Ole Rømer, el astrónomo que ‘trajo’ la velocidad de la luz desde Júpiter


El Mundo

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Una noche de 1676, mientras observaba las lunas de Júpiter, el astrónomo danés Ole Christensen Rømer (Århus, 1644 – Copenhague, 1710) cayó en la cuenta de que el lapso de tiempo que transcurre entre los eclipses de Júpiter con sus lunas era más corto cuando la Tierra se movía hacia Júpiter, y más largo cuando ésta se alejaba.

Usando los dibujos que Rømer utilizó en sus investigaciones como base, Google conmemora el 340 aniversario de la determinación de la velocidad de la luz con un simpático ‘doodle’ en el que aparecen representados el Sol, la Tierra, Júpiter y su satélite Ío. Tras observar con un telescopio el movimiento de este último, estimó que la luz tardaba 22 minutos en cruzar el diámetro de la órbita de la Tierra, aunque las estimaciones modernas se aproximan más a los 17 minutos.

Al pulsar sobre el icono de ‘play’ tras el que se oculta el planeta, aparece una secuencia en la que el astrónomo camina de un lado a otro en actitud pensativa, meditando sobre el enigma que en su día ya le quitaba el sueño al mismísimo Galileo y cuya resolución le proporcionó la fama mundial.

Además de convertirse en la primera persona en estimar la verdadera velocidad de la luz, con un valor de 214.000 km/s, a Rømer también se le deben diversos inventos: desde un micrómetro para observar eclipses hasta el telescopio meridiano. Del mismo modo, también inventó el grado Rømer, ideado en 1701, una escala de medida de temperatura que hoy ya ha caído en desuso.

La civilización que creó acequias en Marte


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  • A principios del siglo XX, el astrónomo Percival Lowell confundió unas líneas sobre la superficie marciana con canales artificiales construidos por unos seres que agotaban sus recursos hídricos… Hoy el agua se busca en el corazón del Planeta rojo
La civilización que creó acequias en Marte

Cornell university Marte, dibujado por el astrónomo Percival Lowell

A finales del siglo XIX, un astrónomo italiano, Giovanni Schiaparelli, descubrió con su telescopio una densa red de líneas sobre la superficie de Marte que él describió como «canales». El hallazgo despertó las especulaciones sobre la posibilidad de que el Planeta rojo albergara vida, incluso quizás inteligente. Uno de los más entusiastas con esta idea fue otro astrónomo, Percival Lowell, estadounidense, quien dedicó años a observar el planeta hermano para llegar a la conclusión de que esa inmensa estructura era artificial, la colosal obra de unos ingenieros marcianos que redistribuían el agua desde los casquetes polares a las latitudes medias más secas, y seguramente más pobladas, del planeta. La razón era que esta civilización estaba agotando sus recursos hídricos.

Lowell escribió un tratado llamado «Marte como morada de la vida» (1909) en el que advertía del inminente final de tal civilización que agonizaba de sed y luchaba contra la desertización. Pero la alocada propuesta de Lowell terminó por desmoronarse como un castillo de naipes cuando las primeras sondas espaciales sobrevolaron el planeta. La Mariner 4 mostró lo que había en realidad: una superficie desierta, sin atisbo de vida, al menos a simple vista. En 2003, la Mars Odyssey detectó, por primera vez, pequeñas partículas de agua helada, confirmadas «in situ» algunos años después por la misión Phoenix.

Sin embargo, hay que reconocerle a Lowell un acierto. Marte sí se enfrentó a una catástrofe de algún tipo que hizo que se secara. Hace miles de millones de años, el agua fluía en abundancia por la superficie del planeta, pero algo ocurrió que hizo que desapareciera, algo que sigue siendo un misterio para los geológos planetarios. Lo que queda es un poco de hielo en los casquetes polares y una minúscula cantidad de vapor de agua en su atmósfera. Poca cosa.

Bajo tierra

El famoso divulgador científicos Neil deGrasse Tyson y el escritor especializado en astronomía Donald Goldsmith explican en su último libro «Orígenes» (Paidós) que si la mayor parte del agua de Marte no se evaporó en el espacio, es probable que se encuentre bajo tierra. Las pruebas son que los grandes cráteres de la superficie marciana son más susceptibles que los pequeños de exhibir restos de barro en los bordes. Y estos cráteres son más habituales en las latitudes polares, frías. «Según estimaciones optimistas del contenido en hielo del permafrost marciano, la fusión de capas subsuperficiales de Marte liberaría agua suficiente para que el planeta tuviera un océano global de decenas de metros de profundidad», recuerdan los autores.

