cristal», lidera un ranking en el que reinan los personajes masculinos.

En el top tep solo hay un personaje femenino, la teniente Ellen Ripley de «Alien», que ocupa la quinta posición por encima de Tyler Durden, el personaje de Brad Pitt en «El club de la lucha», ‘El Nota’ de «El gran Lebowski» o el mismísimo «Darth Vader». El actor Harrison Ford tiene el honor de haber interpretado a dos de los mejores papeles, y es que el personaje de la saga Star Wars, Han-Solo, ocupa la tercera posición.

Tras conocer la noticia, George Lucas, creador de ambos papeles, ha agradecido el cariño al intrépido profesor de Arqueología. «Es maravilloso saber que Indiana es querido», ha afirmado, según recoge The Mirror.

El personaje de Indiana Jones es tan querido, que desde que Disney compró los derechos de la franquicia a Paramount, no cesan los rumores sobre su posible regreso a la gran pantalla. Pese a que oficialmente ni la factoría de los sueños ni LucasFilm se han pronunciado, las últimas especulaciones apuntan a que la quinta entrega llegaría en 2018 e incluso señalan a Chris Pratt (Jurassic World, Guardianes de la Galaxia) como sustituto de Ford en el papel del mítico aventurero.

Estos son los 10 mejores personajes de todos los tiempos:

1. Indiana Jones

2. James Bond

3. Han Solo («Star Wars»)

4. Batman

5. Ellen Ripley («Alien»)

6. El Joker

7. John MccLane («La jungla de cristal»)

8. Tyler Durden («El club de la lucha»)

9. Darth Vader («Star Wars»

10. El Nota («El Gran Lebowski»)

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  • El auténtico William Wallace fue un hidalgo, sin mucha relevancia histórica, que encabezó una fracasada y breve rebelión contra los ingleses. El kilt, o falda escocesa, que visten los guerreros en la película, es un invento nacionalista moderno

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Es complicado trazar un perfil histórico sobre William Wallace que no esté barnizado por la propaganda. Su historia, de hecho, se escribió dos siglos después de fallecer. En manos de Hollywood, se antojaba obvio que la película sobre su vida, «Braveheart» (Mel Gibson, 1995), abrazaría con complacencia el mito para describir al rebelde escocés en términos idealizados. Entre una infinidad de inexactitudes, la cinta oculta los orígenes nobles de Wallace para presentarlo como un humilde líder del pueblo escocés que lucha contra los malvados ingleses en respuesta a una injusticia sufrida en el seno de su familia. En el mejor de los casos, se trata de una visión ingenua de un personaje con poca trascendencia histórica y cuya rebelión se evaporó en cuestión de un año.

Como ocurrió con el surgimiento del nacionalismo en Cataluña, e incluso en el País Vasco, una serie de escritores escoceses, pocas veces historiadores, crearon en los siglos XVIII y XIX un pasado romántico para situarse como víctimas recurrentes de la opresión inglesa. Según expone el libro «La invención de la tradición» de Eric Hobsbawn y Terence Ranger, el origen del proceso inventivo coincidió, como en Cataluña, con el auge en Europa del Romanticismo, que vanagloriaba la figura del noble salvaje que, al igual que los piratas, los guerreros celtas o los sitiados de Barcelona en 1714, lucha por defender sus ideas y su patria hasta la muerte. Un relato eminentemente literario empleado por el nacionalismo con fines políticos, que Mel Gibson asumió en «Braveheart», ganadora del Oscar a la Mejor película en 1995.

Un hidalgo escocés que iba para sacerdote

La cinta, como todas las obras de ficción sobre William Wallace, se basa en el poema épico «The Actes and Deidis of the Illustre and Vallyeant Campioun Schir William Wallace», escrito por Blind Harry alrededor de 1470, casi dos siglos después del nacimiento del líder escocés, y que posteriormente se popularizó con la adaptación del poeta William Hamilton en pleno proceso de recuperación de símbolos de una Escocia legendaria. No obstante, es complicado trazar una biografía verosímil sobre el personaje porque Blind Harry, cuyo poema sirvió de epicentro al relato histórico, afirmó haber empleado como fuente el libro de un amigo de la infancia de William Wallace, sin que nunca se haya podido encontrar el texto.

Del auténtico William Wallace histórico sabemos que fue un hidalgo nacido probablemente en Elderslee (condado de Ayrshire), y que inició la carrera eclesiástica como era costumbre entre los hijos segundos de la nobleza cristiana. No se conocen, sin embargo, las razones exactas por las que dejó el clero y se unió a la guerra contra Inglaterra. Algunos historiadores han apuntado como causa la muerte de su padre durante una incursión inglesa en 1291, o algún tipo de afrenta personal por parte de las fuerzas de ocupación inglesas. Así, Eduardo I de Inglaterra -apodado «El Martillo de los Escoceses»- se vio obligado a intervenir en Escocia a finales del siglo XIII, donde el rey títere colocado por los ingleses en sustitución del fallecido Alejandro III, Juan de Balliol, se había aliado con los franceses. La guerra comenzó con el saqueo de la ciudad de Berwick llevado a cabo por las tropas de Eduardo I de Inglaterra en marzo de 1296, seguido por la derrota de las tropas escocesas en la batalla de Dunbar y por la abdicación de Juan de Balliol ese mismo año.

