El ADN del hombre de Atapuerca revela que era un antepasado lejano de los neandertales


El Mundo

Han pasado más de 400.000 años desde que quizá uno de los primeros actos funerarios de la historia dejase para el estudio uno de los mejores yacimientos de homínidos primitivos del mundo. En la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos) descansan los restos de 28 ancestros humanos, pero desde hace algún tiempo los paleontólogos saben que esta acumulación de cuerpos de 430.000 años no sólo se compone de huesos fósiles. Las condiciones de temperatura constante durante todo ese tiempo de entre 6 y 13 grados han permitido que se pueda leer en la actualidad parte de su patrimonio genético conservado en los dientes y huesos de estos homínidos a los que hasta ahora nadie sabía muy bien cómo encajar en el árbol de la evolución humana. Pero su ADN puede contener la llave para aclarar su pasado.

Juan Luis Arsuaga y sus colegas, excavando en la Sima de los Huesos. JAVIER TRUEBA/MSF

Juan Luis Arsuaga y sus colegas, excavando en la Sima de los Huesos. JAVIER TRUEBA/MSF

Hace algunos meses, un grupo de investigadores alemanes y españoles descifraronparte de la información genética contenida en las células de estos individuos. Mientras los homínidos de la Sima de los Huesos muestran similitudes morfológicas con los neandertales, este genoma mitocondrial indicaba que esta secuencia genética estaba relacionada de forma más cercana con los denisovanos -un grupo extinto de parientes de los neandertales- que con los propios neandertales.

Pero el enigma del hombre de Atapuerca seguía sin resolver. El ADN mitocondrial cuenta sólo una parte de la historia, ya que sólo se hereda de la madre.

Sin embargo, ahora, aquel mismo equipo científico compuesto por investigadores del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y del yacimiento de Atapuerca ha logrado descifrar la información genética contenida en el núcleo celular de estos homínidos, a pesar de su degradado estado de conservación. Y los nuevos datos han dado la vuelta a la tortilla. Su ADN nuclear revela que el hombre de Atapuerca era, de hecho, un neandertal primitivo.

Sólo el alarde técnico de obtener ADN nuclear de 430.000 años de antigüedad es suficiente para justificar su publicación en la prestigiosa revista científica Nature. Según explican los expertos en ADN antiguo, es mucho más complicado obtener este tipo de secuencias que las de ADN mitocondrial. Hasta la fecha, la secuencia de este tipo más antigua que se había obtenido no pasaba de los 50.000 años, de forma que el ADN del hombre de Atapuerca es cerca de 10 veces más antiguo.

Se trata de un éxito científico rotundo, pero el trabajo está aún lejos de llegar a hablar de genoma, como en el caso del neandertal. El genoma humano completo son 3.200 millones de nucleótidos. Y los investigadores, liderados por el director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, Svante Pääbo, han logrado, con muchísima dificultad, descifrar dos millones de nucleótidos. O lo que es lo mismo, algo menos de un 0,1% del genoma completo.

Esta investigación es más una prueba de concepto para gritar al mundo que es posible obtener ADN nuclear de esa antigüedad, que un trabajo de genómica del que poder obtener conclusiones sobre la información genética contenida en esas secuencias.

“Que hayamos podido obtener esta pequeña parte del genoma nuclear de los homínidos de la Sima de los Huesos no es sólo el resultado de nuestros contínuos esfuerzos por obtener técnicas de secuenciación y de aislamiento de las muestras con mayor sensibilidad“, explica Matthias Meyer, investigador del Max Planck y primer firmante de este trabajo, al igual que de el que obtuvo la secuencia del ADN mitocondrial de Atapuerca. “Esta investigación hubiera sido mucho más difícil sin el cuidado especial que se ha tenido durante la excavación”, asegura en una nota del Max Planck.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrentan los investigadores en este tipo de trabajos es precisamente a la contaminación a la que ellos mismos -u otros seres humanos que hayan podido entrar en contacto con el yacimiento- pueden someter a las muestras. “Hemos sacado algunas de las muestras con instrumentos limpios y los hemos conservado en arcilla para minimizar las alteraciones del material que se pudieran haber dado tras la excavación”, explica Juan Luis Arsuaga, investigador de la Universidad Complutense, codirector del Yacimiento de Atapuerca y coautor del trabajo.

Las muestras obtenidas a partir de dos de los 28 individuos encontrados en la Sima de los Huesos han permitido no sólo obtener por primera vez ADN nuclear tan antiguo, sino aclarar que estos homínidos estaban en la rama evolutiva de los neandertales, y no de los denisovanos, como se pensaba tras el análisis de su ADN mitocondrial. Además, revela que la separación de ambas especies humanas en el árbol de la evolución ya se había producido hace 430.000 años.

Pero, ¿por qué ADN mitocondrial y nuclear cuentan historias evolutivas diferentes? El ADN mitocondrial contiene información genética que no se encuentra en el núcleo celular y que, debido a que está en un orgánulo de la célula, lo heredamos sólo de nuestras madres, ya que los óvulos ponen el 100% de la estructura celular del zigoto que formará un nuevo individuo tras la fecundación.

