El plan de la armada española para atacar Australia que nunca se llevó a cabo


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  • El rey Carlos IV llegó a aprobar el envío de 100 buques de guerra a Sidney a finales del siglo XVIII
El plan de la armada española para atacar Australia que nunca se llevó a cabo

A menudo damos por hecho que sobre el pasado ya está todo escrito y que lo único que está por descubrir es el futuro. Pero la realidad es muy diferente: todavía hay un montón de misterios por desvelar en la historia, episodios ocultos que esperan ser redescubiertos y relatados. En la historia española, particularmente, quedan aún muchísimas lagunas y acontecimientos por documentar como es debido. Hoy te traemos una de esas páginas de nuestra biografía colectiva que tal vez no conozcas.

En realidad, se trata más de algo que pudo ser y no fue que de un suceso histórico propiamente dicho. Lo cuenta «The History Blog» y también lo recogen nuestros compañeros de «La Brújula Verde». Se trata ni más ni menos que de un plan diseñado por la armada española para atacar Australia a finales del siglo XVIII. Así lo demuestran unos documentos que Chris Maxworthy, vicepresidente de la AAMH (Asociación Australiana de Historia Marítima), ha rescatado en los archivos del ejército español.

«El plan consistía en atacar Sidney desde las colonias españolas en Sudamérica, con una flota de unos 100 buques de tamaño medio, armados con cañones y bombas incendiarias. El objetivo era la rendición de los británicos y su expulsión de Australia», explica Maxworthy en la publicación Australian Financial Review. La idea de utilizar bombas incendiarias, añade el investigador, respondía a la intención de plantar fuego a las sobrias construcciones australianas, mayoritariamente elaboradas a base de madera.

Como es lógico, te estarás preguntando por qué quería España incordiar a los británicos de semejante manera. El caso es que los británicos dominaban ese territorio desde 1788, cuando establecieron una colonia presidida por el gobernador Arthur Phillip. Les interesaba controlar la zona para trasladar allí su excedente de convictos, ya sin sitio en las Islas. Pero España no tardó en activar el estado de alerta al entender que aquel destacamento era un peligro potencial para sus colonias en Suramérica y Filipinas, objetivos fácilmente atacables desde Australia.

Uno de los que dio la voz de alarma fue José de Bustamante, enrolado en una expedición científica que visitó Port Jackson (lo que hoy conocemos como puerto de Sidney) en el año 1793. Tres más tarde, Bustamante fue nombrado gobernador de Paraguay y comandante general de la flota de Río de la Plata; y desde esa posición presentó este plan para atacar Australia al rey Carlos IV. Un proyecto que fue aprobado por el soberano… pero que jamás llegaría a ser ejecutado. La ocupación francesa y la llegada de José y Napoleón Bonaparte, episodios mucho más conocidos, cambiaron el curso de la historia.

Descubren que España planeó invadir Australia con una gigantesca flota en 1793


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  • El investigador Chris Maxworthy afirma que Carlos IV ordenó construir más de 100 navíos para asaltar la región
Descubren que España planeó invadir Australia con una gigantesca flota en 1793

ARCHIVO ABC Carlos IV, el orfebre de esta curiosa estrategia planeada en 1793

Por tierra y mar y desde las Américas hasta las tierras del continente europeo. A lo largo de los siglos, los soldados españoles han combatido a lo largo y ancho del globo y contra todo tipo de enemigos (desde nativos en las Indias, hasta samuráis en Asia). Sin embargo, siempre ha existido una región que parecía olvidada por los libros de Historia de nuestro país: Australia.

Al menos eso es lo que se pensaba hasta la llegada del investigador Chris Maxworthy, perteneciente a la Asociación Australiana para la Historia Marítima. Y es que -según afirma la versión digital del diario «Daily Telegraph»-, este experto ha descubierto una serie de documentos en los archivos de la marina de nuestro país que atestiguan que, en 1793, Carlos IV ideó un plan para asaltar Australia con una armada de más de 100 navíos. ¿El objetivo? Arrebatársela a los presuntuosos lords británicos y conseguir «llevar la lucha contra los británicos al Pacífico», según se puede leer en los susodichos documentos.

