La historia del dios castrado, resucitado por amor, oculta en la estatua de Cibeles


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  • Las piñas que se esparcen por la base del monumento madrileño son una analogía de este episodio de la mitología griega
josé ramón ladra Fuente de Cibeles, en Madrid

josé ramón ladra | Fuente de Cibeles, en Madrid

La estatua de Cibeles, símbolo y patrimonio de Madrid, es en sí misma una crónica en piedra de la mitología griega. Lo es, evidentemente, por la propia diosa frigia, pero también por el capítulo que esconde sobre la truculenta relación que tuvo con Atis, considerado como la deidad de la vegetación y su renacer. Su figura, imperceptible en un primer vistazo, está representada tanto en la base de la escultura como en la parte delantera del carro.

Cuenta la leyenda griega que Cibeles, diosa de la Madre Tierra, tuvo un nieto del que desconocía su existencia: Atis. Ajena a su parentesco, se enamoró de él de un modo casi enfermizo. También ignorante de que quien lo pretendía era en realidad su abuela, no obstante la rechazó. Despechada, urdió un vengativo plan con el que acabaría volviendo loco a su amado. Ante esta situación Atis huye a la montaña, desesperado, y allí se automutila los genitales; una castración que termina por matarlo desangrado. La vida y relación del eunuco con la diosa, sin embargo, no acabó ahí.

Cibeles, arrepentida por haberlo empujado a la muerte, resquicio del sentimiento que otrora profesó, lo resucita en forma de pino. Erigido entonces como divinidad de la vegetación, dicha condición está representada en la escultura madrileña. Según Marco y Peter Besas en su libro Madrid Oculto (La Libreria.2010), las numerosas piñas que se esparcen por la base del monumento son una analogía de Atis como dios del renacer vegetal; asociación directa con el árbol. Además, en la parte delantera del carro, a los pies de la Cibeles, está tallada su supuesto rostro, expulsando un chorro de agua por la boca.

La desaparecida pieza de la Cibeles que acabó en las caballerizas de la Policía municipal


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  • El artefacto, que permaneció extraviado durante medio siglo, fue hallado por un periodista que estudió su rastro
josé ramón ladra

josé ramón ladra

Para seguir el rastro de la desaparecida pieza de la Cibeles, que no es otra que la valla que un día la rodeó, es necesario seguir un orden cronológico. En primer lugar, cuando en 1895 se decidió cambiar su orientación y, de paso, añadir la mencionada reja de hierro. Después, ya a comienzos del siglo XX -aunque no se conoce la fecha determinada-, se decidió que la escultura fuera restaurada, para lo que se decidió que el enrejado perimetral se desmontara y fuera trasladado a un lugar seguro.

Entonces comenzó una suerte de rumor que, aunque llegó a plantear que la valla había sido fundida por error, aseguraba que se había extraviado en algún almacén por no existir un registro en tal caso. Lo cierto es que no fue así del todo, sino que en lugar de permanecer en algún punto entre telarañas y polvo, ésta fue reubicada, sin haber constancia de ese procedimiento.

Así, un periodista que estudió su rastro -según explican Marco y Peter Besas en su libro Madrid Oculto 2 (2010. La Librería)- concluyó que la reja de hierro había sido instalada en la sede del Escuadrón de Caballería de la Policía Municipal. Su nueva ubicación se apostaba a ambos lados de la entrada de piedra que da acceso al punto donde se guardan los caballos y vehículos utilizados por los agentes.

Por qué el Rey Carlos III es considerado «el mejor alcalde de Madrid»


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  • El monarca adoquinó las calles y creó una red de alumbrado, alcantarillado y recogida de basuras. La Cibeles, Neptuno, la Puerta de Alcalá, el Botánico se levantaron gracias a él
Por qué el Rey Carlos III es considerado «el mejor alcalde de Madrid»

wikimedia | El retrato de Carlos III que se conserva en el Museo del Prado

Cuando Carlos III llegó a Madrid, a mediados del siglo XVIII, se topó con una ciudad de aspecto miserable. La limpieza pública era tan escasa que el propio Fernán Núñez, el biógrafo del Rey, no dudó en calificar a la capital de «pocilga». Barro, basura y excrementos componían una lamentable y maloliente imagen de la cabeza del Estado.