La explicación que han dado los autores de este nuevo trabajo es que las poblaciones humanas eurasiáticas tenían un sustrato base de ADN mitocondrial denisovano que se fue modificando a lo largo del Pleistoceno Tardío (desde hace 125.000 años) debido a la entrada de poblaciones provenientes de África. Sin mebargo, hay otras posibles explicaciones que no se han tenido en cuenta en el trabajo.

“Puede haber otros relatos posibles, como, por ejemplo, que el sustrato de ADN mitocondrial fuese neandertal y que la entrada fuese de los denisovanos”, opina Carles Lalueza-Fox, investigador del Instituto de Biología Evolutiva (IBE) de Barcelona. “En todo caso, lo que sin duda revela es una nueva evidencia de hibridación entre grupos como las que ya hemos visto en trabajos anteriores. Y teniendo en cuenta que apenas tenemos media docena de genoma antiguos, esto quiere decir que la hibridación era un fenómeno recurrente”, Lalueza.

Los restos de los denisovanos sólo se han encontrado en las montañas Altai, al sur de Siberia. Sin embargo, las secuencias genéticas de un ancestro denisovano se han encontrado en las poblaciones humanas actuales de Oceanía y Asia y en los indios americanos, lo que indica que, aunque el registros fósil no haya dejado demasiadas pruebas de su existencia, estos homínidos debieron tener una presencia importante.

Apenas se está empezando a abrir la puerta de la secuenciación de genomas antiguos, pero ya se vislumbra la importancia que tiene -y más que tendrá- para los estudios evolutivos. Y más teniendo en cuenta que las muestras que se han utilizado para este trabajo -dientes y un fémur- no son las que a priori podrían ofrecer las mejores posibilidades de éxito para obtener ADN nuclear. “Se sabe por muestras de lugares cálidos muy degradados que cuando en dientes ya no hay ADN recuperable, todavía es posible obtener algo de material genético de la región petrosa del hueso temporal, cerca del oído interno. Lo que ocurre es que es muy agresivo sacar de allí el ADN”, asegura Carles Lalueza-Fox. Quizá quede para un futuro cercano un nuevo trabajo capaz de adentrarse con mayor contundencia en la información genética que esconde desde hace más de 400.000 años la Sima de los Huesos.

Atapuerca reorganiza el modelo de la evolución humana


ABC.es

  • Un equipo dirigido por Juan Luis Arsuaga identifica cuatro grandes fases de progreso anatómico del hombre moderno
félix ordóñez La Sima de los Huesos es un yacimiento de referencia mundial

félix ordóñez | La Sima de los Huesos es un yacimiento de referencia mundial

Los yacimientos de Atapuerca son los mejores del mundo. Y entre todos los de la sierra burgalesa, quizá el de la Sima de los Huesos sea el más emblemático. De hecho, allí se han recuperado hasta ahora tantos fósiles humanos, con antigüedades de hasta 430.000 años, que un equipo de investigadores, dirigido por Juan Luis Arsuaga, ha decidido elaborar un modelo de evolución del cuerpo humano. Es decir, una especie de «manual» que describa cómo la evolución ha ido formando, característica a característica, la anatomía y las funcionalidades de los seres humanos. El estudio, que aporta luz sobre cómo los neandertales adquirieron sus rasgos distintivos, acaba de publicarse en la revista «Proceedings» de la Academia Nacional de Ciencias norteamericana (PNAS).

Nuestro conocimiento sobre el modo en que ha evolucionado nuestro esqueleto postcraneal (del cuello para abajo) se ha visto hasta el momento obstaculizado por la dispersión geográfica (y cronológica) de las especies de humanos que existieron antes que la nuestra. Pero la enorme abundancia de restos fósiles en la Sima de los Huesos de Atapuerca hace posible elaborar un auténtico «mapa» de las características principales que el género Homo, al que pertenecemos, fue adquiriendo a lo largo del tiempo.

Evolución en cuatro fases

El equipo dirigido por Arsuaga ha elaborado su modelo de evolución dividiéndolo en cuatro grandes fases, o diseños anatómicos funcionales. No en vano, se trata de la mayor colección de fósiles humanos jamás hallada en todo el mundo y, por sí sola, representa una buena parte de todo los que sabemos sobre los rasgos óseos de las especies humanas que precedieron tanto a los neandertales como a los humanos modernos.

Las diferentes estrategias adaptativas adoptadas por los homínidos se reflejan en sus esqueletos. Y, según se explica en el artículo de PNAS, el análisis de los restos de la Sima de los Huesos ha permitido establecer cuatro grandes patrones sucesivos en la evolución del cuerpo humano: el de los ardipitecos, aún arborícolas aunque ocasionalmente bípedos; el de los australopitecos, bípedos por obligación (ya que vivían en extensas sabanas) pero que conservaban aún notables capacidades para vivir en los árboles; el de los humanos «arcaicos», al que pertenecen tanto especies como Homo erectus y los humanos de la Sima de los Huesos (con cuerpos robustos, anchos, más altos que sus antepasados y exclusivamente bípedos); y el de los humanos modernos, de tipo alto, estrecho y esqueleto grácil y esbelto.

