El ‘ranking’ mundial de los gigantes del océano


El Mundo

¿Cuál cree que es el animal más grande que vive en el océano? Posiblemente piense en una ballena, y no se equivocará si lo que tenemos en cuenta es su tamaño global, pues la imponente ballena azul (Balaenoptera musculus) -que es en realidad un rorcual-, llega a medir 33 metros de longitud y a pesar casi 200 toneladas.

Pero quizás le sorprenda saber que hay otra especie que la supera en longitud. La denominada medusa melena de león ártica (Cyanea capillata) puede llegar a medir nada menos que 36,6 metros de largo. Ese era el tamaño del ejemplar más grande que se ha hallado de esa especie de medusa. Con su veneno paraliza a sus presas y también ha dado sustos a bañistas en EEUU.

Gracias a sus interminables tentáculos, esta criatura marina, también conocida como medusa melena de león gigante, encabeza el ranking de las 25 especies marinas de mayor tamaño. Ha sido elaborado en EEUU por un equipo de investigadores, que presenta sus resultados esta semana en la revista PeerJ. Los 24 metros que mide el cachalote (Physeter macrocephalus) le hacen merecedor del tercer puesto.

Para establecer esta clasificación, los científicos y estudiantes liderados por Craig McClain, director del Centro Nacional para la Síntesis de la Evolución (NESCENT), en Durham (Carolina del Norte) analizaron el tamaño de ballenas, tiburones, calamares, medusas y otros habitantes del océano. Para obtener la información entraron en contacto con científicos de diversas instituciones y coleccionistas. Visitaron centros de fauna marina y pesquerías, examinaron especímenes conservados en museos y buscaron incluso animales que se vendían por internet.

«Hace algunos años me di cuenta de que la gente sigue pensando que los calamares gigantes llegan a medir 18 metros de longitud, que es muchísimo. Cuando comencé a examinar los datos descubrí que esa estimación realmente era bastante poco realista», afirma Craig McClain en un comunicado de prensa. En la lista que ha elaborado aparece otro calamar, Mesonychoteuthis hamiltoni que, pese a que es conocido como calamar colosal, sólo mide 4,2 metros.

Un submarinista junto a una esponja barril gigante.STEVEB MCMURRAY

«Las fibras de los músculos de los calamares se relajan y estiran durante la descomposición, lo que podría haber influido en las mediciones que se hicieron de especímenes que fueron encontrados hacia 1800. Este nuevo estudio demuestra que la mayor longitud de un calamar gigante verificada científicamente es de 12 metros», sostiene.

Para Meghan Balk, coautora del estudio, uno de los aspectos más destacados de este trabajo es que muestra la gran variabilidad que hay en el tamaño de individuos de la misma especie, así como los distintos tamaños que un mismo organismo presenta desde que nace hasta que se convierte en un adulto. Mientras que una vez que dejan de alimentarse de leche materna, la dieta de los mamíferos es prácticamente la misma durante toda su vida, especies de peces, tiburones o tortugas van cambiando a lo largo de su vida.

El estudio destaca también la influencia de los factores ambientales en el gran tamaño que presentan algunos animales. Por ejemplo, señalan, la almeja o taclobo gigante (Tridacna gigas), llega a medir 1,37 metros debido a que consigue nutrientes extras procedentes de bacterias que viven en simbiosis con ella. Al llevar a cabo el proceso de fotosíntesis, estas bacterias producen azúcares y oxígeno que aprovecha esta almeja descomunal, considerada el molusco más grande.

En su ranking aparecen especies muy populares, como el pulpo gigante (Enteroctopus dofleini), de casi diez metros; la morsa (Odobenus rosmarus), de 3,8 metros, o el temido tiburón blanco (Carcharodon carcharias), el mismo que protagonizaba la célebre película de Steven Spielberg. Sus siete metros de longitud, unidos a su poderosa mandíbula, le han ayudado a convertirse en uno de los reyes indiscutibles del océano, que habita desde hace, al menos, 16 millones de años. Esa es la antigüedad de los fósiles de mayor edad de esa especie que han sido encontrados hasta ahora.

El escualo más grande, sin embargo, es el tiburón ballena (Rhincodon typus), que alcanza los 18,8 metros. También supera al gran tiburón blanco el peregrino (Cetorhinus maximus), con 12,27 metros. Por debajo de él están el tiburón de Groenlandia o boreal (Somniosus microcephalus), de 6,5 metros, y la cañabota gris (Hexanchus griseus),de 5,5 metros.

