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  • El almirante británico Edward Vernon bombardeó Portobelo en noviembre de 1739 con tal facilidad como para regodearse de su victoria y escribir a Blas de Lezo, que se encontraba en Cartagena de Indias, tratando de amilanar al vasco

Entre el 13 de marzo y el 20 de mayo de 1741, hace 276 años, tuvo lugar el intento británico por conquistar Cartagena de Indias que encumbró al almirante Blas de Lezo como una suerte de Leónidas moderno. Un relato que ha terminado por mitificarse en los últimos años debido a la discrepancia de cifras sobre la enorme superioridad numérica y material de la flota británica encabezada por Edward Vernon y el afán por reivindicar hoy un episodio olvidado por los españoles y ocultado por los ingleses. De tal modo que a Blas de Lezo, cojo, tuerto y manco, se le pinta como un bravucón de frases lapidarias: «Todo buen español debería mear siempre en dirección a Inglaterra». Una cita probablemente falsa, e imposible, que no recoge la auténtica personalidad del marinero vasco: contundente, directo, valiente, pero siempre elegante.

El origen de una enemistad

Los verdaderos rasgos de su personalidad se pueden hallar en la correspondencia que EdwardVernon, rutilante hasta el extremo de proclamar la victoria sobre los españoles antes de que ocurriera, mantuvo con Blas de Lezo en los albores de su histórica rivalidad. El almirante británico bombardeó Portobelo en noviembre de 1739 con tal facilidad como para regodearse de su victoria y escribir a Blas de Lezo, que se encontraba en Cartagena de Indias, tratando de amilanar al vasco. Una carta donde ya está presente la arrogancia que tan cara costaría a Vernon:

«Portobelo 27 de noviembre de 1739.

Señor:

Esta se entrega a V. E. por Don Francisco de Abarca y en alguna manera V. E. puede extrañar que su fecha es de Portovelo. En justicia al portador, es preciso asegurar a V. E. que la defensa que se hizo aquí era por el Comandante y por los de debajo de su mando, no pareciendo en los demás ánimo para hacer cualquiera defensa.

Espero que de la manera que he tratado a todos, V. E. quedará convencido de que la generosidad a los enemigos es una virtud nativa de un Ingles, la cual parece más evidente en esta ocasión, por haberlo practicado con los españoles, con quienes la nación inglesa tiene una inclinación natural, vivir bien que discurro es el interés mutuo de ambas Naciones.

Habiendo yo mostrado en esta ocasión tantos favores, y urbanidades, además de lo capitulado, tengo entera confianza del amable carácter de V. E. (aunque depende de otro) los Factores de la Compañía de la Mar del Sur en Cartagena, estarán remitidos inmediatamente a la Jamaica, a lo cual V. E. bien sabe tienen derecho indubitable por tratados, aún seis meses después de la declaración de la guerra.

El Capitán Pelanco debe dar gracias a Dios de haber caído por Capitulación en nuestras manos, porque sino, su trato vil, y indigno, de los ingleses, había tenido de otro un castigo correspondiente».

Vernon arrasó Portobelo aquel año y encontró unas defensas tan débiles como para jactarse de lo precaria que era la posición española en el Caribe, lo cual se demostró erróneo pocos años después en la defensa planteada por Blas de Lezo en Cartagena de Indias. En la contestación dada por Lezo a la carta del británico se mezcla la cortesía obligada de todo miembro de la Marina española y la tan característica bravuconería de la milicia hispánica:

«Cartagena 27 Diciembre de 1739.

Exmo. Sor. —Muy Sr mío: He recibido la de V. E. de 27 de Noviembre que me entregó Don Francisco de Abarca y antecedentemente la que condujo la Valandra que trajo a Don Juan de Armendáriz. Y en inteligencia del contenido de ambas diré, que bien instruido V. E. por los factores de Portovelo (como no lo ignoro) del estado en que se hallaba aquella Plaza, tomó la resolución de irla a atacar con su esquadra, aprovechándose de la oportuna ocasión de su imposibilidad (de defenderse), para conseguir sus fines, los que si hubiera podido penetrar, y creer que las represalias y hostilidades que V. E. intentaba practicar en esos mares, en satisfacción de las que dicen habían ejecutado los españoles, hubieran llegado hasta insultar las plazas del Rey mi Amo, puedo asegurar a V. E. me hubiera hallado en Portovelo para impedírselo, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, aún para buscarle en otra cualquiera parte, persuadiendome que el ánimo que le faltó a los de Portobelo, me hubiera sobrado para contener su cobardía.