Clasificando el tamaño corporal y la forma de los fósiles, los investigadores han encontrado evidencias de que los neandertales pertenecían a la tercera de esas categorías, aunque sus características no surgieron todas al mismo tiempo, sino siguiendo una especie de patrón evolutivo en mosaico, en el que los cambios evolutivos de algunas partes del cuerpo precedieron a los de otras.

El equipo de Arsuaga encontró también que los humanos de la Sima fueron relativamente altos, con cuerpos anchos y muy musculosos, aunque con una capacidad craneal inferior a la de los neandertales. Sin embargo, estos humanos compartían ya una serie de rasgos anatómicos con los neandertales. Rasgos que, por cierto, no están presentes en los humanos modernos, la especie a la que todos nosotros pertenecemos.

Es decir, que a pesar de que los neandertales desarrollaron toda una serie de características propias, algunos de esos rasgos ya estaban presentes en la población de la Sima de los Huesos.

Toda esta información resultará de gran utilidad en el futuro a la hora de situar una especie de homínido en alguna de las categorías propuestas por Arsuaga y sus colegas. Y aportará nueva luz sobre por qué los rasgos humanos son como son, y no de otra manera distinta.

Resuelto el primer asesinato de la Historia


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  • El cráneo encontrado en la Sima de los Huesos, en Atapuerca, tiene dos fracturas con distintas trayectorias
Javier Trueba/Madrid Scientific Films Vista frontal del Cráneo 17 de la Sima de los Huesos, con los dos impactos que causaron la muerte del individuo

Javier Trueba/Madrid Scientific Films
Vista frontal del Cráneo 17 de la Sima de los Huesos, con los dos impactos que causaron la muerte del individuo

Fueron heridas mortales de necesidad. Grandes agujeros en un cráneo de hace 430.000 años hallado en la Sima de los Huesos, en Atapuerca, y que revelan el uso de una violencia extrema. De hecho, los investigadores afirman que se trata de uno de los primeros casos documentados de asesinato de toda la Historia. El relato y el estudio de este crimen prehistórico, dirigido por Nohemi Sala, del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos, se acaba de publicar en la revista PLOS ONE.

Se trata de otro de los «tesoros» paleontológicos de la Sima de los Huesos, uno de los yacimientos más prolíficos de la Sierra de Atapuerca. Allí, al final de una profunda cueva de la sierra burgalesa, y al fondo de una sima de casi 15 metros de profundidad, los investigadores llevan varias décadas extrayendo fósiles de hace más de 400.000 años, una época denominada Pleistoceno Medio y de la que, exceptuando a Atapuerca, apenas si hay un puñado de restos fósiles en todo el mundo.

Pero la Sima de los Huesos es diferente. Allí, casi treinta individuos diferentes conforman el que es, sin duda, el mejor yacimiento paleontológico del mundo para el estudio de ese periodo. Y un número tan grande de restos da para mucho más que analizar rasgos anatómicos. Permite, de hecho, estudiar comportamientos, relaciones sociales, dinámica de grupos… O incluso contar historias de asesinatos.

El cráneo 17 de la Sima está prácticamente completo, y ha sido reconstruido pacientemente por los científicos a partir de 52 fragmentos, aparecidos a lo largo de numerosas campañas (unas veinte) de excavación diferentes. Pero una vez reconstruido saltó la sorpresa: el cráneo 17 muestra, en efecto, dos graves lesiones penetrantes en el hueso frontal, justo encima del ojo izquierdo.

Utilizando las técnicas forenses más modernas, como el análisis de contornos y trayectoria de los traumas, los autores de la investigación han demostrado que ambas fracturas fueron producidas por dos impactos diferentes pero procedentes del mismo objeto. Los dos golpes muestran trayectorias ligeramente distintas y fueron, sin duda, la causa de la muerte del sujeto.

Según los investigadores, es muy poco probable que las heridas se produjeran como consecuencia de una caida fortuita o de un accidente de alguna otra clase. El eje direccional de ambas lesiones, en efecto, es vertical, lo que indica que fueron producidas por dos golpes asestados de arriba a abajo.

Más bien, y basándose en el tipo de fractura, la localización de las heridas y el hecho de que fueron infligidas con el mismo objeto, llevan a los investigadores a interpretarlas como el resultado de un acto letal de agresión. Un acto que podría considerarse como el primer caso (conocido) de asesinato en la historia humana.

Y lo que es más, los científicos han hallado evidencias de que, una vez muerto, el desdichado individuo fue probablemente arrastrado y arrojado a la Sima por otros de sus congéneres, lo que sugiere que la acción humana podría ser responsable de la acumulación de restos al fondo de ese foso natural.

Cómo pudieron acumularse tantos cadáveres en el mismo punto es algo que, hoy por hoy, constituye una incógnita. Pero el asesinato de la Sima podría ayudar a resolverla, apuntando en la dirección de una primitiva forma de enterramiento, y no de una acumulación natural de los restos.