Con un aspecto bien diferente al tiburón pero emparentada con ellos, tenemos a la impresionante mantarraya o manta gigante (Manta birostris), que llega a medir siete metros de longitud.

Otras especies incluidas en esta lista son menos conocidas por el público, pero igual de fascinantes. Así, figura el cangrejo gigante japonés (Macrocheira kaempferi), con una envergadura de 3,7 metros; el pez luna (Mola mola), de 3,3 metros; o a la curiosa esponja barril gigante (Xestospongia muta) con la que se topan los submarinistas que se sumergen en las transparentes aguas caribeñas.

Como su nombre sugiere, la forma de esta esponja, que vive a profundidades de entre 10 y 120 metros, recuerda al de una vasija. Llega a tener un diámetro de hasta 2,5 metros y, según se cree, puede llegar a tener una esperanza de vida de unos 2.000 años, lo que ha hecho que se la conozca popularmente como la secuoya del arrecife.

Pero tener un gran tamaño no supone necesariamente una ventaja respecto a otros animales de su ecosistema, ya que éste puede deberse a variaciones genéticas y no siempre es una característica que representa a los especímenes más aptos. Así, un tamaño superior al de la media de su especie puede acarrear a un individuo problemas de salud que reduzcan su esperanza de vida. En los humanos, señalan los autores, ocurre igual. Individuos como el estadounidense Robert Wadlow (1918-1940), que con sus 2,72 metros de altura es considerada la persona más alta de la Historia, suelen sufrir problemas de salud derivados de su gran talla.

El metabolismo

Los autores han estudiado también el metabolismo de las especies marinas, pues está vinculado al tamaño debido a que «indica cuánto oxígeno y carbono consume un animal», explica McClain. «Saber si un tiburón blanco pesa 10, 15 o 20 toneladas nos permite saber cuánta energía consume cada día», añade.

El estudio invita, asimismo, a reflexionar sobre la vulnerabilidad de estas especies. A pesar de su gran tamaño y la superioridad de algunas de ellas en su ecosistema, son indefensas frente al hombre.

Por ejemplo, el rorcual azul, que ocupa el segundo puesto, era muy abundante en prácticamente todos los océanos hasta principios del siglo XX. Pero durante más de cuatro décadas, estos animales, que se alimentan básicamente de krill, fueron cazados de forma masiva hasta que su población quedó en riesgo de extinción. La comunidad internacional tomó medidas para su protección en la década de los 60 del siglo pasado. Desde entonces, se estima que su población ha ido aumentado en torno a un 5-8% cada año, según datos recabados por el Instituto Nacional del Océano y la Atmósfera de EEUU (NOAA) y por los autores de este estudio.

Aunque no hay una estimación precisa de su población, se calcula que quedan entre 5.000 y 12.000 rorcuales azules en todo el mundo, frente a los más de 200.000 que debía haber antes del inicio de la caza ballenera. En la actualidad, la pesca ya no es la mayor amenaza para estos gigantes, sino otros problemas generados por el hombre, como la contaminación del océano o las molestias y atropellos que sufren debido al tráfico marino y al ruido causado por actividades comerciales.

También se encuentra amenazada la tortuga laúd (Dermochelys coriácea), que con sus 2,13 metros y 600 kilos de peso, es la mayor de todas las tortugas marinas. Se alimenta, sobre todo de medusas. Además de la especie que encabeza esta clasificación, hay otra en la lista, la medusa nomura o gigante (Nemopilema nomurai), que mide dos metros.

Los investigadores han puesto en marcha una página web que fueron alimentando durante la elaboración del ranking, The Story of Size, en la que recogen curiosidades históricas de estas especies gigantes.

Hace 14.000 años los malagueños comían ballena


El Mundo

Restos de los balanos encontrados. | Esteban Álvarez-Fernandez

Restos de los balanos encontrados. | Esteban Álvarez-Fernandez

Hace entre 13.500 y 14.500 millones de años, los cazadores y pescadores de Nerja (Málaga) trasladaban la carne, la grasa y la piel de las ballenas a sus cuevas, donde las cocinaban y comían. Un estudio internacional, publicado en la revista ‘Quaternary International’ , ha descubierto en la Cueva de Nerja cientos de restos de dos tipos de balanos, pequeños crustáceos que viven en la piel de las ballenas.