A sangre y fuego

Este curioso plan tomó forma más una década después de que, en 1780, el capitán James Cook –de la Royal Navy– tomara posesión de la región en nombre de Gran Bretaña. A su vez, se planeó una vez que, en 1788, los británicos decidieran convertir la isla en una colonia penal a la que llevar los miles de presos que copaban las prisiones de su país.

«El plan era atacar Sydney desde las colonias españolas en América del Sur con una flota de 100 buques de tamaño medio», señala el investigador en declaraciones recogidas por el diario británico. La finalidad, como explica el propio Maxworthy, era luchar por la supremacía del Pacífco contra los ingleses invadiendo la región y lograr, de esta forma, que no fuese utilizada para causar daños a los intereses comerciales que nuestro país tenía en las Américas y Filipinas.

A su vez, los documentos hacen referencia a la recomendación de usar munición incendiaria para lograr minar la moral de los británicos (a base, nunca mejor dicho, de sangre y fuego). «El objetivo era que los británicos entregaran totalmente Australia y luego expulsarles de aquella tierra. La munición «al rojo» se iba a usar no sólo para destruir los objetivos enemigos situados en tierra, sino también para producir incendios en los múltiples edificios de madera y generar pánico», destaca el experto.

Un plan que no se llevó a cabo

El plan español para tomar esta región no fue el único con patente europea. De hecho, los holandeses y los franceses ya ansiaban por aquel entonces sentar sus posaderas en esa deseada tierra del Pacífico Sur. Sin embargo, abandonaron sus planes por ser extremadamente dificultosos y por considerar que Australia no era todo lo idónea que debía ser.

Descubren que España planeó invadir Australia con una gigantesca flota en 1793

José de Bustamante

El plan español, por el contrario, siguió activo durante varios años. Concretamente, se creó después de que el comandante italiano al servicio de España, Alejandro Malaspina, informara al Gobierno de que Gran Bretaña no sólo pretendía llenar Australia de convictos, sino que también buscaba utilizar la región con fines comerciales. A su vez, explicó al monarca español que la colonia podía ser utilizada como base para lanzar un ataque contra los territorios españoles.

Malaspina recibió el apoyo de su segundo en la expedición, José de Bustamante y Guerra, quien –según los documentos encontrados– fue el que propuso la invasión militar a Carlos IV. Al monarca debió gustarle la idea, pues envió a este marino a Montevideo para que comenzara a dar forma a una gigantesca flota con la que asaltar la región. «Bustamante fue el encargado de defender América del Sur de una invasión británica y llevar la lucha a los británicos en el Pacífico», añade el experto.

Tras la salida a la luz de estos documentos, algunos historiadores se han atrevido a afirmar que los españoles llegaron a conquistar la colonia durante un breve periodo de tiempo, hasta que volvió a ser retomada por los británicos. Fuera como fuese, lo único cierto es que el plan fue cayendo en el olvido hasta que, por una causa u otra, se abandonó.

Un gigante australiano


El Mundo – Blogosaurio

Tras la resaca de éxitos del motociclismo español, no me refiero con el título de este blogo a Mick Doohan, el casi imbatible piloto de Brisbane que ganó un puñado de mundiales de la máxima categoría después de que casi le amputaran su pierna derecha tras un accidente durante unos entrenamientos en el mítico circuito de Assen. En Australia también se han encontrado grandes dinosaurios, aunque son mucho menos conocidos que los procedentes de todos los demás continentes. El que más y el que menos habrá oído hablar alguna vez de Argentinosaurus -no es necesario explicar mucho más acerca de su lugar de procedencia-, de los norteamericanos Seismosaurus, Apatosaurus o Diplodocus, del asiático Mamenchisaurus, del europeo Turiasaurus o de Brachiosaurus (ahora Giraffatitan) africanos. Ahora bien ¿quién conocía a Wintonotitan?

