La casa de campo de los Reyes de Castilla que se convirtió en la calle más comercial de Madrid


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  • Los hermanos Preciado, temidos por los comerciantes usureros, compraron estas tierras y construyeron en ellas sus casas. Pasó de ser un erial a la calle más concurrida de la capital
La casa de campo de los Reyes de Castilla que se convirtió en la calle más comercial de Madrid

abc La calle Preciados en los años 60 del siglo pasado y la misma vía 50 años después

Muchedumbre. Prisas. Artistas y músicos callejeros. Rebajas. Captadores de socios de ONG. De todo ello es sinónimo la calle Preciados. Una de las diez arterias que bombean un flujo constante de madrileños y turistas hacia el corazón de la capital: la Puerta del Sol. Nació con vocación comercial y nombre árabe. Su origen musulmán se plasma en su trazado irregular, que cuando llega a la plaza de Callao hace un brusco quiebro para desembocar en la plaza de Santo Domingo.

La mayor parte del terreno de esta calle pertenecía a la casa de campo que tenían los Reyes de Castilla como quinta de recreo. Esta zona estaba donde hoy se halla el convento de las Descalzas y el resto pertenecía a las eras del convento de San Martín. Posteriormente, dos hermanos apellidados Preciado –conocidos como «los Preciados»– compraron a los monjes estas tierras y construyeron en ellas sus casas. En ellas establecieron el peso real porque tenían arrendado el almotacén de la villa.

Su oficio de almotacenes –en árabe clásico: muhŏtasib, el que gana tantos ante Dios, con sus desvelos por la comunidad– es en el principio una figura traída de los zocos árabes. Con el tiempo esta labor se fue especializando hasta incluso requerir –en 1086– conocimientos jurídicos.

Los Preciados se hicieron conocidos –y temidos– en todo Magerit por ser los chivatos encargados de reportar ante las autoridades qué comerciantes incumplían las ordenanzas. Su fama era merecida, ya que cumplían a rajatabla su oficio de comprobar las pesas y medidas e imponer las correspondientes multas a los mercaderes que no tenían pesa. Por esta razón, la calle que empezaron a edificar adoptó como nombre su apellido.

Una de las vías más cotizadas

Desde su cuna hasta la actualidad, la calle Preciados ha permanecido atestada comercios. Precisamente, en este enclave tan simbólico el empresario Pepín Fernández, en 1943, emprendió sus actividades comerciales abriendo uno de los primeros centros comerciales madrileños, Galerías Preciados, que heredó el nombre de la calle.

Estos pioneros grandes almacenes sucumbieron ante el ritmo vertiginoso que impuso El Corte Inglés en los años 60 y 70 del siglo pasado que, al final, acabaron absorbiéndole. Galerías Preciados, que había terminado en manos de Ruiz Mateos, pasó por distintas manos hasta que en 1995, su histórico rival la compró con sus 5.200 empleados.

La calle Preciados es una de las más cotizadas del mundo, comercialmente hablando, y una de las más transitadas de Madrid. Además, ocupa el quinto puesto de las calles del mundo donde es más caro el alquiler. Existe un callejón de igual denominación que comunica la calle de Preciados con la de Maestro Victoria. En otros tiempos fue conocida como el callejón del Codo, por la forma que tiene.

Luis Candelas ¿quién fué?


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En muchas ocasiones hemos oido hablar de Luis Candelas, el famoso bandolero, pero, ¿sabeis realmente quien era?

Luis Candelas Cajigal (Madrid, ¿9 de febrero? de 1804 – Madrid, 6 de noviembre de 1837) fue un bandolero español nacido en el madrileño barrio de Lavapiés. A pesar de su carrera criminal, se jactaba de no tener delitos de sangre, lo que no evitó que fuese ejecutado el 6 de noviembre de 1837.

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Biografía

Nació en una carpintería de la calle del Calvario en 1804, tercer hijo de un matrimonio que vivía sin agobios económicos y que dio estudios a Luis en el colegio de San Isidro. Aquí empezó la leyenda, ya que empezó a hacer bandas, provocar peleas y fue expulsado a causa de que un clérigo le dio una bofetada y él respondió dándole dos. A pesar de su separación de la enseñanza, siguió leyendo todo libro que caía en sus manos, teniendo así una formación autodidacta. Desde temprana edad le gustaba vestir bien y tener buenos modales, además de ser alborotador y díscolo, como demuestra que ya a los 15 años hizo su primer robo y poco después fue detenido y apresado en la Cárcel de Villa, por deambular por la Plaza de Santa Ana a altas horas de la madrugada. Con 19 años perdió a su padre, replanteándose un poco su vida y dedicándose a ser librero. Pero duró poco esta situación, ya que fue condenado a seis años de cárcel por robar dos caballos y una mula. En su primera época de delincuente, entre 1823 y 1830, dicen que se dedicó a conquistar mujeres y vivir a costa de ellas, reconociéndose como un Don Juan. Era moreno, bien parecido, dientes blancos, con patilla ancha y flequillo bajo el pañuelo, bien afeitado, calañés, faja roja, capa negra, calzón de pana y calzado de mucho tirar.