Cuando la situación parecía bajo control inglés, emergió la figura de William Wallace, que, acompañado de Andrew de Moray, personaje omitido en la película, inició una nueva rebelión a principios del año 1297. «Un hombre alto con el cuerpo de un gigante, de aspecto jovial, con facciones agradables, ancho de espaldas y de huesos grandes», describe Walter Bower sobre el supuesto físico de Wallace. El 11 de septiembre de 1297, Wallace arrasó por completo al ejército inglés comandado por el conde de Surrey en la batalla de StirlingBridge. El ejército real, formado por 300 caballeros pesados y 10 000 hombres de infantería, fue dispersado por un ejército de apenas 5.000 hombres.

Un año después termina la rebelión y Wallace huye

Pese a los litros de tinta que se han gastada en cantar sus gestas, la aventura militar del hidalgo escocés terminó poco después de su famosa victoria sobre los ingleses y tras arrasar un centenar de pueblos del Norte de Inglaterra. Su trayectoria fue fugaz. En marzo de 1298, Wallace recibió el nombramiento de Guardián de Escocia, pero unos meses después fue vencido en la batalla de Falkirk. Aunque Eduardo I no consiguió finalizar completamente la rebelión, la reputación y liderazgo de William Wallace quedaron gravemente dañados, y tuvo que huir de las Islas británicas.

El líder escocés reclamó sin éxito apoyos al rey Felipe IV de Francia, al Papa Bonifacio VIIIy al rey Haakon V de Noruega. Este exilio es ignorado en la película, siendo emplazado su viaje al extranjero a antes de la rebelión. Tras regresar a Escocia en 1305 para reiniciar la rebelión, fue traicionado por un noble colaboracionista, John Mentieth, a cambio de dinero. Los ingleses lo capturaron en su refugio de Glasgow y lo ejecutaron de forma salvaje en Londres. Lo desnudaron y lo arrastraron por la ciudad atado de los talones a un caballo desde el Palacio de Westminster hasta Smithfield. De acuerdo con el método habitual de ejecución para los casos de alta traición, «fue ahorcado a una altura que no fuese suficiente para romperle el cuello, descolgado antes de que se ahogase, emasculado, eviscerado, y sus intestinos fueron quemados ante él, antes de ser decapitado». Finalmente, su cuerpo fue cortado en cuatro partes: la cabeza fue colocada en una pica encima del Puente de Londres y las extremidades repartidas por distintas partes de Inglaterra.

Entre otras imprecisiones históricas de la película, Mel Gibson omite que el uso de pinturas de guerra llevaba siglos en desuso y que el kilt, o falda escocesa, es un invento nacionalista moderno. «Cuando los escoceses se juntan hoy para celebrar su identidad nacional, la afirman abiertamente a través de un kilt, tejido en un tartán con los colores de su clan, y de una gaita. Este instrumento, al cual atribuyen gran antigüedad, es de hecho básicamente moderno como el kilt. Su uso se desarrolló mucho después de la Unión con Inglaterra como símbolo de protesta», explica Hugh Trevor-Roper en «La invención de la tradición». Así, lo que eran un instrumento rudimentario y una prenda asociada como signo de barbarie por la mayoría de los escoceses en el periodo de William Wallace han terminado por convertirse en los símbolos nacionales por excelencia.


ABC.es

  • La industria cinematográfica americana ultima películas con Noé, Moisés o Poncio Pilatos como protagonistas, así como una nueva versión de «Ben-Hur»

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En su afán por lograr que las salas cinematográficas de todo el mundo vuelvan a poblarse como antaño, la industria de Hollywood ha decidido recurrir a textos bíblicos para conformar sus últimas producciones. Atrás quedan títulos como «La historia más grande jamás contada», «La túnica sangrada», «Rey de Reyes», «La Biblia», «Jesús de Nazaret» o «El evangelio según San Mateo». El anuncio de una nueva versión de la mítica «Ben-Hur» es uno más de otros múltiples proyectos de la industria americana con personajes como Poncio Pilatos, Moisés o Noé como protagonistas.

Metro Goldwyn Mayer ha anunciado que entre sus proyectos más codicados está una nueva versión de «Ben-Hur», la mítica película dirigida por Williams Wyler y protagonizada por Charlton Heston que se alzó con once Oscar. La compañía asegura que el proyecto será una fiel adaptación de la exitosa novela de Lewis Wallace y estará centrada en el conflicto entre el príncipe judío Judah Ben-Hur y Messala, el hijo de un recaudador de impuestos romano.

La película estará más focalizada en la amistad que estos dos personajes mantienen en su juventud y cómo un terrible suceso rompe esa relación amistosa. En el nuevo proyecto también quedaran reflejados los encuentros que Ben-Hur tiene con Jesucristo y que le llevan a profesar la fe cristiana.