Winton está situado en el estado de Queensland, no demasiado lejos -a escala australiana- de su capital, la ciudad natal de Doohan. Allí aflora la llamada Formación Winton, del Cretácico Superior, y en uno de sus yacimientos se encontraron los restos -fragmentarios y mal conservados- de un dinosaurio saurópodo cuya antigüedad se estima en unos 95 millones de años. Los fósiles recuperados corresponden a elementos del esqueleto axial y apendicular, sin haberse podido encontrar restos craneales.

Radio derecho del saurópodo Wintonotitan wattsi en varias vistas. / Poropat y coautores – Papers in Palaeontology.

 

Preciosa ilustración de vértebras caudales de Wintonotitan wattsi. / Poropat y coautores – Papers in Palaeontology.

Este dinosaurio pertenece al grupo de los Titanosauriformes sonfospóndilos no-titanosaurios, que como trabalenguas no está mal. Y acaba de ser estudiado de nuevo por investigadores de un equipo sueco, australiano y británico, que lo han descrito con todo detalle, lo que les ha permitido no sólo aportar datos inéditos, sino también corregir algunas inexactitudes de la descripción original, que disculpan por la dificultad de identificación de algunos huesos debido a su mal estado de conservación. Sin embargo, a pesar de los cambios que se han tenido que introducir en algunos de los caracteres utilizados para establecer sus relaciones de parentesco, aquellos no han sido lo suficientemente relevantes como para cambiar el esquema filogenético propuesto y se sigue considerando vigente el trabalenguas apuntado con anterioridad.

Otra aportación de esta nueva publicación aparecida en Papers of Palaeontology supone, en cambio, una modificación sustancial a la caracterización de Wintonotitan. Se había publicado que poseía osteodermos (placas óseas superficiales) pero esos fósiles acaban de ser reinterpretados como fragmentos de espinas neurales de vértebras dorsales; por lo tanto, resulta que, al menos de momento, Australia se queda sin evidencias de osteodermos de dinosaurios saurópodos.

Recreación de Wintonotitan wattsi. / Travis R. Tischler en Poropat y coautores – Papers in Palaeontology.

Wintonotitan convivió con otro saurópodo semejante, Diamantinasaurus, pero algo más derivado porque este sí que es un titanosaurio (perteneciente al grupo de los Lithostrotia), lo que sugiere que explotaban diferentes recursos ecológicos, si bien la ausencia de cráneos en ambos tipos de animales no permite aventurar cuáles serían sus respectivas preferencias alimenticias.

Referencia: Stephen F. Poropat, Philip D. Mannion, Paul Upchurch, Scott A. Hocknull, Benjamin P. Kear, David A. Elliott (2014). Reassessment of the non-titanosaurian somphospondylan Wintonotitan wattsi (Dinosauria: Sauropoda: Titanosauriformes) from the mid-Cretaceous Winton Formation, Queensland, Australia. Papers in Palaeontology, DOI: 10.1002/spp2.1004

Un asteroide de 10 metros ‘rozó’ la Tierra este fin de semana


El Mundo

Asteroide 2013 LR6 (punto en el medio de la imagen), captado por un telescopio. | NASA

Asteroide 2013 LR6 (punto en el medio de la imagen), captado por un telescopio. | NASA

Un asteroide del tamaño de un pequeño camión pasó este fin de semana a una distancia de la Tierra cuatro veces menor de la que nos separa de la Luna. Se trata del último en un desfile de objetos celestes que ha aumentado la conciencia de los efectos potencialmente peligrosos para el planeta.

