Un planeta parecido a la Tierra en nuestro vecindario galáctico


El Mundo – Teresa Guerrero

Es un mundo demasiado cálido para que pueda albergar vida como la conocemos en la Tierra y, además, recibe 19 veces más radiación de su estrella de la que a nosotros nos llega del Sol. Sin embargo, pese a estas notables diferencias con la Tierra, GJ 1132b, como ha sido denominado un exoplaneta (es decir, un planeta fuera del Sistema Solar) que esta semana presenta la revista Nature, supone otro esperanzador avance para los investigadores que buscan otros mundos en general, y un gemelo de la Tierra en particular.

Recreación artística del planeta GJ 1132b orbitando a su estrella, una enana roja Dana Berry

Recreación artística del planeta GJ 1132b orbitando a su estrella, una enana roja Dana Berry

La carrera por encontrar exoplanetas comenzó en 1995, cuando los astrónomos Michel Mayor y Didier Queloz descubrieron el primero. Desde entonces, la lista de mundos conocidos fuera del Sistema Solar ha ido ampliándose hasta contener alrededor de 2.000 planetas muy diversos.

Aunque en esa base de datos figuran mundos con algunas características comunes con la Tierra, ninguno reúne, de momento, los requisitos para ser equiparado con el nuestro. Y es que, además de tener un tamaño, una composición y una atmósfera similar, ese mundo debería encontrarse a una distancia de su estrella que le permitiera tener agua líquida. Y para ello, no puede estar ni demasiado cerca ni demasiado lejos de su astro.

Se trata, por tanto, de una búsqueda muy compleja que quizás no sea exagerado comparar con intentar encontrar una aguja en un pajar. Y es que, según explica a EL MUNDO Zachory Berta-Thompson, investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y autor principal de este estudio, hay miles de millones de planetas en nuestra galaxia: «Basándonos en lo que sabemos sobre las estadísticas de planetas, la mayor parte de las estrellas tienen al menos uno. Podría haber alrededor de 100.000 millones de planetas en la Vía Láctea», señala.

¿Y cuántos cree que podrían parecerse a la Tierra? «Según un estudio de mi colega Courtney Dressing [de la Universidad de Harvard], alrededor del 16% de las estrellas pequeñas tienen planetas similares a la Tierra en tamaño y temperatura. Eso significa que sólo en nuestra galaxia hay miles de millones de planetas como el nuestro», asegura Berta-Thompson.

GJ 1132b no tiene la misma temperatura que la Tierra, pero es especial por varias razones. Por un lado, porque tiene un tamaño parecido a la Tierra (es un poco más grande), es rocoso, como el nuestro, creen que podría tener atmósfera y que probablemente está compuesto de rocas y hierro. Pero, sobre todo, porque nunca se había localizado un planeta con esas características tan cerca de la Tierra, a ‘sólo’ 39 años luz de distancia.

Y sí, 39 años luz es muy lejos, pero en términos astronómicos es bastante cerca, según los científicos. Sobre todo, si tenemos en cuenta que hasta ahora los planetas con un tamaño similar al de la Tierra que se conocían están situados tres veces más lejos. La distancia a la que se encuentra GJ 1132b permitirá apuntar hacia él telescopios terrestres y espaciales para determinar su composición y saber más sobre este mundo, entre cuyos descubridores también figura Michel Mayor, padre del primer exoplaneta.

Y es que, como recuerda Zachory Berta-Thompson, nuestra galaxia se expande unos 100.000 años luz, así que realmente se trata de un sistema solar vecino. Según adelanta, su equipo espera poder determinar la composición química de su atmósfera, los patrones de sus vientos y ver los colores de sus atardeceres.

Este planeta será un objetivo para los telescopios espaciales Hubble y Spitzer y, dentro de unos años, para el futuro telescopio espacial de la NASA James Webb, cuyo lanzamiento está previsto para 2018. Estos instrumentos ayudarán a los astrónomos a completar lo que ya han podido averiguar con telescopios terrestres como el que le permitió descubrir este mundo el pasado mes de mayo.