Moisés es el personaje bíblico en el que se ha fijado dos importantes directores norteamericanos: Steven Spielberg y Ridley Scott. Según las primera informaciones, el proyecto del llamado Rey Midas de Hollywood es un biopic del líder espiritual del pueblo judío, en el que Moisés aparecerá como un auténtico guerrero. Fuentes cercanas a la productora Deadline aseguran que «es una versión al estilo de «Braveheart».

Menos se sabe aún del proyecto que se trae entre manos el director de «Alien» o «Prometheus», quien solo ha adelantado que será una narración en tono épico que tratará de la relación de Moisés con Ramsés II. Nada hay por el momento del nombre del actor que dará vida al hombre que guió el éxodo del pueblo judío y a quien dio vida Charlton Heston en la versión de Cecil B. de Mille «Los Diez Mandamientos».

La figura de Noé también está en el punto de mira de Hollywood. Se trata de una ambiciosa superproducción en la que Paramount Pictures invertirá unos 130 millones de dólares y que ha dejado en manos del director Darren Aronofsky («Cinse negro» y «El luchador»). El guión lo ha escrito John Logan («Gladiator» y «El aviador») y Russell Crowe («Los miserables») dará vida al propietario del famoso arca que tuvo que hacer frente al diluvio universal. En el reparto estarán también Jennifer Connely, Anthony Hopkins y Emma Watson.

«Desde que era niño, me he sentido conmovido e inspirado por la historia de Noé y el viaje de su familia. La imaginación de incontables generaciones han sido desatadas por esta historia épica de fe. Es mi esperanza que pueda presentar una ventana a la pasión de Noé y perdurarla en la gran pantalla», ha comentado el propio Aronofsky.

Por último, y sin que se conozcan más detalles por el momento, la productora Warner Bross Pictures producirá una película sobre la vida de Poncio Pilatos. Brad Pitt será quien encarne al prefecto de Judea que tomó la decisión de enviar a Jesucristo a la cruz. Vera Blasi será el encargado de escribir el libreto.


El Mundo

  • Nueva edición en Blu-ray
  • La restauración de ‘Lawrence de Arabia’ descubre el calvario de su rodaje

La última película rodada en fotogramas de 70 milímetros responde al nombre de ‘The master’ y su director, al de Paul Thomas Anderson. Cuando este último se vio durante el pasado festival de Venecia ante la obligación de ofrecer las razones de un formato tan exclusivo y apabullante como extraño, lo único que acertó a pronunciar fue la larga lista de inconvenientes de manejar unas cámaras tan pesadas como ruidosas. Su historia, sin embargo, transcurre en la intimidad a puerta cerrada de la relación de dos hombres: el maestro y su discípulo, el gran Philip Seymour Hoffman y el aún más inmenso Joaquin Phoenix. “No me explico cómo David Lean pudo rodar de este modo en el medio del desierto”, terminó por confesar.

En efecto, la referencia es ‘Lawrence de Arabia’. Sir David completó allá en 1962 una de las proezas cinematográficas que cualquier espectador, atento o circunstancial, lleva grabada en la retina. Se trataba de radiografiar lo más profundo y oscuro del alma de un hombre mediante la mayor y más fastuosa puesta en escena. El fotograma el doble de grande del habitual no hacía más que sumar nitidez, transparencia al sufrimiento de un héroe sólo y abandonado en mitad de ningún sitio. Lo diminuto capturado desde el más abrasador y amplio de los escenarios. Ése y no otro es el secreto de la película que, con ocasión del 50 aniversario, es recuperada en formato Blu-ray. El montaje del director es respetado tal cual utilizando el negativo original restaurado. Y de esta forma, la idea de Lean de retratar el perfil del hombre, del mito, antes que del personaje histórico regresa como ni siquiera en el momento del estreno se pudo contemplar.

La historia de la producción es conocida. Tras el éxito de ‘El puente sobre el río Kwai’, Lean regresó a su vieja idea de rodar la vida del más famoso de los militares imperiales británico tras abandonar otro de sus megalómanos empeños, contar la vida de Gandhi. La adquisición por parte del productor Sam Spiegel de los derechos de la obra de Lawrence ‘Los siete pilares de la sabiduría’, vendidos por el hermano del autor, le decidieron a lanzarse a la aventura. Pues eso fue.

A Lean no le importaban tanto los hechos históricos como el tamaño de la leyenda. De hecho, rechazó varios guiones demasiado preocupados por el ruido y el peso de las cámaras, por el corsé de la verdad más mostrenca. Y así, poco a poco, fue surgiendo sobre la pantalla el verdadero tamaño de un individuo que dejó escrito sobre sí mismo cosas de este poco pudoroso calibre: “Existen dos clases de hombres: aquellos que duermen y sueñan de noche y aquellos que sueñan despiertos y de día… esos son peligrosos, porque no cederán hasta ver sus sueños convertidos en realidad”. Y de hecho, en esa contundencia coinciden el director de la película y su personaje: los dos invocados hasta la extenuación por sus sueños.

