El triste final de la aristócrata madrileña que conquistó a Simón Bolívar


ABC.es

  • El revolucionario juró no volver a casarse por el dolor que le causó la muerte inesperada y prematura de Teresa del Toro

    tito salas «Matrimonio de Bolívar con doña María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza» realizado por el pintor venezolano Tito Salas (1887-1974) y que en la actualidad se puede contemplar en la Casa Natal de Bolívar en Caracas

    Tito Salas | «Matrimonio de Bolívar con doña María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza» realizado por el pintor venezolano Tito Salas (1887-1974) y que en la actualidad se puede contemplar en la Casa Natal de Bolívar en Caracas

Simón Bolívar tenía 16 años cuando pisó por primera vez Madrid. Bastaron unos pocos meses para que los ojos color café de la aristócrata madrileña María Teresa del Toro, dos mayor que él, le conquistaran. Un amor que la vida le arrancó de forma prematura: ella murió a los ocho meses de su boda, que también se celebró en la capital española. El fallecimiento inesperado de la joven –tenía 21 años– sumió al revolucionario en una espiral de dolor, hasta el punto de que juró no volver a casarse. Y cumplió su palabra hasta el fin de sus tristes días en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en la ciudad colombiana de Santa Marta, donde acabó prácticamente solo y deshonrado.

Una pequeña placa, que cuelga todavía entre los muros del primer y segundo edificio a mano derecha de la calle Fuencarral de Madrid –según se entra por Gran Vía–, señala la casa donde vivía la joven que se convertiría en la primera y última mujer del «genio de la raza», tal y como lo califica el cartel. A pocas manzanas, en la calle Gravina, otra lámina de mármol recuerda el lugar donde estuvo emplazada la iglesia donde con 19 y 21 años, respectivamente, los jóvenes contrajeron matrimonio. Un miércoles 26 de mayo de 1802, los feligreses de la antigua iglesia parroquial de San José asistieron al oficio tan esperado por la pareja.

Tras 20 días de júbilo y festejos familiares, los recién casados viajaron a La Coruña para, días después, partir hacia Caracas, tierra natal de Bolívar. «Entonces mi cabeza estaba llena de los vapores del más violento amor y no de ideas políticas», definió el militar su situación anímica y afectiva al regresar a Venezuela con su esposa, según señala el historiador Tomás Polanco Alcántara. En una carta a su amigo Pedro Joseph Dehollain le decía que, al casarse, se convirtió en un «ente dichoso que cantaba alegre el colmo de sus felicidades con la posesión de su Teresa». Ella centraba toda su atención. Era la persona que más quería y en quién más confiaba, ya que con tan solo nueve años había perdido a su padre y después a su madre y su abuelo.

Muerte fulminante

Todo discurría con armonía en la familia Bolívar. Ella se adaptó con facilidad a su familia, pronto la cogieron aprecio, pero también lo hicieron las infecciones tropicales: las «fiebres malignas» –fiebre amarilla, como se conoce en la actualidad– acabaron con su vitalidad. Tras ocho meses de matrimonio y dos años de noviazgo, Bolívar perdió a su única esposa.

A pesar de sus muchos amoríos, Bolívar cumplió su palabra. De acuerdo al historiador venezolano José Luis Silva Luongo en su obra «Herencia de Todos», «la inesperada muerte de María Teresa es un duro y decisivo golpe en la vida de Bolívar que lo sume en el más profundo dolor… De nuevo se topa con el infortunio. En el futuro no volverá a entregar amor puro y permanente a mujer alguna, tampoco en lo adelante ninguna lo atará en forma definitiva».

La desesperación que sentía Bolívar hizo que sus más allegados temieran que atentara contra su vida. Por eso, le recomendaron realizar un segundo viaje a Europa, para mitigar su inmensa pena. En Madrid mantuvo un conmovedor encuentro con su suegro, Don Bernardo. En compañía de Fernando Rodríguez del Toro, primo hermano de María Teresa, viajó a París, donde vuelve a contactar con su antiguo maestro Simón Rodríguez.

