El edificio ‘pasivo’ más alto del mundo estará en Nueva York


 

ABC.es

  • Colaboración entre el campus Cornell Tech junto a un grupo de empresas
  • Este tipo de alojamientos genera más energía de la que consume, consiguiendo construcciones más confortables, respetuosas con el medio ambiente y saludables
  • Se trata de un inmueble que albergará apartamentos y un campus en 900.000m2
  • Sumará un total de 83 metros de altura y se espera que esté terminado para 2017
  • Estas casas se han desarrollado en España, concretamente en Granada y en Navarra

 

 Recreación de la panorámica de la Isla Roosevelt con el edificio pasivo más alto del mundo. CORNELL TECH

Recreación de la panorámica de la Isla Roosevelt con el edificio pasivo más alto del mundo. CORNELL TECH

En la isla Roosevelt (Nueva York) se ha iniciado la construcción del edificio pasivo más alto del mundo, cuya finalización se prevé para 2017 y sumará un total de 83 metros de altura, algo menos que el famoso Big Ben de Londres (96 metros). Un grupo de empresas, en colaboración con Cornell Tech (el campus de ciencias aplicadas de Hudson), ha desarrollado un proyecto innovador y arriesgado que supone unos 900.000 metros cuadrados de sostenibilidad distribuida en campus y apartamentos. Esta construcción albergará la estancia de más de 500 estudiantes, profesores y personal del nuevo campus y reducirá en más de un 60% el consumo de energía de un rascacielos de tamaño similar.

Pero ante esta innovación surge la pregunta de qué es un edificio pasivo. La base del concepto se asienta en la creación de edificios que generen más energía de la que consuman, consiguiendo así edificaciones más confortables, respetuosas con el medio ambiente y que redunden positivamente en la salud y el bienestar de sus ocupantes. El concepto relativamente nuevo en España pero cada vez son más las empresas involucradas en estas construcciones sostenibles, a pesar de que el término no se refiere a un estilo de construcción tecnológica sino, más bien, a las características finales y a su capacidad de minimizar la necesidad el gasto energético que conlleva la climatización.

La asociación Cornell Capital Tech pretende desarrollar estas construcciones por todo Nueva York

Desde la asociación de estrategias de Cornell Capital Tech aseguran que están muy comprometidos con proyectos que permitan un desarrollo eficiente de energía y apoyan la idea de “impulsar este tipo de construcciones por toda la ciudad de Nueva York”. Con este edificio superan todo lo construido actualmente en cuanto a torres se refiere y declaran que “es una señal clara de que en la era actual del cambio climático no es suficiente con construir simplemente más alto”.

El mayor reto ha sido la creación de un gran termo que permita mantener la temperatura confortable, teniendo en cuenta el clima de Nueva York. Por ello, para los interiores se utilizará un sistema de calefacción y refrigeración activa mediante el uso de un ventilador de intercambio de aire interior y exterior, con el que se pretende suavizar las reacciones alérgicas. Para el exterior, unos paneles de metal prefabricados y ventanales con triple aislamiento de unos 35 centímetros de grosor conservarán la temperatura ideal. Todos los paneles serán trasladados y ensamblados in situ, garantizando velocidad de construcción y reducción de los costes.

La torre ofrecerá apartamentos de uno, dos y tres dormitorios, con maravillosas vistas de la ciudad

Para el proyecto, la compañía parte de unas limitaciones presupuestarias. El máximo invertido no debe superar los 105 millones de euros, por lo que muchos diseñadores han rechazado participar en él. La torre ofrecerá apartamentos de uno, dos y tres dormitorios, con maravillosas vistas de la ciudad y una orientación sur para la mayoría de ellos. Además, los estudiantes pagarán un precio inferior al de mercado.

Otra innovación se corresponde con la incorporación de un sistema geotérmico que aprovecha el calor que genera la tierra para reducir el gasto de gas natural del edificio, además de la incorporación de los ya comunes paneles solares.

Características de un edificio pasivo

Estas casas incorporan en su instalación elementos altamente eficientes, como energías renovables o sistemas colectivos (calefacción central y la red eléctrica) además de generar su propia energía mediante sistemas fotovoltaicos y eólicos, cubriendo así su propia demanda y produciendo un exceso que traslada nuevamente a la red. Para el aislamiento es común utilizar el triple vidriado, ya que una buena condición de luz diurna y un buen ambiente térmico es suficiente para proporcionar una temperatura interior confortable. El conjunto de estas construcciones no sólo contribuye al cuidado del entorno sino que ofrece condiciones más saludables para sus habitantes.