Un delirio y un sueño hecho realidad

‘Lawrence de Arabia’ es exactamente eso: el delirio con los ojos abiertos de uno de los cineastas más precisos de la historia. A los acordes de la mejor y más evocadora composición de Maurice Jarre, Lean compone el último ‘western’ épico del cine siguiendo de cerca las huellas dejadas por el John Ford de ‘Centauros del desierto’, película de la que ‘Lawrence de Arabia’ es a la vez réplica y continuación.

El material añadido a la película en esta edición en Blu-ray no hace sino completar el sentido de la aventura. Ver al equipo pelearse contra el desierto, todos ellos amarrados a unas cámaras descomunales; contemplar la crudeza de un rodaje bajo un sol (aunque parte del rodaje fuera en Almería) que literalmente abrasaba los negativos, o escuchar la veneración con la que todos los involucrados en la locura hablan de ese aristócrata del cine que fue Lean no hacen sino acentuar la sensación de estar ante uno de esos logros de la humanidad tan inexplicable, bello e insensato como una pirámide en mitad de ningún sitio. Y así, durante milenios enteros.

Decía Paul Thomas Anderson que no deja de ser contradictorio que la pavorosa nitidez de la imagen rodada en 70 milímetros sea el resultado de una lucha desigual y “sucia” contra el ruido y la incomodidad de unos aparatos ingobernables. Una contradicción con alma de metáfora que se extiende por cada segundo de ‘Lawrence de Arabia’. Grande en su empeño de retratar lo más escondido. Bella en su desigual pelea con el polvo, suciedad y vacío del desierto. Un sueño convertido en realidad.


Terra.es

Visionarios de la ciencia ficción comoJulio Verne o Gene Roddenberrysuelen recibir todo tipo de elogios por su capacidad para predecir el futuro a través de la ficción. Pero entonces, ¿por qué no reciben el mismo reconocimiento los creadores de películas como Trabajo basura o Este muerto está muy vivo? En muchos casos, a veces los menos esperados, el cine se convierte en una forma de arte profética, en la que incluso las tramas más ridículas e inverosímiles pueden devenir en historias reales meses o años después. Aquí va un espectacular TOP 7 organizado por la web Cracked:

 

Cadena Perpetua

7. Cadena perpetua. Todo el mundo conoce la historia. Andy Dufresne (Tim Robbins) es encarcelado por un crimen que no ha cometido. Un día, Andy se retira a su celda con un trozo de cuerda. Su amigo, interpretado por Morgan Freeman, teme por su vida. Pero al día siguiente, cuando los guardas abren la celda, Andy ha desaparecido por un túnel excavado detrás de un póster que cuelga de la pared.

La historia real: 15 de diciembre de 2007. Las celdas de Otis Blunt y Jose Espinosa, situadas en la cárcel de New Jersey, son descubiertas vacías por los guardas. En la pared, cuelgan sendos pósters de “mujeres en bikini”, que esconden sendos túneles, que comunican entre sí ambas celdas y una de ellas con el exterior. Los fugitivos se separan. Uno va a México, el otro a un sótano cercano. El segundo es atrapado un mes después de la fuga. El primero, un día después del segundo.

 

6. Trabajo Basura. Ron Livingstone, el protagonista de esta sátira sobre el mundo laboral, dirigida porMike Judge, decide rebelarse contra la compañía en la que trabaja. Su brillante idea: robar pequeñas fracciones de todas las transacciones de la empresa mediante un redondeo decimal. La idea es que las infracciones sean tan mínimas que la empresa no pueda percibir la infracción.

La historia realMichael Largent, un chaval de 22 años, que probablemente se durmió durante la segunda mitad de Trabajo basura, cuando la estafa se va al traste, decidió aplicar una interesante variante de la fórmula de la película: abrir 58,000 cuentas en las que ingresar micro-depósitos. En poco tiempo, Largent reunió más de 50,000 dólares, llamando la atención del FBI. Nada extraño teniendo en cuenta que los nombres de los titulares de muchas de las cuentas correspondían a personajes de dibujos animados. Sí señor.

5. Tres reyes. La película, protagonizada por Ice Cube, Mark Wahlberg y George Clooney, cuenta la historia de un grupo de soldados norteamericanos implicados en la Operación Tormenta del Desierto (la primera guerra de Irak) que se topan con un “mapa del tesoro” en Kuwait. Tras sopesar pros y contras, los soldados se lanzan en busca del tesoro.

La historia real: Días después de la toma de Bagdad, durante la segunda Guerra de Irak, la Tercera División de Infantería topó con una cubierta de cemento que escondía un botín de 320 millones de dólares. En un principio, los saldados alertaron a sus superiores del hallazgo y el dinero fue confiscado de forma oficial. Sin embargo, tras este sensato primer movimiento, el escuadrón se lanzó a la búsqueda frenética de más cobertizos secretos. Encontraron uno con 200 millones. Se llenaron los bolsillos de billetes de 100 dólares y escondieron el resto ¡tras una palmera cercana! No cabe decir que el botín fue descubierto y los militares enjuiciados.