“Al estar íntimamente asociados a las partes comestibles de la ballena y aparecer muchos de ellos quemados en el interior de un hogar, la presencia de estos crustáceos nos proporciona la evidencia indirecta más antigua del consumo de ballenas en la Prehistoria europea”, añade Esteban Álvarez-Fernández, investigador de la Universidad de Salamanca y autor principal del trabajo.

Muchos de los restos hallados de balanos se encontraban totalmente quemados, lo que indica que en aquella época asaban la carne de ballena para comérsela. Estos crustáceos, según el análisis de los científicos, vivían en la piel de una ballena franca austral, propia de las aguas del hemisferio. Esto confirma, además, las hipótesis sobre el descenso de temperatura que se produjo en aquel período.

Este estudio, en el que participan investigadores de la UNED y el CSIC, afirma que nunca hasta ahora se habían encontrado estas dos especies de crustáceo juntas en un yacimiento prehistórico a escala global.

Preocupación de los paleontólogos Fósiles de ballena y delfines, destruidos en el Dakar


El Mundo

  • El esqueleto de una ballena de 20 millones de años sufrió el desguace de sus vértebras para ser usadas como bancos por los espectadores
  • Su paso por Chile también dejó decenas de toneladas de basura
  • Preocupación porque el rally pasará por el desierto de Atacama, La Serena y Copiapó “donde hay grandes fósiles de vertebrados”
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Fósil de ballena destrozado por los espectadores. (EFE/Museo Paleontológico Meyer Hönninger, Klaus Hönninger)

El rally Dakar que atravesó este año el desierto del sur de Perú y culminó en Lima dejó toneladas de basura y fósiles de ballena y delfines destruidos por la presencia de espectadores durante la ruta, denunció el director de la Asociación Museo Paleontológico Meyer Hönninger, Klaus Hönninger. Por primera vez, Perú fue parte de la popular carrera automovilística y el próximo 5 de enero será escenario de la salida de su trigésima cuarta edición, según anunciaron en Lima los organizadores y representantes del Gobierno peruano.

El desierto de Ica, por donde correrán nuevamente los participante, está considerado como uno de los yacimientos de fósiles más grandes del mundo, pues tiene más de mil esqueletos repartidos en él, explicó Hönninger. Sin embargo, a pesar de que planteó a los organizadores y a las autoridades del ministerio de Cultura una serie de recomendaciones para evitar daños en ese escenario, el rally causó “daños enormes, de los que nadie se hace responsable”, indicó.

El experto dijo que, en primer lugar, los perjuicios fueron ecológicos por las “toneladas de basura” regadas en el desierto de la región Ica, compuestas por “llantas (neumáticos) viejas de los coches que corrieron y piezas de motor”. Asimismo, el hecho de que los espectadores hayan tenido acceso a distintos puntos de la ruta en una zona de desierto, donde hay restos arqueológicos y paleontológicos sin resguardo ni impedimento de acceso, es otro de los motivos de protesta de Hönninger.

Los fósiles de una ballena, usados como asientos

El investigador denunció que el esqueleto de una ballena de unos 20 millones de años de antigüedad sufrió el retiro de sus vértebras para ser usadas como bancos por los espectadores para ver sentados el paso de los automóviles y motos. “Ese es un daño irreparable, han revuelto fósiles, o han pasado por encima” con camionetas todo-terreno, señaló. De igual forma, el estudioso registró la destrucción de fósiles de delfín y de otros restos de ballena hallados en las zonas de terreno sedimentario.

“El Ministerio de Cultura sabe de los daños, pero se quieren quedar callados porque saben que tienen una responsabilidad”, se quejó. Hönninger dijo que los paleontólogos de Chile tienen la misma preocupación porque el rally pasará por el desierto de Atacama, La Serena y Copiapó, “donde tienen grandes (fósiles) vertebrados” pero que, a diferencia de Perú, sí tienen zonas intangibles.

En opinión del experto, “no se puede evitar el Dakar porque hay muchos intereses económicos, pero lo que estoy exigiendo es que el Estado diga qué institución es la responsable por los daños”. En la edición del Dakar que empezará el 5 de enero, Lima será el punto de partida y las otras regiones peruanas que atravesarán los competidores son Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna, para después adentrarse en el desierto de Atacama en Chile, cruzar la cordillera hacia territorio argentino y culminar en Santiago.

De los 459 vehículos en competencia, 158 serán coches, 187 motos, 39 cuadriciclos y 75 camiones. El ministro de Comercio Exterior y Turismo, José Luis Silva, señaló ayer que se espera la llegada de 50.000 turistas internacionales al Perú y que más de un millón de peruanos se movilicen para apreciar la competición, valuada en más de 6 millones de dólares en su organización.