Cuenca, la «Atapuerca de los dinosaurios»


ABC.es

  • Investigadores del CSIC reconstruyen cómo eran las condiciones climáticas y ecológicas de la zona hace 70 millones de años
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ÓSCAR SANISIDRO Reconstrucción del hábitat, fauna y flora de Lo Hueco durante el Cretácico Superior

 

Lo llaman “la Atapuerca de los dinosaurios”. Y no es para menos.Más de 10.000 fósiles de dinosaurio, en efecto, además de cocodrilos, tortugas, peces y toda clase de plantas de hace 70 millones de años han convertido al yacimiento de Lo Hueco, en Cuenca, en lugar de peregrinación para paleontólogos, especialmente para aquellos que quieren conocer mejor el Cretácico Superior. A poco más de 20 km. otro yacimiento, el de Las Hoyas, es también todo un libro abierto que retrata un periodo algo más antiguo de nuestra historia; el Cretácico Inferior, hace unos 120 millones de años.

Juntos, ambos yacimientos paleontológicos han convertido a Cuenca en una auténtica “tierra de dinosaurios”. Y en uno de los mejores lugares que existen en Europa para reconstruir con todo detalle unos ecosistemas que se pierden en la noche de los tiempos, mucho antes de que el primer homínido dejara su huella en el planeta.

Eso, reconstruir un ecosistema completo, es precisamente lo que acaba de hacer un grupo de investigadores españoles en Lo Hueco. Liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y compuesto por expertos de varias universidades, el equipo de científicos ha logrado reconstruir, basándose en el análisis de isótopos de carbono y oxígeno de fósiles de dinosaurios, cocodrilos tortugas y peces de hace 70 millones de años, cómo eran las condiciones climáticas, ecológicas e hidrológicas de la zona en ese lejano periodo. El trabajo se publica hoy en PLOS ONE.

Una gran llanura inundada

Igual que sucedió en Atapuerca, fueron las obras de construcción del ferrocarril (en este caso el AVE) las que en 2007 destaparon los primeros fósiles al atravesar de parte a parte el pequeño cerro de Lo Hueco. Los enormes huesos estaban incrustados en arcillas grises y rojas, y un equipo de paleontólogos liderado por José Luis Sanz, catedrático de Paleontólogía de la Universidad Autónoma de Madrid, determinó entonces que se trataba de restos de saurópodos (grandes dinosaurios herbívoros) del grupo de los titanosaurios.

Pero no solo eso. Pronto aparecieron restos de otras criaturas (cocodrilos, tortugas, peces y plantas) que permitieron ir dibujando un paisaje muy diferente del actual. Hace 70 millones de años toda la región, muy cerca del mar, era una gran llanura arenosa e inundada, con islas y lagunas rodeadas de canales de aguaque, estacionalmente, podía ser tanto dulce como salada. Allí, con un clima más caluroso que el actual, una gran concentración de CO2 en la atmósfera, casquetes polares que aparecían y desaparecían y una gran abundancia de árboles, arbustos y hierbas, los dinosaurios campaban a sus anchas.

Un dato curioso revelado por los investigadores es que, por lo menos en esta zona, los grandes herbívoros no fueron presa de los depredadores, probablemente debido a su gran tamaño. Los dinosaurios carnívoros debieron conformarse seguramente con presas más pequeñas, como los ornitópodos que habitaban la región.

Los científicos pudieron llegar a esta conclusión analizando los valores isotópicos del carbono del esmalte dental de los dinosaurios, tanto herbívoros como carnívoros. “Estudios llevados a cabo en mamíferos actuales -asegura Laura Domingo, investigadora del CSIC- indican que existe una diferencia entre carnívoros, con valores isotópicos más bajos, y herbívoros, con valores más altos a causa de la distinta posición en la cadena trófica. En el caso de los dinosaurios de Lo Hueco, no existen diferencias sustanciales. Creemos que los saurópodos no fueron presas factibles de los dromeosáuridos por su enorme tamaño corporal”.

“Los fósiles de especies con fisiologías y hábitos de vida tan dispares nos han permitido obtener información acerca de la variabilidad térmica estacional, la dieta que tenían estos animales, así como precisar el tipo de hábitat”, indica Laura Domingo.

La proporción de isótopos estables de oxígeno en el tejido óseo de los dinosaurios ha aportado a los investigadores información sobre el agua ingerida a lo largo de un año, así como de las precipitaciones y la temperatura media anual.

Posteriormente, lograron también calcular las temperaturas dominantes utilizando el valor isotópico de los peces. De hecho, al ser animales de sangre fría y no regular su temperatura corporal, dependen por completo de la temperatura ambiental para sobrevivir.

“La comparación con datos de estaciones meteorológicas costeras actuales situadas en una latitud similar a la de Lo Hueco indica que la amplitud térmica estacional en el Cretácico Superior entra dentro del rango actual. Es decir, las temperaturas no permanecían más constantes a lo largo del año que en la actualidad, como sí se ha observado en épocas previas y más cálidas del Cretácico”, asegura Domingo.

Todo un mundo perdido, pues, que vuelve a florecer gracias a unas técnicas de investigación que prometen seguir desvelando aspectos desconocidos del remoto pasado de la Península Ibérica.