 

4. El síndrome de China. Protagonizada por un dúo de altura (Michael Douglas y Jane Fonda) la película se convirtió en un símbolo de la lucha antinuclear. Tras comprobar los fallos de seguridad de una central nuclear, dos periodistas consiguen sacar a la luz pública los peligros relacionados con la actividad nuclear.

La historia real: El 28 de marzo de 1979, sólo 12 días después del estreno de la película, las alarmas empezaron a sonar en la planta nuclear de la Isla de la Tres Millas, en Pennsylvania. Los técnicos sucumbieron al pánico y el reactor empezó a sobrecalentarse. Pocas horas después, se detectaron altos niveles de radiación en los alrededores y la zona tuvo que ser evacuada. A la postre, nadie se vio afectado por la fuga, que algunos defienden que fue menor de lo expuesto por los medios. Lo innegable es que el escándalo, que aterrorizó a la población de todo EE.UU. sirvió de empuje para el aplastante éxito de taquilla de la película.

3. Este muerto está muy vivo. Filme emblemático de la teen movie ochentena, la película cuenta la historia de dos chicos que, tras descubrir el cadáver de su jefe, se pasean intentando convencer a todo el mundo de que aun está vivo. Un delirio tan esperpéntico como inolvidable.

La historia real: Enero de 2008. Los pensionistas David Daloia y James O’Hare son acusados de haber intentado cobrar el cheque de la seguridad social de su amigo, Virgilio Cintron, supuestamente fallecido, al que habrían llevado a cuestas hasta la oficina pública para intentar demostrar su condición de vivo. Un policía que declaro en contra de los acusados, reconoció haber detectado que Cintron no respondía a ningún estímulo y que presentaba indicios de rigor mortis. Finalmente, Daloia y O’Hare fueron puestos en libertad al no poder probarse el momento exacto de la muerte de Virgilio.

2. Heat. El clímax de esta película de Michael Mann, protagonizada por Robert De Niro y Al Pacino, estalla en uno de los tiroteos más impresionante jamás filmados. Tensa, seca, ruidosa, interminable… en esta legendaria secuencia, Mann sentó las bases del cine de acción contemporáneo.

La historia real: En febrero de 1997, Emil Matasareanu y Larry Eugene Phillips, Jr, dos de los ladrones de bancos más buscados de Norteamérica entraron en la sucursal del Bank of America de Hollywood dispuestos a llevarse una fortuna. Lo que no entraba en sus planes era que un policía los identificase a su entrada al banco, con lo cual todo un destacamento de policías los esperaba a la salida. Entonces se desató uno de los tiroteos más violentos de la historia de América, conocido como el North Hollywood Shootout. 17 personas resultaron heridas. Matasareanu y Phillips iban equipados con resistentes chalecos antibalas, lo que les permitió resistir durante interminables minutos. Después de recibir 11 balazos, Phillips se pegó un tiro en la cabeza. Matasareanu murió tras recibir 27 impactos de bala.

1. The Lone Gunmen. En 2001, los creadores de Expediente X decidieron lanzar un spin-off de la serie, protagonizado por los frikis de las teorías conspiratorias que servían de recurso cómico en la serie original. En el piloto, emitido en marzo de 2001, los escritores dieron con una idea tétrica: desenmascarar una conspiración gubernamental que proponía estrellas un avión de pasajeros en el World Trade Center. ¡Y todo esto seis meses antes del fatídico 11/S!

La historia real: Lamentablemente, no se hace necesario contra demasiado. Todo el mundo conoce a la perfección los más terribles detalles del mayor atentado terrorista de la historia. En todo caso, los sorprendente aquí es la proximidad entre la idea televisiva y el acontecimiento real, lo que llevó a los guionistas de The Lone Gunmen a reiterar hasta la saciedad que ellos nunca fueron conscientes de que lo que estaban escribiendo se estuviese gestando en la realidad.


RTVE

  • Participan dos películas españolas ‘Grupo 7’ y ‘La chispa de la vida’
  • El programa incluye mucho cine estadounidense, extranjero y documentales

La undécima edición del festival de cine de Tribeca se inauguró este miércoles en Nueva York, con un cartel de noventa películas procedentes de 32 países, entre ellas dos españolas, una mexicana, una cubana y otra argentina, con las que se ha perseguido exhibir en la gran pantalla diversidad y equilibrio.

En el acto de apertura estuvieron presentes los fundadores del festival, Robert De Niro y Jane Rosenthal, quien resaltó que “Tribeca comienza su segunda década de andadura como un referente de innovación, descubrimiento y comunidad”.

“Este año ha habido un diálogo muy intenso para seleccionar las películas, y al final hemos conseguido un programa muy interesante, de cintas estadounidenses pero también extranjeras, con muchos documentales, lo que es muestra de calidad y de un armónico equilibrio”, declaró hoy a Efe la directora de Programación del festival, Genna Terranova.