La manera con que dice V. E. ha tratado a sus Enemigos, es muy propia de la generosidad de V. E. pero rara vez experimentada en lo general de la nación, y sin duda la que V. E. ahora ha practicado, sería imitando la que yo he ejecutado con los vasallos de S. M. B. en el tiempo que me hallo en estas costas (y antes de ahora,) y porque V. E. es sabido de ellas, no las refiero, porque en todos tiempos es sabido practicar las mismas generosidades, y humanidades con todos los desvalidos; y si V. E. lo dudare podrá preguntárselo al gobernador de esa isla quien enterará a V. E. (le todo lo que llevo expresado, y conocerá V. E. que lo que yo he ejecutado en beneficio de la nación inglesa excede a lo que V. E. por precisión y en virtud de Capitulaciones debía observar.

En quanto el encargo que me hace V. E. de que sus paisanos, hallarán en mi la misma correspondencia que los míos han experimentado en esta ocasión y que solicité que los factores del sur sean remitidos a Jamaica, inmediatamente diré, que no dependiendo esta providencia de mi arbitrio, no obstante, practiqué las diligencias convenientes con el gobernador de esta plaza, a fin de que se restituyan a esa isla; pero parece que sin orden del rey no puede practicar esta disposición, respecto de que son Ministros de ambos so veranos, en la comisson que manexan; Y en correspondencia Yo quedo para servir a V. E. con las más segura voluntad, y deseo le guarde Dios muchos años.

A bordo del Conquistador en la Bahía de Cartagena de Yndias. 24 (de Diciembre de 1739. BLM de V. E. su más atento servidor

— Don Blas de Lezo»

Dado que dos años después Blas de Lezo y las epidemias dejaron la flota británica para el arrastre en Cartagena de Indias cabe intuir lo engreída que era la personalidad de Vernon. Por la información que el almirante británico envió a Londres, la Corona decidió preparar medallas conmemorativas de lo que los británicos consideraron precipitadamente una victoria, a pesar de que las operaciones militares seguían en curso. Estas medallas fueron disimuladamente retiradas tras conocerse la dimensión de la catástrofe británica, al igual que se ocultó este episodio siguiendo el habitual procedimiento británico de borrar los tropiezos y novelar los éxitos.


El Mundo – JULIO MARTÍN ALARCÓN @Julio_M_Alarcon

  • Las cuentas de los funcionarios en Panamá, detallan los impuestos y bienes que embracó la flota
  • Hallamos en documentos del Archivo General de Indias las cuentas del tesoro hundido con el ‘San José’, que ya reclaman varios países
  • Según el registro realizado en Portobelo, Panamá, antes de partir a Cartagena, la flota que comandaba el galeón zarpó con un tesoro de 5.623.396 pesos
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El ‘San José’ se hunde por el fuego del ‘Expedition’ ILUSTRACIÓN: SAMUEL SCOTT

“Prozedidos de los trescientos y cincuenta mil ducados de la Avería del Sur que está obligado a pagar el comercio y consulado del Perú se han recaudado cincuentamil pesos en atención a la moratoria por el Virrey del Perú. Por la manera y monta todo el tesoro que vino y se ha agregado a S. M (Su Majestad), de estas consignaciones: un millónquinientos y cincuenta y tresmil seiscientos nueve pesos y reales y medio (…) Porquenta y perteneciente a la bula de la Santa Cruzada se reportan en este galeón ochenta y sietemil ciento y sesenta pesos y cincomil como favor a la partida de este (…) Porquenta se remiten en el galeóndos pozuelos de plata labrada con las piezas siguientes: una lámpara grande que pesa cientocuarentayocho marcos, un pelícano grande, tres pequeños…”.

Así es la relación de las únicas cuentas oficiales y documentadas que existen de las riquezas que transportó el galeón San José: la carga del tesoro que se hundió en Cartagena de Indias en 1708 y cuyos restos acaban de ser hallados en aguas colombianas.

El documento transcrito con el que arranca este reportaje lo conforman siete folios de apretada letra a pluma escrita por los funcionarios españoles en Portobelo, Panamá, fechados y firmados el 20 de mayo de 1708. Unas cuartillas cosidas a mano con posteridad y aprobadas con un sello en el que se lee la fecha de 1709, probablemente en Madrid.

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Uno de los folios con el detalle de la contabilidad de la ‘Avería del Sur’, el impuesto a los comerciantes.

El manuscrito original, rescatado por Crónica del Archivo General de Indias gracias a la colaboración de la subdirectora Pilar Lázaro, forma parte de las llamadasCartas cuentas de oficiales reales de 1559 a 1723, un legajo escurridizo que consta de cinco números y miles de páginas, el último de ellos, el perteneciente a la Caja de Portobelo de 1601 a 1723 donde se hallan los folios que describen lo que debió recoger la flota.