Ante esta situación, la necesidad de emprender una reforma profunda era evidente e imperiosa. Por eso, Carlos III se propuso encabezar una transformación de la villa y Corte. Para llevarla a cabo contó con el asesoramiento de su «mano derecha», Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache, que junto al marqués de la Ensenada, inició cambios encaminados a la modernización del país.

Así, en Madrid se inició un ambicioso plan de ensanche en el que se proyectaron grandes avenidas, plazas con monumentos como Cibeles y Neptuno; se construyó el Jardín Botánico, el Hospital San Carlos (sobre el que hoy se levanta el Museo Reina Sofía) y el edificio del Museo del Prado (que iba a ser destinado al museo de Historia Militar) o el palacio del Buen Retiro. También se intervino para establecer un servicio de alumbrado público y de recogida de basuras, se adoquinaron las calzadas y se excavó una red de alcantarillado para recoger el agua de la lluvia. [Consulta el legado de Carlos III en Madrid en 10 pasos]

La principal labor constructora de Carlos III en Madrid perseguía un afán propagandístico. Todos los edificios se levantaron en puntos clave de la capital. Además, se engalanaron las principales puertas de entrada a la ciudad. La más célebre es la Puerta de Alcalá, aunque también le acompañan otras como la Puerta de Toledo o la desaparecida de San Vicente. Era la mejor carta de presentación para los visitantes de la ciudad.

Aunque la intención del monarca era poner Madrid a la altura del resto de capitales europeas, la nobleza española vio las reformas como imposiciones del que consideraban un «Rey extranjero». Carlos III fue el hijo del primero de la dinastía Borbón que gobierna en España, Felipe V, y de Isabel de Farnesio. Accedió al trono tras la muerte de su hermanastro, Fernando VI. Llegó a la Península con experiencia política a sus espaldas, ya que antes había reinado en Nápoles.

Las reformas de Esquilache caldearon tanto el ambiente entre los nobles que tras el famoso motín, que se bautizó con su apellido, tuvo que abandonó definitivamente España en abril de 1766. En el puerto de Cartagena partió con rumbo a Nápoles. Y ese día dejó escrito: «Yo he limpiado Madrid, le he empedrado, he hecho paseos y otras obras… que merecería que me hiciesen una estatua, y en lugar de esto me ha tratado tan indignamente».

Esta resistencia tan incomprensible para Carlos III le hizo declarar que los españoles eran «un pueblo anclado en infantiles torpezas». «Mis vasallos son como los niños: lloran cuando se les lava…». De esta manera se justificaba el principio rector de su reinado: «gobernar para el pueblo pero sin el pueblo». Dicho de otro modo, los españoles de la época daban tantas muestras de inmadurez que al Rey le parecía imposible concebir otra forma de gobierno que no fuera la del Despotismo Ilustrado.

Introdujo la colonia y la lotería

La misteriosa leyenda del dragón que formó parte del escudo de Madrid durante tres siglos


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  • El animal fantástico acompañó a la diosa Cibeles. De su boca salía agua para que los madrileños pudiesen llenar sus cántaros
La misteriosa leyenda del dragón que formó parte del escudo de Madrid durante tres siglos

wikimedia | Detalle del escudo en el que aparece el dragón en la casa de la Villa de Madrid

Cuenta el humanista madrileño Juan López de Hoyos en un relato que publicó en 1569 que, al derribar la muralla de Puerta Cerrada, se encontró una piedra con un dragón grabado. Esta imagen dio pie a varias leyendas grecorromanas sobre el origen de Madrid que pusieron de moda a este animal fantástico entre la heráldica de la época y durante casi 300 años se asoció con la ciudad.

La misteriosa leyenda del dragón que formó parte del escudo de Madrid durante tres siglos

abc | El escudo antiguo

En el simbolismo medieval la idea de lucha contra dragones sirvió para fortalecer la motivación de los reinos cristianos. Los defensores del origen romano de la ciudad aseguraban que se había influido este símbolo porque emulaba al dios Júpiter. Por eso aparece representado en numerosos reinos occidentales. En el caso de Madrid, hay autores que matizan que el del escudo no era un dragón sino un grifo (medio cuerpo de águila, y la mitad de inferior de león).

De hecho, en 1859, la descripción del escudo rezaba: «Dos cuarteles y manteledura. En el de la derecha sobre campo de azur un grifo de oro. En el de la izquierda sobre campo de plata un madroño de sinople con los frutos de gules y un oso empinado a el, lenguado de gules, terrasado de sinople».