Presencia española

Como ejemplo de la fuerte presencia de películas extranjeras entre las noventa que se proyectarán hasta el 29 de abril, Terranova destacó la española La chispa de la vida, de Álex de la Iglesia, director del que dijo que “es un fantástico cineasta”. “Su película -protagonizada por José Mota y Salma Hayek- habla de la crisis económica que estamos padeciendo de una forma muy original y entretenida”, apuntó Terranova, quien también se refirió al otro título de procedencia española, Grupo 7, de Alberto Rodríguez y protagonizada por Mario Casas.

“Es un thriller policiaco con secuencias repletas de acción y muy buenas interpretaciones con el que estamos muy entusiasmados”, apostilló.En cartel, también hay tres películas latinoamericanas: la cubana Una noche, de Lucy Mulloy, la mexicano-estadounidense The Girl, de David Riker, y la argentina “La suerte en tus manos“, una comedia romántica de Daniel Burman.

“En general hemos visto películas rodadas con poco presupuesto que, sin embargo, son muy creativas, porque la crisis económica fuerza a sacar el máximo partido a los recursos y a que los cineastas se tomen más tiempo para pensar”, explicó Terranova. La programadora puntualizó que “los directores de todo el globo están siendo más creativos, invirtiendo más tiempo en desarrollar el guión, para tener su propia voz en la gran pantalla y contar nuevas historias de una forma diferente”.

Además, señaló que se ha buscado un programa dirigido a todos los públicos, motivo por el que el festival se abre y se clausura con dos películas estadounidenses de elevado presupuesto: Compromiso de cinco años, dirigida por Nicholas Stoller y protagonizada por el popular Jason Segel, y Los vengadores, de Joss Whedon.

Algunas de las cintas del festival competirán para alzarse con la distinción a la mejor película de ficción, el mejor documental y el mejor cortometraje, galardones que serán otorgados por un jurado en el que figuran Michael Moore, Susan Sarandon o Ricardo Darín, y entregados en una gala, el día 26, conducida por Whoopi Goldberg. El festival de Tribeca fue fundado en 2001 por Robert De Niro y Jane Rosenthal, tras el atentado contra las Torres Gemelas, para revitalizar la economía y la cultura de la zona sur de Manhattan, y desde entonces ha exhibido más de 1.300 películas de 80 países y ha atraído a 3,7 millones de espectadores.-


El Mundo

Al hilo la entrada anterior queremos recordar el 40 aniversario de unas de las películas que ha marcado mi vida y El Mundo ha realizado un reportaje que te acerca a la saga de forma fiel y concisa, os invito a visitar el enlace.

El mayor ‘fracaso’ de la Historia del cine

La película totémica de Francis Ford Coppola funcionó como el programa de contrarreforma y acabó con el incipiente furor revolucionario de los años 70

 

por LUIS MARTÍNEZ

 

El adjetivo fascista está tan gastado y se usa de forma tan arbitraria que, antes que cualquier otra reacción, sólo provoca pereza. Llamar a alguien fascista resulta tan violento como llamarle papanatas (caso de que este término todavía figure en la RAE). Y pese a ello, es difícil resistirse a la evidencia: hay pocas películas tan evidentemente fascistas como ‘El Padrino’. Suena violento, quizá provocador, y, en realidad, y a poco que se mire de cerca, es tan natural como tildar de nazi ‘El triunfo de la voluntad’, de Leni Riefenstahl; de reaccionario cualquier ‘western’ exceptuando ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ (que tampoco está libre de culpa), y de sexista a todo cuento infantil desde que Cenicienta se dejó besar por una rana-príncipe vestido de azul (o al revés). Es así, lo diga Aído, la RAE o un papanatas cualquiera.

Toda obra que define el signo y el carácter de su tiempo está condenada a soportar tantas lecturas como lectores. El éxito incontestable de ‘El Padrino’ en sus 40 años de vida en gran parte descansa en que cada espectador vio en ella el perfecto resumen de sí mismo. Cuando el 15 de marzo de 1972 se estrenó la película de Coppola, los hubo que vieron en ella el retrato perfecto de una forma de hacer política moribunda. Ante la incompetencia del Estado (llamémosle liberal-democrático) sólo queda el sentido de la justicia de ‘la familia’ convertida en brazo ejecutor de un subestado corporativista. Mussolini, por no movernos de Italia, no lo hubiera expresado mejor. Ni Andreotti, tampoco.

Ya desde la primera, genial y memorable secuencia en que la cabeza de Don Vito surge entre las sombras ante los sollozos de un pobre hombre que reclama venganza por la violación de su hija, anuncia el ‘pathos’ de todo lo que vendrá después. La lucha interna de Michael, el heredero, por evitar el destino sangriento de su saga no es más que la de la Historia entera de la Humanidad por vivir entre reglas más allá de, precisamente, las no-reglas de la sangre. Hablamos, para entendernos, de disyuntiva excluyente entre la civilización o la mafia.

principios de los 70, con Hollywood entero enfermo del mismo malestar que la sociedad global (no sólo americana), la película cayó como una iluminación. El mensaje que transmitía, y de ahí su éxito, no fue otro que el de denunciar a una clase política incapaz de hacerse cargo de cuitas tan evidentes como la del pobre Bonasera, dueño de una funeraria (el de la hija violada). No olvidemos que la cinta se estrenó pocos días antes del escándalo Watergate. El propio Coppola en unas accidentadas y confusas declaraciones no dudó en comparar a Don Vito con Nixon para que quedara claro quién era, pese a su crepuscular encanto, el villano de la historia.