Descifran ADN de un oso cavernario de hace 400.000 años en Atapuerca


El Mundo

Hueso del oso cavernario encontrado en Atapuerca. | J. Trueba / MSF

Hueso del oso cavernario encontrado en Atapuerca. | J. Trueba / MSF

En los últimos años los científicos han logrado recuperar muestras de ADN de animales y homínidos primitivos conservadas en los hielos perpetuos del Ártico. Recientemente, un equipo científico recuperó el genoma completo de un caballo primitivo de hace 700.000 años o cuando un trabajo con participación española descifró la información genética de un homínido de 70.000 años de antigüedad.

Pero ni la ciencia ficción ha imaginado nunca que se pueda recuperar material genético de un yacimiento paleontológico situado en un clima templado como el mediterráneo. Y eso es precisamente lo que ha logrado un equipo internacional con participación española a partir de muestras de un ejemplar de oso cavernario de hace 400.000 años encontrado en las excavaciones de Atapuerca (Burgos).

El trabajo recién publicado en la revista científica ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS) ha reconstruido una parte del material genético de este pariente de los osos actuales (‘Ursus deningeri’) de más de 16.000 unidades básicas de ADN -pares de bases nitrogenadas- a partir de fragmentos de no más de 50 unidades.

“Esto demuestra que las secuencias genéticas muy degradadas se pueden recrear y ensamblar para reconstruir genomas, como en este caso el genoma mitocondrial del oso cavernario”, ha explicado a ELMUNDO.es Juan Luis Arsuaga, director científico del Museo de la Evolución Humana, codirector del yacimiento de Atapuerca y uno de los autores del trabajo.

Abre la puerta a secuencias humanas primitivas

Los investigadores obtuvieron las muestras de ADN de este animal primitivo en la parte cortical de un hueso largo -en lenguaje más coloquial, la caña del hueso- encontrado en la sima de los huesos del productivo yacimiento burgalés, donde se hallaron los restos de ‘Homo antecessor’, considerado el homínido más antiguo de Europa.

El logro científico y técnico que supone este trabajo tiene gran importancia para los estudiosos de esta especie situada muy al inicio del árbol evolutivo de los osos. Pero resulta casi imposible no preguntarse si este nuevo método puede servir para descifrar secuencias de ADN más largas que permitan conocer el genoma completo de especies animales o humanas de hace varios cientos de miles de años.

El autor principal del trabajo, el investigador del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania) Jesse Dabney, no tiene ninguna duda de que es posible. “Por supuesto, el método no discrimina las moléculas de ADN nuclear. Pero la clave es cuánto ADN ha sobrevivido en la muestra. Casi siempre lo que ocurre es que no hay suficiente material como para rehacer el puzle de las secuencias genéticas largas”, ha asegurado a este diario.

“Este método es actualmente la mejor opción para las muestras muy antiguas, como las de ‘Homo heidelbergensis’, o para muestras que contengan ADN muy dañado”, explica Dabney. “Por supuesto que hay muchos más retos en la reconstrucción de estos genomas humanos antiguos, pero la mejora del método de extracción incrementa la probabilidad de éxito”, explica.

Un hallazgo en Atapuerca sugiere que Europa lleva poblada 1,4 millones de años


El Confidencial

Detalle del cuchillo de sílex de hace 1,4 millones de años hallado en Atapuerca. (EFE)

Detalle del cuchillo de sílex de hace 1,4 millones de años hallado en Atapuerca. (EFE)

La Sierra de Atapuerca, en Burgos, fue poblada por los predecesores de los seres humanos modernos hace al menos 1,4 millones de años –200.000 más de los que se habían confirmado hasta ahora– y podría haberlo estado de forma continuada desde entonces –y no intermitentemente, como reza la teoría más aceptada–. Son las hipótesis a las que invita el hallazgo de un pequeño cuchillo de sílex tallado hace 1,4 millones de años, el vestigio más antiguo de la presencia de homínidos en el yacimiento.

Este pequeño fragmento de piedra, de unos tres centímetros y con un filo muy definido, ha sido encontrado en la Sima del Elefante, dos metros por debajo del estrato donde se localizó en 2007 una mandíbula que, hasta este hallazgo, era considerada como el rastro fósil más antiguo de la presencia de homínidos en Europa.

Aquel hueso, atribuido originalmente a un miembro de la especie Homo antecessor, fue encontrado junto a 32 herramientas de sílex y tiene 1,2 millones de años de antigüedad. Los huesos del antecessor –una especie definida en 1997 gracias a los yacimientos de Atapuerca– habían aparecido hasta entonces en las excavaciones de la Gran Dolina y su antigüedad iba de los 850.000 a 750.000 años, por lo que el hallazgo de un trozo de mandíbula mucho más antiguo y en la Sima del Elefante obligó a retrasar considerablemente la presencia de homínidos en este asentamiento, y consecuentemente en Europa, hasta los 1,2 millones de años. Hoy se discute que la mandíbula, que perteneció a un individuo de entre 15 y 20 años, fuera en efecto de un Homo antecessor y se espera al resultado de nuevos estudios para concluir si debe atribuirse a esa especie o a otra nueva aún por definir.