Es la contabilidad pormenorizada que los funcionarios del rey anotaron en el último puerto en el que amarró la Flota de Tierra Firme, que comandaba su nave capitana, el galeón San José, antes de ser atacadas por navíos ingleses cuando se dirigían a Cartagena de Indias.

Su encabezado, “Relación sumario de Real impuesto… y lo que de esto se remite a su Majestad en los galeones de la presente Armada del General Conde de Casa Alegre…”, explica los pagos de la “Avería del Sur” -el impuesto de la corona a los comerciantes-, la “Santa Cruzada” -impuesto para la Iglesia-, el “Salario de los Señores del Consejo”, “Posadas”, “Obras Pías” -aportaciones de particulares para la Iglesia- y los “Bienes de Difuntos” -las herencias con destino a España o recaudadas en caso de no haber descendencia-… Son los pesos y reales de a ocho, además de los objetos como diademas, cálices, lámparas -que describen en sus páginas detallando cada una de sus piezas y peso-, que ocupaban las bodegas de los galeones, la mayoría de estos últimos en concepto de aportaciones a la Iglesia.

Sin embargo, lo que consignan con minuciosidad los funcionarios en Portobelo está todavía lejos del total de riquezas que transportaban. A diferencia de lo que se conoce como el «Registro de Navío», el documento que la Casa de Contratación de Sevilla elaboraba para cada barco de las flotas que partían y llegaban a España y en el que se especifica todo lo que alojaba cada barco en sus bodegas, lo que ha sobrevivido son las cuentas de Portobelo, la relación de impuestos que se habían recaudado para el rey Felipe V, la Iglesia y otros organismos y que debía llevar la flota de regreso a España, pero que no incluye la mayor parte de los bienes de los particulares. El registro del San José se hundió casi con toda probabilidad con él.

Lo que sí se sabe es que las monedas de oro y plata, las joyas y los objetos valiosos se alojaban entre los dos barcos más poderosos de la flota, es decir, en los galeones que custodiaban el convoy: la capitana, el San José hallado ahora según las autoridades colombianas, y la almiranta, el navío gemelo, San Joaquín. Por ley se dividía a partes iguales, aunque la capitana, por ser la que dirigía la Flota de Tierra Firme, siempre cargaba un porcentaje algo mayor. Además de la gobernanta, el tercero de los navíos destinado a la protección del convoy y el única capturado por los ingleses, los mercantes que custodiaban son los que transportaban las mercancías con los bienes del galeón de Manila, procedentes de Filipinas, y las materias primas del Virreinato de Perú, que era prácticamente la extensión de toda Sudámerica entonces, a excepción del Brasil portugués.

Testigos del hundimiento

La mejor estimación de lo que no puede revelar el documento del Archivo General de Indias es el testimonio de los supervivientes y especialmente del San Joaquín que logró escapar del ataque inglés y consiguió resguardarse en el puerto de Cartagena de Indias. El navío conseguiría regresar a España tras un larguísimo periplo. No salió con destino a La Habana, la primera escala original de la Flota hasta el 17 de septiembre de 1711, en donde tuvo que esperar varios meses más hasta regresar por fin a Sanlúcar en 1712. Para entonces el almirante Villanuevaque comandaba el barco había fallecido, no sin antes escribir una carta al rey en el que hizo una estimación de las riquezas que transportaban ambos navíos antes del fatal hundimiento del San José.

Villanueva, tal y como recoge la investigadora Carla Rahn Philips en su obra The Treasure of the San José (el tesoro del San José), estimó que la plata ascendía a tres millones y el oro a más de cuatro, con la salvedad de que en el caso del oro no estaba seguro, porque reconocía que una gran cantidad era escondido por los particulares en baúles de ropa, escritorios, bolsas que llevaban siempre consigo… En total la cifra podía ascender a 12 millones de pesos (se ha llegado a hablar esta semana de que su equivalencia a moneda actual es de más de 15.000 millones de euros). Por otra parte, tras la batalla, los marineros de la Armada española apresados por los ingleses contaron a sus captores que, según sus impresiones y sumando la plata y el oro, se habían transportado en el San Joaquín entre cuatro y seis millones de pesos y una cantidad ligeramente mayor, entre cinco y siete millones en el San José.

Muchos de los tesoros consistían además en piedras preciosas de las que no hay registro. El propio Villanueva anotó al rey que no tenía constancia de qué había sido de una ” de una caja de perlas enviadas del Rio de La Hacha como parte del quinto real que correspondía a la corona”. Las perlas habían estado en posesión del conde de Casa Alegre, que las recibió en nombre del rey. Villanueva no pudo aclarar si Casa Alegre había dejado las perlas en Cartagena o si se las había llevado con la flota a Portobelo. De ser así, la caja con las perlas descansaría en el fondo del mar junto al San José y el propio conde. Lo que es incuestionable es que la Flota de Tierra Firme que partió de España en 1706 fue un completo fracaso.