Pero, y se mire como se mire, el mensaje (sí, el mensaje, por muy antiguo que parezca el término) de ‘El Padrino’ deja muy poco espacio para la duda: cuando el Estado, producto de la razón, no funciona, sólo un Estado dentro del Estado con sus propias reglas más allá de la simple razón (la atracción de la sangre, dios o la familia, llámese a la mistificación de la voluntad de poder como se quiera) puede garantizar la razón. La sinrazón como garante último de la razón. Perdón por el galimatías. Si se lee despacio, se podrá leer la palabra fascismo exactamente con las mismas letras con las que es convocada por determinados nacionalistas, determinados terroristas o determinados legionarios de Dios o Alá.

Surge la pregunta: ¿pero es que nadie se había dado cuenta? En realidad, todos fueron conscientes de esta lectura. Quizá la única posible. Pero se dejó pasar. El cataclismo que produjo el estreno de ‘El Padrino’ fue tan grande y la energía liberadora desprendida tan cegadora que no se quiso reparar en un asunto tan (poco) banal. Hollywood vislumbró a través de esta cinta su propia destrucción tal y como había sido hasta entonces, y, y aquí lo importante, su salvación.

Hasta 1972, se aceptó de mala gana que gente como John Schlesinger en 1969 de la mano de ‘Cowboy de medianoche’ o Willian Friedkin con ‘The French Connection’ en 1971 se alzaran con los Oscar a la mejor película. Cintas así daban carta de validez a una revolución en marcha y echaban sal a la herida de unos grandes estudios condenados a muerte; unas enormes corporaciones que tenían que abandonar sus grandes sueños monopolistas. Cuando, en 1965, ‘Sonrisas y lágrimas’ se codeaba con ‘Doctor Zhivago’ en el último fulgor de ese viejo Hollywood, los nombres de directores como Fred Zinneman o Mike Nichols anunciaban la llegada de un tiempo oscuro e indefinido donde mandaba el talento del director, no el poder del productor, como había sido siempre.

Para los jóvenes Friedkin, Bogdanovich, Coppola o Scorsese se abría un nuevo mundo en el que el cine en su eterno dualismo cartesiano se acercaba al arte y se alejaba de la industria. Pues bien, en esto llegó ‘El Padrino’ como la perfecta conjunción de las dos tendencias: se podía hacer cine marcadamente de autor que se reconociera en las nuevas audiencias y, a la vez, mantener a flote la gran maquinaria industrial del cinematógrafo. Contemplado desde las mansiones de Beverly Hills, Coppola fue su salvador; desde el colectivo de cineastas, también. Gracias a ‘El Padrino’, los primeros podrían seguir siendo ricos y los segundos abandonarían las trincheras para convertirse en cineastas de prestigio.

Desde el punto abstracto del arte (sea este cuál sea), alguno hubo que vivió ‘El Padrino’ como una gran pérdida, como la mayor de todas ellas. Adiós a los sueños de convertir Hollywood en la mayor y más poderosa fábrica de arte (sea esto lo que sea) pensada e ideada jamás por la Humanidad. Ganó el dinero, podría haber pensado alguien. Y uno de ellos fue, precisamente, el propio Coppola que vivió el éxito arrebatador de su obra como, quién lo diría, el primer paso de su propia derrota.

El problema de desear algo con demasiada fuerza es que se puede tener la mala suerte de ver los deseos cumplidos. Antes del 15 de marzo de 1972, Francis Ford Coppola no era ni siquiera un director prometedor. Sus cuatro películas anteriores al estreno de ‘El Padrino’ sólo le habían servido para ganarse una cierta reputación entre sus amigos. Nadie como él era capaz de explicar tan claramente el final inexcusable de ese arte antiguo llamado cine. Para eso, y para poco más.

Cuando Robert Evans, el jefe de producción de Paramount, pensó en él para dirigir una historia de gánsteres, en realidad lo que buscaba era un director maleable con suficiente sangre italiana en sus venas para no repetir el fracaso de ‘Mafia’, la película protagonizada por Kirk Douglas en 1968. Al joven Coppola, además de sus películas ‘artísticas’ (‘Ya eres un gran chico’, ‘El valle del arcoiris’ y ‘Llueve sobre mi corazón’), le avalaba su trabajo como guionista en cintas como ‘Reflejos en un ojo dorado’, ‘¿Arde París?’ y, sobre todo, ‘Patton’, por la que se llevó un Oscar al mejor libreto.