Por eso, deGrasse Tyson y Goldsmith consideran que la búsqueda de una vida presente o pasada en Marte debe realizarse sobre todo bajo la superficie, en regiones donde sea posible perforar la superficie en busca del elixir de la vida.

Según un artículo publicado por investigadores de la Universidad de Nuevo México en 2012 en la revista Geology, existen sólidas evidencias que indican la existencia de enormes reservas subterráneas de agua en Marte. El hallazgo refuerza la idea de que el Planeta Rojo puede, o pudo en algún momento, albergar vida. Y aumenta las probabilidades de establecer colonias humanas en un futuro próximo.

Quizás las auténticas acequias sobre las superficie de Marte las hagamos nosotros algún día.

El enigma de las estrellas monstruosas


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Científicos creen haber encontrado la explicación a cómo se formaron los cuatro soles más descomunales jamás descubiertos, uno de ellos 300 veces la masa del Astro rey

El enigma de las estrellas monstruosas

Descomunales, atroces. Cualquier adjetivo se queda corto ante las dimensiones de cuatro estrellas «monstruosas» descubiertas por un equipo científico en 2010. Una de ellas, la más pesada (conocida como R136a1), es más de 300 veces más masiva que nuestro Sol y diez millones de veces más luminosa. Si reinara en nuestro Sistema solar, el año se reduciría a tres semanas y la vida en la Tierra sería imposible. Estos exóticos soles están ubicados en el cúmulo estelar gigante R136, en la cercana galaxia de la Gran Nube de Magallanes, a 165.000 años luz de distancia. Nada parecido ha sido visto en ningún otro lugar, lo que lleva a los científicos a preguntarse qué las hace tan especiales. ¿Por qué son tan desmesuradamente grandes? Un grupo de astrónomos de la Universidad de Bonn cree tener una explicación, que ha publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. Resulta que sus enormes dimensiones se deben a unos brutales choques cósmicos.

La Gran Nube de Magallanes es el tercer satélite más cercano a la Vía Láctea y contiene alrededor de 10.000 millones de estrellas. Tiene muchas regiones de formación estelar, pero la más activa es, con diferencia, la Nebulosa de la Tarántula, de un diámetro de 1.000 años luz, donde fueron encontradas las cuatro estrellas supermasivas. Su cuna es un joven cúmulo de estrellas denominado R136, una brillantísima guardería estelar.

Las cuatro estrellas monstruo rompieron las reglas que se daban por válidas hasta entonces sobre formación estelar. Se creía que ninguna estrella podía tener una masa superior a las 150 masas solares. Sin embargo, las cuatro estrellas ultramasivas recién descubiertas son una excepción a este límite. ¿Significa eso que el nacimiento de las estrellas en esa región está sucediendo de una manera muy diferente al de otros lugares del Universo? Si así fuera, pondría en entredicho el carácter universal del proceso de formación de estrellas, una premisa fundamental de la astronomía moderna.

Choques estelares

El grupo de Bonn simuló por ordenador el cúmulo con más de 170.000 estrellas estrechamente unidas. Al principio, las estrellas eran de una masa normal y se distribuyeron de la forma esperada. Para calcular cómo este sistema relativamente básico cambiaba a través del tiempo, el modelo tenía que resolver 510.000 ecuaciones muchas veces. La simulación se complica por el efecto de las reacciones nucleares y la energía liberada por cada estrella que se produce cuando dos estrellas chocan, un evento frecuente en un entorno tan apretado.

«Una vez que estos cálculos se hicieron, quedó claro que las estrellas ultramasivas no son un misterio», dice Sambaran Banerjee, autor principal de la investigación. Las estrellas empezaron a aparecer muy temprano en la vida de la agrupación. Con tantas estrellas masivas en pares binarios apretados, muy juntos, son frecuentes los encuentros al azar, y algunos resultan en colisiones de estrellas, en las que dos se funden en objetos más pesados. El resultado son las estrellas ultramasivas.