La misteriosa leyenda del dragón que formó parte del escudo de Madrid durante tres siglos

museo de los orígenes El dragón de la Cibeles

En cualquier caso, durante tres siglos este ser alado acompañó al oso y madroño con una corona de laurel desde que las Cortes así lo decidieron en 1842. Este escudo podemos verlo en muchos de las placas antiguas con los nombres de las calles de la ciudad. El animal fantástico llego incluso a acompañar a la diosa Cibeles. De su boca salía agua para que los madrileños pudiesen llenar sus cántaros.

El grifo, esculpido por Alfonso Bergaz hijo, decoró la fuente hasta finales del siglo XIX. Hoy se conserva en el Museo de los Orígenes (o de San Isidro). El otro vestigio del dragón heráldico de la capital se puede contemplar todavía en uno de los techos de la Casa de la Villa.

Los cinco secretos que esconde la fuente de la Cibeles


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¿Sabían que la seguridad del Banco de España depende de ella? ¿O que los«colchoneros» y los «vikingos» la han compartido durante años? ABC te descubre éstos y otros misterios

La Cibeles es en la actualidad uno de los símbolos más conocidos y fotografiados de la capital. Su céntrica ubicación y, por supuesto, las tradicionales celebraciones de los aficionados madridistas han contribuido a ensalzar este monumento dedicado a la diosa de la Tierra, la agricultura y la fecundidad en uno de los iconos madrileños. Pero lo cierto es que no es sólo una fuente decorativa más, la Cibeles esconde entre sus 230 años de vida una historia de lo más ajetreada: ¿Sabían que es clave para la seguridad del Banco de España? ¿O que el equipo «colchonero» también celebraba allí sus trofeos? ¿Conocen el misterio de la verja que protegía a la fuente? ABC te descubre éstos y otros secretos.

Camara oro banco de España

1.– La diosa, guardiana del oro español. Así es, en caso de que las alarmas de la Cámara de Oro del Banco de España saltasen por intento de robo, todas las habitaciones de la sala se inundarían con el agua de la fuente en cuestión de segundos. Esto es posible gracias a la canalización de las aguas que van desde el subsuelo de los leones del carro de Cibeles hasta la habitación acorazada que protege los lingotes y las monedas a 35 metros de profundidad. Este es uno de los motivos que la convierten al Banco de España de los más seguros del mundo.

 

2.–Cibeles también fue escenario «colchonero». La tradición «merengue» de celebrar sus triunfos en la fuente de la diosa de origen asiático es más o menos reciente. Hasta el año 1985, atléticos y madridistas la compartieron como lugar de celebración. Fue a partir de la final de la Copa del Rey de 1991, que enfrentó a ambos equipos locales, cuando los aficionados rojiblancos consideraron que sus aguas estaban «infectadas» por los «vikingos» y trasladaron sus festejos a la plaza de Neptuno.

3.– La fuente y su gemela mexicana. Si viajan a ciudad de México verán que no sólo existe la plaza de Cibeles, si no que en su centro se erige una réplica exacta de la fuente madrileña. Fue donada por la comunidad de residentes españoles en México como símbolo de hermanamiento entre ambos países. El 5 de septiembre de 1980 fue inaugurada con la presencia del por entonces alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván.

4.–Misteriosa desaparición de la verja. En 1895, el ayuntamiento de Madrid aprovechó el desplazamiento de la fuente desde su enclave inicial, muy cerca de la actual Casa de América, hasta el centro de la plaza para proteger a la deidad con una verja. Después de una nueva remodelación, a finales del siglo pasado, la reja desapareció sin explicación alguna por parte de la alcaldía. Finalmente, hace unos años, se dio con su paradero: la entrada del recinto de la sede de la banda de cornetas y tambores de la policía municipal, cerca del Puente de los Franceses.

5.– La pirámide de la Cibeles. Durante la Guerra Civil Española, la fuente de Cibeles fue cubierta con una estructura enladrillada al estilo piramidal rellenada con arena y sacos terreros. Así lucía la diosa el 2 de abril de 1939 cuando fue descubierta por los propios madrileños.

Como ven, el paso de los años no ha hecho mella en la belleza de la deidad y hoy continúa coronando la plaza homónima, resistiendo a guerras, polémicas y múltiples celebraciones. Quizá la llave que sostiene en la mano, símbolo de la vida según la mitología griega, tenga algo que ver.