De este modo, el cuchillo de sílex presentado en sociedad este miércoles, durante el balance de la campaña de excavaciones de este verano en el yacimiento burgalés, retrasa 200.000 años más la presencia de homínidos en Atapuerca, hasta los 1,4 millones de años, y permite plantear la hipótesis de que su presencia en Europa no fue intermitente, sino continuada desde hace un millón y medio de años, ha dicho Eudald Carbonell, uno de los tres directores de las excavaciones. Tal contradice la teoría, generalmente aceptada hasta ahora, de que el continente fue poblabo por oleadas y permaneció sin homínidos durante largos intervalos, ha añadido.

El asentamiento habría sido permanente al menos en Atapuerca. Un hacha bifaz encontrada en la Gran Dolina relaciona este yacimiento con la Sima de los huesos, de hace algo más de 400.00 años y correspondiente al hábitat del Homo heidelbergensis –una especie descrita sólo en Atapuerca–; un chóper –una piedra de arenisca afilada– de un millón de años permite enlazar los restos de Homo heidelbergensis, de hace 800.000 años, con los más antiguos de Atapuerca, de hace 1,2 millones; y el cuchillo permite acreditar la existencia de asentamientos aún más antiguos –de momento, de 1,4 millones de años–. Los codirectores de Atapuerca han aprovechado la presentación del balance de la campaña de excavaciones de este verano para mostrar también una escápula de un niño de unos seis años que encontraron en 2005 y que han terminado de recuperar. José María Bermúdez de Castro ha explicado que se trata de un tipo de hueso “muy difícil de recuperar” y del que apenas hay ejemplos en el mundo de esta antigüedad.

Tiene poco más grosor que un papel de fumar y estaba adherido a una capa de arcilla muy compactada, por lo que un equipo del Instituto de Prehistoria (IPHES) de Tarragona ha tardado siete años en recuperarlo totalmente.

El tercer director, Juan Luis Arsuaga, mostró en la rueda de prensa un fragmento de parietal de Homo heidelbergensis procedente de la Sima de los huesos encontrado el día anterior, el lunes, que todavía no se había siquiera limpiado. En Atapuerca, reconoce Arsuaga, es un hallazgo modesto, aunque en cualquier otro yacimiento del mundo sería “extraordinario” encontrar un fragmento craneal de más de 400.000 años.

El fósil permite apreciar la parte interior y, por tanto, la forma del cerebro. Ahora estudiarán si corresponde a alguno de los cráneos de los que han encontrado fragmentos o a uno nuevo.Este miércoles también se presentaron ante la prensa los restos más recientes encontrados en esta campaña, especialmente un cráneo de hace 4.700 años encontrado en la cueva del Mirador, que forma parte de un grupo de restos de unos veinte individuos. Pertenece a un hombre de unos veinte años, que tenía una cicatriz por una herida en la parte frontal y una agujero en el hueso de la parte posterior que se debió producir en torno al momento de la muerte. Bermúdez de Castro no descarta ninguna hipótesis sobre el origen de este orificio, que pudo producirse en una pelea o batalla entre grupos, en un intento de curación o como parte de un ritual.

Este año la campaña de excavaciones de Atapueca ha sido más corta y ha contado con un centenar de investigadores, un 20% menos de lo habitual. La del verano que viene también será de un mes para preparar el congreso mundial de prehistoriadores que se celebrará en octubre en la capital burgalesa. Los investigadores confían en poder retomar las campañas de mes y medio de duración a partir de 2015.

 

Hallado un fémur de un antepasado del hombre de hace 500.000 años


El Pais

  • El hallazgo permitirá saber más sobre el tipo de humano que logró dominar el fuego

femuratapuercaUn hueso de fémur del Homo heidelbergensis, el antepasado de 500.000 años de antigüedad que fue capaz de dominar el fuego, es el principal hallazgo de este año de la campaña de excavación en la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca, que ha concluido este miércoles.

Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca y responsable desde sus inicios del yacimiento de la Sima de los Huesos, ha detallado que en esta campaña se habían encontrado además algunos fragmentos pequeños de cráneo humano, dos restos de costilla y un diente. Pero ha sido este último día de campaña cuando se ha producido el hallazgo de este hueso de fémur, que representa la mitad superior de la diáfisis, que según Arsuaga aportará información “muy útil” sobre la estatura y peso de los Homo heidelbergensis, especie de la que se han encontrado restos de una treintena de individuos en las diferentes campañas de excavación. Por eso, el codirector de Atapuerca asegura que es posible que se pueda completar el fragmento encontrado este año con algún resto de campañas anteriores.

El nombre de este ancestro humano se debe a que los primeros restos se descubrieron en Heidelberg, Alemania. Se trata de un antepasado directo del hombre de Neandertal que vivió en el centro y el sur de Europa. Eran cazadores de grandes herbívoros. Transformaron el medio y humanizaron el paisaje que les rodeaba. Fueron los primeros en tomar conciencia de la muerte y lo transmitieron a través del lenguaje, creando una cultura que se extendió al resto del mundo. Esos fueron los primeros pasos del arte y el simbolismo.