«Imaginemos dos estrellas muy voluminosas que orbitan muy cerca entre sí pero que son separadas por la atracción gravitatoria de las estrellas vecinas. Si su órbita circular inicial se estira lo suficiente, entonces las estrellas chocan entre sí a medida que pasan, lo que provoca una sola estrella ultramasiva», explica Sambaran. Esta teoría supone un alivio para los científicos, ya que cumple con las reglas de formación de estrellas hasta ahora conocidas.

La primera imagen amateur de otro Sistema Solar


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Es la foto del disco protoplanetario alrededor de la estrella Beta Pictoris, a 63,4 años luz de distancia de la Tierra

Rolf Wahl Olsen, un astrónomo aficionado de Nueva Zelanda, ha conseguido fotografiar el disco protoplanetario de escombros y polvo que gira alrededor de la estrella Beta Pictoris a 63,4 años luz de la Tierra, en la que puede ser la primera imagen de otro Sistema Solar tomada por un amateur.

Beta Pictoris es un sistema muy joven que apenas tiene unos 12 millones de años de antigüedad. Su interés para los astrónomos radica en que se asemeja a cómo nuestro Sistema Solar debió ser hace 4.500 millones de años. El disco se ve de canto desde nuestro punto de vista y aparece en las imágenes profesionales como cuñas finas o líneas que sobresalen radialmente desde la estrella central en direcciones opuestas.

Resplandor abrumador

Pero para un amateur, capturar una foto semejante entraña una gran complejidad. «La principal dificultad de las imágenes de este sistema es el abrumador resplandor de Beta Pictoris, que ahoga por completo el disco de polvo que gira muy cerca de la estrella», explica Olsen a la webUniverse Today. Sin embargo, consiguió fotografiarlo el pasado 16 de noviembre con su propio equipo cuando Beta Pictoris se elevó a una posición favorable en el cielo nocturno.

El resultado es una imagen que se considera la primera obtenida por un aficionado de otro sistema solar. Olsen anima a otros astrofotógrafos aficionados a intentar lo mismo y mejorarlo. «Estoy seguro de que esto se puede hacer mucho mejor con una cámara de mayor calidad, pero al menos aquí está», dice modesto a Universe Today. «Y yo, personalmente, estoy muy contento y orgulloso de haber logrado esto. Espero que disfruten de la vista tanto como yo lo hice!».

Una nave se aproxima, por fin, a Vesta


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 JPL  La nave Dawn, propulsada por poderosos motores de iones, se acerca ya a Vesta


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La nave Dawn, propulsada por poderosos motores de iones, se acerca ya a Vesta

Ya está muy cerca. A 1,21 millones de kilómetros. Para hacernos una idea, tres veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Parece mucho, pero está lo suficiente cerca como para que las cámaras de la nave comiencen por primera vez a funcionar y la NASA pueda ultimar los detalles del gran encuentro. La sonda espacial Dawn, un prodigio de la tecnología que ostenta el récord de velocidad espacial -nada menos que 15.480 km/h- ha comenzado su fase de aproximación oficial alasteroide Vesta, uno de los cuerpos mayores del cinturón de rocas del Sistema Solar, de un tamaño tan considerable que ha sido clasificado como un protoplaneta. La cita final entre el artilugio humano y el misterioso y pequeño mundo será el 16 de julio.

La misión Dawn, que significa «amanecer», abandonó la Tierra el 27 de septiembre de 2007, con la intención de recorrer 5.000 millones de kilómetros y llegar hasta Vesta y Ceres, planeta enano que no alcanzará hasta febrero de 2015. Antes, el próximo julio, se encontrará con Vesta. La aproximación a este cuerpo masivo durará tres meses. Durante esta la fase, la actividad principal de la nave será propulsada por un motor especial de iones hipereficiente. Los propulsores de iones de 12 pulgadas de ancho proporcionan menos empuje que los convencionales motores, pero pueden funcionar durante largos años y ofrecen una gran capacidad para cambiar la velocidad.

«Como Colón en el Nuevo Mundo»

«Nos sentimos un poco como Colón acercándose a la orilla del Nuevo Mundo», dice Christopher Russell, investigador principal de Dawn, con base en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA), en un comunicado de la NASA. «El equipo de Dawn no puede esperar para empezar a trazar el mapa de esta Tierra Incógnita».