La parte de la corona

El fabuloso tesoro que se disputan de distinta forma el actual Perú, Colombia y España oculta una realidad que apenas sale a la luz cuando la fascinación por los tesoros hundidos en el mar cautiva la imaginación. Cuando los restos de la azarosa flota llegaron por fin a España resultó que las cuentas del rey habían mermado dramáticamente: apenas recaudaron un millón y medio de pesos, el equivalente a un año, cuando habían transcurrido seis.

Los desastres, las reparaciones de las flotas maltrechas, los salarios, los retrasos y las cuentas pendientes, se llevaron una gran parte antes de llegar a España. Y el Virreinato de Perú gastaba hacia principios del siglo XVIII más de lo que ingresaba. Además de administrar las finanzas de una extensión enorme, Lima había sufrido un terremoto en 1687 que devastó la ciudad.

Las monedas relucen en el fondo pero no brillaron en la superficie. Las imágenes esta semana de cañones y vasijas en el fondo del mar despejan la leyenda de uno de los pecios más buscados por los cazatesoros de todo el mundo y abre una nueva polémica sobre a quién pertenece lo que se pueda recuperar.

Batallas legales

Sin que ni una sola pieza de oro o plata haya emergido aún, los gobiernos de tres naciones, además de la empresa Sea Search Armada, que ya dijo haber localizado el pecio hace tres décadas y que litiga con Colombia desde entonces, se han enzarzado en una disputa que amenaza con años de batallas legales, como ya ocurriera con el célebre tesoro de Nuestra Señora de las Mercedes. Colombia esgrime la territorialidad de sus aguas. España, la soberanía sobre lo que considera un buque de Estado, protegido por un convenio de la Unesco, que Colombia no ha suscrito. Y Perú, la procedencia de la plata, que en su mayor parte salió de las minas de Potosí.

En el fondo del mar yacen con el presumible oro y las joyas preciosas los marinos españoles que perecieron defendiendo la nave, y la gloria de un pasado colonial: la grandiosa empresa marítima del Imperio Español que recorría medio mundo basado en el monopolio comercial y la explotación y que se dilapidó con los siglos.


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  • La Real Academia de la Historia publica el hallazgo del arqueólogo Iván Negueruela en una de las cinco colinas de la ciudad murciana
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Las ruinas de un monumental edificio púnico con veintidós siglos de antigüedad se confunden entre maleza, escombros y muros de construcciones más modernas en las laderas del cerro del Molinete, en pleno casco histórico de Cartagena, a dos pasos de su bulliciosa Puerta de Murcia y a cuatro del puerto al que estos días llegan miles de turistas a bordo de trasatlánticos. Quien más claro las ha visto es el doctor en Arqueología Iván Negueruela (Valladolid, 1951), que lleva quince años ensimismado en el estudio de esos vestigios. Sus conclusiones las ha plasmado en el libro «El magnífico palacio de Asdrúbal en Cartagena (Cerro del Molinete)», que acaba de editar la Real Academia de la Historia. Sus primeras presentaciones públicas están previstas el próximo otoño en Madrid y Túnez.

La obra recopila con criterio científico la investigación que el actual director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática (Arqua), inició a raíz de una cita clásica. El historiador helenístico Polibio de Megalópolis visitó la Cart Hadasht púnica a mediados del siglo II antes de Cristo y dejó escrito que en el actual cerro del Molinete se encontraban «los magníficos palacios reales» de Asdrúbal Barca.

La Policía y el arqueólogo

Esa referencia bibliográfica fue la que motivó a Negueruela a iniciar en el verano del año 2000 una discreta campaña de prospecciones en las laderas de la colina, una de las cinco sobre las que en el año 227 antes de Cristo el propio general cartaginés de la dinastía bárcida erigió la actual Cartagena aprovechando las ruinas de la Mastia ibera. La modesta y breve empresa del arqueólogo -apenas una semana para confirmar lo que había visto durante sus paseos por el Molinete- no estuvo exenta de dificultades: pese a disponer de los preceptivos permisos de la Dirección General de Cultura de la Comunidad Autónoma, tuvo que lidiar con fuertes reticencias municipales evidenciadas por la continua visita de agentes de la Policía Local. La zona está afectada por un gran proyecto urbanístico aprobado en marzo de 2001 y que está a medio ejecutar.

Pese a los contratiempos, Negueruela se propuso arrojar luz sobre esta etapa: la Cartagena púnica es terreno ignoto para muchos arqueólogos que han intentado conquistarlo. Salvo algunos tramos de muralla puestos al descubierto a los pies del cerro de San José, o las trazas de calles en el propio Molinete, los vestigios púnicos siguen ocultos bajo los niveles de la posterior y aparentemente más esplendorosa Carthago Nova de los romanos.