Además, el nuevo hallazgo amplía la superficie del yacimiento con restos humanos y augura “grandes descubrimientos” en los próximos años de esta década. Según Arsuaga, la reducción en el número de fósiles humanos hallados este año en la Sima de los Huesos con respecto a otras campañas responde a que se ha intervenido en la zonas de contacto entre las arcillas con fósiles humanos de hace medio millón de años y el depósito posterior de huesos de oso y otros carnívoros como el león que están por encima. En este sentido, a lo largo de esta campaña se ha recuperado un gran número de fósiles de oso, entre los que destaca un cráneo muy completo.

Hallan un cráneo de hace 500.000 años en Atapuerca


El Mundo

  • Con este fósil, ya son 17 los cráneos encontrados en la Sima de los Huesos
  • En la Cueva Mayor se han hallado utensilios que podrían ser de neandertales

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Las excavaciones en los yacimientos de Atapuerca, un año más, han deparado grandes hallazgos. Además del fragmento de húmero de hace 1,3 millones de años que fue localizado en la Sima del Elefante, esta semana se ha encontrado importantes partes del cráneo de un ‘Homo heidelbergensis’ en la Sima de los Huesos.

Los fósiles, un parietal izquierdo y un frontal completo, se encontraban en el pequeño sector, de poco más de un metro cuadrado, en el que trabaja el equipo de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez desde hace 18 años.

Se trata, según explica Martínez a elmundo.es, de los restos de un varón adulto joven, si bien ahora tienen que estudiarlos para concretar sus características. Este cráneo hace el número 17 de los que han salido en la Sima desde 1992 y es uno de los siete ‘huevos de avestruz’, como llaman los paleontólogos a los fósiles de mayor tamaño.

Según el paleontólogo, lo más seguro es que el cráneo coincida con fragmentos encontrados en otras campañas y venga a completar, aún más, el conocimiento sobre los homínidos que hace medio millón de años vivieron en la Sierra de Atapuerca, en Burgos.

En la Cueva Mayor, que da entrada al yacimiento de la Sima, y donde este año se ha excavado por vez primera en la llamada Galería de las Estatuas, también se han encontrado restos fósiles de animales y utensilios de piedra. A falta de su estudio, los investigadores apuntan que podrían corresponder a los neandertales. Precisamente, ésta es la única especie humana de la que no se han encontrado fósiles en la rica Sierra de Atapuerca, habitada desde hace 1,3 millones de años hasta los tiempos recientes.

Este fin de semana acaban las excavaciones en los yacimientos. En las primeras semanas ya se supo que había aparecido un hueso de ‘Homo antecessor’ de hace 1,3 millones de años con señales de haber sido devorado por sus congéneres, lo que es el primer indicio de canibalismo humano de la historia.

Atapuerca: 30 años viajando a los orígenes del ser humano


El Mundo

  • El yacimiento burgalés celebra su aniversario con un libro sobre su historia
  • Con 800 artículos científicos, es el enclave con más publicaciones del mundo

Son ya 30 años con la piqueta a cuestas y, ahora, además, con una terminal informática portátil donde van introduciendo los datos. Tres décadas en las que los yacimientos paleontológicos de la Sierra de Atapuerca han dado un vuelco a lo que se sabía de los primeros homínidos que habitaron el continente europeo.

El aniversario, que conmemora aquella primavera en la que Emiliano Aguirre inició las excavaciones en lo que era la trinchera hecha para un ferrocarril, ha servido de excusa para un nuevo libro divulgativo sobre los impresionantes hallazgos del equipo de Atapuerca.

Bajo el título La Sierra de Atapuerca. Un viaje a nuestros orígenes (Ed. Everest), el autor principal, el arqueólogo Carlos Díez, hace un exhaustivo repaso de la historia de la investigación y de la vida que, gracias a esos trabajos, llevaron en este enclave burgalés nuestros antepasados, su alimentación, su lenguaje, los utensilios que utilizaban, el entorno que los rodeaba, su lucha por la supervivencia.

Esta obra se suma la muchas publicaciones que ha originado el yacimiento: 800 artículos científicos y una docena de libros, que hacen de Atapuerca el enclave arqueológico más publicado del mundo.

Ayer, los tres codirectores del proyecto, que llegaron a la sierra cuando comenzaban sus carreras, resaltaron al unísono la importancia de haber mantenido el equipo unido. “Llevamos juntos desde 1979, pese a que somos los tres muy distintos”, destacaba José María Bermúdez de Castro.

“Somos sucesores de un gran científico [Emiliano Aguirre] y ahora establecemos puentes para transmitir la ilusión a los nuevos ‘juniors’, para que el conocimiento no se pare”, añadía Eudald Carbonell. Y Juan Luis Arsuaga, por su parte, lo resumía en una cita de Joseph Conrad: “Pensaba que era una aventura y ha sido mi vida”.

Mucho trabajo por delante

Y es que los tres son conscientes de lo mucho que ha supuesto Atapuerca en la historia de la Humanidad, pero también de que aún hay trabajo allí para muchas generaciones venideras. “La mayoría de los huesos de Homo antecessor de la Gran Dolina están por excavar”, recordaba Arsuaga.