La NASA explicó que el asteroide 2013 LR6 fue descubierto alrededor de un día antes de su máxima aproximación a la Tierra, que se produjo a las 6.42 (hora peninsular española) del sábado a sólo 105.000 kilometros sobre el Océano Austral, al sur de Tasmania, Australia.

El asteroide de 10 metros de ancho no representaba una amenaza. Este tipo de objetos de pequeño tamaño resultan muy esquivos para los sistemas de detección temprana de asteroides.

Hace una semana, el relativamente grande QE2, de 2,7 kilómetros de ancho, con su propia luna a cuestas, pasó a 5,8 millones de kilómetros de la Tierra.

“Es teóricamente posible una colisión entre asteroides y el planeta Tierra“, aseguro el astrónomo Gianluca Masi, del proyecto del Telescopio Virtual, durante una transmisión en Google+ que mostró imágenes en directo de la aproximación del asteroide.

La NASA dice que ha encontrado un 95% de los grandes asteroides, aquellos con diámetros de 1 kilómetro o más grande, con órbitas que los llevan relativamente cerca de la Tierra.

Un objeto de ese tamaño golpeó el planeta hace unos 65 millones de años en lo que hoy es la península de Yucatán en México, lo que provocó un cambio climático global que se cree que es responsable de la desaparición de los dinosaurios y muchas otras formas de vida en la Tierra.

La agencia espacial de EEUU y otras organizaciones de investigación, así como empresas privadas, están trabajando en el seguimiento de los objetos más pequeños que vuelan cerca de la Tierra.

La isla que solo existe en los mapas


El Pais

  • Una expedición no halla rastro de una franja de tierra registrada como Sandy en el mar del Coral

Imagen de la isla Sandy en Google Earth.

Aparece en varios mapas mundiales cartográficos y meteorológicos. Hasta el programa Google Earth, que ofrece imágenes del planeta procedentes de satélites y mapas, registra una isla de considerable tamaño entre Australia y Nueva Caledonia, en pleno mar del Coral, que lleva el nombre de Sandy. Pero un equipo de investigadores de la Universidad de Sidney acaba de descubrir que esta franja de tierra no existe en realidad, después de viajar a la zona donde la sitúan los mapas y no hallar ni rastro de ella.

¿Cómo es posible que durante más de una década haya pervivido un bulo como este en mapas científicos de todo el mundo? ¿Quién la puso ahí? A la segunda pregunta no parece haber respuesta, pero sí hay explicación para la primera cuestión. “Comenzamos a sospechar cuando nuestras cartas de navegación mostraban una profundidad de 1.400 metros en el área donde los mapas mostraban la existencia de esta isla, lo que era contradictorio”, explica la geóloga Maria Seton, directora de la expedición. “De alguna manera este error ha sido propagado al mundo a partir de un banco de datos que se utiliza en muchos mapas”, añade.

La isla fantasma aparece mencionada incluso en publicaciones científicas desde el año 2000, pero no hay ni rastro de ella en los documentos del Gobierno francés, que tendría jurisdicción sobre ella, ni tampoco en las cartas de navegación, que se elaboran a partir de mediciones de profundidad, según informa la prensa australiana.

Hallan en Australia un mineral que había sido descubierto en la Luna


El Mundo

Un mineral raro llamado tranquillityita, que solamente se había hallado en muestras rocosas de la Luna hace más de 40 años, fue descubierto en Australia, confirmaron fuentes científicas.

“Es increíble que la tranquillityita existiera todo este tiempo en las rocas de la Tierra y que hayan pasado unos 40 años desde que fuera encontrado en la Luna para que sea detectado”, ha señalado Birger Rasmussen, que encabezó el equipo de la Universidad de Curtin que hizo el descubrimiento.

La tranquillityita recibe su nombre del Mar de la Tranquilidad, una superficie de la Luna donde este mineral raro fue hallado por primera vez, junto a la armalcolita y el pyroxferroite, durante la expedición del Apolo XI en 1969.