Excavado en la roca

En distintos puntos de las laderas norte, sur y oeste del Molinete (que en la antigüedad fue conocido como Arx Asdrubalis), Negueruela realizó hace quince años una campaña de excavaciones que permitió encontrar tramos de roca madre y trazas de muros milenarios reutilizados en épocas posteriores. Muchos de ellos sustentaron hasta no hace demasiados años los techos de las casas del desaparecido barrio chino de la ciudad. Una de sus primeras conclusiones fue que el palacio bárcida era en realidad un conjunto de construcciones rupestres. Es decir, un gran edificio excavado en la propia roca de las laderas de la colina, previamente preparadas en forma de terrazas para permitir la superposición de alturas. «Un edificio excavado en la roca en esa época es una novedad en todo el Mediterráneo», asegura el arqueólogo.

La plasmación de esas estructuras antiguas en los planos de un monte con unos 25.000 metros cuadrados de extensión también permitió al investigador llegar a otra conclusión asombrosa: se encontraba ante un edificio de planta triangular, algo insólito en aquella época. En concreto, un triángulo escaleno con una hipotenusa de 250 metros, lo que da idea de sus colosales dimensiones. Tampoco había estudiado nada parecido en sus muchos años de trayectoria profesional en España y los países ribereños del Mediterráneo.

Historia de los vencedores

Negueruela sostiene en su investigación que pocos edificios de la Antigüedad habían alcanzado dimensiones tan importantes como el palacio de Asdrúbal. «Ninguno en la Península Ibérica ni en los países de Occidente. Más grandes sí los hubo, pero en los imperios del Próximo Oriente: Babilonia, Persépolis, pero este último tras sucesivas ampliaciones».

Esas proporciones consolidan la hipótesis de que la dinastía Barca quiso hacer de Cartagena la capital de su imperio en la Península Ibérica. «Es evidente que a lo mejor habría que revisar la historia, pues esta la escriben los vencedores, los romanos, y por tanto no tenemos referencias a todo esto», advierte el arqueólogo. Negueruela abunda en otras ideas que refuerza con el uso de planos, como que la planta del palacio de Asdrúbal encierra un complicado entramado de conocimientos en disciplinas como la geometría, la aritmética, la geodesia y la astronomía. Nadie hasta entonces en el Mediterráneo había sido capaz de aterrazar los distintos lados de una colina, construir y excavar en ellos para habilitar diferentes dependencias, hacerlo de manera intencionada y proporcionada, y orientar las dedicadas al culto con intención astronómica.

A ello se suma el dominio de la geometría que tenían sus arquitectos. El investigador destaca como únicos elementos disonantes en la composición de triángulos del palacio la ubicación del templo de la diosa Atargatis coronando la cima y una serie de habitaciones lejanas a este pero dentro del complejo. Intentar darle sentido a esa ruptura ha sido una misión complicada para él durante los últimos años. Piezas de un puzle al que va dando sentido de manera muy lenta.

A falta de que expertos en geometría puedan proporcionar nuevas interpretaciones, el autor del libro cree que las estancias de carácter religioso tienen orientaciones vinculadas a razones astrológicas. De todas las claves ocultas que pudo encerrar el edificio, Negueruela intuye detalles constructivos que quedaban ocultos a los ojos de la población que habitaba a los pies de la cara sur de la colina. Cita como ejemplo la orientación de las salas destinadas al culto divino y la entrada de los primeros rayos de sol por la puerta del templo de Atargatis, cuyos escasos vestigios se pueden ver en el actual parque arqueológico del Molinete.

El estudio de estas ruinas augura futuras investigaciones sobre el papel que jugó Cartagena antes de la dominación romana. ¿Por qué el arquitecto del palacio de Asdrúbal rompió los esquemas cuadrados y rectangulares conocidos hasta entonces? ¿De dónde procedían sus conocimientos? ¿Cómo resolvió arquitectónicamente el conflicto entre el poder terrenal -los Barca- y sobrenatural -Atargatis-? «Responder a todo ello puede dar para cien años», asegura Negueruela.

Este investigador inquieto, de verbo atropellado y fama de independiente (dos veces fue destituido de su puesto de director del Museo Nacional de Arqueología Marítima por sendas ministras de Cultura y dos veces fue repuesto en el cargo por sentencias judiciales) está acostumbrado a ir a contracorriente. Él insiste en probar la existencia de restos del palacio cartaginés en un lugar donde sus colegas no vieron lo que él ha hallado.