Estas construcciones pretenden asegurar la confortabilidad, la calidad del aire y reducir la necesidad energética

Estas características se refieren más a las propiedades finales de la vivienda y menos al estilo de construcción. Asegurar la confortabilidad, la calidad del aire y reducir a mínimos la necesidad energética son los factores principales para la creación de una casa pasiva, que desplaza la función del hermetismo y la salubridad al armazón y al aislamiento. El concepto de aire fresco se soluciona mediante ventilación mecánica de doble flujo, acompañado de un sistema de recuperación del calor de hasta un 90%. Se trata de que el aire interior y exterior no se mezclen y así evitar tratamientos adicionales.

Casas pasivas en España

En 1993 la Unión Europea aprobó la directiva 93/76CEE, por la que promovía la eficiencia energética e instaba a España a adaptar sus viviendas antes de 2001, algo que no ocurrió hasta 2007. Granada y el Roncal (Navarra) fueron las primeras comunidades en construir viviendas 100% pasivas y con certificado Passivhaus en 2010 y 2011 pero cada vez crecen más este tipo de construcciones de mínimo consumo en nuestro país.

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El Big Ben cumple 150 años


Agencias – Cadena Ser

El Big Ben, uno de los símbolos más representativos de Londres y del Reino Unido, cumple este domingo 150 años y lo hace de la misma manera en la que empezó, rodeado de polémica, de escándalos y de intrigas políticas

`Big Ben’ es el nombre con el que se conoce popularmente a la torre que hay en una de las esquinas del palacio de Westminster (sede del Parlamento británico), aunque originalmente el nombre designaba a la mayor de las campanas que forman parte del reloj de la torre.

Empezó a marcar las horas en mayo de 1859 tras la reconstrucción del palacio de Westminster original, que se quemó en 1834.

La competencia para volver a levantar el palacio fue feroz y hubo disputas, insultos y demandas judiciales entre quienes querían tener el protagonismo de erigir una nueva sede parlamentaria, tal y como recuerda el diario The Times a partir de las informaciones, los artículos y las cartas que publicó en aquella época.

El Big Ben es hoy testigo silencioso del escándalo de los gastos privados de los parlamentarios británicos a cuenta del dinero público que ha causado una honda conmoción política y social, una controversia que parece formar parte de su estructura.

Un arquitecto, Charles Barry, y un abogado y relojero aficionado, Edmund Becket Denison, fueron los encargados de erigir la torre y construir el reloj, y su relación fue un desastre.

No se soportaban y se culpaban de los retrasos y los gastos presupuestarios extra que supuso la puesta en marcha del reloj, que finalmente empezó a funcionar el 31 de mayo de 1859, aunque no fue hasta el 11 de julio cuando la gran campana sonó por primera vez.

Pocas semanas después, las agujas se pararon y de nuevo Barry y Denison se echaron la culpa mutuamente, al igual que cuando más adelante la gran campana sufrió una grieta, al parecer porque el martillo que la golpeaba para marcar las horas era demasiado grande.

A partir de ahí, la polémica se traslado a la ciudadanía durante toda una década y “The Times” reproduce fragmentos de las cartas en las que sus lectores se quejaban de que el sonido de las campanadas no era lo suficientemente imperial o quienes protestaban porque se oía demasiado fuerte incluso desde la distancia.

Las conmemoraciones del aniversario de este lugar imprescindible de Londres comenzarán este domingo y continuarán el 11 de julio, fecha de la primera campanada, y el 7 de septiembre, cuando se cumplirán 150 años desde que las campanas empezaron a marcar los cuartos con cuatro notas de un pasaje del Mesías de Handel.

Tres personas se encargan de su mantenimiento

Para que todo siga funcionando bien, hoy son tres las personas que cuidan la exactitud del reloj de la torre de Westminster y que tres días por semana -lunes, miércoles y viernes- se encargan de dar cuerda a la gigantesca maquinaria que lo mueve.

El fin de semana se queda vacío, lo que estuvo a punto de parar el reloj el pasado 2 de febrero -un lunes-, cuando Londres se paralizó a causa de la mayor nevada de las últimas dos décadas.