Los dos últimos minerales se encontraron en la Tierra en los años siguientes a ese viaje a la Luna, y hace dos años se detectó la presencia de la tranquillityita en muestras rocosas tomadas en Australia Occidental. Tras largos y exhaustivos análisis se confirmó que es igual al mineral hallado en la Luna, señaló Rasmussen.

Hallazgo por azar

Según el geólogo, el desarrollo de la ciencia desde 1969, que ahora permiten moler las piedras en polvos sumamente finos para someterlos aanálisis isotópicos o para determinar su antigüedad, fue muy útil para detectar la presencia de la tranquillityita en la Tierra.

El descubrimiento de este mineral raro se dio por casualidad, cuando el grupo de científicos se encontraba “analizando detalladamente tajadas de roca con un microscopio para detectar electrones”, explicó Rasmussen.

Este mineral, de color marrón rojizo, tiene la forma de pequeñas agujas más delgadas que el diámetro del cabello humano, y su composición contiene principalmente silica, circonio, titanio y hierro.

La tranquillityita, que hasta ahora se ha detectado en seis localidades de Australia Occidental, está presente en rocas ígneas como la dolerita, que se conoce popularmente como “granito negro” y es uno de los últimos minerales que se cristalizan del magma. “De hecho, sospechamos que la ‘tranquillityita’ pronto será reconocida en rocas similares como la dolerita en todo el mundo”, señaló el científico quien publicó junto a otros colegas este descubrimiento en la revista científica Geology.

La tranquillityita, que aparece en cantidades minúsculas y no tiene valor económico, podría ser útil para determinar la edad de las rocas en las que se ha hallado este mineral.

Descubren los restos de un marsupial gigante de hace 50.000 años en Australia


La Vanguardia

  • Un equipo de paleontólogos desenterró los restos del ‘diprotodonte’, también llamado “wombat gigante”, en la remota localidad de Bruketown

Descubren-restos-marsupial-gigante-Australia_TINIMA20110704_0035_5Sídney. (EFE).- Un equipo de paleontólogos descubrió en una remota zona del norte de Australia los restos de un diprotodonte, un marsupial gigante que pobló el planeta hace por los menos 50.000 años, informaron hoy los medios locales.

“Lo que hemos visto son los restos del marsupial más grande que habitó el planeta, una bestia de tres toneladas de peso que se paseó por estas tierras hace 50.000 a dos millones de años”, dijo Michael Archer, uno de sus descubridores, a la emisora local ABC.

El equipo del profesor Archer desenterró los restos del también llamado “wombat gigante” en la remota localidad de Bruketown, situado en el estado australiano de Queensland.

El diprotodonte era un marsupial de la era del Pleistoceno que caminaba en cuatro patas y se parecía en apariencia al wombat, aunque tenía tamaño de un rinoceronte o un hipopótamo.

Estos animales de unos tres metros de largo y unos dos metros de altura tenían un par de incisivos salidos pero eran herbívoros y habitaban en los bosques abiertos y llanos semiáridos de Australia.

Con el hallazgo, los paleontólogos confían en que podrán armar el esqueleto más completo de un diprotodonte.

“Los huesos no están necesariamente en la posición correcta pero probablemente todo el esqueleto está en este lugar donde probablemente cayó hace 50.000 años”, manifestó el profesor Archer.

Descubiertas 850 nuevas especies subterráneas en Australia


El Pais

En aguas del subsuelo, cuevas y microcuevas han aparecido insectos, pequeños crustáceos, arañas y gusanos desconocidos hasta ahora

El centro y el sur de Australia era un territorio mucho más húmedo hace 15 millones de años que ahora y la diversidad de invertebrados era floreciente en el suelo. Pero esas regiones del continente se fueron haciendo más y más secas en un proceso de desertización que duró hasta hace uno o dos millones de años, caracterizándose el territorio actual, que es árido o semiárido. Fue un cambio climático que debió obligar a muchas especies a buscar refugio, a adaptarse a hábitats diferentes al propio. Se acostumbraron así a vivir en aguas subterráneas y cuevas, evolucionando en aislamiento durante miles de años. Esta migración al subsuelo es el escenario con el que trabajan los científicos australianos ha dado ahora con esas especies escondidas, 850 en total.