Carbonell es todavía más optimista: “Cuando comenzamos a excavar, los fósiles más antiguos eran de hace 300.000 años, luego fueron 500.000, más tarde 800.000 y ya hemos retrocedido a 1.300.000 años. Aún podemos encontrar restos tan antiguos como los que hay en Georgia (Dmanisi) de hace 1,8 millones”, aseguraba.

Bermúdez de Castro se mostraba más cauto sobre las fechas, y declaraba que él se alegraría con encontrar fósiles humanos de hace 1,6 millones de años, como los de la isla de Java. “Lo más importante es que el proyecto siga adelante, como estoy seguro que ocurrirá”, auguraba.

La nota nostálgica la ponía Arsuaga, al recordar los tiempos en los que tenían que ir andando desde la Sierra al municipio de Ibeas de Juarros a través de los trigales. “Ahora en Atapuerca hay muy mucho trabajo de gestión y un equipo muy grande [150 personas] que me hace añorar esos tiempos, pero allí encuentras cráneos que no hay en otro sitio“, reconocía.

Esos fósiles, miles de ellos, que, como Eudald Carbonell explicó ayer, nos enseñan que “debemos ser capaces de funcionar como grupo”, como ya se hacía en el Pleistoceno “sobre todo en unos momentos de gran complejidad como los que estamos viviendo”. De hecho, en el prólogo el paleontólogo destaca que nuestra especie debe ser consciente de su pasado porque “necesitamos una evolución responsable y un progreso consciente que nos acerque más a nosotros mismos y que nos haga mejores”.

De momento, ninguno de los tres piensa en jubilarse. A partir del 15 de junio volverán a Atapuerca para seguir desvelando sus secretos.

El ‘Homo antecessor’ triunfa en la capital francesa


El Mundo

El Museo del Hombre de París inaugura una gran exposición sobre Atapuerca

El ‘Homo antecessor’ ha encontrado cobijo a la sombra de la Torre Eiffel. Literalmente, puesto que la exposición sobre Atapuerca inaugurada anoche en el Museo del Hombre de París se ubica en el Sena frente al artefacto de hierro, igual que si fuera un tótem intemporal. Es el espacio que la comunidad científica francesa ha concedido al yacimiento paleontológico burgalés. Un modo implícito de reconocer la importancia histórica del hallazgo y de divulgar los tesoros que han dado forma y fama a la comunidad de homínidos descubierta en Atapuerca.

De hecho, la exposición parisina, desglosada didáctica y amenamente en una superficie de 400 metros cuadrados, pone en relieve los grandes símbolos paleontológicos. Incluido una falange de 1,3 millones de años de antigüedad, el utensilio de piedra Excalibur, al que ya se le atribuyen connotaciones religiosas, y otros restos óseos que acreditan la presencia del ‘Homo heidelbergensis’ en la Sima de los Huesos hace 400.000 años.

Sin menoscabo de semejantes ejemplos, el mayor protagonismo del viaje en el tiempo concierne a las pruebas materiales del ‘Homo antecessor’. Los fósiles fueron encontrados en el yacimiento de la Gran Dolima, tienen una antigüedad de un millón de años y han permitido reconstruir como un ‘puzzle’ a los homínidos más antiguos que poblaron Europa.

No se trata de una mera exposición itinerante. La experiencia parisina, que va a prolongarse hasta el 16 de marzo, sirve de ensayo y de antecedente a la apertura del Museo de la Evolución Humana de Burgos en 2010.

Así se entiende que el acontecimiento de la inauguración desplazara a París al presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y al equipo de antropólogos que han sudado tantos años en Atapuerca. Empezando por Juan Luis Arsuaga, comisario de la exposición, en compañía de José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. “Esta exposición acredita la importancia de los hallazgos y resume el trabajo realizado hasta ahora, pero también deja abiertas muchas claves que tenemos que ir desentrañando en Atapuerca. Los resultados espectaculares obtenidos hasta ahora son, en cierto modo, la punta del iceberg”, explicaba Arsuaga.

El criterio didáctico y la responsabilidad metódica explican que la exposición se haya articulado en seis secciones. La primera ubica el yacimiento y recuerda las razones por las que ha sido elevado a la distinción de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El segundo capítulo se detiene en los espacios de la Gran Dolima y de la Sima del Elefante.

La tercera sección consiste en un interludio antropológico hábitos de los homínidos, canibalismo que prepara al espectador al encuentro de la Sima de los Huesos. Allí donde fueron encontrados los exponentes del Homo heidelbergensis y de donde proceden las caderas de Elvis, sobrenombre del un homínido que vivió en Atapuerca hace aproximadamente 400.000 años.

El quinto pasaje aloja la maqueta del futuro Museo de la Evolución Humana, con la firma de Navarro Baldeweg, mientras que el sexto ocupa las paredes de una sala de cine para que los espectadores puedan contemplar el documental que hizo Javier Trueba a propósito de los hallazgos recuperados en el yacimiento burgalés.