Desde el principio, Coppola se tomó el encargo de ‘El Padrino’ como un mal necesarioAhogado por las deudas (le había producido a su pupilo George Lucas ‘THX’) y, por ello, necesitado de trabajo como el respirar, aceptó la muy incómoda labor de convertir una novela «popular y obscena» (según sus palabras) en una película lo suficientemente «popular y obscena» para que tuviera éxito. Pero su aspiración y el sentido de todas sus reflexiones era otro. Él, como Godard, aspiraba a llevar el cine a la calle y, de paso, a revolucionar la política de unos estudios en proceso de desmontaje desde, ya lo hemos dicho, el funesto triunfo de ‘Sonrisas y lágrimas’.

Cuando la película estaba lista, pocos daban un duro por ella. Sus tres horas de duración ponían algo nerviosos de los distribuidores que se veían obligados a ofrecer menos pases y, por ello, vender menos entradas. Pero, sobre todo, el problema es que, literalmente, no se veía. La también revolucionaria fotografía de Gordon Willis condenaba la casi totalidad de la película a una semioscuridad pastosa. Cuenta Peter Biskind que Talia Shire, actriz y hermana de Coppola, cuando contempló las primeras pruebas no pudo por menos que exclamar: «Eran escenas oscuras que parecían mierda». Evans, enfrentado a muerte con Coppola desde el primer minuto, desde la primera reunión para decidir el cásting, no podía estar más de acuerdo.

Ahora nadie duda de que lo que hizo Willis estuvo al nivel de la propia revolución de todo el proyecto. Acostumbrados a la luminosidad del cine de los 50, él simplemente redefinió la sensación de entrar en una sala de proyección para, directamente, palpar las texturas terrosas y cremosas de un ambiente tan cálido como amenazante. Pero, de entrada, aquello era simplemente tan oscuro como el sobaco de un grillo.

El reparto tampoco era anuncio de nada nuevo. Coppola se había empeñado en Marlon Brando con una insistencia ciega en contra de cualquier opinión, que, básicamente, eran todas las demás. Brando estaba acabado, reventaba los rodajes y no se le entendía cuando hablaba con un extraño acento supuestamente de Sicilia. Al Pacino tampoco parecía convencer a nadie. Tímido, retraído y, sobre todo, tan bajito (le llamaban «el enano»), ofrecía la contraimagen perfecta de lo que debía ser una estrella de Hollywood. En definitiva, todo a contrapelo. Incluido un rodaje de auténtica pesadilla (donde se saltaron todos los plazos fijados) y en el que el inexperto Coppola y el fajado Willis no dejaron un segundo de insultarse. En público.

Y, sin embargo, y pese a todo, lo que se veía en pantalla traspasaba los huesos de la retina. Seis meses después del estreno se convirtió en la película más taquillera de la Historia superando el récord de ‘Lo que el viento se llevó’, una marca intacta desde hacía 33 años. El hecho de que ‘El Padrino’ cambiara las reglas de la distribución ayudó a ello. Hasta entonces, las películas se exhibían por un complicado modelo de rondas y cuotas. Mandaban los cines. A partir de entonces, el conjunto del sistema cambió de forma radical. Ahora era la película la que primaba y las salas tenían que adelantar el dinero para poder proyectar ‘El Padrino’. Acaba de nacer la filosofía que determinó el cine de los 80 hasta ahora: el‘blockbuster’. Coppola enseñaba el camino a su amigo Lucas y a Spielberg.

‘El Padrino’, en definitiva, lo transformó todo. El Nuevo Hollywood veía su primer éxito global más allá de sus triunfos de prestigio y todos, no sólo los ‘outsiders’, se veían reflejados en él. Hollywood entero entendió ‘El Padrino’ y su éxito como suyo. Al contrario que los trabajos de Hopper, Cassavetes, Altman o Rafelson, Coppola no proponía una reformulación de las reglas del género; no pretendía romper nada. Al contrario, la película recomponía las piezas rotas de una forma antigua de ver cine. De hecho, la cinta conserva intacta la nostalgia por las grandes producciones y rinde pleitesía al género, a esa manera casi operística de componer el rostro de los personajes. Con ‘El Padrino’, el género de gánsteres vive el momento cumbre de su dócil y brillantísimo aburguesamiento.

Al final, queda la constancia y defensa de los valores tradicionales por encima de cualquier forma de progreso. La familia por delante de cualquier Estado. Y de aquí, precisamente, el perfecto magnetismo de una película que se ofreció como el programa más acabado de Contrarreforma. ‘El Padrino’ pasó como una apisonadora por todo el movimiento en marcha empeñado en transformar la mayor maquinaria de arte (eso es Hollywood) del planeta. Cuando en 1976, en la gala de los Oscar, la convencional ‘Rocky’ se impuso a películas como ‘Taxi Driver’, ‘Network’ o ‘Todos los hombres del presidente’ quedaba claro que la furia de principios de década estaba a punto de fenecer. Faltaba esperar a ‘La puerta del cielo’, de Cimino, para asistir al funeral. Pero, la muerte, qué cosas, empezó con la, con perdón, ‘fascista’ ‘El Padrino’.

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