GJ 1132b fue detectado con el conjunto de telescopios MEarth-South que el MIT tiene en el Observatorio Inter-Americano de Cerro Tololo, en Chile, a través de la técnica de tránsito (descubren el planeta cuando pasa delante de su estrella). Este exoplaneta orbita una estrella enana roja. Su tamaño es aproximadamente la mitad de nuestro sol. Recientemente los astrónomos han visto que este tipo de astros albergan gran cantidad de planetas con un tamaño que oscila entre la mitad del de la Tierra y 1,5 veces más.

Un mundo infernal

Según calculan, la temperatura en la superficie de este planeta sería de unos 230º C, lo que imposibilitaría que hubiera agua líquida en su superficie, pero podría tenerla en su atmósfera. Otros mundos conocidos, como CoRot-7b o Kepler 10b, son mucho más cálidos, con temperaturas que llegan a superar los 1.000ºC.

Según explica en una nota de prensa David Charbonneau, astrónomo del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian (CfA), sospechan que la atmósfera de este planeta es parecida a la de Venus.

«Encontrar un planeta que sea exactamente como la Tierra (con el mismo tamaño, la misma composición, la misma distancia orbital y el mismo tipo de estrella) podría llevar mucho tiempo. Lo que podemos esperar que ocurra antes es hallar un planeta del mismo tamaño, composición y temperatura, pero que orbite una estrella mucho más pequeña y fría. Aunque GJ 1132b es demasiado cálido para albergar vida, un planeta situado más lejos de su estrella podría tener la temperatura adecuada para tener vida», señala Zachory Berta-Thompson, que recuerda que la NASA está construyendo en el MIT un satélite cuyo lanzamiento está previsto para 2017, el Transiting Exoplanet Survey Satellite: «Debería ser capaz de encontrar algunos planetas como la Tierra orbitando estrellas pequeñas cercanas. Creo que lo podría lograr en pocos años», vaticina.

La NASA lanza con éxito una misión que estudiará el campo magnético de la Tierra


El Mundo

  • El Sistema Multiescala Magnetosférico (MMS) consta de cuatro observatorios espaciales
14262166532742

Atlas V equipado con el Sistema Multiescala Magnetosférico (MMS), en Cabo Cañaveral antes del lanzamiento | AFP

La agencia espacial estadounidense (NASA) lanzó hoy con éxito una misión pionera para estudiar la interacción del campo magnético de la Tierra con el de otros cuerpos celestes, como el Sol, que permitirá estudiar con mayor precisión cómo actúan estos intercambios de energía en el universo.

El lanzamiento se llevó a cabo a las 22.44 hora local (02.44 GMT del viernes) desde las instalaciones de la NASA en la base de Cabo Cañaveral, en Florida.

Los cuatro observatorios espaciales idénticos que componen el Sistema Multiescala Magnetosférico (MMS) partieron a bordo de un cohete Atlas V.

“Los responsables de la misión esperan recibir la confirmación del despliegue exitoso de los cuatro artefactos espaciales alrededor de las 00:29 hora local (04:44 hora GMT del viernes)”, explicó la NASA en una nota. La misión comenzará a enviar datos a la tierra, en septiembre, y está previsto que esté en funcionamiento durante dos años, aunque la NASA no descarta ampliar su vida útil.

La misión proporcionará la primera vista tridimensional de la reconexión magnética de la Tierra con el Sol, un proceso que ayudará a entender cómo se conectan y desconectan los campos magnéticos en el universo. Los científicos esperan obtener datos sobre la estructura y dinámica de la energía que intercambian los campos magnéticos cuando se encuentran, momento en el que se produce una liberación explosiva de energía.

Los cuatro artefactos espaciales, equipados con sensores de alta precisión, volarán simultáneamente en formación, a una distancia de unos 10 kilómetros unas de otras, para que la combinación de sus datos permita tener esa visión tridimensional.

La misión MMS utilizará la magnetosfera de la Tierra como un laboratorio para estudiar, además de la reconexión magnética, otros dos procesos fundamentales como la aceleración de partículas energéticas y la turbulencia.

Esta misión también será clave para entender cómo afecta este intercambio energético a los fenómenos meteorológicos espaciales y su efecto sobre los sistemas tecnológicos modernos como las redes de comunicaciones, de navegación GPS y las redes de energía eléctrica.

La reconexión magnética produce fenómenos como las auroras que se ven en los polos cuando el viento solar penetra en nuestro “escudo protector” y las partículas de energía liberadas entran en el campo magnético de la Tierra.