Descubren en Londres el esqueleto de una inmensa ballena cazada hace 300 años


Reuters – El Mundo

Un equipo de arqueólogos ha descubierto el esqueleto de una gigantesca ballena, que probablemente fue cazada para obtener su carne, huesos y aceite hace 300 años, en la ribera del Támesis del Londres.

Los restos del animal descabezado, pertenecientes a un espécimen de la ahora exótica raza de ballenas francas glaciales, se encontraron sumergidos en el denso lodo de la zona intermareal en Greenwich, un centro marítimo histórico en el este de la capital británica.

“Este es probablemente el mayor objeto que se ha encontrado en una excavación arqueológica en Londres”, dijo Francis Grew, curador del Museo de Londres.

“Las ballenas suelen nadar hacia dentro del Támesis, y hay registros históricos de la enorme agitación pública que causaban”, agregó.

Los historiadores creen que la criatura, que tendría unos 16 metros de largo, pudo haber encallado en el río en los siglos XVII a XVIII, o posiblemente fue arponeado por uno de los buques cazaballenas que operaban en las cercanías.

Los restos, que pesan media tonelada y miden hasta cuatro metros de ancho, se han mantenido perfectamente por la naturaleza anaeróbica del sedimento.

Expertos dicen que el lugar donde se halló la ballena es inconsistente con un encallamiento natural y que probablemente fue arrastrada por la cola a la ribera para trocearla y extraer su carne.

El aceite de ballena se utilizaba como combustible para luz doméstica, mientras que las barbas de ballena tenían múltiples usos, incluyendo la manufactura de joyería, peines, fusas e inclusos corsés para damas.

Carnicería con garfios

La mayoría de los artículos se fabricaban con la parte delantera del animal, que se encuentra cortada.

Una pieza perdida de las vértebras sugiere que el animal fue herido con un arpón, o que quizá se utilizaron garfios para asegurar el esqueleto tras la carnicería.

Estará en exhibición hasta el 14 de septiembre en la sección sobre puertos del Museo de Londres y luego será llevada al Museo de Historia Natural de Londres para más estudios.

Tim Bradley, de Pre-Construct Archaeology, cuyo equipo avistó por primera vez el hallazgo, dijo que la recuperación de los restos no fue tarea fácil. “Cuando el arqueólogo en el lugar me llamó por teléfono para decir lo que habíamos encontrado pensé que estaba bromeando (…) entre otras cosas, el esqueleto rompió la suspensión de nuestra camioneta”, agregó.

Una ballena y un calamar gigantes se unen en Washington para defender los océanos


EFE – ADN

  • Forma parte de una exposición que, con 674 especies, recorre 4.000 millones de años de historia marina y pretende recordar que la conservación de estos ecosistemas, que representan el 95% de la Tierra, es “esencial para la vida”
  • El calamar de 7 metros fue capturado en aguas españolas

actu080926cal.jpgEl museo de Historia Natural de Washington, dirigido por el colombiano Cristian Samper, se suma a la causa de la defensa de los océanos con una impactante exposición presidida por una ballena gigante y un calamar de 7,3 metros que se capturó en España.

Con esta exhibición, la institución inaugura el Sant Ocean Hall, una nueva galería con la que quiere recordar a todos que los océanos “son un sistema global esencial para la vida”, como ha declarado a Efe el director.

Cinco años de trabajo han sido necesarios para diseñar este espacio dinámico que alberga 674 especies y ofrece a los visitantes la oportunidad de aprender sobre el ecosistema más grande y complejo del planeta.

Los océanos son el 95% de la Tierra

La muestra recoge 4.000 millones de años de historia marina, desde la formación de los océanos, pasando por su geología, sus ecosistemas y la manera en la que el hombre interactúa con el medio.

Como ha recordado el director de la institución, los océanos representan el 95% del espacio de la Tierra, pese a lo cual sólo se conoce el 5% de su totalidad, “lo que los convierte en un lugar de gran atractivo para la ciencia”.

Nada más entrar, el visitante está literalmente sumergido en el mar, rodeado de imágenes en movimiento. Rayas, ballenas, tiburones y medusas se proyectan en las paredes del museo recreando el espacio marino de las islas Galápagos, las Islas Caimán, la Polinesia Francesa o Belize.