Hasta ahora, Dawn ha navegado midiendo la señal de radio entre la nave y la Tierra, y utilizado otros métodos que no implicaban a Vesta. Pero a medida que la nave se acerca a su objetivo, la navegación requiere mediciones más precisas. Mediante el análisis de la situación del asteroide respecto a las estrellas,los navegadores podrán precisar su ubicación y los ingenieros afinarán la trayectoria de la nave. Gracias a su motor de iones, la nave conseguirá orbitar suavemente alrededor de Vesta. Cuando llegue a los 16.000 kilómetros de distancia, la gravedad del asteroide la capturará en su órbita.

«Después de más de tres años y medio de viaje interplanetario, finalmente nos acercamos a nuestro primer destino», señala Marc Rayman, ingeniero jefe de Dawn, en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) en Pasadena, California. «No estamos allí todavía, pero Dawn pronto nos descubrirá un mundo que ha sido que ha sido, durante la mayor parte de los dos siglos que los científicos lo ha estudiado, poco más que un puntito de luz».

Lunas alrededor de Vesta

Los científicos buscarán en las imágenes de la cámara de la nave posibles lunas alrededor de Vesta, algo de lo que todavía no hay ningún vestigio. Un instrumento detector de neutrones y rayos gamma también reunirá información sobre los rayos cósmicos durante la fase de aproximación. Cuando la alcance, Dawn estará en órbita alrededor de Vesta durante un año. Después, se dirigirá hacia Ceres.

Estos dos iconos del cinturón de asteroides ayudarán a los científicos aconocer más sobre los orígenes de nuestro Sistema Solar. La misión medirá la composición, topografía y textura de sus superficies.

La NASA anuncia el hallazgo de un raro sistema solar con seis nuevos planetas


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  • Cinco de estos mundos son pequeños y tienen órbitas muy apretadas alrededor de su estrella, parecida a nuestro Sol

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La sonda Kepler de la NASA ha descubierto un nuevo y sorprendentesistema solar formado por seis planetas -cinco de ellos pequeños y con órbitas muy apretadas- que giran alrededor de una estrella parecida a nuestro Sol, a la que han llamado Kepler-11. Un equipo de 39 investigadores de 16 instituciones científicas diferentes ha participado en el hallazgo de este particular conjunto planetario, cuyas características aparecen descritas esta semana en la revista «Nature». La investigación puede proporcionar información útil para facilitar la caza de nuevos exoplanetas similares a la Tierra y potencialmente habitables, que es el gran objetivo final de los científicos.

El nuevo sistema solar, situado a unos 2.000 años luz de distancia,es realmente inusual. Cinco de los planetas tienen una masa entre de 2,3 a 13,5 veces la de la Tierra. Las órbitas alrededor de su estrella son muy pequeñas y duran menos de 50 días, por lo que, si se encontraran en nuestro propio sistema solar, se situarían dentro de la órbita de Mercurio. El sexto planeta, sin embargo, parece bastante más grande, aunque su masa no ha podido ser medida con exactitud, y se encuentra más lejos: tarda 118 días en dar la vuelta a Kepler-11.

«De los seis planetas, los más masivos se parecen a Neptuno y Urano, pero los tres más ligeros no se parecen a nada que exista en nuestro sistema solar», explica Jonathan Fortney, profesor de astronomía y astrofísica en la Universidad de California Santa Cruz y uno de los responsables de examinar la estructura y composición de los nuevos mundos.

Los seis planetas tienen una densidad menor que la de la Tierra. «Dos de ellos podrían tener mayoritariamente agua, con una posible final capa de hidrógeno y helio encima, como mini Neptunos», explica Fortney. «Los más alejados tienen menos densidad que el agua, lo que parece indicar atmósferas de hidrógeno y helio». Además, se trata de planetas muy calientes, debido a las órbitas cercanas a su estrella. Posiblemente, se formaron en otro lugar y migraron hasta su posición actual.

100 planetas en tránsito

El telescopio espacial Kepler es capaz de detectar los planetas cuando se encuentran «en tránsito», es decir, cuando pasan por delante de su estrella. Su paso causa una caída periódica del brillo de la estrella, que es medido por el fotómetro sensible de la sonda. Cuando esto ocurre, los astrónomos sienten que han acertado un pleno al quince: un nuevo mundo puede estar ahí fuera. La reducción del brillo no solo desvela a los científicos la posible existencia de un planeta, sino que también les indica su tamaño. De la misma forma, el tiempo entre los tránsitos dice su período orbital y su masa se deduce de las ligeras variaciones en los períodos orbitales causados por las interacciones gravitacionales entre los planetas. Son pequeñas pistas que pueden contar mucho.