Poco después se dedicó al latrocinio y salió triunfante de dos duelos, uno de ellos contra Paco El Sastre, que luego sería su amigo, lo que le hizo respetable en los barrios de Madrid. Para poder costearse sus gastos formó una cuadrilla en 1835, entre cuyos componentes destacaron Paco El Sastre, Francisco Villena, Mariano Balseiro, Leandro Postigo, Juan Mérida, José Sánchez El del peso, Pablo Maestre, Pablo Luengo El Mañas y los hermanos Cusó (Antonio y Ramón), con los que se reunía en La taberna del Cuclillo, en La Taberna de Jerónimo Morco, que pertenecía al cuñado de Balseiro, en la calle de Mesón de Paredes, “La Taberna de la Paloma” en la calle de Preciados, la de “Traganiños”, en la calle de los Leones junto a la calle de Jacometrezo y en la taberna de El Tío Macaco, en la calle de Lavapiés. Todas ofrecían el mejor servicio a la banda, buen vino, buenas “cantaoras”, buen escondite y buena compañía femenina; realizó diversas fechorías, cada vez más arriesgadas y con mayor botín, que por su ingenio y buen humor fueron cantadas por los madrileños con cierto cariño. Tenía doble vida, indiano adinerado y respetado de día (cuyo falso nombre era el de Luis Álvarez de Cobos, hacendista en el Perú) y truhán de noche, cuando salía por la puerta de atrás de su casa, en el número cinco de la calle Tudescos, convertido en el rey de los bajos fondos.

Se dedicaba a robar, con su máxima de que la fortuna estaba mal repartida, pero nunca llegó a matar a nadie en ninguna de su acciones. Era extremadamente delicado en ellas, no usando la violencia. Siempre vivió bien y nunca gustó de los oficios mecánicos, siendo ésta una de las causas de que se entregara a la delincuencia. Cuando era detenido y apresado, era fácil que se escapara ya que sobornaba a carceleros o, simplemente, lograba fugarse. En una de sus “visitas” a la cárcel, conoció al político Salustiano de Olózaga, al cual ayudó a escaparse, quedando este último muy agradecido a Luis Candelas. Se dice que luego se reencontraron y Salustiano fue el que inició en la masonería al bandolero, ingresándolo en la “Logia Libertad”. A partir de este hecho, muchas noches Luis Candelas lucía una capa negra con símbolos masones.

Hubo tres mujeres que marcaron su vida. Se casó en los carnavales de 1827 en la Parroquia de San Cayetano, con Manuela Sánchez, viuda de 23 años que también había pasado por la cárcel. Ya en la luna de miel, encontrándose en Zamora, vieron que no eran compatibles y Candelas la abandonó en las Navidades de ese mismo año. Luego tuvo como amante a una chica llamada Lola La Naranjera, que al parecer tenía amigos importantes que conseguían sacar de la Cárcel de la Villa a Candelas tan pronto era allí encerrado como (La Naranjera, personaje a mitad de camino entre la fábula y la Historia, fue según otras tradiciones, favorita del rey Fernando VII). La última de sus amantes importantes, la de su perdición, fue Clara, muchacha de clase media y familia honesta, con la que se fue a vivir a Valencia donde siguió robando alguna joya para vivir holgadamente.

En esta época el rey ya había muerto, la Primera Guerra Carlista estaba en auge y los liberales tenían el gobierno. Cometió el error de hacer dos atracos importantes, asaltando a la modista de la Reina en su taller, y al embajador de Francia y su señora en una diligencia. Con lo que volvió a estar perseguido por la justicia, huyendo con Clara hacia Inglaterra, pero cuando llegaron a Gijón, Clara no estuvo dispuesta a partir, con lo que decidieron volver a Madrid, siendo detenido el 18 de julio de 1837 en el puesto de aduanas del puente Mediana situado en el camino real de Valladolid a Toledo, en el término municipal de Alcazarén, después de pernoctar en esta población, en la posada situada en la calle Real esquina con la calle Luis Candelas (frente a la iglesia de San Pedro). Lo llevaron a Valdestillas y, luego, a Valladolid. Trasladado a Madrid, acusado por más de 40 robos constatados, fue juzgado el 2 de noviembre, siendo condenado a morir por garrote vil. Pidió clemencia a María Cristina de Borbón, pero le fue denegada. Murió el 6 de noviembre de 1837 con 33 años. Se le ha adjudicado, cuando estaba al pie del garrote, la frase: «¡Adiós Patria mía, sé feliz!».

Fortuna literaria

La figura de Luis Candelas inspiró múltiples coplas populares y también es uno de los protagonistas de la obra del escritor y periodista Nicolás González Ruiz Dos bandoleros: Dick Turpin–Luis Candelas.

También el escritor Antonio Espina escribió una conocida biografía de este bandolero romántico. Existe además un cómic de su vida realizado por El Cubri para la revista Madriz.

El novelista coruñés Mariano Tudela publicó en 1957 Luis Candelas, un bandido y su leyenda de la que, en 1973, Organización Sala Editorial hizo una segunda edición.

Grabado de Luis Candelas. Autor desconocido.