Los especialistas no han podido bautizar todavía ni a la mitad de las nuevas especies y, además, creen que deben suponer sólo el 5%, aproximadamente, del total de especies desconocidas en el subsuelo australiano. Los organismos que viven en aguas subterráneas se engloban en el término estigofauna y los de cuevas y microcuevas, troglofauna.

Andy Austin (Universidad de Adelaida) y sus colegas han dado a conocer esta nueva colección de especies en un congreso científico sobre evolución y biodiversidad que se celebra en la ciudad australiana de Darwin, celebrando el 200 aniversario del científico del mismo nombre. Las 850 nuevas especies descubiertas suponen la cosecha de cuatro años de exploración.

“Lo que hemos visto es que no tienes que irte a buscar a las profundidades oceánicas para descubrir nuevas especies de invertebrados, basta con mirar en tu patio trasero”, comenta Austin en un comunicado de su universidad. “Nuestra investigación ha revelado la existencia de comunidades completas de invertebrados que eran desconocidos hace muy poco. Lo que hemos descubierto es un componente completamente nuevo de la diversidad de Australia”.

Los investigadores resaltan que el hallazgo de esta biodiversidad supone, además de su importancia científica, una advertencia y un nuevo reto porque esas nuevas especies están en zonas susceptibles de sufrir el fuerte impacto de las actividades mineras y de pastoreo.

Descubren tres nuevas especies de dinosaurio en Australia


Agencias – ABC

Un grupo de paleontólogos ha localizado en Queensland (Australia) los fósiles de tres nuevas especies de dinosaurio que habitaron la zona hace 98 millones de años, en el período Cretácico. Uno de ellos es especialmente llamativo, ya que se trata de un carnívoro «mucho más grande y terrorífico» que el Velociraptor que aparece en las películas de Jurassic Park. Los descubrimientos sugieren que el contiente tuvo un pasado prehistórico mucho más complejo del que los científicos creían.

El descubrimiento, realizado durante unas excavaciones en Winton, a las afueras de la ciudad australiana, por especialistas de los museos Queenslad y Age of Dinosaurs (Era de los dinosaurios), «no sólo nos presenta a dos gigantes de cuello largo de la vieja Australia, sino también a nuestro primer gran depredador», ha señalado el paleontólogo John Long, responsable de ciencias en el Museo Victoria. Se trata de dos herbívoros saurópodos llamados Wintonotitan y Diamantinasaurus -los especialistas les llaman familiarmente Clancy y Matilde- y de un terópodo carnívoro, el Australovenator -apodado Banjo por el poeta nacional Banjo Patterson- el más grande descubierto desde 1981, que vivieron en el período Cretácico.

Ágil como un guepardo

«Banjo era el guepardo de su tiempo, ligero y ágil. Podía cazar con facilidad en campo abierto», ha asegurado Scott Hocknull, principal responable de la investigación, publicada en la revista PLos One. «Su característica más distinguida era tres largas garras en cada mano». Además, aunque algunos terópodos tienen brazos pequeños (como los T Rex), Banjo era diferente. «Sus brazos eran su arma principal. Él es la respuesta australiana al Velociraptor, pero muchas veces más grande y terrorífico». Hocknull cree que Banjo puede arrojar luz sobre los ancestros de los dinosaurios carnívoros más grandes, los Carcharodontosaurs, un grupo de dinosaurios que se convirtieron en auténticos gigantes, como el Giganotosaurus.