Kepler y otros telescopios han observado más de 100 planetas en tránsito fuera de nuestro sistema solar, pero la mayoría de ellos son gaseosos y gigantes, tipo Júpiter, y no tienen compañeros con los que bailar alrededor de su estrella. La búsqueda de exoplanetas ha sido realmente un éxito -han aparecido ya más de 500-, pero, según un artículo que también aparece en Nature, estos logros pueden verse limitados por la cancelación de misiones de seguimiento de Kepler valoradas en miles de millones de dólares.

Las auténticas dimensiones del Sistema Solar


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sistema_solar--644x362Todos hemos visto las láminas que ilustran los libros escolares, esas en que se representan los planetas del Sistema Solar como una serie de esferas de diferentes tamaños, todas situadas aproximadamente a la misma distancia de la que la precede. Esta escala -obviamente- es completamente errónea. Te proponemos tomar la calculadora y realizar un recorrido por las verdaderas dimensiones del Sistema Solar.

El Sistema Solar es enorme. Tanto, que sus dimensiones escapan a la capacidad que posee nuestro cerebro para imaginar lo que significan números tan grandes. Decir que la Tierra se encuentra a más de 149 millones de kilómetros del Sol no basta para darnos una idea de lo que realmente representa esa distancia. Cuando leemos que el Sol posee un diámetro de algo menos de un millón y medio de kilómetros, nuestra mente no alcanza a visualizar lo que ese tamaño significa. Y las láminas que mencionábamos antes poco nos ayudan en esta tarea, ya que nos dan la errónea sensación de que el Sol es unas cuantas veces más grande que la Tierra, o que Plutón se encuentra bastante más lejos del Sol que Marte. Pero las dimensiones del Sistema Solar son lo suficientemente impresionantes como para que resulte completamente imposible realizar una representación a escala e incluirla en una lámina de libro de texto: si lo hiciésemos, los planetas no serían visibles ni siquiera utilizando una lupa.

Para comprender mejor las distancias y tamaños implicados vamos a comparar los objetos más importantes del Sistema Solar con otros de uso cotidiano. Comenzaremos, como corresponde, con el par que más influye en nuestras vidas: la Tierra y el Sol. Sabemos que nuestro planeta posee un diámetro aproximado de 12.750 kilómetros, y que se encuentra a unos 150 mil millones de metros del Sol. Supongamos por un momento que la Tierra posee el tamaño aproximado de una pelota de tenis. En esta escala, el Sol sería una esfera de unos once metros de diámetro, que se encuentra a unos mil doscientos kilómetros de distancia. Ese es el desafío al que se enfrentan los encargados de ilustrar las dimensiones del Sistema Solar. Si seguimos haciendo cálculos manteniendo las distancias entre planetas y su tamaño en la misma escala del ejemplo anterior, volvemos a estar en problemas: si la Tierra se encontrase a mil doscientos kilómetros del Sol, Plutón estaría a unos cuarenta y siete mil y tendría el tamaño de una canica. Está claro quenecesitamos una escala para las distancias, y otra, completamente diferente, para el diámetro de los cuerpos del Sistema Solar.

La escala de los cuerpos

Comencemos por el tamaño relativo de los cuerpos principales del sistema, asumiendo que la Tierra con sus 12.750 kilómetros de diámetro la podemos imaginar como una pelota de tenis de unos 10 centímetros de diámetro. En esta escala, el Sol (1.400.000.000 kilómetros de diámetro) sería la mencionada esfera de unos once metros de diámetro,Mercurio (4,800 kilómetros de diámetro) sería algo así como una pelota de golf y Venus (12,100 kilómetros de diámetro) no sería muy diferente a la pelota elegida para representar a nuestro planeta. Si seguimos avanzando hacia el exterior del Sistema Solar, nos encontramos con Marte y sus 6,800 kilómetros de diámetro. En nuestra escala tendría un diámetro de unos 5,3 centímetros.