Las elecciones del pasado 24 de mayo pusieron fin a veinte años de mayoría absoluta del Partido Popular y de su alcaldesa, Pilar Barreiro, en el Ayuntamiento de Cartagena. El próximo alcalde puede cambiar la valoración del urbanismo en un casco que desde 1981 tiene la consideración de Conjunto Histórico-Artístico y que ahora, en esta zona, se debe proteger hasta que se aclare la relevancia de Cartagena en la historia antigua de España. Lo dejó escrito Polibio hace dos mil años. Ahora lo reivindica Negueruela.

Asdúbal el bello, yerno de Amílcar


El Pais

En la mesa una polea, varias monedas de plata de ocho y dos reales –algunas sueltas, otras fundidas en un bloque o concreción- y dos tabaqueras de oro. Dignos representantes del tesoro de la fragata Nuestra Señora de la Mercedes, la que se hundió el 5 de octubre de 1804, con un cargamento que la compañía estadounidense Odyssey Marine Exploration sacó del fondo del mar, enfrente de la costa del Algarve en mayo de 2007, y que el Estado español recuperó tras su reclamación en un tribunal de Tampa (Florida). Las 14,5 toneladas de la carga llegaron a Torrejón de Ardoz el pasado 25 de febrero en dos aviones Hércules. Y que podrán verse –ese era el motivo de paseíllo de las monedas esta mañana en la Secretaría de Estado de Cultura- en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena a partir de… No se sabe bien. Esta mañana el director general de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas, Jesús Prieto, ha anunciado el destino final del tesoro de La Mercedes: “No se dividirá, porque consideramos el cargamento de la fragata como un bien cultural, luego no podemos repartirlo”. Pero, atento a lo que Prieto considera su “polifonía histórica”, parte de la colección podrá verse en una (o varias, dependiendo de las peticiones) exposiciones itinerantes que girarán por las instituciones de las Comunidades Autónomas que así lo pidan.

A estas alturas, casi todo el cargamento recuperado de La Mercedes está en las cámaras acorazadas de los sótanos de la Secretaría de Estado de Cultura, en la madrileña Plaza del Rey. Allí están 212 monedas de oro (de ocho escudos), 309.184 de plata (con valores acuñados de 8, 4, 2, y 1 reales) y otras 265.157 de plata fusionadas en bloques –según Enrique Varela, el subdirector general de Museos Estatales, es una estimación-. Como las 574.553 piezas están sumergidas en líquido conservante, el peso total del material es de 19 toneladas. Y la carga será trasladada “antes de fin de año” a Cartagena, junto con lo recuperado en Gibraltar, donde Odyssey había escondido botoneras, gemelos, hebillas de cinturones, tenedores y tabaqueras que el Estado español recuperó el pasado 6 de junio. En el Museo Arqueológico Nacional están además las 5.138 monedas que Odyssey ya había recuperado. Aquí Prieto lanzó su carga de profundidad: “Estaban ya metidas en blisters [pequeños envases de plástico] porque querían llegar a puerto con la mercancía preparada para vender”.

¿Cuánto vale el tesoro? Elisa de Cabo, subdirectora general de Protección de Patrimonio Histórico, asegura que “al Ministerio no le interesa el valor económico”. Prieto puntualiza: “Al estar declarada la carga como bien de interés cultural ya no vale euros, sino Cultura”. Las monedas son ahora inalienables (no podrán ser objeto de comercio privado) e imprescriptibles (sobre ellas ya no pueden recaer derechos privados ni reclamaciones de herederos), bajo el manto de una protección jurídica que Prieto enlaza con el cumplimiento de la Convención sobre la Protección de Patrimonio Subacuático de la UNESCO de 2001 (España la firmó en 2005 aunque no entró en vigor hasta 2009). “No existen precedentes de una restauración de un bien de este tamaño”, aseguró el director general, para explicar que si con técnicas convencionales se hubiera catalogado todo el material en 20 años, en esta ocasión “con técnicas pioneras se realizará en 18 meses”.

¿Cuándo podrán verse las monedas y dónde? “Creemos en el segundo semestre de 2013”, dijeron los representantes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, pero se reservaron el sitio: aún no está decidido si en el ARQUA (su director, Xavier Nieto, presente en la sala, confesó sus “ganas de que así sea, pero depende del Ministerio”) o en esa muestra itinerante. El lunes, en el encuentro sectorial sobre cultura de las Comunidades autónomas, se recibirán oficialmente las peticiones de quienes quieran albergar esa exposición o exposiciones (si hay muchas peticiones) itinerantes.