Los dos verbívoros eran diferentes tipos de Titanosaurios,la especie de dinosaurio más grande que nunca ha existido. Wintonotitan era un animal alto con similitudes con la girafa actual, mientras que el Diamantinasaurus era más parecido a un hipopótamo.

Los restos de dos de los dinosaurios fueron encontrados juntos en una especie de abrevadero, donde los especialistas han hallado aún más fósiles que aún deben ser analizados. Los expertos también creen que estos descubrimientos allanarán el camino para realizar nuevos estudios sobre los dinosaurios en Australia. El país «es uno de los grandes recursos sin explotar en nuestra comprensión actual de la época de los dinosaurios», ha señalado Ben Kear, paleontólogo de la Universidad La Trobe en Melbourne.

Descubren nuevas especies en las profundidades del mar de Tasmania


EFE – ADN

La expedición, formada por científicos australianos y estadounidenses, también ha permitido detectar que algunos de los corales de la zona están muriendo

Un equipo de científicos de Australia y Estados Unidos han anunciado el pasado fin de semana el descubrimiento de nuevas especies marinas, como anémonas, coral rojo o un espécimen de ascidia carnívora, en las profundidades inexploradas del océano y al sur de la isla australiana de Tasmania.

Durante un viaje científico de cuatro semanas, financiado con dos millones de dólares (aproximadamente 1,51 millones de euros), los expertos también han hallado nuevas evidencias del impacto causado por los gases de dióxido de carbono en los corales del lecho marino de esa zona, a una profundidad de entre dos y cuatro kilómetros.

“Hemos buscado vida a una profundidad mayor que en cualquiera de las expediciones realizadas previamente en aguas australianas” explicó en rueda de prensa, Ron Thresher, miembro del equipo y experto de la Organización para la Investigación Industrial y Científica de la Mancomunidad de Australia (CSIRO).

Con un submarino teledirigido

Con la ayuda de Jason, un submarino dirigido mediante control remoto y propiedad de la Institución Oceanográfica Woods Holes de Estados Unidos, los científicos encontraron a más de 1,4 kilómetros de profundidad, en la que denomina Zona de Fractura de Tasmania, grandes extensiones de corales cuya formación se remonta a más de 10.000 años.

“Nuestras muestras sirven para documentar la fauna australiana en las mayores profundidades examinadas hasta ahora, incluida una extraña ascidia carnívora, arañas de mar, esponjas gigantes, y también comunidades dominadas por percebes y millones de anémonas con lunares de color violeta”, explicó Thresher.

La ascidia es un animal marino que está a medio camino entre los vertebrados y los invertebrados, que tiene hendiduras branquiales y con un cuerpo protegido por una túnica gelatinosa. Thresher explicó que ese nuevo espécimen de ascidia que reposa sobre el lecho marino a 4.000 metros de profundidad, mide unos 50 centímetros y atrapa a su presa cuando nada y la roza.

Corales en peligro

“Los resultados de la expedición son increíblemente excitantes, nos han dado a conocer más de lo que hasta ahora sabíamos sobre las profundidades marinas”, destacó la bióloga Ghislaine Llwellyn, directora del programa del departamento oceánico del Fondo Mundial para la Naturaleza de Australia.

El empleo del submarino de una dimensión similar a la de un pequeño automóvil, permitió al equipo de científicos recoger en un total de 14 inmersiones, cada una de 48 horas de duración, diversas muestras de raros especímenes, así como fotografiar y filmar áreas del lecho marino situadas a más de seis kilómetros de profundidad.

Los investigadores del CSIRO y del Instituto de Tecnología de California, indicaron que algunos de los corales que descubrieron en las profundidades están muriendo, por lo que recabaron datos para estudiar la amenaza que plantean el cambio climático y el creciente nivel de acidez detectado en el océano para la supervivencia de las barreras de corales. No obstante, Thresher apuntó que será necesario realizar más análisis antes de confirmar que la acidez de la aguas es la causa de ese fenómeno que afecta a los corales.