La ballena Fenix

Siguiendo rumbo a las aguas del océano Atlántico, el espectador descubrirá la estrella de la exposición: una ballena de tamaño natural, que mide 14 metros y en su versión real pesa 5.000 kilos.

Suspendida del techo, Fenix se ha convertido en el “emblema” del museo para recordar que cada vez hay menos ballenas en el mundo y que de esta especie en concreto tan sólo quedan 400 ejemplares.

El director sostiene que es mucho lo que puede hacer el hombre para preservar los océanos desde “pensar qué pescado comer y en qué época del año, hasta cómo ir al trabajo”, en coche o buscando otra alternativa.

El calamar gigante español

Otra de las grandes apuestas de la exposición es un calamar de más de 7 metros que el museo exhibe en una urna de cristal y metal. Fue capturado en las aguas del océano Atlántico que bañan las costas españolas.

Además, la exposición recoge una selección de criaturas marinas fósiles, incluidas plantas y microorganismos, pero también recrea la vida natural en un arrecife de coral, en un acuario en el que conviven 74 especies.

Como colofón, el museo permite descender a lo más profundo del océano en un submarino imaginario, con una película que muestra cómo es la vida en el mar, la reproducción de las especies, la lucha por la supervivencia y los misterios de sus profundidades.

Encuentran en una playa los restos de unas ballenas de 3,6 millones de años


Jueves 13/09/07 19:40 EFE- El Mundo

LOS HALLARON, POR CASUALIDAD, UN PERIODISTA Y SU HIJO

MADRID .- En la playa de ‘Nuevo Portil’, Cartaya, Huelva, han sido localizados más de 80 restos óseos fósiles pertenecientes a, por lo menos, cuatro ballenas. Los animales vivieron durante el Plioceno inferior, entre 3,6 y 5,3 millones de años.

El descubrimiento ha sido presentado por el paleontólogo de la Junta de Andalucía Fernando Muñiz, quien precisó que se trata de más de 80 restos que se encuentran en muy distinto grado de conservación . Hay 36 vértebras, tres fragmentos de neurocráneo, dos fragmentos del rostro, nueve fragmentos de mandíbulas, 14 fragmentos de costillas, una costilla completa, una escápula, tres húmeros y 11 fragmentos por determinar.

Los tipos de ballenas a los que pertenecerían serían la ballena azul , que llega a medir 30 metros con 190 toneladas de peso, y el rorcual común , con 26 metros de longitud. Los restos más pequeños podrían formar parte del esqueleto de ballenas enanas, aunque no se descarta que pudieran pertenecer a un neonato o ballenato.

Fernando Muñiz explicó que la acumulación de estos restos óseos fósiles se debió a la configuración de la costa hace unos cuatro millones de años, y a la acción de las corrientes.

Los restos fueron hallados este verano por el periodista Miguel Ángel Oliver y su hijo Álvaro, quienes estaban “buscando cangrejos”, según dijeron. El periodista donó los restos al Ayuntamiento de la localidad onubense de Cartaya.

Hallan en Lepe el fósil de una especie de ballena extinguida hace dos millones de años


Miercoles 22/08/07 17:46 EFE – El Mundo

  • Los cetotheridos eran ballenas barbadas –sin dientes–, algunas de poco más de un metro
  • Se cree que el animal cuyos restos han sido hallados mediría tres o cuatro metros

LEPE (HUELVA) .- Un equipo paleontológico ha encontrado en Lepe (Huelva) una pieza ósea fósil que corresponde al cráneo de una especie de ballena, los cetotheridos , extinguida hace dos millones de años.

El dato ha sido confirmado por el paleontólogo y especialista en cetáceos del terciario Raúl Esperante, del Geoscience Research Institute de California (EEUU), según el investigador al frente del equipo, Fernando Muñiz Guinea.

Los cetotheridos eran ballenas barbadas –sin dientes–, algunas de poco más de un metro, y sus fósiles suelen aparecer en los mismos niveles estratigráficos que las ballenas balaenopteras de diversas especies y con rasgos anatómicos muy parecidos a las actuales ballenas azules .

El resto fósil tiene unos 50 centímetros de longitud. Se calcula que en total alcanzaría los 90 centímetros y que el tamaño estimado del animal sería de unos tres o cuatro metros de largo .

Los numerosos restos fósiles de cetáceos encontrados hasta la fecha en la provincia de Huelva pertenecían a la familia Balaenopteriidae. Entre ellos destacan los localizados en Cabezo de la Joya, en la capital, o en la ribera de La Nicoba, entre San Juan del Puerto y Trigueros.