En cuanto al apartado judicial, el Estado español  ha reclamado en el tribunal de Tampa (Florida), que devolvió el tesoro a España,  que el pago de las costas del juicio recaiga en Odyssey. El mismo tribunal, por no tener jurisdicción, ha desestimado la reclamación de parte del hallazgo por los descendientes procedente de Perú. Los representantes del Ministerio tampoco quisieron dar su opinión sobre el anteproyecto de ley que se prepara en Colombia y que daría el visto bueno a la venta privada de tesoros históricos: “Es un primer paso, y a esto deberá responder el Ministerio de Asuntos Exteriores, aunque está en contra desde luego de la Convención de la UNESCO”. Y tampoco respondieron sobre lo que queda en Gibraltar: un muy pequeño número de piezas guardadas por Odyssey que también han reclamado allí los descendientes en otra batalla judicial recién abierta.

Los descendientes españoles del brigadier de la Armada, Diego de Alvear y Ponce de León, han acogido de manera positiva la decisión final del Ministerio. En un comunicado, José María Moncasi de Alvear, uno de los descendientes del brigadier de la Armada y que inició en septiembre de 2008 una campaña mediática a favor de España en su lucha contra Odyssey, ha declarado que ARQUA “es el sitio lógico al ser el referente en la protección y restauración del patrimonio subacuático”.

El galeón 'La Mercedes'El galeón ‘La Mercedes’

En cuanto a la Junta de Andalucía, según informa María Centeno, el consejero de Cultura y Deporte, Luciano Alonso, ha afirmado que seguirán “peleando hasta el final” para acoger el tesoro de La Mercedes. Alonso ha agregado que se dirigirá directamente al Ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, aprovechando el próximo lunes la Conferencia Sectorial de Cultura que se celebrará en Mérida, para que el tesoro del Odyssey “pueda ser disfrutado por los andaluces” y “espera recibir una explicación, de institución a institución, que es mucho más deseable que hacerlo a través de los medios de comunicación”. El consejero ha criticado que Wert no contestara a la proposición de la Junta para organizar la exposición itinerante Historia de un tesoro y su recuperación. Según este proyecto, los museos de Sevilla, Cádiz y Huelva acogerían esta muestra que incidiría especialmente en la relación de España, de Andalucía, con América. Alonso ha hecho hincapié en que Andalucía se comprometió y trabajó arduamente en la recuperación de este patrimonio expoliado por la empresa de cazatesoros Odyssey, a la vez que participó activamente en las tareas de investigación, liderada por el Centro Andaluz de Arqueología Subacuática, en Cádiz, para la identificación del pecio.

Mientras seguían los dimes y diretes políticos, fuera de la sala y flanqueada por dos guardias civiles, María Carrillo, de la Subdirección general de Museos Estatales, lucía sonrisa, bata y guantes blanquísimos. A ella le cupo el honor de coger las monedas y las tabaqueras para que pudieran retratarlas los fotógrafos. Parte de un tesoro inmenso perdido y muy repartido por el fondo del mar: el obús que hundió La Mercedes cayó en la misma santabárbara. “Como decía Benito Pérez Galdós en Trafalgar”, recuerda Prieto, “La Mercedes era uno de los barcos más cargados de la historia”.

La exposición está en marcha

Aurora Intxausti

No podía ocultar ni su felicidad, ni su emoción. La alcaldesa de Cartagena, Pilar Barreiro (PP), cree que con el tesoro de la Mercedes la localidad que gobierna “se consolida como una ciudad con un fantástico patrimonio arqueológico. Tenemos un teatro romano, un foro romano y ahora el tesoro de una fragata que podrá verse en un lugar tan espectacular como el ARQUA”.

En la última década Cartagena ha pasado de ser una ciudad carente de infraestructuras, a contar con impresionantes edificios coloniales recuperados y un patrimonio arquitectónico bastante abandonado, a reconstruir la ciudad con la participación de grandes arquitectos del panorama español. “Pedimos un estudio en 1995, que reunió un equipo multidisciplinar, y llegó a la conclusión que teníamos suficientes recursos patrimoniales para generar un turismo cultural. Y lo estamos consiguiendo. El Teatro romano de Cartagena es uno de los cinco museos más visitados de España”.

La regidora sabe que no va a necesitar publicitar la exposición del tesoro de la fragata Nuestra Señora de la Mercedes. “Ha habido tanto polémica sobre el contenido del pecio que serán muchas las personas que se acerquen a la ciudad para ver de cerca parte de su historia”. El ARQUA, situado en el cantil del muelle de Cartagena, albergará, casi con seguridad, la parte más importante de la colección. “El director del museo, Xavier Nieto, ha llevado parte de las negociaciones en el proceso judicial con el Odyssey, y cuenta con un equipo de arqueólogos impresionante que están trabajando con mucho entusiasmo. Nieto tiene la exposición en la cabeza y seguro que seguro que será muy atractiva”, puntualizó Pilar Barreiro.