Más allá de Marte se encuentra el denominado “cinturón de asteroides”, compuesto por algunos miles de millones de cuerpos rocosos de tamaños extremadamente variables. El más grande de todos ellos, que posee aproximadamente la tercera parte de toda la masa de ese cinturón es Ceres, que tiene un diámetro de 952 metros. En nuestra escala sería más o menos como un guisante. Más allá de Ceres se encuentra el planeta más grande de todos: Júpiter. Este gigante gaseoso tiene un impresionante diámetro de 143 mil kilómetros, solo unas 10 veces menos que el del Sol. Si la Tierra fuese una pelota de tenis, Júpiter sería una esfera de algo más de un metro de diámetro. El siguiente planeta que encontraríamos en nuestro viaje también es un gigante gaseoso, a pesar de que “culpa” de lo majestuoso de sus anillos generalmente olvidamos su tamaño. Saturno tiene un diámetro de 115 mil kilómetros, y en nuestra escala sería una esfera de 90 centímetros de diámetro.

Urano y Neptuno, los dos planetas siguientes, también son gaseosos. Sus tamaños son bastante aproximados –51 mil y 49 mil quinientos kilómetros de diámetro respectivamente- pero más pequeños que los dos anteriores. En nuestra escala, serían esferas de 40 y 39 centímetros de diámetro, bastante más grandes que una pelota de baloncesto. En cuanto a Plutón, recientemente convertido en un “planeta menor” como Ceres, es un pequeñín de la mitad del diámetro de Mercurio (unos 2.390 kilómetros) y tendría en nuestro sistema ficticio el tamaño deuna canica grande. Como puedes ver, es casi imposible dibujar en una misma página objetos con tamaños tan dispares manteniendo la escala. Y con las distancias ocurre exactamente lo mismo.

La escala de las distancias

Por comodidad, vamos a suponer que la distancia que separa la Tierra del Sol -unos 149.597.870.961 kilómetros son 100 metros. Eso convierte los 58 mil millones de kilómetros existentes entre Mercurio y nuestra estrella en sólo 38 metros. Venus, que en realidad está poco más de 108 millones de kilómetros del Sol se encontraría a unos 72 metros, y Marte -227 millones de kilómetros- estaría a unos 150 metros del Sol. A partir de aquí las distancias se incrementan rápidamente, lo que explica la relativa facilidad con la que las agencias espaciales han enviado misiones a los planetas mencionados y la prácticamente inexistencia de misiones al resto de los integrantes de nuestro sistema. Ceres, el gigante de los asteroides, se encontraría a unos 270 metros del Sol. Y Júpiter, que en realidad está a más de 778 millones de kilómetros de nuestra estrella, estaría a unos 520 metros.

El siguiente planeta, Saturno, se encontraría a 950 metros de distancia del Sol. Urano y Neptuno estarían a 1980 y 3100 metros respectivamente, y el frío Plutón a casi 4 kilómetros. Realmente, el Sistema Solar es un sitio enorme, difícil de apreciar en toda su magnitud. Pero así y todo, es prácticamente despreciable frente a las dimensiones de nuestra galaxia: en nuestra escala, Próxima Centauri-la estrella más cercana- se encuentra a 26 mil kilómetros de distancia.El centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea, estaría a unos impresionantes 167 millones de kilómetros del Sistema Solar. Como puedes ver, la tarea de representar nuestro Sistema Solar en una lámina y con la escala correcta prácticamente carece de sentido.

Primeras imágenes del asteroide Apophis en tres años


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  • La roca espacial, potencialmente peligrosa para la Tierra, ha sido detectada cuando salía de detrás del Sol por astrónomos de Hawai

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Astrónomos de la Universidad de Hawai en Manoa han logrado captar las primeras imágenes en más de tres años del potencialmente peligroso asteroide Apophis. Esta gigantesca roca espacial, del tamaño de dos campos y medio de fútbol, se acercará a 36.000 kilómetros de la Tierra el 13 de abril de 2029, aún más cerca que la distancia a la que orbitan los satélites de comunicaciones, aunque no será hasta finales de siglo cuando pueda suponer una amenaza real para nuestro planeta. Por este motivo, los científicos la persiguen de forma muy especial y son numerosas las voces que advierten de la necesidad de elaborar una estrategia para su desvío. Al menos, de momento, sabemos donde está. Acaba de salir de detrás del Sol.