Finalmente, canalizó la desesperación hacia la política. A partir de este momento, Bolívar solo vivió volcado en sus asuntos públicos. El historiador Salvador de Madariaga llega a afirmar que «este final súbito de la vida retirada y personal de una joven de veintiún años ha sido quizá uno de los acontecimientos claves de la historia del Nuevo Mundo».

En 1828, es el propio Bolívar quien analiza la influencia que la muerte de su esposa había tenido en él, y confiesa: «Si no hubiera enviudado, quizás mi vida hubiera sido otra; no sería el general Bolívar ni el Libertador, aunque convengo en que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo».

Descubren 34 especies fósiles con 3 millones de años de antigüedad


El Confidencial

Tres millones de años después de quedar atrapadas en un pozo de asfalto, los fósiles de 34 especies de animales rescatados y analizados, entre ellos, tigres dientes de león y de cimitarra, y una nueva especie de caimán, han quedado al descubierto y pueden ser apreciados en una exhibición en Caracas.

Un pozo de asfalto de más de 18.000 metros cuadrados ubicado en la zona llamada El Breal de Orocual en el oriental estado Monagas de Venezuela fue la trampa que el pleistoceno tendió a un buen grupo de animales que dejaron además testimonio novedoso de la peregrinación de algunas especies muy lejos de lo que hasta ahora se conocía. A ese sitio fue a dar, infieren los científicos, un primer mamífero, tal vez un caballo, que un tigre quiso atrapar, pero ambos quedaron pegados en el viscoso lago con superficie de agua.

Poco a poco quedaron atascadas además, aves carroñeras, insectos, y así todo un ecosistema que ha sido analizado por expertos desde 2006 cuando se realizó el primer hallazgo y que seis años después, aún ofrece revelaciones como la detección de una nueva especie de reptil, bautizado Caiman venezuelensis, a fines de 2012. El hallazgo de los fósiles sucedió cuando la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) realizaba obras para construir un oleoducto pero las excavaciones fueron paralizadas repentinamente cuando los trabajadores divisaron lo que parecían ser unos huesos.

El análisis de los restos pasó entonces a manos de paleontólogos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) que hasta hoy han descrito 34 especies entre las que se cuentan caballos, llamas, armadillos gigantes, osos hormigueros tres veces más grandes de los que existen en la actualidad, además de reptiles, culebras, tortugas y aves.

El pozo y sus inquilinos revelan no solo que estos animales poblaron la zona entre 2,5 y 4 millones de años atrás, sino que muestran además, según dijo a Efe el paleontólogo del IVIC Ascanio Rincón, el recorrido de algunas de estas especies por cuatro de los cinco continentes en ese entonces.

Ese es el caso del “hipercarnívoro” tigre dientes de cimitarra. Los restos de este “gato” son los primeros que se han conseguido en Suramérica, por ello fue identificado como Homotherium venezuelensis y su hallazgo lleva a los científicos a concluir que este felino “le dio la vuelta al mundo”. Los tigres dientes de cimitarra se originaron en África hace cuatro millones de años, el siguiente registro en tiempo geológico se ubica en Europa, después en Asia y el rastro terminaba en Estados Unidos hasta que fue encontrado en Venezuela.

El lugar, “en el que también han quedado atrapados los paleontólogos”, bromea Rincón, “documenta el momento en el que Suramérica y Norteamérica se conectaron hace aproximadamente unos tres millones de años” cuando se elevó el istmo de Panamá abriendo un puente para el flujo de fauna y flora de un territorio a otro. En Argentina se han encontrado algunas de las especies halladas en el Breal y que hasta ahora nunca se habían ubicado tan cerca al lugar de unión entre los dos subcontinentes americanos.

La mayor parte de los esqueletos del pleistoceno rescatados de El Breal de Orocual se encuentran ahora majestuosamente exhibidos en el centro de exposiciones del Centro de Arte La Estancia que pertenece a PDVSA en el este de Caracas.