EFE – ADN

  • El sarcófago se hundió frente a la costa de Murcia cuando era llevado al British Musem en el siglo XIX
  • Quieren contar con la colaboración de National Geographic y del descubridor del Titanic

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actualidad080605.jpgEgipto quiere buscar el sarcófago del faraón Micerinos en aguas españolas, frente a las costas de Cartagena, y está buscando financiación para ello, según fuentes del Gobierno egipcio.

El secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Zahi Hawass, ha explicado que su institución ha pedido al canal de televisión National Geographic financiación para llevar a cabo un proyecto “que sabemos costará mucho dinero”.

En concreto, a Hawass -siempre con el ojo atento al impacto mediático- le gustaría que National Geographic contratara los servicios de Robert Ballard, el hombre que se cubrió de gloria con el descubrimiento de los restos del Titanic en 1985.

El sarcófago de Micerinos -que en realidad se llamaba Menkaura, pues Micerinos o Mikerinos es la forma helenizada del nombre y la que ha pasado a las lenguas occidentales- se lo tragaron las aguas cerca de Cartagena en 1838, al naufragar una goleta de nombre Beatrice que lo llevaba, junto con otras piezas, al British Museum de Londres.

Hawass aclaró que el sarcófago estaba ya entonces vacío, y no se va a encontrar momia ni tesoro alguno, pues la tumba de Micerinos -la famosa tercera pirámide de Guiza- había sido saqueada a conciencia.

El sarcófago había sido hallado en 1837 por el arqueólogo inglés Howard Vyse, con el expeditivo método de dinamitar las entradas a la pirámide de Micerinos, como ya había hecho en la de Keops, para no encontrar más que el sarcófago vacío.

Un gran desembolso 

Si el Gobierno egipcio consigue resolver la financiación de un proyecto difícil pero muy atractivo, entonces tratará la cuestión de los permisos pertinentes de exploración con el Gobierno español, ya que al fin y al cabo las aguas son españolas “y el proyecto de búsqueda sería conjunto” con España, aclaró Hawass.

Expertos en arqueología submarina subrayaron por su parte que el proyecto reviste gran dificultad y requerirá gran desembolso de dinero al no haber constancia del lugar exacto donde naufragó el Beatrice.

Si el pecio de la goleta se encontrara a menos de treinta metros, las tareas de excavación serían relativamente fáciles, pero si se hallara a cincuenta metros de profundidad harán falta equipos altamente especializados, sobre todo un tipo particular de bombonas de aire, y por consiguiente mucho más caros.

En todo caso, la falta de certezas obligará a hacer una prospección amplísima, primero con equipos de radar o sonar, todo ello sin la perspectiva de una recompensa segura.

En el supuesto de que se encontrase el sarcófago de basalto habría que determinar en qué aguas jurisdiccionales está, pues la competencia -autonómica o nacional- puede influir en el curso de las cosas, al igual que la titularidad del pecio y de sus restos.


Viernes 24/08/07 16:12 CET – La Razón

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El Ministerio de Cultura ha mostrado su satisfacción por el hallazgo en la bahía de Cartagena de los restos de un pecio romano bien preservado y datado aproximadamente en el siglo I a.C. Este descubrimiento, junto el de otros barcos modernos de los siglos XIX y XX, se enmarca en el proyecto «Prospección Arqueogeofísica en la Bahía de Cartagena y documentación con ROV», llevado a cabo por el Museo Nacional de Arqueología Marítima y el Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas. Sin duda, es una buena noticia con la que el Ministerio de Cultura quiere lavar su imagen tras el desaguisado del Odyssey.
El proyecto, que ha permitido el hallazgo de los barcos así como documentación sobre grandes anclas antiguas, cuenta con la gestión técnica especializada de la Fundación norteamericana Aurora SP Trust, que firmó un convenio de colaboración con el Ministerio de Cultura español el pasado 26 de junio de 2007.
Desde este verano, el Ministerio de Cultura y la Fundación Aurora colaboran en el campo de la arqueología subacuática y la educación con el «Programa de Prospecciones Arqueológicas Subacuáticas mediante teledetección», que se llevará a cabo a lo largo de la costa mediterránea.

1.500 ánforas de vino
Fruto del proyecto en el que trabajan conjuntamente el Museo Nacional de Arqueología Marítima y el Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas es el hallazgo hecho público ayer en el que sobresale los restos del citado pecio romano, bien preservado y datado aproximadamente en el siglo I a.C. Pudo transportar de 1.000 a 1.500 ánforas en su interior, lo que significa que fue una nave de gran tonelaje dedicada a la carga de vino y aceite desde la Bética, la antigua región meridional de la Península Ibérica, hasta Roma. Así lo manifestó ayer a Efe el director del Museo Nacional de Arqueología Marítima, Rafael Azuar, quien aseguró que el pecio fue encontrado a un centenar de metros de profundidad, aunque no reveló el lugar exacto por «medidas de protección».

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