El asteroide Apophis se hizo famoso a finales de 2004, cuando parecía tener una entre 37 posibilidades de chocar contra la Tierra en 2029, pero nuevos datos descartaron finalmente esa posibilidad. El 13 de abril de 2029, el asteroide de 270 metros de diámetro se acercará a unos 36.000 kilómetros de la Tierra, un acercamiento record pero inofensivo. Apophis será visible a simple vista durante algún tiempo como si fuera una estrella que se mueve a gran velocidad.

Sin embargo, este encuentro cercano con la Tierra cambiará de forma significativa la órbita de Apophis, lo que podría conducir a una colisión con nuestro planeta a finales de siglo, según explican desde el Instituto de Astronomía de la Universidad de Hawai. Por esta razón, los astrónomos han estado ansiosos por obtener nuevos datos para perfeccionar los detalles conocidos del encuentro del año 29.

El astrónomo David Tholen y su equipo, el grupo que proporciona la mayoría de los datos sobre Apophis, ha obtenido nuevas imágenes del asteroide cuando éste se encontraba a menos de 44 grados del Sol y con un brillo un millón de veces más tenue que la estrella más débil que el ojo humano puede ver sin ayuda óptica.

Aparecerá en 2012

Los astrónomos midieron la posición del asteroide mediante la comparación con posiciones conocidas de las estrellas que aparecen en la misma imagen que el asteroide. Pero este trabajo no es fácil, cualquier pequeño error que exista en el catálogo de posiciones de las estrellas puede afectar a las mediciones de la posición del asteroide. «Tendremos que repetir las observaciones durante diferentes noches antes de que seamos capaces de mejorar significativamente la órbita de Apophis y las posibilidades de un futuro impacto», explica Tholen.

La órbita elíptica de Apophis volverá a hacerlo invisible este verano.No aparecerá hasta 2012, cuando será de nuevo observable durante nueve meses. Los astrónomos del Laboratorio a Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA creen que el asteroide se acercará a la Tierra en 2068, con una probabilidad de impacto de tres entre un millón, un dato que podría verse reducido a medida que se conozca más sobre su órbita. La agencia espacial rusa Roscosmos anunció en su día sus intenciones de elaborar un proyecto para desviar el bólido y poder prevenir una hipotética colisión.

Vuelo sobre Hiperión, la extraña luna de Saturno


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Una selección de imágenes de la sonda Cassini, procesadas por ordenador, son la base sobre la que se ha elaborado este vídeo, que muestra la reciente aproximación de la nave a Hiperión, una peculiar luna de Saturno. El pasado 28 de noviembre, la Cassini pasó a unos 75.000 km. del extraño satélite, y realizó decenas de imágenes en alta resolución.

Hiperión es una de las lunas más extrañas de Saturno. Su textura “esponjosa” y su forma irregular siguen siendo un misterio para los investigadores, que piensan que, a pesar de su tamaño (360×280×225 km), se trata del fragmento de un satélite mucho mayor, uno que debió de sufrir un gran impacto en el pasado y romperse en mil pedazos.

Su característica principal es un gran cráter, de más de 120 km. de diámetro y casi 10 km. de profundidad, que destaca sobre su agujereada superficie. Como si fuera un gigantesco queso de gruyere, Hiperión tiene una textura porosa, con hoyos y huecos de todos los tamaños, incluso debajo de la superficie. Lo cual le confiere la extraordinaria característica de que, a pesar de ser un objeto sólido, una mezcla de hielo y roca, solo tiene la mitad de la densidad del agua.

21 días de órbita

Hiperión gira alrededor de Saturno a una distancia media de un millón y medio de km. y tarda algo más de 21 días en realizar una órbita completa. No resulta extraño que, dadas sus peculiaridades, la NASA decidiera que la Cassini realizara “una pasada” para observarlo más de cerca.

Para realizar el vídeo, se han procesado muchas de las imágenes obtenidas durante la aproximación, que tuvo lugar el pasado 28 de noviembre. Los saltos, probablemente, se deben a las maniobras que iba realizando la sonda para mantener centrado su objetivo. Pero el resultado es realmente espectacular. El séptimo satélite de Saturno (por orden de distancia), se va haciendo más grande a medida que la sonda se aproxima a él. La Cassini enfocó sus cámaras hacia Hiperión cuando aún se encontraba a 140.000 km. de distancia y se acercó hasta algo más de la mitad de esa distancia.